Tu sueldo sale de mis impuestos presenta: francotiradores en plantilla

 

Arrancar/titular un post partiendo de una frase hecha solo viene bien si es para contravenirla. Y por ahí van los tiros. Para este curso, y para todos, en nuestro listado de buenos propósitos siempre aparece marcado en rojo procurar sacar los pies del tiesto. Y el ‘tu sueldo sale de mis impuestos’ alcanza la categoría más revenida de los clásicos a espetar a un funcionario. Una frase que, como tantas otras basadas en el desprecio, no deja en evidencia más que al que la profiere.

Solo hay que fijarse en que mientras los políticos siguen a lo suyo, el país lejos de estar en funciones, sigue en marcha. Y al menos, en lo que respecta a las instituciones públicas, eso es gracias a esos trabajadores a los que todos los ciudadanos pagan sus sueldos. Y que, en ocasiones, incluso ganan premios.

 

Fuerza Nueva, el iconoclasta proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche. Un misil musical ideado para reventar lugares comunes y generar debates: que se aviene bien como banda sonora de este post.

 

Pese a que en el informe PISA la educación española suele aparecer como deficitaria en muchos aspectos, en los últimos años, son ya varios los profesores en centros públicos reconocidos por la excelencia de su labor docente. Uno de los ejemplos más recientes, el de la gaditana Palma García, flamante ganadora de uno de los Global Teacher Award 2019.

 

 

Pese a los recortes en investigación y en I+D que amplíe horizontes a una economía absorta en turismo o ladrillazo: figuras como la médico y paleoantropóloga María Martinon-Torres se convierten en referentes mundiales. La actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH): se ha hecho merecedora de premios tan prestigiosos como la medalla Rivers Memorial del Instituto Real Antropológico de Gran Bretaña e Irlanda.

Pese a los recortes en sanidad con la subsiguiente sobrecarga de trabajo: profesionales sanitarios del sector público montan ONGs. Es el caso de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en Murcia. Un grupo de profesionales, que pagándolo de sus propios bolsillos, llevan 20 años viajando a África para prestar asistencia médica mediante cirugía.

 

Libro king size con las fotografías tomadas por los integrantes del Grupo de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en sus viajes a África.

 

Y podríamos seguir con más ejemplos de empleados públicos, fijos o no, cuyos esfuerzos resultarían difíciles de ubicar en el mapa del empleo público que hace poco publicaba ‘El Economista’. Un medio, que como otros de información económica y financiera, tiene fijación con los funcionarios.

Basándose en la Encuesta de Población Activa (EPA) llevó a cabo ese mapa del que extraía conclusiones como: «las provincias más turísticas son las que menos peso del empleo público tienen». Camarero o funcionario podría insinuar una lectura subrepticia de dicho texto resaltado en negrita. Opciones, en principio, que se ajustan mal a ese perfil de emprendedor que tan necesaria en nuestra sociedad. Pero ¿acaso no existen emprendedores también en la administración?

 

Fuente: El Economista

 

Procrastinación administrativa. Se podría acuñar algo parecido para definir el sempiterno aplazamiento de una reforma realmente eficiente de las administraciones públicas. Siempre hay excusas o incapacidad política para realmente evitar duplicidades, racionalizar plantillas o promover el reconocimiento, así como el control, en el desempeño de su trabajo, de los empleados públicos. Y sobre todo, impedir que sigan convirtiéndose en agencias de colocación para cargos cesados tras cada nueva reforma de gobierno.

España en general, y la administración pública en particular, suele ser zona de francotiradores.

Profesionales que se mueven en algunos casos solitarios empujados por su vocación en territorios hostiles. Trabajadores que deciden que las horas que tienen que completar en su trabajo, en lugar de jugar al buscavidas o al escaqueo según reza el tópico: prefieren innovar, mejorar e implicarse en su trabajo. Aún a sabiendas de que por ello no van a ganar más dinero, ni conseguirán ningún ascenso.

 

Forges hizo del funcionariado, y la administración en general, uno de los temas recurrentes de su humor.

 

Perros verdes, que aunque nadie les obligue, ni probablemente les reconozca, prefieren antes su satisfacción personal que mimetizarse en la miasma a la que les induce en muchos casos el entorno. Gracias a esos lobos solitarios (en este caso hablamos de funcionarios, pero otro tanto en la empresa privada) el mundo sigue pese a todo girando.

Y ¿qué pasa con los bibliotecarios? Como ya decíamos en Bibliotecarios en el ranking de lo cool los bibliotecarios no cotizan al alza entre los perfiles profesionales del ámbito cultural. Lo de bibliotecario palidece en sepia ante un concepto tan difuso como el de gestor cultural. Pero hay países menos avezados quizás en ese ranking de lo cool cuyos políticos siguen apostando por los bibliotecarios sin cambiarles el nombre.

 

El fantástico proyector Books and Cubes de biblioteca móvil (articulada en tres módulos) que el estudio de IX Architecs desarrolló y puso a prueba en un colegio de Camboya.

 

El Ministerio de Educación, Juventud y Deportes de Camboya organizó, el pasado julio, un Taller Consultivo para reconocer el potencial aún por explotar de bibliotecas y bibliotecarios. Para ello se discutió sobre estrategias para formar bibliotecarios creativos; y capacitarlos para transmitir el amor por la lectura. Profesionales de bibliotecas que sepan crear espacios atractivos, y que tengan las suficientes destrezas, para inspirar y ampliar los campos de interés de los jóvenes. Ambición no les falta a los camboyanos aunque sea sobre el papel.

En Alemania la última encuesta llevada a cabo por parte de la Asociación de Bibliotecas Públicas de Berlín (VÖBB) arroja un panorama muy favorecedor pese a seguir llamándoles bibliotecarios. El 90% de los mil encuestados (tampoco es que la muestra haya sido muy amplia), independientemente de si son o no usuarios de bibliotecas, las valoran positivamente.

Uno de los motivos por los que les resultaban instituciones de confianza es por ser especialmente útiles en combatir las noticias falsas. Lugares en los que aún es posible formarse una opinión basada en datos objetivos. Gracias, entre otras cosas, al asesoramiento de los bibliotecarios.

La biblioteca central de Berlín galardonada por la Asociación Alemana de Bibliotecas y la Fundación Deutsche Telekom como ‘Biblioteca del año’ en este 2019

 

En Kazajistán, mientras se deciden a hacer realidad el espectacular proyecto de su nueva  biblioteca nacional: siguen apostando por motivar a sus bibliotecarios.

Las autoridades kazajas son conscientes del interés decreciente por dedicarse a la profesión bibliotecaria por parte de los jóvenes (debe ser que en Kazajistán aún no ha calado lo de gestor cultural). Por ello desde la Biblioteca Nacional están promoviendo actividades para involucrar a los jóvenes en los estudios de Biblioteconomía. De manera que proyecten su creatividad en idear nuevas formas de servicios para bibliotecas, y en especial, destinados a personas con discapacidad.

Hace diez años el estudio de arquitectos danés BIG se hizo con el primer premio en el concurso de proyectos de construcción del nuevo edificio de la Biblioteca Nacional en la capital kazaja. Diez años después el deslumbrante proyecto sigue esperando convertirse en realidad.

 

Pero volviendo a nuestro presente más inmediato. ¿Se hablará de cultura en esta repetición electoral? Puede que cultura sea la palabra mágica para desbloquear este bucle electoral en el que estamos girando. Incluso es posible que mitigase el bostezo que provocan los discursos reeditados para adormecer más que convencer. En cualquier caso, no perdamos la esperanza.

Las aves de paso de los políticos, cual cuclillos tejedores, incubarán ideas ajenas, que si salen bien: todos disputarán como propias; y si salen mal: achacarán al rival. O en el peor de los casos, al funcionario de turno. Pero mientras prosiguen repartiéndose nidos de poder: los francotiradores de aquí y allá seguirán haciendo, que pese a todo, siga mereciendo la pena apostar por la cultura, por el progreso, y en lo que nos afecta más de cerca, por las bibliotecas.

 

La última película de Amenábar recupera una figura difícil en la España de antes y de ahora: la de un librepensador. ¿Conseguirá, aunque sea un poco, que las nuevas generaciones se acerquen a la figura de Unamuno?

 

Y ya que arrancábamos de una frase hecha para darle la vuelta: qué mejor que cerrar con un proyecto que rezuma espíritu iconoclasta y provocador. Fuerza Nueva, el proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche.

Himnos patrióticos a los que han hecho reversibles a base de extraer lecturas incómodas para los más dogmáticos. Un disco lanzado con toda la idea el 12 de octubre, Fiesta Nacional, como francotiradores de una provocación que estimula un debate sin miedo a la discrepancia.

 

Reality show de biblioteca

 

Recientemente el periódico británico ‘The Guardian’ ha ido publicando listas de las 100 películas, discos, libros y shows de televisión más relevantes en lo que va de siglo. En el puesto 33 del listado referente a programas de televisión aparece Big Brother, y en el primero: Los Soprano. No vamos a discutir lo acertado de aupar la serie de Tony Soprano al primer puesto: pero por mucho que nos gusten Los Soprano: si hay un programa de televisión que ha marcado culturalmente al nuevo siglo ese ha sido, sin duda, Big Brother.

 

 

Andrea Caracortada interpretada por Victoria Abril en Kika (1992): pertrechada para el sensacionalismo.

Pero un inciso antes de ir al asunto: ¿no deberíamos lanzar desde Infobibliotecas una votación para que los bibliotecarios de habla hispana votásemos los mejores libros, películas, discos y cómics de cada año y convertirlo en costumbre?

¿No sería una buena manera de aumentar nuestra presencia en redes y medios si nos ponemos a ello? Nos quedamos rumiando la idea, a ver si conseguimos llevarla a cabo, y alcanza más ediciones que Big Brother.

