Poesía bibliotecaria

 

En ocasiones, nos quejamos de la irrelevancia que las bibliotecas tienen en los medios, Pero estamos siendo injustos. Al igual que las Fallas de Valencia, el ranking de audiencias de Nochevieja, los Sanfermines o los reportajes de chiringuitos en verano: las bibliotecas tienen espacios inamovibles en la escaleta, parrilla o plantilla de los medios.

El Día de la biblioteca, dependiendo de cómo venga de apretada la actualidad, suele tener un espacio reservado. Al menos en aquellos medios en los que la cabecera bajo el nombre de Cultura sobrevive frente al avance de redes y crónica rosa. El Día del libro, también, aunque en este caso haya mucha competencia. Pero cuando, de verdad, las bibliotecas son reinas por un día es en los meses de mayo y junio.

 

Estudiantes de la Universidad de Finanzas y Economía de Nanjing hacen fila antes de que abra la biblioteca para poder comenzar a estudiar para sus exámenes finales. [Foto / icpress.cn]

La combinación letal (en este punto siempre es oportuno recurrir a adjetivos contundentes cual película de los 80) proviene de la intersección del fin de curso de Secundaria y universidades con las inminentes convocatorias de exámenes de oposición. Y combinado con las restricciones propias de una pandemia: el cóctel se hace aún más prometedor. Es entonces cuando las miradas hambrientas de reporteros famélicos de noticias se giran esperanzadas hacia las bibliotecas. Esas clásicas y, afortunadamente, predecibles instituciones en las que se repiten los rituales como si de una iglesia se tratase.

«Cientos de estudiantes hacen cola a las puertas de las bibliotecas»; «Las salas de estudio de la ciudad (titular sobre la foto de una biblioteca) saturadas de estudiantes; «Los estudiantes reclaman que las bibliotecas tengan horario nocturno»; «Quejas por la falta de puestos de estudio en las bibliotecas»; «El concejal XXXX declara que las bibliotecas ampliarán sus horarios en épocas de exámenes». Y así podríamos seguir hasta completar un dosier de lo más voluminoso y nada original. Un mantra, un arrullo, un relato monótono y mecánico para calmar el horror vacui de los medios cada primavera.

Ahora vendría bien la enésima perorata quejicosa sobre lo duro que resulta luchar contra molinos de viento. Pero no. Ya que hablamos de lo predecible de los medios: vamos a hacer un quiebro, e incluso, un requiebro. Estamos en primavera. Época de exámenes, finales de curso y demás urgencias. Pero buen momento, como cualquier otro, para la poesía.

La bibliotecaria severa objeto de fantasías romántico-vengativas de un opositor. A veces, para reventar estereotipos: la mejor fórmula es exagerarlos hasta que exploten.

 

OPOSITOR
(a una bibliotecaria)

No te ríes jamás. Eres sosísima.
Ir a la biblioteca es un dolor.
Pienso probarlo todo, todo por contemplar
tras tus labios sangrientos de arrecife,
el fulgor abisal, el ordenado
banco de pececitos de marfil
de tus dientes perfectos y monótonos.
Voy a hacerte reír, hija del mal,
y volveré después a mis temarios
sabiendo que he hecho algo por el mundo,
sabiendo que la vida estará en deuda
con un opositor de alma marchita.

Es un poema de Miguel Salas Díaz, de su libro Las almas nómadas, XXVI Premio de Poesía Hiperión 2011

 

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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