Si la biblioteca fuera…2

 

Si la biblioteca fuera un palo del flamenco sería una rumba: porque se adapta a cualquier estilo y te alegra el cuerpo de inmediato.

Si la biblioteca fuera un árbol sería el alcornoque: te previene de convertirte en uno; y de su madera, se saca el corcho que sirve de aislante acústico.

Si la biblioteca fuera un programa de televisión sería el de Mercedes Milá en el que Umbral se iba si no hablaba de su libro.

Si la biblioteca fuera un juguete de merchandising sería un transformers: ¿hace falta argumentarlo?

Si la biblioteca fuera un actor inglés sería Alec Guinness: porque pasó de Shakespeare a Star wars manteniendo el prestigio intacto.

 

Si la biblioteca fuera un edificio sería un rascacielos: cuanto más rozan las nubes más profundos son sus cimientos en el suelo.

Si la biblioteca fuera un gurú sería Aleister Crowley: su lema ‘Haz lo que quieras’ caló en estrellas del rock como Keith Richards, David Bowie o Jimmy Page que declararon su amor por las bibliotecas.

Si la biblioteca fuera un curso de idiomas sería el que dio Raphael para cantar Aquarius: lo primero para soltarse con una segunda lengua es perder la vergüenza.

Si la biblioteca fuera una chuche sería peta zetas para el cerebro.

Si la biblioteca fuera un tratamiento de estética sería el ácido hialurónico porque hidrata, repara y rejuvenece las ideas.

 

 

Si la biblioteca fuera un personaje de Arnold Schwarzenegger sería Terminator (no Conan) porque aunque la dejen en el chasis con tanto recorte sigue pese a todo adelante.

Si la biblioteca fuera un fenómeno meteorológico sería el tornado que transportó a Dorita al mundo de Oz.

Si la biblioteca fuera un tango sería Libertango, tanto en su versión original de Astor Piazzolla como en la de Grace Jones, porque nada te hace más libre que bailar pegado a la cultura.

Si la biblioteca fuera un directo, sería uno de Tom Waits, porque aunque parezca que va a quedarse sin aliento siempre tiene fuelle para dar la última nota.

Si la biblioteca fuera una embarcación sería la Kon-Tiki que, pese a su modestia, resistió la travesía desde Perú a la Polinesia, a través del Pacífico.

 

 

Si la biblioteca fuera una bombilla sería la que luce en la estación de bomberos de Livermore (California): pese a llevar encendida 119 años sigue riéndose de la obsolescencia programada.

Si la biblioteca fuera un fenómeno natural sería un géiser: cuanto más la frecuentas más bulle la creatividad.

Si la biblioteca fuera un instrumento sonoro sería un theremin, aún sin pisarla, sus vibraciones te llegan gracias a sus plataformas digitales.

Si la biblioteca fuera una modelo sería Iris Apfel: por sacarle los colores a la vida haciéndole una peineta al edadismo.

Si la biblioteca fuera una raza de perro sería Kant-Nietzsche…ok, vamos a dejarlo por hoy.

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Alexa quiere ser bibliotecaria, pero no la dejan

 

En Infobibliotecas somos generosos. Igual que, de vez en cuando, regalamos ideas bibliotecarias para quien tenga (la insconciencia o el arrojo, según se mire) de llevarlas a cabo: también damos argumentos para futuras novelas o películas.

Rodeados, como estamos, de sirvientes digitales: ya están tardando en hacer una adaptación de Las criadas de Jean Genet con Alexa y Siri como protagonistas. Un ¡Cómo está el servicio! domótico (con papeles secundarios para Roomba y Coonga): o una revisión tecnológica de El sirviente (1963) de Joseph Losey; según la historia se decante por el drama o la comedia.

 

La excelente El sirviente (1963) de Joseph Losey.

 

A Alexa le falta el tono seductor que tenía Samantha (gracias a la voz de Scarlett Johannson) en la historia de amor entre el personaje de Joaquín Phoenix y una Inteligencia Artificial en Her (2013). Pero eso no le ha impedido infiltrarse en la mayoría de los hogares. Y es más, incluso en las bibliotecas.

Las bibliotecas estadounidenses están cuestionando las prestaciones que, Alexa o su hermano Echo: pueden aportar en sus centros. Según el estudio de dos investigadoras de la Universidad de Alabama: «Alexa, ¿estás escuchando?» hay que llevar cuidado con Alexa. Dicho lo cual solo podemos añadir: benditos estos estudios que subrayan lo evidente.

Si alguno de los presentes en la sala tiene una Smart TV de la marca Samsung: habrá vivido la espeluznante experiencia, propia de la niña de Poltergeist, de levantarse a beber agua a la cocina de madrugada y sobresaltarse al percibir un resplandor en el salón. La televisión ha iluminado su pantalla sola y se encuentra absorta (según versión Samsung) en sus actualizaciones. Pero tú, aturdido en medio de la noche, puede que hasta bajo los efectos de un Orfidal o Lexatin para poder apaciguar el sueño: sabes que no. Que en realidad, tienes una espía en el salón. Y lo más grave. Que has sido tú quien le llevó hasta allí.

 

La película Poltergeist (1982) profetizando las Smart TV. 

 

Pues bien, para evidenciar algo que todos sabemos, Miriam El Sweeney y Emma Davis, las susodichas investigadoras de Alabama, decidieron cuestionar el uso que se estaba haciendo de los asistentes de Amazon en las bibliotecas del país.

En las bibliotecas estadounidenses, los altavoces de Amazon: Echo y Alexa, han ido incorporándose como recursos para facilitar las interacciones de personas discapacitadas o con dificultades para escribir. Y no solo para los usuarios, también para los trabajos de los bibliotecarios. Unos diligentes criados robóticos que, para llevar a cabo su labor, precisan recopilar gran cantidad de datos de los usuarios.

 

Amazon nos espía. Ilustración de ‘The Daily Dot

 

Después de todo, la intimidad cotiza a la baja desde hace mucho; y si en tantos hogares no tienen reparos en dejar que Alexa habite sus salones: ¿por qué habrían de tenerlos en las bibliotecas? El estudio constata los recelos que los asistentes de voz despiertan entre los bibliotecarios. La continua sospecha de que Alexa graba las conversaciones. Que recopila datos cuyo uso posterior nadie conoce. Amén de convertirse en otra puerta de acceso para hackers y piratas informáticos que quieran recolectar información o directamente boicotear el servicio.

Las conclusiones del estudio son previsibles. Se recomienda no usar dichos asistentes en las bibliotecas ante la vulneración que pueden suponer para la protección de datos que estas instituciones deben cumplir. Toda Inteligencia Artificial debería nacer con perfil bibliotecario. Pero las multinacionales no las dejan. Nacida para ser bibliotecaria; pero entrenada y obligada a trabajar de espía. La pobre Alexa, tan solícita y amable, impermeable a los desplantes e insultos que le profieren los humanos: está bajo sospecha.

Tal vez, ahora que todos somos famosos, tal vez, sea el momento de exigir contratos de confidencialidad a nuestros asistentes virtuales. Cual Madonna o Beyonce.

 

Pepper es el robot asistente de IdeaSpace, la recien inaugurada biblioteca de Fredericksburg (Virginia). Actualmente el simpático autómata encuentra dificultades para el reconocimiento facial debido al uso de mascarillas. Un virus, de lo más biológico, poniendo en un brete a los ingenios artificiales.

 

Y estas estábamos, compadeciéndonos de la pobre Alexa y su vocación frustrada bibliotecaria; cuando, también, desde el otro lado del Atlántico, nos llegaba una noticia sobre criadas/mayordomos y lectura. Nuestra querida corresponsal neoyorquina, Irene Blanco, nos ponía sobre la pista del hotel de Palm Beach (Florida) en el que disponen de un mayordomo de libros.

En este caso, la Inteligencia Artifical queda fuera, todo es humano, muy humano. El lujoso hotel The Ben West Palm abrió sus puertas un mes antes de que estallara la pandemia que nos ha paralizado durante el último año.

 

Detalle del vestíbulo del hotel de Palm Beach. Fotografía de la web del hotel.

 

En los hoteles estadounidenses es costumbre dejar un ejemplar de la Biblia. No nos consta si en el hotel de la exuberante Palm Beach hay ejemplares del libro más vendido de la Historia. Pero lo que sí hay es un catálogo con novedades literarias. Igual que decidimos qué sanwich o bebida queremos que nos traiga el servicio de habitaciones: elegimos el libro que queremos que nos lleven a la habitación. Pero no se queda aquí la apuesta por la lectura del establecimiento.

 

Vestíbulo y biblioteca al fondo del The Ben West Palm Hotel. Fotografía de su web.

 

En un ejemplo de inteligencia y sinergia empresarial, el hotel, una vez se marcha el cliente: incluye en la cuenta la posibilidad de comprar el libro que ha estado leyendo; o de donarlo a la biblioteca West Palm Beach. Libros que han sido provistos por la librería local The Palm Beach Book Store. Después de esto se nos ocurre un eslogan que regalamos generosos por si alguien quiere ponerlo en marcha: ¿Quieres dejar huella allá dónde viajas?: dona libros a la biblioteca local. Promoviendo la lectura y el comercio local.

