Y ahora, ¿hacia dónde miramos? Bibliotecas y políticos

 

En el siglo pasado, los españoles, se miraron en los espejos de otros países con una mezcla de admiración y aprensión. Admiración por los avances extranjeros; y aprensión por una autoestima que, ni el discurso patriotero del franquismo, fue capaz de levantar. El espejismo del año 92 maquilló una década en la que la carcoma siguió corrompiendo, como de costumbre, esa superficie de bonanza. Y ahora, con muchas de las verguenzas al aire: ¿dónde se puede mirar?

 

El multipremiado documental El año del descubrimiento (2020) sobre el año 1992 como punto de partida de la debacle social, política, ética y económica que vendría después.

 

Electrodomésticos Miele el sueño doméstico de origen alemán.

En los años del desarrollismo, los españolitos ensalzaban los electrodomésticos alemanes («para el mundo del hoy y del mañana»: rezaba el eslogan de los codiciados frigoríficos Miele en los 70); la altura intelectual y política de los británicos («nostalgia por este europeo magistral»: escribía Fernando Savater a cuenta de la figura de Churchill); el afán emprendedor de los estadounidenses («américanos os recibimos con alegría»); o el savoir faire cultural de los franceses («envidio la fidelidad del público francés con su cine»: que declaraba Carmen Maura).

Pero tras el fraude de Volkswagen, el Brexit, el asalto al Capitolio o la quema de bibliotecas en Francia:  ¿qué espejo queda para mirarse? ¿Qué imagen aspiracional nos puede servir como estímulo para mejorar? Caidos del guindo puede que la autoestima se recomponga no por mejora propia sino por devaluación del resto. Consuelo de tontos, en cualquier caso.

En el mundo bibliotecario español siempre hemos mirado hacia los países del norte de Europa y, of course, a los EEUU. Pero en la serie Geopolítica bibliotecaria ya dábamos pistas de que el ombliguismo nunca es bueno. Ni el eurocentrismo, ni el occidentalcentrismo (¡toma ya!). Nada que resulte céntrico. Porque las afueras, los suburbios, los aledaños: son los que exigen su lugar en el siglo XXI. Son la única oportunidad real de progreso en Occidente. Y si no, ahí está China para desplazar el eje cultural del planeta.

Pese a todo, hay detalles que seguir observando, con envidia no necesariamente sana: en los EEUU. La convención anual de la ALA (Asociación Estadounidense de Bibliotecas) se celebra del 23 al 29 de junio; y el encargado de dar el discurso de clausura no será otro que el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos de América: Barack Obama. El expresidente se reunirá con Lonnie G. Bunch III, el primer afroamericano en convertirse en secretario del prestigioso Instituto Smithsonian.

Cierto es, que Obama, sigue de gira de presentación de su autobiografía Una tierra prometida. Pero no hay que sospechar de intereses meramente promocionales. Ya en 2016, en un congreso de la IFLA, Obama participó y ensalzó el papel de las bibliotecas.

Pero volviendo a lo del espejo en el que mirarnos (un símil no especialmente inspirado pero mejor que incurrir en lo de las comparaciones odiosas): ¿sería posible imaginar a un  Felipe Gonzalez, un José María Aznar o a un Rodríguez Zapatero yendo a clausurar un congreso de bibliotecas en España?

 

Pedro Sánchez en la presentación del plan España 2050. Foto: EFE

 

‘Yo, mentiroso’ la tercera entrega de la magnífica trilogía egoista que han llevado a cabo Antonio Altarriba y Keko. En este caso centrada en la corrupción política más reciente de nuestro país.

Pedro Sánchez inaugurando el próximo congreso, noviembre 2021, en Las Palmas de Gran Canaria: sería todo un gesto. Un expresidente es como un regalo barroco de la abuela que los nietos, de gustos minimalistas, nunca saben dónde ubicar. Pero estando en el cargo: la cosa cambia. De ese modo, podría compensar lo poco que la palabra «biblioteca» aparece en la Agenda 2050 para España que se lanzó recientemente.

Si, como se dice en dicha agenda, las bibliotecas, deben convertirse junto con museos, industrias culturales, empresas y entidades comunitarias en agentes educadores en los que se apoyen las escuelas. ¿Qué mejor que apoyar a las bibliotecas inaugurando su congreso? Y hasta aquí el capítulo de sugerencias a políticos. Un terreno siempre movedizo por el que es mejor no recrearse mucho.

Abundando en ese complejo de inferioridad que tan bien retrató Berlanga en los españolitos: volvamos de nuevo la mirada al extranjero. Hecho el propósito de enmienda nos podemos permitir pecar, una vez más, y mirar de nuevo a los EEUU con arrobo. Retomamos en cierto modo un asunto que ya tocábamos en Un serie de catastróficas desdichas con final bibliotecario. En ese post era Kamala Harris, la primera vicepresidenta afroamericana, la que se convertía en adalid de la lucha por la exactitud de los encabezamientos de materia en las bibliotecas.

 

Quien clasifica el mundo, ordena el mundo. Y ese cometido, de manera modesta pero implacable, lo lleva ejerciendo el gremio bibliotecario desde el principio de los tiempos. Puede que no cuele como excusa para lo del occidentalcentrismo del que hablábamos: pero lo cierto es que USA, con su sociedad multicultural y poliédrica, viene sirviendo como sociedad cobaya para el resto. El caso del encabezamiento de materia de los «ilegal aliens» es un claro ejemplo.

Change the subject (Cambia la materia) es un documental de 2019 en el que se recoge la lucha por modificar un encabezamiento de materia de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Con menos de eso Netflix te monta una serie. La película recoge la lucha de los estudiantes del Dartmouth College por cambiar la entrada de materias «ilegal aliens» (extranjeros ilegales) por la de: «inmigrantes indocumentados».

Todo empezó en 2013, cuando la estudiante de orígenes mexicanos Melissa Padilla y su compañero, Óscar Rubén Cornejo: descubrieron el encabezamiento de «ilegal alien» sin que los registros en los aparecían se refirieran, para nada, a la saga de películas sobre el famoso depredador que persigue a la teniente Ripley. Padilla y Cornejo sintieron que la elección de este término criminalizaba los esfuerzos de sus padres por proveerles de un futuro mejor. Junto con otros estudiantes se movilizaron para conseguir que la entrada fuera sustituida en el Catálogo de Autoridades de la Biblioteca.

 

Change the subject: un documental sobre etiquetas, bibliotecas y activismo.

 

La suntuosa, canalla y underground crónica de la España más reciente y corrupta de la mano de Magius.

En un primer momento, la Biblioteca del Congreso desestimó su petición. Pero más adelante lograron el apoyo de la ALA y otras organizaciones que respaldaban sus reivindicaciones. Tras varios debates y solicitudes, en marzo de 2016, la biblioteca tomó la decisión de sustituir «extranjeros ilegales» por «no ciudadanos» e «inmigración no autorizada». Pero la polémica llegó hasta el Congreso. En eso los políticos, sean de un país u otro, no se diferencian a la hora de detectar asuntos con potencial para subrayar sus discursos más groseros.

Los representantes republicanos de la Cámara se opusieron firmemente a la sustitución. A través de una disposición legal, la senadora Diane Black, logró bloquearla. Y de ese modo, los «ilegal aliens», a día de hoy, siguen apareciendo en la lista de encabezamientos de materia de la biblioteca que actúa como faro para el resto del planeta.

Fue la primera vez que el Congreso estadounidense intervenía para legislar en torno a una modificación en los encabezamientos de la biblioteca. Un hito, triste para los estudiantes, pero esperanzador si se observa desde el punto de vista de la relevancia que las bibliotecas aún pueden llegar a tener en una sociedad.

Pero pese al fracaso de los estudiantes del Dartmouth College: numerosas bibliotecas locales modificaron el encabezamiento en sus sistemas locales ignorando el magisterio de la nave nodriza. Y todavía, en la actualidad: siguen presionando para que la LC haga lo mismo.

 

 

Merecía la pena mirar el ombligo estadounidense. Las pelusas xenófobas, racistas e involucionistas se cobijan bien en él; pero también los recursos higiénicos para eliminarlas. Tiempos de contrastes, tiempos de scratching (mover los discos hacia delante y hacia atrás para generar sonidos). Será cuestión de encontrarle el ritmo a tanto avance y retroceso. Volviendo a nuestro país para acabar nos encontramos con la última polémica política en torno a vacunas y fútbol.

El representante español de Eurovisión se queja en redes de que se vacune a la selección española de fútbol y a los representantes de la cultura, no. Según quien y cómo se mire  puede que no le falte razón. Los más exquisitos argüirán que, precisamente, Eurovisión no es el mejor ejemplo de cultura española. Pero, curiosamente, la última edición (en la que el orgullo patrio siguió por los suelos) la ganó un grupo de glam rock (estilo de origen británico) cantando en italiano.

Un ejemplo más de que el XXI será diverso o no será. Por muchos muros físicos o en forma de discursos que retrógrados conservadores o progresistas (los tiempos hacen que retrógrado y progresista no suene a oxímoron sino a sinónimo en muchos casos) se empeñen en levantar: la deslocalización es imparable. Si la geolocalización nos fiscaliza cada trayecto: volvamos loco al algoritmo con nuestros afectos culturales.

