Mapa de deseos bibliotecarios 2020

Aunque el turrón ya luzca en los expositores de algunos comercios: no sabemos si este año las fiestas navideñas merecerán tal nombre. Queda mucho para los propósitos de año nuevo. Pero en la semana en que celebramos el #Díadelasbibliotecas2020: podemos aprovechar para formularlos gracias al mapa de deseos bibliotecarios que, nuestra revista allende los mares Knovvmads: está promoviendo.

 

Hecho con Padlet

 

‘El amor en tiempos del coronavirus’ se inspira en una acción desarrollada por las bibliotecas de Medellín. El parafraseado, está claro, de la novela de Gabriel García Márquez: sirvió a las bibliotecas colombianas para intercambiar mensajes de apoyo y ánimo mientras duraba el confinamiento.

Y ahora Knovvmads adapta la idea a través de este mapa de ‘amor bibliotecario’ que aspira a cubrirse de puntos de geolocalización alrededor del mundo. Resulta tan sencillo como pulsar en el botón rojo de añadir, poner nuestra localización y escribir lo que queremos compartir con el gremio bibliotecario de todo el mundo. Se puede hacer directamente aquí, en el mapa, o accediendo a: https://knovvmads.com/love/

 

 

En la semana en la que, también ha saltado a los medios, que la Inteligencia Artificial M2M-100,desarrollada por Facebook, es capaz de traducir hasta 100 idiomas sin necesidad de recurrir al inglés como intermediario. No deja de ser paradójico que ahora que la tecnología puede que nos ayude a superar la barrera del idioma: el mensaje esté sujeto a tantas distorsiones gracias, en gran parte, a esa misma tecnología.

La catedrática de Información y Documentación de la Universidad de Murcia, Celia Chaín, declaraba en una reciente entrevista sobre cartografía que los mapas:

«se terminaron convirtiendo en instrumentos de poder y de prestigio, que los monarcas y gobernantes usaban para mostrar sus posesiones […] Este nuevo uso introdujo en la cartografía un condicionante: quien pagaba para que le hicieran el mapa podía imponer sus condiciones, y muchas veces la delimitación territorial que en él aparecía no era acorde con la real.»

El mapa de Knovvmads no tiene condicionante alguno. Si hay unas instituciones que colaboran en que la imprescindible transparencia democrática sea realidad; en combatir los bulos y las manipulaciones: esas son las bibliotecas. Sin ir más lejos, el pasado 20 de octubre, las bibliotecas de la Universidad de Indiana, se alzaban con el título de Biblioteca del año concedido por la Oficina de Publicaciones del Gobierno de los Estados Unidos. Un reconocimiento oficial a la labor que llevan desarrollando durante décadas promoviendo el acceso de los ciudadanos a la información gubernamental.

Como ha declarado Emily Alford, directora de Servicios de Información Gubernamental, Mapas y Microfilm de las bibliotecas universitarias de Indiana, «el fácil acceso a la información sobre el gobierno federal les da a las personas una mejor idea de lo que están haciendo sus representantes y cómo les afecta.»

 

Mapa de bibliotecas en el mundo de la IFLA.

 

Y es que las bibliotecas dan para hacer muchas cartografías más allá de los mapas sobre lectura pública. El mapa de bibliotecas públicas es el mapa de la libertad de expresión de un país; es el de las desigualdades sociales cuando señalan su ausencia o precariedad; es el del nivel cultural de sus ciudadanos; es el de la salud mental; el de la creatividad; el de la educación; el de su fortaleza como sociedad. El mapa de las bibliotecas públicas del país es, en realidad, un atlas completo de geografía humana y social.

Por eso, en un tiempo en que nos cuesta reconocernos, por portar mascarillas pero también porque nos movemos en coordenadas que desconocemos: el mapa Knovvmads nos permite crear una Babel bibliotecaria plurilingue. Nos da la oportunidad de situarnos en el mundo como profesionales de la cultura a través de nuestros mensajes de ánimo. Y reconocernos.

Celebremos este 24 de octubre de 2020 participando en la creación de este mapamundi de deseos bibliotecarios. ¡Feliz día de las bibliotecas!

 

 

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B de bombas, b de bibliotecas

 

Todos sabemos porqué asunto estará capitalizada la crónica de este 2020. Pero como en cualquier otro año otras noticias completarán el anuario. Una de ellas será la brutal explosión en el puerto de Beirut del 4 de agosto. Una combinación letal de corrupción, material explosivo almacenado en condiciones deplorables, y sobornos políticos: desencadenó la tragedia.

 

Obra del fotógrafo y diseñador búlgaro afincado en Viena: Mladen Penev.

 

Afortunadamente ante catástrofes de tal magnitud surgen, aquí y allá, iniciativas que intentan paliar en la medida de lo posible el desastre. En lo que concierne al mundo bibliotecario ha venido de la mano de la directora de una editora infantil y presidenta de la Asociación de Editores de Emiratos Árabes, Sheikha Bodour. A la cual, la revista ‘Forbes’, situó en el puesto 34 entre las 200 mujeres más influyentes del mundo árabe.

A través de la Oficina de la Capital Mundial del Libro de Sharjah (SWBCO) se están recaudando fondos para la restauración de varias de las bibliotecas dañadas por la explosión. Los trabajos se centran en la renovación de la, especialmente dañada, biblioteca Monnot; así como en dotar de nuevos equipamientos a las bibliotecas de Bachoura y Geitawi.

 

La Biblioteca Geitawi de Beirut antes y después de la explosión de agosto de 2020. 

 

Lo acontecido en Beirut no ha sido premeditado (si concedemos que la desidia y corrupción política no son ya de por sí lo suficientemente alevosas). Los desperfectos sufridos por las bibliotecas no dejan de ser lo que, cínicamente, se da en llamar daño colateral. Pero la relación entre destrucción, colateral o directa, y bibliotecas acumula un largo historial.

En positivo, tenemos el caso de Colombia. El país sudamericano ocupaba el segundo puesto en el triste ranking de países con mayor número de minas anti personas enterradas en su territorio (solo superado por Afganistán).

Hace cinco años, el gobierno junto con las FARC, acordaron limpiar el suelo colombiano de minas; para posteriormente, construir bibliotecas en dichos terrenos. Bibliotecas por bombas, la mejor sustitución posible. El pasado mes de agosto se declararon libres de este tipo de minas un total de 14 municipios más. Según previsiones, para 2025, el suelo colombiano estará libre de esta aberración.

 

La maravillosa biblioteca colombiana La Casa del Pueblo, en el municipio de Inzá, departamento de Cauca.

 

Para entonces ¿cuántas bibliotecas habrán sustituido a las bombas? Si nos atenemos a la última década y pico, hasta un total de 150 bibliotecas han sido dotadas gracias al acuerdo entre el gobierno del país y el de Japón. El país nipón se ha convertido en el gran mecenas del desarrollo bibliotecario en Colombia.

No tenemos constancia de que esta conexión, entre el país andino y el del sol naciente, tenga algo que ver con las bombas. Pero dado el trauma histórico de Hiroshima y Nagasaki, lo cierto, es que hay cierta justicia poética en el hecho de que sea Japón el país que esté ayudando a que la b de bomba se transforme en la de biblioteca.

En 2015, en pleno avance del ejército de terrorista yihadistas del ISIS, los bibliotecarios de la Biblioteca Nacional de Bagdad digitalizarón a marchas forzadas miles de documentos temerosos del afán destructor de la cultura por parte de las milicias.

La digitalización, en este caso, actuó como los sacos de arena con los que se protegieron las colecciones de raros e incunables en la Biblioteca Nacional de España, durante la Guerra Civil. Veintiocho bombas cayeron en total sobre la Biblioteca Nacional durante la Guerra Civil. La aviación franquista señalaba con bengalas a la Biblioteca y al Museo del Prado, como objetivos de los bombardeos.

 

Estado de la Biblioteca y Archivo Nacional de Bagdad tras la invasión estadounidense de 2003. 

 

En las guerras, tras las pérdidas humanas, lo primero a aniquilar siempre es la cultura. Las bibliotecas, como garantes de la cultura y los valores de una sociedad; siempre serán víctimas propiciatorias de cualquier régimen totalitario.

Cleopatra Taylor esperando a que Julio César le queme la biblioteca.

Desde la mítica Biblioteca de Alejandría, arrasada sucesivamente, hasta su destrucción absoluta a manos de los musulmanes en el 642 a. C.; pasando por la biblioteca de Nalanda en la India, en la que los musulmanes (de nuevo) invirtieron de 3 a 6 meses para conseguir quemarla por completo. La Biblioteca de Cartago destruida por los romanos; o la de Antioquia que, en el año 364 a. C., fue incendiada por el emperador Joviano.

