Tu biblioteca te engaña

El bloque de apartamentos intervenido hace unos meses por dos artistas urbanos en la ciudad de Utrecht.

 

«A menudo …para analizar los blogs, […] se compara a éstos con los diarios, las memorias o el género epistolar, modelos todos ellos fundamentados en el tiempo. Pero los blogs pertenecen a otro ámbito […] Un blog es fundamentalmente un espacio […] en el que aparece una información que se relaciona entre sí por asociaciones muy diversas, dadas instantáneamente, todas al mismo tiempo, y en las que caben desde asociaciones semánticas a visuales.»

Teoría general de la basura (cultura, apropiación, complejidad) de Agustín Fernández Mallo.

Galaxia Gutenberg 2018

 

Tras el periplo neoyorquino de la mano de Irene Blanco no viene mal retomar el ritmo habitual del blog con este fragmento del ensayo de Fernández Mallo que, tan bien, define lo que es un blog.

Disociar blogs de memorias, diarios y modelos narrativos basados en la lectura impresa: tiene todo el sentido. Cuando reinauguramos el blog dijimos que nos habíamos mudado a un nuevo piso, loft, cabaña o cuchitril (donde hay cultura se hace hogar): y esa referencia a un espacio es lo que viene a confirmarnos el texto de Mallo. Un hogar laberíntico, sin duda, en el que un arquitecto loco hubiese diseñado planos que conectan los asuntos y materiales (vídeos, fotos, tuits, gifs…) más variopintos en aras de un discurso que, para bien o para mal, nunca es único.

En esta nueva etapa esperamos que esos rasgos se intensifiquen y conseguir tenerlo bien amueblado. Aunque lo de tenerlo bien amueblado no lo tengamos tan claro. Tener (la cabeza) bien amueblada se identifica con lo correcto, con la claridad de ideas, con la sensatez: en definitiva con el cerebro. Y si nos remitimos a la cultura: lo impoluto, en realidad, dificulta más que facilita la progresión.

Precisamente Fernández Mallo en su ensayo nos habla de lo necesaria que es la basura cultural, los detritus para seguir generando nuevos discursos. En su libro cita la obra de George Zarkadakis Our own image (2016) en la que se resume, a través de 6 metáforas, la idea que se ha tenido de nuestro cerebro, y por tanto, de la inteligencia humana según las épocas:

  • según la Biblia los seres humanos se formaron a partir de arcilla o tierra a la que Dios otorgó el espíritu que sería nuestra inteligencia.
  • en el siglo III a.C. se equiparó a un modelo hidráulico
  • en el siglo XVI la invención de los autómatas inspiró la idea de que los humanos funcionan mentalmente como máquinas.
  • en el siglo XVIII los descubrimientos sobre electricidad y química llevó a nuevas interpretaciones
  • El físico alemán Hermann von Helmholtz comparó al cerebro con un telégrafo
  • Y en 1940 es cuando se empezó a asociar metafóricamente a la mente humana con una computadora.

Pero todas las definiciones terminan resultando insuficientes cuando surge la siguiente maravilla creada por esa mente a la que tanto empeño ponen en comparar. Tal vez por ello, la Inteligencia Artificial está optando por automatizar a los humanos a su semejanza a través de los prodigios tecnológicos que colonizan nuestro día a día. No queremos ser agoreros, ni apocalípticos, pero a la IA tampoco les va a salir bien, porque en realidad, a lo que se asemeja la mente humana es a algo tan arcaico como una biblioteca.

 

Planos de la biblioteca de Filología de la Universidad de Berlín apodada ‘el cerebro’ diseñada por Norman Foster.

 

Un espacio laberíntico formado por estanterías en las que se supone se ordenan los conocimientos adquiridos, pero cuyo libre acceso, provoca que cualquier usuario distraído mezcle los fondos arbitrariamente estableciendo conexiones insospechadas.

En un reciente artículo en ‘El País‘ del que hemos fusilado el título para este post se aborda los espejismos con que nuestro cerebro nos engaña sin que ni siquiera seamos conscientes. El artículo parte de las investigaciones de los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman sobre cómo opera nuestra mente. En 1974 abrieron una corriente de investigación partiendo del siguiente supuesto:

«Steve es muy tímido y retraído, siempre servicial, pero poco interesado por la gente o por el mundo real. De carácter disciplinado y metódico, necesita ordenarlo y organizarlo todo. Además, tiene una obsesión por el detalle. ¿Qué es más probable que Steve sea un bibliotecario o un agricultor?»

 

Según las conclusiones de los psicólogos, el pensamiento más instantáneo conducía a ubicar a Steve dentro de la profesión bibliotecaria, en cambio, el tímido y ordenado Steve resultaba ser agricultor. Una mera cuestión de probabilidades porque en los Estados Unidos de los 70 existía un bibliotecario por cada 20 agricultores.

¿Han evolucionado los bibliotecarios de los 70 para que no se les siga asociando a rasgos como la timidez, el retraimiento, la misantropía y la manía por el orden? Porque visto con perspectiva, y mala leche, el bueno de Steve también cuadraría con las características de un psicópata tipo Norman Bates. Un estereotipo que, tanto en los 70 como en los 2000, según Hollywood, prolifera mucho en los Estados Unidos.

Lugares comunes de bostezo contagioso que se hacen añicos de muy diferentes modos. Si nuestros cerebros nos engañan (hasta a la todopoderosa IA) y los hemos comparado con una biblioteca, ergo, las bibliotecas también nos engañan:

  • tu biblioteca te engaña si acudes solo a estudiar a las bibliotecas porque están mutando en otra cosa en la que tu actitud pasiva tiene poca cabida;
  • tu biblioteca te engaña si eres usuario que busca un centro vivo y dinámico: porque sus servidumbres políticas hacen que su deriva hacia simples salas de estudio sea un peligro latente para su supervivencia;
  • tu biblioteca te engaña si eres un bibliotecario con inquietudes y te das de bruces con la realidad en muchas administraciones: en las que la innovación no está bien vista, ni se pone mucho empeño (ni es fácil) remediar vicios adquiridos;
  • tu biblioteca te engaña si eres un funcionario (o aspirante) con vocación de jubilado (sin que en esto importe la edad) y pides la biblioteca como destino y te topas con un centro lleno de vida, trabajo, compromiso y ganas de crecer;
  • tu biblioteca te engaña si piensas que todos los bibliotecarios, como profesionales de la cultura, aman la cultura y, en realidad, puede que estén allí igual que podrían haber estado en una oficina de recaudación;
  • tu biblioteca te engaña si piensas en las bibliotecas como zonas seguras porque en cualquier momento se te puede cruzar un libro, una película o un cómic que cambie tu perspectiva para siempre.

Y así podríamos seguir con más y más engaños. Pero por el momento vamos bien servidos. Y ya es momento de abrir otra conexión, sin aparente rumbo, que finalmente dote a todo de sentido.

La artista y escritora Shubigi Rao.

 

El cerebro es una biblioteca sin leer‘ es el título de la charla TEDx de la artista Shubigi Rao. Una artista y escritora que en su obra se interesa por la arqueología, la neurociencia, las bibliotecas, los libros o el arte contemporáneo, entre otros asuntos. Una de sus últimas acciones artísticas la ha llevado a cabo en colaboración con Lucy Liu.

La actriz famosa por sus papeles en series como Ally McBeal o películas como Los ángeles de Charlie o Kill Bill: se ha revelado como artista visual en esta colaboración con Rao a través de la exposición ‘Pertenencias desahuciadas’. Una obra que apela directamente a lo que hemos estado hablando aquí.

 

Lucy Liu, con el cerebro al aire, junto a Uma Thurman en una pausa en el rodaje de Kill Bill 2.

 

La instalación artística ideada por Liu consistió en una biblioteca compuesta por unos 200 libros, hechos a mano, en cuyo interior se esconden algunos de los objetos que la actriz ha ido recogiendo a lo largo de sus viajes. Los visitantes podían coger los libros, abrirlos y descubrir su contenido, así como cambiarlos de sitio.  ¿Y el mensaje?: «promover un ciclo de redescubrimiento, los objetos perdidos adquieren un nuevo significado, no solo a través del relato que Liu ha creado para ellos en sus libros, sino también a través de la constante reordenación de los libros en sí.» Suena bien menos para aquellos bibliotecarios que hayan vivido la experiencia de toparse con una loncha de salchichón (por poner un ejemplo) usado como marcapáginas en un libro de su biblioteca.

Basura, libros y usuarios desordenando una biblioteca.Y es que de eso trata este blog: de reubicarse, de reacomodarse, una y otra vez, igual que cada día se ordenan las estanterías de las bibliotecas, que están vivas, sabiendo que en poco tiempo volverán a desordenarse. Bendito desorden.

La biblioteca de libros con ‘sorpresa’ de Lucy Liu.

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SEO para disidentes bibliotecarios

 

Empezamos confesionales. En este blog andamos de mudanza. La próxima semana no habrá post porque hay que recoger las cosas, empaquetarlas, y cambiarlas de sitio. Ya se sabe lo que mucho que estresa una mudanza, y en este caso, por mucho que sea digital, no deja de suponer un esfuerzo.

¿Se recrearán todos los contenidos tal y como aparecen ahora en el nuevo domicilio virtual? ¿conseguiremos que los seguidores vuelvan a suscribirse en la nueva dirección? El caso es que nos han subido el alquiler desorbitadamente y por eso el blog de Infobibliotecas cambia de servidor. Pero durante el tiempo que llevamos preparando la mudanza se está plagando todo de spam que da asco, nuestros suscriptores se han extraviado, y por supuesto, el SEO se ha esfumado.

 

 

Todo ello debería haberse traducido en las estadísticas de visitas, pero salvo que recurramos a fuentes externas, desde luego las propias del blog se han desvanecido. Y tras los primeros cabreos y temores: caemos en la cuenta de que esto ya lo habíamos previsto.

En el experimental …(post en obras), hace 3 años, fantaseábamos con que el blog de Infobibliotecas se pasase a la Deep Web. Ahora casi lo estamos experimentando. Es lo que tiene una dieta drástica y repentina de interacciones digitales: combinada con una invasión de mensajes en cirílico e inglés, en los que Viagra y porno, suelen ser las palabras que más se repiten. Tras unas semanas inmersos en fango digital, al final, se termina con alucinaciones, y en un rapto de lucidez, o de todo lo contrario: descubres el verdadero sentido de las siglas SEO. Unas iniciales que nada tienen que ver con Search Engine Optimatization y sí con Servidumbre Electrónica y Obediencia.

 

 

‘Infobibliotecas se pasa al underground‘ queda bien como titular. ¿Pero es inteligente desde el escaparate digital de una empresa de servicios bibliotecarios? En la web profunda podríamos fundar una secta bibliotecaria digital. Pero en realidad actuamos como Don Draper en el último plano de la serie Mad Men (¡¡¡spoiler!!!): una vez alejado del mundanal ruido en una comuna hippie, en plena meditación, alcanza la paz ideando el mítico anuncio hippie de Coca-Cola («al mundo entero quiero dar…» ) con el que regresar por la puerta grande a manipular, de nuevo, desde dentro del sistema.

 

 

Dudamos que el regreso, en el nuevo servidor, raye a esa altura. Pero lo seguro es que será algo diferente. Y hasta aquí podemos leer… Mientras tanto, imbuidos por la revelación sobre el auténtico significado de las siglas SEO, nos identificamos plenamente con lo que el filósofo alemán de moda expone en la entrevista que publica ‘El País’. Markus Gabriel señala sin titubeos a Silicon Valley y a las redes sociales como los grandes criminales del momento:

«La inteligencia artificial es una ilusión. No existe ni existirá […] Lo que hay es software de códigos escritos por humanos para explotar a otros humanos. Todos trabajamos para Facebook o para Google. Nos han convertido en un proletariado digital a su servicio» 


Y el SEO como mandamiento disciplinario. Por eso en estos días, libres de su yugo, vivimos en el espejismo de sentirnos algo menos proletarios. Su no cumplimiento condena a la irrelevancia, el anonimato en la era del exhibicionismo. Obey (Obedecer) que proclamaban los grafitis que hicieron famoso al artista urbano Shepard Fairey antes de volverse mainstream publicitando a Obama. Y precisamente de Obama, o más bien de su biblioteca presidencial, llegan noticias que tienen mucho que ver con lo que estamos hablando. 