«The history book on the shelf is always repeating itself. Waterloo, I was defeated, you won the war» (El libro de historia en la estantería siempre se repite. Waterloo, yo fui derrotado y tú ganaste la guerra)

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Control de autoridades Jagger

 

El 18 de abril de 2021 desaparecían entre las llamas cerca de 95.000 libros y 3.500 vídeos y cintas de una de las colecciones documentales más importantes de África. La biblioteca Jagger de Ciudad del Cabo reunía testimonios únicos sobre la cultura y la historia africana; sobre todo, porque conservaba una visión documental verdaderamente africana del continente. Un retrato escrito, dibujado y filmado por los propios africanos: no por la mirada europea.

 

El incendio acontecía en un momento en el que las reivindicaciones, desde muy diversos ámbitos, por descolonizar los relatos de culturas y colectivos que, hasta hace poco, no tenían voz propia: es imparable. Como decía recientemente la empresaria española de origen africano, nacida y criada en Valencia, Bisila Bokoko en una entrevista :

«Cuando era niña, mis padres me mostraron África a través de los libros […]  siempre quisieron darme una identidad de raza. No querían que yo no entendiera las dificultades con las que me iba a encontrar siendo negra, e hicieron mucho hincapié en todo el tema de la raza, del panafricanismo y de cómo África se ve a sí misma. […]  cuando eres niño tú quieres ser como todo el mundo […] Al final me di cuenta de que esto era una oportunidad, el entender las diferencias y no separarme de ellas, sino integrarlas y acogerlas.»

 

Gracias a esos libros que sus padres se esforzaron porque leyera, Bokoko, se ha convertido en una exitosa empresaria y filántropa que ha fundado modernas bibliotecas en aldeas africanas a través de su proyecto African Literacy Project. Precisamente para que los niños africanos pudieran sentirse identificados con historias autóctonas sin mediatizar por una mirada ajena a su realidad más inmediata.

Si el incendio de una biblioteca es triste, el de la biblioteca Jagger, es doblemente triste: por la fragilidad de la historia escrita que el continente africano ha generado por sí mismo. Dos meses después de la tragedia, numerosos investigadores se están movilizando para reconstruir la biblioteca. Un esfuerzo a nivel global está localizando a expertos e investigadores que posean fotografías, documentos digitalizados de cualquiera de las obras que se conservaban en la biblioteca Jagger.

La alianza internacional de bibliotecas académicas y de investigación (SPARC) se está encargando de centralizar todas las referencias que puedan existir sobre las colecciones de la biblioteca devastada por el fuego. Y las redes sociales se han convertido en un medio que ha facilitado algunos hallazgos.

Redes sociales y bibliotecas. Hace tres años en «No tengo Facebook, Twitter ni Instagram»: el desgarrador testimonio de una biblioteca en directo calibrábamos/ironizábamos sobre la «esclavitud» de las redes sociales y sobre la presencia de las bibliotecas en ellas. Por mucho que haya tímidas campañas seduciendo con la idea de que otras redes son posibles: lo cierto es que transcurridos estos años las redes no han cambiado, aparentemente, en cuanto a contenidos. Séniors en Facebook, broncas en Twitter, postureos en Instagram, youtubers (valga la redundancia) en Youtube y gansadas varias en Tik Tok.

 

Y aunque creamos haberlo visto todo siempre surge algo que, como poco, nos hace enarcar una ceja. Durante la pandemia, con las bibliotecas cerradas, se intensificó una moda que había ido ganando adeptos en Youtube durante los últimos tiempos: ver a gente estudiando. Uno de los usos, con peor prensa entre el gremio, que se hace de bibliotecas convertido en fenómeno viral.

Un acuario en un salón: relaja y decora. Una persona estudiando en una pantalla: motiva. Monkey see, monkey do. Es un estímulo que apela a uno de los instintos más primigenios de los mamíferos: la imitación. Aprendemos imitando, somos colectivos, gregarios. Por mucho que los invisibles muros digitales nos separen: rastreamos simulacros de comunidad al menor descuido. Tras la fidelidad a realities, series, o al Sálvame late el deseo por la compañía, por la costumbre, lo conocido, lo previsible. Ese deseo de identificación (o desavenencia pero doméstica) es algo ha escudriñar, o mejor dicho, estudiar en algún post futuro.

Pero pese a la superficie monótona que, desde lejos, pueden dar las redes algunos de los divulgadores con más tirón de la actualidad están naciendo en ellas. En un planeo apresurado y totalmente parcial e insuficiente, nombres como Jaime Altozano en música; Javier Santaolalla en ciencias; Ernesto Castro en filosofía; o canales como A toda leche o Pero eso es otra historia sobre historia: son un demostración práctica de ese «otras redes son posibles».

 

 

E incluso la figura más relevante en las redes de nuestro país en los últimos años, el streamer Ibai Llanos, supone una evolución en la limitada figura del youtuber de primera, segunda y tercera generación. Para empezar porque el reino de Llanos se ha forjado en una red nueva, Twitch, y porque su postura en la polémica sobre los youtubers andorranos: le hizo ganarse el respeto de muchos medios tradicionales. Esos medios a los que Llanos está mirando ya cara a cara.

En el recorrido que hace unos meses hacía por la mansión en la que «convive/trabaja» con otros gamers y youtubers además de piscina, salones, jardines y demás frutos del pelotazo digital: había una pequeña biblioteca o rincón para la lectura. Una biblioteca en una mansión gamer. Las conexiones entre bibliotecas y el mundo redes puede que estén más cerca de lo que tópicos y esterotipos nos quieren hacer creer.

 

Ibai Llanos en la zona de lectura de la mansión para gamers: cómics y libros de Harry Potter y El señor de los anillos.

 

Aunque atendiendo a la última demostración de poderío mediático de Llanos no parece que las conexiones por ese lado vayan pronto a fructificar. La velada de boxeo, organizada y comentada por el propio Llanos, con otros famosos youtubers como púgiles fue un verdadero acontecimiento en la red. Una convulsión en la fuerza. El combate más celebrado fue el protagonizado por el youtuber Mister Jägger. El fichero de autoridades Jagger se nos va completando. Pero no, desde luego, no es por ahí por donde vendrá el crossover bibliotecas/streamer.

Para el final dejamos al Jagger más veterano y mundial. Puede que para los posmilénicos el Jagger famoso sea ahora el youtuber. Pero Mick, el auténtico, lleva cinco décadas trascendiendo (que gusta decir ahora) a golpe de rock y meneos. Ahora, junto al también veterano, pero menos, Dave Grohl hablan sobre teorías conspiranoicas, mascarillas, vacunas y los bailes estúpidos de Tik Tok.

Eazy sleazy, algo así como «sordidez fácil», nos viene a recordar que para sintonizar con los tiempos no hay que dejarse llevar por la corriente. Todo lo contrario. Hay que ejercitar el espíritu crítico en todas direcciones. Hacia fuera y hacia dentro. Y para eso las bibliotecas, se supone, deberían estar preparadas.

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Poesía bibliotecaria

 

En ocasiones, nos quejamos de la irrelevancia que las bibliotecas tienen en los medios, Pero estamos siendo injustos. Al igual que las Fallas de Valencia, el ranking de audiencias de Nochevieja, los Sanfermines o los reportajes de chiringuitos en verano: las bibliotecas tienen espacios inamovibles en la escaleta, parrilla o plantilla de los medios.

El Día de la biblioteca, dependiendo de cómo venga de apretada la actualidad, suele tener un espacio reservado. Al menos en aquellos medios en los que la cabecera bajo el nombre de Cultura sobrevive frente al avance de redes y crónica rosa. El Día del libro, también, aunque en este caso haya mucha competencia. Pero cuando, de verdad, las bibliotecas son reinas por un día es en los meses de mayo y junio.

 

Estudiantes de la Universidad de Finanzas y Economía de Nanjing hacen fila antes de que abra la biblioteca para poder comenzar a estudiar para sus exámenes finales. [Foto / icpress.cn]

La combinación letal (en este punto siempre es oportuno recurrir a adjetivos contundentes cual película de los 80) proviene de la intersección del fin de curso de Secundaria y universidades con las inminentes convocatorias de exámenes de oposición. Y combinado con las restricciones propias de una pandemia: el cóctel se hace aún más prometedor. Es entonces cuando las miradas hambrientas de reporteros famélicos de noticias se giran esperanzadas hacia las bibliotecas. Esas clásicas y, afortunadamente, predecibles instituciones en las que se repiten los rituales como si de una iglesia se tratase.

«Cientos de estudiantes hacen cola a las puertas de las bibliotecas»; «Las salas de estudio de la ciudad (titular sobre la foto de una biblioteca) saturadas de estudiantes; «Los estudiantes reclaman que las bibliotecas tengan horario nocturno»; «Quejas por la falta de puestos de estudio en las bibliotecas»; «El concejal XXXX declara que las bibliotecas ampliarán sus horarios en épocas de exámenes». Y así podríamos seguir hasta completar un dosier de lo más voluminoso y nada original. Un mantra, un arrullo, un relato monótono y mecánico para calmar el horror vacui de los medios cada primavera.

