Deux ex machina bibliotecario

 

Al relato que de las bibliotecas nos estábamos haciendo le ha salido un elemento sobrevenido (a todos pero aquí hablamos de bibliotecas) que las va a trastocar en muchos sentidos.

Deux ex machina (dios desde la máquina): personaje o fuerza externa a una trama que irrumpe resolviendo, pero contraviniendo, la lógica interna de la historia.

El Cristo, colgado de un helicóptero, volando por el cielo de Roma con el que se abre La dolce vita (1960). El origen de la expresión Deus ex machina proviene del teatro clásico griego en el que, ante una trama irresoluble, aparecía un dios colgado de una grúa. Fellini, en su obra maestra, lo ponía nada más empezar.

 

¿Qué ha sido el Covid 19 sino una fuerza externa que irrumpe en mitad de una tímida recuperación presupuestaria en algunas bibliotecas? ; ¿qué supondrá con unas plantillas con falta de renovación poscrisis 2008? Unas plantillas que ahora  tienen que reinventarse/readaptarse (¡¡one more time!!!) ¿Cómo gestionarán los servicios presenciales en tiempos de medidas higiénicas estrictas? ¿Cuál será la relación con los proveedores de contenidos digitales ahora que se saben aún más imprescindibles?

Esto de lanzar preguntas pero no aportar respuestas: es el culmen del cuñadismo. Y de reflexiones cuñadas vamos sobrados estos días. Por eso, en vez de seguir preguntando al aire, mejor ponemos en práctica una habilidad que tenemos más adiestrada. Vamos a asomarnos, como si fueran las 20 h., a esa ventana bibliotecaria a la cultura del siglo XXI que luce en el frontispicio de este blog. No para aplaudir, bueno tal vez un poco, sino para ver cómo anda el patio de vecinos de la cultura.

 

La felicitación en redes de Infobibliotecas sobre una ilustración de Pier Paolo Rovero de una Nueva York confinada llena de lectores.

 

Que después del primer (y esperemos que último) Día del libro en confinamiento global, escritores y libros, hayan computado al alza en los medios: no es nada significativo. No es en la resaca de esta atípica celebración donde hay que buscar signos: sino días previos. Concretamente, desde el día 15 de marzo a las 0:00 h., en que se activó el confinamiento  en España.

A los pocos días, el presentador de Telecinco, Pedro Piqueras, entrevistaba en directo a Antonio Muñoz Molina. Tras las preceptivas reflexiones en torno a la situación tan extraña que vivimos, Piqueras, despedía al autor de Beltenebros: destacando lo inhabitual que era que un escritor ocupase tantos minutos (sin premio o polémica de por medio) en un informativo prime time. No era premeditado pero en la reflexión se constataba, desde dentro, el poco espacio para la reflexión sosegada en los medios.

 

 

Pero es que en días subsiguientes, también Piqueras, volvía a entrevistar a otros escritores. ¿Falta de contenidos o cambio de tendencia?

El 9 de abril no se emitió el Sálvame nuestro de cada día, era Jueves Santo, y en su lugar se programó La ladrona de libros (2013). La adaptacion de un best seller, sobre los libros como tabla de salvación en tiempos oscuros, sustituyendo al programa que, según algunos, incrementa las ventas de aquellos títulos que en él se mencionan.

Son muchos los escépticos cuando se habla de las lecciones que aprenderemos de esta situación. Los humanos nos hemos ganado a pulso ese autoescepticismo. Pero tal como decíamos en Golpe de estado cultural en ciernes:

«es muy posible que se esté gestando un golpe de estado contra el sistema cultural tal y como lo conocemos en la actualidad. […]  la subversión vendrá desde dentro y casi sin pretenderlo.»

 

Pensándolo bien, que el Día del libro se haya desarrollado en estas circunstancias, puede acarrear consecuencias positivas en cuanto a la imagen de las bibliotecas. Saqueados los catálogos de Netflix, Amazon o HBO: las plataformas digitales de las bibliotecas han captado a muchos ciudadanos que, aún sabiendo que existían, no les prestaban una especial atención. La imagen de las bibliotecas, en términos generales, es muy posible que salga fortalecida.