 

 

La biblioteca presidencial del cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos está naciendo entre polémicas. No va a ser una biblioteca presidencial típica. Algunos la definen más como un complejo cultural comunitario en el que las exposiciones y la programación de actividades serán lo que la caracterice: más que las colecciones. Y no es porque la administración Obama no haya generado miles de documentos y fondos para conformar una muy interesante y rica colección bibliotecaria: sino porque se ha llegado a un acuerdo con la Asociación Nacional de Archivos y Registros (NARA) para que los documentos se digitalicen.

 

 

Las protestas no se han hecho esperar, y así voces como la del periodista Philip Terzian, en el ‘Washintong Examiner’ o titulares en ‘The New York Times’: señalan que ese proyecto en realidad no es una biblioteca. Es otra cosa. Algo que no deja de resultar hasta enternecedor desde prisma bibliotecario. Esas voces discrepantes identifican el concepto de biblioteca con las colecciones físicas. Sin papel, sin información en soporte físico la idea de biblioteca se volatiliza. Pero de sus reservas también se sacan lecturas en cuanto a la consideración de la biblioteca como institución, como símbolo, y hasta como monumento.


Si los faraones se hacían construir pirámides o los emperadores monumentos, el imperio estadounidense erige bibliotecas presidenciales Y tanto esa visión de la biblioteca como monumento; como la biblioteca como centro cultural con los fondos digitalizados: despiertan inquietantes o esperanzadoras visiones de futuro. Y nacen reflexiones tan interesantes como la que hace el director ejecutivo y fundador de la Biblioteca Pública Digital de América cuando se pregunta: ¿es una biblioteca digital una biblioteca?

 

Maqueta en 3D de la futura biblioteca presidencial de Barack Obama.

 

Cohen dedica un largo artículo en ‘The Atlantic’ a explicar porqué una biblioteca digital es una biblioteca. Actualmente es decano en la biblioteca de la Universidad de Northeastern, y como tal, supervisa tanto los espacios físicos de la biblioteca como los recursos en línea de la misma, y en ambos casos, asegura que puede identificar claramente las ventajas significativas de cada uno. No son excluyentes sino complementarios.

Y al temor por la seguridad de lo digital para asegurar la preservación cara al futuro tan solo habría que recordarles el doloroso y reciente incendio de Notre Dame. Monumento que ahora precisamente van a reconstruir gracias a la tecnología 3D. Paradojas de un tiempo apasionante.

 

 

La vida es más sueño que nunca. Mucho más en que en el XVII de Calderón. Tal vez el éxito de lo digital proviene de que se ajusta más al sentido de la vida que la experiencia física. La vida es volátil, y lo digital, paradójicamente, puede que sea más realista que ese afán por atrapar el tiempo que son las pirámides, panteones o monumentos. No deja de ser curioso que ahora que los avances científicos hablan del fin de la muerte, de la proximidad de la inmortalidad: la vida se haga cada vez más y más liviana por influjo de lo digital. Malos tiempos, no ya para la lírica, sino para la trascendencia. Por eso en estos días, habitando en un entorno digital a medio desahuciar, hemos sentido como nunca lo poco dueños que somos de nuestros contenidos. Y quien dice de nuestros contenidos dice de nuestras ideas.

Y volvemos a las declaraciones del filósofo alemán Markus Gabriel para cerrar:


«Hace falta una revolución digital como fue la Revolución Francesa. Hay que destronarles por la vía democrática. […] Silicon Valley y las redes sociales son grandes criminales. Están ahí para explotarte, para hacerte adicto, como ya han estudiado los neurocientíficos.»


Algo que nos gusta y que nos recuerda a lo que hace un tiempo asegurábamos aquí: La revolución empezará en la biblioteca. Un buen lema con el que arrancar el nuevo recorrido de este blog en su nuevo hogar. Aunque más que un hogar será un piso franco digital, una imprenta clandestina como las de la Resistencia en las películas: desde la que proseguir urdiendo planes en solitario, o mejor, en compañía de otros para aportar algo a esa revolución.

Una revolución sin delirios épicos, ni aspavientos grandilocuentes. Una revolución tan simple, y por eso tan subversiva, como la de seguir defendiendo a las bibliotecas en el medio digital y fuera de él. Infiltrarse en la líneas enemigas del absolutismo en las redes. Eso sí que es una auténtica revolución del proletariado digital…

Se nos está yendo la pinza más de lo normal. Es comprensible. Las emanaciones de tanto intruso tóxico en el viejo servidor nos alteran las pocas neuronas que quedaban sanas. Mejor emplazamos a los disidentes que nos quieran seguir a la semana del 13 de mayo, en la que echaremos el cierre definitivo a este blog, para recibirles en el nuevo y esperamos que más soleado servidor.

 

 

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Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [4]: Constanza Mas

 

Hemos pillado a Constanza Mas en uno de los momentos más dulces en que se puede pillar a una creadora: cuando el esfuerzo y trabajo de muchos años dan sus frutos. Y a lo grande.

Desde que, en septiembre de 2017, presentara su colección ‘Purgatorio’: todo se ha ido acelerando. Inició 2018 desfilando en la Fashionology Summit de Bangladesh, después pasó por Berlín, para terminar desfilando en la Mercedes Benz Fashion Week de Madrid (donde fue premiada en el Samsug EGO Innovation Project: donde presentó un desfile que puede verse aquí). Y el 2019 ha continuado in crescendo siendo la única diseñadora española invitada a desfilar en la Fashioninnovation de la Semana de la moda de Nueva York.

Su marca constanza+Lab es pionera en nuestro país a la hora de conjugar tecnología con diseño de moda. Sus prendas inteligentes, o ropa con superpoderes como le gusta decir: combinan la sostenibilidad, el consumo responsable, y la artesanía tradicional con la tecnología: en una combinación que va más allá de la moda para plantear cuestiones apasionantes sobre el momento que estamos viviendo.

 

CONSTANZA MAS

 

Constanza Mas. Fotografía de Nacho García.

 

Tus creaciones provienen de reflexiones y de muchas lecturas que reflejan tus ideas sobre el mundo en el que vivimos y que expresas a través de tus diseños. ¿Qué autores, títulos o creadores han conformado el armazón conceptual de tu propuesta?

Mi propuesta tiene una estructura conceptual latente basada en el pensamiento crítico, la simplificación y la innovación. Como diseñadora me gusta explorar las posibilidades de la tecnología para hacer la vida más fácil y más divertida a las personas.

Autores como Gilles Lipovestsky, Zigmunt Bauman, Roland Barthes… me hacen profundizar en la sociedad de consumo y en los fenómenos que subyacen en la realidad social. El diagnóstico sociológico de nuestro tiempo, el paso de la posmodernidad a la hipermodernidad o a la sociedad líquida. La conmoción y la adaptación del individuo a la velocidad y a la urgencia del siglo XXI. La utilización de los objetos (la moda) como búsqueda de la propia identidad y de la identidad social.

La literatura es una fuente de inspiración para los infinitos escenarios posibles en los que desarrollar la creatividad y el pensamiento divergente. Por ejemplo, Purgatorio, nuestra primera colección fashiontech, está inspirada en La Divina Comedia del poeta italiano Dante Alighieri.

 

Desfile presentación de la colección Purgatorio.

 

En su obra, Dante profundiza en la naturaleza humana y en la búsqueda del sentido de la vida, centrándose en las claves que definen la identidad individual y en las decisiones que orientan nuestra vida.

Purgatorio es el lugar donde suceden los cambios, donde los individuos se enfrentan a las disyuntivas entre el bien y el mal, la evolución en si. La colección refleja la sombra y la luz en la utilización de dos colores puros: el negro y el blanco. La elección de cada material, tejido o textura nos remite a la encrucijada vital en la que Dante se encuentra, perdido en el bosque oscuro o bajo los rayos de luz de la bóveda celeste.

Cartel de la reciente adaptación a la televisión de la novela de Philip Dick: Electric dreams.

En esta colección (Purgatorio) todas las prendas o son programables o incorporan sensores: movimiento, sonido, proximidad… El purismo estructural, la desnudez ornamental, las líneas horizontales y verticales se funden con la luz como un nuevo material que añade códigos de comunicación inexplorados.

La literatura de ciencia ficción me gusta especialmente, y Philip K Dick es uno de mis autores de referencia. Los superhéroes de Marvel y DC también son un buen punto de partida para cuestionar el futuro del superindividuo y cómo la tecnología va a potenciar nuestros sentidos.

De Murcia a Nueva York, pasando antes, por Berlín, Madrid y Bangladesh. En los últimos dos años parece que todo se estuviera acelerando y el proyecto, al que te has entregado con pasión durante mucho tiempo, esté dando sus frutos. Hasta ahora has sabido administrar los tiempos y no someterte al ritmo frenético que exige la industria. ¿Crees que este éxito pueda cambiar esto?

La idea es seguir contracorriente, ir construyendo a mi medida, con independencia de criterio y de acción.

Detalle del desfile de la colección ‘Quantum’ de Constanza Mas en la Fashioninnovation de Nueva York.

Frente a los recelos que despiertan las nuevas tecnologías: tú disipas temores apostando por humanizar la tecnología. No puede sonar más interesante para las bibliotecas, inmersas como todos, en la revolución digital pero siempre al servicio del usuario. ¿Podrías explicar un poco la filosofía que hay detrás del mundo de la fashiontech?

La moda es un reflejo de nuestro tiempo y de todo lo que sucede en la sociedad en su conjunto. El diseño de moda es un motor de cambio y una excusa para generar ideas que cuestionen la manera de vivir hoy.

Nuestra propuesta es ROPA CON SUPERPODERES: el mundo virtual y el mundo real interseccionan en la fashiontech. Trabajamos con el convencimiento de que la fusión de moda y tecnología va a hacer posible que las prendas y complementos se conviertan en una nueva capa de piel, una envoltura orgánica e inteligente que nos permita expandir nuestros sentidos, nuestro cuerpo y nuestra mente: convirtiéndose en una interfaz flexible para navegar por el mundo, interaccionar, comunicarnos, experimentar, divertirnos, e incluso, entendernos a nosotros mismos a otro nivel.

Ropa sencilla para gente compleja‘ es el nombre de una de tus colecciones. Y como sostenías en el texto de presentación: «las soluciones simples son fruto de un elaborado proceso intelectual». Pero ese proceso, en ocasiones, se hace muy difícil con todo el ruido de fondo que nos rodea. ¿Tienes alguna fórmula para aislarte y poder reflexionar sin perder la conexión con lo que te rodea? Porque si tienes alguna nos la apuntamos de inmediato.

La fórmula es sencilla, son tres etapas que suelo recorrer de una forma orgánica y natural. Primero hay un proceso de investigación exhaustivo, para mi es muy estimulante tener una visión 360º.

Constanza Mas en la Mercedes Fashion Week de Madrid.

El siguiente paso es un proceso mental. Después de la avalancha informativa tengo que dejar que toda la información se pose en mi cabeza. Tener tiempo de reflexión es muy importante. Un papel para hacer croquis o una herramienta de mind-map es muy útil para ordenar todas las posibilidades que proliferan en mi cabeza.

El último paso es la focalización y es muy importante la introspección, la respuesta ya está en mi interior, solo tengo que concentrarme y encontrarla. Es una parte muy interesante porque es una especie de meditación: como una revelación. Es la parte emocional del proceso.

Ah! y la música… todos mis procesos creativos tienen una banda sonora.

 

Piezas de la colección ‘Ropa sencilla para gente compleja’ expuestas en la Biblioteca Regional de Murcia.

 

Y una pregunta que en tu caso es casi obligada: ¿eres de lectura en papel o en digital?

Jajajajaja yo soy una mezcla analógica y digital. Digamos que las lecturas por placer son siempre en papel y las de estudio e investigación en digital.