Ahora vendría bien la enésima perorata quejicosa sobre lo duro que resulta luchar contra molinos de viento. Pero no. Ya que hablamos de lo predecible de los medios: vamos a hacer un quiebro, e incluso, un requiebro. Estamos en primavera. Época de exámenes, finales de curso y demás urgencias. Pero buen momento, como cualquier otro, para la poesía.

La bibliotecaria severa objeto de fantasías romántico-vengativas de un opositor. A veces, para reventar estereotipos: la mejor fórmula es exagerarlos hasta que exploten.

 

OPOSITOR
(a una bibliotecaria)

No te ríes jamás. Eres sosísima.
Ir a la biblioteca es un dolor.
Pienso probarlo todo, todo por contemplar
tras tus labios sangrientos de arrecife,
el fulgor abisal, el ordenado
banco de pececitos de marfil
de tus dientes perfectos y monótonos.
Voy a hacerte reír, hija del mal,
y volveré después a mis temarios
sabiendo que he hecho algo por el mundo,
sabiendo que la vida estará en deuda
con un opositor de alma marchita.

Es un poema de Miguel Salas Díaz, de su libro Las almas nómadas, XXVI Premio de Poesía Hiperión 2011

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Hagan juego, señores… pero lejos de la biblioteca

 

Antes de arrancar habría que hacer un aviso para navegantes. Por el comienzo del título se podría pensar que este post va sobre gamificación. Pero no. No vamos a hablar de algunas de las brillantes propuestas de Ana Ordás. Que si ya eran necesarias antes del parón del 2020; tras este terremoto pandémico: van a convertirse en auténticos salvavidas para dinamizar y repensar las bibliotecas. Va de juego, sí, pero no de aprendizaje.

 

La baraja Library Lovers Playing ilustra sus cartas con carteles bibliotecarios para el fomento de la lectura de principios del siglo XX. Proyecto de un bibliotecario inglés apasionado por los juegos y la lectura. La baraja se lanzó como un proyecto de crowfunding a través de Kickstarter.

 

Hace nueve años, en la isla británica de Man, un medio local celebraba en una noticia el acuerdo al que había llegado el Departamento de Educación e Infancia con la empresa de juego PokerStars. El futuro de las bibliotecas públicas de la isla quedaba a salvo, durante los años siguientes, gracias a la inversión que la, entonces incipiente empresa, haría en la red de bibliotecas isleñas.

En 2021 no tenemos noticia de cómo sigue, si es que acaso ha seguido: el entendimiento entre dos sectores tan lejanos como un gigante del juego online y el ramo bibliotecario. El altruismo de PokerStars se ve matizado cuando se descubre que la empresa tiene sedes en la isla, sobre todo, por las facilidades de cara a las licencias de juego y el régimen fiscal. Beneficios, los fiscales, suponemos incrementados a raiz de la generosidad empresarial con la cultura local.

Visto en perspectiva, y desde un país como España que padece una auténtica fiebre de locales de apuestas a ritmo de los índices de paro y sucesivas crisis económicas: las relaciones entre casinos (virtuales o físicos) y bibliotecas se antojan improbables. Pero nunca se sabe. Si se buscan conexiones: se encuentran.

 

 

Por ejemplo, este burdo spot publicitario que la empresa Apuestas de Murcia (no por nada la comunidad autónoma con la mayor tasa de locales de apuestas de España) lanzó hace unos años. Un anuncio que pese a lo cutre que es: tiene una intrahistoria. La empresa Apuestas de Murcia no patrocina bibliotecas, no, lo que patrocina es a equipos de baloncesto pertenecientes a la Universidad Católica San Antonio de Murcia.

Esa universidad, cuyo presidente, proporcionó en bandeja la canción de verano al programa de humor de La Sexta, El intermedio, con su discurso al más puro estilo Bosé: sobre microchis insertos en vacunas y fuerzas del mal. El grado de surrealismo va in crescendo.

Pues bien, en un derroche de sutileza y marketing afinado, rodaron un spot en las instalaciones de la biblioteca de dicha universidad. La idea, como exigen las leyes de la publicidad: sencilla; el eslogan: directo. Y el resultado: un bochorno que haría que Don Draper se pasara del güisqui a las drogas duras de haberlo realizado su equipo.

 

 

¿Quién necesita un libro, una biblioteca o una educación teniendo un local de apuestas cerca? Desde luego que la emoción (ludópata) no entiende de lógica ni del más mínimo interés por las bibliotecas.

Afortunadamente, desde diferentes comunidades, se está empezando a regular legalmente esta incitación publicitaria constante a la ludopatía. Y en la noticia más reciente al respecto se cita expresamente a las bibliotecas.

El pleno del Ayuntamiento de Barcelona ha aprobado una normativa para regular los locales de juegos de azar que se quiere pionera en el comunicado: pero que luego veremos no lo es tanto. Para empezar se quiere restringir las autorizaciones para la apertura de nuevos locales. Y entre las medidas adoptadas se incluye la exigencia de que la distancia entre un local de juegos y un centro educativo pase de 100 a 800 metros. Y en cuanto a equipamientos sociales (y es aquí donde se cita expresamente a las bibliotecas): la distancia ha de ser de 450 metros como mínimo.

La legislación valenciana de este asunto le saca 50 metros a la catalana. 850 metros son los exigidos en Valencia entre un local de apuestas y un centro escolar. Pero la distancia de esta noticia a la siguiente sobre juego y bibliotecas se mide en kilómetros. Concretamente los 15.744 kilómetros que separan a España de Sydney (Australia).

 

 

En Fairfield, al suroeste de Sydney, están preparando el programa Bibliotecas después del anochecer (que suena a la película de Robert Rodríguez sobre vampiros; pero no). El programa, que ya está operativo en ciudades como Victoria; consiste en ampliar el horario de las bibliotecas en horario nocturno para ayudar a combatir la ludopatia.

En Fairfield más del 30% de la población vive en hogares con bajos ingresos familiares. Por contraste, es la zona donde se generan las recaudaciones más altas en locales de juego y apuestas. La vulnerabilidad social de las poblaciones como incentivo para las cuentas de resultados de estas empresas. El programa Bibliotecas después del anochecer es viable gracias, como señala la alcaldesa de la localidad de Darebin, Susie Rennie, al cambio que las bibliotecas públicas han experimentado:

 

«Las bibliotecas han cambiado enormemente durante la última década. Hay muchas actividades allí (grupos de conversación, grupos de manualidades, ajedrez, noches de cine), por lo que los libros son solo una pequeña parte de lo que se ofrece»

 

Cabecera del videojuego en línea: Library of ruina. Un juego en el que los jugadores apuestan y luchan contras los bibliotecarios. Y los que pierden se convierten en libros y así la biblioteca sigue creciendo.

El clásico de Frank Miller.

 

Y para cerrar un post ludópata-bibliotecario nada mejor que un último viaje a la ciudad del pecado (Sin city). Así se conocía a Las Vegas. Pero para los jóvenes de las generaciones actuales no queda nada de ese halo mítico que tantas películas recrearon. Una aburrida ciudad de plástico y neón, en la que las opciones de futuro: les llevan a huir como si de un pueblo de la España vaciada se tratara.

Entre 2006 y 2019 el censo de jóvenes de Las Vegas pasó de 3300 a 2300. Las opciones son escasas si se tienen aspiraciones más allá de los casinos o el alcohol. Y algunos jóvenes de origen mexicano han decidido organizarse durante el pasado año, marcado por la pandemia: para luchar por cambiar las cosas y que apetezca quedarse en su ciudad.

Este grupo de millennials han colaborado en la elaboración del censo de Las Vegas, desarrollando negocios locales e involucrándose con el gobierno de la ciudad. Su objetivo:  lograr financiación para libros en las escuelas, bibliotecas, carreteras y demás servicios sociales.

Si en la ciudad del juego, por excelencia, surgen propuestas así: puede que a LeoVegas se le empiece a caer la melena. Las Vegas y sus bibliotecas. Un asunto que bien merece una investigación para algún post futuro.

Por ahora: hagan juego, señores. Pero lejos de las bibliotecas.

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Shangri-La bibliotecario

 

En 1933 el escritor británico James Hilton publicaba Lost horizon (Horizontes perdidos). La historia de un grupo de extranjeros que arriban al remoto y paradisíaco monasterio tibetano de Shangri-La. Un mundo ideal basado en la moderación y el respeto, en el cual, la conjunción de varios elementos: asegura una longevidad fuera de los estándares del resto del planeta.

 

Heinrich Harrier, el autor de la célebre «Siete años en el Tíbet», de un pasado nazi a convertirse en discípulo del Dalai Lama.

 

Desde entonces, y sobre todo tras su adaptación cinematográfica de 1937: Shangri-La se convirtió en sinónimo de paraíso en la Tierra. Una sociedad en armonía en la que gobiernan «los mejores, no los más fuertes». Hecha la introducción, a ser posible con la banda sonora que Dimitri Tiomkin compuso para la película de Capra: quedaría de postal empezar a comparar a las bibliotecas con unas Shangri-La de la cultura. Pero es que no tenemos ni el presupuesto, ni el tiempo que tenían en Hollywood para hacer creíble una cursilada de tal calibre.