Cuando, al fin, podamos viajar sin restricciones, será cuestión de ver en qué ciudades hay hoteles de la cadena Autograph Collection de Marriott. Después de esto, se merecen toda la confianza del gremio bibliotecario.

 

Cientos de candados en el Puente de las Artes de París: ¿no es más rómantico donar un libro a una biblioteca que colgar un candado?

 

Firo Vázquez cocinando papeles.

También se ofrecen menús temáticos basados en grandes clásicos de la literatura. Los Book Bites (mordiscos literarios) de The Ben West Palm nos traen a la memoria los elaborados menús con papel comestible del chef afincado en Murcia: Firo Vázquez.

Sus investigaciones con la Universidad de Murcia, le llevaron a crear papeles comestibles, basados en las harinas denominadas elaborinas, que le han hecho dar la vuelta al mundo. Gracias a sus artes, fue posible degustar el Quijote en la inauguración del Instituto Cervantes en Pekín en 2013; o el periódico ‘El País’ (procurando evitar noticias indigestas); o la portada de una revista. Gracias al trabajo de este chef todos podemos convertirnos en librófagos felices.

 

En el restaurante de Firo Vázquez, la cuenta, además de pagarla también te la puedes comer.

 

Comer papel para los bibliotecarios es casi caer en el canibalismo: es engullir lo que hasta el momento ha sido la materia prima que ha dado cuerpo a la profesión. Y pese a que algunos quieran dibujarles como zombis arrastrándose por la esfera digital, si la profesión sobrevive: será gracias a su capacidad para ser omnívoros, fagocitando todo lo que nos rodea.

Entre meter criada o ponerse a servir, las bibliotecas siempre han hecho lo segundo. Y lo primero, lo de meter criada, hasta que Amazon no desarrolle una versión con la voz de Gracita Morales: que se olvide de las bibliotecas. Igual que se olvida de ellas cuando se trata de dar acceso a los libros que edita.

Después de todo, que te sirvan, termina atrofiándote los instintos. Solo hay que ver las camadas de algunos de los más destacados representantes de las clases pudientes en las últimas décadas.  Hay que aguzar el instinto autodidacta, el criterio propio, la curiosidad intelectual, no dejarse llevar por lo acomodaticio, para eso ya están las redes sociales. Y ese ejercicio de independencia formativa e intelectual donde mejor se sigue practicando: es en las bibliotecas.

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [6]: Lidia García (the queer cañí bot)

 

La última entrega de nuestra serie Mujeres que nos gustaría como bibliotecarias se estrenó a pocos días de que se decretase el estado de alarma. No vamos a contar lo que vino después. El 8M se convirtió en nueva cachiporra política en medio de una pandemia.

Un año después, afortunadamente, aquí seguimos. Y para celebrar esta semana en torno al 8M 2021: necesitábamos montar un buen tablao. Palabras y palmas al compás que vienen de la mano de la bibliotecaria en potencia que hemos elegido para la ocasión.

Su melena rizada ensortija coplas como las varillas de un abanico cuajado de flores. Su sabiduría de reina mora le hace embrujarnos con los giros del más airoso de los faralaes… Ejem, mejor no seguimos. Ojalá tuviéramos el verbo florido y la entonación inflamada de un Lauren Postigo: para hacerle una presentación a la altura. Nos encantaría convertir este blog en un corral de la pacheca digital. Pero nos falta duende.

 

Todo lo contrario que a nuestra protagonista. Lidia García (más conocida como ‘the queer cañí bot’ en redes). Esta divulgadora cultural, activista LGTBQ+ e investigadora en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Murcia se define al compás en sus redes como: bollera, coplera y de clase obrera. Esa rima, por lo menos, da para una seguidilla.

Es una de esas afortunadas que han sabido sacarle un buen rendimiento al confinamiento. Sus podcast ¡Ay, campaneras! han creado más afición que el Resistiré en los balcones a las 8 h. Y su mirada, desde el feminismo y la teoría de géneros, a la copla y a las folclóricas ha hecho que, oyentes muy alejados de zarzamoras y Marías de la O: terminen canturreando la bien pagá en la ducha. 

Lidia es una espabilá, como cantaba Antoñita Peñuela, flamenca y chica yé-yé que no podemos contar si se toma combinaos sobre la barra de un bar: pero que se debe a su público, como reza el canon de toda folclórica de pro. Y hoy tenemos la suerte infinita de ser ese público.

 

LIDIA GARCÍA 

(the queer cañí bot)

 

Qué conexión personal tiene una nacida en los 80 con el género de la copla y las folclóricas. 

Toda. Es la música que siempre le he oído cantar a mi madre mientras hacía la casa. Además, cuando yo era cría, las folclóricas tenían bastante presencia en televisión, tanto en galas musicales y similares como en la prensa rosa. Era puritita fascinación lo que sentía al verlas. Vamos, como ahora. 

El auge de los cantautores en los 70 e incipiente democracia vino aparejado a un desprecio por la copla y las folclóricas por su asociación a la dictadura. La movida de los 80 despreció a los de la pana; y en los últimos años, numerosas voces cuestionan y critican la Movida. ¿Será que los hijos necesitan matar culturalmente a los padres y por eso terminan reivindicando a los abuelos? ¿será que para despolitizar un fenómeno cultural es necesario que se salte una generación?

En un sentido generacional puede ser que sí: pero, fíjate, que en mi caso la copla es la música que han escuchado y tarareado siempre mis padres. En mi casa, apenas ha entrao la pana: así que en mi reivindicación no he tenido que saltarme ninguna generación, al menos en lo cercano. 

Los denominados culture studies llevan muchos años desarrollándose en el ámbito anglosajón. Autores, como David Walton, llevan promoviendo este tipo de estudios en nuestro país. ¿Sabes de otros proyectos de investigación que estén abordando la cultura popular española desde el prisma en que lo hacen los culture studies?

Además de voces tan potentes como las de Jo Labanyi o Stephanie Sieburth, me parecen interesantísimas algunas aproximaciones que se han hecho, por ejemplo, a la copla desde lugares en los que, los estudios culturales y la musicología se compinchan, como sucede en el volumen Copla, ideología y poder editado por Enrique Encabo e Inmaculada Matía. 

 

En el mundo de las folclóricas (y estrellas femeninas en general) el salseo sobre sus rivalidades era todo un clásico. ¿Crees que la rivalidad entre folclóricas era un ardid publicitario fomentado por ellas mismas o que los medios trataban (y tratan) de manera diferente la competitividad entre figuras de éxito según sean hombres o mujeres? 

Creo que, como la copla en sí misma, las rivalidades en el género son un campo abonado para la ambigüedad. Por un lado, muchas rivalidades tenían un fundamento muy real: no hay más, por ejemplo, que leer las palabras que Concha Márquez Piquer le dedica a Rocío Jurado en el libro que escribe sobre su madre. Deja bastante claro que no había olvidado aquel : «Yo soy más larga que la Piquer«, que pronunció Rocío, que, por cierto, también tenía mucho de habilidad de Lauren Postigo para tirarle de la lengua…Pero, indudablemente, las tiranteces estaban ahí. 

En otros casos, como sucede con la supuesta rivalidad entre Rocío Jurado e Isabel Pantoja, sí había mucho más de artefacto propagandístico que de enemistad verdadera. Claro, que luego, algunas de estas estrellas llegaban hasta a fingir conflictos para ir a la televisión a sacarse unas perras, como hicieron Sara Montiel y Marujita Díaz en aquel teatrillo maravilloso que montaron en Antena 3… ¡Con ellas nunca se sabe! 

 

Maravillosa fotografía publicada recientemente en ‘Icon‘ de ‘El País’: Carmen Sevilla, Paquita Rico, Antonio el bailarín, Lola Flores y Estrellita Castro en 1963

 

En el post de este blog “Club de lectura de prensa rosa: bibliotecas en el candelabro” reivindicábamos el potencial como objeto de estudio sociológico que ofrecen las denominadas revistas del corazón. ¿Te sirves de este material en tus investigaciones? Si es así ¿qué tipo de datos te aportan?

Las consulto muchísimo y con un deleite que no veas. Las vidas privadas de las intérpretes de la copla, el cuplé y las variedades despertaron interés de manera muy temprana: cupletistas como Raquel Meller, Amalia Molina o La Fornarina fueron algunas de nuestras primeras celebrities, por ejemplo.  Ya que su labor artística se fusionó con su proyección como figuras públicas me parece que obviar este tipo de publicaciones sería perder información valiosísima.  

 

Lidia García documentándose con el ‘Diez minutos’, en cuya portada, mostraban la entrañable amistad entre Isabel Pantoja y María del Monte.

 

¿Alguna actuación, fragmento de película o entrevista de alguna estrella de la copla te obsesiona desde hace mucho?