Ya lo dijimos antes: es momento de retratarse. Lo han hecho ciudadanos, empresas, políticos y, por supuesto, bibliotecas. Y el retrato resultante puede que resulte favorecedor.

En las revueltas digitales (no puede haber otras) que nos han sobresaturado a los internautas: la del sector cultural, al hilo de las declaraciones del Ministro de Cultura, fue una de las más encendidas. Dejando aparte tanto lo idóneo de las declaraciones ministeriales, como la de promover apagones culturales: lo cierto es que las bibliotecas no pueden más que alinearse con el sector de la cultura.

De hecho, las bibliotecas, han seguido siendo vías de transmisión de dinero público hacia el sector de la cultura en medio de esta pandemia.

 

El tan, criticado y finalmente cancelado, apagón cultural en Internet.

 

Las adquisiciones de libros digitales se han incrementado para dar respuesta a la demanda. Las bibliotecas están sabiendo estar a la altura, como tantas otras veces. Aventurar un horizonte esperanzador sería pecar de ingenuos. Simplemente el capital social, que desde luego no el económico, de las bibliotecas se ha visto incrementado en esta crisis.

Las limitaciones que tienen otras instituciones culturales, por su propia naturaleza o misión, no las han tenido las bibliotecas gracias a décadas de trabajo previo. Páginas culturales, filmotecas, cuentas privadas, bloggers están recurriendo a las plataformas digitales de bibliotecas, para recomendar lecturas y películas: y así dar contenido a sus espacios digitales. Pero antes de incurrir en triunfalismo también hay para curas de humildad.

 

Los héroes del papel: los quiosqueros en el homenaje de Víctor Santos.

 

El ilustrador Víctor Santos ha estado publicando durante estos días una serie de ilustraciones bajo el título: Superhéroes de la pandemia. Cada una de ellas va dedicada  a algunos de los que se han jugado el tipo en esta crisis: panaderos, cajeros de supermercados, basureros, sanitarios, farmacéuticos, fuerzas de seguridad, etc. Pero dentro de su repaso, y con razón, no entran los bibliotecarios.

Salvo circunstancias que desconozcamos los bibliotecarios están trabajando, y mucho, pero desde la protección de sus hogares. En cambio, sí están representados los quiosqueros. Un homenaje a los 20.394 puntos de venta a pie de calle que, aún sobreviven, y atienden a los 9.321 millones de lectores de prensa en papel que dicen las estadísticas. Y es que ya lo decíamos en Coleccionables de biblioteca, ecosistemas culturales urbanos:

«Generan barrio, generan comunidad, generan lazos de amistad: y en eso, se siente, les han llevado ventaja a las más exquisitas bibliotecas y librerías.»

 

Los circuitos informativo/culturales más modestos llegando a la población más perjudicada por la brecha digital, en unos casos, o simplemente desfavorecida por otras circunstancias en otras. Un recordatorio de que la apoteosis de lo digital, tras esta pandemia, será incuestionable: pero que la labor social y presencial, aún sin abrazos ni besos, también habrá que reforzarla.

Aún es muy, muy pronto para aventurar cuándo volveremos a algo parecido a esa vida cotidiana de hace tan solo un mes y pico. Pero lo más seguro es que los espacios lúdico-culturales habituales (teatros, conciertos, cines, bares, eventos varios…) van a estar perjudicados largo tiempo. ¿Se convertirán las bibliotecas en una alternativa mayoritaria aunque sea en la distancia? Y antes de empezar de nuevo con el feo vicio de las preguntas al aire mejor nos vamos con música. Como dicen los chicos del prometedor grupo INC: aquí ya no, aquí ya no nos caben más preguntas al aire. Queremos estadísticas que nos den la razón.

 

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