Una bibliotecaria española en Nueva York. Cuarta crónica

 

10 razones por las que la Biblioteca de Brooklyn molan todo

 

Brooklyn es el más grande los cinco condados (“boroughs”) de Nueva York y un punto de reunión de razas, culturas y religiones del mundo entero, lo que se refleja en su personalidad, en su arquitectura y en sus diferentes barrios.

Blue in the face (1995), secuela de Smoke: dos de los mejores retratos cinematográficos de Brooklyn de mano de Paul Auster.

En el norte se encuentran los cotizados barrios de Williamsburg y Greenpoint, que hasta hace poco eran barrios obreros y ahora son los más cools de la ciudad, recordemos que el concepto “gentrificación” nació justo aquí.

Pero en Brooklyn no sólo hay hipsters, en sus calles podemos encontrar muchos afroamericanos, blancos, judíos ortodoxos, inmigrantes y generaciones ya asentadas, que proceden de Asia, Europa, Caribe, países árabes, etc .

Este collage de culturas en convivencia es lo que hace de Brooklyn un lugar tan especial, que atrae a miles de turistas que cruzan su famoso puente en busca de cerveza artesanal, de arte, de tiendas vintage, de cupcakes y ¡de bibliotecas! Brooklyn tiene unas bibliotecas chulísimas que, independientes y hermanas de la NYPL y de las de Queens, cada día dan servicio a todas las etnias y culturas de este barrio con tanto swag.

 

Y yo que viví una temporadita en Brooklyn, podría dar muchas más, pero aquí van 10 razones de por qué las bibliotecas de Brooklyn molan todo:

1. Porque su sede central es espectacular, siempre está llena de usuarios, tiene una cafetería grande a la entrada donde charlar o trabajar en un ambiente distendido, abren los domingos, tienen un wi fi que vuela y también exposiciones interesantes. Además, tienen una terraza con mesitas y sillas donde tomar un respiro y un poco de sol, y queda al ladito de Prospect Park y del Brooklyn Museum. Si vais, tenéis que pasear por Franklin Avenue y disfrutar de su multicultural restauración.

 

 

2. Porque entienden la diversidad de sus barrios y de la ciudad de Nueva York (algunas fuentes afirman que son más de 200 lenguas las que se hablan en estas islas), por lo que en su catálogo encontramos libros escritos en diferentes idiomas, tienen muchos recursos para aprenderlos que van desde una app gratuita para todos los que tenemos el carné de la biblioteca hasta clases formales de gramática y otras más informales de conversación, todos los días en cada una de sus sedes.

Como extranjera, es interesante ser parte de una de estos encuentros para conocer las historias reales de las personas que habitan en Brooklyn y te acercan al pueblo, al emigrante, al visitante.

 

 

3. Porque educan en la diversidad sexual y de género a través de su colección y programado diferentes actividades como el Drag Queen Story Hour y otros eventos modernos para los más pequeños de la casa.

 

 

4. Porque bibliotecas de Brooklyn son un gran lugar para los que comienzan con su propio negocio, con su carrera de emprendimiento o, simplemente, buscan empleo. Cuentan con un variado asesoramiento financiero (para abrir y manejar tu cuenta de banco, los ahorros, préstamos o ayudas en las campañas de recaudación de impuestos), proporcionan mentores para emprender, ayudan a preparar el CV, carta de presentación y también a familiarizarte con toda la parte digital que necesitas en tu vida laboral, entre otras bondades.

5. Porque tienen una tienda que todo bibliotecario querría comprar entera (¡y con la que también recaudan fondos!).

 

6. Porque hacen un trabajo digital exquisito. La página web tiene una experiencia de usuario envidiable, son usables, responsive y tiene todas las funcionalidades para el usuario de la biblioteca tradicional (solicitar el carné o renovar un préstamo) y el usuario online como coger un ebook o un audiolibro, entre otras.

7. Porque hacen eventos chulísimos que van desde música clásica a teatro, pasando por noches de fiesta con DJs para recaudar fondos, charlas o recitales.

8. Porque se deben a su comunidad y por ello la celebran a través de la Colección Digital del barrio, donde los curiosos archiveros pueden darse un paseo por la historia de Brooklyn a través de sus materiales que van desde postales, fotografías, audios o mapas.

9. Porque tienen un podcast que se llamaBorrowed” (“Prestado”) donde homenajean la profesión de bibliotecario, entrevistan a su personal, hablan de temas de interés y te cuentan cosas muy curiosas del funcionamiento de su red. Y porque, además, tienen otros dos podcasts donde recogen la memoria oral de las personas del barrio, dándoles valor e importancia y haciendo un archivo digital emocionante y vivo.

10. Porque están en todos los detalles, como el de incluir este cartel en el cambiador de pañales de sus baños que, por cierto, son “all gender”:

Una bibliotecaria española en Nueva York. Tercera crónica

 

One book, one New York: cuando el club de lectura es toda la ciudad

 

Es imposible conocer la ciudad de Nueva York, si no has viajado en sus trenes. Si no has visto cómo va cambiando la idiosincrasia de los vagones conforme se acercan o alejan de Manhattan, si no te has subido en uno express cuando creías que era local, si no te has cruzado con unos cuantos locos o no te han aplastado en el asiento en hora punta sin ni un excuse me, ni un I’m sorry. En estos vagones pasa como en las bibliotecas, ves la realidad del pueblo y te pasas muchas horas.

Una de las cosas que más me gustan de viajar en estos trenes es fijarme en la publicidad y en los outfits de la gente, porque en Nueva York hay mucho estilo y muy buenos anuncios. Por eso, cuando el otro día iba en la línea 2, me encontré con este cartel que llamó mi atención librera:

 

¡Qué buena pinta! ¿Qué será? Me meto en la web que sugieren y veo que es un proyecto lanzado por el ayuntamiento de la ciudad (The Mayor’s Office of Media and Entertainment) junto a la editorial BuzzFeed, basado en una idea que de tan simple me resulta brillante: pedir el voto a la ciudadanía para que escojan entre 5 libros durante el mes de abril, el libro seleccionado será leído por toda la ciudad de forma simultánea, convirtiendo a NYC en un club de lectura enorme, sin fronteras ni paredes.

Wow, se me ponen los pelos de punta, una ciudad tan diversa y heterogénea como ésta haciendo una cosa a la vez: leer el mismo libro. OMG, OMG. Muy bonito para ser real, pero espera, que hay más. Como no podía ser de otra manera, este programa está liderado por las bibliotecas públicas de Nueva York, siempre presentes en iniciativas modernas e innovadoras, que llevan la lectura al pueblo y generan esas relaciones entre desconocidos tan poderosas como compartir un buen libro que, rizando el rizo, tiene a la ciudad de Nueva York como protagonista. Este año -es el tercero que se realiza- han querido que sean voces de mujeres de Nueva York, que han escrito estas cinco historias potentes sobre la ciudad:

A Place for Us por Fatima Farheen Mirza.

Another Brooklyn por Jacqueline Woodson.

Just Kids por Patti Smith.

Nilda por Nicholasa Mohr.

Free Food for Millionaires por Min Jin Lee.

¿Cómo ha sido posible? La editorial ha donado más de 2500 copias de los 5 ejemplares que proponen para todas las bibliotecas públicas y, además, se promocionan y distribuyen también en las apps de ebooks de las mismas; así como en la red de librerías independientes de esta ciudad, para quien prefiera comprarlo.

Para facilitarlo más aún, las bibliotecas dan más tiempo a los lectores que se lleven estos libros en préstamo (¡60 días!) y recomiendan que se disfruten en grupo, invitando a los usuarios a que se reúnan los amigos y vecinos para hablar sobre el libro que creen que todos deberían leer este año.

Además de la publicidad en el tren, prensa y en redes sociales, cuando vas a cualquiera de las bibliotecas públicas, encuentras un display con estos títulos y el personal de la biblioteca, no tarda en recomendarlos.

 

Me he reído mucho con la creatividad de los bibliotecarios de Brooklyn que “se mojan” y usan su blog para convencer a sus lectores sobre cuál libro merece más la pena para ser leído colectivamente. Reconozco que Eric me ha convencido con Free Food for Millionaires y he votado por él, aunque el Nueva York de Patti Smith en Just Kids también tiene pinta de ser bien interesante. Maldita sea, ¡quiero leer los cinco!

Creo que es justo esa la intención de los bibliotecarios, libreros y responsables de mediación cultural de la ciudad: meter el gusanillo lector a la ciudadanía, recomendar buenos libros, hacer una coreografía colectiva a través del pasar de las páginas o darle al play en Libby, la app de ebooks, que proporcionan gratis a los usuarios de bibliotecas públicas.