Pero restableciendo la conexión con la casa de Gran Hermano. España tiene el dudoso honor de ser el país que más ediciones del programa de telerrealidad Gran Hermano acumula. Fue allá por el 2000 cuando la autodenominada cadena amiga, que más formatos (que no contenidos) innovadores ha importado o creado: compró los derechos del formato televisivo ideado en Holanda. Un formato que ha invadido, en sus diversas variantes, las parrillas televisivas de todo el mundo.

 

 

Sopladores de vidrio, constructores de escenarios con piezas Lego, forjadores…la variedad del mundo de la telerrealidad no parece conocer límites como recogía no hace mucho una crónica en ‘El País‘. A este paso no habrá gremio que quede fuera de algún tipo de reality televisivo. Pero ¿dónde están las bibliotecas en esto de la telerrealidad? Si rebuscamos las conexiones terminan por aparecer.

Las escritoras Germaine Greer, Lucía Etxebarría, Isabel Pisano, el director de cine Ken Rusell o el cantante punki Johnny Rotten: son algunos de los concursantes en distintos realities cuyas obras lucen en las estanterías de la mayoría de bibliotecas. Y si bien, ninguno de ellos debe su fama a lo que muchos consideran el episodio más bochornoso de sus respectivas carreras: no es improbable que, algún día, al igual que hay discos de David Bisbal, Kelly Clarkson o Amaia: la obra literaria del ganador de un reality luzca en las estanterías de las bibliotecas.

 

 

De momento la que llegará en breve es la última novela de Salman Rushdie con un título tan español como Quichotte. En ella, su protagonista, un escritor sin éxito de novelas de suspense, consume reality shows de manera compulsiva hasta caer rendidamente enamorado de un ex estrella de Bollywood. En pos de su amada inicia un viaje por los Estados Unidos en compañía de su hijo imaginario de nombre Sancho. Como paisaje de fondo de esta road novel van desfilando muchos de los problemas más acuciantes de la vida cotidiana de los estadounidenses.

Rushdie se empapó de realities para documentarse. Según ha declarado en una entrevista promocional: todos nadamos en el mismo mar (seamos o no espectadores de realities) porque el ambiente de verdades y mentiras que generan afectan a nuestro entorno, e inevitablemente nos condicionan de un modo u otro. Cabe preguntarse, si acaso alguien no lo ha hecho ya: si el autor de los célebres Versos satánicos aceptaría participar en uno de esos programas. Siempre con coartada sociológica-cultural, por supuesto.

 

En 2013 el grupo folclórico puertorriqueño Guamanique elaboró un proyecto de reality show en el que grabasen su gira como una forma de financiarse. Lo vendieron como ‘el primer reality cultural’ pero no obtuvieron respuesta.

 

El escritor…Un reality de novela fue el título de un proyecto televisivo que la productora Only Productions, allá por 2015, quiso poner en antena. Al igual que se han evaluado las habilidades canoras, culinarias, seductoras, danzarinas o de supervivencia: se pretendía evaluar el talento literario de 12 jóvenes escritores. Pero la propuesta no llegó a buen puerto.

No es algo nuevo, a principios de década, la televisión italiana anunció un programa de similares características bajo el nombre de Masterpiece (Obra maestra), en el que el premio para el vencedor consistía en un contrato editorial y una fuerte campaña de publicidad.

Y en el 2012, en el I Premio Global Village de Novela en México, el premio para los autores de las diez mejores novelas seleccionadas: consistía en participar como concursantes en el reality show El juego de los escritores.

El concurso italiano llegó a coronar a un ganador, pero su audiencia fue tan baja, que las aspiraciones de vender el formato a cadenas de otros países se vieron frustradas. Y a tenor de un artículo del blog Writer beware (Cuidado con el escritor), el listado de fracasos televisivos a la hora de unir espectáculo y literatura ocupa varios cajones en las productoras de televisión.

 

Los ganadores del reality show holandés ‘El pueblo español’ en su casa en Polopo.

 

Tal vez si prospera el formato del reality show holandés, El pueblo español, hayan nuevas vías que explorar en torno a la idea de un reality bibliotecario. El concurso holandés ha sido noticia en los medios españoles, recientemente, por haber cambiado por completo la vida un pequeño pueblo de Las Alpujarras (Polopos).

Durante seis meses, 10 parejas tenían que vivir en el pueblo y aportar propuestas para revitalizar el, cada vez más deshabitado, Polopos. El caso es que los ganadores, decididos a quedarse a vivir en el pueblo, van a invertir los 20.000 euros del premio en abrir una residencia artística en el pueblo. Y como consecuencia directa del éxito de audiencia, la afluencia de turistas holandeses a la localidad granadina, no para de incrementarse.

¿Nos aguantamos las ganas de hacer una lectura en clave política? Pues no. Nuestros políticos, en campaña electoral, se llenan la boca con lo de la España vacía y ahora vienen los flamencos (los de la Europa del norte no los de las cuevas del Sacromonte): y aportan soluciones. Mientras los políticos españoles alcanzan niveles propios de un Gran Hermano: la realidad, la de verdad, no la de los políticos, se busca la vida en formato reality.

El aprendiz de celebridad: el reality show de Donald Trump. Siete años después del show Trump ha convertido en un reality show la presidencia de los Estados Unidos.

 

¿Qué posibilidades abre esto para el mundo bibliotecario? ¿Cuántas bibliotecas de pequeñas (y no tan pequeñas) poblaciones, arrinconadas por sus concejales o consejeros, no serían maravillosos platós para realities del tipo del holandés? ¿A qué están esperando las productoras para idear algo similar? Nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario es un cajón de ideas a explotar en ese sentido.

¿En qué otro lugar podría darse un casting más heterogéneo que en una biblioteca?  ¿Dónde hay más rincones para, ponérselo difícil a las cámaras, y practicar el flirteo entre estanterías? ¿Qué hay de la emoción, hasta las lágrimas, cuando un usuario localiza disponible la siguiente temporada de su serie favorita? ¿En qué otro hábitat adverso se podría ambientar mejor un concurso de supervivencia para los que despectivamente tildan de ninis y chonis? Por no abordar cuestiones de personal y presupuestos, con las que ya entraríamos en el subgénero de las snuff movies. Biblioteca choni: tiki tiki. Lo vemos.

 

 

Como se lamentaba Vargas Llosa en su ensayo: “en la civilización del espectáculo el intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda”. Claro está, que repasar lo que de manera tan sensata planteaba Vargas Llosa, mientras se miran sus fotos junto a Isabel Preysler en el ¡Hola!: puede resultar una de las experiencias más paradójicas de nuestro tiempo.

La delgada línea que separaba a la civilización del espectáculo ha resultado ser de papel cuché. Para regocijo del paisano de Vargas Llosa: el literato (pero también estrella televisiva) Jaime Bayly.

El autor de Pecho frío abrazó sin prejuicios, desde el principio, referentes de la cultura popular en su literatura. Por eso no es de extrañar que le dedicara varios artículos al romance. Una prueba de que los escritores puede ser tan buenos como los ninis a la hora de dar espectáculo tirándose los trastos a la cabeza públicamente.

El caso es que, como aseguraban en este divertido y completo repaso a la historia de los realities en España: el formato no parece dar síntomas de agotamiento. E igual que las denostadas españoladas del cine de los 60 ahora son magníficos documentos sociológicos para estudiar aquellos años: los realities lo serán, o más bien, ya lo son para estudiar la sociedad de nuestro tiempo. Del landismo al chonismo. Toda una evolución de nuestra sociedad a través de las pantallas.

Y si se trata de creadores que han capturado con tino nuestra realidad más inmediata, pocos lo han sabido hacer tan bien como Pedro Almodóvar. En su vapuleada Kika (1992), esperpentizó en el personaje de  la presentadora destroyer Andrea Caracortada, esa explotación del morbo que se ha convertido en figura de estilo del discurso de los medios de masas. Lo peor del día, un buen título para acabar este post.

 

Coleccionables de biblioteca: ecosistemas culturales urbanos

 

Como lágrimas en la lluvia. La poética aportación del añorado Rutger Hauer al monólogo final de Blade Runner se ha convertido en el tempus fugit de un tiempo nuevo. Un tiempo que, como todos, ya se ha hecho viejo.

Las decoradoras de la serie Mad Men optaron por mucho mobiliario de los 50 al que, poco a poco, iban añadiendo detalles de los 60. Los cambios de década, por marcados que estén en el calendario o la memoria (salvo algún hecho excepcional o traumático): nunca son tajantes. Y así nuestro entorno, como nuestro cuerpo, sigue cambiando sin que casi nos demos cuenta.

Quiosco neoyorquino en los años 30.

 

Y de las series al cómic: los dos medios fríos (según Marshall McLuhan) que triunfan en nuestro días. En el delicioso y contemplativo cómic ‘El caminante’ de Jiro Taniguchi: un hombre sale a pasear. No hace falta más trama, ni intriga. Las preciosistas viñetas no muestras otra cosa que lo que plácidamente va observando. Algo que pocas veces nos concedemos en nuestros viajes por nuestras calles.

 

Cierto, que en los últimos años, el paisaje urbano se nos ha hecho dolorosamente presente a base de escaparates vaciados, locales cerrados y signos inequívocos de una decadencia que alteraba el corazón de muchas ciudades. Pero es muy probable que no hayamos reparado, porque pese a sus alegres colores siempre han sido muy humildes: de los muchos quioscos que ha ido echando el cierre. Y no, no ha sido tanto por la crisis, sino por el cambio de hábitos y por la irrupción de lo digital.

No existen datos oficiales pero se calcula que un 40% de los quioscos españoles han cerrado en los últimos años. En las redes sociales es habitual, entre perfiles de internautas amantes de la lectura: que cada cierto tiempo se compartan noticias lamentado cierres de librerías o bibliotecas. Pero de los modestos quioscos pocos se acuerdan.

 

El artista chino Liu Bolin invisible frente a un quiosco. Una imagen involuntariamente expresiva sobre la invisibilidad en la que se suman muchos elementos del paisaje urbano sin que apenas nos percatemos.