Pero sin remontarse tan lejos en el tiempo, la Biblioteca de Sarajevo fue bombardeada con saña en 1992 con bombas incendiarias por la aviación serbia. El detalle quizás más escalofriante en este caso, sea el hecho de que el militar encargado de dar la orden de destruir la biblioteca, fuera usuario de la misma. Un hombre culto, profesor universitario especializado en Shakespeare; que se convirtió en el número dos de los ultranacionalistas serbios. La banalidad del mal de la que hablaba Hannah Arendt, o que todos, somos presa fácil de algún tipo de fanatismo.

 

Música para las ruinas de la Biblioteca de Sarajevo.

 

De una forma u otra, las bibliotecas siempre resultan explosivas. En sus estanterías se ordenan tejuelados, miles de detonadores de efecto retardado dispuestos para dinamitar prejuicios, lugares comunes, y estereotipos. Auténticas bombas que explotan en las mentes haciendo saltar por los aires las mentiras que quieren contarnos; o dando munición para los que quieran inventarse nuevas mentiras.

Pero volvamos a Beirut para cerrar este recorrido explosivo-bibliotecario. El músico líbano-británico organizó un concierto a través de su canal de Youtube el 19 de septiembre bajo el nombre ‘I love Beirut’. El autor de ‘Grace Kelly’ congregó a primeras figuras de la música internacional como Kylie Minogue o Rufus Wainwright en una carta de amor a su ciudad natal.

 

 

De todas las actuaciones que se dieron durante este evento nos quedamos con el dúo entre el propio Mika y la banda libanesa Mashrou Leila. Unos viejos conocidos de este blog. Y es que el grupo libanés lleva una década haciendo explotar bombas mentales de tolerancia, respeto y defensa de los derechos de las minorías en pleno corazón del mundo árabe. No podíamos imaginar mejor final.

 

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Biblioteca cancelada

 

Pa’ la cultura, cultura, cultura

Pa’ la cultura tengo la cura,

bailo lo que me dura

David Guetta ft. Various artists

 

La cultura en la actualidad es un campo plagado de minas. Hay que ser extremadamente cuidadoso para no terminar saltando por los aires. La cultura siempre ha sido terreno resbaladizo. Pero pocas veces el camino ha estado tan plagado de buenas intenciones (como las que llevan al infierno); por parte de los que han de heredar todo esto.

 

Cancelled: serie filmada con un teléfono móvil durante el confinamiento y estrenada en Facebook. 

 

Que cada generación quiera enmendarle la plana a la precedente es (o debería ser) señal de evolución. Y los denominados millennials o generación Z están repitiendo el patrón, que desde que se sacralizara la juventud allá por los 60: han hecho los boomers, los X, los Y y cualesquiera otra etiqueta con la que se han estereotipado las características de cada nueva camada.

A los que les toca ahora representar ese papel (los nacidos entre finales de los 90 y la primera mitad de los 2000): la foto de grupo les sale favorable en conciencia medioambiental, igualdad de género, libertad sexual, justicia social, capacidad de movilización y consumo responsable. Claro que, también en estas franjas de edad, se sitúan muchos votantes de partidos populistas y extremistas. Pero, pese a sus actitudes y modos, no son estos jóvenes adscritos a discursos apolillados los que más deberían preocupar.

 

En la portada de enero de 1939 de ‘Flechas y Pelayos’, la publicación infantil de Falange Española: un bebé aprende a formar palabras con el nombre de Franco.

 

El verdadero peligro se encuentra entre ese sector de jóvenes concienciados con su tiempo. Entre ese grupo de jóvenes que abogan por hacer progresar la sociedad hacia valores más justos e igualitarios. Esos jóvenes en los que los mayores, que se creyeron el espejismo de una España moderna en los 80: les gusta verse reflejados. Ellos son los llamados a reformular, en términos prácticos, lo que entonces eran meras fórmulas estéticas.

Pero la polarización extrema en los principales medios a los que recurren para informarse (las redes sociales): les lleva, en demasiadas ocasiones, a tejer el tapiz de un mundo ideal que por los extremos se les va deshilachando.

La información, el consumo cultural, los discursos… se han fragmentado como las casillas de una ruleta. Un círculo bien compartimentado en el que la bola de la polémica va botando hasta caer aleatoriamente. No por casualidad la ficción más consumida en estos tiempos son las series de televisión. Narraciones troceadas ideadas para inducir la fidelidad.

En el Festival de cine de San Sebastián, el presidente del jurado, el cineasta Luca Guadagnino presentó su serie para HBO: We are who we are. El retrato de unos jóvenes estadounidenses que viven en una base militar en Italia. Respecto al consumo de series, Guadagnino, declaraba lo siguiente en una entrevista en ‘El Español‘:

«El problema es la fruición. Es el modo en que vemos una película y en el que vemos una serie de televisión. La unidad de visión que permite gozar de una película de cine, no pertenece a la experiencia televisiva, porque en una tele se ve un episodio separado del otro.» 

Vasos de Duralex: nostalgia para los que fueron a la EGB. Tras 75 años cierra la mítica marca de vajillas. ‘Mi mundo en desaparición’ que cantaba Fangoria. 

Historias por entregas, cual folletines decimonónicos, que administran la acción según estricta posología. Un consumo cultural que cuanto más se globaliza, más se atomiza. Como un vaso de Duralex estrellado en el suelo de la cocina.

En el documental de moda sobre las redes sociales, The social media (2020), diversos exdirectivos de Facebook, Twitter, Instagram y demás adictivos digitales: entonan el mea culpa por el daño que sus empresas están generando en la sociedad y la democracia.

No es casualidad que el término al que se recurre para describir la implicación de muchos internautas con los valores progresistas que defienden sea el de la cancelación. Al igual que a una serie: ahora a cualquiera nos pueden cancelar. Condenar al ostracismo social, vía digital, sin posibilidad de otra respuesta que no sea la contrición pública.

En los últimos meses se suceden artículos sobre la cultura de la cancelación (otro concepto proveniente del mundo anglosajón que, como tantos, se ha adoptado sin reticencias). Y curiosamente uno de los análisis más certeros se publicó en una revista de moda. Como las plataformas de streaming cuando una serie no da los datos de audiencia deseados, en las redes, se cancelan personas o trayectorias como si fueran personajes de ficción.

Una serie que, dificilmente, será cancelada por su productora es la adaptación de la novela Patria por parte de HBO. Su estreno acapara todos los titulares que amablemente dejan libres los políticos y sus peleas en plena pandemia. Pocas veces, al menos en estos tiempos de consumos fragmentados, había concitado tanto revuelo una adaptación literaria a la pantalla pequeña.

En el caso de Patria, la novela y su adaptación, es muy probable que se conviertan en objeto de estudio y precedente de futuras apuestas similares. El poder de la ficción como herramienta didáctica para abordar un trauma nacional. Un proceso de debate sobre un tema delicado que se abrió audiovisualmente, a través del humor, en la amable Ocho apellidos vascos (2014). Su taquillazo allanó, en cierto modo, el camino para abordarlo ahora desde el drama.

El impacto de la novela, en un país con bajos índices de lectura, pese a convertirse en best seller, y hasta ser recomendado por la influencer de sobremesa Belén Esteban: tenía sus limitaciones. Pero al traducirse a imagen la identificación de los espectadores con esa realidad, aún tan tristemente cercana, se multiplica.

El elogiado debut literario de la joven promesa de las letras estadounidenses: Camonghne Felix.

En palabras de la joven escritora estadounidense Camonghne Felix: «la cancelación […] es una forma de que las comunidades marginadas afirmen públicamente sus sistemas de valores a través de la cultura pop». Hasta ahí suena bien. Lo peligroso es cuando se convierte en un movimiento de justicieros solitarios que, cada día, entran en las redes dispuestos a cobrarse nuevas piezas.

No fue el pop del que habla Felix, sino el rock radical vasco, el que ejerció de banda sonora en los años más duros del conflicto vasco. Pero el concepto de cultura de la cancelación se podría aplicar igualmente a lo que entonces aconteció. Una parte de la sociedad ‘cancelando’ a los que no comulgaban con su sistema de valores.

La inquisición bien entendida empieza por uno mismo. Kate Winslet, que parte como favorita en la temporada de premios cinematográficos, ha abjurado de Woody Allen y Roman Polanski sin que nadie se lo pidiera. Un arrepentimiento por haber trabajado en sus películas, cuando las acusaciones que pesan sobre ellos, eran de sobra conocidas. 

 

Si las bibliotecas consiguieran una presencia realmente trascendente en redes: serían canceladas desde los más diversos frentes. Las bibliotecas defienden los matices, las opiniones contrapuestas, abordar discursos dañinos para extraer las enseñanzas necesarias para desactivarlos. Pero si esta cultura histérica de la cancelación se agudiza o se agota de pescar siempre en los mismos caladeros: ¿cuánto tardarán en exigir que se ‘cancelen’ en las bibliotecas las obras de J.K. Rowling, las películas de Allen y Polanski o las de Pérez Reverte (diana favorita en nuestro país)?