Pues mira, me vuelve completamente loca el flashback de Filigrana (Luis Marquina, 1949) en el que el personaje de Concha Piquer recuerda cuando tuvo que cantar en una juerga de señoritos frente al que había sido su gran amor: un noble que la había dejado para estar con una mujer de su clase y que, ahora, fingía no conocerla. Ella aprovechaba para cantarle una canción con toda la intención, «Arrieros somos», cuajada de frases-puñal como «permita Dios que te vea ir de cancela en zaguán y que nadie te socorra con un cachito de pan». Ese primer plano del perfil de Doña Concha cantando «maldita sea la hora en que yo te conocí» mientras llora de la rabia vive gratis en mi mente. 

 

 

Concha Piquer, en los años 30, reivindicaba el amor entre mujeres veladamente en una canción.  Algo impensable pocos años después. La dictadura con su recorte de libertades ¿sirvió para imprimirle más intensidad a las letras? ¿acentuó el drama o las enriqueció con más dobles sentidos?

Sirvió desde luego para que se explotaran todas las posibilidades expresivas de ese mundo de sobreentendidos y dobles sentidos…porque no quedaba otra. En cualquier caso, las elipsis narrativas y el sugerir más que detallar, eran parte de la ideosincrasia de la copla desde sus orígenes, anteriores al franquismo, pero por supuesto la represión de la dictadura avivó la necesidad de decir entre líneas. El drama, la copla ya lo traía puesto también de antes: aunque hay también coplas cómicas, el desgarro es consustancial a esta música. 

La única figura que se puede asociar en la actualidad a un folclórica, por sus inicios, según el canon implantando en el tardofranquismo sería la omnipresente Isabel Pantoja. De la España castiza con la tonadillera y el torero; hasta llegar a la cultura del pelotazo urbanístico y la corrupción en los 2000. ¿Te despierta algún interés como objeto de estudio? 

Me despierta todo el interés que te puedas imaginar, es una figura absolutamente fascinante. De momento solo me he aproximado a los Estudios Pantojiles desde la expansión lúdica en varios hilos de twitter (https://twitter.com/thequeercanibot/status/1157231428448530432?s=20) pero también me interesa mucho como objeto de estudio, claro. Ojalá pronto. 

En 1971 se celebró el antológico partido de fútbol benéfico entre folclóricas y finolis. Su crónica en el NODO de la época no tiene desperdicio. ¿Lo ves como un filón para diseccionar los estereotipos y clichés clasistas de la cultura de la celebridad del momento o se queda en mera anécdota kitsch?

La anécdota kitsch, qué duda cabe, puede ser un objeto de estudio tan interesante como cualquier otra manifestación cultural. ¡Solo de la representación de los estereotipos de género y clase y de las articulaciones de la dicotomía de «modernidad»/tradición en ese partido te salen tres tesis! 

Recientemente se publicó la brillante biografía sobre Susan Sontag de Moser
Benjamin. Su ensayo ‘Notas sobre lo camp’ fue, y es, todo un referente a la hora de afrontar la estética de masas desde perspectiva académica. Términos que nos llegan por influencia anglosajona como campkitsch o bizarre ¿se ajustan bien a la hora de definir la idiosincrasia de nuestra cultura popular o se quedan cortos?

Figúrate si me inquieta esta cuestión que gran parte de mi tesis trata de desentrañar esto. ¿Hasta qué punto emplear estas nociones constituye una imposición de la historiografía anglosajona que nos hace correr el riesgo de reducirnos, a pie de página, de la narrativa hegemónica: como apuntaba Preciado hablando de esto a colación de la obra de Ocaña?

Es una pregunta con la que trabajo, de momento utilizo el término de «camp cañí» que creo que condensa esas tensiones, sin renunciar, a las contradicciones y problemáticas que concitan, pero estoy muy lejos de poder darte una respuesta. Cuando avance más en la tesis te cuento 😉 

¿Compartes con nosotros tu playlist coplera ideal?

Como me lo pedían bastante hice una playlist con todas las canciones que puse en el podcast ¡Ay, campaneras! Tiene copla, cuplé, zarzuela…para mí son ocho horas de felicidad pura. Mucho mejor que una jornada laboral, dónde va a parar: https://open.spotify.com/playlist/5Zg0bKxPLlgYjGmTZXLdVb 

¿Qué cuentas de IG u otras redes nos recomiendas para adentrarnos en el fascinante mundo de las famosas de los años 60-70 y 80?

No os podéis perder a Tonadillera moderna, Les Greques, Cover copla y Jose de Carrillo. Son maravilla pura. 

Las folclóricas tras la muerte de Franco se sometieron a un proceso de modernización. Lola Flores, primero, haciéndose yé-yé en Casa Flora; y más tarde, autoreivindicándose como la Tina Turner española a finales de los 80; Carmen Sevilla participando en el cine del destape; o Rocío Jurado o María Jiménez apostando dedidamente por el erotismo. Contra todo pronóstico ¿demostraron tener más capacidad de adaptación que muchos grupos indies?

No soy la más adecuada para entrar en comparaciones porque no tengo ni papa de indie pero, desde luego, muchas de ellas supieron adaptarse a los nuevos tiempos. Y, en ocasiones, reinventarse de arriba a abajo con una naturalidad que, viendo desde ahora el devenir de sus carreras, pasma. 

Un anuncio de cervezas ha resucitado gracias a la Inteligencia Artificial a Lola Flores relacionando su actitud y personalidad con los valores que defienden los jóvenes del momento. Vamos de teorías locas ¿en reivindicar a Lola Flores como icono para los jóvenes del XXI subyace un hartazgo de tantos años de espacios tipo OT que producen artistas con personalidades intercambiables?

No lo sé. Pero lo que está claro es que en el caso concreto de Lola Flores la fascinación intergeneracional que produce tiene mucho que ver con lo única que era, con la autenticidad de su carisma. Y también, claro está, con lo bien que supo explotar todas las vetas de esa autenticidad. Con su inteligencia, en definitiva.

 

 

El colectivo LGTBQ+ siempre ha tenido una especial vinculación con la copla y las folclóricas a través de transformismo y la idolatría hacia las divas de la copla. ¿Cómo interpretas esa conexión entre figuras del espectáculo que el régimen exhibía como escaparate de su cultura patriótica y los marginados por ese mismo régimen?

Me voy a poner muy coplera para contestarte porque no puedo evitar verlo como un idilio que nace en los orígenes mismos de la copla, como una pasión tan fuerte, que ni siquiera esa apropiación patriotera: pudo cercenarla. No es que las personas LGTBQ+ nos identificáramos con la copla, y la hiciéramos nuestra, como un fenómeno a posteriori, como una suerte de relectura: es que siempre estuvimos ahí, desde el nacimiento mismo del género. 

Y por último, vamos con un espacio de canciones dedicadas. En este blog siempre estamos dándole vueltas a lo que debe ser una biblioteca en el siglo XXI. Como bibliotecaria en potencia que eres y experta en el asunto: ¿qué copla le dedicarías a las bibliotecas?

Me gusta mucho una escena de La Dolores (Florián Rey, 1940) en la que Concha Piquer interrumpe a un estudiante que está con un tochaco de libro y se pone a cantarle Don Triquitraque. Una cancioncilla que, mezclada con las vocecicas de unos niños que juegan al corro en la calle, se burla cariñosamente de su aplicación. Ojalá todos los descansos del estudio -en biblioteca o en casa- fueran así de deliciosos. 

 

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Actualizaciones disponibles para bibliotecas desfasadas

 

Actualizarse continuamente lleva a una vejez prematura. Estar al día se ha revestido de un halo de prestigio que, según en qué asuntos, hay que empezar a cuestionar. ¡Es una trampa!: que gritaría el comandante Ackbar de Star wars. 

Actualizarse como sinónimo de progreso, de no perder el tren, de no quedarse en la cuneta. Pero actualizarse, tras la revolución tecnológica de nuestro tiempo: no es más que otra esclavitud encubierta. Un sometimiento a la altura del protocolo SEO (Sumisión Electrónica y Obediencia). Actualización como eufemismo de dependencia: que no de evolución. El miedo a quedarse desfasado instalado en nuestros circuitos para alimento de nuestra ansiedad.

 

 

Dos ejemplos que tocan de cerca el negocio de este blog. En los dispositivos Kindle no se pueden leer los libros de la plataforma eBiblio. En los dispositivos Apple, con versiones superiores a iOS13, no se pueden visualizar, de momento, las películas de la plataforma eFilm. Dos actualizaciones de gigantes tecnológicos (aunque lo de Amazon con sus Kindle no sea propiamente una actualización) que ¡¡oh sorpresa! limitan servicios ofrecidos por las bibliotecas. ¿Nos ponemos conspiranoicos o ni nos tomamos la molestia?

 

El bueno de Scorsese dejando clara su opinión sobre lo que los algoritmos están infligiendo al cine como arte. 3, 2, 1… cuenta atrás para que alguien lo convierta en objetivo de la cultura de la cancelación.

