Bibliotecas de festival

 

Por mucho que se ha hablado de la burbuja festivalera lo cierto es que el panorama de festivales de música en nuestro país sigue pujante pese a la inflación de citas que se replican acá y allá. La herida que Internet infligió en la industria musical sigue supurando: pero los músicos, gracias al boom de los conciertos en vivo, han visto una salida a la caída de ingresos en la venta de discos. Una fórmula, la de los festivales, que ha encontrado un filón en las condiciones climáticas y ambientales idóneas de nuestro país, pero que no conoce fronteras, cuando llega el verano.

En Canadá, el selecto y exquisito festival de música electrónica Bass Coast, se ha ido haciendo un hueco desde que arrancase hace siete años. Su apuesta por un festival para no más de 3.000 personas, que prima la calidad y la atención al detalle frente a los ya masificados como, por ejemplo, el célebre Coachella. Las instalaciones de arte de vanguardia se entremezclan con propuestas musicales y artísticas de la más diversa índole. No podía ser de otro modo porque detrás del Bass Coast se encuentra una bibliotecaria cuyas sesiones reciben nombres tan familiares como el de ‘Book club’.

 

 

The Librarian es el nombre de guerra de la DJ Andrea Graham que junto con Liz Thompson crearon dicho festival. No es de extrañar por tanto que del Bass Coast los críticos destaquen la estimulación inteligente y la sutileza con la que sus creadores promueven la creatividad y la exquisitez en un género, el de la música electrónica, en el que lo comercial ha hecho estragos durante las últimas décadas. Llamándose La Bibliotecaria no podía esperarse menos de ella. Pero ahí terminan las conexiones.

Nos habría encantado descubrir que Andrea Graham empezó su carrera como bibliotecaria y de ahí su apodo como DJ: pero no es así. Lo cual no quita para que ese concepto de festival exquisito y el nickname de su fundadora tengan mucho que ver.

En el número 13 de la revista ‘Infobibliotecas’ ya se habló de las relaciones entre bibliotecas y festivales de música. En el interesante y completo repaso que Silvia Oviaño y Hector Foucé hacían se evidenciaba una falta de mayor implicación de las bibliotecas en los festivales propiamente musicales. Hay colaboraciones cuando se trata de festivales literarios: pero los que convocan a las masas son, en la mayoría de los casos, ocasiones desaprovechadas desde el mundo bibliotecario para visibilizar sus ofertas.

Las editoriales por ejemplo ya lo tienen claro y apuestan decididamente por los festivales musicales. Es el caso de Reservoir Books un sello editorial que, por las características de su catálogo, encuentra un fácil acomodo en el ámbito de un evento musical. El sello editorial incluye numerosos títulos de temática musical, biografías, y cómics, cada vez más cómics. Títulos potencialmente interesantes para los asiduos a festivales. Así por ejemplo, la editorial ha contado con estand el festival barcelonés de Cruïlla.

Uno de los más recientes lanzamientos del sello Reservoir Books: un libro que mezcla la crónica de las giras de bandas omnipresentes del panorama festivalero con una guía de viajes gastronómica por nuestro país.

 

Otra editorial que publica obras susceptibles de captar el interés del público festivalero es Blackie Books. El sello editorial que mejor ha sabido conectar con la escena indie, hipster o _______ (póngase la etiqueta que mejor convenga): ha sido sin duda esta editorial fundada por Jan Martí, también casualmente fundador del grupo de música Mendetz.

«La cultura vende» que concluía un artículo de hace dos años en el portal de la Asociación de Promotores Musicales sobre el aterrizaje de las editoriales en los festivales de música. Y si vende en el caso de las editoriales: ¿por qué no va a ‘vender’ en el caso de las bibliotecas? Con el mapa tan abigarrado de eventos musicales con que contamos en nuestra geografía difícil será que no nos pille algún festival cerca de nuestra biblioteca. Si nos fijamos en los ejemplos de editoriales que hemos mencionado (Reservoir Books y Blackie Books): ya tenemos pistas de por dónde pueden ir los tiros a la hora de abrir vías de colaboración bibliotecas-festivales de música.

 

La novela de Elisa Victoria uno de los últimos éxitos de Blackie Books.

 

Partimos de que en la mayoría de los casos las mismas administraciones de las que dependen las bibliotecas son las implicadas en dar los permisos y ceder espacios, e incluso, partidas presupuestarias (y aquí correremos un tupido velo sobre la posibilidad de que esas inversiones en macro eventos de dos/tres días hayan ido, en algún caso, en detrimento de la cultura de base que son las bibliotecas): para abrir un posible vía de persuasión cara a los políticos de la conveniencia de que las bibliotecas también estén presentes en los festivales.