En las zonas ideadas para jóvenes, que últimamente proliferan en el orbe bibliotecario, se destaca su apuesta por dejarles su espacio; potenciar su capacidad de auto aprendizaje; de autonomía e independencia de criterio. Espacios seguros para que puedan desarrollarse y disfrutar de la oferta bibliotecaria según sus intereses.

En la descripción de objetivos que la Biblioteca Pública de Providence (Rhode Island) hace de su loft para jóvenes destacamos tres:

  • Apoyar el crecimiento y desarrollo de los jóvenes.
  • Construir relaciones y comunidad a través de la comunicación y la compresión.
  • Practicar la humildad cultural y abrazar la diversidad.

La zona para jóvenes de la Biblioteca Pública de Evanston (Illinois).

 

En su primera novela gráfica, Ilu Ros, aborda los referentes del pasado a través de sus conversaciones con su abuela.

Practicar la humildad cultural y abrazar la diversidad. No puede sonar mejor. No ya para los jóvenes sino para todos. La desconexión de los nacidos bajo el imperio de lo digital respecto a generaciones previas marca una distancia que puede acarrear muchos problemas. Sobre todo, cuando los propios adultos que provienen de una cultura mucho menos fragmentada: tampoco demuestran grandes habilidades protegiéndose de las manipulaciones y la infoxicación que todo lo enturbia.

Por ello, esa tendencia a crear espacios propios para adolescentes y jóvenes en las bibliotecas, que tan bien puede venir para atraer a la población más difícil de seducir: debería ser compensada.

El siguiente paso sería potenciar, pensar, diseñar espacios, actividades, cruces intergeneracionales en la biblioteca. Si las redes, los medios tendenciosos (¿hay alguno que no lo sea? incluido este blog) se empeñan en separarnos: démosle la vuelta a su discurso y promovamos la interacción entre generaciones. El tinglado, tal y como está ideado, no lo soportaría.

Aún estamos a tiempo de aprovechar todo lo bueno, todo lo aprendido, todo lo ensayado. Todos los errores. Pero para eso hace falta capacidad de resistirse al ritmo que nos marcan (mos). Antes de que el Covid-19, u otra venganza de la naturaleza, nos cancele a todos: aprovechémonos del potencial de las bibliotecas, de la cultura sin dogmas, para lograr esa sociedad con la que no solo sueñan los jóvenes.

 

Página de ‘Estamos todas bien’ la novela gráfica con la que la ilustradora Ana Penyas ganó el Premio Nacional de Cómic (2018). Las abuelas de la autora como protagonistas de su relato.

 

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¿Quién le canta a Cervantes?

Hace unos días saltaba a los medios la noticia sobre el hallazgo del que podría ser el primer ejemplar de una obra de William Shakespeare en España. La tragicomedia The Two Noble Kinsmen, escrita alimón entre John Fletcher y el bardo de Avon, fechada en 1634 ha sido localizada por el profesor John Stone entre los fondos del Real Colegio de los Escoceses de Salamanca.

 

Shakespeare y Cervantes unidos por los prodigiosos trazos de Fernando Vicente.

 

Casi de manera paralela, en la edición española ‘The conversation’, el catedrático de Literatura Española e Hispanoamericana, Manuel Ángel Vázquez Medel: denuncia el uso tendencioso e irrespetuoso de la herencia cervantina para apuntalar discursos contrarios a su espíritu. En su título hace expresa su denuncia: Cervantes no sirve para todo.

El caso es que la actualidad, una vez más, hace que los dos genios literarios del siglo XVII vuelvan a cruzarse más allá de la fecha de su muerte. En el 2016, la cultura y el mundo bibliotecario, en especial, vivió intensamente el aniversario de la muerte de ambos. Como no podía ser de otro modo, aquella efeméride, también tuvo su polémica. En nuestro país, claro.

 

El aniversario de Cervantes utilizado también para hablar de la pandemia y de paso atizar políticamente a los contrarios.

 

Una frase camino del tópico: «Si Shakespeare viviera ahora sería guionista de televisión»

Que si los homenajes a nuestro escritor más célebre no iban a estar a la altura; que si, una vez más, quedaba de manifiesto el desinterés por la cultura en nuestro país.

Nada nuevo bajo el sol. Para alimentar el pan nuestro de cada día de rifirrafes políticos: tanto vale una trama de espionaje financiada con fondos reservados que dos insignes literatos.Cuatro años después no vamos a hacer balance retrospectivo. Las polémicas interesadas caducan rápido: pero los autores del Quijote o Macbeth están por encima de todo ese ruido y furia.

Pero sí que vamos a compararlos. No sus obras, talento, ni trayectorias. Para eso ya hay excelentes estudios al respecto. Aquí siguiendo una tónica habitual marca de la casa nos preguntamos: ¿quién está más integrado en la cultura pop contemporánea: el inglés o el español?

 

El año del 400 aniversario de la muerte de ambos, el músico neoyorquino Rufus Wainwright lanzó su disco: Take All My Loves: 9 Shakespeare Sonnets. Lo hizo con la colaboración de otros cantantes y actores, que interpretaban y declamaban, los sonetos shakesperianos musicados y arreglados por él en colaboración con la BBC Symphony Orchestra. Y a raíz de esto nos preguntamos: ¿quién le canta a Cervantes?

Shakespeare está muy presente en la cultura popular del mundo anglosajón. La adaptación de sus obras al cine se mantiene de forma más o menos periódica, el espíritu de sus creaciones es invocado en muchas ficciones que arrasan o ha arrasado recientemente (Juego de tronos, Los Soprano, House of cards, El Rey León…): lo shakesperiano mantiene una vigencia que sigue ampliando su eco generación tras generación. Pero: ¿qué pasa con Cervantes? Siendo su Quijote la novela moderna por antonomasia: ¿se puede decir lo mismo del mundo cervantino?

 

Shakespeare-patito de goma para el baño

 

A Shakespeare lo hicieron pop nada más surgir la cultura de masas que definiría el siglo XX, y sigue resonando en el XXI. Que la obra cervantina por excelencia ha inspirado ballets, óperas, musicales, zarzuelas, cine, series, dibujos animados, no lo vamos a descubrir aquí (más que nada porque en esta web del Centro Virtual Cervantes viene un resumen insuperable).

Las comparaciones son odiosas: pero ahí va la deducción de Perogrullo ¿podría ser que Cervantes fuera menos pop que Shakespeare? 

 

Cualquiera que haya parado en un bar de carretera de La Mancha, y haya visto los souvenirs quijotescos más kitsch imaginables atiborrando escaparates: podría acusarnos de plantear un debate que nace agotado. Pero precisamente por eso.

Mientras que el Quijote queda para souvenirs kitsch, Shakespeare da también para canciones pop y ficciones de rabiosa actualidad. ¿No será que no se ha profanado lo suficiente la obra cervantina?, ¿cómo es que el espíritu tan rabiosamente moderno de El Quijote no tiene más peso en la cultura tan superficialmente profunda, o profundamente superficial, de hoy día? La mayor falta de respeto a un clásico es que cada nueva generación no lo saquee alegremente. El bigote sobre la Gioconda que dibujó Duchamp fue el mejor ejemplo de la vigencia icónica del cuadro de Da Vinci.

 

 

Tal vez sea que aunque hayan alcanzado, como iconos globales, similares niveles de kitsch (souvenirs y demás atentados estéticos variados, mediante); el inglés tenga una dimensión más pop que Cervantes. El estereotipo quijosteco sigue siendo propiedad de la academia, de lo docto, de lo serio: lo cual ha hecho que su impronta en la cultura de masas actual no sea tan acusada.

Metidos en faena, sólo hay que comparar un poco los ecos de ambos en el pop de las últimas décadas para hacerse una idea.

Nada menos que The Beatles en 1967 ya “filtraron” El Rey Lear en su tema I am the Walrus; y desde ahí todo fue un sin parar: Elvis Costello,Lou Reed, Radiohead, The Smiths, Bob Dylan, o bandas que ya le homenajeaban desde su propio nombre:  Titus Andronicus o Shakespeare sisters.

En el repertorio pop cervantino nos encontramos otro tipo de intérpretes. [Inciso: a partir de aquí el texto está minado por enlaces de cuyos impactos al pincharlos no nos hacemos responsables. Pero sin cuyo visionado, aunque sea un fragmento, se pierde mucho de este post].

 

Desde nuestro galán latino por excelencia, Julio Iglesias, con su patriótico Quijote, con bandera gualda en frenético ondear de fondo; a grupos ochenteros efímeros como los franceses Magazine 60 y su inenarrable Don Quichotte en estilo high energy.

Seguimos subiendo de nivel. El astro adolescente británico Nik Kershaw, que mezclaba sin sonrojo alguno a Dalí con bailarinas de samba y flamenco alrededor de su sufrida versión del hidalgo; pasando por la cantante eurovisiva Dana Internacional  encarnando a una Dulcinea del Toboso de lo más diva.

