Escuela de pensadores, escuela de superhéroes

 

En la reciente miniserie Hollywood estrenada en Netflix, el ubicuo Ryan Murphy lleva hasta las últimas consecuencias lo que Tarantino, con un estilo totalmente opuesto: ha puesto en práctica en algunas de sus obras más recientes.

 

Tanto en Malditos bastardos (2009) como en Érase una vez…Hollywood (2019): el director de Pulp fiction le enmendaba la plana a la realidad. A Hitler lo asesinaban antes de que pudieran seguir con su locura; y Sharon Tate nunca murió a manos de la infame secta de Charles Mason. Murphy lo ha llevado un paso más allá con la historia del Hollywood clásico.

En su serie la ha convertido en un cuento de hadas en el que la discriminación racial, la homofobia o el machismo son vencidos gracias al empuje de un grupo de soñadores. Una manera de enmendar el retrato más lúgubre y reciente que de la meca del cine ha proyectado el aún humeante, y real, caso Weinstein.

 

Hollywood de Ryan Murphy: revisionismo naif de la meca del cine.

 

Estas revisiones happy flowers de historias reales no dejan de entrañar sus riesgos dada la confusión informativa en la que se mueven las nuevas generaciones. Se empieza aplaudiendo que se derriben estatuas de Cristobal Colón; y se termina creyendo que Hitler no tuvo que ser tan ogro cuando resulta simpático en Jojo Rabbit (2019).

En los últimos tiempos, a juego con la fiebre superheróica que vive la industria del cine estadounidenses, los superhéroes sirven para todo. Los superhéroes y la filosofía (Blackie Books); La física de los superhéroes; Dioses, héroes y superhéroes; En la mente de los superhéroes (los tres de Ma non tropo); o Los superhéroes y el derecho (Tirant Lo Blanch). La lista de obras de divulgación que recurren a los superhéroes para explicar la filosofía, la ciencia, la mitología, la psiquiatría o las leyes: no tiene trazas de agotarse.

Conforman la mitología más elaborada de la cultura popular de nuestro tiempo. Y pese a su maniqueo y, aparentemente, simplista discurso: su éxito tiene su explicación. Definirse como librepensador en nuestra época, más allá de la mera etiqueta, requiere de un esfuerzo superheróico: ante el machaque de discursos únicos con que nos martillean los medios.

Aunque en la historia de la evolución la humanidad ocupa un tiempo tan diminuto, al homo sapiens le ha dado tiempo para acumular tal cantidad de conocimientos, que para cada nueva generación ponerse al día, requiere de un esfuerzo propio de un superhéroe. Tal vez sea por eso que los grandes medios de masas (la televisión, ahora internet): se vuelquen tanto al entretenimiento de encefalograma plano, desperdiciando su potencial divulgativo.

 

Por eso resultan prometedoras iniciativas como la de la londinense School of life que dirige el escritor, filósofo y bloguero Alain de Botton. El que, con motivo de su fundación, declarase que «la vida es demasiado corta para leer libros malos«.

La Escuela de la Vida es un organización con numerosas sedes que pretende ayudar a las personas a encontrar la perspectiva necesaria para afrontar la vida. Ahí es nada. Podría sonar a autoayuda de la barata. Pero lo cierto es que el material didáctico que realizan, con todas las críticas que se quieran hacer: resulta práctico para según qué conceptos.

 

Colección: Lecciones de vida de…., en la que se extraen reflexiones de filósofos útiles para diferentes aspectos de la vida. Editada por la Escuela de la Vida.

 

Las ideas más complejas se escenifican en vídeos animados de pocos minutos, con los que cualquier neófito en la materia puede hacerse una idea del pensamiento de figuras claves de la cultura occidental.

Desde la neurociencia, la teología, la filosofía moral a las teorías feministas; los vídeos ayudan a hacerse una idea rápida.

Que a los más academicistas es probable que no termine de convencer, dada la obligada sintetización de contenidos. Pese a las objeciones que puedan hacerse: acercar la historia de las ideas a las generaciones abducidas por lo audiovisual: es siempre un logro.

Este didactismo es precisamente al que deben volcarse las bibliotecas públicas en la actualidad más que nunca. Se dice desde hace mucho que las bibliotecas deben ser creadores de contenidos. Nadie mejor que los, bien adiestrados, profesionales bibliotecarios, para sintetizar los conocimientos, y servirlos de manera ágil, interesante y amena.

 

 

Sin referentes no somos nada. Por eso, engalanamos el post con la obra del fotógrafo Sacha Goldberger, que revistió a los superhéroes con aires de respetabilidad cultural. Sus retratos, al modo del siglo XVI, hacen que estos símbolos de la cultura de masas hollen, una vez más, las señas de identidad de la alta cultura.

Y cerramos con el reader’s digest en movimiento sobre el concepto de ‘amor fati’ de Nietzsche. Afortunadamente está subtitulado al castellano para que nadie se pierda nada. El filósofo alemán sostenía que los alumnos aprenden por repetición mientras no comprenden: cuando comprenden pasan al nivel siguiente. Si los superhéroes, y los vídeos tipo School of life, sirven de apoyo para saltar al nivel siguiente: bienvenidos sean.

 

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Bibliotecas sin miedos

El miedo, los temores, como se suele decir, son irracionales. Lo malo es que en el momento que estamos viviendo hay motivos suficientes para justificarlos. De cara a la progresiva e imparable reapertura de las bibliotecas en la fase 1, 2, 3 y subsiguientes: muchos profesionales se están enfrentando, o se tendrán que enfrentar, a muchos de esos miedos propios y ajenos.

No hay remedios efectivos para combatirlos pero como siempre el arte al menos sirve para darles forma. El colectivo artístico anónimo luzinterruptus es conocido por llevar a cabo intervenciones urbanas de espacios públicos siempre asociadas con la luz. Una de las que más repercusión tuvieron el mundo bibliotecario fue ‘Literatura versus tráfico’ que llevaron a cabo, por primera vez, en 2016 en las calles de Toronto.

 

Literature vs. Traffic. from lmartinez on Vimeo.

 

Sus intervenciones se consideraban ilegales, puesto que no piden autorizaciones municipales para hacerlas (su frase: «Dejamos nuestros destellos de luz encendidos… para que otros nos los apaguen…«, lo deja claro). Entre los proyectos recientes se encuentran montajes dedicados a concienciar en torno al abuso de plásticos (Muertos por plástico); sobre la sequía (Dibujando la sequía); o denunciando/ironizando sobre la prohibición de exhibir pezones femininos en redes (Tetas y pezones).

Pero tal vez el proyecto que más puede ayudar recuperar en este tiempo de incertidumbres es uno de sus proyectos no realizados. Concretamente el Muro para quitarse el miedo. Este proyecto en busca de una pared grande en el que realizarse consiste en cubrirla de cuadernos-libros en blanco que puedan ser intervenidos. Por supuesto iluminados por la noche, y que queden dispuestos de tal manera que el viento los agite y pase sus páginas dejándolos abiertos al azar.

Según lo describen:

«… lo que queremos es crear un espacio en el que expresarse, sin miedo a equivocarse […] En sus páginas se podría bocetar lo que después se mostrará como definitivo, siendo útil para hacer pruebas hasta dar con la solución que más agradara al clientes/servidor público/curador/institución/museo… […] el viento obraría, moviendo al azar las intervenciones de las distintas páginas, ofreciendo al espectador millones de composiciones aleatorias, fruto de un trabajo colectivo mezclado por el democrático viento.»

 

En este momento en que los profesionales están saturados de protocolos, normas, leyes, informes y demás intentos por normalizar una situación anormal. En que muchos de los proyectos que estaban en marcha, en bibliotecas, se han quedado, como el de luzinterruptus: sin realizar. Viene bien no hablar, simplemente, contemplar un sueño, una idea de futuro. Y además luminosa.

Un post contemplativo. Para esas bibliotecas que tiene experiencia en salir de situaciones complicadas, y que en esta crisis, volverán a hacerlo una vez más. Y de paso, a ver si hubiera alguna biblioteca, con suficiente fachada lisa como para permitir que luzinterruptus, cuando pase todo esto: pueda convertir en realidad su Muro para quitarse el miedo.