No sólo eso, también hacen diferentes encuentros con las escritoras en las bibliotecas que, como son tan reconocidas y queridas, siempre están llenitos de gente. En el que se celebró en la NYPL, hicieron una mesa redonda con estas 5 autoras y Fay Rosenfeld, la vicepresidenta de Public Programs de la Biblioteca Pública de Nueva York, presentó el evento diciendo algo así:

“Sabemos del valor y la importancia de leer, es nuestra razón de ser. Sabemos que los libros alimentan la curiosidad, la creatividad, fomentan la compasión y la empatía y que ayudan a construir comunidades fuertes y saludables. Creemos que la lectura es la llave para abrir … y que si hay algo más potente que el acto de leer, es leer juntos”.

Seguidamente, mucho orgullo e invitando a todos a hacerse el carné de la biblioteca, si es que no lo tenían. Me refuerzan la idea de que lo más simple es lo más eficaz, no hay miedo a ser redundante en esta ciudad.

En la NYPL son conscientes del poder de compartir lecturas, han visto el impacto a través de todos los clubs de lectura que se han organizado a lo largo de su historia en sus 219 sedes, y hace tres años se plantearon ir un paso más allá y hacer extensiva esta idea a toda la ciudad.

Gracias a la iniciativa “One book, one New York”, cuentan los bibliotecarios que cientos de neoyorquinos de los 5 condados (Manhattan, el Bronx, Brooklyn, Queens y Staten Island) han visitado las bibliotecas en busca de estos ejemplares, para leerlos y debatirlos. Y es que el poder de las relaciones que se generan en un “book club” es fuerte porque compartimos y escuchamos al resto, nos sentimos conectados con diferentes personas a través de la lectura.

Por eso, animan a compartir las diferentes sensaciones que experimentemos con “One book, one New York” con el hashtag #OneBookNY, además de comentarlo con el resto de usuarios de la biblioteca en las tertulias que organizan, cuando veamos que se llevan alguno de estos libros en préstamo, o a hacerle un guiño a la persona que tenemos al lado en el metro, deseándole una buena lectura (sin hacer spoilers ;))

Pero la cosa no acaba ahí, la autora ganadora asistirá a los eventos de Symphony Space. será la pieza central del BuzzFeed Book Club, en julio y asistirá al Center for Fiction. Además, las bibliotecas harán diferentes dinámicas y actividades con el libro ganador como protagonista. Todo ello, le da recorrido a la acción y refuerza que se lea la novela a lo largo del caluroso verano.

Para acabar, os cuento que el año pasado, la obra escogida por los new yorkers fue “Manhattan Beach” de Jennifer Egan. Esta autora, dicho sea de paso, se documentó y escribió esta novela en las Biblioteca Central de Nueva York, -la de la 42, la bonita, la de las películas- usando los mismos materiales de archivo que están disponibles para cualquier otro ciudadano que sea usuario de la biblioteca pública. Pelos como escarpias, lo sé.

 

Una bibliotecaria española en Nueva York. Segunda crónica

 

Cuando el carné de la biblioteca te abre las puertas de los museos: el Culture Pass de NYC

 

Sobre el manido concepto de democratización cultural, tan usado por políticos y altos cargos de «La Cultura», decía Oriol Martí en un interesante artículo, que publicó para ‘Cultura y Ciudadanía‘:

“siempre utilizo el mismo ejemplo para explicar qué es una política pública centrada en la llegada cultural: la construcción y puesta en funcionamiento de una biblioteca para acercar los libros, el amor a la lectura, el silencio, el estudio y el conocimiento reposado al mayor número de personas, independientemente de su condición social, género, país de origen, edad, peso o estatura. Y siempre utilizo un segundo ejemplo: un festival de artes de calle”.

 

Y creo que razón no le falta. Cuando se quiere acercar la cultura a todos los públicos, las plazas, las calles: las bibliotecas son los lugares idóneos. Donde, en principio, toda la ciudadanía es bienvenida. Pero ¿qué pasa con el resto de instituciones?, ¿son realmente accesibles los museos, las bibliotecas privadas, los jardines botánicos o las galerías? ¿No hay responsabilidad en hacer esos lugares algo más cercano para todos los públicos? ¿Por qué no vemos los mismos públicos en un museo que en una biblioteca?

Quizás sea por eso de que los museos tienen ese halo moderno que rodea a las élites culturales, quizás sea porque da pereza ser turistas en nuestras propias ciudades, o porque no tenemos dinero para la entrada o no tenemos el tiempo para ir a ultimísima hora cuando quizás “es gratis”… O quizás sea porque algunas comunidades tienen categorizados esos lugares como algo que no se merecen, que no son para ellos, donde no son bienvenidos. 

 

Por eso, cuando llegué a Nueva York en septiembre de 2018, y encontré la ciudad empapelada de algo que se llamaba “Culture Pass”, y que estaba firmado por las bibliotecas públicas de la ciudad, ya sabéis, saltó el radar. ¿Será que en NYC las bibliotecas y los museos están ahora más integrados? ¿Será verdad que se puede ir gratis al MoMa si eres usuario de la biblioteca?

Pues sí, este “Culture Pass” es una iniciativa dirigida por la NYPL, la Brooklyn Library y la Queens Library: que proporciona acceso gratuito a los millones de usuarios que tienen carné de la biblioteca para que puedan visitar 50 instituciones culturales de los cinco condados de Nueva York. Suena bien.

Tom Finkelpearl, del comisionado de asuntos culturales de la ciudad de Nueva York, decía: «En una ciudad tan rica en actividades creativas, cada neoyorquino merece tener acceso a experiencias culturales transformadoras«.

Exactamente, a través de esta iniciativa, los usuarios de bibliotecas pueden visitar, de manera gratuita diferentes instituciones culturales de la ciudad que van desde el Jardín Botánico de Nueva York al Museo de Brooklyn, pasando por el Met, el Guggenheim o el Museo de Historia Natural. Todos los “must” que los turistas no nos perdemos, y que tantos ciudadanos aún no han pisado, por las razones que sean.

A mí me parece interesantísimo que se refuercen los vínculos entre las bibliotecas locales y otras atracciones propias del sector cultural, porque realmente, creo que deberían de ser un todo en la relación cultural que tenemos con la ciudad.

Además, creo que el Culture Pass es especialmente potente en esta ciudad que posee una de las ofertas culturales más potentes del mundo, que hacen de ella un destino atractivo, y que ahora no pertenece sólo a los turistas o comunidades más privilegiadas, sino que también pertenece al pueblo que es usuario de las bibliotecas. Es emocionante poner en la misma página a las bibliotecas y museos: instituciones que, a veces, parecen pertenecer a categorías culturales diferentes. 

Dice Linda E. Johnson. , Presidente y CEO de la Biblioteca Pública de Brooklyn:

«Como la institución más democrática de nuestra sociedad, la misión principal de la biblioteca es proporcionar recursos para el aprendizaje, la cultura y la creatividad a personas de todas las edades y antecedentes, en esencia para brindar acceso al conocimiento colectivo del mundo. El Culture Pass ayudará a crear conciencia, ampliar el público y ofrecer acceso a los usuarios de bibliotecas a los museos e instituciones culturales de Nueva York. Estamos encantados de unir fuerzas con estos estimados museos de artes visuales y ciencia”.

 

 

Por su lado, el presidente y director general de la Biblioteca Pública de Nueva York, Anthony W. Marx afirmaba:

“En la Biblioteca Pública de Nueva York, trabajamos todos los días para garantizar que todos los neoyorquinos puedan aprovechar todos estos destinos únicos para aprender, crecer y beneficiarse de la gran cantidad de información y experiencias enriquecedoras de la ciudad. El Culture Pass es una manera emocionante de ampliar ese trabajo y ayudar a todos los neoyorquinos a explorar y descubrir los tesoros de la ciudad».

Sí, qué jefes bibliotecarios más inspiradores, cómo empoderan a la ciudadanía.

¿Por qué está funcionando tan bien esta iniciativa?

Porque además de conseguir que diferentes organizaciones culturales donen invitaciones al Culture Pass, de manera mensual, éstas resultan ser las instituciones más importantes de la ciudad y, por lo tanto, intrínsecamente interesantes y atractivas… ¡¡chachaaaán!!

 

Hacen publicidad todo el rato y en todos los lugares del Culture Pass: desde en las marquesinas del bus, en el metro, en redes sociales, en las mismas bibliotecas, en la prensa… De nada vale tener un servicio a la disposición del usuario si no se le repite, y se le explica una y otra vez, que tienen derecho a usarlo. Y esto, como os imagináis, es una inversión en recursos extra, que las bibliotecas de la ciudad asumen, porque estamos en el reino del marketing y saben hacer las cosas.

Porque además de hacer publicidad de la biblioteca, la estás promocionando asociándola a algo cool, atractivo, de ocio saludable y disponible para todos. Porque tener el carné de la biblioteca es tener un pase a los museos, porque quizás algunos usuarios se han dado de alta precisamente para tener este servicio. Porque en el momento en que entramos a la biblioteca ya estamos más cerca de leer; de cogernos ese libro que te apuntaste en esa exposición; o de planificar un fin de semana diferente en la ciudad y llevar gratis a tres personas más. Y eso, en esta ciudad es mucho.