 

Dejémoslo claro: postergar-ignorar-bloquear los incordiantes avisos de que hay actualizaciones disponibles para nuestro equipo no es procrastinar. Es uno de los pocos e insignificantes placeres que aún podemos permitirnos. Los dispositivos, los sistemas, las aplicaciones se actualizan. Los profesionales nos reciclamos. Como una botella de PET o un tetra brick. La polisemia de las palabras nunca es inocente. El contenedor amarillo, verde o azul para bibliotecarios puede que esté a la vuelta de la esquina.

¿Es posible ajustar los tiempos en una biblioteca? Vamos por mal camino. Se empieza así, y se termina de negacionista de la pandemia o pontificando desde el púlpito sobre las fuerzas del mal con el brazo irritado aún por la vacuna.

 

Victoria Abril y Miguel Bosé en Tacones lejanos (1991): lejanos los tacones, y lejanas las teorías de la conspiración a la que se abonarían, 30 años después, sus protagonistas.

 

En ‘Genbeta’ nos hablan de una manera con la que podemos bloquear a las grandes multinacionales en nuestro equipo. Usando la extensión para navegadores Big Tech Detective, desarrollada por el colectivo estadounidense Economic Security Project, tanto Google, Facebook, Amazon como Microsoft: desaparecen de nuestro equipo.

Más que una medida para independizarnos de las prácticas monopolistas de estas megaempresas, Big Tech Detective, es una perfomance digital. Es una manera de concienciarnos sobre el poder absoluto, que para sí hubieran querido los absolutistas ilustrados del XVIII, que estas grandes tecnológicas tienen sobre nosotros. Si lo aplicamos, nuestro equipo, se convertirá en el Marty McFly digital del mundo de los ordenadores.

 

Pero más allá de los inventos para concienciarnos: centrémonos en cuestiones prácticas. Hace unas semanas, la Open Library Foundation, ¿actualizaba? mejor digamos que renovaba su junta directiva. La Open Library Foundation promueve el desarrollo, la accesibilidad y la sostenibilidad de proyectos de códigos abierto por y para bibliotecas.

Tom Cramer, bibliotecario universitario de la Universidad de Stanford, ha sustituido a David  Carlson como presidente de la Junta. El presidente saliente ha declarado que:

«La Open Library Foundation se fundó con la visión de ser un hogar, una especie de refugio seguro, para proyectos de software abierto que cumplieran la misión de las bibliotecas. […]  estamos listos para que más proyectos se beneficien de las oportunidades que presentan los proyectos de código abierto.»

En 2016 se creó la Open Library Foundation como organización imparcial e independiente. El software que se desarrolla bajo su amparo está disponible gratuitamente para uso personal, institucional o comercial. El movimiento promovido por esta fundación no tenido excesivo predicamento, al menos hasta ahora, en nuestro país. Pero ya hay antecendentes.

 

La periodista Alba Correa señalando con el dedo a la lógica logarítmica.

 

El libro de Stallman, un clásico en la defensa del software libre, que se puede descargar gratuitamente (como no podía ser de otro modo) en la red.

Las bibliotecas gallegas, en virtud de la Agenda Digital de Galicia 2020 y del Plan de Softwar Libre 2017, optaron por la implantación de Kohabib: un sistema integral de gestión bibliotecaria basado en el software libre Koha.

Un proceso que arrancó en 2016; y que este pasado mes de enero, se ha visto reforzado con la integración de 30 bibliotecas más. La red bibliotecaria gallega se ha convertido así en el ejemplo más preeminente, por número de bibliotecas y población atendida: en el uso de software libre en nuestro país.

Sería un buen momento para que alguien se decidiera a retomar, y actualizar, el Mapa del Software Libre en España que, el Grup de Treball de Programari Lliure per als Professionals de la Informació:  presentó en las XIII Jornadas Españolas de Documentación, allá por el 2013. El uso del software libre, en las bibliotecas de nuestro país, es un melón que aún no se ha abierto del todo.

La filosofía del software libre ¿nos libraría de la esclavitud o nos hace más esclavos? Sin un fuerte y duradero plantel informático detrás: aventurarse en esa jungla se vislumbra complicado. Pero la libertad siempre ha conllevado un precio; y hay que sopesar bien si estamos dispuestos a pagarlo. Y no hablamos solo de dinero.

 

 

También en 2013, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Manuel Blazquez: presentó el primer sistema integrado de gestión bibliotecaria íntegramente desarrollado en nuestro país: Colibrí. Un proyecto esperanzador, en parte por haber sido realizado por bibliotecarios para bibliotecarios: pero que quedó varado por falta de apoyos económicos.

 

El tema del software libre, lejos de perder vigencia: sigue ahí. Soterrado, quizás, entre tanto ruido: pero persistente. En el blog de la empresa de servicios informáticos, TechJockey, acaban de publicar un artículo con un ranking de los 10 mejores sistemas de código abierto para bibliotecas.

El ranking lo encabeza Koha para a continuación enumerarse otros recursos de código abierto como Evergreen, OPALS, Openbiblio, Invenio, PMB, NewGenLib, CodeAchi, Librarian y BiblioQ. El repaso a los diez sistemas recoge sus principales características, y  a modo de conclusión, termina repasando algunos pros y contras que, a juicio de TechJockey: tiene el producto en cuestión.

 

Étienne de La Boétie dando lecciones al siglo XXI desde el XVI.

 

Datos y reflexiones con las que entretenerse, una vez que, tras meses de postergarlo, nos aventuramos a pulsar el botón de actualizaciones disponibles. Durante minutos, con suerte, nuestro equipo nos rechaza ensimismado en su renovación. Y una vez concluye de autosatisfacerse, nos vuelve a acoger, pero ahora bajo nuevas normas. El ABC del BDSM: ¿quién posee a quien? ¿el amo o el esclavo?

No, que no vamos de luditas. Vamos de que, puestos a cuestionar/nos: cuestionemos también el que haya que estar cambiándolo todo. Las bibliotecas, pese a sus deficiencias remoras o limitaciones, siguen estando vigentes en muchas cosas. Que la actualización sea un deseo real, no impuesto, de mejora. No dejemos que ese ansia por actualizarnos haga que nuestra autoestima, profesional o personal, se tambalee. En definitiva, darle al botón de la actualización debería ser siempre un acto soberano. ¿O tal vez no?

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Bibliotecas poliamorosas (no solo en San Valentín)

 

Cada generación inventa el mundo. Y es justo que así lo crean. Algunas lo tienen más fácil que otras. Nacer y crecer en medio de una revolución digital, en pleno in crescendo de la Inteligencia Artificial, la endogamia de las redes sociales y con el aditivo de una pandemia: a la larga, promete condicionar más tu visión del mundo que el haber lucido calentadores fosforescentes en los 80.

Que los nacidos en el siglo XXI crean estar inventado la rueda: tiene más pase que los que presumían de ser los reyes del mambo por haber ido a Woodstock. Pero el copyright del poliamor, por mucho Tinder o Grindr que ande por medio: ya se inventó en los 60. Si acaso, la versión 3.0, haya añadido una saludable fluidez en los géneros. Pero se haya puesto o no en práctica, el añadir elementos a la pareja: siempre ha existido. Aunque, eso sí, más de tapadillo.

 

Logo creado combinando la bandera del orgullo poliamoroso y el logo de la biblioteca pública.

 

Lo que tampoco han inventado los millennials, ni los centennial, es el consumo desprejuiciado de cultura. En un tiempo en el que cualquiera es experto en cualquier materia viendo cuatro tutoriales de Youtube: el valor para erigirse en líder de opinión pasa por hacer alarde, sin complejos, de lo que no se sabe. El efecto espejo basado en el gusto personal como único criterio con el que identificarse.

Youtube, tutoriales aparte, está repleto de reaction vídeos. Los vídeos en que adolescentes y jóvenes convierten el primer visionado de una actuación musical; la primera escucha de un disco; o la visión de una película en un espectáculo. Por no hablar de los gamers y sus reacciones la primera vez que prueban un nuevo videojuego. Like a virgin, que cantaba Madonna, en los años en que se estilaban los calentadores fosforitos.

 

Pantallazo de la serie de reaction vídeos sobre situaciones que se desarrollan en bibliotecas cuando suenan de imprevisto canciones con letras inapropiadas.

 

El poliamor como canon en cuestiones sentimentales; y la virginidad como espectáculo en cuestiones culturales. Está claro que, para los nacidos bajo el imperio de los realities, la exposición pública es un valor en sí mismo. Pero, sorprendentemente y a título póstumo, quien ha conjugado poliamor y virginidad estaba muy lejos de pertenecer a la generación más digitalizada de todos los tiempos: el crítico Harold Bloom.

El brillante libro de la vida. Novelas para leer y releer (The Bright Book of Life. Novels to Read and Reread: es una de las dos obras que el reputado erudito literario ha dejado como testamento tras su muerte en 2019. Un emocionante repaso a la pasión que ha colmado su vida: la literatura. En él, Bloom, ensalza los valores de leer y releer. La fortuna de quien es touched for the very first time por La cartuja de Parma de Stendhal; Pastoral americana de Philip Roth; Al faro de Virginia Woolf o El Quijote de Cervantes.