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Deux ex machina bibliotecario

 

Al relato que de las bibliotecas nos estábamos haciendo le ha salido un elemento sobrevenido (a todos pero aquí hablamos de bibliotecas) que las va a trastocar en muchos sentidos.

Deux ex machina (dios desde la máquina): personaje o fuerza externa a una trama que irrumpe resolviendo, pero contraviniendo, la lógica interna de la historia.

El Cristo, colgado de un helicóptero, volando por el cielo de Roma con el que se abre La dolce vita (1960). El origen de la expresión Deus ex machina proviene del teatro clásico griego en el que, ante una trama irresoluble, aparecía un dios colgado de una grúa. Fellini, en su obra maestra, lo ponía nada más empezar.

 

¿Qué ha sido el Covid 19 sino una fuerza externa que irrumpe en mitad de una tímida recuperación presupuestaria en algunas bibliotecas? ; ¿qué supondrá con unas plantillas con falta de renovación poscrisis 2008? Unas plantillas que ahora  tienen que reinventarse/readaptarse (¡¡one more time!!!) ¿Cómo gestionarán los servicios presenciales en tiempos de medidas higiénicas estrictas? ¿Cuál será la relación con los proveedores de contenidos digitales ahora que se saben aún más imprescindibles?

Esto de lanzar preguntas pero no aportar respuestas: es el culmen del cuñadismo. Y de reflexiones cuñadas vamos sobrados estos días. Por eso, en vez de seguir preguntando al aire, mejor ponemos en práctica una habilidad que tenemos más adiestrada. Vamos a asomarnos, como si fueran las 20 h., a esa ventana bibliotecaria a la cultura del siglo XXI que luce en el frontispicio de este blog. No para aplaudir, bueno tal vez un poco, sino para ver cómo anda el patio de vecinos de la cultura.

 

La felicitación en redes de Infobibliotecas sobre una ilustración de Pier Paolo Rovero de una Nueva York confinada llena de lectores.

 

Que después del primer (y esperemos que último) Día del libro en confinamiento global, escritores y libros, hayan computado al alza en los medios: no es nada significativo. No es en la resaca de esta atípica celebración donde hay que buscar signos: sino días previos. Concretamente, desde el día 15 de marzo a las 0:00 h., en que se activó el confinamiento  en España.

A los pocos días, el presentador de Telecinco, Pedro Piqueras, entrevistaba en directo a Antonio Muñoz Molina. Tras las preceptivas reflexiones en torno a la situación tan extraña que vivimos, Piqueras, despedía al autor de Beltenebros: destacando lo inhabitual que era que un escritor ocupase tantos minutos (sin premio o polémica de por medio) en un informativo prime time. No era premeditado pero en la reflexión se constataba, desde dentro, el poco espacio para la reflexión sosegada en los medios.

 

 

Pero es que en días subsiguientes, también Piqueras, volvía a entrevistar a otros escritores. ¿Falta de contenidos o cambio de tendencia?

El 9 de abril no se emitió el Sálvame nuestro de cada día, era Jueves Santo, y en su lugar se programó La ladrona de libros (2013). La adaptacion de un best seller, sobre los libros como tabla de salvación en tiempos oscuros, sustituyendo al programa que, según algunos, incrementa las ventas de aquellos títulos que en él se mencionan.

Son muchos los escépticos cuando se habla de las lecciones que aprenderemos de esta situación. Los humanos nos hemos ganado a pulso ese autoescepticismo. Pero tal como decíamos en Golpe de estado cultural en ciernes:

«es muy posible que se esté gestando un golpe de estado contra el sistema cultural tal y como lo conocemos en la actualidad. […]  la subversión vendrá desde dentro y casi sin pretenderlo.»

 

Pensándolo bien, que el Día del libro se haya desarrollado en estas circunstancias, puede acarrear consecuencias positivas en cuanto a la imagen de las bibliotecas. Saqueados los catálogos de Netflix, Amazon o HBO: las plataformas digitales de las bibliotecas han captado a muchos ciudadanos que, aún sabiendo que existían, no les prestaban una especial atención. La imagen de las bibliotecas, en términos generales, es muy posible que salga fortalecida.

Ya lo dijimos antes: es momento de retratarse. Lo han hecho ciudadanos, empresas, políticos y, por supuesto, bibliotecas. Y el retrato resultante puede que resulte favorecedor.

En las revueltas digitales (no puede haber otras) que nos han sobresaturado a los internautas: la del sector cultural, al hilo de las declaraciones del Ministro de Cultura, fue una de las más encendidas. Dejando aparte tanto lo idóneo de las declaraciones ministeriales, como la de promover apagones culturales: lo cierto es que las bibliotecas no pueden más que alinearse con el sector de la cultura.

De hecho, las bibliotecas, han seguido siendo vías de transmisión de dinero público hacia el sector de la cultura en medio de esta pandemia.

 

El tan, criticado y finalmente cancelado, apagón cultural en Internet.

 

Las adquisiciones de libros digitales se han incrementado para dar respuesta a la demanda. Las bibliotecas están sabiendo estar a la altura, como tantas otras veces. Aventurar un horizonte esperanzador sería pecar de ingenuos. Simplemente el capital social, que desde luego no el económico, de las bibliotecas se ha visto incrementado en esta crisis.

Las limitaciones que tienen otras instituciones culturales, por su propia naturaleza o misión, no las han tenido las bibliotecas gracias a décadas de trabajo previo. Páginas culturales, filmotecas, cuentas privadas, bloggers están recurriendo a las plataformas digitales de bibliotecas, para recomendar lecturas y películas: y así dar contenido a sus espacios digitales. Pero antes de incurrir en triunfalismo también hay para curas de humildad.

 

Los héroes del papel: los quiosqueros en el homenaje de Víctor Santos.

 

El ilustrador Víctor Santos ha estado publicando durante estos días una serie de ilustraciones bajo el título: Superhéroes de la pandemia. Cada una de ellas va dedicada  a algunos de los que se han jugado el tipo en esta crisis: panaderos, cajeros de supermercados, basureros, sanitarios, farmacéuticos, fuerzas de seguridad, etc. Pero dentro de su repaso, y con razón, no entran los bibliotecarios.

Salvo circunstancias que desconozcamos los bibliotecarios están trabajando, y mucho, pero desde la protección de sus hogares. En cambio, sí están representados los quiosqueros. Un homenaje a los 20.394 puntos de venta a pie de calle que, aún sobreviven, y atienden a los 9.321 millones de lectores de prensa en papel que dicen las estadísticas. Y es que ya lo decíamos en Coleccionables de biblioteca, ecosistemas culturales urbanos:

«Generan barrio, generan comunidad, generan lazos de amistad: y en eso, se siente, les han llevado ventaja a las más exquisitas bibliotecas y librerías.»

 

Los circuitos informativo/culturales más modestos llegando a la población más perjudicada por la brecha digital, en unos casos, o simplemente desfavorecida por otras circunstancias en otras. Un recordatorio de que la apoteosis de lo digital, tras esta pandemia, será incuestionable: pero que la labor social y presencial, aún sin abrazos ni besos, también habrá que reforzarla.

Aún es muy, muy pronto para aventurar cuándo volveremos a algo parecido a esa vida cotidiana de hace tan solo un mes y pico. Pero lo más seguro es que los espacios lúdico-culturales habituales (teatros, conciertos, cines, bares, eventos varios…) van a estar perjudicados largo tiempo. ¿Se convertirán las bibliotecas en una alternativa mayoritaria aunque sea en la distancia? Y antes de empezar de nuevo con el feo vicio de las preguntas al aire mejor nos vamos con música. Como dicen los chicos del prometedor grupo INC: aquí ya no, aquí ya no nos caben más preguntas al aire. Queremos estadísticas que nos den la razón.