 

No viene mal un reconocimiento desde las bibliotecas y librerías a la labor que los quioscos llevan realizando desde hace muchos lustros. En realidad, se podría decir que bibliotecas, librerías y quioscos han conformado el ecosistema cultural de las poblaciones hasta ahora. Los humildes negocios de los quioscos no ocupan ningún escalafón en el ranking de las instituciones culturales. En cambio, han nutrido cultural/informativamente a más público que bibliotecas y librerías juntas.

Bibliotecas y librerías siempre se asocian a un concepto de cultura: que por muchos esfuerzos que se han empleado y se emplean: nunca termina de calar en ese enorme nicho de no usuarios/no clientes que se resisten. Los quioscos, centrados principalmente en la venta de publicaciones periódicas, fueron añadiendo a su oferta golosinas, libros, coleccionables, mapas, planos…hasta conformar un atiborrado y barroco collage decorativo para mitigar la grisura de muchas calles. 

 

El crítico de televisión y escritor Bob Pop hace un retrato de la realidad de nuestro país a través de los titulares de publicaciones de quiosco: de los periódicos a las revistas del corazón. 

 

Pero como insisten muchos quiosqueros veteranos entrevistados en los numerosos artículos que están levantando acta de defunción para sus negocios en los últimos tiempos: sobre todo son comercios de proximidad y saludable vecindad. Generan barrio, generan comunidad, generan lazos de amistad: y en eso, se siente, les han llevado ventaja a las más exquisitas bibliotecas y librerías.

Una dulce venganza en medio de este canto de cisne digital para los quioscos: ha sido el fracaso de los quioscos digitales. Plataformas como Blendle o Texture no han dado los resultados esperados agregando artículos de diversos medios para ofrecérselos a los internautas. Algo que no deja de resultar llamativo cuando, en contraposición, los quioscos digitales en plataformas como eBiblio: no dejan de engrosar las estadísticas de préstamo digital de las bibliotecas.

 

Blendle el quiosco digital, que se vendía como el iTunes del periodismo, pero no ha obtenido el éxito que se pronosticaba.

 

Pero dejando lo digital de lado (tiene guasa decir esto desde un blog) y volviendo a lo que aportan los quioscos al medio ambiente cultural urbano. Las relaciones bibliotecas-quioscos tienen antecedentes que las hermanan más allá de lo que cabría imaginar en un principio. En 1927, en la ciudad de Murcia, se abría la primera biblioteca pública de la ciudad en una de sus más céntricas plazas: y lo hacía en forma de quiosco. Desde entonces, no han sido pocas las bibliotecas que, cuando han dicho de salir a invadir espacios urbanos: han recurrido al formato quiosco.

 

Publicación de 1927 dando la noticia de la apertura de la biblioteca pública de Murcia en un quiosco. 

¿Es quizás el momento de que los quioscos desahuciados (al igual que antes lo fueron las cabinas telefónicas) sean invadidos por las bibliotecas?

Los requisitos legales e impositivos para mantener un negocio de quiosco son especialmente gravosos en muchas ciudades. Pero antes de que queden como mobiliario urbano abandonado, afeando las ciudades: ¿no sería una opción, por parte de las autoridades municipales, reconvertirlos como puntos de servicio bibliotecarios? Oficina de información municipal+biblioteca: todo en uno. Bibliotecas, una vez más, como ladrones de cuerpos urbanos abandonados.

Aunque la manera de hermanar definitivamente a quioscos y bibliotecas debería pasar porque, en el inicio de un nuevo curso, o ante el año nuevo, alguien se decidiera a lanzar un coleccionable bibliotecario.

¿Qué podría conformar ese coleccionable? ¿Tal vez fichas de catálogo para hacer con ellas scratchbook o manualidades? ¿De marcapáginas? ¿Sellos con logos de bibliotecas? ¿Reproducciones de carnés de biblioteca de celebridades? ¿Carteles de campañas para fomento de la lectura? ¿Objetos que la gente olvida entre las páginas de los libros? No sabemos si superarían las ventas de los coleccionables con dedales decorativos, teteras en miniatura, camiones articulados, rosarios bendecidos por el Santo Padre o cascos de moto: pero seguro que tendrían su público.

 

 

Pero mientras que alguien se atreva a llevar a adelante alguna de las ideas: ¿qué podrían aprender las bibliotecas de los quioscos? Por encima de todo: perseverar en un concepto de cultura tan amplio que no excluya a nadie, pero sobre todo perseverar en establecer más y más lazos de vecindad, de comunidad con los ciudadanos y generar barrio, generar comunidad física.

Más de un bibliotecario municipal, o de biblioteca de barrio, pensará que qué le van a contar de lo que es generar relaciones de vecindad cuando, día sí, día también, hay que ampliar plazos de préstamo o quitar sanciones porque: Juana, Perla Nerea, Carmen, la hija de Pepi, Rojina, Rachid, Paco, Oksana o Ramón se han despistado con los plazos. Biblioteca de mesa camilla y brasero. No literalmente, pero sí como espíritu para elaborar productos y servicios que no pierdan de vista lo más importante: las relaciones interpersonales como sustento de los espacios bibliotecarios.

Y si hablamos de cultura popular, de barrio, de quioscos, de publicaciones en papel y de tener calle, mucha calle: ¿qué mejor que terminar con una de Sabina pasado por el tamiz de María Jiménez?

 

Si las bibliotecas fueran…

Si las bibliotecas fueran una película de vampiros serían Déjame entrar (2008): porque una vez dentro te vampirizan y el disfrute se hace eterno.

Si las bibliotecas fueran un electrodoméstico serían una lavadora: porque sirve para darle muchas vueltas a las cosas y que salgan como nuevas.

Si las bibliotecas fueran una canción indie serían ‘Mi opinión de mierda‘ de Los Punsetes: porque inmunizan contra el pensamiento único y te ayudan a relativizar.

Si las bibliotecas fueran un coche serían un seiscientos: por simpáticos y porque, por modestos que fueran, siempre acogían a toda la familia.

Si las bibliotecas fueran un personaje mitológico serían Prometeo: porque igual que él se la jugó robando el fuego a los dioses: las bibliotecas transmitieron la cultura de las élites a todos los ciudadanos.

Si las bibliotecas fueran un elemento químico serían el cerio (Ce): por antioxidante y porque hace saltar la chispa de los encendedores igual que las bibliotecas hacen saltar la chispa de las ideas.

Si las bibliotecas fueran un personaje de tebeo serían Mortadelo: porque los bibliotecarios, al cabo de su jornada, se ponen mil disfraces con los que dinamizar sus centros.

Si las bibliotecas fueran un movimiento artístico serían el cubismo: porque te permiten desplegar un tema y estudiarlo desde todas las perspectivas.

Si las bibliotecas fueran un grupo de rock serían los Tindersticks: porque se mantienen fieles a su estilo sin dejar de emocionar.

Si las bibliotecas fueran la versión de un clásico serían My way de Sid Vicious: porque pese a tanta normalización de los procesos, al final, cada uno termina haciendo las cosas un poco a su manera.

Si las bibliotecas fueran una obra de teatro serían ‘Seis personajes en busca de autor’ de Pirandello: por la de veces que: seis, siete, y muchos más, se movilizan para localizar el libro perdido de algún autor.

Si las bibliotecas fueran un baile serían el de Fred Astaire en Royal Wedding (1951): porque aprovechan los espacios como nadie para que convivan los colectivos más diversos.

 

Si las bibliotecas fueran una red social serían una red aún por inventar: porque ninguna suple los matices que se dan en la comunicación cara a cara.

Si las bibliotecas fueran una folclórica serían Lola Flores: porque pese a que muchos las quieran dibujar como momias faraónicas ellas se empeñan en estar como nunca.

Si las bibliotecas fueran un diseñador de moda serían Paul Poiret: porque liberó a las mujeres de los estrictos corsés del siglo XIX y dio paso a una moda mucho más libre.

Si las bibliotecas fueran un villano de cómic serían el Doctor Octopuss de Spiderman: porque esos tentáculos mecánicos vendrían de perlas para tanta multitarea.

Si las bibliotecas fueran un animal serían el caballo al que se abrazó Nietzsche en Turín: porque sus oídos guardaron las últimas palabras de un sabio antes de perder la cabeza.

Si las bibliotecas fueran un dibujo animado serían Jessica Rabbit: porque pese a que algunos las dibujen como simples salas de estudio, es mentira, la exuberancia de su oferta rebasa cualquier estereotipo.

Si las bibliotecas fueran un insecto serían las cucarachas: porque ni una explosión atómica es capaz de exterminarlas.

Si las bibliotecas fueran una película de Almodóvar serian Átame (1990): porque en su escena final sus protagonistas terminan haciendo suya la letra de ‘Resistiré‘ del Dúo Dinámico.

 

Si las bibliotecas fueran una españolada de los 60 sería ¡Cómo está el servicio! (1968): porque el tono de voz de Gracita Morales es el ideal para romper el silencio sepulcral que algunos exigen siempre en las bibliotecas.

Si las bibliotecas fueran un compositor clásico serían Wagner: porque si a Woody Allen al escucharlo le daban ganas de invadir Polonia, los que frecuentan bibliotecas, siempre están con ganas de ‘invadir’ nuevos territorios.

Si las bibliotecas fueran una prenda de vestir serían una camisa blanca: porque es un básico que combina con todo, y también claro está, por lo de camisa blanca de mi esperanza.

Si las bibliotecas fueran un movimiento juvenil serían los zazous de los años 40 parisinos: porque mediante el jazz, la literatura o la ropa desafiaron a los fascistas a través de la cultura.

 

 

Hasta aquí (por ahora que sepamos) este repaso de algunas cosas a las que se pueden comparar las bibliotecas. Y como se notan demasiado, en algunos casos, los gustos de quien lo escribe, y las bibliotecas son de todos, ahora es el turno de quien quiera compartir con el hashtag #SiLasBibliotecasFueran: sus filias y fobias a cuenta de las bibliotecas. Si las bibliotecas fueran…

 

Bibliotecas para imbéciles

No ha sido habitual, desde que llevo este blog y las redes de Infobibliotecas, que recurra a la primera persona (solo hay otro post en que lo hice): pero para lo que voy a contar resulta importante que me salga de lo habitual.