 

 

Y la dicha de volver a esas lecturas que nos marcaron y reconocerse diferente, como lector y persona: ante unas obras que destilan nuevos significados según nuestro ánimo y circunstancias. Pero la erudición, el purismo y el rigor literario de Bloom casan mal con el espíritu de la generación de los booktubers y los reaction videos. La conexión intergeneracional no es otra que J.K. Rowling. El crítico fustigó enérgicamente la obra de la escocesa llegando a decir que: era mejor que los niños no leyesen nada antes que leer los libros de Harry Potter.

Y ahora, los nacidos bajo el influjo del mago y en tiempos de poliamor, denostan la figura de J.K. Rowling como practicantes devotos de la cultura de la cancelación. Las declaraciones de la escritora contrarias a los valores del momento le han valido su reprobación (¿o habría que decir linchamiento?) en redes. Sin entrar en lo acertado o no de las ideas de la escritora: tanto la intrasigencia cultural de Bloom como la de los nacidos bajo el signo de lo digital: conectan contraviniendo la esencia del poliamor.

En el poliamor, sea cultural o sentimental, hay que ahorrarse el mayor número de prejuicios posibles. Open to  heart to... (y va otra de Madonna en los 80). Ya vendrán, o no, los desengaños, las rupturas y los reencuentros. Como sostiene Allie Phelan, más conocida como la bibliotecaria poliamorosa:

«A veces se trata de energía emocional. A veces se trata de energía física. A veces, una combinación o todos estos. Muchas personas, especialmente al principio de sus días de citas poliamorosas, tienen que aprender sus límites»

Lo de Allie Phelan, la bibliotecaria poliamorosa, merece comentario aparte en este post. En sus redes se define como autora, conferenciante y bibliotecaria. Se dedica a dar charlas, talleres, grupos de discusión, desde su sede en San Francisco, para informar, asesorar e introducir a estudiantes, jóvenes o público, en general: en el intrincado mundo del poliamor.

Como bien se ocupa de subrayar: no es una terapeuta, es una bibliotecaria. Con experiencia en el mundo poliamoroso de más de veinte años. E imparte talleres y charlas sobre no monogamia ética; lenguajes e identidades LGTBQ+ y recomendaciones culturales, que para eso es bibliotecaria titulada.

 

 

Nadie como Allie, nadie como un profesional de bibliotecas, para instruir sobre el verdadero poliamor. Relaciones sentimentales (¿qué otro tipo de relaciones se tiene con la cultura por mucho que apele a nuestro intelecto?) hacia personas,bibliotecas, librerías, filmotecas, museos, galerías, libros, películas, música, cómics o videojuegos. Tanto da.

El poliamor cultural, que el otro (una vez nos ha servido como idea) se queda en el ámbito de lo privado: no se pone límites. Y  si hay una institución que lo representa: esa es la biblioteca pública. Las bibliotecas especializadas, académicas, de investigación,  especiales o nacionales: son celosas y exclusivas en sus relaciones. Pero las públicas son poliamorosas no por convicción sino por naturaleza. Como le decía el escorpión a la rana, en mitad del río, antes de ahogarse los dos: «no puedo evitarlo, es mi naturaleza».

La razón de ser de la biblioteca pública no puede entenderse desde la exclusividad, ni desde un género, una edad, tendencia ideológica, sentimental o sexual. El poliamor cultural solo encuentra su definición más absoluta en una biblioteca pública. Así que ¿para cuándo una serie de reaction videos de adolescentes alucinando ante lo que puede ofrecerles más allá de ser una sala de estudio?

 

Logo creado combinando la bandera de la pansexualidad y el logo de la biblioteca pública.

 

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Panorama geobibliotecario en medio de una pandemia

 

Tras la cancelación del congreso internacional de la IFLA, en formato físico, está claro que los planes para viajar se posponen en todos los ámbitos. Nos guste, o no, la vida digital estamos irremediablemente abocados a ella. Pero eso no nos impide acomodarnos en el alféizar de esa ventana bibliotecaria a la cultura del siglo XXI, que luce como lema de este blog: para contemplar el panorama que se divisa en medio de esta pandemia.

Como un spin off de la serie Geopolítica bibliotecaria, cual Willies Fog digitales, nos hemos dado una vuelta por varios países para saber qué se cuece más allá de limitación de aforos, cuarentenas de material impreso y demás protocolos a los que nos ha abocado esta situación.

 

La espectacular Biblioteca Bunjil en Casey Cardinia (Australia)

 

En las bibliotecas de las antípodas, concretando algo más las coordenadas, en las de Springvale (Victoria, Australia): las estadísticas de préstamo (que prometen gráficos a final de año que ni los de la caída de la bolsa en 1929): mantienen el tipo gracias a las llamadas personales a sus usuarios combinadas con el servicio postal.

En las bibliotecas de Casey Cardinia llevan empaquetados más de 150.000 libros desde que empezara todo esto. Unos 15.000 que han enviado a los domicilios de los usuarios a los que telefonearon previamente para saber qué documentos les interesaban. En cada caja se incluye una nota manuscrita del bibliotecario como una manera de humanizar el servicio y suplir la distancia que forzosamente mantiene alejados a las bibliotecas de gran parte de su público.

Tal ha sido el éxito de la iniciativa que muchas de las 280 bibliotecas públicas de Victoria se están encontrando con problemas para abastecer una demanda que ya ha dejado muchos huecos en sus estanterías de ficción para niños y adultos.

 

 

Dando otro giro al imaginario globo terráqueo con el que jugamos en este post: hacemos escala en la ciudad estadounidense de Charlottesville (Virginia). La Universidad de Virginia está trabajando mano a mano con la red de bibliotecas públicas para mantener los servicios de tele salud. Un asunto de vital importancia en mitad de una situación de emergencia sanitaria como la que estamos viviendo.

El colapso sanitario que está provocando el covid-19 ha hecho que, muchos de los casos de asistencia médica que pueden resolverse mediante la telemedicina a través del canal UVA Health: se hayan visto perjudicados por la falta de conexión a Internet. La Virginia rural encuentra problemas, en muchos casos, para acudir a los centros de salud, que además, se encuentran saturados por las incidencias motivadas por la pandemia.

Una vez más (ya recordamos cómo Obama recurrió a ellas en su momento): la red de bibliotecas, y sus redes wifi, acuden al auxilio. Y de ese modo, a través de la telemedicina y las bibliotecas: los problemas de salud que permiten la atención a distancia se ven atendidos. Como reza la crónica del medio digital ‘NBC29’: las bibliotecas podrían ser los próximos centros de la telemedicina.

 

Fotografía perteneciente a la serie On Reading del fotógrafo del National Geographic: Steve McCurry. Le dedicamos dos posts bajo el título: Leer te da mundo.

 

Pero si hablamos del panorama geobibliotecario nada mejor que recurrir al completísimo reportaje que ‘National Geographic‘ dedica a las bibliotecas y su respuesta a la crisis del coronavirus. De entre las iniciativas más interesantes que ha recopilado destacamos las siguientes:

En vecindarios de los Estados Unidos, pero también, de otros países se ha puesto en marcha la iniciativa de StoryWalk: caminar y leer al mismo tiempo. Más de uno pensará que no es para tanto. Total, si es lo que hacen muchos de esos transeúntes-zombis que se desplazan por las aceras absortos en sus móviles mientras los que no estamos en Matrix tenemos que preocuparons por esquivarlos. Pero no, se trata de algo menos alienante.

En los troncos de los árboles, en los escaparates de las tiendas, en postes-vitrinas en los jardines: se han ubicado páginas secuenciadas de libros ilustrados a lo largo de tramos concretos de algunas calles. De ese modo se solventan dos de las cuestiones a tener en cuenta a la hora de promover la lectura en nuestros días: la distancia social y promover actividades al aire libre.

Una brillante manera de hacer que el mobiliario urbano te cuente historias. Pero al doblar la esquina, se escamotea el ansiado desenlace, y se sugiere que para conocer cómo termina la historia recurras a tu biblioteca.

La bicicleta-diligencia de la Biblioteca Pública de Scottsdale (Arizona)

Si Danny Zucco y sus colegas hubiesen visto programas como MTV Tunning la coreografía del clásico Grease Lightning hubiera sido totalmente distinta.

No sabemos si los bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Scottsdale, Arizona, son muy fans del Travolta de esa película: pero viendo el tuneo al que han sometido a una bicicleta no suena descabellado. Aunque sus gustos se decantan más por el salvaje oeste que por la estética años 50.

Uno de los focos habituales de contagio del covid-19 entre los jóvenes se deriva de actividades relacionadas con el ocio nocturno. La empresa local Pedal Positive convierte en bicicleta lo que haga falta: bares incluidos. Si una de las medidas que se promueven para evitar la propagación del virus es el aire libre: ¿qué hay espacio más aireado que un bar-bicicleta ambulante? Tras el tuneo que han hecho de la bibliobici estilo vaquero: ¿qué será lo siguiente? ¿Convertir la barra del bar-bicicleta por una barra-biblioteca? Con sus libros, su wifi y sus asientos. Todo se andará, o mejor dicho, se pedaleará.