Para muchos, las bibliotecas, aún en pleno centro de sus ciudades y barrios: quedan tan lejanas como el santuario utópico imaginado por Hilton. En cambio, la biblioteca de Shangri-La (o de al menos una biblioteca relacionada con el mundo imaginado por Hilton): está más cerca que nunca.

 

La Shangri La de aires art decó de Frank Capra en su película: Horizontes lejanos (1937)

 

Se han digitalizados más de 20.000 documentos de libros antiguos de la cultura tibetana ahora accesibles desde la web de la Biblioteca del Tibet. El esfuerzo ha corrido a cargo del Centro Regional de Protección de Libros Antiguos cuyo trabajo ha logrado que biografías de eruditos tibetanos y obras sobre la historia del Tibet y del budismo, desde el siglo XII al XX: estén a alcance de cualquier con una conexión a Internet.

Lo que en otra latitud, país o circunstancia no pasaría de ser una noticia cultural a celebrar sin mayor trascendencia; en el caso que nos ocupa se reviste de connotaciones que van más allá. La represión por parte del régimen chino sobre el Tíbet es algo que han señalado libros, documentales y hasta estrellas de Hollywood convertidas al budismo. Pero nada de eso parece haber servido para relajar la presión. Tras más de 70 años de ocupación china el Tíbet está sufriendo uno de los períodos más opresivos de las últimas décadas.

 

El proyecto de la futura Biblioteca y Centro de Aprendizaje del Gran Dalai Lama XIV en Ithaca (Nueva York). Centro cultural y centro internacional para el budismo. 

 

Recopilación de ensayos sobre el desarrollo social, cultural y político del Tíbet desde el siglo VII hasta el período moderno.

No hace ni dos meses que el escritor tibetano Gang Metal fue detenido por las autoridades chinas sin que, por el momento, nadie sepa cuál es su paradero. Sus obras giran argumentalmente sobre las protestas y manifestaciones tibetanas contra el gobierno chino en 2008.

Detenido por primera vez en 2016, Gangkye Drukpa Kyab (su verdadero nombre): ha tenido graves secuelas como consecuencia de las torturas a las que fue sometido mientras estaba en prisión.

Desde que China invadiera el Tíbet en 1949 más del 99 por ciento de los templos, bibliotecas y santuarios tibetanos han sido saqueados o destruidos. Durante la última década, los topógrafos han viajado por toda la región rescatando miles de libros antiguos. Joyas olvidadas que ahora, gracias a la digitalización, ayudarán a preservar la cultura tibetana clásica. Las nuevas tecnologías, en su versión más positiva, dando una oportunidad única para la preservación de culturas amenazadas o perseguidas. Y esta supervivencia cultural, pese a todo, gracias a la tecnología: también se encuentra en los lugares más insospechados.

Tenzin Kalsang es bibliotecaria en Brooklyn, y redes sociales mediante: ha ganado una repentina celebridad a raiz de los cuentacuentos bilingües inglés/tibetano que narraba desde las redes de su biblioteca durante el confinamiento.

 

Tenzin Kalsang, bibliotecaria de la Biblioteca Pública de Brooklyn.

 

Kalsang, desde un rincón de su apartamento, logró llegar a miles de seguidores mucho más allá de Brooklyn. Tras la invasión china del Tíbet miles de tibetanos se dispersaron por todo el mundo. Los cuentacuentos bilingües de la bibliotecaria, de orígenes tibetanos, se convirtieron en una reinvidicación involuntaria de la cultura y la lengua tibetana. Desde que estalló la pandemia, la Biblioteca Pública de Brooklyn, ofreció varios horarios de cuentos bilingües en línea, incluidos en ruso, español y chino. Una iniciativa, en palabras de la bibliotecaria, que indica que las bibliotecas celebran la diversidad.

Y es después de todo no hace falta perderse por los Himalayas. Shangri-La, a veces y gracias a la tecnología: puede encontrarse en un pequeño apartamento de Brooklyn.

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

La biblioteca del Ritz

 

Hace dos semanas escasas, el hotel Ritz de Madrid, reabría sus puertas tras tres años inmerso en una profunda remodelación. ¿Una señal de que se avecinan unos felices años 20 pospandémicos? No presumamos tanto. Este renacimiento no ha tenido que ver con una boda real; como en sus orígenes. Si el Ritz que impulsó Alfonso XIII miraba a Europa (concretamente a los Ritz de Londres y París); el remozado Mandarin Oriental Ritz del siglo XXI se mira en el lujo asiático. Un hotel para las élites siempre debe saber quien detenta el poder en cada momento.

 

El Ritz clásico y el Ritz de la actualidad: ¿renovarse o morir? ¿Y si en la renovación se pierde la esencia? Un momento: ¿estamos hablando del Ritz o de las bibliotecas en la actualidad? 

 

En los numerosos artículos que han publicado los medios estos días (contar con Isabel Díaz Ayuso como madrina, mediáticamente, da mucho juego): se han ido glosando las maravillas que aguardan a quienes puedan disfrutar del lujo a partir de 600 euros la noche.

Según relatan las crónicas, en el Mandarin Oriental Ritz, luce una colección de obras de arte creadas ad hoc para sus diferentes espacios y ambientes. Cuenta con cinco restaurantes de alta cocina; cafeterías deliciosas; instalaciones deportivas; spa y centro de masajes; piscinas; jardines… Pero lo más importante, lo que realmente marca la diferencia en un establecimiento de extralujo como es el caso: es su biblioteca. Y en el Ritz no hay biblioteca.

La cadena Mandarin Oriental Hotel Group, a la que pertenece ahora el Ritz, puede que sea de las más importantes pero falla en un detalle que realmente marca la diferencia de clase. Nada que ver con The Ben West Palm Hotel: el maravilloso hotel de Florida del que hablamos en Alexa quiere ser bibliotecaria, pero no la dejan: que incluye en su oferta un servicio de recomendaciones de libros para sus huéspedes en colaboración con la biblioteca local.

 

Este señalar con el dedo tan feo no procede de ningún resentimiento por parte de curritos bibliotecarios a los que pagar 600 euros por noche les parece un disparate. Nada de eso. Es que nadie con un poco de integridad bibliotecaria pasaría por alto esta clamorosa ausencia.

La biblioteca del Ritz, o lo que es lo mismo: su ausencia; es elocuente sobre nuestro tiempo. Si las clases dirigentes no se adornan con cultura: ¿hacia qué mundo vamos? Ni siquiera una estantería con libros falsos. La legitimación social del trepa, en el siglo XX, se apoyaba en una pátina de ilustración. Pero ahora los tiempos son más sinceros: la obscena exhibición del dinero es más que suficiente.

 

La brillante ‘Un lugar en el sol’ (1951): retrato certero de un arribista del siglo XX.

 

En todo caso, para disipar cualquier animosidad por nuestra parte, si la dirección del Ritz requiere asesoramiento profesional para subsanar el olvido: estamos abiertos a alojarnos durante unos días en sus instalaciones y así poder orientarles. Ante todo profesionalidad. Lecturas sociológicas aparte. La inexistencia de la biblioteca en el Ritz va en contra de una tendencia del sector inmobiliario y de lujo actual.

Según un artículo de ‘El Economista’ los 188.000 empleos que, según previsiones del Gobierno, ayudará a crear el plan de rehabilitación de viviendas: no serán suficientes para resucitar al sector de la construcción. Un inciso al hilo de esto: en dicho plan habrá un 30% destinado a edificios públicos. El 70% restante está destinado a viviendas. ¿Qué porcentaje le asignarán a las bibliotecas? Son edificios públicos, sí, pero también son las casas de la cultura. Según este razonamiento deberían optar al 100%.

 

 

¿Pecamos en exceso de mirar por las bibliotecas al incluirlas por medio, incluso, cuando hablamos del sector inmobiliario? No se crean. La revista ‘Money Week’ (la revista de finanzas más vendida del Reino Unido) mantiene actualizada su sección Houses for sale with libraries (Casas en venta con bibliotecas). Las bibliotecas cotizan al alza como valor añadido a la hora de atraer compradores. Entre sus ofertas más recientes:

«villa ubicada en una colina con vistas a Florencia. Tiene una biblioteca con estanterías de madera tallada, un gran vestíbulo de entrada con una escalera de piedra tallada, techos decorativos ornamentados y chimeneas de época. 12 dormitorios, 15 baños. Precio: 10 millones de euros» «salón del siglo XVIII con torre almenara y biblioteca con gabinetes hechos a medida con vista a los jardines. 7 dormitorios, 6 baños, invernadero. Precio: 3,75 millones de libras.» «Casa de campo de los años 50  dependencias rodeadas de jardines que incluyen un lago con una isla. Conserva sus chimeneas de madera de tilo, tiene una biblioteca que incluye una puerta oculta detrás de estantes de libros antiguos. Precio: 1,65 millones de libras.»

 

Para los que no nos llega la nómina ni para comprar la caseta del jardinero tenemos unas magníficas bibliotecas públicas; con fondos tan amplios, que nada tienen que envidiar a estas colecciones. Claro que si atendemos al muy didáctico artículo publicado en ‘Newtral’ radiografiando  las bibliotecas en España: igual deberíamos preocuparnos. De seguir la tendencia de este gráfico, en el 2030, puede que siga sin haber biblioteca en el Ritz; ni tampoco en ningún barrio.

