La mejora de las competencias de los adultos: un reto para las bibliotecas

Informe de Competencias de los Adultos de la OCDE, algo así como el Informe Pisa aunque para la población con edades comprendidas entre los 16 y los 65 años, que mide los niveles de competencias lectoras, matemáticas y las relacionadas con la resolución de problemas en entornos tecnológicos de esas personas los países desarrollados. Decimos que fue inquietante porque nos presentó una radiografía bastante negativa sobre el estado de la cuestión en España. Para ir directos a la cuestión, empezamos con las cifras puras y duras.  

Los datos más escalofriantes…

  • De todos los países de la OCDE, solo Italia registra unos niveles de competencias lectoras más bajos que España. La media de la OCDE se sitúa en 273 puntos, pero España solo alcanza 252, muy lejos de los 296 que obtiene Japón y los 288 de Finlandia, los países mejor situados.

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  • El adulto medio en España tiene un nivel 2 (en una escala del 1 al 5, en el que el 5 es el nivel más alto) de competencias lectoras, lo que significa que le cuesta mucho extraer conclusiones de una lectura y se pierde en textos con cierta profundidad y riqueza. Solo el 5% de los españoles tiene nivel 4 o 5 frente al 12% de media en la OCDE. El 27% de los españoles se sitúa en el nivel 1 o por debajo.

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  • En cuanto a competencias matemáticas, la población adulta española obtiene la peor nota de toda la OCDE, 246 puntos frente a los 269 de la media y los 288 de Japón. Esto significa que el adulto medio no entiende bien el recibo de la luz ni es capaz de hacer cálculos aritméticos para calcular el precio final de la compra. Casi uno de cada tres españoles se sitúa no supera el nivel 1.

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  • Este dato duele: las competencias lectoras de los graduados universitarios españoles son, junto con las de los italianos, las más bajas con 292 puntos (la media de la OCDE es de 309 puntos). Los titulados en Bachillerato y FP de Grado Medio de Japón, Países Bajos y Australia tienen mejor comprensión lectora que los universitarios españoles ya graduados.

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  • De nuevo sólo los italianos de entre 55 y 65 años de edad registran competencias lectoras peores que los españoles. Aquí no llegamos a los 227 puntos frente a los 255 de media en la OCDE. No solo el proceso de envejecimiento tiene la culpa de esto: también es resultado de las diferencias en los sistemas educativos y en las estructuras de los mercados de trabajo. Los mayores japoneses, de nuevo, obtienen mejores resultados no solo que el resto de los encuestados de su misma edad, sino incluso que los jóvenes españoles, italianos, irlandeses, ingleses y estadounidenses.

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  • España también destaca en cuanto a las diferencias en el nivel de competencias de las mujeres mayores con escasa educación y un entorno socioeconómico desfavorecido, y el de los hombres con el mismo perfil.

…y la tendencia más positiva

  • Por grupos de edad, los niveles de competencia lectora en España son mayores entre la población de 16 a 24 años, y este grupo de edad es el que registra menor diferencia con la media de la OCDE (16 puntos). Lo que puede significar que el sistema educativo está paliando de alguna manera las enormes diferencias que nos separan del resto de países desarrollados, a pesar del comparativamente bajo nivel de competencias del profesorado español detectado por el informe, y de los resultados lamentables que obtienen los graduados universitarios.
En este enlace podéis consultar un resumen en español del informe con más datos. Además de con la calidad de los sistemas educativos, los bajos niveles de competencias lectoras y matemáticas (no tenemos datos sobre competencias para la resolución de problemas en entornos tecnológicos, porque España no participó en esa parte de la encuesta) tienen que ver con dos factores principales: el origen socioeconómico y el nivel educativo de los padres. Hay un dato claro al respecto: el 87% de los adultos que tienen competencias bajas, tiene progenitores sin ningún tipo de educación. El problema es que las personas que se encuentran en esa situación entran en un círculo vicioso. Los bajos niveles de competencias en el procesamiento de información limita la capacidad de los adultos para acceder a muchos servicios básicos, a empleos mejor pagados y más gratificantes, y a la posibilidad de seguir formándose, algo que es crucial para mantener los niveles de competencias durante toda la vida. Esto sitúa en una posición de riesgo a estos adultos (recordemos los datos, casi un tercio de la población española) en un mundo en el que crece la demanda de empleos que implican realizar tareas sofisticadas, el uso de tecnología y el procesamiento y la comunicación de información. El informe PIAAC lo deja muy claro: “Ser capaz de leer, entender y responder de forma apropiada a información matemática y numérica son competencias esenciales para una participación plena en la vida económica y social. (…) Cada vez más, el acceso, análisis y comunicación de la información tiene lugar a través de aparatos y aplicaciones digitales, como los ordenadores, los teléfonos inteligentes e internet (…), y la conectividad por sí sola no garantiza un acceso real a los servicios y la información online”.

Lo que se puede hacer

La buena noticia es que estas competencias pueden aprenderse. Como dice el estudio, a través de las políticas públicas “los países pueden moldear el nivel y la distribución de esas competencias entre su población mediante un acceso a las oportunidades de aprendizaje equitativo y de calidad, tanto en las instituciones educativas formales como en el puesto de trabajo”. A esto puede añadirse otras instituciones que no forman parte de la educación formal, como las bibliotecas. Para ellas, el informe se traduce en que no es suficiente, por ejemplo, con tener libros en las estanterías u ofrecer puntos de acceso a internet, sino que las actividades de promoción de la lectura, comprensión lectora y alfabetización tecnológica, entre otras, son esenciales. Además de ayudarnos a extraer estas conclusiones tan evidentes, el informe nos ayuda a conocer qué grupos de población deben ser prioritarios: las personas en una situación socieconómica más desfavorecida y los mayores de 45 años, especialmente las mujeres. Para la reflexión y el llamamiento a la acción nos quedamos con un párrafo del informe que refleja muy bien lo que está en juego: “Las competencias transforman vidas, generan prosperidad y promueven la inclusión social. Sin las competencias adecuadas, las personas se quedan en los márgenes de la sociedad, el progreso tecnológico no se traduce en crecimiento económico, y las empresas y los países no pueden competir en el mundo actual globalmente conectado y cada vez más complejo”. Es un reto no solo para las bibliotecas, sino para toda la sociedad.]]>

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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