 

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Arquitectura de un confinamiento cultural

 

No deja de resultar paradójico que sea precisamente un virus el que nos haya abocado a lo digital con más fuerza que nunca. La supervivencia informativa, cultural, comunicativa y asistencial depende más que nunca de la tecnología. Por exceso, la hiperconexión contínua, o por defecto, en aquellos casos en los que la brecha digital se está evidenciando más que nunca.

 

El virus LSD

 

El Covid-19 es un virus que afecta a seres vivos. Pero las huellas que va a dejar en el mundo digital y, por tanto, en la cultura: también condicionará nuestra relación con la tecnología.

La frivolidad/maldad a la hora de compartir informaciones falsas: se ha revestido de un halo aún más grave del que ya tenía. Pero lo más siniestro de todo han sido los ciberataques con el virus NetWalker a sistemas informáticos sanitarios. ¿Qué mentes enfermas pueden haber detrás de algo así? Humanos y máquinas estrechando lazos a través de nuestra vulnerabilidad. Una conexión hombre-tecnología a través de sus virus.

 

El virus Crash

 

Pero, en realidad, esa conexión existe desde hace mucho. En The Malware Museum se recopilan algunos de los virus malignos que se propagaron por los PC, de todo el mundo, allá por los ochenta y los noventa. Algo así como entrar en el historial médico de la informática.

Antes de que los troyanos, los Conficker o los Netsky fulminasen discos duros, existían virus con nombres como Crash, Virdem o Marine: que descubrieron que las máquinas podían enfermar y contagiarse. Gracias a este museo, es posible no solo repasar cómo eran estos achaques cibernéticos, sino además, experimentarlos en nuestros equipos sin peligro de contagio.

 

El virus Virdem

 

 

Tras la irrupción de Internet, salvo que tengas un Mac, la obligatoriedad de la profilaxis informática vía antivirus, se hizo obligada: demostrando que la supuesta perfección mecánica tampoco existe. Hal 9000 o Roy Batty ya nos lo vaticinaron en sus respectivas películas.

En 2016, dos investigadores en computación interactiva del Instituto Tecnológico de Georgia (Estados Unidos) diseñaron el sistema Quixote. Uno de los proyectos pioneros, a través del cual, los robots podían aprender valores humanos a través de la lectura. La idea no podía ser más simple: la lectura sirve a los niños para socializarse, empatizar y asimilar comportamientos y valores. Así pues, ¿por qué no han de servir para que los robots avancen en su inteligencia gracias a fábulas y cuentos?

 

 

Como señalaban los investigadores, la comprensión de las historias por parte de los robots podría eliminar cualquier riesgo psicótico. Y, de ese modo, hacerles cumplir la primera ley robótica formulada por Asimov: «un robot no hará daño a un ser humano, o por inacción, permitir que un ser humano sufra daño«. Cuatro años después, un inconveniente de lo más simple, se ha cruzado en el camino: el noveno arte.

Según otro estudio, pero en esta ocasión, de unos investigadores de la Universidad de Marylan, la IA no entiende los cómics. Tras cargar en la memoria de la IA más de un millón de viñetas: la máquina no era capaz de interpretar la secuencia de lectura que rige el lenguaje de los cómics. Nosotros, tras el post Bibliotecas para imbéciles, no podemos más que acordarnos del ministro ruso de cultura cuando pronuncio su famosa frase en la última Feria del libro de Moscú: «leer cómics es para imbéciles«.

 

13 Rue del Percebe+Biblioteca Regional de Murcia = un cruce que cobra un doble sentido en estos días y en este post.

 

Suena tendencioso dicho por quien esto firma, y lo es, pero otra razón más para promover la creación de comictecas en las bibliotecas públicas. Como decía, hace unos años, el Premio Nacional de Cómic, Pablo Auladell: «La ilustración se ha convertido en el elemento diferenciador del producto libro de papel frente al libro digital«.

Otro interesante ensayo sobre arquitectura y viñetas.

Y es que en la dieta cultural de estos días los libros y las películas copan el protagonismo en las ofertas digitales que ofrecen las bibliotecas públicas.  Pero los cómics, pese a que están igualmente disponibles en modo digital, no terminan de implantarse con tanta fuerza entre los lectores.

Es curioso que lo digital, que tan buen maridaje hace con lo audiovisual, no termine de convencer en lo que a los cómics se refiere. La composición de una pagina, más allá de las viñetas aisladas, imprime una orientación, una línea visual a la que se habitúa con facilidad el ojo humano. Y que, en cambio, parece que desorienta a las máquinas.

La arquitectura de las viñetas que se titula un estupendo ensayo de Rubén Varillas que ahonda en las diferencias entre el lenguaje del cómic respeto a los del cine o la literatura. Colmenas narrativas, que aisladas unas de otras, pierden sentido: pero que unidas dan sentido a la historia. ¿Cabe representación más potente para el momento que estamos viviendo?

El virus nos aísla pero también nos une. En los cubículos de nuestros hogares, en los recuadros de las videollamadas, en nuestras ventanas, en nuestros balcones…Y gracias a la cultura, bibliotecas mediante, hace que nos sintamos algo menos solos. Protegidos en nuestra fragilidad.

 

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Tiempo estimado de lectura

 

«¿qué es lo más valioso que las bibliotecas pueden ofrecer al público? Algo obvio una vez dicho lo anterior: simplemente tiempo.»

 

Esto decíamos en este blog, hace tres años y medio, en el post El tiempo en nuestras manos. Ciertamente la gestión del tiempo sigue siendo una necesidad, una exigencia: pero de manera harto distinta a como la planteábamos entonces. Ahora puede que lo más valioso que pueden ofrecer las bibliotecas sea precisamente eso que tanto hemos desprestigiado en ocasiones: silencio.

No en las bibliotecas en sí, que están sumidas en el silencio de la casa deshabitada: sino en las redes. «And now my life has changed in oh so many ways» (Ahora mi vida ha cambiado tanto) que cantaban The Beatles mientras pedían auxilio en Help! Un himno que podría ser el equivalente global al Resistiré de nuestro Dúo Dinámico.

Puede que Bill Gates sea el Paul Mccartney del mundo digital: el aburguesado, el conservador. Pero por muy de cool que fuera Steve (Jobs) el Imagine del mundo digital lo compuso Bill. Windows, visto lo visto, resulta un nombre mucho más visionario que Apple o Mac. Todos estamos asomados a las ventanas, salgamos o no a las 20 horas a aplaudir; estamos rodeados de ventanas por todas partes. En el portátil, en la televisión, en el móvil, en la tablet.

 

Bill Gates en la charla TED que dio en 2015 y en la que vaticinó el riesgo de una próxima pandemia.

 

Y ante la ingente cantidad de noticias, recuentos desalentadores, datos deprimentes, manipulaciones, verdades sesgadas, mentiras, bulos y maldades sin tapujos: las que siguen proveyendo de un tiempo propio: son las bibliotecas a través de sus servicios digitales. Ahora más que nunca proveen de silencio, del silencio necesario para leer, ver una película o escuchar música. Eso sí, la manera en que cada uno negocie el silencio doméstico con el resto de habitantes del hogar, es un asunto, en el que las bibliotecas no tienen competencia.

Precisamente en ese post de El tiempo en nuestras manos hablábamos del flamante estreno de la plataforma eFilm en el municipio de Torrelodones. Tres años y medio ya. Y en poco menos de un mes de estado de alerta ¿cuánto se habrán incrementado las estadísticas de uso de la plataforma? Esta soberanía cultural, esa capacidad de elección es de lo poco que queda cuando nuestra movilidad está condicionada al máximo por ley.

Y en estas circunstancias la estimación del tiempo de lectura aplicado, cual posología a los textos, pierde todo el sentido ¿quien necesita que le administren las lecturas cuando el tiempo corre vertiginoso en datos pero tan exagerantemente lento en nuestros encierros?