Voy a hablar de cómics (al menos esa es mi intención al empezar, pero como bien sabe quien frecuente este blog: aquí se sabe como se empieza pero nunca como se termina). Desde hace ya bastante años soy el responsable de la Comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia. Y por eso precisamente no he dedicado nunca un post de Infobibliotecas a hablar de cómic. Ya los tengo muy presentes en mi día a día. Pero en esta ocasión la actualidad hace que resulte oportuno y hasta necesario.

 

Superman de icono yanqui a hijo de la URSS.

 

Esto va a sonar a autobombo (porque lo es) pero entre las muchas alegrías que me ha dado la Comicteca, una de las más satisfactorias, ha sido cuando ha trascendido las fronteras de nuestro país: y se han hecho eco de ella en latitudes muy lejanas.

La Comicteca de Cali puesta en marcha siguiendo las pautas que surgieron a raíz del Proyecto Comicteca que promovió el CERLALC allá por el 2009; la traducción al portugués de dichas pautas por parte del gobierno de Sao Paulo para distribuir en sus redes de bibliotecas, y así, ir creando comictecas en Brasil; o el reportaje que sobre la Comicteca BRMU que se publicó en la revista de la Feria del Cómic de Moscú.

 

Las pautas de la Comicteca BRMU adaptadas al portugués para las bibliotecas paulinas.

 

Pero en los últimos días, casi solapándose, llegan dos noticias de lo más inquietantes desde dos de esos países: que tan esperanzadores señales daban hace unos años en torno al cómic: Brasil y Rusia. Empecemos en la ciudad del Pan de Azúcar.

Spiderman y los movimientos por los derechos civiles en los años 60.

En la Bienal del Libro de Rio de Janeiro el alcalde de dicha ciudad (Marcelo Crivella, aliado de Bolsonaro, y sobrino del dueño de la Iglesia Universal del Reino de Dios) ha manifestado su enfado porque el Tribunal Supremo brasileño haya levantado la prohibición que recaía sobre un cómic de superhéroes de la Marvel, concretamente de Los Vengadores, en el que dos de sus protagonistas masculinos se besan apasionadamente.

Que los cómics de superhéroes siempre han sido sensibles a los movimientos sociales de cada momento es algo sabido. Combatieron a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial; se hicieron eco de los movimientos por los derechos civiles en los 60; y más recientemente, dejaron constancia de los efectos del 11-S en las tramas de sus alambicados arcos argumentales. Y ahora, afortunadamente, le toca el turno al feminismo y a la normalización de orientaciones sexuales y afectivas no heterosexuales.

 

El Capitán América dándole su merecido a Hitler.

 

Unos antecedentes que poco importaron a los inspectores municipales, que irrumpieron en la Bienal del Libro, en busca y captura de cómics en los que apareciera la más mínima insinuación sobre homosexualidad. Pero poco pudieron encontrar. Los aficionados avisados de la redada: compraron todos los ejemplares de Los Vengadores: la cruzada de los niños. Un título que, gracias al alcalde carioca, puede que se convierta en superventas y engrose las estadísticas de préstamo de muchas bibliotecas.

La nota de esperanza, aficionados aparte, vino precisamente de Sao Paulo: donde el periódico ‘Folha de S.Paulo’ publicó la imagen en cuestión ocupando toda su portada. ¿Tendrá algo que ver el ambiente más propicio al cómic de esas bibliotecas paulistas para las que se tradujeron las pautas de la Comicteca BRMU? (delirios de bibliotecario comiquero en modo ON).

 

Pero el alcalde de Rio de Janeiro no está solo: tiene de su parte nada menos que al Ministro de Cultura ruso. Vladimir Medinsky ha declarado que los lectores adultos de cómics son unos imbéciles. Y ha elegido bien el lugar y el momento: la 32ª Feria Internacional del Libro de Moscú. Según Medinsky a partir de los siete u ocho años si lees cómics eres imbécil: por lo que la Comicteca de adultos de la BRMU, según el político ruso, está repleta de imbéciles. Puede que sean para imbéciles, pero algún superpoder tendrán cuando han conseguido hermanar: a un comunista ruso con un ultraderechista brasileño.

Ana Voronkova, lingüista y gestora cultural moscovita que está detrás del Moscow Comics Festival KomMissia y del Finno-Ugric Comics (un interesantísimo proyecto de recuperación de lenguas a través de los cómics): lleva años agitando el mundillo comiquero ruso. Ha llevado autores españoles (y de otros países) para que participen en encuentros con los lectores moscovitas, publicó un reportaje sobre la Comicteca BRMU en la revista del Festival, y no ceja en su empeño por convertir al cómic en una opción cultural comparable a la de cualquier otro medio de creación.

 

Voronkova, en su cuenta de Facebook, publicaba unas fotos desde el Festival de Cómics de Helsinki como respuesta al ministro ruso que, ahondando en sus declaraciones: comparó leer cómics a comer chicle en vez de comida. Y puede que la pompa del chicle le explote en la cara. Los aficionados al cómic rusos han respondido masivamente al ministro, demostrando que la labor de activistas como Voronkova por incluir los cómics en la cultura rusa (incluidas las bibliotecas): está dando sus frutos.

Y gracias a Anna tenemos la versión gráfica de la visita del ministro a la Feria del Libro. Un ejemplo de la inmediatez y agilidad del cómic para captar la actualidad. Cuando dijo lo que dijo el ministro, lo último que podía imaginar: es que terminaría convertido en protagonista en uno de esos cómics que tanto desprecia.

 

1. ¿Dónde estoy? y ¿eso qué es? ¿cómics?- 2. ¡Qué vulgaridad! Es una vulgaridad espantosa 3. Ya les dije: los comics son para imbéciles 4. ¡El cine es otra cosa! No hace falta ni saber leer.

 

Reducir el rico discurso gráfico y narrativo del cómic a los de superhéroes (entre los que hay magníficos títulos): como probablemente ha hecho el ministro ruso, no demuestra más que ignorancia. Precisamente en un año en el que títulos como Lo que más me gustan son los monstruos de Emil Ferris (la gran revelación de 2018): se ha convertido en uno de los libros más premiados, elogiados y bendecidos por público y crítica. Eso o un rancio empecinamiento, heredado de la Guerra Fría, en negar cualquier signo cultural que se pueda asociar a la cultura occidental.

En los últimos años las bibliotecas han abrazado los cómics con mayor empeño que nunca. Si volvemos a la realidad que mejor conozco, la de la BRMU, las estadísticas de préstamos no mienten: hemos constatado un descenso considerable en préstamos de audiovisuales (que tiene su reverso en el incremento de préstamos en la plataforma eFilmMurcia); se mantiene, pero no al mismo ritmo, el de libros impresos (contrarrestado por el uso imparable de eBiblioMurcia): pero en lo que no ha decaído, al contrario, no para de incrementarse en lo que a documentos impresos se refiere: es en los cómics.

 

Y no solo las bibliotecas. Los centros docentes de primaria y secundaria, a través de su profesorado, cada vez, están más implicados en actividades y en incluir al cómic en sus programaciones. Lo más reciente, la publicación de ‘Memoria y viñetas: la memoria histórica en el aula a través del cómic‘ coordinado por el profesor de secundaria David F. de Arriba. Este libro se plantea como un manual práctico para explotar el enorme potencial de los cómics en el aula entre unos estudiantes absorbidos por la cultura frenética de la imagen digital, y alejados, de una experiencia lectora a un ritmo más acorde al afianzamiento de conocimientos.

Para ello, ofrece doce propuestas didácticas basadas en doce de los mejores cómics de los últimos años (títulos como El ala rota de Altarriba y Kim, Las guerras silenciosas de Jaime Martín, Los surcos del azar de Paco Roca, o Estamos todas bien de Ana Penyas): que faciliten el aprendizaje de la historia de España desde una didáctica mucho más atractiva para los adolescentes. Un libro interesante en centro educativos pero, por supuesto, también en bibliotecas a la hora de organizar actividades o exposiciones.

 

 

Pero nada de eso interesaría ni al alcalde de Rio de Janeiro ni al ministro ruso de cultura.

En los artículos que han dedicado diversos medios al filósofo y escritor canadiense Alain Deneault, con motivo del lanzamiento en castellano de su libro Mediocracia: cuando los mediocres toman el poder: hay continuas referencias a la clase política. La pregunta se repite una y otra vez: ¿son los políticos actuales peores que los de hace años? Una de las reflexiones apuntaba a que el nivel de la sociedad en su conjunto se ha elevado, y de ahí, que la medianía/mediocridad de los políticos se haga más evidente.

Un argumento en exceso amable para una sociedad la cual, al fin y al cabo, es la que aupa a esos políticos. Pero es cierto que el nivel cultural, o al menos formativo, de la sociedad en general es más elevado que durante, por ejemplo, el periodo de la Transición. Y a ese hecho han contribuido sin duda las redes de bibliotecas públicas.

 

La cruzada del psiquiatra Fredric Wertham contra los cómics convertida en cómic por Art Spiegelman: el primer autor de cómics en ganar un Pulitzer por ‘Maus’.

 

Si Fredric Wertham, el psiquiatra que en los 40 estadounidenses provocó quemas públicas de cómics por asociarlos con la depravación de la juventud, levantase la cabeza: no sabemos cómo se sentiría al coincidir con un ministro ruso. Lo que seguro lo dejaría estupefacto sería ver como, las otrora respetables bibliotecas, se han abierto a los cómics y apuestan decididas por ellos.