El papel es un lujo heredado del pasado y hay que valorarlo y disfrutarlo, tiene unas características sensoriales que complementan la experiencia de la lectura: la suavidad y la textura del papel, el aroma de la tinta, el tamaño o el peso, la encuadernación…

Y hablando de analógico y digital. En una de tus primeras colecciones recurriste al encaje de bolillos: y esto conecta con uno de los objetivos de las bibliotecas: actualizarse continuamente sin perder de vista la tradición. ¿Crees que parte de la buena acogida de tus propuestas tiene que ver con esa naturalidad con que entremezclas tecnología con artesanía sin renunciar a nada?

La artesanía es una parte muy importante de los seres humanos porque está relacionada con el trabajo manual, y nos conecta con la tradición, y con nuestra herencia cultural.

En la colección “Madera tejida” experimenté con la fusión de conceptos y materiales, la imbricación de lo artesanal y lo industrial, de la artesanía con la moda. Fue finalista en la Mostra do Encaixe de Camariñas en el año 2012. ¿Te imaginas una prenda musical?: quería reflejar la música de la madera cuando los bolillos chocan entre sí en la realización del encaje. La ropa no solo hay que verla en movimiento hay que escucharla: las prendas tienen una dimensión sonora.

El diseño está siempre en movimiento, nunca es estático: activa la curiosidad y el intercambio abierto de ideas y sentimientos.

constanza+LAB es un pequeño laboratotorio de moda del siglo XXI en el que desarrollamos tecnología «vestible», diseño interactivo y prendas inteligentes. Un centro de desarrollo en el que se combinan con total naturalidad los patrones, las mesas de corte, las máquinas de coser, la fabricación digital y la electrónica.

En las bibliotecas cada vez proliferan más los markerspaces y los lab. El propio nombre de tu marca ya incluye el Lab. ¿Cuál es tu implicación con la emergente cultura maker?

La Asociación Makers of Murcia organizó un Hackathon FashionTech y el equipo en el que yo participaba ganó el primer premio, fue muy emocionante, en seis horas desarrollamos el “vestido que detecta el estrés”. Así que mi primera prenda fashiontech la hicimos en la I Feria Maker de Murcia!

Lo que más me gusta del mundo maker es la pregunta “¿Qué quieres hacer?”: y compartir el conocimiento y la experiencia para hacerlo realidad.

 

Constanza cuando formaba parte de la banda de rock Eléctrica.

 

El rock ha sido otra de tus grandes pasiones. Tu marido, Pepe Jara, publicó en 2017 un disco estupendo basado en el clásico ‘En el camino’ de Kerouac, y tu hija también acaba de lanzarse como cantante. ¿Lo vuestro es un domicilio familiar o una residencia de artistas camuflada? Lo digo porque en las bibliotecas siempre estamos inventado formas para fomentar la cultura entre los jóvenes. ¿Cómo habéis estimulado el gusto por la cultura entre vuestros hijos?

Pues mira, ahora que lo dices me haces dudar… yo creía que era una casa familiar, jajajaja. Una cosa super importante es darse cuenta de que la vida no es lineal, que es corta pero puede ser muy ancha, y el día da para mucho XD.

Lo del ejemplo en estos casos funciona, tanto mi marido como yo somos polifacéticos y muy creativos. Llevamos vida de hiperactivos sin serlo, jajajaja… Debemos estar enganchados a la creación, pasar del mundo de las ideas a la acción es muy divertido y en casa se respira un ambiente muy productivo. Fomentamos el intercambio de ideas, la libertad de expresión, la sensibilidad artística y la autoconfianza. Tenemos muchos instrumentos musicales, muchos lápices y pinturas, muchos libros y espacios muy flexibles. Es una casa abierta para los de dentro y para los de fuera.

Las bibliotecas públicas están intentando promoverse como espacios seguros dentro de las redes. #BibliotecasvsHaters es un hashtag que hemos usado en este blog. En tu última colección, a través de una aplicación en el móvil, se pueden modificar los colores de tus prendas para expresar estados de ánimo. ¿Crees que la tecnología facilita o dificulta una mayor empatía a la hora de comunicarnos?

Tengo una visión de la tecnología muy positiva, la veo como facilitadora. Es cierto que las formas de comunicación han cambiado, los emoticonos son el traductor popular de las emociones y se van a convertir en la base de la comunicación humana. Estamos en un momento de transición en el que vivimos muy pendientes de las pantallas del móvil y nos miramos poco a los ojos… Es un asunto que no me preocupa. Estoy convencida de que los dispositivos móviles, tal y como los conocemos hoy en día, van a desaparecer y estarán embebidos en nuestra ropa. La tecnología nos rodeará de una manera no invasiva: estará en nuestro entorno de forma totalmente natural.

 

Modelos en el backstage del desfile de la colección Purgatorio.

La ultrafuturista biblioteca china de Tianjin Binhai.

Y ahora vamos a por la pregunta en forma de dilema. Imagínate (ojalá) que te encargan diseñar los uniformes del personal de una de estas dos bibliotecas: la Pública de Nueva York (mítica biblioteca con modernos servicios, pero de aspecto clásico) o la recién inaugurada y futurista biblioteca china de Tianjin Binhai. ¿Cuál elegirías?

Vale, va a a ser un trabajo apasionante modernizar los uniformes de la Public Library de Nueva York!

Y por último, ¿alguna idea (por loca que sea) de cómo te gustaría que fueran las bibliotecas en este siglo?

Pues sí. Las bibliotecas públicas serán unos espacios en los que el mundo virtual y el real convivirán de una forma totalmente natural. Pasearemos por las estanterías y unos bonitos hologramas de los personajes nos invitarán a “degustar” los preciosos volúmenes de la literatura de siglos pasados. ¿Quién dijo que solo había cinco sentidos? Las nuevas bibliotecas expandirán nuestra mente.

 

 

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Perpetuando estereotipos, destrozando bibliotecas

 

Durante los últimos años, cómics y videojuegos, alimentan la maquinaria del Hollywood más comercial, bueno de Hollywood a secas, que antes se nutría principalmente de lo literario y el teatro. Y curiosamente este devenir en la industria del entretenimiento masivo por antonomasia (al menos hasta que la industria de los videojuegos le haya superado en volumen de negocio) tiene mucho que ver con el devenir de las bibliotecas en su proceso de adaptación a los nuevos tiempos.

El filón de los superhéroes en el cine estadounidense, lejos de remitir, se afianza con más y más adaptaciones de los, en otros tiempos, denostados comic books. En la pugna entre el cine de autor que enarbolaron cineastas como Coppola, Scorsese o Cimino en los 70; y el cine de entretenimiento y efectos especiales que representaron compañeros de generación como Georges Lucas, Steven Spielberg o Joe Dante: está claro quien terminó decantando la balanza de la industria a su favor.

 

La serie ‘Superflemish’ del fotógrafo francés Sacha Goldberger recrea a los superhéroes como pinturas del siglo XVII. Baja cultura con el aspecto de alta cultura: un símil perfecto de la asimilación de los cómics en las bibliotecas.

 

Por eso no es de extrañar que los espectadores y creadores que aspiran a disfrutar y crear narraciones audiovisuales con contenidos más adultos se hayan terminado refugiando en la pujante televisión por cable. La edad de oro de la televisión, series mediante, es la revancha del cine de autor de los 70. Y no es que haya nada malo en las películas de superhéroes, todo lo contrario, algunas son auténticas obras maestras (las dos últimas de Christopher Nolan sobre Batman, por ejemplo, o el segundo Batman de Tim Burton): lo malo es que parezca que no hay cabida, en el cine comercial hollywoodense, para otra cosa que no sean los superhéroes.

Las bibliotecas en cambio no renuncian a nada. Lo literario, las series, el cine, el cómic y los videojuegos siguen presentes, y ganando presencia en sus ofertas, y ahora además podrían tener un beneficio colateral con el que no contábamos.

 

 

Barbara Gordon, bibliotecaria de día, Batgirl de noche.

Esa industria del entretenimiento de la que hablábamos explota a conciencia los estereotipos para así poder fijar con más fuerza esa eterna lucha entre el bien y el mal que caracteriza a las, hasta no hace tantos años, esquemáticas tramas de videojuegos y cómics de superhéroes. El cine clásico de Hollywood puede que se sustentara más en lo literario: pero no por eso ha variado en su representación de lo bibliotecario. Una idea que no evoluciona a tenor de la reacción que dos youtubers, con gran tirón en nuestro país, como son Soy una pringada y King Jedet, tienen en este vídeo que confronta esa idea venida de lejos con lo que son las bibliotecas hoy en día:

 

 

A cada profesión le toca su sambenito y algo habrán hecho los bibliotecarios para merecer la imagen que tienen. En las películas de superhéroes y en los videojuegos tampoco faltan las referencias bibliotecarias: y casi siempre son para convertirlas en escenarios de algún atropello. Pero eso, por increíble que parezca, puede que juegue a su favor.

Un ejemplo de hasta qué punto los estudios de cine están estirando el chicle superheróico son las dos series que, en poco más de diez años, se han dedicado a contar la historia de Spiderman. En la segunda entrega de la segunda trilogía (abortada en su tercera entrega): su creador Stan Lee hacía una de sus habituales apariciones. Cual Alfred Hitchcock, el guionista, editor, creador de Spiderman, Los cuatro fantásticos o los X-Men, acostumbra en cada película de alguna de sus criaturas, a efectuar un cameo, y en el caso de este nuevo episodio del enmascarado arácnido aparecía como bibliotecario.

La escena era lógicamente breve pero no se requiere mucho tiempo para ponerse en situación. En plena batalla destructiva entre el Hombre Lagarto y el Hombre Araña, el afable y tranquilo bibliotecario escucha música clásica y se mantiene en su burbuja de paz y tranquilidad.

 

 

La escena de la biblioteca en el videojuego de Gears of war justo antes de saltar por los aires.

Si hay un requisito que todo espectáculo palomitero debe cumplir es la destrucción de bienes e instituciones. Debe existir alguna lectura sociológica o psicológica en la que no vamos a entrar: pero también en los videojuegos las instituciones culturales, tipo museos o bibliotecas, casi siempre son excusas para una buena escena de destrucción. Pero esta tendencia puede que se revierta a partir de ahora.

Este otoño se lanza Unmemory, el videojuego que se anuncia con uno de esos eslóganes que ya nos engancha desde el principio: «un juego que se lee, una novela que se juega«.

Es leerlo y pensar en que deberían haber contado con la gran Ana Ordás como asesora. De ese modo nos aseguraríamos de que el crossover (anglicismo obligado hablando de superhéroes) entre videojuego y biblioteca se completaría hasta el último nivel.

 

 

El juego ha sido desarrollado por Daniel Calabuig y su socia gracias a una campaña de crowfunding que se llevó a cabo a través de la plataforma Kickstarter. Según detallan en su web Unmemory se anuncia como una nueva forma narrativa, un escape book (otro punto en común con últimas tendencias en bibliotecas: las escape room de las que ya hablábamos en Escapando de la biblioteca, escapando de los bibliotecarios), como un juego de aventura basado en un texto o como una novela digital.

Partiendo de una trama de novela negra el argumento de este videojuego+novela+escape book pone a prueba al jugador+lector+escapista para que se sienta dentro de la trama y ‘experimente’ el relato. ¿Cuesta mucho pensar en las posibilidades que este tipo de proyectos pueden tener en las bibliotecas?

Una escena típica, en muchos relatos de aventuras, policíacos o de suspense, es la que se desarrolla en una biblioteca. Más allá de las clásicas intrigas tipo Agatha Christie de asesinatos de salón y biblioteca: las pistas para dilucidar y hacer avanzar la trama se encuentran en los libros. El siguiente paso de los creadores de Unmemory debería pasar por integrar a las bibliotecas físicas en el periplo del juego narrativo.

Si tanto se promueve la vida sana, se fomenta el ejercicio para contrarrestar el sedentarismo que acarrean las nuevas tecnologías, y cada vez más se recurre al ‘grillete’ que mide tus constantes vitales, los pasos que das y vibra para que te levantes: ¿por qué no aunarlo todo dentro de esa experiencia inmersiva de la que hablan los desarrolladores de Unmemory? Se nos va la cabeza, cierto, pero las posibilidades que surgirían del tándem entre las bibliotecas físicas y este tipo de juegos: no deberían ser desaprovechadas si de verdad estamos hablando de reinventar las bibliotecas. Una oportunidad única de darle la vuelta a los estereotipos bibliotecarios explotándolos a conciencia.