 

Pero lobotomizándonos, una vez más, con el glamur y el lujo. Otro indicador de que las bibliotecas (lo que no implica a la cultura) son objetos de deseo: es el hecho de que la prestigiosa casa de subastas Christie’s lo resalte en las ofertas de su departamento de bienes inmuebles.

Al describir una finca en Connecticut (EEUU) destaca sus 51,3 acres, la  casa principal elegantemente restaurada, una biblioteca, casa de huéspedes, casa del cuidador, cabaña de troncos e impresionante galería de arte. Con vista a la casa de la piscina hay una biblioteca de arte en el segundo piso diseñada para la lectura y la investigación, con un piso y techo de madera de fresno, estanterías empotradas para cientos de libros y grandes luces que cuelgan de un techo inclinado.

 

Por solo 18 millones de euros se podía adquirir esta vivienda en Nueva York dotada de una amplia biblioteca con dos pisos.

 

¿Pasará con las bibliotecas como ha pasado con el mercado del arte? Empresarialismodenomina Will Gompertz, director de Arte de la BBC y extrabajador en la Tate Gallery, en su recurrente ensayo: ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno: a este momento de la historia del arte, en el que las leyes del mercado son las que rigen las fluctuaciones en el mundo artístico.

Esperemos que los afortunados que puedan permitirse estas mansiones les atraigan de verdad  esas magníficas bibliotecas; y no sólo por el empaque que dan al inmueble.

Nosotros, como en otras ocasiones, nos remitimos siempre a la máxima del director de cine John Waters: “si vas a casa de alguien y no tiene libros, no folles con esa persona”. Pese al sabio consejo del padre del cine trash siempre te podían engañar: pero bastaba con escudriñar un poco el desgaste en los lomos para descubrir al impostor.

En cambio ahora, con la lectura digital: ¿quién podrá orientarse a la hora de irse a la cama? El recurso a que lee mucho, pero en digital, nos deja huérfanos de referentes para dejarnos llevar por la lujuria. En este blog, pese a defender la lectura en cualquier formato, nos aventuramos a dar una opinión al respecto: si sólo lee en digital, desconfíe.

En tales cuestiones, el tacto es esencial, y que alguien haya renunciado por completo a la experiencia táctil de la lectura ya nos debería poner sobre aviso (aunque alguno argüirá que son muy diestros pulsando botones, en fin, nos estamos dispersando).

 

 

Volviendo, para cerrar, a lo inmobiliario. Hace unos meses, de nuevo ‘El Economista’, hablaba sobre uno de los símbolos más estrambóticos del boom inmobiliario de hace unos años. Resultar estrambótico en el urbanismo de Benidorm no es algo que esté a la altura de cualquiera. Salvo que tengas 192 metros de altura, 52 plantas, seas de color dorado, y te corone un cono invertido entre dos torres simulando un diamante que, en perspectiva: podría interpretarse como la entrepierna de una gigante robótica sin tronco.

 

 

Es el rascacielos Intempo. Vendido en 2017 a un grupo inmobiliario que lo concluyó y puso a la venta. Actualmente los pisos se venden desde 200.000 hasta el millón de euros. La venta va algo lenta. Desde Infobibliotecas, lanzados tras el órdago al Ritz, les aconsejamos que incluyan una biblioteca en la última planta. Justo en el embudo (seamos ahora más elegantes en las comparaciones) que lo corona. Seguro que, con esas vistas, y una buena selección de fondos: se los quitan de las manos.

«El castigo del lujo
Está en el aire para que todos lo vean
Y es feo ahora
Y se pone peor cada dia
(¡Hey hey hey!)»

 

El castigo del lujo

Orchestral Manoeuvres in the Dark

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

La biblioteca de Schrödinger (Día del libro 2021)

 

El Día Internacional del Libro de este año no ostenta el triste honor de ser el primer Día del libro en pandemia. Ese puesto ya se lo arrebató el 23 de abril del 2020. Pero este año, su celebración se tiñe de otros matices, también pospandémicos pero diferentes: que le dotan de personalidad propia.

 

El Día del libro 2021 sirve como indicador de la situación epidemiológica de cada territorio. Mientras que en Cantabria suspenden las actividades programadas en la Biblioteca Central; en Navarra: tienen previstas más de 50 actividades. La presencialidad o la virtualidad, a tan solo unas semanas de que caduque el estado de alarma: dibujan el mapa bibliotecario al calco del mapa de la incidencia del Covid.

A estas alturas de la pandemia, la planificación y programación de servicios y actividades en una biblioteca puede que se cumpla o no se cumpla simultáneamente. Como en la célebre paradoja del gato de Schrödinger: puede que la biblioteca esté viva o muerta, al mismo tiempo. Tal es el nivel de incertidumbre. Pero lo que está claro es que las redes sociales de las bibliotecas (con Youtube a la cabeza) van a colmarse, por segundo año consecutivo, de actividades para celebrarlo.

 

El meme bibliotecario de la Biblioteca Pública Salvador García Aguilar de Molina de Segura (Murcia): adaptando la promo de la candente docuentrevista con Rocío Carrasco. Una última vuelta de tuerca del canal de Vasile a su concepto de ‘televisión circular’.

 

Youtube y Twitch están pisándole los talones a los medios audiovisuales tradicionales. En cambio, mientras que estamos acostumbrados a la crítica televisiva, a la fiscalización de sus contenidos y estrategias (esas que Mediaset está llevando a otro nivel de cinismo absoluto en las últimas semanas): estos nuevos canales que aglutinan a las audiencias más jóvenes: no están sujetos al mismo escrutinio. La figura del crítico reputado y documentado, a la antigua usanza, hace mucho que ni está, ni se le espera, por parte de las nuevas generaciones.

Afortunadamente, esa aceptación acrítica de los nuevos canales, se ve algo mitigada por el afilado espíritu crítico que entrenan algunas voces jóvenes. ¿Los peligros? los propios de la cultura de la cancelación. Pero de eso ya hablamos en otro post. En este, nos queremos centrar en los ecos del Día del libro en Youtube dándole protagonismo a los jóvenes. Que siempre se ha dicho que son el futuro. Aunque, en ocasiones, también pueden ser el pasado.

 

Naya Perkins: la booktuber todo lectura y sonrisas.

 

NayaReadsandSmiles es el nombre del canal de la joven booktuber, Naya Perkins, que alcanza la respetable cifra de 84.000 suscriptores. En un artículo de la revista ‘Study breaks’, se habla del caso de Naya. Esta revista está escrita e ilustrada por estudiantes universitarios de los Estados Unidos. Un medio que busca reflejar la visión que sobre la cultura tienen las generaciones etiquetadas como millennials y zetas. Una cabecera a seguir, desde el mundo bibliotecario, si se quiere tomar el pulso a las inquietudes e intereses de los jóvenes; y así, poder desarrollar estrategias para atraerlos.

El artículo, en el que se habla de Naya, está dedicado a la discriminación racial que el algoritmo de Youtube aplica a los booktubers afroamericanos. En un primer momento, un atolondramiento ludita te puede llevar a sentir cierta satisfacción culpando a la máquina. Pero pronto se disipa, cuando caes en la cuenta, de que detrás del algoritmo hay humanos contagiando prejuicios.

 

Study Breaks Magazine: la revista para estudiantes hecha por estudiantes.

 

El caso de Naya es significativo porque, aunque cuenta con muchos suscriptores, y lleva seis años subiendo vídeos: no tiene tanto éxito si se le compara con otros creadores de contenidos. Sus vídeos son similares a los del resto de booktubers (además de un título, NayaLecturasYSonrisas, que ya de por sí tiene tirón): pero, tal vez, sostiene el artículo: la diferencia venga marcada por el color de su piel. La diversidad en el universo BookTuber queda en entredicho.

Recientemente, Naya, canceló su contrato con la librería online BookOutlet. El motivo que la llevó a ello es la falta de sensibilidad que mostraron, en pleno movimiento Black Lives Matter, respecto a las personas afroamericanas. La joven booktuber, a raíz de romper su colaboración con esta compañía, desveló como otras empresas la elegían para sus campañas debido a su tono de piel más claro; en detrimento de otros booktubers de piel más oscura.

Este sesgo se ve claramente reflejado en el funcionamiento del algoritmo. Por eso, la solución, el objetivo, ahora, es infiltrarse en ese algoritmo. Y aquí, de improviso, surge una equivalencia entre algoritmos y bibliotecas. Pese a las corrientes retrógradas que aspiran a desandar caminos ya recorridos: las bibliotecas hace mucho que apostaron, en su mayoría, por la diversidad y la inclusión. Nunca es suficiente. Pero es una tarea para la que ya tienen ejercitados algunos músculos.

 

 

En su momento, para determinados colectivos y movimientos a favor de los derechos civiles: las bibliotecas se convirtieron en agujeros en el sistema por los que infiltrarse y desestabilizar el monolito. La biblioteca pública, tal  y como nació, era un invento blanco y anglosajón. El mundo reflejado en sus anaqueles era el mundo del hombre blanco. Y más concretamente, de un determinado hombre blanco: el que tenía acceso a la educación, y por lo tanto, al poder.