Los tochos, si enganchan, ahora, son más deseados que nunca. Como las series o las películas de tres horas y media. Pero dejemos esto antes de que parezca una justificación encubierta de lo laaaaargos que son los posts en este blog. Quedémonos con lo que dijo la crítica de arte, comisaria de exposiciones, autora de cómics y baterista la estupenda Mery Cuesta:

«Mantengamos vivo el espíritu antisistema de hacer cosas inútiles y dejar escapar el tiempo entre las manos»

Lo único antisistema que se puede hacer cuando se está confinado es, precisamente, dejar escapar el tiempo entre las manos. Rentabilizar el tiempo, someterlo a las mismas exigencias de cuando éramos libres: es una claudicación que no deberíamos permitirnos. Sale más a cuenta salir fortalecidos culturalmente de esta crisis que el que se nos arruine la operación bikini.

Por muchas previsiones que se hagan no sabemos qué panorama nos espera cuando finalmente superemos esta situación de emergencia. Qué va a cambiar realmente en nuestros quehaceres cotidianos. Por el momento tan solo podemos observar, y más importante: observarnos. El gran patio comunal repleto de ventanas que nos rodea estos días está repleto de imágenes curiosas.

El monumental ensayo gráfico que Daniel Torres hizo sobre la evolución del hogar a lo largo de la historia podría sumar un nuevo capítulo tras el Covid-19.

La Mediateca de Mirecourt (Francia) publicó una infografía recopilando todas las acciones que iban a desarrollar a través de teletrabajo al cerrarse el centro. Fuente: ActuaLitté

De repente hemos irrumpido en hogares ajenos. El voyerismo digital ha alcanzado otra dimensión. Nos asomamos a las porciones de intimidad de periodistas, científicos, políticos, artistas… Y esos encuadres que eligen para que les sirvan de decorado en ocasiones resultan de lo más elocuentes. De hecho, incluso a veces, dicen más que lo que están diciendo a través de sus palabras.

My house is out of the ordinary‘ (Mi casa está fuera de lo ordinario) que cantaban los Talking Heads, Y ahora más que nunca estamos rodeados de talking heads por todos lados.

Cabezas parlantes que, en muchos casos, eligen de fondo a sus bibliotecas personales para revestirse de ¿interés? ¿autoridad? ¿conocimiento? ¿prestancia? Lomos de libros de papel para enmarcar sus interesantes, intrascendentes o convincentes discursos. ¿La cultura como ornamento? o ¿la cultura como salvavidas ante la incertidumbre? Tanto da.

Lo que queda claro es que la cultura, pese a los que tildan de titiriteros a muchos de los que se dedican a ella, se ha convertido en necesidad, en artículo de primera necesidad para la supervivencia mental. Y en medio de tanta mala nueva es una buena noticia.

En estos días muchas bibliotecas están dando la talla esforzándose por llegar a los ciudadanos de las maneras más ingeniosas. Pero no hay que agobiarse, no hay que rendirse sin más a esa nueva esclavitud del siglo XXI que es el teletrabajo: hay mil distracciones. Es inútil dejarse la piel en descollar en medio de tanto frenesí digital.

 

La invasión de las cabezas parlantes.

 

El 29 de marzo fue trending topic durante unas horas el hashtag #Confinamientolector y a más de un bibliotecario se le caería la lagrimita de emoción. La calma juega a favor de las bibliotecas. Lo más valioso que las bibliotecas siguen ofreciendo ahora es tiempo y silencio: los requisitos necesarios para disfrutar de la cultura en casa. Ahora más que nunca que le den a las apps que miden el tiempo estimado de lectura.

Solo hay una oportunidad que sería una pena desperdiciar: conseguir que más ciudadanos descubran todo lo que ofrecen las bibliotecas. ¡Qué oportuna sería ahora esa campaña por parte del Ministerio de Cultura dando publicidad a las bibliotecas de la que hablábamos en Se vende biblioteca! Mientras tanto sigamos en casa rodeados de cabezas parlantes pero gestionando nuestros tiempos.

 

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Mimo mi biblioteca

Lo que se cuida se quiere. Así de simple. Y si hay algo de lo que adolece, en demasiados casos, nuestra sociedad: es de cariño hacia lo público.

Estos últimos días se ha abierto un pequeño debate por los corrillos bibliotecarios de Twitter a cuenta de las sanciones en bibliotecas. Las noticias, desde el otro lado del Atlántico, sobre bibliotecas que habían decidido eliminar su política de sanciones por retrasos: encendieron la mecha.

La bibliotecaria de la Biblioteca Pública de Toronto, en 1955, llevando libros a los niños ingresados en el hospital local.

 

Pero el matiz que lo cambia todo es el hecho de que en las bibliotecas estadounidenses se multa, y en las españolas, no. Relacionar las sanciones de bibliotecas en nuestro entorno con las desigualdades sociales: tiene cabida en el caso de que esas sanciones fueran de carácter económico. Pero si lo que se pide es simplemente cortesía para el resto de ciudadanos, que también tienen derecho a disfrutar de esos bienes que son de todos: el debate se acaba pronto.

En las sociedades nórdicas, al menos esa es la impresión vistas desde la lejanía, el cumplimiento de las normas cívicas es algo que parece que no requiere de sobresfuerzos prohibitivos. El civismo y respeto a lo público va implícito en su cultura. De ahí que las bibliotecas en nuestro país pueden jugar un papel, diminuto cierto, pero papel, en educar en ese civismo, en ese respeto hacia lo que es de todos.

Hace ya más de 20 años, concretamente en 1998, la biblioteca donostiarra Koldo Mitxelena ya planteaba montar una exposición de documentos destrozados por los usuarios de la biblioteca.

Durante estos veinte años alguna otra biblioteca ha recurrido a una exposición de los horrores en que se pueden convertir los fondos de las bibliotecas en manos de algunos usuarios. Añadir cartelas con el precio (es decir: lo que todos hemos pagado) y el número de préstamos: ahonda en la labor de concienciación con este tipo de expo/denuncias bibliotecarias.

 

 

Pero también hay otras formas de concienciación que, casualmente, coinciden con movimientos muy en boga en los últimos tiempos. La ecología ha pasado de tendencia o moda hipster que daba fuste en semanarios y revistas a necesidad imperiosa.

Las idílicas postales de bienestar burgués que nacieron con la sociedad de consumo cada vez más se tiñen de sombras más siniestras. Reciclar y combatir la obsolescencia programada se ha convertido en imperativo, y las bibliotecas, no pueden quedar al margen.

 

Miguel Brieva se ha convertido en un autor especialmente incisivo en sus análisis ilustrados del mundo contemporáneo.

 

Como ya recogíamos en Bibliotecas recicladas, bibliotecas circulares: según el informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) sobre la economía circular de los libros: las bibliotecas son instituciones bastante competentes (o al menos tienen posibilidades para serlo) en cuanto a practicar una economía circular del libro. En uno de los puntos que destacábamos del informe se dice:

  • como espacios privilegiados a la hora de llegar a un público joven, las bibliotecas son lugares idóneos para fomentar y educar en la reutilización y el reciclaje, de todo en general, y de los libros en particular. A través de actividades lúdicas y atractivas practicar la pedagogía en torno a la ecología del libro en las bibliotecas.

Y en la Biblioteca Pública de Woodland (California) llevan tiempo poniendo en práctica este consejo del informe del WWF.

Los voluntarios de la Biblioteca Pública de Woodland demuestran tener sentido al humor al haberse bautizado con el nombre de una colección de libros de terror de los años 90.

Hasta un total de 10000 libros pertenecientes a sus fondos han sido restaurados por parte de voluntarios. La labor de estos voluntarios, denominados los «Spinetinglers», ha conseguido ahorrar miles de dólares a la biblioteca. Además, gracias a su trabajo, muchos libros imposibles de conseguir al estar descatalogados: consiguen una segunda, tercera o cuarta vida.

Dirigidos por una artista local, Marcia Cary, los voluntariosos ‘mecánicos de libros’ se reúnen semanalmente. Los talleres de restauración de libros se han convertido en una actividad ideal para programar en bibliotecas.

Un modo de implicar/concienciar a los usuarios de bibliotecas en el cuidado y respeto del bien público.

Unos talleres que se pueden poner en práctica para cualquier edad y que apelan a dos de los objetivos bibliotecarios fundamentales: ofertar actividades relacionadas con la cultura y promover la conciencia cívica.