Nos dejamos en el teclado muuuchas otras muestras, pero es justo terminar con algo más reciente, y algo menos chirriante como el homenaje de Coldplay (el de la banda rumana de hip hop Doc & Motzu y su Doc Quijote, deja tan mal cuerpo, que lo dejamos al criterio de cada cual).

El disco del inolvidable Drácula cantando el Quijote: insólito pero cierto

En los 70, los cantautores de la pana hicieron que, para muchos: los poemas de Machado, Miguel Hernández, Alberti o Lorca: se hicieran casi indisociables de las melodías que crearon para ellos.

Desde entonces, salvando casos aislados como Loquillo y sus trabajos con poemas de Luis Alberto de Cuenca o Gil de Biedma: la otrora fecunda simbiosis entre poesía y música pop no se prodiga mucho que digamos.

Visto lo visto, no sabemos si sería mejor abogar porque se siga leyendo a Cervantes; y no tanto porque se le cante.

Para cerrar, sin ningún ánimo de enfrentar al genio inglés con nuestro genio patrio, es justo que cerremos rizando el rizo con un clásico del pop autóctono a costa de la obra del bardo de Avon.

Todo un vídeo digno del programa Cachitos de hierro y cromo que deja claro que en esto del dislate pop ningún inmortal queda indemne.

 

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Sandokán hoy sería bibliotecario (bibliotecas siempre a flote)

 

El Tigre de Malasia, aka Sandokán, era un príncipe que se hacía pirata para vengar las afrentas sufridas por los invasores británicos. Con su barco, surcaba los mares del sudeste asiático, buscando venganza y justicia. Aunque, eso sí, decantándose en el terreno amoroso por una rubicunda inglesa antes que por una paisana.

Kabir Bedi, el Sandokán de la serie de los 70, uno de los culpables de que la frase: ‘queremos un hijo tuyo’ proliferase en los medios.

 

La historia, verídica, del secuestro que el capitán Richard Phillips sufrió en 2009 a manos de piratas somalíes.

Los piratas que aún surcan los mares de Indonesia poco tienen que ver con el romanticismo justiciero de las novelas de Salgari. Las redes de tráfico de armas, las  implicaciones con mafias con oscuros intereses políticos y conexiones con el terrorismo: hacen que la figura del pirata no haya manera de mitificarla.

Hoy día los piratas navegan a toda velocidad a bordo de lanchas cuyo mascarón de proa son potentes ametralladoras. Ningún viento mece las velas de los padekawang, la embarcación típica de la zona, en busca de aventuras con aires cortomalteses.

Pese a todo, los kapal padekawang sulawesi, que ese es el nombre completo de estas embarcaciones, siguen surcando las aguas indonesias cargándolas de romanticismo y cultura.

Sandokán luchaba por la liberar a sus compatriotas de la opresión de los colonos. Hoy, el intrépido pirata optaría por ejercer de bibliotecario y, a bordo de su embarcación, hacer llegar esperanza, en forma de libros, hasta los más reconditos rincones.

En Sulawesi del Sur, una exuberante y paradisíaca isla, han recuperado este barco tradicional gracias al programa Armada Pustaka Mandar. Dicho programa forma parte de una campaña cuyo nombre lo dice todo: Pustaka Bergerak. Es decir: biblioteca en movimiento. Y no hay nada que nos guste más que una biblioteca en movimiento.  La biblioteca padekawang arribó a tierra el pasado mes de diciembre cargada de libros para los más pequeños.

 

Las bibliotecas móviles indonesias del proyecto Pustaka Bergerak del emprendedor Mahammad Ridwan Alimuddin.

 

Los niños indonesios disfrutando de su botín recién llegado por mar.

Todo nace del empeño del escritor, periodista, documentalista y archivero Mahammad Ridwan Alimuddin. Él es el fundador de la biblioteca comunitaria Nusa Pustaka en el oeste de Sulawesi. Apasionado de la cultura marítima local, Mahammad, no dudó en lanzarse a la aventura de hacer llegar a bordo de este barco típico: un arsenal de libros destinados a promover la lectura entre los niños.

Empezó por relatarles los pormenores de su travesía, y una vez embelesada la audiencia: puso en práctica actividades en torno a la lectura. Recupera las raíces marineras para las nuevas generaciones al tiempo que fomenta la lectura. ¿Hay una manera más efectista de ganarse la atención de la audiencia que el animador a la lectura arribe en un barco antiguo tras surcar los mares del Sur?

 

El padekawang que atraca en cada puerto llevando lectura y alegría a los niños indonesios. Fotografía de Yusuf Wahil para ‘The Jakarta Post‘.

 

Siguiendo la carta de navegación de este post, cambiamos de latitud, pero seguimos a flote en torno a lugares únicos. Durante las primeras semanas del confinamiento con motivo de la pandemia una de las noticias que acapararon la atención, más allá de estadísticas de contagios y muertes: fue la de los efectos positivos de la paralización de la actividad humana.

Las imágenes de los canales de Venecia con el agua transparente y la vida marina retornando a la laguna: se hicieron virales. Habrá que ver por cuánto tiempo, una vez instaurada esta ‘nueva normalidad’, la transparencia de las aguas persiste en los canales. El tráfico fluvial se ha reanudado, y una parte de culpa en que las aguas anden más revueltas, la tiene el servicio de préstamo interbibliotecario.

Lo que en cualquier otro lugar suena a exótico en Venecia se recubre con el aspecto de lo cotidiano. La Red de Bibliotecas del Municipio de Venecia tiene en marcha un servicio con el que sueñan muchas redes de bibliotecas de nuestro país: el préstamo en red. De modo que los venecianos pueden disfrutar de los fondos de cualquiera de las bibliotecas de la red, gracias a un sistema de préstamo interbibliotecario, entre el centro histórico y las islas de la laguna.

 

En el palacio de Ca ‘Farsetti tuvo lugar la presentación del nuevo barco para el préstamo interbibliotecario que recorrerá los canales llevando y trayendo cultura. Que en la ciudad que alberga una librería tan pintoresca como la librería Aqua alta sea un barco el encargado de proveer de lecturas a sus habitantes: es hacer barrio, es hacer comunidad, en torno a la cultura.

Otra de las primeras reacciones que surgieron, al menos en suelo europeo, en las primeras horas de la pandemia: fue la revitalización del arcaico, pero vigente, debate norte y sur. Los países del norte opinando displicentes, e insolidarios como en el caso holandés, sobre sus vecinos del sur a cuenta de lo que sucedía en Italia o España. Un tiempo de descuento para terminar aplicándose el cuento cuando el avance imparable de la pandemia alcanzó sus territorios.

 

 

Por eso, no deja de resultar paradójico, que sea en el norte en donde este plácido y bello crucero sobre bibliotecas a flote que estamos haciendo: termine en naufragio. En la avanzada y admirable, en muchos sentidos, Noruega un barco emblemático para el ecosistema bibliotecario autóctono puede que acabe en el desguace.

La biblioteca flotante Epos, que ha recorrido los fiordos del condado de Vestland desde 1964, dejará de llevar libros a las poblaciones a orilla de los fiordos por decisión política. Según los informes en los que sustentan los responsables culturales para desproveer de lecturas, vía fluvial, a los pequeños más alejados de grandes poblaciones: ha sido el ahorro. Lo más irritante, por ser finos, es que la noticia se hizo pública la misma semana que, en Oslo, se inauguraba la espectacular biblioteca Deichman Bjørvika. Una maravillosa biblioteca, que obviamente, ha costado millones de coronas.

 

La espectacular nueva biblioteca de Oslo.

 

¿Por qué nos suena tan familiar? No lo del barco-biblioteca. Nos recuerda a tantos proyectos culturales faraónicos que dejaron temblando las arcas públicas, en nuestro pais, para infraestructuras culturales básicas como son las bibliotecas. En fin, mi reino por un titular.

Afortunadamente la cancelación de la veterana biblioteca flotante noruega no les está saliendo gratis mediáticamente. Periodistas, escritores, y por supuesto, lectores han elevado protestas ante la pérdida de un servicio que llevaba 60 transportando la lectura en los meses más crudos del invierno noruego.

Está visto que en la civilizada Europa el romanticismo casa mal con la eficiencia que exigen los nuevos tiempos. La ensoñación, la promesa de aventuras sigue asociada, al menos en esta crónica, a los paisajes de siempre: el exótico sudeste asiático y la eterna Venecia.

Y como empezábamos con aires aventureros y lejanos: cerremos con algo de música optimista. Que no perdamos el brillo en la mirada y que nadie nos robe el sueño de pensar que las bibliotecas, pese a piratas de todo tipo, siguen a flote.

 

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Formatos emergentes para bibliotecas convalecientes

Nos hayamos visto directamente afectados o no (esperemos que no) por el COVID-19: todos estamos convalecientes. Informativa, económica o políticamente: nadie quedará ajeno a la pandemia. Las bibliotecas tampoco.

 

Thomas Mann inició su novela ‘La montaña mágica’ a raíz de un ingreso de su esposa  en el Sanatorio Wald de Davos.