Wertham tildaba de delincuentes en potencia a los que leían cómics; y el político ruso, más acorde al nivel de los tiempos: nos llama imbéciles. Pero un insulto, dependiendo de quien venga, se convierte en halago. Por eso promovamos bibliotecas para imbéciles, bibliotecas abiertas a todas las manifestaciones culturales dejando cánones obsoletos por el camino. Y atraigamos, cada vez, a más y más ciudadanos. Hasta que seamos tantos y tantos los imbéciles: que nuestros votos terminen eligiendo a políticos que, de verdad, estén a la altura de la sociedad a la que sirven.

 

Emergencia climática en bibliotecas

 

La estrella de la música en auge, la jovencísima Billie Eilish, se ha transformado en un ángel caído en su último vídeo para denunciar el cambio climático. El plazo para revertir los desastres medioambientales según los científicos se agota. No es de extrañar por eso que una estrella emergente como Ellish aborde uno de los asuntos que más movilizan a los jóvenes. El encapotado panorama laboral, medioambiental y social que se les dibuja en el horizonte incrementa los tintes apocalípticos a cada nueva previsión meteorológica.

De ahí que el próximo 20 de septiembre se haya convocado la huelga global por el clima. En nuestro país figuras como Rosa Montero, Manuel Rivas, Elvira Lindo, Fernando Aramburu, Marta Sanz, y así hasta cerca de cien escritores: han firmado un manifiesto apoyando dicha huelga. Pero ¿y las bibliotecas?

¿Cómo puede colaborar de verdad las bibliotecas en la lucha contra el cambio climático más allá de: centros de interés, eliminando bolsas de plástico, adaptando espacios e infraestructuras a los requisitos de una buen gestión medioambiental? Pues con algo que siempre es una alegría para el gremio: aumentando las estadísticas de préstamo.

Y para ello, nada mejor que las ya conocidas: Bibliotecas de las cosas.

Este movimiento tiene un largo recorrido. En el 2015 lo que hizo que ganase mayor relevancia en el mundo bibliotecario fue la noticia de la Library of Things (LoT) que puso en marcha la biblioteca de Sacramento.

Raquetas para la nieve, cañas de pescar, telescopios, moldes para pasteles, discos voladores, pelotas, muñecas, ukeleles, etc… Un largo muestrario de objetos que las bibliotecas iban añadiendo a su oferta y que prestaban aparte de libros, discos, películas y demás material propio de bibliotecas.

En nuestro país han sido fundaciones como Los Traperos de Emaus las que se han lanzado recientemente a poner en práctica la idea.

En Guipúzcoa, el pasado mes de marzo, nacía #gauzaTEKA: adaptando la idea que tanto predicamento ha obtenido en Canadá, Reino Unido o Alemania; y que ha hecho que ya se contabilicen más de 400 Bibliotecas de las cosas por el mundo. Pero sin salir del País Vasco, en Bilbao, también existe la Aloklub: una Biblioteca de las cosas puesta en marcha por el brasileño Rodolfo Pereira, al que los medios, ya denominan el bibliotecario de las cosas.

¿Un caso más de apropiacionismo del concepto biblioteca de los que hablábamos en Creative Commons bibliotecarios? El caso es que siendo como es un movimiento que tiene tanto predicamento en bibliotecas públicas foráneas, parece que por el momento, está costando que se implante en nuestras bibliotecas.

 

En una biblioteca pública de Viena acaban de iniciar  «Cosas de Viena». Una biblioteca de las cosas que recurre a un simple casillero transparente para poder ofrecer los utensilios susceptibles de préstamo a domicilio durante 15 días prorrogables.

 

Salvo error por nuestra parte (del que estaremos encantados que alguien nos saque) en ninguna biblioteca pública de nuestro país se ha puesto en marcha. Y precisamente por ello resulta muy pertinente la entrevista que en la web de Shareable publicaban con el responsable de MyTurn: Gene Homicki.

MyTurn es una plataforma que promueve la economía colaborativa: y cuya experiencia con las Libraries of Things y las bibliotecas públicas tiene un amplio recorrido.

 

 

Shareable es una institución sin ánimo de lucro involucrada en promover la cultura del intercambio como una manera de contrarrestar los efectos nocivos de un sistema capitalista basado en el consumo compulsivo y la explotación salvaje de nuestro planeta. Gracias a la entrevista con Gene Homicki podemos tomarle el pulso a cómo va el movimiento Library of Things, y sobre todo, repensar lo idóneo de que alguna biblioteca pública se atreviese a dar el paso.

Entre las cosas a destacar de la entrevista:

  • el movimiento comenzó como bibliotecas de herramientas y lo hizo en una biblioteca de verdad: en la Biblioteca Pública de Grosse Point, Michigan, en 1943;
  • en los años 2008-2009 dos hechos sirvieron para que el movimiento Library of Things cogiera un nuevo impulso que sigue ganando fuerza en nuestros días: por un lado, la terrible crisis financiera que dejó a millones de personas sin trabajo; y por otro: el desarrollo de tecnologías que facilitaban los procesos que requieren las LoTs;
  • en un principio se trataba de hacer que los ciudadanos, y las instituciones, rescatasen aquellos objetos, utensilios y recursos que cogían polvo en sus garajes, trasteros y almacenes y se les diera una segunda oportunidad gracias a las LoTs. Pero en el proceso se encontraron con un añadido: las bibliotecas de las cosas sirven para construir comunidad;
  • las LoTs cuentan con la ventaja de que la mayoría de personas están familiarizadas con las bibliotecas y las tiendas de alquiler: por eso la idea de las LoTs es fácilmente asumible por el público en general.

Argumentos para sopesar la viabilidad de poner algo así en marcha en una biblioteca pública. El próximo día 20, miles de jóvenes de todo el mundo, saldrán a la calle exigiendo medidas efectivas ante la emergencia de pura supervivencia que se nos plantea: y las bibliotecas públicas no pueden dejar de estar presentes de un modo u otro en esta lucha.

En la película The public de Emilio Estévez (tal vez la película, sin fecha de estreno en España, de la que más hemos hablado en el mundillo bibliotecario): un grupo de personas sin hogar se niegan a abandonar la biblioteca ante la falta de plazas en los albergues de la ciudad para protegerse de una ola de frío.

 

Las bibliotecas como refugio ante las condiciones climáticas adversas. Un servicio que no aparece en las cartas de servicio de las bibliotecas pero que es más real que muchas de las promesas que ellas aparecen. Pero ninguna biblioteca, por acogedora que sea, podrá protegernos si los peores presagios de los expertos sobre el cambio climático se hacen realidad.

Tomarse estas cosas con humor se hace difícil: pero no por ello menos necesario. Es lo que ha hecho el reputado director de documentales Errol Morris, que en lugar de hacer uno de sus trabajos concienciando sobre el asunto: ha preferido rodar cortos de 30 segundos que se pueden ver en Youtube. Protagonizados por el actor y comediante Bob Odenkirk como el Almirante Horatio Horntower. Un humor negro y necesario. Y es que como dice el propio director:

«la lógica rara vez convence a alguien de algo. El cambio climático se ha convertido en otro vehículo para la polarización política. Si Al Gore dijera que la Tierra era redonda, habría oposición política insistiendo en que es plana. Todo es tan absurdo, tan despreciable.»

 

Bibliotecarias fuera de contexto

 

Sacar algo de contexto, en principio, está muy feo. Salvo que sea en un experimento científico en el que se aísla un componente para poder estudiarlo mejor. Pero en la actualidad salirse de contexto se convierte en imperativo, en cuestión de supervivencia: si de evolucionar se trata. Todos estamos en una probeta. Incluidas las bibliotecas. El eje sobre el que gravitaban bibliotecas y bibliotecarios se ha desplazado (aunque queden muchos aún sin enterarse) y está por ver en qué terminan reconvirtiéndose tanto las unas como los otros.

 

La bibliotecaria e investigadora aficionada Rebekah Heath (Foto de  Jessica Rinaldi/The Boston Globe via Getty Images)

 

La bibliotecaria estadounidense Rebekah Heath saltó a los medios recientemente gracias a que, con sus pesquisas de investigadora aficionada, había conseguido resolver un caso de asesinato. A Rebekah le pagan por cumplir con sus funciones como bibliotecaria, pero su gran afición por las novelas de Agatha Christie, le llevó a obsesionarse con el asesinato de una mujer y sus tres hijas, cuyos cadáveres, la policía no había conseguido identificar.

La intrépida bibliotecaria, cual Miss Marple treintañera, se aplicó en búsquedas genealógicas, sitios webs de personas desaparecidas y grupos de Facebook especializados: en los que ir rastreando la pista de esta mujer y sus tres hijas. Finalmente, gracias a las pistas recopiladas: el Departamento del Sheriff del Condado de San Bernardino, pudo dar con la pista del padre de las niñas, que resultó ser un vagabundo con antecedentes por asesinar a su anterior pareja. El sospechoso cumplía condena cuando, en 2010, falleció. Una vez resuelto el misterio, la persistente bibliotecaria, se ha propuesto identificar a la tercera de las víctimas, cuyo nombre, no consta en ningún registro.

 

Han habido muchas Miss Marple en películas o series de televisión pero nuestra favorita siempre será la estupenda actriz inglesa Margaret Rutherford.

 

El ensayo que todo aquel que querría convertir su afición en su trabajo debería leer antes de tomar esa decisión.

Convertir una afición en profesión es lo mejor (¿?) que le puede pasar a cualquiera. Y si bien entre las profesiones soñadas por los niños nunca suele aparecer la de bibliotecario; si exceptuamos la de actor: trabajar de bibliotecario es la que deja más opciones para desarrollarse en los más diversos ámbitos. Somos cansinos, sí, pero ya lo decía nuestro eslogan: ‘quien habla de bibliotecas termina hablando de todo’. Y si lo reformulamos pensando en la profesión bibliotecaria podríamos decir que: ‘quien trabaja en bibliotecas podría (en un mundo ideal) terminar trabajando en cualquier ámbito‘. Tal es la cualidad camaleónica que atesora la profesión.