Afortunadamente, hace tiempo que ese retrato uniforme del mundo se resquebrajó. Y las bibliotecas públicas, al menos las que merecen tal nombre o a las que les dejan, sus políticos y ciudadanos, ejercer como tales: están abiertas a todo tipo de manifestaciones culturales, corrientes de pensamiento y debates sociales. Si se consiguió entonces con esos «santuarios» del saber occidental: ¿por qué no ha de conseguirse con el algoritmo?

Como escribe Arianna Taylor, estudiante en la Universidad de Rochester, autora del artículo:

«no debería dejarse en manos de las grandes empresas el poder opinar sobre lo que nosotros, como audiencia, vemos o a quién apoyamos; como consumidor, depende de nosotros mostrarles que queremos más que diversidad: queremos inclusión en todos los espacios. […] por mucho que el mundo del libro y el mundo editorial pueda ser sordo a la inclusión de diversas voces, eso no significa que la diversidad no exista.»

La lucha por los derechos civiles del siglo XXI puede que siga en las calles; pero no conseguirá victorias sin combatir al omnisciente algoritmo. Tal vez, pasado un tiempo, hasta haya que agradecerle haber movilizado a la resistencia. Frente a la generación etiquetada como X: los, supuestamente alienados tecnológicamente, millennials y zetas están despertando a una conciencia social en ámbitos aún desconocidos. No todo está perdido. Ni mucho menos. Y, como siempre debería ser, la movilización viene de parte de los jóvenes.

 

Jóvenes como Peter Musser, la gran esperanza blanca del mundo bibliotecario en el mundo Youtube. Musser es un joven estudiante de MLIS en UBC de Vancouver (Canadá) que tiene un canal de Youtube. Hasta ahí nada que destacar. Ni siquiera sus seguidores: 7030. Muy, muy lejos desde luego de las cifras de Naya. Pero su particularidad es que la siglas de MLIS se corresponden con Master of Library and Information Studie: el título universitario necesario en Norteamérica para trabajar de bibliotecario.

Stacks and facts (Pila y hechos) es el nombre de su canal de Youtube. En él, Peter, aborda algunos de los temas más actuales relacionándolos siempre con el mundo bibliotecario. Como advierte, habla sobre Bibliotecología y Ciencias de la Información. únicamente desde sus puntos de vista. Y por eso precisamente, resultan tan refrescantes y necesarios. Además Peter no se queda ahí. Como buen youtuber interacciona con otros canales: y por ejemplo, ha mantenido varias conversaciones con la youtuber @elleteedee en el canal Sexplanations. Unas colaboraciones que, todo hay que decirlo, acumulan más visualizaciones que sus vídeos sobre bibliotecas. Competir con una buena conversación sobre sexo es batalla perdida.

La simple existencia del canal de Stacks and Facts lanza un mensaje positivo de futuro para la profesión. Mientras haya jóvenes que aman la lectura y los libros, como Naya, y estudiantes que viven apasionadamente su profesión, como Peter: el algoritmo se tendrá que diversificar quiera o no para sobrevivir. Tal cual como les pasó a las bibliotecas en su momento.

Y con el ánimo reconfortado, lo dejamos aquí. No vaya a ser que algo nos enturbie esta ensoñación a lo Norman Rockwell sobre el futuro. Un final acorde a nuestros mejores deseos para un feliz Día del Libro 2021 sea presencial o virtual.

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Bibliotecas en el espejo de Netflix

 

Tras este año de pandemia, en el que la cultura ha estado tan presente; en el que la cultura ha hecho tanto bien por la salud mental de la población (aunque no se le reconozca): ¿se puede seguir hablando de la cultura del ‘todo gratis’?

En un artículo publicado en ‘Business Insider‘ repasan las estrategias de éxito que Netflix ha seguido para, siempre según la publicación: desterrar la cultura del ‘todo gratis’. Revisando esas estrategias nos encontramos con cuatro puntos a destacar:

  • apostar por un storytelling propio: algo que se aplica sin cesar sea cual sea el sector del que se hable: construir el relato. Si en los 60 nació el culto al autor (‘Cahiers du cinema’ mediante); en los dosmiles es el relato lo que importa. Tal vez, sea por el influjo de las teorías de Yuval Noah Harari en Sapiens: sobre la ventaja evolutiva de nuestra especie por su capacidad para crear historias.
  • establecer un vínculo de cercanía con sus suscriptores gracias a la producción local.
  • capitalizar su profundo conocimiento de las audiencias para dotar al contenido menos mainstream, menos comercial, de «viajabilidad».

El artículo continúa con otras tantas loas a la estrategia seguida por Netflix. Y si bien, las bibliotecas sería más apropiado equipararlas a Filmin (por su perfil más cuidado en cuanto a calidad de contenidos; y porque parte de sus contenidos se ofrecen en eFilmonline): lo cierto es que los puntos positivos que subrayan en las tácticas de Netflix son perfectamente extrapolables al mundo bibliotecario.

¿A cuántas bibliotecas les resuena cual eco lo de construir el relato, lo de transmitir los valores e idea de la biblioteca pública a los usuarios?  Otro tanto respecto a lo de establecer vínculos de cercanía. Ninguna otra institución cultural puede enmendarle la plana a las bibliotecas públicas en ese sentido. Y en cuanto a lo capitalizar su conocimiento de su audiencia habría que hacer un punto y aparte.

Ahora mismo el cine clásico, que otrora arrasaba en taquilla, está al mismo nivel que los productos más alternativos de la actualidad. ¿Qué diría el todopoderoso David O. Selznick si levantase la cabeza y viera que sus superproducciones ahora se publicitan al mismo nivel que el catálogo de productoras independientes? Si hay alguien que no discrimina entre taquillazos y obras para público minoritario (plataformas como Filmin aparte que, por cierto, nutre el catálogo de eFilmOnline): esas son las bibliotecas.

Con esto no queremos rebatir, ni mucho menos, el artículo de ‘Business Insider’. No se puede esperar que una publicacion dedicada al mundo empresarial vaya a tener en cuenta la aportacion de las bibliotecas. Pero no porque no sea temática propia de su linea editorial sino porque nadie, ni las propias autoridades de las que dependen, le reconocen la labor que llevan décadas realizando. Ya lo decíamos en Se vende biblioteca al respecto de las sucesivas campañas institucionales contra el pirateo en las que jamás se subrayó la alternativa bibliotecaria.

Pero evitemos un tono revanchista que no lleva a nada bueno. En la semana, en que se celebra el Día Mundial del Arte, aprovechemos para darle la vuelta a esa cultura del «todo gratis» reinvidicando a las instituciones englobadas en el acrónimo GLAM (Galleries, Libraries, Archives and Museum).

En Barcelona se ha publicado, y firmado por organizaciones como Médicos Sin Fronteras, Oxfam Intermón, Amnistía Internacional o Médicos del Mundo: una declaración a favor de la liberación de las patentes de las vacunas contra el Covid-19. El clamor por la liberación de las patentes de las vacunas sigue creciendo sin parar.

La cultura, de inmediato, no salva vidas (salvo si de cultura científica hablamos) pero sirve para vertebrar sociedades sanas y con futuro. Las instituciones GLAM llevan muchos años ‘liberando’ millones de creaciones para uso y disfrute de la ciudadanía.

Chase McCoy, el diseñador de productos, ingeniero de front-end y explorador de Internet que ha creado el metabuscador Museo.

El motor de búsqueda Museo permite localizar entre millones de imágenes libres de derechos de instituciones como el Instituto de Arte de Chicago, el Rijkmuseum, los museos de arte de Harvard, el Instituto de Arte de Minneapolis o la colección digital de la Biblioteca Pública de Nueva York.

Todo tiene su etiqueta. Y cuando se entra en una web de imágenes libres de derechos; lo primero que hay que hacer es buscar temas que te interesan. Hemos escrito ‘libraries’ y estas son algunas de las joyitas con las que nos hemos encontrado.

Imágenes «liberadas» (se siente un placer especial al escribir lo de liberadas) del concepto biblioteca a lo largo de los siglos:

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Biblioteca de memeces

 

Pregunta lanzada al aire: ¿alguien se está ocupando de recopilar los ya numerosísimos memes bibliotecarios que, cada viernes, invaden Twitter, por obra y gracia, de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez; que tuvo la brillante idea de proponerlos? ¿Estamos confiando en el engañoso rosario de los hashtags? Es de suponer que la Biblioteca Nacional, que desde 2009 está custodiando memes, estará guardando con especial mimo estos memes bibliotecarios ¿Se catalogarán en el 002 de biblioteconomía?

 

 

Mar Pérez Morillo, la responsable del archivo web de la BNE, tiene una entrevista por hacerle. Mar es nuestra Amanda Brennan nacional. Por su labor preservando la web española que no por el tinte azul. La entrevista con Mar queda en nuestro debe; pero hoy nos vamos a centrar en nuestro colega al otro lado del charco: Amanda.

No es la primera vez que mencionamos a Amanda Brennan en este blog. Pero hasta ahora habían sido meras citas de pasada. Hoy, viernes de #memebibliotecario, queremos dedicarle un poco más de atención a esta bibliotecaria pionera donde las haya.