 

Escena en la biblioteca del juego Bloodborne diseñado por Hidetaka Miyazaki.

 

En una entrevista en ‘El País’, Hidetaka Miyazaki, creador de algunos de los videojuegos más exitosos de los últimos años hacía unas declaraciones en 2015 que merece la pena rescatar:

«No me intereso mucho por lo que hacen los demás diseñadores. No me gusta basarme ni en videojuegos ni en películas. La inspiración para crear mis mundos siempre viene de los libros. De un esfuerzo de imaginación». 

«Me encantaba leer libros que aún no podía comprender del todo. Las partes que no entendía porque era demasiado joven me obligaban a usar mi imaginación para rellenar esos huecos y crear mi propia versión de lo que había leído. Es lo que sigo haciendo ahora»

 

En la crónica que hicimos de la locura por los videojuegos que se desató en la Biblioteca Regional de Murcia en el GameMaker48h. (Nunca ‘Game over’ en la BRMU) decíamos que uno de los objetivos era desarrollar en vivo y en directo un videojuego, muy sencillo, con referencias bibliotecarias. Pues bien, dicho videojuego ya está disponible para su descarga gratuita desde la plataforma Google Play. ‘Palas, guardia del saber’ es un videojuego protagonizado por la lechuza Palas que remite a la cultura clásica por inspirarse en la lechuza, símbolo de la diosa de la sabiduría griega, Palas Atenea, y en la nueva cultura representada en la inteligencia artificial: al ser representada como un robot. Para alcanzar esa sabiduría, Palas, tiene que engullir los logos de los distintos servicios de la biblioteca; y evitar al monstruoso Lepisma que amenaza con devorarle como hace con el papel de los libros.

 

 

Palas está claramente inspirada en la versión que el mago de los efectos especiales artesanales, el gran Ray Harryhausen, hizo de la lechuza de Palas Atenea en la primera versión de Furia de titanes (1981): y curiosamente este cruce entre lo artesanal de Harryhausen y lo digital de los videojuegos tiene que ver con el papel de las bibliotecas en este momento.

Todas las maravillas digitales que existen y existirán no serán nada si no consiguen sacudirnos de alguna forma, si no nos conmueven, nos hacen pensar, nos hacen evolucionar de algún modo. La infantilización de la cultura se mitiga dotando de contenido al artificio. Por eso las bibliotecas son las indicadas para aportar ese contenido, esa artesanía cultural necesaria para que las luminarias digitales no se queden en simple pirotecnia que se extingue sin dejar rastro una vez se apaga el dispositivo.

 

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Homo sapiens, Homo Deus, Homo byblos

 

El otoño literario de este 2018 está coronado, en cuanto a libros de no ficción, por el último ensayo del historiador estrella del momento Yuval Noah Harari. Sus 21 lecciones para el siglo XXI llevan semanas posicionadas en el número uno de ventas y nosotros nos alegramos. Voces interesantes, en cada momento y lugar, que arrojen una mirada lúcida sobre la actualidad puede haber muchas: pero que lleguen masivamente al gran público no tantas.

 

Obviamente que Obama o Bill Gates recomendasen Sapiens: de animales a dioses, el ensayo que lo catapultó, ha ayudado mucho a que así sea. Pero lo más valioso, se esté o no de acuerdo con todas las predicciones de Harari, es su apuesta por unos valores ilustrados adaptados al movedizo tiempo que estamos viviendo.

¿Tomará alguna idea Ridley Scott a la hora de adaptar el ensayo de Harari de la película de 1981 ‘En busca del fuego’ de Jean-Jacques Annaud: en la que sapiens y neandertales se enfrentaban por el fuego?

Si en Sapiens (deseando ver estamos qué adaptación al cine hace Ridley Scott) Harari cifraba el éxito del menos dotado evolutivamente Homo sapiens para prosperar, y hacerse dueño y señor del planeta, en su capacidad para construir un relato: y después en Homo Deus nos advertía del siguiente estado evolutivo que desechará al sapiens para, inteligencia artificial mediante, alumbrar al Homo Deus. Aquí, osados, nos adelantamos y sin intención alguna de enmendarle la plana a Harari aventuramos que también cabe la posibilidad del Homo byblos.

Si Darwin cifró en la adaptación al medio la evolución de los seres vivos en El origen de las especies; Richard Dawkins lo hizo en el egoísmo de nuestros genes en El gen egoísta; y Steve Pinker denunció las manipulaciones ideológicas sobre la naturaleza defendiendo el peso de la herencia al nacer en La tabla rasa: nuestra teoría en torno al Homo byblos no suena tan marciana (aunque eso sí: mucho más pobremente argumentada).

 

Darwin nunca podría haber predicho que su teoría de la evolución ‘inspiraría’ cosas como Hace un millón de años (1966) pero qué duda cabe que Raquel Welch como cavernícola era toda una evolución.

 

El Homo Deus al que nos abocan las predicciones de Harari se sustenta en la cultura, en el conocimiento acumulado por el Homo sapiens, que una vez evolucionado y alcanzada la divinidad, gracias a la cultura y el conocimiento, posibilita el advenimiento del siguiente paso evolutivo. No es la naturaleza, como en Darwin, la que marca el ritmo, ni siquiera la cultura: sino la tecnología. Y si los vituperados sapiens que somos no queremos perder el poder tan pronto (aunque visto lo visto sería hasta deseable): más nos vale ponérselo un poco más difícil al prepotente heredero que nos pisa los talones dándole cancha al Homo byblos.

De la palabra byblos deriva biblion origen de Biblia y biblioteca. Ahora que las religiones languidecen irremediablemente como vertebradoras del orden social (solo hay que ver sus estertores en la rabia yihadista que quiere morir matando): el último refugio sigue siendo la cultura. Claro que para eso el nuevo culto a la tecnología está haciendo muy bien los deberes para conseguir que los Homo sapiens vendamos barato y fácil nuestro futuro. Antes la posteridad se alcanzaba a través de logros culturales, pero ahora que la inmortalidad está a la vuelta de la esquina gracias a la biotecnología: ¿para qué va necesitar el Homo Deus lo que entendemos todavía por cultura?

The fuzzy (el equivalente en inglés a ser ‘de letras’) and the techie (el equivalente a ser ‘de ciencias’): porqué las humanidades gobernarán el mundo digital. El ensayo del pope Silicon Valley que habla de la necesidad de las humanidades en el mundo digital.

Si en 2017 la revista especializada holandesa ‘Intelligence’ publicaba un estudio que demostraba que nuestros antepasados de la era victoriana eran más inteligentes que nosotros; en 2018 un nuevo estudio publicado en Noruega en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ vuelve a incidir en que el coeficiente intelectual humano ha caído 7 puntos en las últimas décadas.

Todo viene a refrendar la necesidad de ese Homo byblos pero, si así y todo, necesitamos todavía convencernos: la actualidad siempre viene a nuestro auxilio. Es el caso del experto e inversor en grandes compañías de Silicon Valley (el jardín del Edén tecnológico) Scott Hartley, autor del libro The fuzzy and the techie, que en una reciente entrevista en ‘Retina‘ defiende a las humanidades como tabla de salvación para no perder la partida frente a la apisonadora de la inteligencia artificial.

De forma intuitiva, como lo hacemos aquí todo, ya defendíamos hace dos años, en Léeme soy community manager, que había que promover «acciones formativas que sirvan para dar contenido cultural a tanta tecnología«. En ese mismo post recogíamos lo que el Foro Económico Mundial de Davos decía que iba a ser lo más importante en el mundo hipertecnologizado en el que estamos: el pensamiento crítico y la creatividad. Así que las palabras de Hartley solo vienen a refrendar la trascendencia de las humanidades en la actualidad.

 


Según un artículo en ‘Xataka’ la ventas de libros en papel lejos de desaparecer se mantienen. En este anuncio francés de hace 5 años ya decían claro: el papel nunca morirá.

 

Si a esto sumamos que, como nos desvelan en ‘Xataka’, que los libros en papel, lejos de perder la batalla contra los digitales, se mantienen e incluso prosperan: solo nos cabe decir que dos + dos = cuatro y que el Homo byblos que proponemos como alternativa no suena nada descabellado.

¿Estamos defendiendo una regresión? ¿vamos de luditas? Para nada. Lo que abogamos con ese Homo byblos es una aceptación de la tecnología desde un prisma humanista, desde una memoria de dónde venimos: y de donde venimos es de la cultura impresa, de la cultura escrita. Lo de que una sola imagen vale más que mil palabras es mentira: para interpretar una sola imagen correctamente antes han tenido que escribirse mucho más que mil palabras para poder nombrar y aprehender lo que en ella vemos.

 

El monolito de ‘2001 odisea en el espacio’ (1968) puede que fuera un smartphone. Fotomontaje de la revista ‘Hobby consolas’.

 

Harari en una entrevista, a raíz de su último ensayo, revelaba que los poderosos no tienen smartphones. En una sociedad en la que despreciamos nuestra privacidad en pos de visibilidad en las redes: los que de verdad mueven los hilos siguen marcando la diferencia y se protegen contra esos ladrones de tiempo que quieren captar y retener nuestra atención para que sintamos todo el tiempo y pensemos poco. Ellos serán los elegidos, los Homo Deus que agudicen esas desigualdades que ya no se sustentarán en la riqueza sino en el código genético.

Por eso si no queremos ser como los simios del principio de 2001, odisea del espacio (1968) ante el monolito reconvertido en smartphone; si no queremos que la soberanía del futuro pase de la ciudadanía ignorante a los algoritmos inteligentes como aventura Harariprogresemos sin desperdiciar lo que nos ha llevado hasta aquí. En la carrera por la evolución entre el Homo sapiens y el Homo Deus el combustible es la cultura, esa cultura que custodian las bibliotecas. La IA está dando clases de apoyo intensivas para superarnos: no cedamos tan fácilmente el testigo.

 

Una de las coreografías con robots de la española Blanca Li.

 

En la entrevista con Hartley se menciona a la bailarina Catie Cuan: que actualmente trabaja en el Laboratorio de Robótica, Automatización y Danza de la Universidad de Illinois. La bailarina está enseñando movimientos más gráciles y elegantes a los robots para (textualmente) «facilitar la interacción con los humanos y generar confianza». Nunca mejor dicho: para que nos confiemos.

Hace unos años la bailarina y coreógrafa española afincada en París, Blanca Li, indagó en la misma línea con sus coreografías compartidas con robots. Pero como confiamos en que, sea el que sea, el Homo que prevalezca: lo #bibliobizarro no se pierda nunca. Por eso, antes que con Catie Cuan o Blanca Li, preferimos cerrar con Dee D. Jackson y su hit de 1978 ‘Automatic lover’. Dudamos mucho que ninguna inteligencia artificial, por avanzada que esté, alcance a descifrar el significado de tamaño delirio cibernético-disco. El cortocircuito está asegurado.

 

 

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Influencers anónimos de biblioteca

«Dos peces jóvenes nadando se encuentran con un pez más viejo que viene en sentido contrario y les saluda con la cabeza y dice “Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?” Y los dos peces jóvenes nadan un poco más y entonces uno de ellos se vuelve hacia el otro y dice “¿Qué diablos es el agua?”.

David Foster Wallace

 

Libro de entrevistas con 21 ‘influencers’ de diversos ámbitos para descifrar las claves de su poder de convocatoria digital.

Este curso, la Universidad Autónoma de Madrid, ha sido noticia por incluir en su oferta formativa un máster para aprender a ser influencer. Y otro tanto hace la Cámara de Comercio de Sevilla con otro máster sobre social media influencer. ¿Estudiar para ser Kim Kardashian, Paula Echevarría o El Rubius? Si según la biotecnología somos puros algoritmos: ¿por qué no se va a poder localizar el algoritmo del carisma, la personalidad o ese noséqué que hace que las masas te sigan en las redes?