 

Una bibliotecaria española en Nueva York. Primera crónica

 

Bienvenidos al nuevo pisito digital del blog de Infobibliotecas. El felpudo políglota con el que os recibimos tiene todo el sentido. Aún nos quedan bultos por desembalar, y trastos que colocar aquí y allá, por lo que pueden haber cambios durante las próximas semanas. Pero al menos ya está habitable. Y sobre todo, lo que más nos gusta del nuevo espacio, es que tiene unas vistas increíbles.

Antonio Muñoz Molina en su libro biográfico Ventanas de Manhattan, en el que recogía sensaciones y reflexiones sobre el Nueva York en el que habitó durante varios años, escribía: «Estar viendo y no mirar es un arte supremo en esta ciudad que desafía tan incesantemente a la mirada

En cambio, en este nuevo emplazamiento del blog de Infobibliotecas, queremos seguir mirando y fijándonos sin que se nos escape ningún detalle. De ahí la apostilla que subraya el nombre del blog: «Ventana bibliotecaria a la cultura del siglo XXI«. Porque todo nos interesa y nada nos es ajeno cuando de bibliotecas y cultura se trata. Y la suerte en este sentido corría de nuestra parte.

Irene Blanco es esa española bibliotecaria del título de este post que, durante las próximas semanas, nos va a permitir mirar en directo por esta ventana el paisaje bibliotecario (y más horizontes) que se vislumbran en el skyline de la mítica ciudad.

Como diría Troy McClure, el personaje de Los Simpson, ustedes la conocerán por ser una documentalista y consultora en marketing digital, apasionada de Internet y la cultura digital (como se define en su web) experta en SEO, SEM y Social Media que actualmente trabaja como consultora freelance en diferentes proyectos. Y lo hace en remoto, puesto que está viviendo durante unos meses en el mismísimo Manhattan.

Si Sting le cantaba a un hombre inglés en Nueva York, en Infobibliotecas, somos todo oídos para lo que una mujer española en Nueva York nos va a contar. Y ahora vamos a hacer realidad el sueño de decir aquello de: «conectamos en directo con nuestra corresponsal bibliotecaria en la Gran Manzana«.

Welcome to the jungle

Porque en Nueva York todos los días son el #NationalLibrarianDay

 

Cierra los ojos y piensa en Nueva York durante 10 segundos. ¿Qué imágenes te vienen a la imaginación?

 

Creo que todo el mundo tiene una idea de Nueva York en su mente más o menos idealizada a través de la sobrecarga audiovisual que tenemos de esta ciudad. El hashtag #NewYork tiene en el momento que escribo este post 84.748.579 publicaciones en Instagram. Estamos cansados de ver escritas las palabras “Nueva York” cada día en las camisetas, gorras y sudaderas de cualquier vecino que nos cruzamos por la calle.

Ponemos la televisión, Youtube o Netflix y aparecen referencias a NY a cada rato. Hasta cuando viajé a Gambia, -en una aldea rural, en medio de la nada, sin agua corriente- estaba medio pueblo viendo una de las de Jungla de Cristal, en una tele enchufada al motor del coche, con decenas de ojos transportándose con Samuel L Jackson a vete tú a saber qué calles de la Gran Manzana. Hacen un gran marketing, eso es indiscutible.

En mi mente, Nueva York era un cóctel de ideas romantizadas construidas tras mucho leer las novelas de Paul Auster en las que Brooklyn es un protagonista más, con un Prospect Park que fue obrero pero que ahora está bien gentrificado -como me enseñó Hannah Horvath en Girls– y que ya es casi más caro que el Manhattan de Woody Allen. Nueva York para mi era el Imagine de John Lenon, eran los patos de Central Park de El guardián entre el centeno, era cualquier capítulo de Friends, era Marina Abramovich en el MoMa, era Una historia del Bronx de Robert De Niro y era un Queens de El Príncipe de Zamunda.

Es cierto, Nueva York es tan exagerado “como en las películas” y es difícil escapar de la idealización de esta ciudad, por eso cuando una tiene el privilegio de vivir unos meses en Babilon, puede ir asimilando la crudeza de la realidad, tan enorme, tan fuerte y sin anestesia. Compruebas que esta ciudad es una jungla, que las desigualdades son infinitas y que están por todas partes. Sólo tienes que coger un tren y observar con los ojos bien abiertos, ir a hacer la colada en un laundry o a una tiendita de barrio a por un Snickers.

Como diría Frida Kahlo cuando viajó a esta ciudad, allá por 1931: «Hay tanta riqueza y tanta miseria al mismo tiempo, que parece increíble que la gente pueda soportar tal diferencia de clase, y que acepte esa forma de hambre, mientras que por otro lado, los millonarios gastan millones en estupideces«.

 

Frida en Nueva York en 1946 fotografiada por Nickolas Muray. Fotografía del Museo de Brooklyn.

 

Y sí, en medio de esta locura, donde existen todos los idiomas, todas las razas, todas las religiones; donde reina el capitalismo y el consumo… aparecen las bibliotecas públicas.

Un refugio de paz. Un oasis en medio del caos. Un lugar que te recibe sin importar cuánto dinero tengas, de dónde seas o qué ropa vistes. Una plaza pública a cubierto, un techo del frío invierno, un enchufe para cargar el móvil y un wifi para escribirle a tus padres que estás bien, que no se preocupen, que las bibliotecarias son muy majas y te han recomendado unas clases de conversación, que hacen los martes. Que te has cogido prestado un par de libros en inglés y que lo entiendes casi todo, que también hacen ese cuentacuentos queer del que escribiste y que estás conociendo a gente del barrio, asidua a la biblioteca y que vaya historias cuentan. Y que eres una parte de la ciudad gracias a las bibliotecas, que integran, que reciben, que acogen, que molan mucho.

 

Y no lo digo sólo por ser bibliotecaria y porque me fascine este staff multiétnico, siempre a la orden, organizando actividades cool, que siempre haya usuarios leyendo en las salas, cruzarme con miradas cómplices, conocer historias de las personas que habitan el barrio (que sí, que me alucinan). Lo dicen todos los usuarios, lo expresan, lo defienden en redes, como podemos leer en estos tuits al hilo del National Library Day, que se celebró recientemente:

 

Porque ser parte de la comunidad de la biblioteca es conocer la realidad del pueblo de NYC. Porque ahora eres consciente de que no es una ciudad blanca como Woody Allen muestra, que los personajes de Friends o de Girls debían de ser ricos para poder pagar esas casas en esos barrios, que detrás del skyline que dibujan los rascacielos se esconden muchas desigualdades, que hay mucha gente que no habla inglés, que la sanidad o la educación no está al alcance de cualquiera, que la policía está por doquier, que las pandillas existen y que el pueblo se alimenta de comida basura. Pero que tienen unas bibliotecas increíbles y unos bibliotecarios que hacen de esta ciudad, una ciudad más humana, más acogedora, más generosa, más cálida y también más fuerte.

 

Este post es el comienzo del relato de una bibliotecaria que hace SEO desde un coworking precioso en Harlem, pero que visita las bibliotecas siempre que puede y comparte aquí sus impresiones durante unas semanas. Te doy la bienvenida y las gracias por acompañarme en este viaje.

SEO para disidentes bibliotecarios

 

Empezamos confesionales. En este blog andamos de mudanza. La próxima semana no habrá post porque hay que recoger las cosas, empaquetarlas, y cambiarlas de sitio. Ya se sabe lo que mucho que estresa una mudanza, y en este caso, por mucho que sea digital, no deja de suponer un esfuerzo.

¿Se recrearán todos los contenidos tal y como aparecen ahora en el nuevo domicilio virtual? ¿conseguiremos que los seguidores vuelvan a suscribirse en la nueva dirección? El caso es que nos han subido el alquiler desorbitadamente y por eso el blog de Infobibliotecas cambia de servidor. Pero durante el tiempo que llevamos preparando la mudanza se está plagando todo de spam que da asco, nuestros suscriptores se han extraviado, y por supuesto, el SEO se ha esfumado.

 

 

Todo ello debería haberse traducido en las estadísticas de visitas, pero salvo que recurramos a fuentes externas, desde luego las propias del blog se han desvanecido. Y tras los primeros cabreos y temores: caemos en la cuenta de que esto ya lo habíamos previsto.

En el experimental …(post en obras), hace 3 años, fantaseábamos con que el blog de Infobibliotecas se pasase a la Deep Web. Ahora casi lo estamos experimentando. Es lo que tiene una dieta drástica y repentina de interacciones digitales: combinada con una invasión de mensajes en cirílico e inglés, en los que Viagra y porno, suelen ser las palabras que más se repiten. Tras unas semanas inmersos en fango digital, al final, se termina con alucinaciones, y en un rapto de lucidez, o de todo lo contrario: descubres el verdadero sentido de las siglas SEO. Unas iniciales que nada tienen que ver con Search Engine Optimatization y sí con Servidumbre Electrónica y Obediencia.