 

Modelo a adaptar para una bibliotecas ambulante que, además de fondos, incluya hasta a los propios usuarios.

 

Lo de las cajas, en bibliotecas, es tendencia. Si en Australia estaban teniendo ya problemas para abastecer tanta demanda, y en la Biblioteca Pública Eisenhower de Harwood Heights (Illinois) lo del unboxing bibliotecario: va  por el mismo camino.

‘Ya’ll Read’ se llama el servicio por el que la biblioteca selecciona libros y artículos relacionados con los mismos y se los envía por correo a los adolescentes de su vecindario. En Texas, la Biblioteca Pública de Nacogdoches, empaqueta libros con proyectos de bricolaje y sugerencias de futuras lecturas para enviárselos a sus usuarios. Las cajas en bibliotecas como algo más que receptáculos para acumular la colección devuelta en cuarentena.

 

Call number, un servicio por suscripción para recibir cajas con libros sobre literatura escrita por autores negros que desarrolla el bibliotecario Jamillah Gabriel.

 

Pero tras movernos por la zona del Pacífico terminamos a esta orilla del Atlántico. Concretamente en Francia, donde el Ministerio de Cultural galo, como parte del Plan de Recuperacion ha previsto una inversión excepcional para construcción y renovación de bibliotecas en el periodo 2021-2022. Transformar los hospitales de Clermont-Ferrand y Besançon en bibliotecas centrales de sus ciudades, la renovación energética de las bibliotecas francesas así como la ampliación de horarios: son algunas de las líneas previstas a desarrollar.

En el punto 9 del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, recién presentado por el presidente del gobierno español, se dedica al impulso que dicho plan prevé dar a la industria cultural y al deporte.

En el primer párrafo hace referencia a los ‘sectores más tradicionales en los que nuestro país tiene una posición importante – libros, museos, teatros, patrimonio histórico-artístico…etc». La palabra biblioteca ni aparece, ni se le espera.

Tal vez podamos pensar que nuestro capítulo sea más el 4: ‘Una administración para el siglo XXI’; o que dentro del término libro se incluye a las bibliotecas.

La duda entonces es si las bibliotecas se quedan: ¿dentro del 5,5 % de fondos asignados a administración del siglo XXI? , ¿o dentro del 1,1 % de los asignados a Cultura y Deporte? Una duda que los próximos tres años se tendrá que disipar. Mientras, nos queda un eslogan (‘España puede’) y una duda que no es nueva: ¿y las bibliotecas podrán?

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Biblioteca remix

De todas las disciplinas, la música, es la más libre. Incluso en la fábrica de salchicas musicales que domina el mercado: la música sigue siendo el arte más inmediato para practicar de manera rápida y contundente la experimentación.

Hace unos meses la innovadora/cansina, sublime/intensa, emocionante/redundante Björk, icono de la experimentación en lo musical y visual desde los 90: recitó un poema de Antonio Machado en el último disco, KiCk i arca (2020), de la ultramoderna Arca. La cantante y productora venezolana, precisamente en su último trabajo, deconstruye un reguetón hasta convertirlo, musical y visualmente, en un puzle irresoluble. Trabajo en el que, por cierto, también colabora la ubicua Rosalía.

 

 

La música electrónica, frente al conservador rock o al efervescente, pero sumiso al estribillo, pop: es uno de los géneros más proclives a la experimentación. Pero términos como freestyle, jam session o avant-garde se conjugaron, musicalmente hablando, en el jazz. Frente al academicismo pautado de la música blanca, la población negra estadounidense en los albores del XX: dio forma a una música libre, sin cánones fijos, ni normas: que está en la base de la música occidental contemporánea.

Conjugar estilos, improvisar, mezclar estilos, deconstruir tradiciones para volverlas a ensamblar, tantear nuevos territorios sin miedo a la disonancia. Conceptos todos que se asocian al jazz pero que igualmente se pueden conjugar con las bibliotecas.

A principios de este raro, raro, raro 2020, en la ciudad francesa de Montluçon, se reinauguró la Mediateca Boris Vian.

Que el forzoso parón al que nos está sometiendo esta pandemia supone una oportunidad para replantearse servicios y, si se puede, remodelar espacios: ya lo hemos dicho en algún que otro post. Si esta situación está acelerando los cambios de la revolución digital: otro tanto se puede decir de las bibliotecas.

Boris Vian, el escritor, músico, ingeniero, poeta, dramaturgo, periodista… adoraba el jazz. Su afección pulmonar le obligó a retirarse de su pasión por la trompeta. Pero ejerció de cicerone de Miles Davis en su visita trascendental al París de los 50. Ese París en el que se daba más que nunca esa mezcla francesa entre lo foráneo, lo novedoso, lo talentoso extranjero y la creatividad permeable gala. Y que tan bien retratan Salva Rubio y Sagar en el exquisito cómic Miles en París (2019).

 

Juliette Gréco y Miles Davis: una historia de amor fugaz en el París más vanguardista.

 

Con ese nombre, la Mediateca de Montluçon, no podía ser acomodaticia. Y aprovechando estas circunstancias tan desfavorables en tantos sentidos: han remodelado su oferta cultural. El centro ha ampliado sus servicios ofreciendo una biblioteca de arte, una sala para videoconferencias o un espacio de realidad virtual.

La biblioteca de arte o artoteca incluye entre 200 y 250 obras especialmente orientadas a los jóvenes. Ante el auge definitivo de las videoconferencias y demás eventos virtuales a los que nos ha abocado la situación: la mediateca ha optado por crear una sala para videoconferencias para todo tipo de públicos (empresas y asociaciones incluidas).

Se trata de habilitar los espacios para que nuestra vida digital no se desarrolle solo en nuestros hogares o móviles: sino que merezca la pena moverse para desarrollarla también en la biblioteca. Puede que nuestra atención esté en Matrix pero nuestro físico en la biblioteca. De ahí que también hayan habilitado un espacio de realidad virtual. De ese modo los jóvenes (y no tan jóvenes) a través de los cascos de realidad virtual: podrán, por ejemplo, perderse en un cuadro de Van Gogh o visitar el Palacio de Versalles.

 

¿Qué es una canción? , ¿qué es una biblioteca? Versionémoslas las veces que haga falta. Es tiempo para experimentar, reinterpretar, arriesgar. Cada cual según sus capacidades y circunstancias. Salga lo que salga, prospere más o menos nuestra idea sobre lo que queremos para las bibliotecas: más raro que lo ya tenemos no va a ser.

¿Alguien podía imaginar un escenario más extraño que las salas de las bibliotecas llenas de catenarias delimitando circuitos cual puertas de embarque en un aeropuerto? ; ¿sillas y estanterías clausuradas con las cintas que se usan para acotar la escena de un crimen? ; ¿mamparas dificultando la comunicación entre usuarios y bibliotecarios? Después de esto la capacidad de nuestro público para aceptar lo insólito con total naturalidad estará más que ejercitada. Versionemos como hace la youtuber Hildegard von Blingin.

 

Lady Gaga en estilo medieval.

 

La youtuber toma su nombre de Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179) una de las primeras mujeres compositoras. Y ha ganado relevancia en redes por versionar algunos de los hits más célebres de las últimas décadas al gusto medieval. Lana del Rey, Dolly Parton, Radiohead o Lady Gaga ya tienen algunos de sus temas adaptados a la instrumentación y modos de los cortesanos del siglo XII.

Esta ilustradora y diseñadora de películas es una entusiasta de la ficción histórica y de la fantasía de inspiración medieval. De su amor por la Edad Media y sus estudios de canto clásico nace su proyecto. Un proyecto que no se limita a versionar musicalmente los temas sino que modifica los textos para adaptarlos al tiempo que recrea.

 

 

Pero para cerrar este post sobre versiones musicales y bibliotecarias no nos quedamos en la Edad Media. Nos quedamos con una mirada diferente a un género algo menos clásico. Justo lo que pretendemos hacer con las bibliotecas: observarlas desde todas los ángulos posibles para descubrirles perspectivas insospechadas.

Lidia García, más conocida en redes como The Queer Caní Bot, se define en su perfil de Twitter como: «bollera, coplera y de clase obrera» Esta investigadora desarrolla su tesis doctoral en la Universidad de Murcia sobre estética kitsch, imaginario cañí y género en la cultural visual digital. Sus podcasts ¡Ay, campaneras! demuestran las infinitas lecturas que duermen en géneros muchas veces despreciados o siempre abordados desde los mismos puntos de vista. 

The Queer Cañí Bot disecciona desde el amor por la copla todo ese universo de pasiones desatadas, conservadurismo, marginalidad y papel cuché. Y con ello nos inspira a que hagamos otro tanto con las bibliotecas públicas. Esas folclóricas de la cultura que cada vez, afortunadamente, demuestran menos verguenza a la hora de mostrarse.