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Cordón sanitario para bibliotecarios

 

La industria de la nostalgia se nos está yendo de las manos. Que se exploten los recuerdos de los cuarentones/cincuentones a cuenta de la EGB: tiene un pase. Que se remueva la memoria de los treintañeros a cuenta de tiempos predigitales: aún se puede comprender. Pero que, en el colmo del solapamiento, los millennials reclamen su cuota de nostalgia: va camino de convertirlo en problema de salud pública. El miedo al futuro (y al presente) tapona el reloj de arena, y las décadas, se amontonan en una idealización enfermiza del pasado.

No tendría mayor importancia sino fuera porque esa industria de la nostalgia ha terminado por contagiar a la política.

 

 

En Acróbatas del tejuelo: libertad de expresión en bibliotecas ya citábamos varios casos de censura (basados en hechos reales) acaecidos en una biblioteca X, Y o Z. Eso fue en 2016. Casi tres años después, las amenazas al natural desenvolvimiento del trabajo bibliotecario, lejos de mitigarse, se intensifican.

La estéril (por artificial) polémica en torno al dichoso pin parental ha copado el debate en los medios de las últimas semanas. La ciudadanía se ha convertido en rehén de la clase política. Una clase política salvamemizada (por el Sálvame) pero sin deluxe. Cada semana hay una nueva representación a cual más vacía y carente de sentido. Pero a la que se suman alegremente muchos amantes de la bronca.

Y en esta astracanada ¿cuándo le tocará el turno a las bibliotecas? Desearíamos que ese foco nos las iluminase nunca; pero tal vez sea demasiado tarde. Las barbas ya las tenemos a remojo. Si ahora miramos a las lejanas vecinas de los Estados Unidos, es más por su experiencia acumulada: que porque nos sintamos a salvo al tener un océano de por medio.

No es la primera vez, y probablemente no será la última, en que citemos la película Storm center (1956): en la que Bette Davis encarnaba a una bibliotecaria enfrentada a la comunidad por defender la libertad de pensamiento.

 

En Misuri, la Ley de Supervision Parental de Bibliotecas Públicas presentada el 8 de enero, promueve la creación de juntas de revisión parental de las bibliotecas. Estas juntas estarían conformadas por cinco miembros elegidos, por la mayoría de vecinos, que acudan a la reunión que se convoque a tal efecto.

Afortunadamente para los Estados Unidos, a cada movimiento de involución, le corresponde un activismo organizado que lucha por contrarrestarlo.

Los progenitores tendrán capacidad para vetar todo documento que consideren inoportuno, según su criterio, de las colecciones de las bibliotecas.

Y en otro ejemplo de terminología afín a nuestra clase política, en este caso, el cordón sanitario se aplica a los bibliotecarios.

Pertenecer al gremio anula la condición de ciudadano y progenitor porque están vetados en dichas juntas.

Y si un bibliotecario no acata la prohibición emitida: incurrirá en un delito con multas de no más de 500 dólares, o penas de cárcel, de no más de un año.

La movilización por parte de organizaciones como PEN América, que agrupa a escritores y lectores, o la Freedom to Read Foundation de la ALA: ya se ha puesto en marcha.

 

Burt Lancaster: bibliotecario y ornitólogo aficionado en El hombre de Alcatráz (1962). Un posible futuro para los bibliotecarios díscolos de Misuri. Y un recuerdo para una película oportuna ahora que se ha publicado: el listado de libros más demandados por los presos en cárceles españolas.

 

Parece que el control parental es tendencia a ambos lados del Atlántico. Un control, el de los padres, controlado a su vez desde los intereses políticos más torticeros que buscan conflicto donde no lo había. Pero una vez de vuelta a este lado del Atlántico dejemos de indagar en bibliotecas ajenas y centrémonos en las nuestras.

Mario Luna, tras varios manuales para ser un triunfador, se ha convertido en youtuber. El aroma a Varon Dandy no se disipa ni en digital.

Volviendo a ese aconsejable anonimato, al que recurríamos hace tres años, ya hemos recolectado alguna que otra anécdota nueva sobre casos reales de control ideológico en bibliotecas.

Por ejemplo en la biblioteca X, una actividad dirigida a la comunidad educativa en la que se citaba la memoria histórica: hizo saltar las alarmas. Las posibles suspicacias por parte de los afines a la implantación del pin parental: hace que haya que cuidar más que nunca los detalles.

Y casi solapándose en el tiempo, en la biblioteca Y, una reclamación exigía la retirada de un manual de consejos para ligar por considerar que cosificaba a la mujer.

Cierto que el susodicho manual daba bastante grima, pero no tanto por su contenido, sino por el estilo y tácticas que proponía. Más propias de un buitre de discoteca de los 70 que de un émulo de Casanova en los tiempos del Tinder. Pero se daba el caso de que dicho manual había sido solicitado para su adquisición por varios usuarios (sic): y que incluso había lista de reservas.

En la biblioteca Z, en una visita guiada para docentes, una profesora inquiría tras cada explicación sobre el lugar que las mujeres ocupaban en las explicaciones que relataba el bibliotecario. El hecho de que versaran sobre la historia del cómic, y que salvo honrosas excepciones, el papel de la mujer haya sido, lamentablemente, muy escaso hasta tiempos recientes: no la hacían desistir.

 

El ensayo de Elisa McCausland sobre la interesantísima historia de los orígenes y evolución del personaje de Wonder Woman.

 

La exaltación de Wonder Woman como icono feminista; la vindicación de Sigrid, la eterna novia del Capitán Trueno, como mujer fuerte e independiente; o el repaso a algunas de las  autoras más interesantes de los últimos tiempos: no terminaba de convencer a la profesora. Su papel de supervisora le impedía distraerse ni un instante de su misión y atender con calma a las explicaciones del guía.

Sigrid, reina de Thule. Guerrera e independiente.

En el caso del manual para instruir a galanes asiduos de Forocoches: ¿debe primar más la denuncia de un usuario o el derecho de esos trasuntos de John Travolta versión 3.0 a solicitar a la biblioteca los libros que les interesan?

En el caso de la profesora ¿se fuerza el relato para hacer más presentes a las mujeres, o se opta por contarlo como fue, y señalar esa ausencia como un estímulo para conseguir que las cosas cambien?

Entre los que alimentan debates innecesarios; y los que defienden discursos necesarios, pero que imponen sin criterio: las bibliotecas quedan en medio de fuegos cruzados de los que hay que saber prevenirse.

Pero, ¿cuán dócil es el gremio bibliotecario español?

 

Casi coincidiendo con su 60 aniversario el Ministerio de Cultura de Francia ha remodelado su organigrama.

 

En Francia, por ejemplo, los bibliotecarios se han movilizado a raíz de la reforma del Ministerio de Cultura. Algo casualmente que coincide con los recientes cambios en el ministerio homónimo español. Y concretamente en la Dirección General del Libro y Bibliotecas.

En el país galo las asociaciones de bibliotecarios han aprovechado la coyuntura para publicar un documento proponiendo vías de mejora. En él, según recoge ActuaLitté, se pide incluir a las bibliotecas en la dirección del Ministerio sin aislarlas de otros actores en la cadena de producción y distribución del libro. Vincular la lectura pública con el patrimonio y, entre otras medidas, defender que las decisiones sean tomadas por personal capacitado.

Tomemos nota de nuestros vecinos de rellano. Y antes de que a alguno se le ocurra implantar cordón sanitario alguno a bibliotecas: implantemos nosotros un cordón a todo aquello que excluye el debate y la reflexión. Y nada mejor para suscribirlo que recuperar un momento único.

Fue con motivo de la visita de Trump a Francia en la celebración del Día Nacional galo en 2017. La banda militar actuaba ante la tribuna de autoridades. Y para sorpresa de todos, en lugar de rimbombantes marchas patrioteras (de esas que soflaman los discursos de tantos políticos y ciudadanos que gustan de los aspavientos) empezaron a tocar temas de Daft Punk. Ante la solemnidad ridícula y tantos golpes de pecho: nada mejor que un poco de música disco para relajar la tensión.