 

 

‘Infobibliotecas se pasa al underground‘ queda bien como titular. ¿Pero es inteligente desde el escaparate digital de una empresa de servicios bibliotecarios? En la web profunda podríamos fundar una secta bibliotecaria digital. Pero en realidad actuamos como Don Draper en el último plano de la serie Mad Men (¡¡¡spoiler!!!): una vez alejado del mundanal ruido en una comuna hippie, en plena meditación, alcanza la paz ideando el mítico anuncio hippie de Coca-Cola («al mundo entero quiero dar…» ) con el que regresar por la puerta grande a manipular, de nuevo, desde dentro del sistema.

 

 

Dudamos que el regreso, en el nuevo servidor, raye a esa altura. Pero lo seguro es que será algo diferente. Y hasta aquí podemos leer… Mientras tanto, imbuidos por la revelación sobre el auténtico significado de las siglas SEO, nos identificamos plenamente con lo que el filósofo alemán de moda expone en la entrevista que publica ‘El País’. Markus Gabriel señala sin titubeos a Silicon Valley y a las redes sociales como los grandes criminales del momento:

«La inteligencia artificial es una ilusión. No existe ni existirá […] Lo que hay es software de códigos escritos por humanos para explotar a otros humanos. Todos trabajamos para Facebook o para Google. Nos han convertido en un proletariado digital a su servicio» 


Y el SEO como mandamiento disciplinario. Por eso en estos días, libres de su yugo, vivimos en el espejismo de sentirnos algo menos proletarios. Su no cumplimiento condena a la irrelevancia, el anonimato en la era del exhibicionismo. Obey (Obedecer) que proclamaban los grafitis que hicieron famoso al artista urbano Shepard Fairey antes de volverse mainstream publicitando a Obama. Y precisamente de Obama, o más bien de su biblioteca presidencial, llegan noticias que tienen mucho que ver con lo que estamos hablando. 

 

 

La biblioteca presidencial del cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos está naciendo entre polémicas. No va a ser una biblioteca presidencial típica. Algunos la definen más como un complejo cultural comunitario en el que las exposiciones y la programación de actividades serán lo que la caracterice: más que las colecciones. Y no es porque la administración Obama no haya generado miles de documentos y fondos para conformar una muy interesante y rica colección bibliotecaria: sino porque se ha llegado a un acuerdo con la Asociación Nacional de Archivos y Registros (NARA) para que los documentos se digitalicen.

 

 

Las protestas no se han hecho esperar, y así voces como la del periodista Philip Terzian, en el ‘Washintong Examiner’ o titulares en ‘The New York Times’: señalan que ese proyecto en realidad no es una biblioteca. Es otra cosa. Algo que no deja de resultar hasta enternecedor desde prisma bibliotecario. Esas voces discrepantes identifican el concepto de biblioteca con las colecciones físicas. Sin papel, sin información en soporte físico la idea de biblioteca se volatiliza. Pero de sus reservas también se sacan lecturas en cuanto a la consideración de la biblioteca como institución, como símbolo, y hasta como monumento.


Si los faraones se hacían construir pirámides o los emperadores monumentos, el imperio estadounidense erige bibliotecas presidenciales Y tanto esa visión de la biblioteca como monumento; como la biblioteca como centro cultural con los fondos digitalizados: despiertan inquietantes o esperanzadoras visiones de futuro. Y nacen reflexiones tan interesantes como la que hace el director ejecutivo y fundador de la Biblioteca Pública Digital de América cuando se pregunta: ¿es una biblioteca digital una biblioteca?

 

Maqueta en 3D de la futura biblioteca presidencial de Barack Obama.

 

Cohen dedica un largo artículo en ‘The Atlantic’ a explicar porqué una biblioteca digital es una biblioteca. Actualmente es decano en la biblioteca de la Universidad de Northeastern, y como tal, supervisa tanto los espacios físicos de la biblioteca como los recursos en línea de la misma, y en ambos casos, asegura que puede identificar claramente las ventajas significativas de cada uno. No son excluyentes sino complementarios.

Y al temor por la seguridad de lo digital para asegurar la preservación cara al futuro tan solo habría que recordarles el doloroso y reciente incendio de Notre Dame. Monumento que ahora precisamente van a reconstruir gracias a la tecnología 3D. Paradojas de un tiempo apasionante.

 

 

La vida es más sueño que nunca. Mucho más en que en el XVII de Calderón. Tal vez el éxito de lo digital proviene de que se ajusta más al sentido de la vida que la experiencia física. La vida es volátil, y lo digital, paradójicamente, puede que sea más realista que ese afán por atrapar el tiempo que son las pirámides, panteones o monumentos. No deja de ser curioso que ahora que los avances científicos hablan del fin de la muerte, de la proximidad de la inmortalidad: la vida se haga cada vez más y más liviana por influjo de lo digital. Malos tiempos, no ya para la lírica, sino para la trascendencia. Por eso en estos días, habitando en un entorno digital a medio desahuciar, hemos sentido como nunca lo poco dueños que somos de nuestros contenidos. Y quien dice de nuestros contenidos dice de nuestras ideas.

Y volvemos a las declaraciones del filósofo alemán Markus Gabriel para cerrar:


«Hace falta una revolución digital como fue la Revolución Francesa. Hay que destronarles por la vía democrática. […] Silicon Valley y las redes sociales son grandes criminales. Están ahí para explotarte, para hacerte adicto, como ya han estudiado los neurocientíficos.»


Algo que nos gusta y que nos recuerda a lo que hace un tiempo asegurábamos aquí: La revolución empezará en la biblioteca. Un buen lema con el que arrancar el nuevo recorrido de este blog en su nuevo hogar. Aunque más que un hogar será un piso franco digital, una imprenta clandestina como las de la Resistencia en las películas: desde la que proseguir urdiendo planes en solitario, o mejor, en compañía de otros para aportar algo a esa revolución.

Una revolución sin delirios épicos, ni aspavientos grandilocuentes. Una revolución tan simple, y por eso tan subversiva, como la de seguir defendiendo a las bibliotecas en el medio digital y fuera de él. Infiltrarse en la líneas enemigas del absolutismo en las redes. Eso sí que es una auténtica revolución del proletariado digital…

Se nos está yendo la pinza más de lo normal. Es comprensible. Las emanaciones de tanto intruso tóxico en el viejo servidor nos alteran las pocas neuronas que quedaban sanas. Mejor emplazamos a los disidentes que nos quieran seguir a la semana del 13 de mayo, en la que echaremos el cierre definitivo a este blog, para recibirles en el nuevo y esperamos que más soleado servidor.

 

 

Biblioteca o barbarie

 

La memoria histórica más dramática está en las cunetas, pero la memoria histórica también está en las bibliotecas: y desde muy diversas posturas ideológicas hay voces que pugnan por censurarla.

No hace falta incidir en la censura del cuento de Caperucita, y otros tantos libros infantiles, en una biblioteca escolar catalana en nombre de una purga por sexismo: que ha dado numerosos titulares. Ya se ha dicho casi de todo al respecto. Pero siempre viene a cuento señalar la involución que supone juzgar obras del pasado desde valores del presente. Una práctica que acumula un largo y absurdo recorrido en los últimos tiempos. Y en ocasiones, no con formas tan groseras y evidentes como en el caso de Caperucita: sino desde enfoques mucho más sutiles y aparentemente inocuos.

 

Como está feo señalar, en lugar de poner una ficción española ambientada en el pasado, en la que no sabes si estás en Madrid, Nueva York o Chicago: optamos por una más fidedigna musicalmente con el tiempo que retrata. La crónica de la estancia de Ava Gardner en el Madrid de los 50 de: Arde Madrid.

 

Acierte o no con sus películas: pocos podrán negarle a Álex de la Iglesia que su imaginario no se nutra de una tradición cinematográfica, televisiva y literaria Made in Spain.

Está muy feo señalar, pero en numerosas ficciones televisivas españolas en las que se recrean épocas pretéritas, sonroja bastante que en el Madrid de los 50 o 60 del siglo pasado: sonasen más los hits del rock y el jazz estadounidense que Antonio Machín, Imperio Argentina o Lola Flores. Que en una película reciente sobre gánsteres en la Barcelona de los años 20 todo se asemeje demasiado al Chicago de la ley seca.

La despersonalización del cine y la ficción televisiva españolas (salvo honrosas excepciones, gusten más o menos, como Álex de la Iglesia, Almodóvar y poco más): es una claudicación a ese gusto estándar con el que las nuevas tecnologías no dejan de avasallar. Y un brindis envenenado a la desmemoria.

El Hollywood clásico recreaba la Alejandría de Cleopatra o la España de El Cid según esquemas de cartón piedra. Pero al menos tenían la excusa de que nadie vivo podía cuestionarles más allá de los escrito en los libros. Pero cuando día sí, día también, se practica el falseamiento del mismo presente en el que vivimos: ¿qué no se podrá hacer con el pasado más inmediato?