Igual no hemos sido muy precisos con eso de carisma, personalidad o talento. Viendo por encima los escaparates digitales de algunos de los influencers que dominan el cotarro es difícil descifrar los códigos que hacen que resulten tan sumamente fascinantes para legiones de seguidores. Será por desfase generacional, será que los humanos (como sostenía un reciente estudio) nos estamos volviendo más estúpidos, o será que nos movemos en un mundo tan nuevo que los baremos del pasado no sirven para compararlo: pero lo cierto es que los fenómenos de masas que nos venden producen no poca perplejidad una vez se detiene uno a observarlos aún con la mejor de las intenciones.

 

Clark Gable provocando la ruina de los fabricantes de camisetas interiores para hombres con solo quitarse la camisa.

 

Marlon Brando remediando en ‘Un tranvía llamado deseo’ (1951) el desaguisado provocado por Gable en los años 30. 

Pero influencers, sin que nadie los llamase así, han existido siempre. En la década de los años 30 el rey de Hollywood en aquellos años, Clark Gable, al desvestirse en una escena del clásico Sucedió una noche (1934), dejó ver que no usaba camiseta interior. Como consecuencia los fabricantes de camisetas interiores masculinas tuvieron pérdidas millonarias. Ahora, los que hacen que se vendan o no determinadas marcas, saltan a la fama sin necesidad de salir de su cuarto: blandiendo un móvil y recurriendo a las redes sociales.

Las estrellas del Hollywood clásico tenían toda una industria detrás que les promocionaba, protegía, mimaba, explotaba y desechaba. Pero ahora la intemperie digital exige más estrellas fugaces que nunca. Puede que los ritmos sean distintos pero los procesos son los mismos. Pero la fábrica de sueños de Internet tiene una baza que le hace superar a las todopoderosas majors de antaño: el Alzheimer cultural que aqueja a las nuevas generaciones de consumidores de sueños.

 

Viñeta del delicioso ensayo en dibujos que ha publicado Neil Gaiman y Chris Riddell titulado: Por qué necesitamos bibliotecas. El texto de esta ilustración viene al pelo para este post: «Estás descubriendo algo mientras lees que será de vital importancia para abrirte camino. Y eso es que: el mundo no tiene porqué ser así. Las cosas pueden ser diferentes.»

 

Aunque en sentido estricto no resulte muy ajustado lo de Alzheimer cultural. Para olvidar algo antes hay que conocerlo. Los millennials no se distinguen de generaciones previas y piensan que con ellos empezó el mundo. No les faltan razones. Es la primera generación protagonista de un tiempo inédito en la historia de la humanidad. Pero culturalmente a pocas generaciones se les han escamoteado los referentes culturales que les precedieron como a ellos. Algo paradójico si se piensa que vivimos en un tiempo en el que tenemos acceso a una cantidad de información impensable en generaciones anteriores. 

A cuenta de esa ignorancia, en las mismas redes que aúpan a esos influencers que siguen los millennials, proliferan los tuits cachondeándose de ellos. La cuenta de Millennials Descubren, en Twitter, acumula 47200 seguidores a costa de reírse de los comentarios que, supuestamente, hacen los millennials en la citada red. De los más recientes un tuit sobre un millennial que creía descubrir la pólvora y en realidad (salvo por lo del alojamiento) estaba describiendo una biblioteca:

 

 

La vulnerabilidad más extrema es el precio a pagar por ese exhibicionismo continuo que necesitan las redes como combustible. De ahí probablemente venga la explicación de la deserción que muchos millennials hacen de Twitter hacia Instagram que certifica el Estudio Anual de Redes Sociales IAB. La mala baba que destila Twitter ahuyenta a muchos jóvenes que prefieren refugiarse en el mundo limpio, bonito, todo postureo y vacuidad que proporciona Instagram. Un Disneyland perpetuo en el que estar a salvo de la realidad más grosera. Lo malo es que por mucho que se sientan protegidos una vez apagan el móvil (mejor dicho: una vez se queden sin batería o cobertura): esa realidad tan fea sigue ahí.

 

Portada dibujada por Ceesepe para el disco de Kiko Veneno: ‘Seré mecánico por ti’. Un título de lo más apropiado a los tiempos que corren.

 

El recién, y prematuramente, fallecido Ceesepe (figura de un movimiento, la Movida, que también parecía reinventar el mundo de la cultura): en una entrevista en ‘Vanity Fair’ declaraba a cuenta del desapego por la cultura en nuestro país: «la gente se conforma con muy poco. Con fútbol y prensa del corazón.» No parece que las redes sociales vayan a contrarrestar esta inercia intergeneracional.

Puede que no sea el fútbol o la prensa del corazón en formato tradicional: pero los mecanismos de dispersión mental lejos de desvanecerse se agudizan. Por eso, de ese 53% de millennials que, según el ya célebre estudio del Pew Research Center, usaron una biblioteca pública en los últimos 12 meses: saldrán los verdaderos influencers del futuro. Estamos convencidos. No de los que simplemente las usan como salas de estudio sino de los que las usan como almacenes de ideas con las que configurar un discurso propio.

Estrellas pre-Internet como Bowie o Madonna supieron rastrear en lo underground para nutrirse y proyectarse al estrellato. Lady Gaga vuelve a la actualidad remitiéndose a Barbra Streisand que a su vez remitía a Judy Garland en la nueva versión de ‘Ha nacido una estrella‘ (2018). Un infinito juego de espejos, de clonación cultural para las masas, de serigrafías warholianas que van borrando los orígenes para poder inventar el mundo con cada nueva generación.

 

 

‘Pose’ (2018) la serie de HBO que recrea los tiempos de los ballrooms o de la ball culture: salones de baile en los que los marginados del sistema se reunían para convertir el baile en expresión de su disidencia. En 1990 la avispada Madonna lo rescató del underground para convertirlo en un éxito masivo.

 

Los millennials lo tienen más fácil que generaciones previas para creer ciegamente en que todo empieza con ellos: la precariedad, un nuevo concepto de fama, de consumir contenidos culturales, de posicionarse en el mundo, de construir o fragmentar su identidad. Pero la diferencia, la originalidad ya no está en lo marginal (simples viveros de ideas y creatividad que alimenta y engrasa al sistema para que siga vendiendo) sino dentro de instituciones plenamente integradas en el sistema que algunos se empeñan en hacer desaparecer.

Resquicios, grietas por las que se infiltra la disidencia en matrix: eso son las bibliotecas, y de ellas nacerán los verdaderos influencers del futuro, las voces propias: tal y como ha sido desde siempre. Hace unos días la agencia creativa estadounidenses RedPepper lanzaba a los medios su última creación: un brazo robot capaz de localizar en pocos segundos a Wally. La inteligencia artificial aprendiendo como siempre han aprendido los niños: con un clásico de las secciones infantiles y juveniles de las bibliotecas públicas.

 

Con motivo del Día de los inocentes Google Maps lanzó una app que permitía buscar a Wally en todo el mundo.

 

Sabiamente el Hal 9000 está aprendiendo a marchas forzadas de las bibliotecas mientras que algunos se empeñan en que los humanos las abandonen. Las estanterías de las bibliotecas están repletas de influencers anónimos para muchos millennials y de ellos surgirán los que configurarán la cultura del futuro: la única duda que queda por resolver es si serán humanos o boots y algoritmos. Mientras llega el futuro, como rezaba el título del libro de nuestro bibliotecario (humano hasta donde sabemos) de cabecera Fernando Juarez: las bibliotecas seguirán practicando su discreta y secreta influencia subversiva desde sus estanterías.

 

 

 

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Nunca ‘Game over’ en la BRMU: crónica de la locura por los videojuegos en una biblioteca

 

Este post rompe lo que ha sido la tónica habitual en este blog desde que, hace dos años y medio, me hiciera cargo de él. Para empezar se apea del plural (mayestático o de modestia: que cada uno lo juzgue) usado hasta ahora para recurrir a la primera persona. Algo que me resulta algo incómodo, no por falsa modestia (algo que no soporto), sino por la costumbre a usarlo durante los años que llevo gestionando las redes sociales de la Biblioteca Regional de Murcia (BRMU). Me ha permitido siempre una cierta distancia saludable escudándome, primero, tras la institución, y ahora en este blog, tras la empresa Infobibliotecas. Pero aquí no procede.

 

 

Interesante estudio colectivo sobre historia y videojuegos. El videojuego como objeto de estudio académico a semejanza de, como en los 60, figuras como Umberto Eco se acercaron al cómic para analizarlo.

Contar lo que hemos montado en la BRMU del 9 al 12 de mayo en torno a los videojuegos requiere primera persona para transmitir mejor lo que ha supuesto empecinarse en que los videojuegos entrasen definitivamente en la BRMU.

Partimos Parto de que en ningún momento se cuestionó lo idóneo o no de que los videojuegos estuvieran en la biblioteca: simplemente tenían que estar. Dejamos aparte los debates sobre lo violento de los videojuegos, sobre si son arte o no, sobre si son cultura o no. Opiniones hay para todos los gustos. Pero después de 15 años al frente de la Comicteca de la BRMU sé lo que es empeñarse en que una manifestación cultural denostada por muchos (bibliotecarios incluidos), y durante mucho tiempo, empiece a evolucionar y a ser admitida/consentida por «el canon cultural respetable».

Como sabiamente decía Antonio Resines en una película de los 90: «la televisión atonta a los que ya son tontos, y vuelve más inteligentes a los que ya son inteligentes«. Una máxima aplicable a la televisión tanto como a las redes sociales, los cómics (en los 50 los quemaban en EE.UU. por inducir al delito), el cine (una vulgar atracción de feria para los intelectuales decimonónicos), o en este caso, los videojuegos.

 

Quemas públicas de cómics en la década de los 50 en EE.UU. a raíz de las teorías del psiquiatra Fredric Wertham que sostenía la tesis de que los cómics impulsaban a la juventud a la delincuencia.

 

Salva Espín dibujante de la Marvel.

Si la Comicteca de la BRMU siempre la he vendido como una «línea de agitación cultural» que abriese a la biblioteca a todos los colectivos posibles: los videojuegos eran el siguiente ámbito a explorar. Y gracias a la coordinación con el dibujante murciano, Salva Espín, que trabaja para la Marvel (actualmente es uno de los dibujantes del superhéroe tan de moda: Deadpool): se empezó a gestar lo que iba a ser el empujón definitivo a los videojuegos en la BRMU.

Cuando la industria del videojuego factura más que la industria audiovisual, instituciones como el MoMA lo ha incluido en sus colecciones, el Museo del Prado organizó recientemente un taller  para la creación de un videojuego; y además tiene unas perspectivas de empleo muy prometedoras: la duda no era si debían, o no, estar: sino de qué manera iban a estarlo. Y de ahí surgió uno de los eventos más ambiciosos en el que se ha implicado la BRMU: el GameMaker 48h. + Expo Arcade rograma completo aquí].

 

 

El evento arrancó el día 9 de mayo con la inauguración de Expo Arcade («Videojuegos históricos Arcace 80-90»): 10 máquinas recreativas con videojuegos clásicos de los 80 y 90 para jugar gratuitamente ubicadas en la sala de exposiciones del centro. Una sala de exposiciones convenientemente maqueada para recordar a uno de esos salones recreativos de los 80. Pósteres, imágenes y afiches que, a cualquiera que supere los 40, le remitían directamente a uno de esos recreativos o a un videoclub ochentero por la estética. En las vitrinas cintas de VHS, gadgets retrofuturistas, hardware de las máquinas, revistas, libros y cómics relacionados.

Ya de por sí disponer gratuitamente de un salón recreativo con diez máquinas de los años 80 en perfecto funcionamiento era un reclamo. Si la nostalgia vende, no íbamos a dejar de aprovecharnos. Pero la cosa se fue ampliando. La industria del videojuego en Murcia se está desarrollando y conseguir que la BRMU se convirtiera en su punto de referencia para relacionarse, promoverse y publicitarse ha sido un trabajo que está dando sus frutos.

 

Madres absortas en un mano a mano con los videojuegos de un infancia.

 

Cartel de uno de los torneos. Empresas murcianas aprovecharon para testar sus videojuegos en el GameMaker48h. instalando Playstation de manera totalmente gratuita.