 

Aunque vivamos en una precaria nueva normalidad y las bibliotecas hayan vuelto a reiniciar sus servicios: es imposible prever hasta qué punto alterará, esta emergencia sanitaria y sus secuelas, al mundo bibliotecario. Una de las pocas certezas que se repiten, aplicadas o no a bibliotecas: es la intensificación de la vida digital.

Pese a que se permitan actividades culturales lo cierto es que la prudencia, y los meses de estío, siempre más áridos para programaciones culturales en espacios cerrados: condicionan esa idea de biblioteca como centro cultural. Esa casa de la cultura con la que nos prometíamos una alternativa feliz, presencial y socialmente humana al discurso único de lo digital. Tal como le pasa al mundo de los espectáculos en vivo. Y es que hace tiempo que las bibliotecas forman parte de la farándula.

 

Festival de música de la BRMU a partir de una selección de conciertos disponibles en la plataforma eFilm.

 

Los festivales de música, cines, teatros, y demás espacios de cultura en vivo temen las pérdidas económicas: pero no la absoluta extinción. Su público volverá cuando sea posible. Los espacios físicos de las bibliotecas como espacios para la cultura en directo, en cambio: despiertan más incertidumbres. ¿Y si se pierde todo lo conseguido hasta el momento? Aquí, como en todo, depende de las características de cada biblioteca.

En esta situación cada espacio al aire libre se cotiza al alza. Si a las medidas de distanciamiento implantadas sumamos la posibilidad de habilitar terrazas, patios u otros espacios adyancentes del edificio de la biblioteca para convocar al público: mejor que mejor. Si los bares han conseguido permiso para ocupar más espacio urbano y poder sostener sus negocios: ¿por qué las bibliotecas no va a hacer lo mismo?

Aunque sea por soñar: vamos a darnos un breve paseo por algunas bibliotecas afortunadas que cuentan con esas terrazas o espacios:

 

Terraza de la Oodi Library de Helsinki. La foto, suponemos, sería previa a la pandemia. Imaginar esa terraza, sin un toldo, en una biblioteca del sur de España resultaría disuasorio.

Terraza de la biblioteca de la universidad de Carolina del Norte.

Terraza de la biblioteca del condado Fallbrook Branch en San Diego.

Un lujo al alcance pocos:  la terraza de Yandiola en el centro cultural-deportivo de la Alhóndiga de Bilbao.

Jardín de la biblioteca pública de Torre Pacheco (Murcia).

 

Pero lo dicho, no deja de ser un sueño, pocas bibliotecas públicas pueden permitirse espacios tan idílicos.

Por eso, se hace inevitable, que para no perder la ligazón con los usuarios las bibliotecas se vuelquen en lo digital. La competencia es feroz y las bibliotecas, aunque cuenten con el cariño de su público, cual folclóricas antiguas, no son ídolos de masas del mundo digital. Pero ya se sabe: el que resiste gana. Y ésta es una carrera de fondo.

Emerging Formats (Formatos emergentes) con este sugestivo título la British Library define a aquellos formatos que, según la legislación de depósito legal, ha de reunir y conservar la institución. Unos formatos que, por estructura y contenido, suponen un mayor desafío de cara a su tratamiento y custodia.

Dentro de esos formatos emergentes se sitúan los videojuegos. Y la British Library predica con el ejemplo. Con aire retro ochentero ha lanzado un divertido videojuego que toma a la biblioteca como escenario. Si no puedes recorrerla libre de restricciones de manera presencial: que puedas patearla a través de la pantalla.

 

 

El British Library Simulator es un mini juego creado con el motor de juego Bitsy. Una exaltación del píxel que despertará la vena nostálgica de más de un gamer de los ochenta (de cuando no se sabía que era eso de un gamer). La sede de la Biblioteca en St Pancras es el escenario por el que se mueven los toscos, y por eso simpáticos, monigotes y objetos del videojuego. En su recorrido, dirigido con las teclas de flecha del teclado, se van descubriendo los diferentes proyectos digitales que tiene en marcha la Biblioteca.

En definitiva, bibliotecarios ingeniándoselas, una vez más, para que la distancia no sea el olvido.

 

La Biblioteca Pública de Wilton (Connecticut) está en plena celebración de sus 125 años de vida. No sabemos si será por ese motivo, o porque es así de hiperactiva, ha lanzado su programación de actividades culturales para el verano: y resulta abrumadora. Los retos de lectura, las clases de costura, pintura, manualidades, clubes de lectura, cinefórums, cuentacuentos, charlas, talleres de dibujo, de escritura, animales vivos del zoo, makerspaces, etc…

Y en ese continuo estrujar de meninges una palabra se repite en los diversos eventos programados: zoom. El efecto post pandemia del auge de las apps como Zoom Vídeo, Pexip, Google Meet, etc…Pero sobre todo de Zoom.

 

 

Zum, según la RAE, es el efecto de acercar y alejar la imagen. Una buena definición de lo que pretendemos en este blog cada semana. Modificar los ángulos de visión a ver si conseguimos atisbar un poco mejor el panorama. En este confinamiento todas las generaciones se han familiarizado con las pantallas partidas. Para los mayores del lugar (y para Tarantino) el recuerdo del cine de los 60 y 70 se hacía inevitable.

Pero si se habla de zoom, con permiso de Cachitos de hierro y cromo, un recuerdo para el glorioso ballet Zoom y a Valerio Lazarov. Platillos volantes se llamaba esta coreografía no apta para epilépticos. Justo de lo que habla este post: de formatos futuristas y de colonizar el espacio exterior (de las bibliotecas).

 

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El mundo en una viñeta (comictecas around the world)

 

La industria que mejor ha sabido convertir unos premios en una gigantesca campaña de marketing, no cabe duda, es la de Hollywood. Desde que en 1929 las majors decidieran crear unos galardones endogámicos con los que darse autobombo: muchas industrias han copiado su gran idea. Pero ninguna ha llegado tan lejos.

 

Pero, tras 91 años de Óscars, les ha faltado ser más agradecidos con los satélites de la industria, sin cuyo apoyo: el cine habría sido imposible. Cadenas de cines, distribuidoras, videoclubes, plataformas audiovisuales, televisiones o hasta acomodadores. Todos estos actores tienen su papel en el mundo del cine. Un poco de reconocimiento, cuando menos simbólico, por parte de la industria a la que tanto han beneficiado: resultaría, como poco, elegante.

Una industria que nació, casi a la par que la cinematográfica, sí lo tiene en cuenta: la industria del cómic. Y si hay una figura de relevancia dentro del mundo del cómic: esa es la de Will Eisner. Los premios Eisner se suelen describir como los Óscars de los cómics. Y la Fundación de la Familia Will and Eisner desarrolla una labor encomiable en la promoción y difusión del cómic en muy diversos ámbitos.

La Mesa Redonda de Novelas Gráficas y Cómics de la American Library Association (ALA) y dicha Fundación: premian cada año la labor de bibliotecas que desarrollan proyectos en torno a los cómics. Este año, dichos premios, han recaído en bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Avon (Washington); y la Biblioteca de Cape Fear Community College, Wilmington (Carolina del Norte). Además se concede una subvención para novelas gráficas que ha recaído en el Servicio de Bibliotecas de Ontario.

 

La obra cumbre de Will Eisner con la que lanzó el concepto de ‘novela gráfica’.

 

Iniciativas así motivan a cualquiera para aprovechar el enorme potencial que los cómics tienen para las bibliotecas. Pese a la creciente presencia de secciones dedicadas a los cómics en las bibliotecas: las comictecas sigue siendo rara avis si hacemos un recorrido global por el orbe bibliotecario. Por eso, en este momento, en que los viajes están tan condicionados: en este blog, cual intrépidos Tintínes, nos vamos a dar una vuelta al mundo.

Nos sirve, y mucho, el trabajo desarrollado por Carmen González Muñoz en la Universidad Complutense de Madrid. Su trabajo final del máster en Gestión de la Documentación, bibliotecas y archivos: ‘Comictecas, prospección y estudio de caso’ (2020) es uno de los pocos trabajos que se han ocupado de recabar información actualizada sobre la situación del cómic en bibliotecas alrededor del mundo. Gracias a él nos ponemos al día y podemos sacar los datos que aparecen a continuación.

 

Antes de partir nos tomamos algo en el alucinante café Yeonnam-Dong (Corea del Sur). No hay mejor imagen para la inmersión en el mundo del cómic que proponemos.

 

Billy Ireland, el humorista gráfico en cuyo honor se creó la mayor biblioteca-museo del mundo en torno a los cómics.

Si atendemos a tamaño, colecciones y a la ambición del proyecto: la Billy Ireland Cartoon Library Museum, en Columbus, Ohio: se sitúa en primer lugar. Fundada en 1977 alberga 45.000 dibujos originales, 36.000 libros, 51.000 títulos seriados y cerca de 2.5 millones de historietas y recortes de tiras cómicas. Pensar en catalogar tan ingente cantidad de material gráfico, con las irregularidades que suelen plantear este tipo de publicaciones puede ser tanto: el sueño o la pesadilla de cualquier bibliotecario catalogador.