 

Amanda Brennan

 

El título del post podría resultar algo ofensivo; pero nada más lejos de nuestra intención que descalificar a nuestra colega estadounidense. Todo lo contrario, le estamos más que agradecidos por abrir horizontes hasta ahora insospechados para la profesión. En realidad, el título debería ser Biblioteca o Bibliotecaria de memes, porque a eso se dedica Amanda: a estudiar con rigor la cultura de los memes, de Tumblr, videojuegos, tendencias de Internet, en general.

Para quien, pese a vivir todos los días rodeado de ellos en sus diferentes dispositivos, no sepa aún qué es un meme: para abreviar le diremos que se trata de las imágenes, vídeos, textos o animaciones varias que se convierten en virales y «contagian» a millones de internautas (gatitos gruñones, vídeos trucados, declaraciones explosivas, montajes visuales, selfies imposibles, etc…). Aunque su origen sea otro muy distinto.

 

 

Amanda cursó estudios de Biblioteconomía en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey; pero nunca deseó trabajar en una biblioteca física. Sus intereses iban dirigidos al mundo digital, a rastrear, recolectar, conservar y catalogar lo que la red produce de manera anárquica y torrencial. ¿Quién, sino una bibliotecaria, podría aspirar a imponer una lógica y un orden al caos de la red de redes?

Con la minuciosidad de una científica, Amanda aplica las técnicas bibliotecarias aprendidas de una manera ortodoxa, para arrancar del vértigo de la obsolescencia digital a memes, imágenes, vídeos y demás fenómenos virales que pueblan la red.

 

 

Esos, que un día se convierten en titular en los noticiarios televisivos, se retuitean, acumulan miles de Me gusta o Compartir en Facebook. Provocan millones de visitas en Youtube, de Reenvíos en los correos; se convierten en trendig topics; suman cien mil comentarios, insultos, risas, emoticonos…Y son versionados, modificados, y whatsappeados hasta la náusea; y una semana después….son arrastrados por el torrente de nuevos memes, tuits o imágenes, que cual tsunami, llenan nuestra vida digital de memeces sin fin.

Como vaticinó Raymond Kurzweil («el futurólogo de Google«): para el 2040 pasaremos la mayoría de nuestro tiempo en la realidad virtual. Kurzweil no contaba con una pandemia que iba a ayudarle, quizás, a adelantar el cumplimiento de su profecía. Para esa fecha, tal vez, los bibliotecarios de Internet, como Amanda, sean los únicos capaces de recordarnos cómo hemos llegado a un mundo en el que las memeces los memes, ocupan el 90% de nuestro día a día digital.

 

 

«Hey chica, perdona que te moleste, pero ¿podrías decirme el número donde se clasifica el amor a primera vista?» Ryan Gosling, favorito para memes cursi-bibliotecarios

Amanda se autodenomina Bibliotecaria de Internet, y no deja de hacer lo que intenta toda la profesión: conservar la memoria del pasado, y del presente que nos ha tocado vivir para que próximas generaciones puedan saber de dónde vienen. Como dice Amanda, algunos memes duran muy poco tiempo en la red, pero pese a su fugacidad (o precisamente por eso) son un reflejo de su tiempo, y de ese momento específico de la cultura de Internet:

«serán importantes para entender como pensaba la gente en esta época«.

Amanda, entre 2011 y 2013, formó parte del equipo de Know Your Meme, un sitio de Internet dedicado a la investigación de memes y publicaciones en Internet.

Desde que se inaugurase en 2008, Know Your Meme se ha convertido en el referente a la hora de indagar en los orígenes de los fenómenos virales de Internet. Su funcionamiento permite la participación abierta a cualquiera que quiera proponer un meme para su estudio. Tanto reconocimiento lleva acumulado, que la Biblioteca del Congreso de Washington, ha incluido a Know Your Meme dentro un Programa para la preservación de sitios web.

 

 

En cierto modo, resulta reconfortante este afán por preservar, conservar, en un mundo abocado a una obsolescencia cronómetrada; y que además, en proyectos así, las bibliotecas tengan mucho que aportar.

Cuando finalmente los extraterrestres lleguen a la Tierra, si (con suerte para el planeta) nos hemos extinguido: puede que lo único que quede, sean algunos equipos informáticos con acceso a bases de datos como Know Your Meme (Conoce tu meme). Serán algo así como la Estatua de la Libertad semienterrada que cerraba El planeta de los simios; pero sin ningún Charlton Heston que grite, y se lamente por el legado tan memo-rable, que las nuevas tecnologías dejaron como reflejo de nuestro tiempo.

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [6]: Lidia García (the queer cañí bot)

 

La última entrega de nuestra serie Mujeres que nos gustaría como bibliotecarias se estrenó a pocos días de que se decretase el estado de alarma. No vamos a contar lo que vino después. El 8M se convirtió en nueva cachiporra política en medio de una pandemia.

Un año después, afortunadamente, aquí seguimos. Y para celebrar esta semana en torno al 8M 2021: necesitábamos montar un buen tablao. Palabras y palmas al compás que vienen de la mano de la bibliotecaria en potencia que hemos elegido para la ocasión.

Su melena rizada ensortija coplas como las varillas de un abanico cuajado de flores. Su sabiduría de reina mora le hace embrujarnos con los giros del más airoso de los faralaes… Ejem, mejor no seguimos. Ojalá tuviéramos el verbo florido y la entonación inflamada de un Lauren Postigo: para hacerle una presentación a la altura. Nos encantaría convertir este blog en un corral de la pacheca digital. Pero nos falta duende.

 

Todo lo contrario que a nuestra protagonista. Lidia García (más conocida como ‘the queer cañí bot’ en redes). Esta divulgadora cultural, activista LGTBQ+ e investigadora en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Murcia se define al compás en sus redes como: bollera, coplera y de clase obrera. Esa rima, por lo menos, da para una seguidilla.

Es una de esas afortunadas que han sabido sacarle un buen rendimiento al confinamiento. Sus podcast ¡Ay, campaneras! han creado más afición que el Resistiré en los balcones a las 8 h. Y su mirada, desde el feminismo y la teoría de géneros, a la copla y a las folclóricas ha hecho que, oyentes muy alejados de zarzamoras y Marías de la O: terminen canturreando la bien pagá en la ducha. 

Lidia es una espabilá, como cantaba Antoñita Peñuela, flamenca y chica yé-yé que no podemos contar si se toma combinaos sobre la barra de un bar: pero que se debe a su público, como reza el canon de toda folclórica de pro. Y hoy tenemos la suerte infinita de ser ese público.

 

LIDIA GARCÍA 

(the queer cañí bot)

 

Qué conexión personal tiene una nacida en los 80 con el género de la copla y las folclóricas. 

Toda. Es la música que siempre le he oído cantar a mi madre mientras hacía la casa. Además, cuando yo era cría, las folclóricas tenían bastante presencia en televisión, tanto en galas musicales y similares como en la prensa rosa. Era puritita fascinación lo que sentía al verlas. Vamos, como ahora. 

El auge de los cantautores en los 70 e incipiente democracia vino aparejado a un desprecio por la copla y las folclóricas por su asociación a la dictadura. La movida de los 80 despreció a los de la pana; y en los últimos años, numerosas voces cuestionan y critican la Movida. ¿Será que los hijos necesitan matar culturalmente a los padres y por eso terminan reivindicando a los abuelos? ¿será que para despolitizar un fenómeno cultural es necesario que se salte una generación?

En un sentido generacional puede ser que sí: pero, fíjate, que en mi caso la copla es la música que han escuchado y tarareado siempre mis padres. En mi casa, apenas ha entrao la pana: así que en mi reivindicación no he tenido que saltarme ninguna generación, al menos en lo cercano. 

Los denominados culture studies llevan muchos años desarrollándose en el ámbito anglosajón. Autores, como David Walton, llevan promoviendo este tipo de estudios en nuestro país. ¿Sabes de otros proyectos de investigación que estén abordando la cultura popular española desde el prisma en que lo hacen los culture studies?

Además de voces tan potentes como las de Jo Labanyi o Stephanie Sieburth, me parecen interesantísimas algunas aproximaciones que se han hecho, por ejemplo, a la copla desde lugares en los que, los estudios culturales y la musicología se compinchan, como sucede en el volumen Copla, ideología y poder editado por Enrique Encabo e Inmaculada Matía. 

 

En el mundo de las folclóricas (y estrellas femeninas en general) el salseo sobre sus rivalidades era todo un clásico. ¿Crees que la rivalidad entre folclóricas era un ardid publicitario fomentado por ellas mismas o que los medios trataban (y tratan) de manera diferente la competitividad entre figuras de éxito según sean hombres o mujeres? 

Creo que, como la copla en sí misma, las rivalidades en el género son un campo abonado para la ambigüedad. Por un lado, muchas rivalidades tenían un fundamento muy real: no hay más, por ejemplo, que leer las palabras que Concha Márquez Piquer le dedica a Rocío Jurado en el libro que escribe sobre su madre. Deja bastante claro que no había olvidado aquel : «Yo soy más larga que la Piquer«, que pronunció Rocío, que, por cierto, también tenía mucho de habilidad de Lauren Postigo para tirarle de la lengua…Pero, indudablemente, las tiranteces estaban ahí. 