 

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Estatuas de sal y libros-gema

Las señoritas de Avignon reconvertidas en diosas de Hollywood de la mano de Antonio de Felipe.

 

Las señoritas de Avignon fue una de las sacudidas más fuertes en la historia del arte. El cuadro de Picasso daba carta de naturaleza al cubismo, que venía a culminar la ofensiva que desde los impresionistas, se estaba haciendo contra el academicismo en la pintura.

Si el cubismo vino a mostrar todas las posibles perspectivas de un objeto en un solo plano, algunas lecturas, consiguen exactamente lo mismo en nosotros: sus incautos lectores.

De ahí lo fascinante de la obra del artista de San Francisco, Alexis Arnold, y sus libros-gema.

 

 

Como estatuas de sal, sin castigo alguno por la curiosidad, así se despliegan algunas lecturas en nuestro cerebro. Por eso lo acertado de la metáfora que consigue Arnold con sus esculturas. Si el proceso de cristalización provoca que los átomos de un gas o líquido conformen redes cristalinas, del mismo modo actúa una lectura impactante en nuestras mentes.

Y no se trata de otra defensa retórica de los beneficios de la lectura: se trata de una tesis avalada científicamente por muchos estudios. Por citar alguno reciente, el del Centro de Descubrimiento de Lectura y Alfabetización del Hospital Infantil de Cincinnati: que ha confrontado los efectos en el cerebro infantil de la lectura versus los efectos de las, omnipresentes, pantallas en edades tempranas.

Y es que los libros-bomba están esperando que cualquier lector curioso les arranque la espita al abrirlos: y se inicie la cuenta atrás para la eclosión. Para dejar imágenes, frases, ideas, sensaciones que serán como cristales en nuestra memoria. Libros-gema que terminarán enriqueciendo nuestra mirada sobre el mundo con todos los ángulos y perspectivas posibles.

 

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Knovvmads: cultura trasatlántica para el siglo XXI

[Nota: este post tiene su reflejo al otro lado del Atlántico a través de un telestroscopio. Para visualizarlo pincha aquí.]

 

La cultura es energía, nunca se destruye, siempre se transforma.

El actor de serie B, en horas bajas, que interpreta Leonado DiCaprio en la última de Tarantino, Érase una vez en Hollywood (2019): asume su participación en un spaguetti western italiano como el signo inequívoco del declive de su carrera. Años después, esos filmes rodados en Europa, alimentarían la cinefilia de un joven empleado de videoclub en Tennessee. Un joven llamado Quentin, que terminaría convertido, en uno los cineastas más influyentes de finales del XX y principios del XXI.

 

 

Los denostados spaguetti western de los que se nutrió Tarantino son la demostración de que la cultura se retroalimenta. No hay detritus, todo sirve de abono. Pero también son la prueba de que la cultura de masas que ha marcado al mundo se basa en momentos, en los que el talento europeo, se cruzó con el espíritu emprendedor americano.

En los años 30 y 40 del pasado siglo cientos de técnicos, artistas, escritores y cineastas, huyendo del nazismo: fueron a recalar en la incipiente industria del cine estadounidense. No por casualidad, lo que vino a continuación, se le conoce como la Edad Dorada de la meca del cine. Ninguna industria como la desarrollada en las colinas de Hollywood ha impregnado la imaginación de todo un planeta como lo hizo la industria hollywoodense.

 

Josef von Stenberg, Marlene Dietrich y Charles Chaplin: europeos en Hollywood.

 

Ernst Lubitsch, Josef von Stenberg, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Fritz Lang, Douglas Sirk, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Ingrid Bergman, Rodolfo Valentino, Audrey Hepburn o Vivian Leigh. La lista se haría interminable. Europeos en América que ayudaron a configurar un olimpo cuyos ecos aún resuenan hoy día.

Y otro tanto pasó en los años 80, cuando la estancada industria del cómic estadounidense, recibió una invasión de guionistas y artistas ingleses. Alan Moore, Dave Gibbons, Neil Gaiman, David Lloyd, Eddie Campbell.., reformularon el discurso del noveno arte para lanzarlo al boom adulto que vive actualmente.

 

Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons: el cómic de superhéroes que lo cambió todo en los 80.

 

Con ese espíritu, el de inspirarse en lo fecundos que han sido los intercambios entre las dos orillas del Atlántico: nace el proyecto empresarial de Smart libraries.

Queremos que esos diálogos, ese trasvase productivo de experiencias y energías, se den también en el mundo bibliotecario. Cooperación bibliotecaria trasatlántica que nos enriquezca mutuamente, y partiendo de un país, España, que tantas conexiones tiene con la pujante comunidad latina de los Estados Unidos.

Y cuyas redes de bibliotecas, a diferencia de las de otros países del viejo continente, como Reino Unido: han sobrevivido los duros años de la crisis apostando por la innovación, el ingenio y la adaptación de espacios y servicios.

Knovvmads, con sede en Miami, aspira a trasladar al mundo bibliotecario estadounidense algunos de los proyectos que mejores resultados han tenido en la empresa Infobibliotecas.

Repensar las bibliotecas en la era digital, requiere cambiar los esquemas en cuanto a servicios y espacios. Para ello es necesario tener un profundo conocimiento de lo que son y han sido las bibliotecas. «Todo ha de cambiar para que todo siga igual»: que decían en El Gatopardo. Otro ejemplo del feedback Europa-USA en su adaptación al cine protagonizada por Burt Lancaster.

Porque los objetivos básicos de las bibliotecas no han caducado. Los principios recogidos en el Manifiesto de la IFLA/Unesco de 1994 sobre bibliotecas públicas siguen vigentes. Pero son los modos de hacer que se cumplan esos objetivos (y otros nuevos que reclaman los tiempos) los que han cambiado.

Knovvmads, es una empresa recién creada, pero lleva el equipaje de la experiencia acumulada, durante años, como empresa de servicios bibliotecarios integrales de Infobibliotecas.

Desde suministro de fondos documentales, en cualquier idioma y formato, así como plataformas tecnológicas para el préstamo online de ebooks, audiovisuales y revistas: que se adaptan a las necesidades y sobre todo, capacidad presupuestaria, de cada institución. Con más de 20.000 e pubs en los que destacan los cómics y el aprendizaje de idiomas; más de 9.000 revistas de todas las temáticas; y miles de audiovisuales.

La biblioteca desde tu sofá: una excelente manera de luchar con la piratería de contenidos digitales. Y paralelamente un enfoque que reconsidera el concepto de biblioteca pública como espacio físico, como centro social y cultural.

 

 

El escritor alemán Bernhard Kellermann, en 1914, publicó una de las novelas más exitosas de principios del siglo XX: El túnel. ¿Su argumento?: la construcción de un túnel transatlántico que uniera Europa con los Estados Unidos. Un verdadero best seller que fue llevado al cine, y cuyo éxito, corroboraba esa fascinación mutua entre continentes.

Casi un siglo después, el artista británico Paul George, creó un telectroscopio y situó: uno, bajo el puente de Brooklyn, en Nueva York; y otro, junto al Puente de Londres.

A través de este ingenioso artefacto habitantes de ambas ciudades podían interactuar en tiempo real y enviarse mensajes. Un espejismo de ese gran túnel que uniese a los habitantes de ambas orillas del Atlántico.

 

El telectroscopio construido junto al Puente de Londres. Foto de David Parker. 

 

Knovvmads nace con vocación umbilical que se nutre en ambos sentidos. Un túnel trasatlántico de la cultura y las bibliotecas. El telectroscopio bibliotecario con el que otear el nuevo panorama que han provocado las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Y para ello: quiere generar debates, reflexiones, intercambios que parten del inconformismo para no apoltronarnos.

La presentación en sociedad de un proyecto tan ilusionante tiene que terminar donde ha empezado: en esa fábrica de sueños que forjaron la creatividad europea y el espíritu emprendedor americano. Como decía la inolvidable Bette Davis de Eva al desnudo (1950): «Abróchense los cinturones» en esta travesía con Smart libraries empieza la tormenta de ideas para bibliotecas.

 

Bette Davis como bibliotecaria insobornable en Storm center (1956).