A pocas horas de saberse del devastador incendio que destruía Notre Dame, en las redes (¿dónde si no?): ya se hacían lecturas relacionándolo con la decadencia de Europa. Y hasta mentes calcinadas de dogmas reclamaban su segundo de atención celebrando la ruina de un símbolo heteropatriarcal. Querer enmendar el pasado poniendo el contador a cero es asegurarse cometer los mismos errores de los que se huye. En Francia se queman bibliotecas (intencionadamente) y monumentos (accidentalmente): buscar explicaciones, razones o reflexiones al respecto es algo natural y necesario, el resto, no es más que literatura barata devenida en cliché.

La reconstrucción pasará, más allá de lo audiovisual, por la consulta de libros y documentos conservados en bibliotecas y archivos parisinos. Siempre hay hueco para la memoria y la esperanza en las baldas de las bibliotecas. Y por contraste con el triste incendio de la catedral parisina, en la Biblioteca de la Universidad de Copenhague, llegó la noticia de un hallazgo que engrandece la importancia de perseverar en la defensa y protección del patrimonio cultural.

 

 

La novela de Vicente Muñoz Puelles sobre Hernando Colón vuelve a la actualidad a la luz del descubrimiento del Libro de los Epítomes.

Dentro de las colecciones de dicha biblioteca se ha localizado el manuscrito, muy bien conservado, del Libro de los Epítomes de Hernando Colón. Tal y como lo ha definido el Dr. Edward Wilson-Lee, académico de Cambridge: una ventana al mundo perdido de libros del siglo XVI. En dicho manuscrito se reúnen hasta más de 2000 resúmenes de los libros que componían la biblioteca del gran bibliófilo Hernando Colón. El hijo ilegítimo del descubridor de América consagró su vida intentando crear la biblioteca más grande del mundo. De los más de 15000 volúmenes que la componían, actualmente, solo se conserva una cuarta parte de dicha biblioteca en la Catedral de Sevilla desde 1552.

El hallazgo del Libro de los Epítomes en la biblioteca danesa permite obtener muchos datos sobre qué se leía hace 500 años y, sobre todo, tener noticias de muchos libros que formaron parte de esta impresionante biblioteca y que desaparecieron hace siglos. Para el 2020 se espera que se pueda  publicar la relación completa de obras que aparecen resumidas en este tesoro bibliográfico que ya se ha empezado a digitalizar.

 

Volviendo al presente cabe preguntarse cuál sería el Libro de los Epítomes digital. ¿Acaso The Internet Archives; el Archivo Mundial del Ártico o la biblioteca lunar de la Arch Mission Foundation? Una de las muchas incertidumbres que el director galo Olivier Assayas convierte en temas de discusión para los protagonistas de su última cinta: Dobles vidas.

Una película que, como ya hemos dicho en un tuit, recomendamos a cualquier profesional de la cultura o persona a la que, simplemente, le guste ver expuestas en pantalla grande las grandes cuestiones que sobre nuestro presente y futuro nos atosigan. Enredos sentimentales entrelazados con jugosas conversaciones en torno a los libros, las bibliotecas, lo digital, las redes sociales, los e-books (así se iba a titular en un principio), los escritores y la cultural en general.

Guste más o menos la película de Assayas, los temas que aborda, dan para mucho cinefórum posterior. Y darían para un puñado de posts en este blog sino fuera porque son los asuntos sobre los que llevamos hablando desde que se creó. Assayas habla de grandes asuntos pero desde la más prosaica de las cotidianidades. Parte de los detalles más insignificantes, o más trascendentales, porque atañen a los sentimientos, para ironizar y reflexionar sobre el momento que estamos viviendo.

 

En las largas y divertidas conversaciones entre los personajes de ‘Dobles vidas’ se tocan todos los asuntos de mayor actualidad cultural, entre ellos, los audiolibros.

 

Assayas podrían haber engolado el tono y ponerse apocalíptico o integrado a la hora de hablar del estado de la cosa cultural pero, en vez de eso, opta por la comedia, la trágica dicotomía entre biblioteca o barbarie a la que hemos recurrido en el título no tiene porque consumarse en modo tan extremo (spoiler: por mucho que el personaje de la película más pro-digital sentencie a muerte a las bibliotecas). Y es que nada suele ser tan tajante o grandilocuente como era antes. Lo épico gusta mucho en Juego de tronos pero nadie lo quiere en su día a día. Y al final, lo más seguro es que la cosa quede entre medias: ni en biblioteca, ni en barbarie.

Nos adentramos en el siglo XXI y ni siquiera tenemos coches fantásticos. El futuro nunca es tan deslumbrante como nos lo pintan.

En este mismo post se puede corroborar. Hace unos días un colega bibliotecario nos comentaba que el último vídeo del grupo Ladilla rusa igual nos inspiraba para un post de este blog. Dejando aparte la imagen que debemos proyectar para que nos recomienden dicho vídeo (¿a quién vamos a engañar?: nos la hemos ganado): una vez superado el primer impacto la cosa fluyó sola.

Viéndolo es posible que alguien no entienda cómo se puede partir de algo así y terminar hablando de memoria histórica, la biblioteca de Hernando Colón y el devenir de la cultura en la era digital. Pero como bien dice el protagonista de la última de Almodóvar, cuando en la mesa de operaciones el cirujano le pregunta si su próxima película será comedia o drama: eso nunca se sabe al empezar a escribir una historia. Tal cual como el futuro de las bibliotecas.

 

 

Mapas en carne viva

 

Quienes hayan leído la novela de Michel Houllebecq El mapa y el territorio sabrán que su protagonista es un artista que logra consagrarse gracias a sus fotos de mapas, y que la interesantísima trama da un giro sorprendente con un macabro suceso, que tiene mucho que ver con el título de este post.

Y la reciente noticia de que la British Library acaba de digitalizar más de un millón de páginas de contenido erótico de libros de sus colecciones: nos ha hecho recordar esta magnífica novela.

Por un lado porque dicha biblioteca cuenta con una de las mayores colecciones cartográficas del mundo: y por otro lado, porque si de piel hablamos: los mapas que aquí rescatamos arrojan no pocas lecturas sobre otro tipo de erótica: la del poder. Ese potente afrodisíaco por el que, estos días, luchan nuestros políticos recorriendo esa piel de toro que supuestamente representa el mapa de nuestro país.

Se trata de mapas en los que los países adoptan contornos antropomorfos, que ironizan y critican los momentos políticos del momento histórico en que se crearon. Como el mapa con que abrimos el post: en el que Reino Unido adopta la forma de John Bull, que literalmente defeca sobre Francia a cuenta de la guerra contra Napoleón, que terminaría en la famosa batalla de Waterloo.

 

 

En este otro mapa, todos los países europeos tienen una representación pictórica. El panorama que se dibuja es el correspondiente a 1877: cuando los temores británicos hacia las ambiciones expansionistas de Rusia se convertían en una de las mayores amenazas a la hegemonía del Imperio Británico.

 

 

En 1900, Rusia era un pulpo que extendía sus tentáculos por toda Europa, el centro del continente era una amalgama de intereses, luchas y convulsiones que sacudían a todos los países. España colgando del continente, si en el anterior mapa se definía por un torero, ahora se hace carne y volantes en el cuerpo de una bailaora (como puede comprobarse los tópicos triunfan desde siempre) amedrentada ante el ímpetu de la revolucionaria Marianne gabacha.

 

 

En 1870, la Revolución Industrial había trastocado Europa: mientras Rusia se fragmentaba, Alemania se hacía fuerte, y España… como casi siempre es mujer, y en esta ocasión, la mujer más perezosa de Europa. Una auténtica antepasada de la mismísima Sara Montiel: para la que la Península Ibérica es toda ella una chaisse longue, sobre la que fumando espera, no sabemos exactamente a quien, o a qué.

En el siguiente mapa, fechado en 1882, Europa ya no se hace carne humana, sino animal. Y así, Rusia es un amenazante lobo, Francia un orgulloso gallo, y España, como no, un toro con txapela. Un conflictivo arca de Noé en el que todos luchan por la supervivencia y, como nos enseñan los documentales de la 2, terminan devorando a sus vecinos.

 

 

El último que escogemos, presenta a Europa tal como si fuera un mapa de la Tierra Media de El señor de los anillos. El liberalismo y el nacionalismo se extendían por Europa, los ideales de la Ilustración calaban en los regímenes políticos que se iban instaurando; y en España un nuevo correlato con el momento que estamos viviendo estos días: el nacionalismo catalán destacaba como una apuesta fuerte y contundente por un Estado federal.

 

 

Hasta aquí este breve repaso cartográfico-humorístico-histórico. De dibujar un mapa de la Europa actual: ¿cuál sería la representación adecuada?, ¿con qué figuras se podría representar un continente que sufre unas convulsiones que oscurecen nuestro futuro a cada nuevo telediario?

Quizá es que Europa como concepto siempre ha sido una utopía, un ideal, un estado mental al que sólo se  puede llegar a través de la hipnosis, del inconsciente colectivo que tantos siglos de historia compartida han ido conformando. Tal y como hacía Lars von Trier en su película pro-dogma: Europa.