En otros casos, como sucede con la supuesta rivalidad entre Rocío Jurado e Isabel Pantoja, sí había mucho más de artefacto propagandístico que de enemistad verdadera. Claro, que luego, algunas de estas estrellas llegaban hasta a fingir conflictos para ir a la televisión a sacarse unas perras, como hicieron Sara Montiel y Marujita Díaz en aquel teatrillo maravilloso que montaron en Antena 3… ¡Con ellas nunca se sabe! 

 

Maravillosa fotografía publicada recientemente en ‘Icon‘ de ‘El País’: Carmen Sevilla, Paquita Rico, Antonio el bailarín, Lola Flores y Estrellita Castro en 1963

 

En el post de este blog “Club de lectura de prensa rosa: bibliotecas en el candelabro” reivindicábamos el potencial como objeto de estudio sociológico que ofrecen las denominadas revistas del corazón. ¿Te sirves de este material en tus investigaciones? Si es así ¿qué tipo de datos te aportan?

Las consulto muchísimo y con un deleite que no veas. Las vidas privadas de las intérpretes de la copla, el cuplé y las variedades despertaron interés de manera muy temprana: cupletistas como Raquel Meller, Amalia Molina o La Fornarina fueron algunas de nuestras primeras celebrities, por ejemplo.  Ya que su labor artística se fusionó con su proyección como figuras públicas me parece que obviar este tipo de publicaciones sería perder información valiosísima.  

 

Lidia García documentándose con el ‘Diez minutos’, en cuya portada, mostraban la entrañable amistad entre Isabel Pantoja y María del Monte.

 

¿Alguna actuación, fragmento de película o entrevista de alguna estrella de la copla te obsesiona desde hace mucho?

Pues mira, me vuelve completamente loca el flashback de Filigrana (Luis Marquina, 1949) en el que el personaje de Concha Piquer recuerda cuando tuvo que cantar en una juerga de señoritos frente al que había sido su gran amor: un noble que la había dejado para estar con una mujer de su clase y que, ahora, fingía no conocerla. Ella aprovechaba para cantarle una canción con toda la intención, «Arrieros somos», cuajada de frases-puñal como «permita Dios que te vea ir de cancela en zaguán y que nadie te socorra con un cachito de pan». Ese primer plano del perfil de Doña Concha cantando «maldita sea la hora en que yo te conocí» mientras llora de la rabia vive gratis en mi mente. 

 

 

Concha Piquer, en los años 30, reivindicaba el amor entre mujeres veladamente en una canción.  Algo impensable pocos años después. La dictadura con su recorte de libertades ¿sirvió para imprimirle más intensidad a las letras? ¿acentuó el drama o las enriqueció con más dobles sentidos?

Sirvió desde luego para que se explotaran todas las posibilidades expresivas de ese mundo de sobreentendidos y dobles sentidos…porque no quedaba otra. En cualquier caso, las elipsis narrativas y el sugerir más que detallar, eran parte de la ideosincrasia de la copla desde sus orígenes, anteriores al franquismo, pero por supuesto la represión de la dictadura avivó la necesidad de decir entre líneas. El drama, la copla ya lo traía puesto también de antes: aunque hay también coplas cómicas, el desgarro es consustancial a esta música. 

La única figura que se puede asociar en la actualidad a un folclórica, por sus inicios, según el canon implantando en el tardofranquismo sería la omnipresente Isabel Pantoja. De la España castiza con la tonadillera y el torero; hasta llegar a la cultura del pelotazo urbanístico y la corrupción en los 2000. ¿Te despierta algún interés como objeto de estudio? 

Me despierta todo el interés que te puedas imaginar, es una figura absolutamente fascinante. De momento solo me he aproximado a los Estudios Pantojiles desde la expansión lúdica en varios hilos de twitter (https://twitter.com/thequeercanibot/status/1157231428448530432?s=20) pero también me interesa mucho como objeto de estudio, claro. Ojalá pronto. 

En 1971 se celebró el antológico partido de fútbol benéfico entre folclóricas y finolis. Su crónica en el NODO de la época no tiene desperdicio. ¿Lo ves como un filón para diseccionar los estereotipos y clichés clasistas de la cultura de la celebridad del momento o se queda en mera anécdota kitsch?

La anécdota kitsch, qué duda cabe, puede ser un objeto de estudio tan interesante como cualquier otra manifestación cultural. ¡Solo de la representación de los estereotipos de género y clase y de las articulaciones de la dicotomía de «modernidad»/tradición en ese partido te salen tres tesis! 

Recientemente se publicó la brillante biografía sobre Susan Sontag de Moser
Benjamin. Su ensayo ‘Notas sobre lo camp’ fue, y es, todo un referente a la hora de afrontar la estética de masas desde perspectiva académica. Términos que nos llegan por influencia anglosajona como campkitsch o bizarre ¿se ajustan bien a la hora de definir la idiosincrasia de nuestra cultura popular o se quedan cortos?

Figúrate si me inquieta esta cuestión que gran parte de mi tesis trata de desentrañar esto. ¿Hasta qué punto emplear estas nociones constituye una imposición de la historiografía anglosajona que nos hace correr el riesgo de reducirnos, a pie de página, de la narrativa hegemónica: como apuntaba Preciado hablando de esto a colación de la obra de Ocaña?

Es una pregunta con la que trabajo, de momento utilizo el término de «camp cañí» que creo que condensa esas tensiones, sin renunciar, a las contradicciones y problemáticas que concitan, pero estoy muy lejos de poder darte una respuesta. Cuando avance más en la tesis te cuento 😉 

¿Compartes con nosotros tu playlist coplera ideal?

Como me lo pedían bastante hice una playlist con todas las canciones que puse en el podcast ¡Ay, campaneras! Tiene copla, cuplé, zarzuela…para mí son ocho horas de felicidad pura. Mucho mejor que una jornada laboral, dónde va a parar: https://open.spotify.com/playlist/5Zg0bKxPLlgYjGmTZXLdVb 

¿Qué cuentas de IG u otras redes nos recomiendas para adentrarnos en el fascinante mundo de las famosas de los años 60-70 y 80?

No os podéis perder a Tonadillera moderna, Les Greques, Cover copla y Jose de Carrillo. Son maravilla pura. 

Las folclóricas tras la muerte de Franco se sometieron a un proceso de modernización. Lola Flores, primero, haciéndose yé-yé en Casa Flora; y más tarde, autoreivindicándose como la Tina Turner española a finales de los 80; Carmen Sevilla participando en el cine del destape; o Rocío Jurado o María Jiménez apostando dedidamente por el erotismo. Contra todo pronóstico ¿demostraron tener más capacidad de adaptación que muchos grupos indies?

No soy la más adecuada para entrar en comparaciones porque no tengo ni papa de indie pero, desde luego, muchas de ellas supieron adaptarse a los nuevos tiempos. Y, en ocasiones, reinventarse de arriba a abajo con una naturalidad que, viendo desde ahora el devenir de sus carreras, pasma. 

Un anuncio de cervezas ha resucitado gracias a la Inteligencia Artificial a Lola Flores relacionando su actitud y personalidad con los valores que defienden los jóvenes del momento. Vamos de teorías locas ¿en reivindicar a Lola Flores como icono para los jóvenes del XXI subyace un hartazgo de tantos años de espacios tipo OT que producen artistas con personalidades intercambiables?

No lo sé. Pero lo que está claro es que en el caso concreto de Lola Flores la fascinación intergeneracional que produce tiene mucho que ver con lo única que era, con la autenticidad de su carisma. Y también, claro está, con lo bien que supo explotar todas las vetas de esa autenticidad. Con su inteligencia, en definitiva.

 

 

El colectivo LGTBQ+ siempre ha tenido una especial vinculación con la copla y las folclóricas a través de transformismo y la idolatría hacia las divas de la copla. ¿Cómo interpretas esa conexión entre figuras del espectáculo que el régimen exhibía como escaparate de su cultura patriótica y los marginados por ese mismo régimen?

Me voy a poner muy coplera para contestarte porque no puedo evitar verlo como un idilio que nace en los orígenes mismos de la copla, como una pasión tan fuerte, que ni siquiera esa apropiación patriotera: pudo cercenarla. No es que las personas LGTBQ+ nos identificáramos con la copla, y la hiciéramos nuestra, como un fenómeno a posteriori, como una suerte de relectura: es que siempre estuvimos ahí, desde el nacimiento mismo del género. 

Y por último, vamos con un espacio de canciones dedicadas. En este blog siempre estamos dándole vueltas a lo que debe ser una biblioteca en el siglo XXI. Como bibliotecaria en potencia que eres y experta en el asunto: ¿qué copla le dedicarías a las bibliotecas?

Me gusta mucho una escena de La Dolores (Florián Rey, 1940) en la que Concha Piquer interrumpe a un estudiante que está con un tochaco de libro y se pone a cantarle Don Triquitraque. Una cancioncilla que, mezclada con las vocecicas de unos niños que juegan al corro en la calle, se burla cariñosamente de su aplicación. Ojalá todos los descansos del estudio -en biblioteca o en casa- fueran así de deliciosos. 

 

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com