Un argumento para dar peso a esta idea es el hecho de que existan bibliotecas especializadas en todas las materias, sectores y asuntos imaginables. Pero al igual que las escuelas abortan muchas vocaciones prematuras en los niños, las condiciones laborales en la mayoría de los casos: truncan posibles desarrollos personales y profesionales.

La auténtica industria montada alrededor de la nostalgia en torno a la EGB ha dado lugar hasta a giras musicales.

Pero siempre hay gente a contracorriente, como Rebekah y su amor por la criminología, o la activista bibliotecaria Marion Stokes y su afición compulsiva por grabar vídeos de programas de la televisión.

No somos asiduos a esa industria de la nostalgia que tan pingues beneficios da en formato libros, discos, DVD o conciertos del tipo ‘Yo fui a la EGB’. Pero seguro que entre los hábitos rescatados del pasado para cualquiera que viviese su adolescencia/juventud en la era predigital: están las cintas de casete y VHS en las que grabar (y obsequiar a amigos y posibles conquistas amorosas) selecciones musicales dedicadas o los cotizados vídeos de la MTV.

 

 

Las motivaciones de Marion Stokes distaban de las que movían a tantos adolescentes siempre con el botón del REC listo para grabar la última de Radio Futura, Michael Jackson o Mecano. En la web Atlas Obscura dedican un artículo al documental recién estrenado sobre el enorme esfuerzo que Stokes llevó a cabo durante años acumulando grabaciones de miles de horas de programación televisiva.

Si en los años 70 la televisión era blanco fácil para el desprecio de intelectuales y cultivados, Marion no se dejó amilanar por ese desprecio. Con un empeño muy propio de alguien acostumbrado al puntillismo que se asocia a la profesión bibliotecaria, la señora Stokes, acumuló tres décadas de críticas realizadas a la televisión desde la propia televisión. Salvando barreras generacionales, culturales y continentales: Marion Stokes, al igual que nuestra María Moliner redactaba meticulosamente las fichas con las entradas para su diccionario: convirtió en la obra de su vida su afición/obsesión por grabar noticias emitidas por televisión.

Marion Stokes como tertuliana en un programa de televisión en los años 70.

 

Podría parecer un nuevo ejercicio de nostalgia pero se trata de un poemario. Pero nos viene muy bien para ilustrar una moda que vuelve: los casetes.

El valor sociológico, cultural y periodístico de este gran archivo audiovisual gana aún más fuerza en plena era de las fake news. No es de extrañar que muchas de estas grabaciones se estén digitalizando para pasar a formar parte del enorme acervo de la biblioteca digital Internet Archive. El empeño de la multidisciplinar bibliotecaria afroamericana que, en la convulsa década de los 60, inició su andadura como activista por los derechos civiles, feminista, productora de televisión y, ya en los 70, coleccionista audiovisual: es quizás uno de los ejemplos más extremos de lo polifacético que resulta el perfil de un profesional de la información.

La inquisitiva Rebekah Heath o la protéica Marion Stokes son dos historias que hablan de ese potencial de la profesión bibliotecaria. Perdón, de gestor cultural, que es como gusta redefinir ahora a los profesionales en los nuevos másteres y planes de estudio que van tomando el relevo a las avejentadas Biblioteconomía y Documentación. Confiemos en que esos gestores culturales que surjan al mundo laboral lo hagan con capacidad para salirse de contexto cada vez que sea necesario. Y para ello dotarles de una visión de la cultura sin prejuicios e discursos acotados se hace imprescindible.

 

Y ya que hemos hablado de los 70, la industria de la nostalgia, y salirse de contexto: ¿qué mejor que el último vídeo de Lana del Rey? La lynchiana cantante (por David Lynch) ha convertido en un ejercicio de estilo su anacronismo estético y musical siempre deudor de décadas pasadas. Pero es que en el primer vídeo de presentación de su último disco ‘Norman Fucking Rockwell’: se sale de la pantalla cual personaje de la (también nostálgica) ‘La rosa púrpura de El Cairo’ (1985): y canta al verano que poco a poco (confiemos) vamos a ir dejando atrás.

Ni gigantes como Lana, ni pigmeos como los espectadores del autocine: simplemente bibliotecarios fuera de contexto buscando reubicarse en un mundo vertiginoso.

 

Campamento de verano para amos del mundo (y un bibliotecario)

 

Unir política y religión no es buena idea. Pero visto el panorama político de nuestro país no sería tan mala idea copiar, en parte, los cónclaves cardenalicios para elegir nuevo papa. Si la política se ha convertido en un reality más, el que los encierren bajo llave, sería un buen estímulo para conseguir que se centrasen en el bien común. Y ya puestos, y recordando nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario, que sea en la Biblioteca Nacional en vez de en el Congreso. Con siglos de cultura y civilización alrededor igual se tomaban más a pecho lo de estar a la altura de las circunstancias. Pero fuera en el Congreso, o en la BNE, el aire de estar haciendo un teatro no creemos que se mitigara.

 

El supuestamente selecto campamento de verano para poderosos Bohemian Grove. Aunque viendo la foto no pareciera tan exclusivo.

 

Un teatro, el de la política, que en los últimos años, series como Borgen o House of cards han reflejado de forma apasionante en muchos casos. En esta última, Kevin Spacey, recientemente absuelto de los cargos por abusos sexuales y comportamiento indebido, encarnó magníficamente a un maquiavélico presidente de los Estados Unidos. Y precisamente una de las teorías que corren a cuenta de su caída en desgracia lo achaca a que, en dicha serie, de la que era productor: se habló del secretísimo Bohemian Grove (¿nos la estaremos jugando en este blog?).

 

Kevin Spacey como presidente de los Estados Unidos en House of cards formando parte de los rituales del Bohemian Grove.

 

El Bohemian Grove es un club exclusivamente masculino (‘un bonito campo de nabos’ que diría Leticia Dolera): ubicado en lo más profundo de un bosque de California, que celebra acampadas de verano cada mes de julio. En dicho campamento se reunirían desde presidentes de gobierno a empresarios y políticos para, se supone, simplemente disfrutan del aire libre, la música y el teatro. Los negocios, según reza su lema, quedan fuera del campamento.

 

Foto de Ronald Reagan y Richard Nixon en el Bohemian Grove.

 

El secretismo, como en el caso del grupo Bildenberg, es absoluto. Pero sí se sabe que el último bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos (antes de que por primera vez en la historia una mujer, Carla D. Hayden, ocupase el puesto): formó parte del Bohemian Grove.

¿Un bibliotecario en los círculos del poder? Eso solo podía pasar en los Estados Unidos. ¿O tal vez, a pequeña escala, también se da en el mundo bibliotecario español? No seremos nosotros quienes hagamos saltar esa liebre. El caso es que James H. Billington, que falleció hace solo unos meses: consiguió congregar durante el tiempo en que ejerció como bibliotecario del Congreso a un exquisito círculo de influencers de verdad, no de los que posturean en el Instagram: el James Madison Council.

 

 

Boletín de la primavera 2019 del influyente (y rico) James Madison Council.

Compuesto por empresarios y relevantes figuras de la política o las artes, sus donaciones a la Biblioteca de 25.000 dólares al año: les daban acceso a cenas privadas en el edificio Thomas Jefferson de la biblioteca y accesos exclusivos a la biblioteca y sus colecciones. Eventos, viajes, alojamientos en hoteles de lujo, encuentros con artistas o políticos de todo el mundo: un tren de vida laboral que cuesta trabajo asociar a la categoría profesional de  bibliotecario. Y que en los tiempos finales de su mandato fue fuertemente cuestionado por otros bibliotecarios y algunos medios.

El hecho de que el bibliotecario creador de tan selecto club, Billington, fuera designado en los años 90 por el entonces presidente, Ronald Reagan, y la actual bibliotecaria del Congreso, Carla D. Hayden, lo fuera en 2016 por Obama: hizo pensar que el James Madison Council podría ser cuestionado y desaparecer. Pero nada más lejos de la realidad. La exclusiva sociedad filantrópica sigue activa y funcionando bajo el mandato de Hayden. Lo que no nos consta es que, en el Bohemia Grove, se hayan saltado su norma de excluir a mujeres y Hayden forme parte de sus acampadas.

 

Frase extraída de las grabaciones realizadas a Nixon: «Bohemian Grove, a donde asisto de vez en cuando, es la cosa más jodidamente desquiciada que puedas nunca imaginar.»

 

Pero salvando casos tan excepcionales en el gremio bibliotecario como el de ser bibliotecario de la Library of Congress: ¿qué poder de decisión/influencia tienen los bibliotecarios en las decisiones que se toman en torno a la cultura? Como en todo dependerá de cada caso y circunstancia: pero precisamente hace unos días nos hacíamos eco, en nuestra cuenta de Facebook, de que la Federación del Gremio de Editores quiere convertir a España en una potencia lectora. Y para ello abogan por un Pacto de Estado por la lectura.

 

Avance del análisis del mercado editorial que publicó hace unos días la Federación de Gremios de Editores de España. El texto completo aquí.

 

Una muy buena noticia. Pero como muy oportunamente se pregunta en un comentario Glòria Pérez-Salmerón: ¿y dónde quedan las bibliotecas en este pacto? Y lo dice la actual presidenta del organismo más importante de bibliotecas a nivel mundial. Confiamos en que, aunque no sea en nuestro Facebook, la pregunta al aire de Pérez-Salmerón no quede sin respuesta.

Los bibliotecarios, cuando se lo proponen y se asocian, pueden hacer presión como cualquier otro grupo social. A finales de junio tuvo lugar la conferencia anual de la American Libraries Association, y algunas de las medidas adoptadas, han desconcertado profundamente al portal de ideología conservadora Ricochet. Nostálgico del estereotipo bibliotecario más rancio ha publicado un artículo donde se pregunta: ¿Cuándo se han despertado los bibliotecarios?