Sin salir de los Estados Unidos, en San Francisco, el Cartoon Art Museum se distingue por su partida de nacimiento. Nada menos que el gran Charles M. Schulz, autor de Peanuts (Charlie Brown), dotó económicamente al centro para que pudiera convertirse en espacio expositivo en 1987. Sala de exposiciones, talleres de dibujo y animación, biblioteca y diversas actividades culturales: sirven para dinamizar este centro activo en pro del mundo del cómic.

 

Obra de la ilustradora coreana Henn Kim. Su universo creativo está repleto de múltiples referencias a los libros.

 

Pero si lo que queremos hablar es de comictecas, es decir de secciones específicas creadas dentro de bibliotecas públicas, para fomentar la lectura a través del arte secuencial: nuestro periplo no es tan amplio como suponíamos.

Tenemos que llegar hasta Japón para encontrarnos con bibliotecas, que no museos o centros de investigación, que tengan al cómic en el centro de sus colecciones y programaciones. Al menos sobre el papel. Porque la Biblioteca Internacional del Manga proyectada para convertirse en realidad en Tokio: sigue sobre el papel.

Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos en torno al mundo del cómic. El germen de este proyecto se remonta a 2009, cuando la Universidad de Meiji, planteó la construcción de un edificio de cinco plantas que sirviera para albergar el mayor centro conocido dedicado al mundo del manga.

 

 

Según un artículo firmado por Roland Kelts (autor del ensayo: Japanmanía: cómo la cultura pop ha invadido los Estados Unidos): el proyecto de la fastuosa biblioteca nipona se podría haber reactivado de cara a los Juegos Olímpicos de 2020. Pero ha tenido que entrar en juego esta pandemia global para que, una vez más, el ambicioso sueño vuelva a quedar en el aire.

En el plano de lo real sería la Biblioteca Museo Yoshihiro Yonezawa, en Tokio, con sus cerca de 140.000 ejemplares la que ahora mismo sigue representando el mayor centro cultural volcado en el rico mundo del manga. Pero antes de movernos de latitudes una última pausa para la ensoñación.

En la ciudad china de Hangzou se lleva pensando desde hace años en construir un espectacular museo dedicado al cómic y la animación. Tras la inauguración de la apabullante biblioteca de Tianjin Binhai, el régimen chino como cualquier potencia necesitada de ostentación: sigue apostando por proyectos faraónicos.

El estudio de arquitectura holandés MVRDV diseñó el proyecto, finalmente modificado, recurriendo a globos gigantescos: cual bocadillos de cómic. El resultado final parece que juega con la idea pero modificándola. Pero aquí nos permitimos por un momento recrearnos en lo soñado en un primer momento.

 

Pero encaremos el tramo final del artículo centrándonos en lo que prometimos: bibliotecas en las que se ha dado una especial protagonismo al cómic. Para eso tenemos que movernos por Europa. Partimos de Francia, concretamente de la ciudad de Angouleme, que se erige como la capital del cómic europeo.

La Bibliothèque de La Cité Internationale de la Bande Dessinée et de l’Image (Angoulême) alberga más de 43.000 álbumes, tanto para adultos como para niños, que se pueden leer en sala o retirar en préstamo a domicilio. Pero a sus colecciones se suman los fondos que sirven para la investigación, en el centro de documentación, que incluye la biblioteca. En este fondo patrimonial hablamos de unos 80.000 álbumes y 133.000 números de publicaciones periódicas.

La biblioteca es una pieza fundamental en el conglomerado de espacios que conforman la Ciudad Internacional de la Bande Dessinée.

 

Cité Internationale de la Bande Dessinée et de l’Image (Angulema)

 

Siguiendo el periplo europeo es obligado detenerse en Barcelona y en su red de bibliotecas. La industria editorial del cómic ha estado fuertemente asentada en la capital de Cataluña. Esta circunstancia unida a la potente red de bibliotecas que ha desarrollado la ciudad hacen que el cómic tenga una fuerte presencia.

Desde la Biblioteca Central Tecla Sala de L’Hospitalet, todo un referente, a la Biblioteca Ignasi-Can Fabra perteneciente a la red de bibliotecas de Barcelona. Si al principio hablábamos de industrias que saben reconocer la labor que desarrollan agentes, que en principio, no forman parte de las mismas: la Tecla Sala se alzó, en 2014, con el premio que otorga la Asociación de Autores de Cómic de España en el Salón del Cómic de Barcelona. Un premio por la difusión y promoción del cómic para esta biblioteca que en sus espacios ofrece hasta 25.000 ejemplares de cómics.

 

Jornadas sobre cómics y bibliotecas organizadas por la Tecla Sala de L’Hospitalet en 2019.

 

En el resto de España, durante las últimas décadas, numerosas bibliotecas han ido destacando (que no incorporando porque ya estaban) los cómics en su oferta. Espacios bibliotecarios pensados en exclusiva para los cómics se han organizado en bibliotecas como: la de Ciudad Real, la biblioteca Yamaguchi en Pamplona, la biblioteca Ánxel Casal en Galicia o en el municipio malagueño de Arroyo de la Miel, entre muchos otros.

Una de las que mayor proyección ha tenido desde su inauguración en 2003 es la Comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia (BRMU). Inmersa actualmente en una nueva ampliación, la Comicteca BRMU, cuenta con una colección de cerca de 24.000 volúmenes. Pero más allá de sus colecciones lo que ha hecho destacar a la Comicteca BRMU pasa por su mobiliario, los espacios que ocupa, y sobre todo: los proyectos que ha puesto en marcha.

 

El Batman que preside una de las secciones de la Comicteca BRMU (Murcia).

 

Desde la creación de pequeñas comictecas en peluquerías y centros de belleza de la ciudad de Murcia; pasando por una bibliocarroza repartiendo cómics en el desfile del Bando de la Huerta; o la inclusión de realidad aumentada en las portadas de los cómics.

Además de exposiciones, talleres, tatuajes de cómics, conferencias, conciertos y demás proyectos que han convertido a la Comicteca BRMU: en el punto de partida desde el que replantearse lo que debe ser una biblioteca en el siglo XXI.

Encuentros con autor en la Comicteca de la Universidad Autónoma de Puebla (México).

Y para cerrar saltamos desde la Comicteca BRMU a Sudamérica. CERLALC (Centro Regional para el Fomento de la Lectura para América latina y el Caribe) desarrolló, en 2009, el Proyecto Comicteca en Bogotá. Consistió en un encuentro entre expertos de diversos países en torno al fomento de la lectura a través del cómic.

Este encuentro propició que, un año después, se publicase la obra: ‘El cómic, invitado a la biblioteca pública’. En él se incluía el prototipo desarrollado en la Comicteca BRMU, que años después, ha dado sus frutos con la inauguración de la primera comicteca colombiana en la ciudad de Cali; así como de la primera comicteca mexicana en la Universidad Autónoma de Puebla.

Comicteca en Cali (Colombia).

 

Y hasta aquí este viaje apresurado, y libre de COVID-19, alrededor del mundo. El mundo, por mucho que así rece el título, no cabe en una viñeta. Como tampoco caben en un solo post las iniciativas que en torno al cómic se desarrollan en bibliotecas por todo el orbe. Will Eisner, quien acuño el concepto de novela gráfica tan de moda, dijo al respecto: «será un medio legítimo para los mejores escritores y artistas. Es el embríon de una nueva forma de arte». ¿Y si las comictecas fueran el embrión de una nueva forma de pensar las bibliotecas?

 

La Comicteca BRMU siempre ha querido aglutinar en torno a la biblioteca a los creadores locales. Consecuencia de ello son estas dos obras de Magius (izquierda) y Sonia MS (derecha) en homenaje a la Comicteca BRMU.

 

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Tío blanco hetero…lector

Confiamos que el título de este post no llame a engaño. No vamos a hablar sobre Un tío hetero blanco. El amado/odiado youtuber que fustiga discursos hegemónicos de la actual ola feminista. Y al que los medios conservadores entrevistan con asiduidad.

Hay muchos otros tíos blancos heteros en las redes. Aunque si nos ajustamos a las estadísticas no hay tantos que, como Sergio (el nombre del youtuber en cuestión): fundamente sus diatribas en argumentos sustentados en la lectura. Y se declare admirador de Camille Paglia.

De ahí la decepción de sus seguidores/detractores más broncos: cuando el youtuber contraviene el discurso único que esperan de él. Suele ser el riesgo que acarrea la lectura.

Ser un hombre blanco hetero cis género, según para qué discursos imperantes: es lo peor. Unas circunstancias, biológicas y culturales, que invalidan cualquier opinión o matización disidente del signo de los tiempos. El revanchismo, en un primer estadio puede ser comprensible, pero a la larga lo único que hace es replicar las mismas estructuras opresoras. Solo que, en ese caso, desde el otro extremo de la balanza.