Al evento se fueron sumando empresas, instituciones docentes, o comercios relacionados con el mundillo que, de repente, descubrieron que la biblioteca era un espacio idóneo para mostrar sus productos o promocionar sus programas educativos.

La BRMU busca su colaboración para venderse como centro cultural; y esos sectores, creadores o empresas, la descubren como la mejor valla publicitaria de sus productos, servicios y productos.

¿Algún problema porque el sector privado entre dentro de una institución pública? Ninguno. La única limitación es que aporten algo a cambio de usarla de escaparate (no como punto de venta) y que sus intereses y los de la biblioteca converjan. Y cuando se ha hecho coincidir, en el pasado, los intereses de centros de belleza y estética con el fomento de la cultura: ya casi cualquier sector puede convertirse en objetivo.

 

Pero dejo para otro momento batallitas del pasado y me centro en lo que estaba. En los eventos sobre videojuegos lo habitual es que el público sea mayoritariamente joven e infantil. Pero en la biblioteca estas empresas e instituciones llegaban a públicos de todas las edades. Los adultos atraídos por la nostalgia Arcade de los videojuegos de su juventud; los jóvenes y niños atraídos por los equipos instalados en la sala circular adyacente a la Expo Arcade.

Desde equipos para hacer torneos con eSports dispuestos por el Game Center de la UCAM (Universidad Católica de Murcia) que lleva apostando fuertemente por incluir el diseño y programación de videojuegos en su oferta educativa; hasta consolas Playstation para demostraciones de videojuegos desarrollados por empresas locales que así podían testarlo con público real; pasando por una empresa de sillones ergonómicos para gamers que proveyó el espacio con sus asientos representando así el presente y futuro del panorama de los videojuegos en un mismo espacio.

 

Detalle del espacio en el que se concentraban los videojuegos más actuales.

 

Pero lo realmente interesante más allá del lado lúdico del evento (que ya de por sí sería más que suficiente): fue la organización paralela de un Game Maker 48 h. O lo que es lo mismo: desarrollar en vivo y en directo, en el salón de actos anexo a la sala de exposiciones, un videojuego de inspiración bibliotecaria: «Palas, guardia del saber».

 

Palas, guardia del saber en pleno proceso de creación por Juan Castaño.

 

El videojuego no podía ser muy complejo para poder desarrollarlo, en directo, en solo dos días. Pero era suficiente para mostrar a todo el que estuviera interesado el proceso de diseño, programación, animación, sonorización y acabado de un videojuego. Mientras en una pantalla al fondo del escenario se asistía a su desarrollo, cada hora, se impartía una conferencia sobre diversas temáticas: desde introducción a la programación, pasando por charlas sobre cómo ganarse la vida con los videojuegos, composición musical para videojuegos, introducción a la animación digital o una conferencia a cargo de ‘Hobby Consolas’ (la revista referente del sector) sobre la evolución de los videojuegos.

Este programa atrajo tanto a estudiantes de institutos como a jóvenes universitarios que querían conocer de primera mano las opciones que ofrece este mundo como salida laboral; además de profesionales del sector como a público en general. El GameMaker48 h. era el complemento cultural y formativo ideal a la diversión contigua que ofrecía el salón de videojuegos.

 

En pleno desarrollo, en vivo y directo, del malvado Lepisma enemigo de Palas, guardia del saber: ambos diseños de Juan Castaño.

 

La encantadora lechuza creada por el genio de los efectos especiales, Ray Harryhausen, para la primera versión de Furia de titanes (1981).

El videojuego resultante se podrá descargar en breve desde la cuenta de Google Play de la BRMU de forma gratuita. En su diseño y temática teníamos claro que el mundo bibliotecario tenía que estar presente.

El artista Juan Castaño fue el encargado de diseñar, con su estilo tan personal, al personaje protagonista del juego: Palas, guardia del saber, y a su enemigo: el Lepisma.

Palas, la lechuza robot se eligió por representar la sabiduría clásica que siempre se ha identificado con las bibliotecas por inspirarse en la lechuza que acompañaba a la diosa griega de la sabiduría: Palas Atenea. Y su condición de robot remite a la sabiduría más del presente y el futuro: la Inteligencia Artificial.

El mecanismo del juego es sencillo: Palas debe ir sorteando los obstáculos que le presenta el malvado de la función: un lepisma monstruoso. Desplazándose entre mesas, estanterías y documentos de la biblioteca: Palas caza monedas con los logotipos de varios de los servicios que ofrece la BRMU, para así, ganar los puntos suficientes (la sabiduría) que le llevará a ganar el juego.

 

Algunos de los logos de servicios de la BRMU que se convierten en las monedas que Palas debe atrapar en el videojuego para «alcanzar la sabiduría».

 

Tras la intensa semana en que se desarrolló el GameMaker48h+Expo Arcade en la BRMU no sé si alcanzaremos la sabiduría como Palas pero sí que hemos podido comprobar que merecía la pena el esfuerzo. Cerca de 4.000 visitantes acudieron durante los cuatro días centrales del evento a la biblioteca. Estudiantes, profesionales, familias enteras, empresas, colegios, profesores, y lo más destacable, público que raramente ven a la biblioteca como una opción de ocio y formación más allá de sus obligaciones académicas.

Esto último es una de las consecuencias más gratificantes de montar eventos que intentan salirse de lo habitual: constatar que público no habitual acude a la biblioteca una vez han pasado. Que la redescubre (o descubre en algunos casos) tras acudir a una actividad que entra dentro de sus intereses.

 

 

Algún ejemplo cercano ha sido la mesa redonda: «Cómics más allá del género» que, días después, convirtió en usuarias habituales de la biblioteca a mujeres transexuales que se interesaban por las obras que la artista transexual Roberta Marrero citó en dicha charla.

También ha pasado con el concierto de rap que los artistas Piezas&Jayder dieron dentro del evento: «Comicteca en rap»: que evidenció las estrechas conexiones entre literatura y hip hop.

Y confío en que siga pasando con los aficionados/profesionales de los videojuegos, que de hecho, ya han manifestado su interés en futuras colaboraciones. Una primera anécdota que lo reafirma ha sido la llamada de dos personas interesadas en que les diéramos los contactos de las empresas que han participado en el evento para presentar su currículum.

 

Unas semanas antes del GameMaker48h. la asociación internacional Girls make games (cuyo objetivo es promover el interés de las niñas por dedicarse al sector de los videojuegos donde la presencia femenina es muy minoritaria): impartió un taller para niñas.

 

Hasta aquí el relato de un caso de éxito. Al hilo de contarlo en este post me ha venido a la  memoria el interesante artículo que Evelio Martínez publicó en su blog Sobre bibliotecas y los casos de éxito, hace unos meses, y el certero comentario que Rafael Ibáñez Fernández hacía sobre la imposibilidad de extrapolar determinados casos de éxito a ámbitos diferentes. Y como no quiero incurrir en eso que criticaba yo mismo hace poco en Biblioteca con subtítulos sobre leer blogs de temática bibliotecaria y que se parezca a leerse el ‘¡Hola!’ (bibliotecas ideales en una realidad muy alejada de la mayoría de bibliotecas): reconozco que no todas las bibliotecas pueden abordar un evento como el GameMaker48 h.+Expo Arcade.

Bien sea por cuestiones presupuestarias, de personal (aunque en nuestro caso, implicados a tiempo completo, solo hemos sido dos bibliotecarios), de espacios, equipamientos y recursos. Pero también es cierto que las bibliotecas, en general, «caen bien» (los bibliotecarios ya depende de cada uno). Por eso buscar alianzas en nuestro entorno más cercano casi siempre es factible.

 

 

Siempre hay talentos locales a los que intentar atraer. El valor más importante es el de ser escaparate, el de atender a un público heterogéneo y diverso, el de esa cierta «respetabilidad» (de la que tantas otras veces he abjurado en este blog) que persiste en el inconsciente colectivo. Valores que siempre es posible explotar de algún modo para dinamizar nuestros centros.

En definitiva la pregunta tópica que tanto repiten los entrevistadores: ¿qué es el éxito? Y la respuesta, que por repetida, no dejar ser cierta: dedicarse a algo que te motive en la medida de tus posibilidades.

 

 

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Tonto el que lo lea (postDíadelLibro)

 

Titular con una frase infantil un post relaja mucho. Nadie puede albergar grandes expectativas visto el arranque. Pero es que después de lo intenso que se pone el discurso cuando de celebrar el Día del Libro se trata: se agradece recurrir a la tontería

Este es el post postDíadelLibro2018 y como todos los años estamos de resaca. Resacosos de citas de escritores famosos, de recomendaciones de libros, de imágenes idealizadas de lectores y libros, de frases entrecomilladas sobre las bondades de la lectura, de mil y una noticias y especiales en todos los medios celebrando al libro y a la lectura. Y ¿hoy qué?, ¿se habrá incrementado el número de lectores por ello?, ¿se cerrarán menos librerías? , ¿se apuntará más gente a las bibliotecas?

 

 

Que no, que no, que no estamos en la última fase de la borrachera, y después del subidón, subidón, nos hemos instalado en el muermo. Que no estamos patéticamente llorosos, proclamando que queremos mucho a la cultura, que la lectura es maravillosa, que los libros son maravillosos, que el muuuuuundooooo es maravilloso. Que no, que no vamos de descreídos, todo lo contrario. El que exista un Día Internacional del Libro está muy bien.

Como mínimo las librerías habrán aumentado sus ventas y las bibliotecas han podido programar actividades para deleite de sus usuarios. Pero es que para promocionar la lectura no queremos un día, queremos todos los días del año. A veces esto de los Días Internacionales de…. es como los propósitos de año nuevo: lavan la conciencia a base de buenos propósitos y después se olvidan con la misma facilidad que se formularon.

 

 

En las bibliotecas el Día del Libro son 365 (porque ahora ya ni los festivos se salvan teniendo plataformas de lectura digital o contenidos audiovisuales a la carta), y no estaría mal que si de verdad se quiere fomentar la lectura, se apostase por las mayores redes de circulación y fomento de la lectura que son las bibliotecas. Pero en pleno día de resaca, no es cuestión de ponernos intensos, por eso hemos recurrido a algo liviano para engalanar el post: a algunas de las viñetas del delicioso cómic Los libros en The New Yorker.

Tal y como demuestran las jocosas viñetas que durante años ha ido publicando el prestigioso medio neoyorquino: el libro, en sus diversas formas, ha sido la piedra angular sobre la que ha girado la cultura desde que se inventó la escritura.

 

 

Los libros han sido la fuente predominante, y única hasta no hace tanto, para indagar en el ser humano. Pero eso siempre ha requerido de tiempo, perseverancia y entrenamiento. Ahora los únicos entrenamientos aceptados voluntariamente son los que imponen los monitores de gimnasio. Si los tiempos no se avienen al esfuerzo necesario para asimilar las páginas de un libro, en lugar de leer libros habrá que leer las mentes, directamente, sin intermediarios, ni filtros. Algo que la noticia postDíadelLibro de que España es el tercer país de la UE que menos gasta en la lectura: solo viene a refrendar. Tanto reality y programa del corazón tenían que dar sus frutos tarde o temprano: leer las mentes ya que no los libros.

El sueño de todo publicista, empresario, político y de cualquiera (padres, hijos, pareja) que aspire a manipularnos para bien o para mal.

 

 

El primer paso ya lo está dando la tecnología. Hace unos días saltaba la noticia de que el más puntero de los institutos tecnológicos del mundo, el de Massachusetts (MIT) ha creado un casco capaz de leer los pensamientos con el nombre de Alter ego. El casco, compuesto de electrodos, detecta las señales neuromusculares que intervienen en la comunicación hablada. De este modo el casco es capaz de interpretar la voz interior: un hábito que, según el artículo de ‘Tendencias 21′ que es donde hemos conocido el invento, es muy común entre los lectores. El soliloquio que constituye nuestra banda sonora interior (efectos sonoros de las tripas aparte) ahora con subtítulos incorporados.

Es una forma pedestre de contarlo porque en realidad lo que hace el casco es transcribirlos en cualquier pantalla o dispositivo con una eficacia del 92%. La noticia tranquiliza por un lado (no puede leer los pensamientos cerrados, es decir los que no están pensados para verbalizarse); e inquieta por otro (la seguridad del dispositivo no está desarrollada por lo que está expuesto al pirateo).