 

 

Bibliotecarios en el ranking de lo cool

 

El rebranding es una práctica de riesgo en marketing que, en ocasiones, se convierte en un triunfo. No viene a ser otra cosa que cambiar de nombre a una marca. En el caso de Airtel, Amena o Telefónica (ahora Vodafone, Orange y Movistar): fue un éxito. En otros casos, el cambio no tuvo tanto que ver con una estrategia de seducción publicitaria como con una necesidad: es el caso del todoterreno japonés Mitsubishi Pajero que se rebautizó como Mitsubishi Montera al lanzarse al mercado hispanohablante.

 

El caso de rebranding en el mundo de la música más extremo que se recuerda: cuando Prince pasó a denominarse con un símbolo impronunciable.

 

En cambio, practicar el rebranding con la ‘marca’ biblioteca: no es tan seguro que fuera positivo a la hora de alcanzar un auténtico cambio de mentalidad respecto a lo que son las bibliotecas en el siglo XXI. Se perdería ese difuso afecto popular que, supuestamente, se siente hacia las bibliotecas: incluso por parte de quienes no las pisan. Puede ser que lo que hubiera que cambiar fuera lo de bibliotecario. Por mucho que cierto romanticismo hipster haya recreado lo maravilloso que es pasarse la vida rodeado de libros: una vez amortizado lo hipster, y en pleno apogeo reguetonero, se hace más difícil encajar el estereotipo.

 

Mujeres esperando a que las saquen a bailar en la década de los 50.

 

Aquí hemos defendido alguna vez que los bibliotecarios son profesionales de la cultura. Que viene a ser algo así como decir que los cirujanos se dedican a la medicina. Una perogrullada. Pero lo cierto es que pocas veces se incluye a los bibliotecarios dentro de los agentes activos en lo que se ha dado en denominar industrias culturales y creativas. El concepto de bibliotecario parece deslucir frente a conceptos mucho más deslumbrantes como gestor cultural, community manager, dinamizador socio-cultural, asesor cultural, consultor, emprendedor cultural, etc…

En la mayoría de programas de los másteres que surgen, aquí y allá, para formarse con ese perfil innovador, moderno, novedoso de gestor cultural, entre las salidas profesionales: se repiten galerías, centros culturales, museos, productoras de eventos, discográficas, industrias creativas…, pero nunca: bibliotecas. Cuando curiosamente, las bibliotecas, coinciden en no pocos aspectos con lo que se hace en los espacios culturales mencionados. Pero es que, digámoslo claramente, los bibliotecarios no cotizan al alza en el ranking de lo cool. De hecho ni se les contempla.

 

Hace unos días se celebró el c de c 2019: el congreso de creativos publicitarios más importante del país. La campaña que se alzó con el primer premio fue la ideada para la marca de ropa Adolfo Domínguez bajo el eslogan: ‘Sé más viejo’. El orgullo de estar por encima de las modas: ¿hace falta subrayar las lecturas que se pueden sacar desde ‘lo bibliotecario’?

 

Si se le plantea a un millennial, recién licenciado en una carrera de humanidades: ¿qué futuro laboral escogería?: gestor cultural o bibliotecario. Acostumbrado como está a las eufemísticas denominaciones de muchas de las asignaturas que ha cursado durante sus estudios: lo más probable es que opte por lo de gestor cultural. Lo de bibliotecario queda, como mucho, entrañable. Ya puestos, hasta un poco exótico por aquello de lo vintage, pero poco más.

Pero puestos a vindicarnos siempre podemos tirar del último estudio que mejor se avenga a nuestro discurso. Y en este caso nos llega desde California, concretamente, de una profesora de la Universidad de Pepperdine. El estudio, publicado en ‘Journal of Positive Psychology’, sostiene que la humildad intelectual denota una mente abierta, audaz e íntegra intelectualmente hablando. Una persona que no presume de sus conocimientos, ni inteligencia, es más propicia a ideas nuevas y a seguir aprendiendo frente a quienes alardean de sus capacidades y conocimientos.

Cela y Sampedro: dos figuras de intelectual del pasado con imágenes muy diferentes.

Leer algo así es un bálsamo ante la avalancha de fatuos que alardean de conocimientos, opiniones o gustos de manera excluyente. E inevitablemente regala los oídos al gremio bibliotecario.

¿Estará ahí la razón por la cual los bibliotecarios no son detectados por el radar de lo cooltural?

La convivencia diaria con lo que han escrito las mentes más brillantes de cualquier generación muscula la humildad casi sin pretenderlo. Y ante la inmensidad del mar: cualquiera se siente pequeño. Pero antes de comprar la moto de cualquier estudio, por mucho que nos guste como suena, siempre hay que fijarse en el kilometraje.

 

El nuevo libro del periodista y sociólogo Frédéric Martel promete remover aún más los cimientos de la Iglesia católica.

 

La Universidad de Pepperdine es una institución independiente y privada afiliada a las Iglesias de Cristo. Y un estudio que eleva a la humildad a virtud intelectual se aviene a la perfección a los valores religiosos. Por eso por compensar, y sin querer sospechar para nada de su rigor, recordemos las palabras sobre los bibliotecarios de alguien como el documentalista-activista Michael Moore, muy dado también a impartir sermones, aunque desde un talante que poco tiene que ver con la humildad:

«muchos los ven como ratoncitos maniáticos obsesionados con el silencio, pero en realidad, es porque están concentrados tramando la revolución.»

También es cierto que, una vez masajeado el magullado ego bibliotecario, sería necesario prevenir de los peligros de un exceso de humildad. Ya se sabe que la falsa modestia es tan pecaminosa como la soberbia: por eso nunca está de más ejercer la autocrítica.

Si se hiciera una encuesta entre el gremio bibliotecario sobre hábitos de lectura: igual nos llevábamos alguna sorpresa. Así como hay médicos que fuman, dietistas con sobrepeso o pasteleros que prefieren lo salado: más de un bibliotecario habrá que no lea. ¿Es imprescindible para dar una buen servicio bibliotecario? O incluso cuando leen: ¿será una falta de ambición cultural la que hace que la figura bibliotecaria no resulte tan guay como la de un «gestor cultural» (con bien de comillas a falta de focos)?

 

¿Por qué será que la canción de Boris Vian viene a la cabeza al escribir este post? Esa que decía: «Soy snob. Terriblemente snob. Todos mis amigos lo son, porque ser snob es un amor

 

Pues a tenor del post que Héctor G. Barnes publica en su blog de ‘El Confidencial’ no parece que esta sea tampoco la razón. «Los nuevos paletos o la gente culta a la que la cultura le da asco» así se titula, y por si el título no fuera suficientemente orientativo, basta un fragmento para terminar de cerciorar lo que se intuye:

«Estoy aburrido de ver a escritores que no leen, músicos que no escuchan música, críticos estrella de cine que no ven más películas que las que les toca cubrir […] Quizá se deba a que la cultura ha sido sustituida por la industria cultural, donde el valor estético y social, como espacio común entre individuos, ha sido sustituido por su valor de cambio en el mercado global de vanidades.»

Confiemos en que, dado que en el ranking de lo cool, lo bibliotecario no cotiza al alza: al menos no sumemos los errores de estos neopaletos de los que habla Barnes. Como sentenciaba un vídeo de los #bibliotecariosgrafiteros protagonizado por un abuelo y su nieto: «Bibliotecario sin curiosidad…».

 

Bibliotecas del nuevo mundo

 

En principio, y así en frío, que Rosalía haya sacado un tema de reguetón y que el culebrón del brexit esté pareciéndose cada vez más al guión de una comedia de la gloriosa productora Ealing: no parecen asuntos de los que sacar nada en claro sobre el futuro de bibliotecas y bibliotecarios. Y en cambio no pueden estar más conectados.

 

Pasaporte a Pimlico (1949) una de las deliciosas comedias de la productora Ealing, cuya trama, hoy resulta de lo más actual: un barrio de Londres reclama la independencia de Gran Bretaña.

 

No vamos a entrar en la jugada maestra de una estrella emergente que, tras haber acallado voces discrepantes sobre su valía con una contundente actuación en los Goya: va y se lanza al denostado, por los puritanos musicales, género del reguetón. Ni a calibrar las repercusiones de la salida del Reino Unido de la Unión Europea por las buenas o por las malas. Aquí lo que nos interesa es lo que dicen ambos hechos del futuro de las bibliotecas. Y es mucho.

‘Con altura’: el reguetón de Rosalía.

Rosalía, digna representante de lo positivo de su generación, asume sin prejuicios un genero que lleva más de una década partiendo la pana en lo que a la industria musical se refiere.

Lo que la Coca-Cola, Hollywood, Disney y el rock hicieron para aupar a los Estados Unidos a primera potencia mundial tras la II Guerra Mundial: los ritmos latinos lo hacen para acompañar a una cultura, la latina, que a golpe demográfico se está imponiendo y arraigando en todo tipo de climas y territorios. Por su parte, la debacle del estirado imperio británico a golpe de separatismo en plena era global: es el síntoma más evidente de la herida por la que se debilita el ya baqueteado continente europeo.