 

 

En Testosterona y bibliotecas, hace unos años, indagábamos en el desapego que los hombres, así en general independientemente de su color de piel o preferencias sexuales: demuestran hacia la lectura. Y ahora una cabecera, muy leída por esas masculinidades dominantes, la revista ‘Forbes’ viene a corroborar la relación entre falta de hábito lector y expectativas formativas en los adolescentes.

El medio especializado en negocios se hace eco de los resultados del reciente estudio: ‘Diferencias de género en los caminos hacia la educación superior’. Un estudio llevado a cabo por David Geary de la Universidad de Missouri y Gijsbert Stoet de la Universidad de Essex. El estudio evidencia dos limitaciones que limitan las posibilidades de hombres y mujeres para progresar académicamente. Por la parte de los hombres: sus malas habilidades en lectura. Y por el lado de las mujeres: las actitudes sociales discriminatorias hacia su género.

 

‘Mira a los hombres caer’ (1994): la primera película de Jacques Audiard. Un director que se ha especializado a lo largo de su carrera en una continua indagación sobre la masculinidad. Con títulos tan brillantes como: De latir mi corazón se ha parado (2005), Un profeta (2009) o Los hermanos Sisters (2018).

 

Hot dudes reading (Tios buenorros leyendo) nació como una cuenta en Instagram. Fotos de tíos guapos leyendo en transportes públicos. Y se ha convertido en libro. Masculinidad+libros = más efectivo que cualquier efecto Axe.

Una vez más la estupidez de los estereotipos de género bloqueando el progreso social de nuevas generaciones. No obstante, el hecho de que las mujeres sean mayoría en el número de matrículas en la educación postsecundaria: es síntoma de que algo se ha avanzado. Pero, ¿es algo positivo? El que las mujeres se incorporen a la educación superior, es obvio. Pero que los hombres no lo hagan en una proporción equivalente: ¿a dónde nos lleva?

Una sociedad en la que la cualificación académica entre hombres y mujeres sigue descompensada, pero a la inversa: no parece muy halagüeño para alcanzar realmente la igualdad.

No es la primera, ni será la última, vez que reivindiquemos la necesidad de las humanidades para dar sentido a un mundo hipertecnológico. En La biblioteca como ornamento dábamos noticia del interés por parte de las clases altas estadounidenses porque sus vástagos cursaran estudios de humanidades. No es de extrañar. Como decíamos entonces:

«Durante las últimas décadas […] todo conocimiento que no fuera utilitario y práctico según la lógica del mercado: no se contemplaba. Había que «convertir la educación en una empresa con fines de lucro». Y lo aparentemente diletante, lo sofisticado, lo ornamental si se quiere: desprestigiarlo en un vulgo alienado tecnológicamente. Para así, secretamente, cultivarlo en las élites. De este modo […] perpetúan sus privilegios

 

Libro publicado por la editorial Avarigani, propiedad del presidente del banco de inversión Alantra: Santiago Eguidazu. El economista fundó esta editorial para publicar textos de filosofía desde perspectiva empresarial.

 

Pero no acaba aquí nuestra enésima reivindicación de las humanidades. Recientemente se publicaba un artículo, en los medios del Grupo Vocento, firmado por Icíar Ochoa de Olano, bajo un título sugerente: ‘Los filósofos, los nuevos gurús de las empresas’.

Según revela, el último informe de la EAE Business School, el trabajo más demandado es el de experto en ética de datos. De repente, la ética, la reflexión sobre lo que hacemos y el punto de vista humanístico: se hacen imprescindibles para avanzar en campos como los de la Inteligencia Artificial. Y si los masters of the universe de Wall Street, de la City o Silicon Valley han decidido convertir a la filosofía y las humanidades en un activo de sus negocios: ¿quienes somos nosotros para llevarles la contraria? En definitiva sé un hombre (de negocios) y lee.

 

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Vindicación de lo bibliotecario en tiempos posCovid

En una ocasión ya hablamos del riesgo que se corre en blogs, revistas, foros y demás medios del orbe bibliotecario de actuar como un ‘¡Hola!’ bibliotecario. Y quien dice un ‘¡Hola!’ dice un ‘Vogue’, ‘Vanity fair’, ‘House&Gardens’, ‘Neo2’. Cualquier cabecera aspiracional, que cual Instagram impresos, permite al pueblo asomarse al retrato edulcorado de las élites. Financieras o culturales, tanto da, si es que acaso no coinciden.

 

Una fotografía que perfectamente podría ser del ‘¡Hola!’ pero que aparece en ‘Vanitatis‘: la visita de los Reyes a la Biblioteca Nacional.

 

Una combinación mal dosificada de preguntas al aire combinada con exhortaciones a la innovación: puede tener efectos paralizantes.

Paralizantes por generar mala conciencia entre profesionales de bibliotecas con plantillas envejecidas por años de falta de renovación de personal; de bibliotecas donde propiamente, lo que se dice personal con formación bibliotecaria, hay muy, muy poco; de bibliotecas donde si había poco presupuesto ahora habrá menos…

Esta letanía quejumbrosa y deprimente siempre ha sido un eco en muchas pausas del café en congresos y/o encuentros del gremio. Es un vicio, que como todos los vicios, no deja de ser síntoma de carencias. Por eso vamos a planear a ras de suelo. Si este post fuera una exclusiva se publicaría en el ‘Pronto’ antes que en el ‘¡Hola!’ para entendernos.

La biblioteca viviente también necesita cariño.

 

Esta situación mundial de emergencia sanitaria ha provocado prácticas marcadas por la provisionalidad en las que, inevitablemente, habrá que perserverar. Por ejemplo, toda la vida que se haya podido infundir a redes y plataformas de la biblioteca: se querrá afianzar y consolidar. Otra cuestión es que las exigencias del trabajo presencial lo permitan a ese nivel.

Que digital+biblioteca va unido en todas sus vertientes: está asumido. Pero vamos a la crónica de sucesos, vamos al ‘Pronto’ que prometíamos. ¿Qué pasa con la biblioteca como espacio físico?

Una vez terminados los protocolos, instaladas las mamparas, los hidrogeles, los espacios para cuarentena de la colección, la cartelería, la señalética, las políticas de préstamo, los circuitos para la movilidad del público, etc. Si tras superar, cual carrera de obstáculos, las fases 1, 2, 3 y alcanzar esa ‘nueva normalidad’: quedara algo de tiempo: se podrían retomar asuntos pendientes.

 

Infografía sobre los servicios permitidos en Fase 3 según la Orden SND/458/2020 realizada por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio.

 

Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos repetido que: ‘las bibliotecas no son salas de estudio’? Muchas más de las que ha sonado Resistiré durante estos meses. Y he aquí una oportunidad para ponerlo en práctica. Por mucho que en la fase se permitan las actividades culturales, el préstamo interbibliotecario, el uso de ordenadores o el estudio encubierto de consulta en sala: el orden de los factores, en este caso, sí que afecta al resultado.

Postergar todo lo que se pueda el estudio y dar prioridad absoluta a todo lo que consideramos como servicio propiamente bibliotecario (préstamo presencial, información bibliográfica, préstamo interbibliotecario, actividades culturales, clubes de lectura…) sí que marca precedentes, aunque sea en el pundonor bibliotecario de los profesionales.

Deja claro que si la biblioteca fuera Kate Winslet, en Titanic (1997), y Leonardo DiCaprio representara a los estudiantes: no dejaría que Leo se ahogase, le dejaría subir a la tabla: pero antes se aseguraría de que lo prioritario está a salvo. La bibliotecidad de la que hablaba Pablo Gallo, la esencia bibliotecaria, o como quiera cada uno llamarlo: según la idea y concepto que tenga de lo que debe ser una biblioteca pública.

 

James Cameron decidiendo quién ‘sobrevive’: si las bibliotecas o los estudiantes.

 

Imagen promocional de Kika (1993): el director pensando cómo mover a sus personajes. Una buena metáfora visual de cómo mover las piezas en esta extraña rentrée bibliotecaria.

El margen de cambio, dadas las circunstancias, puede que sea pequeño pero siempre habrá alguno. ¿Cuántas veces se ha dado un impasse en el devenir cotidiano de las bibliotecas como este?

Sería injusto centrarnos únicamente en el lobby estudiantil. ¿Qué pasa con los pecados achacables a los propios bibliotecarios? ¿Cuántos procesos de trabajo no se podrían reconducir, cuántas inercias corregir, y asuntos replantear aprovechando la excepcionalidad del momento?

Si se acomete la reducción de espacio para el estudio que sea con la finalidad de abordar, por fin, ese fab lab; ese espacio multidisciplinar; ese vivero de empresas; esas salas para reuniones/trabajos de grupo; ese estudio de grabación; o cualquiera otra reestructuracion de espacios/servicios que, hasta ahora, no se habia encontrado el momento de acometer.