Pensamientos pirateados: un nuevo frente se abre para la legislación que protege los derechos de autor. Aunque antes de legislar habrá que comprobar si los pensamientos pirateados merecen protección. En cualquier caso, cual mantra, ante la posibilidad de intrusismo mental habrá que repetirse continuamente ‘tonto el que lo lea’ como quien  coloca un cartel falso de protección con alarma en la fachada de su domicilio.

 

Los sensores desarrollados por el MIT para detectar la actividad neuromuscular y así transmitir los pensamientos.

 

El relato de Philip K. Dick en que se basó la película de Spielberg.

Quizás porque todo sea cada vez más complejo: el pensamiento se está haciendo tan simple que leer las mentes no va a exigir de tecnologías demasiado sofisticadas. La Inteligencia Artificial en pos de la complejidad humana, y los humanos en pos de la simpleza binaria de lo digital. Era inevitable con tanto SMS, whatssap, emojis y memes. Nos gustaría pensar que más que una involución se trata de un paso intermedio hacia la telepatía. Una forma superior de comunicación, que si se acompaña de empatía, podría ser la solución definitiva para nuestra especie.

En un artículo publicado en ‘Library Journal’ el profesor universitario estadounidense Michael Stephens repasaba cómo se representaban hace dos años (eso en Internet es mucho tiempo pero en el asunto en cuestión la cosa no parece haber variado mucho) los asuntos referidos a libros, bibliotecas y bibliotecarios en el lenguaje de los emojis. Entonces se lamentaba de que no existiera ningún emoji para representar una biblioteca o a un bibliotecario: y dos años después seguimos igual.

 

La historia de Miley Cyrus en emojis.

 

En 2018 Unicode Consortium, que es la organización de publicar nuevos emojis, entre los 157 nuevos monigotes que ha estrenado ha dado cabida a pavos reales, loros, dientes, microbios, rollos de papel higiénico y hasta tiques de la compra. Es cierto que ya existen emojis para libros, lectura, escritura, e incluso algunos emojis de edificios que bien podrían pasar por una biblioteca: pero a ver si para 2019 se crea algún emoji que represente a las bibliotecas/carios inequívocamente. ¿O en realidad no será necesario crear un emoji para representar a la profesión bibliotecaria?

No, no, que no vamos en plan lastimero, todo lo contrario. Revisando los principales emojis que hasta la fecha se han creado para representar las distintas profesiones lo cierto es que prácticamente todos podrían ser bibliotecarios.

 

 

En casi todos emojis laborales hay rasgos bibliotecarios. Tal es el perfil de una profesión que, en los últimos tiempos, va acumulando más capas que una milhojas en cuanto a competencias. Todo le viene bien.

Que si la lupa de los detectives; que si la bata de los médicos; que si el gorro de operario o el mono de mecánico cuando se rompe algo, y aburridos de esperar a que vayan a arreglarlo, agarran la caja de herramientas casera; que si los pinceles en los talleres; y por supuesto, el rayo cruzado en la cara a lo Bowie, porque puestos a ser cool pueden ser los más cool; y no incluimos el gorro de los soldados de la guardia real inglesa porque no queremos enrollarnos, pero es más que probable, que encontrásemos alguna semejanza (si estuviéramos preDíadelLibro habríamos dicho que son como la guardia real de la cultura: pero estamos en pantuflas así que mejor nos ahorramos tales cursilerías).

 

Vida de un bibliotecario en emojis.

 

Pero mirándolo desde otro prisma: que te conviertan en emoji no resulta nada halagador. Casi cualquier historia de un taquillazo de Hollywood o de muchos best sellers (de los de usar y tirar) se podria resumir en emojis. De ahí que tantos espectadores que buscan relatos adultos se hayan volcado en las series. Después de todo que no te jibaricen el pensamiento, que no te transformen en monigote: es de lo mejor que te puede pasar. Manías de ‘letrasados’ que se empeñan en alcanzar la simplicidad sin incurrir en simplezas.

Y mientras se nos pasa la resaca ponemos algo de música. No muy alta. Róisín Murphy tampoco es fácil de estereotipar. Esta tipa, desde que empezara con Moloko en los 90, se ha empeñado en sacar los pies del tiesto una y otra vez. Daría para mil emojis a cual más estrafalario, y aún así, no alcanzarían a describirla por completo. ¡Bien por ella! Terminar con su vídeo Whatever (Lo que sea) es toda una declaración de principios. Lo que sea antes que previsibles, o dicho de otro modo más acorde con el título del post: antes muertos que sencillos.

 

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Disidentes digitales, huérfanos de biblioteca

 

En el mayo del 68 francés los jóvenes burgueses jugaron a la revolución y creyeron que podían cambiar el mundo. Los jóvenes de 2018 (burgueses o no) juegan con sus móviles y el mundo marcha como en el clásico de King Vidor. Cuarenta años después, jóvenes y no jóvenes, tenemos asumido que antes que ciudadanos somos consumidores. Consumidores de productos de moda, culturales, tecnológicos o políticos. Y que el único margen para cambiar algo las cosas pasar por modificar nuestros hábitos de consumo.

 

Grafitis del Mayo del 68 francés: «La cultura es la inversión de la vida»

 

Hace unas semanas el programa del periodista Jordi Évole, en La Sexta, se centró en denunciar las irregularidades en la industria cárnica. Fuera parcial, interesado o sesgado lo que allí se mostró (como algunos sostienen): el caso es que dos cadenas de supermercados belgas retiraron los productos de la empresa española que trabajaba con la granja que Évole mostró en su programa. Como ciudadanos la oportunidad para cambiar algo hay que fiarla a largo plazo (cada cuatro años); en cambio como consumidores, las redes sociales, parecen otorgar el poder para provocar cambios más rápidos. Entonces ¿por qué sus propios creadores están entonando el mea culpa por haberlas creado?

 

 

Los popes de Silicon Valley últimamente se están asomando a los medios como si se tratara de unos Victor Frankenstein arrepentidos. El creador de Napster lamentándose de haber impulsado Facebook por explotar la vulnerabilidad de la psicología humana; Tim Cook, de Apple, asegurando que mantiene a su sobrino de 12 años alejado de las redes; o un ex vicepresidente de la misma red social declarando que las redes desgarran el tejido social: declaraciones que sirven como eslóganes para vender programas de televisión en los que abordan a sus ¿enemigas?: las redes sociales.

Primero estimulan esa dopamina que engancha y ahora se convierten en voces críticas. ¿A qué aspiran: a lavar sus conciencias o a erigirse en salvadores de los pobres internautas? «No me liberen, yo basto para eso» pintaban en los muros los jóvenes de ese mayo del 68: e igual va siendo el momento de pintarlo de nuevo en los muros de esas redes sociales de las que nos quieren salvar. Ni salva patrias, ni salva pantallas, por favor.

 

 

El pasado 6 de febrero se celebró el Día de Internet Seguro. Desde 2004, año en el que la Comisión Europea fijó esta celebración, muchas bibliotecas del mundo han participado. Según recogía la IFLA, en este 2018, diversos miembros de la organización han realizado informes en los que se recogen algunas de las iniciativas llevadas a cabo desde las bibliotecas para abordar esta iniciativa.

«Muévete rápido y rompe cosas: de cómo Facebook, Google y Amazon acorralaron la cultura y socavaron la democracia»: el libro de Jonathan Taplin que socava el mito de la bondad de los gigantes tecnológicos.

Reino Unido ha lanzado una Estrategia de Seguridad en Internet al tiempo que se editaba un libro verde con el objetivo de convertir a Gran Bretaña en el lugar más seguro del mundo en Internet. Deberían haber llamado a Rupert Murdoch de asesor. Para ello las autoridades británicas han contado con las bibliotecas como centros desde los que desarrollar la alfabetización digital de los niños y fomentar un uso correcto de la web entre los jóvenes.

En la Biblioteca de San Antonio (EEUU) se creó un programa colaborativo con la organización comunitaria de periodismo de base NowCastSA: precisamente para combatir y concienciar respecto a las tristemente célebres fake news que tanto gustan a su actual presidente.

En Suecia, los miembros de IFLA de la Biblioteca Nacional, publicaron material gratuito para que el profesorado tuviera recursos para abordar el uso seguro de Internet en el aula. Y terminamos este repaso en Rusia. El 1 de febrero, la Biblioteca Estatal de Rusia, acogió uno de los eventos más importantes: la conferencia electrónica «La ética del comportamiento seguro en Internet». ¿Hablarían del ‘Rusiagate’? ¿asistió Putin? Incógnitas con las que nos tendremos que quedar.

 

El ya famoso grafiti que, inspirándose en del beso entre Brézhnev y Honecker que lucía en el muro de Berlín, pintó en 2016 el artista urbano Mindaugas Bonanu (el de la derecha) en la fachada del restaurante de Dominykas Ceckauskas (a la izquierda) en la ciudad de Vilna (Lituania).

 

En España, este año, la Secretaria de Estado para la Sociedad de la Información y Agenda Digital con el Instituto Nacional de Ciberseguridad, a través del Centro de Seguridad en Internet para menores, organizaron diversos actos para la concienciación y difusión. Pero, ¿y las bibliotecas? Las bibliotecas deberían situarse en la primera línea de frente en la lucha contra la piratería de contenidos culturales, del mismo modo, las bibliotecas deberían estar en el centro de las iniciativas que un buen uso de Internet.

Como escribía Jarett Kobek en su novela de título muy directo Odio Internet:

«La ilusión de Internet era que las opiniones de personas sin poder, diseminadas libremente, tenían un impacto en el mundo. Era, por supuesto, una mierda total … El único efecto de las palabras de las personas indefensas en Internet era infligir sufrimiento a otras personas indefensas. «

 

Pero esa falta de recursos, de discurso, de capacidad dialéctica, de formación, en definitiva, de autoestima camuflada de desprecio, se evitaría teniendo referentes culturales sólidos.

El protagonista de la magnífica película Nightcrawler (2014) está empeñado en convertirse en buitre carroñero del periodismo más sensacionalista. Un magnífico Jake Gyllenhaal da vida a un personaje psicopático que repite cual mantras (no bibliotecarios) los discursos motivacionales y de autoayuda para triunfadores que encuentra en la Red: y que lleva a la práctica en su trabajo con una carencia absoluta de empatía, escrúpulos o remordimientos.

Pareciera la representación perfecta de lo que los dueños de Silicon Valley dicen temer que provoquen las redes: Golems amamantados en Internet, moldeados con bytes, links y trending topics, que no conocen más horizonte cultural que la Red, incapaces de sentir nada en lo que no medie una pantalla: unos huérfanos de biblioteca.

 

El Golem (1920) de Paul Wegener y Carl Boese.

 

Los salvadores de nuestra alma digital, anteriormente conocidos como creadores de Facebook, Twitter e Instagram, no deberían agobiarse. Incluso en los inventos más alienantes siempre han existido disidentes: y sus criaturas tampoco se libran de estos espíritus libres. Hay que disentir, sobre todo y primero de uno mismo, para no acomodarse en pensamientos únicos. Bibliotecas que disienten de cierto concepto de biblioteca que no sabemos si se repetirá en el próximo Congreso de Bibliotecas Públicas (Logroño, 28-30 de noviembre) en el que se hablará de perfiles profesionales; e internautas que disienten de lo que se supone se debe hacer en la redes aún sin proponérselo.

Hace unos meses, la propietaria de la pensión La Ferroviaria en Zaragoza, saltó a los medios (una vez que se hizo viral en las redes claro está) por su estilo a la hora de responder todos los comentarios que sobre su pensión hacían los clientes en TripAdvisor. Contraviniendo, una a una, todas las recomendaciones sobre Netiqueta, consejos para gestionar redes o recursos para solucionar conflictos en digital: la enérgica hostelera lleva desde 2007 sin callarse ni una y, como no podía ser de otro modo, le han salido muchos fans en Internet.