 

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Seis grados de separación bibliotecarios

Kevin Bacon se convirtió en los 90 en el nodo central del juego de salón basado en la teoría de los seis grados de separación. Unos estudiantes ociosos tomaron unas declaraciones suyas y lo convirtieron en el nombre a partir del cual establecer relaciones con otros astros de la pantalla. El fenómeno fue a más y ya se ha constituido como juego de mesa.

 

En Nómadas del conocimiento: bibliotecarios en busca de respuestas concluíamos que:

«Puede que el entorno y las circunstancias que separan a un profesional de la información de Wisconsin de uno de Madrid o Florencia aparenten ser muchas: pero si se observan de cerca las diferencias desaparecen.»

Por eso en este post, como se adivina por el título, indagamos en esos seis grados de separación que pueden separar a un bibliotecario de Texas de uno de Almendralejo o el Peloponeso.

La teoría de los seis grados de separación acumula ya un largo recorrido desde que en 1930 el escritor Frigyes Karinthy la planteara en una novela. Según este teoría cualquier persona de la Tierra está conectada con otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no alcanza más allá de cinco intermediarios. Lo que sumaría en total unos seis enlaces.

 

En la biblioteca John J. Burns de Boston pusieron en marcha un juego de seis grados de separación rastreando en sus fondos. Tomando con punto de partida la ciudad de Boston consiguieron enlazar a la reina Isabel II con el director de la biblioteca. Todo en seis pasos.

Desde entonces algún que otro psicólogo, sociólogo, matemático y hasta la mismísima Facebook: se han empeñado en demostrar esta teoría de manera empírica. Pero la cosa ha quedado más en el ámbito de la cultura popular que en el de cualquier ciencia. Justo en el ámbito en el que mejor nos desenvolvemos en este blog.

En un gremio como el bibliotecario, probablemente, no sería demasiado complicado encontrar esos seis grados de separación. Pero nos ahorramos la demostración de la teoría. La biblioteca como concepto ya supone de por sí una proximidad que no es necesario medir por grados.

Desde el año 2002 el programa NAPLE Sisters Libraries lleva hermanando bibliotecas a lo largo del continente europeo. Un proyecto tan, o más consolidado, que el concurso de Eurovisión: pero sin alianzas por parte de los países del este para votarse entre sí.

Pero ajustemos el enfoque a casos concretos. Entre Soto del Real (Madrid) y Melbourne (Australia) distan 17309 km. Pero entre Juan Sobrino, bibliotecario del municipio madrileño, y Lisa Dempster, directora ejecutiva de participación ciudadana de las bibliotecas de Yarra Plenty: puede que los grados de separación no lleguen ni a 4.

El bibliotecario de Soto del Real porque, desde que empezó todo esto del Covid-19, ha sustituido sus visitas mensuales a las residencias de ancianos del municipio: por llamadas telefónicas, cada viernes, para narrarles un cuento. Y los bibliotecarios de Melbourne coordinados por Lisa: porque al tener que cerrar las bibliotecas por el confinamiento: localizaron a todos los mayores de 70 años, que eran socios de las bibliotecas, para llamarles y saludarles al tiempo que se ofrecían para prestarles ayuda.

Aquí citamos a Soto del Real o a Melbourne, como podríamos citar otras muchas bibliotecas que han puesto en marcha iniciativas iguales o similares. Los objetivos de las bibliotecas públicas varían poco en esencia: son las circunstancias e idiosincrasias propias de cada territorio y sociedad las que aportan los matices.

 

El bibliotecario de Soto del Real (Madrid) leyendo cuentos por teléfono. Foto: El País.

 

En la ciudad piamontesa de Ivrea (Italia) llevan15 años hablando de construir una biblioteca municipal, y entre tensiones políticas de unos grupos y otros: los cerca de 25.000 habitantes de la localidad siguen sin disfrutar de la nueva biblioteca. Mientras tanto, en Haiti, los estudiantes optaron por métodos más expeditivos al boicotear la inauguración por parte de las autoridades de la nueva Facultad de Ciencias humanas. Barricadas, hogueras y piedras para expresar su indignación por la corrupción política y la ausencia de una biblioteca.

Está claro que podríamos seguir rastreando puntos calientes a lo largo del orbe sobre la cuestión bibliotecaria. Proyectos, injusticias, sucesos o iniciativas que demostrarían, bibliotecariamente hablando, esos seis grados de separación. Puntos de conexión entre bibliotecarios en las antípodas geográficas que no en las profesionales. O en las puramente personales.

 

Es el caso de Jaber Abubaker, que trabaja como bibliotecario en el Al-Maktoum College of Higher Education de Hillside Drive (Escocia). El bueno de Jaber fue detenido por conducir envuelto en un nube de cannabis por carreteras de Dundee e Invergowrie. Según declaró a los agentes de la policía: los medicamentos que tomaba para la ansiedad se le quedaban cortos (¿estará a cargo de la sección para adolescentes en su biblioteca?). Francamente agobiado, Jaber, decidió a recurrir al cannabis.

En este caso no vamos a indagar en los grados de separación que lo unen con otros profesionales de bibliotecas en similares circunstancias. Tampoco es necesario entrar en detalles tan personales.

 

 

Hasta ahora hemos hablado de grados de separación geográficos: pero hay también de otro tipo. Por ejemplo, generacionales. En un reciente artículo publicado en ‘El País’ a cuenta del estreno de la última de Christopher Nolan, Tenet (2020), la película llamada a reflotar a los cines tras la pandemia, Jaime Lorite hacía una reflexión de lo más afilada:

» una guerra intergeneracional –los jóvenes concienciados pidiendo cambios a unos mayores que no vivirán para ver los efectos de su modo de vida insostenible [y] ahora es a los jóvenes (el futuro), entre quienes la covid-19 tiene una tasa de letalidad mucho más baja, a quienes se pide que sean responsables para proteger a sus mayores.»

 

En El ángel exterminador bibliotecario IV: alevines versus séniors suspirábamos porque los séniors aprendiesen de los jóvenes su falta de prejuicios a la hora de disfrutar de la cultura; y en sentido contrario: que los jóvenes aprendieran de los mayores a tener más referentes para que nos les vendieran lo mismo una y otra vez.

Si extrapolamos este versus al ámbito bibliotecario: no sabemos si los susodichos 6 grados de separación pasarán a 12 o 24. Pero el hecho es que el conficto intergeneracional en el gremio bibliotecario, que no en las bibliotecas, está en marcha desde hace tiempo.

Como hemos visto encontrar puntos de conexión entre profesionales del gremio no cuesta demasiado. Pero ¿pasará lo mismo entre los que ejercen como bibliotecarios en la actualidad y los que se están formando ahora mismo para, se supone, hacerse cargo de estas instituciones una vez se jubilen los que ejercen en el presente?

A este respecto, el curso 2020/2021 en la Facultad de Comunicación y Documentación de la Universidad de Murcia (UMU), incluye un nacimiento y un aviso de necrológica:

La atípica (en la carrera de Will Smith) y excelente película: Seis grados de separación (1993)

Como puede observarse en el cuadro de grados encuadrados dentro de las Ciencias sociales y jurídicas: el grado de Información y Documentación se encuentra en plenos estertores y, situado sobre él, cual recién nacido en la incubadora, luce el concebido para sustituirlo: Gestión de Información y Contenidos Digitales.

De ese modo se afianza la tendencia por extinguir los estudios que hasta ahora daban la formación necesaria para integrar las plantillas de bibliotecas, archivos y centros de documentación en las universidades españolas.

Tras años con faltas de ofertas de empleo público, con cierres de bibliotecas, y con una crisis económica galopante que ahora la pandemia promete espolear: ¿se puede hablar de relevo generacional al frente de las bibliotecas? Hace décadas que no se da.

Los becarios, los contratados en prácticas o cualesquiera otro ardid administrativo para contar con mano de obra barata que hayan sobrevivido a tanta purga: no entrarían en la categoría de alevín como no fuera en una federación de petanca.

Que los flamantes graduados en Información y Contenidos Digitales formados, en lo que se da en llamar ‘economía digital’: constituyan el relevo sería lo natural. Como advierten en el texto de presentación: ‘un título con una importante tecnificación pero enmarcado dentro del área de las Ciencias Sociales‘. Confiemos en que los estudios complementarios que requieran para enriquecer su formación no pierdan de vista a las humanidades. Al menos para los que se decanten por el Bloque B: Bibliotecas y archivos.

Sería el complemente adecuado para encontrar el equilibrio perfecto entre las generaciones de profesionales de bibliotecas que les precedieron, y que generalizando, perfilábamos hace dos años y medio en Biblioteca con subtítulos:

«Las plantillas bibliotecarias actuales se distribuyen a grosso modo: entre los licenciados en carreras de Letras que, en los 80, opositaron para bibliotecas como una solución a la falta de salidas profesionales a sus estudios, y que tras hacer un loable intento por actualizarse en destrezas informáticas, no lo compaginaron con una reinvención de lo que debía ser una biblioteca; y los diplomados/licenciados de los amenazados estudios de Biblioteconomía y Documentación, que surgieron en la década de los 90, y que recibieron una formación basada en conocimientos técnicos sin incentivar la curiosidad intelectual, y el perfil humanístico, que se requiere ahora para compensar tanta maravilla tecnológica vacía de contenido.»