Confiemos en que el proyecto europeo sobreviva a los peores enemigos que puede tener un territorio: sus propios habitantes. Pero a nuestro país sujeto, como el resto, a lo que acontezca: le puede salvar, y mucho, el comodín de lo latino. Cuando allá por los 70 en programas como el vetusto 300 millones se repetía de manera relamida lo de la ‘madre patria’; o había que elegir entre el festival de la OTI y el de Eurovisión: los acomplejados españoles lo tuvieron claro apostando por el de Eurovisión. El de la OTI era de segunda, básicamente, porque se entendía lo que hablaban. Y eso resultaba, y resulta, taaaaan poco cool.

 

Marisol en el Festival de la OTI de 1972.

 

Ahora que el nivel medio del inglés se ha incrementado entre las nuevas generaciones, curiosamente, el castellano con acento latino, lo peta. Según una noticia aparecida en ‘El Mundo’ la demanda de profesores de castellano en Reino Unido se ha incrementado de manera impresionante tras el brexit. La pujanza del castellano a nivel global parece imparable. Puestos a elegir entre la falta de prejuicios culturales representada en figuras como Rosalía o la nostalgia trasnochada de los fastos del antiguo y avejentado imperio británico: no hace falta mucha clarividencia para aventurar el futuro. Por eso iniciativas como la de ‘Desiderata 2019’, puesta en marcha por Acción Cultural Española, bajo el comisariado de Carme Fenoll: parece una respuesta correcta a esa apuesta de futuro.

 

 

#Desiderata nace como un programa para propiciar intercambio profesional entre los distintos agentes de la cadena del libro, y lógicamente, no podía dejar fuera de esa cadena al gremio bibliotecario. Para ello va a promover la presencia de bibliotecarios españoles en las principales ferias del libro iberoamericanas. Una manera de fomentar la bibliodiversidad de las bibliotecas y el intercambio de experiencias. Su primera edición tendrá lugar con motivo de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires los días 3, 4 y 5 de mayo.

Este programa de Acción Cultural Española es un añadido a sumar a la labor que llevan desarrollando otras instituciones para fortalecer esos vínculos profesionales bibliotecarios entre los países latinoamericanos. El programa Iberbibliotecas, sustentando por el CERLALC, ha venido a reforzar la labor que el Centro para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe ha desplegado durante las últimas décadas. Se acaba de lanzar la 7ª convocatoria de ayudas 2019 cuyo plazo para el envío de propuestas llega hasta el 4 de mayo. En esta convocatoria se evaluarán proyectos dentro de tres categorías:

  1. Proyectos para fortalecer redes y sistemas de bibliotecas nacionales, regionales o de ciudades.
  2. Proyectos de planificación y desarrollo de servicios de extensión bibliotecaria.
  3. Proyectos desarrollados en bibliotecas públicas vinculados con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible relativos a educación inclusiva, igualdad de género, crecimiento económico sostenido, reducción de la desigualdad y promover sociedades justas y pacíficas.

 

La biblioteconomía siempre ha tenido su foco puesto en el mundo anglosajón, o en su defecto, en los avanzados países nórdicos. Si algunas voces han achacado, en parte, la proliferación del euro escepticismo al hecho de haber cifrado todo en la economía, y no tanto en la cultura y los valores comunes de los europeos: España ya tiene la lección aprendida.

En ocasiones no hay nada como cruzar al otro lado del Atlántico para constatar lo europeos, que pese a todo, somos los españoles. Pero precisamente en esas diferencias está el potencial para enriquecernos a través de las bibliotecas. Las bibliotecas latinoamericanas siguen siendo instituciones vertebradoras en unas sociedades sujetas a múltiples tensiones. Nada como visitar y compartir experiencias con bibliotecarios colombianos, mexicanos, argentinos o cubanos para recuperar la importancia práctica de la biblioteca como centros de atención primaria en sus comunidades.

El juego fácil del título, hablando de bibliotecas del nuevo mundo, adquiere otro sentido a la luz del momento que estamos viviendo. No se refiere a ese nuevo mundo descubierto en 1492, y sí, al nuevo mundo al que estamos abocados tras esta revolución biotecnológica. Y en el mapa geopolítico bibliotecario que perfilábamos no hace mucho en este blog, lo latino, puede y tiene, que jugar un papel determinante.

 

 

Y para cerrar, y dado que antes recordábamos a ese intento de hermanamiento musical transatlántico que fue el programa 300 millones: nada mejor que cerrar con música.

Muchos de los cantantes melódicos y folclóricas que amenizaban los convulsos años 70 españoles: prosiguen manteniendo su estatus de estrellas en países sudamericanos. Nuestro país siempre ha sido más ingrato en ese sentido.Y así, figuras como el canario José Velez, sigue congregando multitudes en sus conciertos en Colombia, por ejemplo. Por otro lado, no es casualidad, que Rosalía haya empezado su gira en Argentina; o que cada vez más, los nuevos músicos de países de la zona, vayan ganando adeptos en nuestro país más allá del reguetón.

Es el caso del chileno Alex Anwandter, cuyo último trabajo Latinoamericana, no puede resultar más idóneo para cerrar este post sobre bibliotecas del nuevo mundo.

 

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [4]: Constanza Mas

 

Hemos pillado a Constanza Mas en uno de los momentos más dulces en que se puede pillar a una creadora: cuando el esfuerzo y trabajo de muchos años dan sus frutos. Y a lo grande.

Desde que, en septiembre de 2017, presentara su colección ‘Purgatorio’: todo se ha ido acelerando. Inició 2018 desfilando en la Fashionology Summit de Bangladesh, después pasó por Berlín, para terminar desfilando en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid (donde fue premiada en el Samsug EGO Innovation Project: donde presentó un desfile que puede verse aquí). Y el 2019 ha continuado in crescendo siendo la única diseñadora española invitada a desfilar en la Fashioninnovation de la Semana de la moda de Nueva York.

Su marca constanza+Lab es pionera en nuestro país a la hora de conjugar tecnología con diseño de moda. Sus prendas inteligentes, o ropa con superpoderes como le gusta decir: combinan la sostenibilidad, el consumo responsable, y la artesanía tradicional con la tecnología: en una combinación que va más allá de la moda para plantear cuestiones apasionantes sobre el momento que estamos viviendo.

 

CONSTANZA MAS

 

Constanza Mas. Fotografía de Nacho García.

 

Tus creaciones provienen de reflexiones y de muchas lecturas que reflejan tus ideas sobre el mundo en el que vivimos y que expresas a través de tus diseños. ¿Qué autores, títulos o creadores han conformado el armazón conceptual de tu propuesta?

Mi propuesta tiene una estructura conceptual latente basada en el pensamiento crítico, la simplificación y la innovación. Como diseñadora me gusta explorar las posibilidades de la tecnología para hacer la vida más fácil y más divertida a las personas.

Autores como Gilles Lipovestsky, Zigmunt Bauman, Roland Barthes… me hacen profundizar en la sociedad de consumo y en los fenómenos que subyacen en la realidad social. El diagnóstico sociológico de nuestro tiempo, el paso de la posmodernidad a la hipermodernidad o a la sociedad líquida. La conmoción y la adaptación del individuo a la velocidad y a la urgencia del siglo XXI. La utilización de los objetos (la moda) como búsqueda de la propia identidad y de la identidad social.

La literatura es una fuente de inspiración para los infinitos escenarios posibles en los que desarrollar la creatividad y el pensamiento divergente. Por ejemplo, Purgatorio, nuestra primera colección fashiontech, está inspirada en La Divina Comedia del poeta italiano Dante Alighieri.

 

Desfile presentación de la colección Purgatorio.

 

En su obra, Dante profundiza en la naturaleza humana y en la búsqueda del sentido de la vida, centrándose en las claves que definen la identidad individual y en las decisiones que orientan nuestra vida.

Purgatorio es el lugar donde suceden los cambios, donde los individuos se enfrentan a las disyuntivas entre el bien y el mal, la evolución en si. La colección refleja la sombra y la luz en la utilización de dos colores puros: el negro y el blanco. La elección de cada material, tejido o textura nos remite a la encrucijada vital en la que Dante se encuentra, perdido en el bosque oscuro o bajo los rayos de luz de la bóveda celeste.

Cartel de la reciente adaptación a la televisión de la novela de Philip Dick: Electric dreams.

En esta colección (Purgatorio) todas las prendas o son programables o incorporan sensores: movimiento, sonido, proximidad… El purismo estructural, la desnudez ornamental, las líneas horizontales y verticales se funden con la luz como un nuevo material que añade códigos de comunicación inexplorados.

La literatura de ciencia ficción me gusta especialmente, y Philip K Dick es uno de mis autores de referencia. Los superhéroes de Marvel y DC también son un buen punto de partida para cuestionar el futuro del superindividuo y cómo la tecnología va a potenciar nuestros sentidos.