 

Y no es para menos, desde su perspectiva, porque entre las medidas adoptadas por los bibliotecarios estadounidenses se encuentran cuestiones tan incómodas para un partidario de Trump como:

  • sesiones bajo el título «Confrontando el nacionalismo blanco en bibliotecas»: que abordaban medidas para combatir el supremacismo blanco en las bibliotecas y conseguir hacerlas más inclusivas y democráticas;

  • se habló del Proyecto de la Biblioteca de los Nuevos Americanos: una serie de programas y servicios bibliotecarios para apoyar a las poblaciones migrantes y de refugiados;

  • programas como «Alimentos para el pensamiento» para combatir la malnutrición de los más desfavorecidos y que, en algunos casos, incluyen meriendas para niños en las bibliotecas;

  • programas bajo el título «Letras como literatura: uso del hip-hop para amplificar la voz de los estudiantes y la justicia social»;

  • las protestas por la hora del cuento llevada a cabo por una drag queen fueron objeto de debate. Se habló de las posibles medidas a adoptar para que la diversidad sexual y afectiva esté presente en las bibliotecas.

 

Con este muestrario no es de extrañar que el citado medio conservador exprese su añoranza por las bibliotecarias de cárdigan y rodete. Pero ¿y los profesionales de bibliotecas españolas? ¿están despiertos? Una pregunta que dejamos en el aire para que cada uno responda según su experiencia.

Pero volviendo, para terminar, a ese bosque californiano en el que se reúnen los más poderosos cual Boy Scouts. Según relatan los que se han conseguido infiltrar: se practican rituales, se representan obras de teatro travestidos, como en el teatro shakesperiano (¿no será un Brokeback Mountain de poderosos?): y se refuerzan unos a otros como amos del mundo. Pero ¿esto se lo puede tomar alguien en serio? ¿realmente actúan así los amos del mundo?

 

Representación teatral en el Bohemia Grove por los años 30 del pasado siglo.

 

Visto el panorama más que estar tan pendientes de políticos y poderosos: las bibliotecas hacen mejor en promover esa sociedad civil que demuestra, la mayoría de las veces, mejor criterio que los responsables políticos que, por otra parte, termina eligiendo.

Nosotros por nuestra parte ya hemos elegido. Vamos a buscar algún bosque en el que perdernos. Pero sin campamentos secretos que nos hagan sentirnos importantes. Con un plano para no extraviarnos, y buenas lecturas, nos basta y nos sobra para sentirnos poderosos. ¡¡FELIZ VERANO CULTURAL!!

 

Pausa publicitaria para bibliotecas

Este post es como hacer zapeo sin aparente rumbo decidido. Veremos estatuas con bufanda, librerías flotantes y desfiles de moda. Pero recaigamos en el canal que sea, lo seguro, es que van a estar emitiendo anuncios y que se hablará de bibliotecas.

 

Campaña publicitaria chilena anunciando el préstamo de ebooks en bibliotecas de Chile.

 

Desde hace décadas la historia de la publicidad es una de las crónicas más fiables de nuestra contemporaneidad. El Festival Internacional de Creatividad de Cannes es el mejor lugar para tomar el pulso a la publicidad y a lo último en marketing.

Pero ¿no es algo redundante lo de creatividad publicitaria? ¿existe otro tipo de creatividad en nuestros días? Todo, nosotros incluidos, no somos más que marcas (personales o institucionales) y las ideas que tenemos, la creatividad que ponemos en juego, están al servicio de publicitarnos. Unas veces para que nos contraten o mejoren profesionalmente; otras veces, simplemente (en el caso de las cuentas personales en redes sociales) para acumular likes y así, supuestamente, ganar la estima de nuestro entorno más cercano.

 

 

Salvo que pertenezcas a una tribu perdida en la jungla: estás en el ajo. E incluso en el caso de la tribu, siempre puede llegar un misionero plasta, y te conviertes en noticia en medios que ni sabes que existen. Todos estamos en el mercado, todos nos publicitamos, de un modo u otro.

Libro de George Lois, gurú de la publicidad, en el que habla de cómo liberar el potencial creativo.

Pero centrémonos en las tendencias que rigen la publicidad en la actualidad. Hace tiempo que un concepto se viene aplicando a casi todo cuando se habla de marketing: lo experiencial. Hay que ser experiencial, hay que promover experiencias. Hay que ofrecer sucedáneos de vida a falta de que la gente tenga vidas propias. Allanar el camino para que la Inteligencia Artificial nos enchufe definitivamente a Matrix.

Bueno esto último es una interpretación tendenciosa y maniquea por nuestra parte. Mejor aparcamos la pose escéptica por un momento y, puesto que hablamos de experiencias: experimentamos la capacidad de interpretar las tendencias a nuestra manera. Es decir, desde un punto de vista bibliotecario.

Creatividad, autenticidad y valores. Estos son los tres puntos en los que resume la web MD, marketingdirecto.com, los pilares del marketing experiencial. Y de los tres deberían andar sobradas las bibliotecas. El artículo recoge tres consejos del director creativo de Pop in Group (agencia de publicidad madrileña multipremiada), Salvador Albacar, para triunfar en el marketing experiencial:

 

SER CREATIVO VENDE

 

Totalmente de acuerdo. Y las bibliotecas dan variadas muestras de creatividad. Pero son tantas y numerosas que nos vamos a quedar con dos.

1000 días contabilizaba el ‘secuestro’ del libro ‘Gente tóxica’ de la biblioteca de Ripollet. Usuarios tóxicos de bibliotecas. 

La más reciente y cercana ha sido la campaña de la biblioteca de Ripollet (Barcelona) sobre libros secuestrados. Exponer las portadas de algunas de las obras desaparecidas en combate (es decir: no devueltas) con el número de días que hace que se las llevaron.

Una manera de recordar que los documentos de las bibliotecas son de todos; y que no devolverlos: se podría considerar abiertamente un secuestro.

La idea es simpática, impactante y creativa. Pero hay una realidad detrás que no se aborda lo suficiente. Si cometes cualquier infracción o impago: la Administración, o las empresas, actúan en consecuencia y se ponen en marcha los procedimientos punitivos que procedan (multa, requerimientos judiciales, inclusión en la lista de morosos, etc…)

 

 

En cambio, si se retiene ilegalmente un bien común como son los documentos de bibliotecas: ¿por qué las administraciones de las cuáles dependen no se toman más en serio actuar contra los morosos cuando se constata que existe un ánimo manifiesto de dolo? No en casos de despiste, pérdida por accidente o demás circunstancias de las cuales, los siempre comprensivos bibliotecarios, se pueden llegar a hacer cargo. Es en aquellos casos en que los que el desprecio por el bien público se hace evidente.

Tejer es el nuevo yoga: cartel para publicitar el club de hacer punto de la biblioteca irlandesa de Nenagh.

Un bonito tema para el debate. Pero volviendo a la creatividad. En la biblioteca del condado estadounidense de Anderson se protegieron diferentes estatuas de la ciudad con bufandas y sombreros confeccionadas por las integrantes de The Black Sheep Knitters (Las ovejas negras tejedoras). Un grupo femenino que se reúne en la biblioteca del condado para tejer y leer.

Quien necesitase una bufanda no tenía más que cogérsela prestada a alguna de las egregias personalidades que han merecido una estatua en su honor. Una manera de convertir la afición de estas jubiladas en un acto de solidaridad y reivindicación de la historia local.

 

TENER VALORES VENDE

 

Tal vez sea este punto el más arriesgado. Demostrar un compromiso, unos valores con los que nuestro público (seas marca o biblioteca) pueda identificarse. Pero ¿qué valores? Las marcas publicitarias pisan cautelosas para no romper el hielo y hundirse en el lago gélido de los linchamientos digitales. En el mercado de valores, y no hablamos de los bursátiles, hay ciertas ideas progresistas que, más o menos, están asumidas por la mayoría de la opinión pública. Pero la polarización extrema de los discursos obliga a que, en determinados momentos, haya que elegir.

 

En 2017 la modelo Kendall Jenner protagonizó una campaña para Pepsi en la que se sumaba a una revuelta cívica y repartía refrescos entre los antidisturbios. La reacción por frivolizar con reivindicaciones sociales fue tan fuerte que terminaron retirando la campaña.

 

Las bibliotecas públicas atienden a todo tipo de público sin discriminaciones de ningún tipo. Para otra ocasión queda pendiente hacer un repaso a aquellos valores que, sin duda, deben defenderse desde una biblioteca publica; y por otro, aquellos otros valores que probablemente solivianten a colectivos e ideologías no tan comprometidas con el progreso pero que tienen respaldo social (y lo más triste) electoral.

Por eso en este punto elegimos dos ejemplos de difusión de valores partiendo de dos noticias que hablan de bibliotecas sin que, en ninguna de las dos crónicas, se trate de bibliotecas propiamente dichas.

 

El barco Logos Hope que se publicita como la mayor librería flotante del mundo.

 

El barco Logos Hope es descrito machaconamente en los medios como la biblioteca flotante más grande del mundo. Pero es falso. No se trata de una biblioteca, en realidad, es una librería. El barco, cual transatlántico librario, surca los océanos atracando en puertos de países de África, Asia y Europa para promover la lectura, organizando actividades, donando fondos a orfanatos e implicándose en proyectos de construcción de centros comunitarios. Eso sí, no nos consta que tengan entre sus escalas Sentinel del Norte: cuyos habitantes quiso evangelizar el misionero plasta que citábamos antes.

Que en su reciente parada en Buenos Aires, haya despertado una reacción en contra por parte de los libreros de la ciudad, se podría entender como una queja por la competencia que supone un barco con más de 5000 libros. Pero lo interesante está en los matices. El Logos Hope es un barco que pertenece a la organización caritativa cristiana alemana GBA Ships. Lo que los libreros bonaerenses denuncian, competencia desleal aparte, es la labor de evangelización que el barco ejerce a través de sus fondos y actividades.

El transatlántico librero más que fomentar la lectura y la cultura lo que persigue es extender el mensaje religioso de su organización. Sin duda, un ejemplo exitoso de saber venderse a través de los valores. Cuestión aparte es si estos valores coinciden o no con los nuestros.