 

[Nota: este post tiene su reflejo al otro lado del Atlántico a través de un telestroscopio. Para visualizarlo pincha aquí.]

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Desmontando (o remontando) el 2019

 

Este año, para el balance final del blog de Infobibliotecas, desmontamos el 2019 (como ya es tradición) pero lo remontamos: en el amplio sentido de la palabra. Si hay un momento en el que toda película se la juega es en la sala de montaje. Allí se pueden enmendar algunos de los errores cometidos o terminar por arruinar todo lo rodado.

 

Pregunta para cerrar un año: el protagonista de nuestra cabecera ¿está leyendo un libro o viendo una película en eFilm?

 

Y en este post final vamos a montarnos una película gracias a la ayuda de la plataforma de visionado de audiovisuales en streaming para usuarios de bibliotecas: eFilm. Tal cual como Rita Hayworth en la escena final de La dama de Shangai (1947): disparamos en una galería de espejos en la que, algunos de los posts publicados en 2019, se reflejan en algunas de las películas disponibles en la plataforma eFilm. No sabemos si atinaremos o erraremos los disparos: pero lo que sí podemos asegurar es que cuando llegue el The End: será feliz.

 

 

«creo que las bibliotecas de NYC son como un pequeño laboratorio social para entender cómo funciona su sociedad actual y también cómo se proyecta eso en este mundo globalizado, donde consumimos tanta cultura norteamericana, a veces sin ser conscientes de lo que asumimos.»

Extraído de la serie Una bibliotecaria española en Nueva York

Si hay algo que diferencia al blog en 2019 de años precedentes fue el hecho de que tuviéramos que mudarnos de servidor. A efectos prácticos no ha supuesto grandes cambios: estilo, temáticas y demás han seguido siendo, más o menos, similares. Pero si hubo una novedad que nos hizo ilusión, y es que en esta mudanza, pudimos tener vistas nada menos que al skyline de Nueva York.

Gracias a Irene Blanco, corresponsal bibliotecaria de Infobibliotecas en la Gran Manzana, disfrutamos de seis crónicas y una entrevista que nos sirvieron para ampliar horizontes. Por eso el documental I hate New York (2018) sobre activistas transexuales en Nueva York es el título idóneo para este primer reflejo. Una oda a la resistencia, a la lucha por una identidad propia, a la libertad y a la cultura como vía de supervivencia. Valores, todos ellos presentes, en las crónicas de Irene que sirvieron para el relanzamiento de este blog.

 

 

«los rusos estaban habituados a que el estado se encargara de todo, y ahora, están comprendiendo que pueden resolver sus propios asuntos reuniéndose en espacios públicos. Y esos espacios son las bibliotecas.»

Extraído de la serie Geopolítica bibliotecaria

Espionaje, tramas políticas, complots… Las intrigas que siempre han movido al mundo cada vez son más sutiles, a la vez, que más burdas. Paradojas de un mundo globalizado en el que nos preguntábamos: ¿qué papel jugaban las bibliotecas? Por eso la trama (real) de La espía roja (2018), con una Judy Dench que también daría para un papel de bibliotecaria, se ajusta a la perfección al panorama global bibliotecario que afrontamos en este serie de posts

 

«¿será la estupidez el siguiente paso evolutivo? ¿quién asegura a los que defienden a bibliotecas, librerías y a la cultura en general: que están en el bando correcto? ¿no deberían aparcar un poco los libros y dedicarnos más al sexo (con fines reproductivos, claro está)?»

Extraído de Dale una oportunidad a la estupidez

Ya hemos recomendado Dobles vidas (2018) en el blog para cualquier profesional de la cultura o persona, que simplemente, quiera ver expuestas las grandes cuestiones sobre el presente y futuro de la cultura en una comedia inteligente y entretenida. Sus protagonistas pertenecen a esa clase media ilustrada que cada vez parece tener menor peso en la sociedad actual. Y además de por sus profesiones, en diversos ámbitos culturales: se definen por sus enredos sentimentales. Un reflejo perfecto para el panorama que sobre la evolución de la estupidez y la cultura dibujábamos en este post.

 

«El término medio no es virtud: lo cuqui y lo grosero se retroalimentan entre sí. De Mr. Wonderful a Trump no queda espacio alguno para la serenidad que requiere el pensamiento. Si reivindicamos a las bibliotecas como espacios antiposverdad: reivindiquémoslas también como espacios anticuqui.»

Extraído de Biblioteca cuqui

No es tiempo de medias tintas. O blanco o negro, o cuqui o grosero. Larga vida y prosperidad (2017) es una película amable, sin demasiadas pretensiones, y buenas intenciones. Si es cuqui o edificante queda al criterio de cada espectador.

 

«A las bibliotecas hay que ir como un naturalista va al campo, con los ojos abiertos para poder descubrir cosas.»

Extraído de la serie Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias

La frase escogida pertenece a la segunda entrega de la serie de entrevistas a mujeres destacadas en diversos ámbitos con las que celebramos el Día Internacional de la Mujer. La artista plástica Roberta Marrero; la paleoantropologa y médico María Martinon-Torres (que fue quien dijo la frase en cuestión); la humorista y bibliotecaria en excedencia Raquel Sastre; y la diseñadora de moda Constanza Mas: fueron las protagonistas de esta serie.

Para la que creamos hasta un hashtag #BibliotecariasenPotencia: porque las cuatro combinan curiosidad, innovación, inconformismo, imaginación y creatividad. Tal cual como  la protagonista del documental que hemos escogido de eFilm: Varda por Agnes (2019) Un documental imprescindible en el año precisamente en que nos ha dejado su protagonista: la directora de cine Agnes Varda. Un ejemplo de mujer innovadora, imaginativa, inteligente y creativa hasta el último momento de su vida.

 

 

«En la mayoría de programas de los másteres que surgen, aquí y allá, para formarse con ese perfil innovador, moderno, novedoso de gestor cultural, entre las salidas profesionales: se repiten galerías, centros culturales, museos, productoras de eventos, discográficas, industrias creativas…, pero nunca: bibliotecas

Extraído de Bibliotecarios en el ranking de lo cool

En Dumplin (2018) su protagonista es hija de una reina de la belleza, pero ella, no se ajusta en nada al canon estético que se exige según los parámetros de la publicidad, las influencers, y las revistas. Los paralelismos entre ser bibliotecario en el mundo cooltureta y los patrones a los que ajustarse para ser aceptado en el mundo de la belleza más alienada: reflejan a la perfección ese mensaje de disidencia que lanzábamos en este post.

 

 

«La memoria histórica más dramática está en las cunetas, pero la memoria histórica también está en las bibliotecas: y desde muy diversas posturas ideológicas hay voces que pugnan por censurarla.»

Extraído de Biblioteca o barbarie

Con el título de la última película de Jim Jarmusch Los muertos no mueren (2019) y la frase extraída del post no hace falta esforzarse mucho para ver el porqué del reflejo entre ambos. Zombis y disquisiciones en torno a los juicios sumarísimos a los que, en ocasiones, se somete a manifestaciones culturales del pasado.

 

«tu biblioteca te engaña si eres un bibliotecario con inquietudes y te das de bruces con la realidad en muchas administraciones: en las que la innovación no está bien vista, ni se pone mucho empeño (ni es fácil) remediar vicios adquiridos»

Extraído de Tu biblioteca te engaña

Se ha dicho que el pecado capital más intrínsecamente español es la envidia. La mediocridad siempre exige que se apague al que destaca, al que brilla personal o profesionalmente. Un lugar común que más de un profesional de las bibliotecas, con ganas e iniciativa, podría certificar como cierto. Por eso, la historia de La profesora de parvulario (2019), en la que la protagonista se enfrenta a quien sea necesario con tal de proteger la brillantez de un alumno: era perfecta para acompañar algunos de los disparos que lanzábamos en este post.

 

«¿qué líneas rojas marcarían los bibliotecarios españoles al ver amenazadas la libertad de expresión o la libre circulación de las ideas en sus centros?»