De Murcia a Nueva York, pasando antes, por Berlín, Madrid y Bangladesh. En los últimos dos años parece que todo se estuviera acelerando y el proyecto, al que te has entregado con pasión durante mucho tiempo, esté dando sus frutos. Hasta ahora has sabido administrar los tiempos y no someterte al ritmo frenético que exige la industria. ¿Crees que este éxito pueda cambiar esto?

La idea es seguir contracorriente, ir construyendo a mi medida, con independencia de criterio y de acción.

Detalle del desfile de la colección ‘Quantum’ de Constanza Mas en la Fashioninnovation de Nueva York.

Frente a los recelos que despiertan las nuevas tecnologías: tú disipas temores apostando por humanizar la tecnología. No puede sonar más interesante para las bibliotecas, inmersas como todos, en la revolución digital pero siempre al servicio del usuario. ¿Podrías explicar un poco la filosofía que hay detrás del mundo de la fashiontech?

La moda es un reflejo de nuestro tiempo y de todo lo que sucede en la sociedad en su conjunto. El diseño de moda es un motor de cambio y una excusa para generar ideas que cuestionen la manera de vivir hoy.

Nuestra propuesta es ROPA CON SUPERPODERES: el mundo virtual y el mundo real interseccionan en la fashiontech. Trabajamos con el convencimiento de que la fusión de moda y tecnología va a hacer posible que las prendas y complementos se conviertan en una nueva capa de piel, una envoltura orgánica e inteligente que nos permita expandir nuestros sentidos, nuestro cuerpo y nuestra mente: convirtiéndose en una interfaz flexible para navegar por el mundo, interaccionar, comunicarnos, experimentar, divertirnos, e incluso, entendernos a nosotros mismos a otro nivel.

Ropa sencilla para gente compleja‘ es el nombre de una de tus colecciones. Y como sostenías en el texto de presentación: «las soluciones simples son fruto de un elaborado proceso intelectual». Pero ese proceso, en ocasiones, se hace muy difícil con todo el ruido de fondo que nos rodea. ¿Tienes alguna fórmula para aislarte y poder reflexionar sin perder la conexión con lo que te rodea? Porque si tienes alguna nos la apuntamos de inmediato.

La fórmula es sencilla, son tres etapas que suelo recorrer de una forma orgánica y natural. Primero hay un proceso de investigación exhaustivo, para mi es muy estimulante tener una visión 360º.

Constanza Mas en la Mercedes Fashion Week de Madrid.

El siguiente paso es un proceso mental. Después de la avalancha informativa tengo que dejar que toda la información se pose en mi cabeza. Tener tiempo de reflexión es muy importante. Un papel para hacer croquis o una herramienta de mind-map es muy útil para ordenar todas las posibilidades que proliferan en mi cabeza.

El último paso es la focalización y es muy importante la introspección, la respuesta ya está en mi interior, solo tengo que concentrarme y encontrarla. Es una parte muy interesante porque es una especie de meditación: como una revelación. Es la parte emocional del proceso.

Ah! y la música… todos mis procesos creativos tienen una banda sonora.

 

Piezas de la colección ‘Ropa sencilla para gente compleja’ expuestas en la Biblioteca Regional de Murcia.

 

Y una pregunta que en tu caso es casi obligada: ¿eres de lectura en papel o en digital?

Jajajajaja yo soy una mezcla analógica y digital. Digamos que las lecturas por placer son siempre en papel y las de estudio e investigación en digital.

El papel es un lujo heredado del pasado y hay que valorarlo y disfrutarlo, tiene unas características sensoriales que complementan la experiencia de la lectura: la suavidad y la textura del papel, el aroma de la tinta, el tamaño o el peso, la encuadernación…

Y hablando de analógico y digital. En una de tus primeras colecciones recurriste al encaje de bolillos: y esto conecta con uno de los objetivos de las bibliotecas: actualizarse continuamente sin perder de vista la tradición. ¿Crees que parte de la buena acogida de tus propuestas tiene que ver con esa naturalidad con que entremezclas tecnología con artesanía sin renunciar a nada?

La artesanía es una parte muy importante de los seres humanos porque está relacionada con el trabajo manual, y nos conecta con la tradición, y con nuestra herencia cultural.

En la colección “Madera tejida” experimenté con la fusión de conceptos y materiales, la imbricación de lo artesanal y lo industrial, de la artesanía con la moda. Fue finalista en la Mostra do Encaixe de Camariñas en el año 2012. ¿Te imaginas una prenda musical?: quería reflejar la música de la madera cuando los bolillos chocan entre sí en la realización del encaje. La ropa no solo hay que verla en movimiento hay que escucharla: las prendas tienen una dimensión sonora.

El diseño está siempre en movimiento, nunca es estático: activa la curiosidad y el intercambio abierto de ideas y sentimientos.

constanza+LAB es un pequeño laboratotorio de moda del siglo XXI en el que desarrollamos tecnología «vestible», diseño interactivo y prendas inteligentes. Un centro de desarrollo en el que se combinan con total naturalidad los patrones, las mesas de corte, las máquinas de coser, la fabricación digital y la electrónica.

En las bibliotecas cada vez proliferan más los markerspaces y los lab. El propio nombre de tu marca ya incluye el Lab. ¿Cuál es tu implicación con la emergente cultura maker?

La Asociación Makers of Murcia organizó un Hackathon FashionTech y el equipo en el que yo participaba ganó el primer premio, fue muy emocionante, en seis horas desarrollamos el “vestido que detecta el estrés”. Así que mi primera prenda fashiontech la hicimos en la I Feria Maker de Murcia!

Lo que más me gusta del mundo maker es la pregunta “¿Qué quieres hacer?”: y compartir el conocimiento y la experiencia para hacerlo realidad.

 

Constanza cuando formaba parte de la banda de rock Eléctrica.

 

El rock ha sido otra de tus grandes pasiones. Tu marido, Pepe Jara, publicó en 2017 un disco estupendo basado en el clásico ‘En el camino’ de Kerouac, y tu hija también acaba de lanzarse como cantante. ¿Lo vuestro es un domicilio familiar o una residencia de artistas camuflada? Lo digo porque en las bibliotecas siempre estamos inventado formas para fomentar la cultura entre los jóvenes. ¿Cómo habéis estimulado el gusto por la cultura entre vuestros hijos?

Pues mira, ahora que lo dices me haces dudar… yo creía que era una casa familiar, jajajaja. Una cosa super importante es darse cuenta de que la vida no es lineal, que es corta pero puede ser muy ancha, y el día da para mucho XD.

Lo del ejemplo en estos casos funciona, tanto mi marido como yo somos polifacéticos y muy creativos. Llevamos vida de hiperactivos sin serlo, jajajaja… Debemos estar enganchados a la creación, pasar del mundo de las ideas a la acción es muy divertido y en casa se respira un ambiente muy productivo. Fomentamos el intercambio de ideas, la libertad de expresión, la sensibilidad artística y la autoconfianza. Tenemos muchos instrumentos musicales, muchos lápices y pinturas, muchos libros y espacios muy flexibles. Es una casa abierta para los de dentro y para los de fuera.

Las bibliotecas públicas están intentando promoverse como espacios seguros dentro de las redes. #BibliotecasvsHaters es un hashtag que hemos usado en este blog. En tu última colección, a través de una aplicación en el móvil, se pueden modificar los colores de tus prendas para expresar estados de ánimo. ¿Crees que la tecnología facilita o dificulta una mayor empatía a la hora de comunicarnos?

Tengo una visión de la tecnología muy positiva, la veo como facilitadora. Es cierto que las formas de comunicación han cambiado, los emoticonos son el traductor popular de las emociones y se van a convertir en la base de la comunicación humana. Estamos en un momento de transición en el que vivimos muy pendientes de las pantallas del móvil y nos miramos poco a los ojos… Es un asunto que no me preocupa. Estoy convencida de que los dispositivos móviles, tal y como los conocemos hoy en día, van a desaparecer y estarán embebidos en nuestra ropa. La tecnología nos rodeará de una manera no invasiva: estará en nuestro entorno de forma totalmente natural.

 

Modelos en el backstage del desfile de la colección Purgatorio.

La ultrafuturista biblioteca china de Tianjin Binhai.

Y ahora vamos a por la pregunta en forma de dilema. Imagínate (ojalá) que te encargan diseñar los uniformes del personal de una de estas dos bibliotecas: la Pública de Nueva York (mítica biblioteca con modernos servicios, pero de aspecto clásico) o la recién inaugurada y futurista biblioteca china de Tianjin Binhai. ¿Cuál elegirías?

Vale, va a a ser un trabajo apasionante modernizar los uniformes de la Public Library de Nueva York!

Y por último, ¿alguna idea (por loca que sea) de cómo te gustaría que fueran las bibliotecas en este siglo?

Pues sí. Las bibliotecas públicas serán unos espacios en los que el mundo virtual y el real convivirán de una forma totalmente natural. Pasearemos por las estanterías y unos bonitos hologramas de los personajes nos invitarán a “degustar” los preciosos volúmenes de la literatura de siglos pasados. ¿Quién dijo que solo había cinco sentidos? Las nuevas bibliotecas expandirán nuestra mente.