Cuando todos estamos en modo reseteo es momento de introducir las actualizaciones. De subrayar (por recurrir a vocabulario estudiantil) lo que realmente nos importa. Aunque fuera de manera testimonial, ni siquiera con el mobiliario y diseño soñados. Pero que al menos se plante la semilla de ese concepto de biblioteca con el que soñamos al leer los ‘Hola-Vogue-Vanity Fair’ bibliotecarios.

Algunas ideas posibles, que no plausibles hasta que se ponen en práctica, serían:

  • reducir brecha digital: si algo ha quedado claro durante esta pandemia son las limitaciones de los servicios bibliotecarios (y educativos, y de todo tipo, pero aquí hablamos de bibliotecas) para alcanzar a las personas excluidas por el motivo que sea de una conexión a Internet. Formación y pensar en servicios que se puedan ofrecer vía móvil.
  • atención reforzada a población de edad avanzada: desde promover préstamo a domicilio en casos en que se pueda, formación en el uso de plataformas digitales, y espacios propios para ellos en la biblioteca. La segmentación por edades de los espacios de la biblioteca, en estas circunstancias, gana más importancia que nunca por cuestiones de seguridad.
  • préstamos de equipamiento informático a domicilio. Antes que mantener los equipos dormidos en los armarios permitir su préstamo extramuros.
  • ofrecer las plataformas/redes de la biblioteca para eventos que se han tenido que suspender en el municipio y que permiten su celebración online. Los grandes festivales de cine se han suspendido presencialmente, pero van a llevar a cabo, a través de Youtube, parte de su programación. ¿No podrían explotar los eventos cinematográficos locales ofertas de las bibliotecas como la plataforma eFilm? O si se ha suspendido una feria del libro o eventos literarios ajenos a la biblioteca, lo que sea adaptable al mundo digital: podría usar las redes o plataformas de la biblioteca.
  • Compañías teatrales, actores, cuentistas y demás creadores locales se han ofrecido, de manera gratuita durante el confinamiento, a bibliotecas. Sus redes eran deseadas como vías para llegar a más público. Y al tiempo, afianzan, una posible relación, remunerada, en el futuro.

Pero antes de que nos acusen de incurrir en una apoteosis del ‘Consejos vendo que para mí no tengo’: lo dejamos aquí. Que para acusaciones, en relación a bibliotecas, ya está la denuncia de cuatro grupos editoriales contra el portal Internet Archives (IA).

Logo de la biblioteca emergencia de Internet Archives.

La espita de esta nueva ofensiva editorial contra la que se autodenomina ‘biblioteca web’ proviene de la creación de una ‘biblioteca de emergencia’ durante este periodo.

IA ‘liberó’ 1’4 millones de libros, como aquí en España han hecho algunas editoriales, permitiendo la concurrencia. Una suspensión, la de las listas de espera, que se programó solo, en principio, para esta situación excepcional.

Lo que temen los grupos editoriales que han elevado la demanda, con el apoyo de la Asociación de Editoriales Estadounidense (AAP): es que esta excepcionalidad sea un coladero para afianzar esta práctica. En ‘Xataka‘ recogen las declaraciones del fundador de IA Brewster Kahlo al respecto de la demanda:

«como biblioteca, IA adquiere libros y los presta, como siempre han hecho las bibliotecas […] en una situación en la que no puede accederse a colegios, bibliotecas y demás sitios públicos esta demanda judicial no favorece a nadie»

¿Alguién le habrá hablado a Kahlo de las plataformas legales de préstamo de libros y audiovisuales con que cuentan las bibliotecas? El caso es que ante esta apropiación (¿o deberíamos decir suplantación de identidad?) del concepto biblioteca: una vez más se hace necesario vindicar lo genuinamente bibliotecario en tiempos posCovid.

Si se apropian de la idea, al menos, que se reconozca la denominación de origen a las que siempre han sido bibliotecas de verdad. Un ‘nosotras estábamos primero’ que, en términos prácticos sirve para poco; pero que a efectos psicológicos: igual ayuda para infundir ánimos de cara al regreso.

 

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Literatura infectada

Que una película como Contagio (2011) se convirtiera en la más vista durante las primeras semanas de confinamiento se puede interpretar de dos maneras. Desde un punto de vista positivo: los espectadores que la eligieron querían indagar, a través de la ficción, en lo que suponía una pandemia. Y de una perspectiva menos constructiva, pero igualmente humana, que el morbo por lo apocalíptico forma parte de nuestro ADN. Y quien dice la cinta de Steven Sodenberg dice las numerosas selecciones de libros de ficción sobre pandemias.

 

Orgullo + prejuicios + zombies (2016)

 

El propio director, Sodenberg, declaraba recientemente que pese a haberse documentado sobre los escenarios posibles en una pandemia global: la realidad le ha sobrepasado. Pese a la inquietante fidelidad de la película con lo acontecido nueve años después: el director se ha visto sorprendido por la profunda irracionalidad de muchos de sus compatriotas. La realidad siempre superando a la ficción.

Pero en este post vamos a rescatar ¿del olvido? un fenómeno literario que precisamente coincidió cronológicamente con el estreno de la película de Sodenberg: la literatura mashup. Cuando se publicó el cómic Orgullo, prejuicio y zombis parecía un disparate de lo más divertido. Fue a principios de esta década cuando el concepto de los mashup infectó a la literatura.

Antes que nada habrá que aclarar qué es eso de la literatura mashup por si alguien no lo recuerda o sabe. Nosotros proponemos castellanizar el concepto traduciéndolo como Literatura infectada. Porque de eso se trata: de infectar a unos géneros con otros, de coger clásicos de la literatura y machacarlos, hacerlos añicos convirtiéndolos en historias de vampiros, zombis u hombres lobo.

El término, culturalmente hablando, proviene del mundo de la música. El bastard pop o mashup se concibe como un collage musical que mezcla dos (o más) piezas musicales. En tiempos recientes YouTube se ha llenado de temas pop hábilmente mezclados, en la mayoría de las ocasiones, como una manera de denunciar sospechosas inspiraciones que rozan el plagio. Como si la originalidad siguiera teniendo algún peso en la fábrica de salchichas de la mayoría de música comercial del momento.

Pero centrándonos en lo literario, la mayor damnificada/intervenida fue Jane Austen: desde Sentido y sensibilidad y monstruos marinos, pasando por el ya mencionado Orgullo, prejuicio y zombis o Emma y los vampiros. Pero ni Tolstói se libró del saqueo, y así la robótica enlazó con la heroína romántica por excelencia, en Android Karenina.

Y al cine, por supuesto, también llegó la moda con Abraham Lincoln, cazador de vampiros (2012) o Drácula la leyenda jamás contada (2014). Menos mal que a continuación, Spielberg estrenó su biopic sobre el mítico presidente.

Así al menos, cuando manden un trabajo escolar sobre la figura del presidente a los escolares estadounidenses, tienen un referente cinematográfico más fidedigno. Aunque dado el umbral de incredulidad superado con Trump: creer que un presidente ejercía como un Val Helsing de la política: resulta de lo más creíble. La realidad de nuevo superando a la ficción.

¿Qué artefactos culturales, qué mixturas insospechadas, surgirán de esta crisis sanitaria, económica y social? Un campo de experimentación son las bibliotecas.

En nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario planteábamos un confinamiento cultural entre diferentes tipologías de usuarios. En esa ocasión lo hicimos para tomar el pulso a los consumos culturales de grupos muy diversos.Tal vez, con un poco de perspectiva, sería momento de retomar aquella idea y cruzarla con otra serie de este blog: Geopolítica bibliotecaria. Al menos la sospecha de plagio se anula.

The exterminating angel: la ópera del compositor inglés Thomas Àdes que adapta la película buñueliana.

 

Un post mashup entre El ángel exterminador bibliotecario y Geopolítica bibliotecaria. Un cruce entre cómo se desarrollan los hábitos y comportamientos de los usuarios de bibliotecas con efecto zoom (escrito en inglés original con doble intención): de lo local a lo global. Pero para que se dé esta infección aún necesitamos algo más de tiempo. Quede como promesa.

Y mientras llega el momento volvemos a los orígenes, a donde nació el fenómeno mashup, a la música. En un post de Open culture nos hablan sobre si las generaciones son fenómenos naturales o construcciones culturales. Un debate apasionante pero para otro momento. Lo que enlaza con el fenómeno mashup es el proyecto que nos descubren de dos DJ de Chicago: The Hood Internet.

Estos dos DJ y productores, especializados en mashup y remixes, han elaborado una serie de vídeos en los que agrupan 50 canciones lanzadas en un solo año. Desde 1979 a 1988 (por el momento). Aquí elegimos el 86 como podíamos haber elegido cualquier otro. Un collage músico-nostálgico que según los gustos, estéticos y musicales, de cada uno puede resultar indigesto o una delicia.

 

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