Extraído de Líneas rojas bibliotecarias

Nada como la mezcla entre espías, política y traiciones del thriller Un traidor como los nuestros (2016) para afrontar las líneas éticas que no estaríamos dispuestos a sobrepasar en nuestro quehacer profesional.

 

«si se retiene ilegalmente un bien común como son los documentos de bibliotecas: ¿por qué las administraciones de las cuáles dependen no se toman más en serio actuar contra los morosos cuando se constata que existe un ánimo manifiesto de dolo?»

Extraído de Pausa publicitaria para bibliotecas

American animals (2018) está basada en hechos reales aunque cueste creerlo en algunos detalles. El robo/atraco a una biblioteca en los Estados Unidos se convierte en una ¿comedia? que arroja lecturas de lo más jugosas sobre nuestra sociedad. Una película de la que ya hablamos en Spoilers bibliotecarios, no estrenada en nuestro país, y que gracias a eFilm podemos disfrutar desde nuestros hogares.

 

«¿Cómo puede colaborar de verdad las bibliotecas en la lucha contra el cambio climático más allá de: centros de interés, eliminando bolsas de plástico, adaptando espacios e infraestructuras a los requisitos de una buen gestión medioambiental?»

Extraído de Emergencia climática en bibliotecas

¿Una de las cintas de terror más aclamadas del último año para hablar de medio ambiente y bibliotecas? Pues sí. Porque Midsommar (2019) se desarrolla en un entorno natural idílico que, según avanza la trama, se convierte en una auténtica pesadilla. Tal cual pasará en nuestro planeta si no hacemos algo, bibliotecas incluidas, con el cambio climático.

 

 

«promovamos bibliotecas para imbéciles, bibliotecas abiertas a todas las manifestaciones culturales dejando cánones obsoletos por el camino. Hasta que seamos tantos los imbéciles: que nuestros votos terminen eligiendo a políticos que, de verdad, estén a la altura de la sociedad a la que sirven.»

Extraído de Bibliotecas para imbéciles

Infierno bajo el agua (2019) es de esas películas que a primera vista parecieran desechos de videoclub ochentero. Pero nada más lejos de la realidad. Según la crítica es una película de terror muy bien hecha que da lo que promete. Y es que nunca hay que fiarse de las apariencias, ni a la hora de explotar/disfrutar un producto cultural, ni a la hora de ir a votar a un político.

 

«España en general, y la administración pública en particular, suele ser zona de francotiradores. Profesionales que se mueven en algunos casos solitarios empujados por su vocación en territorios hostiles.»

Extraído de Tu sueldo sale de mis impuestos presenta: francotiradores en plantilla

Carmen Maura declaró que Pedro Almodóvar ha hecho más por España en el extranjero que la mayoría de ministros y secretarios de cultura. Y no le falta razón. Guste o no su cine negarle su talento resulta de lo más ruin. Almodóvar fue despreciado en sus inicios por los cineastas asentados, pero él como un francotirador, siguió a lo suyo. Décadas después es un símbolo de nuestro país. La cultura en España, en demasiadas ocasiones, es cosa de francotiradores. Y eso hablábamos en este post para el que hemos escogido la última del director manchego: Dolor y gloria (2019).

 

«¿Es quizás el momento de que los quioscos desahuciados (al igual que antes lo fueron las cabinas telefónicas) sean invadidos por las bibliotecas?»

Extraído de Coleccionables de bibliotecas: ecosistemas culturales urbanos

El thriller La noche es nuestra (2007) retrataba las difíciles calles de Nueva York en la década de los 80 del pasado siglo. Y de las leyes de la calle, pero culturales, iba el post que se refleja en este estupendo policíaco de hace unos años.

 

«que en este 2019, el Día de las Bibliotecas, coincida con el día en que finalmente los restos del dictador abandonan el Valle de los Caídos: no podía dejarse pasar sin hacer alguna interpretación de las que tanto nos gustan en este blog.»

Extraído de Bibliotecas bailando con el diablo a la luz de la luna

Obviamente, conociendo este blog, no podíamos dejar pasar el hecho de que el Día de las bibliotecas 2019 coincidiera con el día en que se exhumaban los restos de Franco del Valle de los Caídos. Y de ahí partíamos para hablar de un futuro con raíces (bibliotecarias) en el pasado más oscuro de nuestro país. La cinta alemana La ola (2008) se inspira en el experimento llevado a cabo en un instituto germano con el que recrearon lo que sería vivir en un estado totalitario. Y, claro está, se les fue de las manos. Bailar con el diablo siempre tiene consecuencias.

 

«la educación  que fomente el pensamiento crítico y dote a los estudiantes de capacidades para desenvolverse con mayor capacidad de análisis en nuestras sociedades: se escamotea (recortes a la educación pública mediante) al grueso de la población para hacerla exclusiva de la clase dirigente.»

Extraído de La biblioteca como ornamento

La película de Laurent Cantet El taller de escritura (2017) se centra en un escritora que dirige un taller de escritura para jóvenes provenientes de sectores de la sociedad en riesgo de exclusión.

En un sistema educativo que prima la formación de trabajadores utilitarios a los que el propio mercado termina excluyendo: las humanidades pueden parecer un lujo. Pero son todo lo contrario. Son un distintivo de clase, son esa diferencia que distinguirá al señor del lacayo. En ese asunto las bibliotecas tienen mucho que decir. Y de eso iba este post, ahora, tan bien acompañado por la película de Cantet.

 

«Estas bibliotecas presentan las obras de sus fondos tal y como fueron creadas originalmente. No solo podrían, es que pueden y quieren, contener representaciones culturales obsoletas.»

Extraído de Representaciones culturales obsoletas

Ajusticiar creaciones del pasado según valores actuales, restándoles valor por ello, es lo más absurdo que se puede hacer. Que alguien que no haya visto, o que vuelva a visionar,  Eva al desnudo (1950) (o cualquier otro clásico tan maravilloso como este) lo someta a un test de lo políticamente correcto según el presente: es que no entiende nada sobre lo que es la cultura.

 

 

«¿Hay bibliotecas en Silicon Valley? […] que sí, que en las oficinas de los gigantes de Silicon Valley, hay bibliotecas.»

Extraído de Sarah Connors, después de Terminator 2, se hizo bibliotecaria

Cyberpunk, robots, tecnología, acción, luchas de poder…¿Hace falta explicar por qué elegimos Alita, ángel de combate (2019) como la película idónea para un post en el que hablábamos sobre Silicon Valley y las bibliotecas?

 

 

«¿Tienen las bibliotecas la responsabilidad de luchar contra la gentrificación? ¿ayudan las bibliotecas a ese proceso?»

Extraído de Bibliotecas públicas, ¿agentes de la gentrificación?

Que nadie se despiste por el título y cartel de Un atardecer en la Toscana (2019). De lo que habla esta película polaca es de política, de inmigración, de religión, de terrorismo, de Europa. Y quien habla de Europa también habla de gentrificación cultural, social, urbanística, tal cual, como hacíamos en este post.

 

«El dinero es cobarde pero más allá de su cobardía está el hecho de que las bibliotecas sean capital de riesgo. De riesgo de democracia, de riesgo de un pensamiento independiente, de riesgo de ciudadanos independientes no manipulables.»

Extraído de Nada sale gratis: las bibliotecas tampoco

Estar alerta en nuestra sociedad requiere de un sobreesfuerzo comparable al que ejercitan los protagonistas del aclamado drama judicial Una íntima convicción (2018): para que la verdad termine saliendo a la luz. Siempre hay precios que pagar, y en este post, hablábamos de los que merece la pena pagar con tal de defender aquello en lo que creemos: en las bibliotecas como instituciones por una sociedad más justa y solidaria.

 

AGRADECIMIENTOS:

a Irene Blanco por la idea de cruzar el desmontaje del 2019 del blog con el montaje/cruce con películas de eFilm. Y por supuesto a todos los que nos siguen, a las bibliotecas que han confiado en eFilm, y sobre todo, a los usuarios que lo disfrutan.

Que todos tengamos un 2020 de película. ¿De qué género? Concedámonos 365 días para decidirlo.

 

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