Derechos de autor en confinamiento

Una de las cuestiones que está preocupando al gremio bibliotecario, durante este confinamiento, es la relativa a los derechos de autor y las actividades de animación a la lectura a través de redes sociales.

 

 

Enfrentados al teletrabajo, y al deber y deseo por ofrecer una ‘nueva normalidad’ anticipada: numerosos profesionales se lanzan a la animación a la lectura. Si bien, en algunas bibliotecas de mayor tamaño, los animadores habituales han seguido ofreciendo sus servicios; en otras más modestas, han sido los propios responsables de las bibliotecas los que han asumido dicha función desde sus hogares.

Recurriendo a programas de edición de vídeos, o simplemente grabándose con sus dispositivos móviles: las programaciones de cuentacuentos se han mantenido gracias a la voluntariedad de los bibliotecarios. No solo cuentacuentos. También lecturas por teléfono a personas mayores o recitales de poesía en streaming. Y la duda que ha surgido con frecuencia es la relativa a los derechos de autor en esta situación.

 

 

El procedimiento no debería de variar mucho con respecto a cuando las bibliotecas estaban funcionando con normalidad. Pero en estas circunstancias: nada es normal. En Francia, los bibibliotecarios se han encontrado ante las mismas dudas. Y en ActuaLitté, relatan algunas de las medidas adoptadas, que no difieren de las que se pueden adoptar a este lado de los Pirineos.

 

 

¿Bajo qué condiciones es posible producir y, sobre todo, difundir la lectura en voz alta de una obra protegida por derechos de autor? La solución no da mucho margen: conseguir la autorización expresa de los autores, y sobre todo, de los editores.

En estas circunstancias, y por varios casos que hemos podido constatar en nuestro país, lo habitual es que no pongan ningún impedimento. Es más, los autores, suelen recibir con alegría que los bibliotecarios elijan sus obras para aliviar el confinamiento de los más pequeños. Localizar y contactar con los autores, gracias a las redes sociales, blogs personales o webs, es algo relativamente sencillo. Y siermpre queda la posibilidad de enviar un correo a la editorial de la obra en cuestión.

 

 

Volviendo a nuestros vecinos de arriba, el organismo encargado en Francia de gestionar los derechos de autor (SCELF), planteó en un principio aplicar un impuesto sobre las lecturas públicas realizadas en bibliotecas. Pero tras diversas deliberaciones se decidió confiar a la decisión de cada editor la autorización y gestión de los derechos.

Un requisito que algunas editoriales han pedido en Francia ha sido la eliminación de los vídeos una vez concluya el confinamiento. E incluso los propios bibliotecarios en sus peticiones ya incluyen esa futura eliminación de los vídeos, a posteriori, como una manera de preservar los derechos y ganarse la confianza de autores y editores.

Otra opción, por supuesto, son las numerosas obras libres de derechos de autor que se pueden localizar en las bibliotecas digitales y en la red en general. En este sentido, las webs del ámbito educativo tiene un amplio recorrido reuniendo recursos orientados al público infantil.

Además hay numerosos proyectos en la red de lo más interesantes para indagar en ellos y explotarlos. Es el caso de la web WeeBleBooks. En la que tanto se pueden subir cuentos educativos creados por particulares, como, descargarse los que están disponibles en la plataforma.

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