 

La bibliotecaria espontánea Yashoda Shenoy en la biblioteca pública que ha conseguido crear en su casa.

 

Y de Buenos Aires viajamos a la India. Es allí donde la niña de 12 años, Yashoda Shenoy, ha llegado a crear una biblioteca de casi 3500 libros gracias a donaciones. Shenoy tomó conciencia del impedimento que suponía, para los niños más desfavorecidos: el sistema de penalizaciones por retraso en las devoluciones en bibliotecas (que se saldan con dinero); y el hecho de que se cobre una cuota para ser usuario.

Con el apoyo de sus padres y hermanos, Shenoy, se ha convertido en bibliotecaria por convicción. Los libros que ha ido consiguiendo los han ordenado en una parte del domicilio paterno que ha terminado reconvertido en biblioteca pública. En este caso está claro que los valores de Shenoy venden. Venden una idea de las bibliotecas como instrumentos de progreso que ninguna elaborada campaña de marketing podría superar.

 

SER AUTÉNTICO VENDE

 

La autenticidad es quizás la cuestión más peliaguda. Si eres una marca comercial que busca vender, no de manera altruista como las bibliotecas, sino obteniendo ganancias contantes y sonantes: ¿cómo convences de tu autenticidad? Fijándote en las bibliotecas.

En el punto de la autenticidad las bibliotecas no tienen que esforzarse lo más mínimo para convencer. Son más bien las marcas las que se fijan, cuando son inteligentes, en instituciones capaces de congregar una imagen social tan positiva, pese a su modestia publicitaria, como son las bibliotecas.

Ha sido el caso de la presentación de la última colección otoño-invierno 2019-2020 de la mítica casa de modas Chanel. Se trata de la primera colección que se lanza tras la desaparición del que era su diseñador estrella: Karl Lagerfeld. Y para convencer de que respetan su espíritu han recurrido a una de las aficiones del carismático diseñador: su bibliofilia.

“Los libros son una droga de tapa dura sin peligro de sobredosis. Soy víctima feliz de los libros”.

Es conocido el amor que sentía por los libros Lagerfeld. Ávido lector de Spinoza, Bossuet, Rabelais, Emily Dickinson o Clarisse Lispector. Él dijo aquello de «drogas de tapa dura» para referirse a los libros.

De ahí que la casa de modas a la que dedicó sus mejores años de creador haya ambientado su último desfile en una recreación de la bella biblioteca Stadsbiblioteket de Estocolmo. Un estupendo cierre para este recorrido por las conexiones entre estrategias bibliotecarias y estrategias publicitarias.

Las bibliotecas como escenarios de autenticidad incluso cuando ejercen de decorado, las bibliotecas como espacios de verdad que aportan discurso a lo efímero. Si las marcas quieren de verdad aportar creatividad, valores y autenticidad: harían bien en buscar alianzas con las bibliotecas en lugar de estereotiparlas. Las alianzas con la cultura siempre aportan buena imagen.

 

Bibliotecas de altos vuelos

Biblioteca del jet privado diseñado por el estudio inglés Winch Design. ¿Serán libros huecos o libros de verdad?

 

En los 70 no existía Internet, ni por lo tanto, redes sociales, móviles y demás golosinas digitales. El cine y la televisión seguían conservando todo su poder adormidera. En Hollywood, la edad dorada de los estudios ya había acabado, y en el pequeño margen que se dio entre el cine de autor (Coppola, Scorsese, Cimino…) y el cine espectáculo que terminaría ganando la partida (Georges Lucas, Spielberg: ): tuvo como bisagra al género catastrofista.

Inauguró el filón la película Aeropuerto (1970). Un plantel de estrellas del Hollywood dorado (Burt Lancaster, Dean Martin, Jean Seberg…) pasándolas canutas en catástrofes aéreas cada vez más aparatosas. Básicamente lo que se hace ahora con las estrellas en decadencia en los realities televisivos. El caso es que poniéndonos apocalíptico-conspiranoicos, algo que tanto nos gusta, la saga de desastres aéreos fue un magnífico instrumento de control social. Viendo como los pudientes, que podían permitirse viajar en avión, vivían el horror de un desastre aéreo: el miedo a volar entre las masas, hundidas por la crisis del petróleo, actuaba de estupendo elemento disuasorio.

 

Lo mejor del género de catástrofes aéreas de los 70: cuando llegaron las parodias con ‘Aterriza como puedas’.

 

El auge de un determinado cine de género siempre tiene su correlato con la situación social. El ensayo de Ramonet no habla de cine, pero sí, del escenario propicio para el catastrofismo de ficción.

Tras los revolucionarios 60, un poco de miedo que cortase las alas, no venía nada mal. Pero ¿aún seguimos creyendo que las ficciones ejercen algún efecto sobre la realidad?

Estar despiertos en la era de los espejismos digitales se hace difícil. Pero si hay un lugar en el que todos procuramos evadirnos (por miedo o simple aburrimiento) es en los aviones.

Por eso la noticia de que la compañía de vuelos de bajo coste EasyJet ha provisto de bibliotecas a sus aparatos para disfrute de su clientela: es de esas noticias que no podíamos dejar de comentar.

La «Flybrary», creada en colaboración con la editorial HarperCollins, ofrece desde el 15 de julio: 60.000 textos para niños y adolescentes de 3 a 11 años en siete idiomas.

Un medio de transporte de pasajeros, sobre todo si el trayecto es de varias horas, es uno de los momentos/espacios en los que la estrofa de Serrat: «niño, deja ya de joder con la pelota». Un asunto, que tiempo de ofendidos por doquier, también tiene su debate ad hoc según recogía un artículo de ‘eldiario’ con este titular: Un hilo en Twiter aviva el debate sobre el ruido infantil: ¿irresponsabilidad de las familias o sociedad para adultos? Los bibliotecarios, sobre todo los que trabajan en las secciones infantiles y/o juveniles, tendrían mucho que decir al respecto. Pero, siendo como son expertos en la materia, nadie suele invitarlos en estos debates.

Lógicamente la compañía aérea publicita a la Flylibrary recurriendo a lo obvio: hay que dejar volar la imaginación de los niños. Pero en la web de viajes italiana SiViaggia dan la noticia diciendo a las claras lo que más de uno piensa orillando cualquier poesía: «no más niños gritando a bordo.»

Mientras tanto, en la ciudad boliviana de Cochabamba, se ha concedido el premio de ‘Biblioteca del año’ al Biblioavión. Situado en una céntrica plaza de la ciudad, un avión que operó durante la Segunda Guerra Mundial, se reconvirtió en una biblioteca infantil hace ahora 17 años. Con este premio el Colegio de Profesionales en Ciencias de la Información de Bolivia (Cpcib) reconoce la labor desarrollada en este atípico espacio bibliotecario en el que se imparten talleres, clubes de lectura y numerosas actividades dirigidas a los menores de edad. Una iniciativa, la de convertir viejos aviones en bibliotecas, que también se anunció en la ciudad mexicana de San Blas, en el estado de Nayarit, hace unos años. Pero, que en este caso, nunca llegó a despegar.

 

El también biblioavión mexicano Gervasio, en la isla de Cozumel, que sí ha llegado a funcionar.

El alcalde que lo promovió terminó su mandato entre acusaciones por robo, extorsión y torturas, y el biblioavión, camino del vertedero. Sin duda el político mexicano (el alcalde que «robó poquito«, según sus propias palabras) llevó al extremo una forma de hacer política con puntos en común con la de algunos de nuestros políticos. La diferencia es que en España, en vez de reconvertir aviones desahuciados en bibliotecas, nos podemos permitir el lujo de reconvertir aeropuertos enteros.

Escultura de Juan Ripollés en el aeropuerto de Castellón: durante muchos años ejemplo del pelotazo urbanístico.

Interior del biblioavión boliviano.

 

En Aeropuerto 75 (la segunda de la saga) el choque de una avioneta contra un Jumbo provocaba la catástrofe, y aquí, la fricción entre la noticia de la biblioteca en EasyJet y el biblioavión boliviano: actúan de pedernal para encender la mecha que termine por dinamitar este post.

Si algo distingue a las bibliotecas de altos vuelos (por muy humildes que puedan ser) de las que son simples expendedoras de soma cultural: es que están por encima de lo que siempre se ha dado en llamar ‘literatura de aeropuerto’. Nada hay de malo, al contrario, en apaciguar a los niños en los vuelos a través de la lectura. Al igual que los adultos se apaciguan con la adormidera en que puede convertirse el consumo compulsivo de series.

Pero lo que diferencia a la biblioteca del avión de EasyJet, del biblioavión boliviano: es muy easy de ver: es la diferencia entre la lectura/cultura como simple objeto de consumo y la lectura/cultura como elemento imprescindible de progreso social.

‘Comicmanía’ una nueva revista para estar al día de las novedades y de todo lo que se mueve en el mundo del cómic.

La periodista cultural Elisa McCauslan publica una columna en el nº 1 de la nueva revista ‘Comicmanía’ que expresa muy bien de lo que hablamos:

«En ocasiones, me siento sobrepasada por este presente obsesionado con la ficción como brújula moral, como manual de instrucciones de vida, como forma de terapia a problemas que hemos convertido en traumas […] nos dejamos llevar por etiquetas apaciguadoras que sedan nuestras conciencias, en vez de cuestionar la precariedad de las imágenes, la inconsistencia de los discursos, la banalidad de los textos.»

 

Y en medio de este tráfico aéreo cultural los bibliotecarios como auxiliares de vuelo, que no comandantes, para no incurrir en dirigismo cultural. Pero eligiendo dónde situarse: si como simples camellos de ficciones que proveen a sus usuarios de lo que las multinacionales les hacen desear; o como profesionales de la cultura que ejercen de mediadores promoviendo el pensamiento crítico y las ideas propias para cada uno pueda volar por su cuenta.

Como dice el eslogan de este vídeo sobre Bibliotecas pijas vs. bibliotecas públicas: «La cultura en las bibliotecas públicas nunca es un adorno. Es una necesidad.»