 

 

Por cosas así es por lo que nos salvamos. Puede que para algunos, Milagros, que así se llama la dueña y ‘community manager‘ de la pensión, fomente el mal rollo en las redes: pero nada más lejos. La franqueza de la hostelera es pura disidencia digital, como las de los ancianos que se asoman a Internet y se mueven según su propio criterio. A eso en otros mundos se le llama marcar estilo. Su naturalidad desarma el postureo infinito de las redes, no por ejercer de trolls, sino por actuar con esa mezcla de ingenuidad y despreocupación que, en muchos casos, dan los años. Cuando queda menos tiempo, tonterías las justas. Ya decíamos que la arruga es subversiva, y en digital, también.

 

El divertido sketch de una televisión alemana sobre el abuelo al que le regalaron un iPad y lo usa como tabla de cocina.

 

¿Y si la cara más amable de la tecnología proviniera de los excluidos de lo guay, lo high, lo in, lo trendy, lo………………………………….(sobrecarga del blog por exceso de anglicismos: disculpen las molestias). Ancianos, habitantes del tercer mundo, minorías, excluidos del sistema, disidentes digitales por elección o incapacidad para actuar según lo que se espera.

Ilustración de Dan Page.

El escritor, investigador y periodista Frédéric Martel debería retomar sus viajes alrededor del planeta para indagar en la situación de Internet en esos otros mundos que están en este. Su libro Smart. Internet (S): una investigación data de 2014 y han pasado muchas cosas desde entonces. La manera en que cada país, cada cultura: imprime su impronta en el uso de la Red y las redes sociales resultaba de lo más apasionante en el relato que Martel hacía.

Nos encantaría saber qué ha pasado desde entonces en barrios como el de Kibera, en Kenia, donde los teléfonos móviles estaban suponiendo una esperanza de progreso. Y sobre todo qué ha sido de la biblioteca que entonces describía. En no-lugares así (entendiendo como no lugar aquellos espacios que no entran dentro de la lógica del capitalismo) es donde puede que se esté cociendo un mundo digital menos uniforme, menos alienado, diferente:

 

«la filial de la Kenya National Library está situada en el corazón del barrio. Se llega por un camino de tierra ocre, lleno de baches. ¿Una biblioteca? Es mucho decir. Más bien parece un almacén con techo de uralita, cercado de alambradas. «Electrificadas», puntualiza Jesse. En los estantes hay unos 8.000 libros y cada día acuden unas 200 personas a consultarlos […] me muestra unas tabletas Samsung que acaban de llegar y que guarda en un armario cerrado con llave, esperando la instalación del wifi. Ello debería permitir un mejor acceso a internet […] por ahora hay que subirse al tejado para acceder con un smartphone a la conexión 3G»

 

En una pequeña ciudad australiana, en 1991, cuatro feministas crearon el grupo de arte: Venus Matrix desde el que lanzaron el Manifiesto de la Zorra Mutante. Fueron las primeras en usar el término ciber feminismo y se centraron en  «la construcción de espacio social, identidad y sexualidad en el ciberespacio». 

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Bibliotecas en la órbita de Venus

 

Queremos creer en que hay vida inteligente en otros planetas, pero antes, querríamos creer que también existe en éste.

 

Puede que en la Tierra las bibliotecas estén cuestionadas por los más cerriles que no ven más allá de sus pantallas pero, en otras galaxias no tan lejanas, no será así. Y no, no estamos hablando de la saga Star wars por mucho que terminemos hablando de cine.

Todo viene a cuento del Falcon Heavy, el cohete más grande de la historia de la aeronáutica espacial, promovido por el millonario Elon Musk. En los diversos diarios se han hecho eco del muy fotogénico modelo de coche Tesla Roadster, propiedad de Musk, que se lanzó dentro de la nave con un maniquí bautizado como Starman ejerciendo de conductor; y a los sones de la mítica canción de Bowie.

 

Cabecera de la web de la Biblioteca Larkin Kerwin de la Agencia Espacial Canadiense.

 

Aparte de lo emocionante que todo esto pueda sonar: lo que más nos ha gustado ha sido la inclusión del dispositivo Arch, menos fotogénico que el Tesla Roadster, pero mucho más esperanzador por tener una capacidad de hasta 360 tretabytes de datos.

El Arch es un cristal de datos, proporcionado por la Arch Mission Foundation, en el que se han grabado (entre mucha más información) las novelas de la trilogía Fundación de Isaac Asimov. Muy apropiado. Pero la cosa no acaba aquí. Lo más fabuloso es el cronograma que tienen previsto desarrollar durante las siguientes décadas:

  • para 2020 quieren lanzar discos Arch a la Luna bajo el nombre de Lunar Library que contendrán documentos con las informaciones más relevantes sobre nuestra especie, y cuya caducidad se prevé será tanto como la de la Luna misma.
  • En 2030 le tocará el turno a la Mars Library, es decir la Biblioteca de Marte: una copia de nuestros conocimientos que ayude a futuras colonias humanas. El objetivo final , según recoge Xataka, será conectar todas las bibliotecas Arch de forma que creen una red de lectura y escritura descentralizada que abarque todo el Sistema Solar.

 

Bibliotecarias listas para el lanzamiento de la primera biblioteca a la Luna.

 

Preguntas de lo más prácticas e interesadas que nos asaltan una vez que hay barra libre para la imaginación: ¿cuáles serán los requisitos para ejercer como bibliotecarios en esas bibliotecas?, ¿incluirán en los planes de estudio de Biblioteconomía asignaturas sobre ingeniería espacial?, ¿los bibliobúses del espacio serán como el Halcón Milenario de Han Solo, la USS Enterprise de Star Trek o los platillos volantes de Mars Attacks? Dudas espaciales que no empañan lo positivo de la noticia incluso si finalmente los bibliotecarios no aparecen ni como extras en la película que se están montado. Y es que las bibliotecas, esas naves nodrizas milenarias, reafirman su vigencia conceptual una vez más.

 

El pasado 27 de septiembre se celebró el ya clásico Star wars Reads Day con numerosos eventos en torno a la lectura en bibliotecas y librerías.

 

Si el sabio Yoda te lo dice habrá que hacerle caso: lee.

Las referencias culturales del cohete lanzado por el magnate Musk dejan en mantilla a la NASA. En la sonda espacial Voyager 1 que salió del sistema solar allá por 2013 (y que fue lanzada el mismo año en que se estrenó la primera película de la saga Star Wars: 1977): también se incluía un equivalente a este dispositivo Arch tan library friendly. Se trataba del Disco de oro, en el que se grabaron también documentos representativos de la cultura terráquea, ante la eventualidad de un posible contacto con vida extraterrestre.

Desde diferentes saludos y deseos de paz en 55 idiomas: hasta sonidos de la naturaleza, animales, música e imágenes. Entre las músicas elegidas se encontraban desde La flauta mágica de Mozart al Jonnhy B. Goode de Chuck Berry, y las imágenes iban desde un feto humano hasta un supermercado. Pero ni una sola imagen de un libro o una biblioteca ¿Cómo es posible que los recipientes más importantes de todos los conocimientos de la humanidad no tuvieran ni una triste representación?

 

Ilustración de Lance Miyamoto para Science Magazine en 1981

 

Tal vez, ahora que tantos agoreros hablan de jubilación forzosa para las bibliotecas, sería el momento de plantearse decisiones drásticas, y directamente lanzarlas al espacio bajo el auspicio de la empresa Space X de Musk que muestra algo más de sensibilidad al respecto ¿Cabe imaginar mejores embajadas interestelares que las bibliotecas públicas? A los bibliotecarios, si acaso, se les puede criogenizar y despertar sólo si merece la pena el encuentro en la tercera fase. Astronautas y bibliotecarios tienen mas en común de lo que pueda parecer: están acostumbrados a la ingravidez de no saber si tendrá suficiente oxígeno (cámbiese por presupuesto) para completar su misión.

El cómic de Nick Abanzis sobre la perrita Laika: una de las muchas cobayas de la carrera espacial.

¿Terminarán los bibliotecarios como la perrita Laika, el chimpancé Ham u otras tantas cobayas de la carrera espacial?

Después de todo las bibliotecas ejercen como magníficas cobayas para estudios de mercado que podrían aprovechar si tuvieran vista desde las editoriales; también como campos de experimentación para innovaciones tecnológicas (ya hablamos de la colaboración entre las bibliotecas californianas y la empresa de realidad virtual VR Oculus); y por supuesto, las industrias culturales (discográficas, productoras cinematográficas) para combatir a través de las bibliotecas la piratería de contenidos.

 

La maravillosa escritora Ursula K. LeGuin.

 

La recientemente fallecida Ursula K. Le Guin narraba en su novela Los desposeídosla historia de un planeta capitalista, y de su luna, en la que malviven los exiliados del sistema que aspiran a una sociedad anarquista. Como toda buena novela de ciencia ficción está abierta a mil interpretaciones. Se nos ocurre una, en torno a los planetas de las industrias culturales y la luna Biblioteca en la galaxia digital.

Pero es la propia Le Guin la que tenía ideas muy claras sobre la relación entre editoriales y bibliotecas. En el 2013 (el año en que la Voyager 1 salió de nuestro Sistema: todo está escrito en las estrellas)  las dejó claras en una extensa entrada en su blog personal de la que recuperamos lo siguiente:

 

«La existencia o desaparición […] de una biblioteca no es un tema sexy. Pero es absolutamente básico para […] la continuidad del conocimiento humano [..] si las bibliotecas son diezmadas o eliminadas […] sólo podremos acceder a los libros a través de las grandes corporaciones. No va a ser fácil conseguir un libro que las empresas han decidido que no es rentable […] seríamos inteligentes si mantenemos […] el apoyo a las bibliotecas públicas en su esfuerzo heroico […] por llevar a cabo su trabajo en la era electrónica. […] El objetivo de la biblioteca pública es el mismo de siempre: dar acceso ilimitado a todos los libros (impresos, electrónicos) a todo el mundo.

Es algo que merece la pena apoyar, ¿o qué?»

 

 

Y hay empresas que lo hacen. No vamos a descubrir ahora que Infobibliotecas está detrás de la plataforma de contenidos audiovisuales para bibliotecas eFilm (a punto de ponerse en marcha en Murcia, Cataluña y el Pais Vasco: que aquí no damos puntada sin hilo). Por eso nos gusta tanto la noticia del (inteligente) acuerdo al que ha llegado la empresa de exhibición cinematográfica Landmark Cinemas, en la población canadiense de St. Albert, con la cercana biblioteca pública de Morinville.

La cadena de cines ha ofrecido a la biblioteca la posibilidad de publicitar, gratuitamente, sus servicios mediante spots publicitarios que emiten en el tiempo reservado para tráilers. Los bibliotecarios, pillados por sorpresa por tan generosa oportunidad, se liaron el croma a la cabeza (la lona verde que permite luego introducir el fondo que se quiera tras los personajes) y empezaron a rodar un anuncio de 15 segundos.

 

 

«Las bibliotecas te pueden llevar a cualquier lugar al que quieras ir«: tal cual como el cohete Falcon Heavy añadimos aquí. Con ese eslogan no queda mucho más que decir salvo que las cadenas de cine Landmark han demostrado una inteligencia empresarial digna de elogio.

El documental sobre el rodaje de la película El cosmonauta (2013): la primera película española producida por crowdfunding que se convirtió en toda una odisea, no espacial, sino muy terrenal.

Promocionar la imagen corporativa de una empresa a través de la cultura solo puede redundar en beneficios mutuos. Cines y bibliotecas comparten clientela pero no compiten entre sí, todo lo contrario, se complementan y eso supone un valor añadido. Cuanto más se promueva la curiosidad cultural de los ciudadanos más espacios (públicos o privados) van a necesitar.

Como pocos podrán pagarse un pasaje a Marte, en 2030, cuando se inaugure la Mars Library: confiamos en poder seguir disfrutando de cines y bibliotecas para viajar a otros planetas.  «Sabes que nunca has ido a Venus en un barco«, que cantaban los de Mecano, pero para mirar las estrellas bajo el influjo de Venus no hace falta más que salir a la calle.

Tal cual como la protagonista del divertido corto Star love. Una incipiente historia de amor para San Valentín que nos recuerda que para ver las estrellas (pero de verdad) no es bueno andarse por las ramas.

 

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