Asistir al choque generacional que se producirá, en los próximos años, entre esos diplomados en los 90 y los millennials y posmillennials: aparte de resultar un espectáculo digno de guionistas que supieran estar a la altura (dará para una serie de Netflix por lo menos): vendrá a refutar la teoría de los seis grados de separación.

En el mundo bibliotecario más inmediato los seis grados de separación puede que de geográficos pasen a interestelares. Las distancias pueden ser insalvables pese a que la separación física no vaya más allá de los dos metros en los que nos está adiestrando esta pandemia.

Puede que las dependencias bibliotecarias terminen como la cantina de Star wars (la primera, es decir, la IV si lee esto uno de la generación Z): repletas de seres de distintos planetas. Sea como sea promete dar para una buena saga.

Y qué mejor final para superar cualquier grado de separación que la música. La directora y escritora Paula Ribó, bajo su seudónimo Rigoberta Bandini, nos deja este delicioso tema en spanglish para que cada cual le busque el sentido como cierre de este artículo sobre conexiones y distancias geográficas, generacionales y/o culturales.

 

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Nómadas del conocimiento: bibliotecarios en busca de respuestas

Viajando sin salir de casa. Maravillosa ilustración de Martin Tognola.

 

Para hacer un buen viaje es importante marcarse un itinerario. Pero para hacer un gran viaje lo importante es no ponerse destino. No vamos de Ulises. Pero si algo nos ha enseñado el trayecto que nos ha llevado desde Infobibliotecas hasta Knovvmads: es que perderse siempre trae recompensas. Durante las semanas de confinamiento que el mundo ha vivido por el COVID-19, los que teníamos conexión a internet, en mayor o menor medida, hemos ejercido de turistas accidentales.

En la novela de Ann Tyler, El turista accidental, su protagonista escribe guías de viajes para gente que no le gusta viajar. Turistas que transitan por ciudades, y solo quieren recrear lo que les es familiar, impermeables a cualquier encanto local. Justo lo opuesto a lo que aspiramos nosotros.

La Biblioteca Móvil Infantil de Mongolia lleva libros a comunidades de pastores nómadas del desierto de Gobi. Fotografía de Jambyn Dashdondog

 

Somos, y queremos, nómadas del conocimiento. Viajeros, desde nuestros dispositivos o a bordo de cualquier medio de transporte, que huyen de los lugares comunes porque aspiran a descubrir(se) horizontes nuevos. Pero ¿y si estamos condenados a ser turistas accidentales? Todo parece llevarnos a ello: la fragmentación de las fuentes, la inflación de oferta cultural e informativa no ha desembocado en una sociedad real del conocimiento. Si acaso de la evasión (y de las más tonta por cierto en la mayoría de los casos).

Cuando en 2017, el escritor Patrick Ness, se alzó con dos Carnegie Medals (galardones concedidos por los bibliotecarios británicos) hizo unas declaraciones que merece la pena recordar:

«librarians are tour-guides for all of knowledge» (los bibliotecarios son guías turísticos de todo el conocimiento)

Toda una responsabilidad la de ser guías de un continente tan inabarcable como es el conocimiento. Pero en la biblioteca del siglo XXI ¿queremos turistas o viajeros? O incluso más importante, como profesionales de bibliotecas: ¿somos turistas o viajeros?

 

 

En el portal de viajes TripAdvisor publican cada año un informe sobre las tendencias en viajes. Según el informe de 2019 el ranking lo coparon los viajes familiares, seguido por los viajes para aprender, que incluyen experiencias inmersivas; viajes de bienestar o relax; experiencias culturales y temáticas; actividades al aire libre; viajes deportivos o gastronómicos. El informe de tendencias del 2020 es presumible que arrojará un ranking harto diferente dadas las circunstancias.

Pero reparando en cuál fue el viaje con experiencia inmersiva que acumuló más reservas, al menos para los estadounidenses: ese fue un curso en una escuela de gladiadores (sic). Un 94% de las reservas fueron para aprender a convertirse en gladiador tipo Maximus en la película de Ridley Scott. Seguido por clases de salsa en San Juan, de surf en Sydney o de cerámica camboyana.

¿Dónde quedan las figuras de un Lawrence Sterne, un Alexander von Humboldt, una Ida Pfeiffer, un Lord Byron, un Henry James o un Stendhal, entre otros?

 

Escuela de gladiadores de Roma.

 

En el siglo XIX se desató un auténtico furor viajero. Los avances científicos, el colonialismo y la moda orientalista alentaron el deseo occidental por conocer mundo. Tras varios siglos de aventuras marítimas y terrestres en busca de nuevos mercados y continentes que esquilmar y anexionar: en el XIX, la ciencia, el conocimiento, alentaron muchas de esas aventuras. Un halo de romanticismo fijó el daguerrotipo que de esos tiempos nos hacemos. Pero que el bonito tono sepia no nos despiste de la verdad.

Las numerosas expediciones científicas de la Royal Geographical Society y demás Sociedades Geográficas, buscaban el conocimiento, sí, pero sobre todo el beneficio económico. Y ese ansia de conocimiento llevó aparejado numerosos genocidios, extinción de especies y sentencias de pobreza para muchos territorios.

Inmersos en un siglo que se atisba no menos apasionante que el pasado: más que nunca estamos impelidos a seguir viajando en pos del conocimiento. De un conocimiento que aporte beneficio económico, sin duda, pero no a costa de unos sacrificios que son insostenibles.

 

Viajeros europeos en torno a 1910 en Birmania. Fotografía tomada por Vincent Clarence Scott O’Conner perteneciente a la biblioteca de la Royal Geographical Society. 

 

El citado portal de viajes TripAdvisor ha servido para popularizar, aún más, conceptos como el de ‘economía de la reputación’. En su lado positivo: la opinión del consumidor como instrumento de control de la sociedad de consumo (mucho más inmediato que el voto que metemos en la urna cada cuatro años). En su lado negativo: barra libre para la maledicencia.

Afortunamente, bibliotecas y bibliotecarios, cotizan alto en la economía de la reputación ( no tanto en la de la popularidad): pero ahora más que nunca no hay que dormirse en los laureles. Aunque fueran los laureles del propio Julio César. Y esta referencia, aunque metida con calzador, no es del todo gratuita porque volvemos a esa Escuela de gladiadores que ostenta el record de reservas en el informe TripAdvisor 2019.

El conocimiento, por muy inmersivo que sea, no se obtiene disfrazándose de romano antiguo y emulando una película de Hollywood. En ‘Los pilares de la sabiduría’ de Thomas Edward Lawrence (aka Lawrence de Arabia) la Sabiduría lanzaba una llamada a los incautos para que visitaran su casa. Y es que ser incauto, no tener cautela, es muchas veces necesario para poder alcanzar, sino la sabiduría, sí al menos el conocimiento.

El filósofo Juan Arnau Navarro publicó hace unos meses un fantástico artículo sobre ‘Cosmopolitas sin salir de casa‘ en ‘El País’ del que extraemos este fragmento:

«Se puede ser cosmopolita sin salir de la biblioteca (Borges lo fue) y provinciano sin dejar de viajar.»

 

El último ensayo de Juan Arnau, reacciona contra el actual pensamiento algorítmico que tiende a la uniformización del pensamiento: reinvidicando la imaginación.

 

Todos, en algún momento, incurrimos en lo mismo. Somos como turistas accidentales que navegamos por internet buscando apuntalar nuestras creencias. Hostiles a todo lo que contravengan las ideas con las que partimos. La antítesis del conocimiento, vaya.

Por eso Knovvmads nace del deseo por ampliar horizontes pero con rumbo definido. Cuando más inciertos son los tiempos más imperativo se hace asegurar las velas para que la travesía sea exitosa. Y Knovvmads parte con unos antecedentes que disipan cualquier temeridad. El éxito, durante más de una década, de la empresa de servicios bibliotecarios Infobibliotecas son los avales para Knovvmads.

Se trata de situar a las bibliotecas, como centros culturales y sociales, al mismo nivel que el resto de industrias culturales. Si los espacios, servicios, profesionales, usuarios, productos y ofertas de las bibliotecas se han ido adaptando a las nuevas necesidades: los medios que reflejen esas nuevas realidades tienen que estar a la altura.

Puede que el entorno y las circunstancias que separan a un profesional de la información de Wisconsin de uno de Madrid o Florencia aparenten ser muchas: pero si se observan de cerca las diferencias desaparecen. Todos nos movemos con un único objetivo: indagar, de la manera más fidedigna posible, sobre el mundo en que nos movemos. Y en Knovvmads, como nómadas del conocimiento que somos, tenemos una ventaja.

La ventaja de contemplar el horizonte desde un mirador privilegiado: las bibliotecas.

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com