Pero volviendo a las pistas que nos daban los catálogos de Reservoir Books y Blackie Books: ¿en qué tipo de obras nos interesaría más centrarnos de cara a un festival de música? La respuesta surge sola: en los cómics y fanzines.

Partiendo de la posibilidad de tener un estand de la biblioteca en el espacio cultural del festival: lo más factible sería aprovechar ese espacio para difundir la oferta de la biblioteca pero no quedándose en mero puesto de merchandising/publicidad. Habría que implicar a creadores locales que quisieran el escaparate del festival para difundir sus creaciones bajo la protección de la biblioteca.

 

 

A continuación lanzamos algunas ideas que, sin necesidad de retorcer muchos las cosas en busca de una originalidad forzada, podrían resultar altamente ventajosas de cara a la promoción de los creadores locales, al tiempo, que de la biblioteca en el festival. Dejamos aparte actividades paralelas del festival que pudieran desarrollarse en la biblioteca: para centrarnos en la presencia de la misma en el propio evento. Las actuaciones se concretarían en tres acciones y un posible bonus track:

  • A ritmo de viñetas: esta actividad cruza dos escenas creativas: la escena musical y la cantera de ilustradores y/o artistas urbanos con que cuente la localidad en cuestión. En numerosos festivales la oferta se distribuye entre varios escenarios que se especializan por diversas razones. El escenario principal donde actúan los nombres cabecera del evento; carpas o escenarios para música electrónica; o escenarios para actuaciones más minoritarias o que concentran a los grupos/solistas emergentes. Es en ese escenario, en el que desfilarán probablemente grupos locales, o alternativos, donde mejor se acomodaría esta actividad promovida por la biblioteca. Consistiría en una actuación paralela que relacione a los grupos de música con artistas locales. Mientras los grupos tocan, en la pantalla de fondo, se proyectaría lo que los autores de cómics o artistas urbanos estén dibujando en directo.
  • Electrónica gráficaprácticamente en todos los festivales (salvo los muy centrados en un solo estilo musical) la escena electrónica ha ganado presencia. Acompañar las sesiones de los DJ con proyecciones de imágenes es algo muy habitual: y ¿qué mejor que programar alguna sesión con proyecciones de montajes de imágenes que mezclen escenas de anime, adaptaciones de cómics al cine o la televisión, comic trailers, etc… integrados en un video montaje que muestre incluya imágenes promocionales de los servicios/colecciones de la biblioteca que más puedan interesar al público en cuestión? Electrónica gráfica o Biblioteca subliminal: porque el caso es ir dejando semillas visuales que calen, que asocien a la biblioteca al tipo de ocio hedonista y de disfrute que prima en estos eventos.

El cómic en forma de disco o el disco en forma de cómic de Luis Bustos. Una prueba más de lo bien que combinan música y cómic.

  • Fanzinoteca: propiamente éste sería el estand de la biblioteca en el festival. Aquí se ubicaría la publicidad más directa de la misma y en la que los autores de fanzines pudieran vender sus fanzines junto al merchandising que se pudiera crear para la ocasión. Con responsables políticos amplios de miras podría ser una pequeña fuente de ingresos la venta de camisetas, bolsas, materiales con publicidad de la biblioteca, etc… No iba a solucionar las carencias presupuestarias pero sí que ayudaría a sufragar posibles gastos generados por la participación de la biblioteca en el festival (contratación del personal por ejemplo).
  • Bonus track: junto al espacio de la biblioteca un mural con dibujos para grafitis y dibujos que el público podrá intervenir para expresarse. Fanzines en blanco para que puedan ser escritos/dibujados por los asistentes. Con lo que merezca la pena y se pueda rescatar del material intervenido se editaría un Fanzine Oficial por parte de la biblioteca.

Esbozos de posibles okupaciones bibliotecarias en eventos que congregan gran número de público que, en cada caso y circunstancia, se pueden adaptar según la idiosincrasia del festival, de la localidad y de la biblioteca en cuestión.

Y cerrar este post sin música sería un gran error. Aire libre, buen tiempo, buen ambiente y ganas de disfrutar (y en medio la biblioteca disasociando su imagen de un lugar de trabajo y/o estudio para potenciarse como local de ocio) y los indietrónicos MGMT para darlo todo.

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