Manual de urbanidad bibliotecaria

 

La educación salva vidas. Así de contundente y simple. Solo respetando la distancia social, el uso de mascarillas, y tomando todas las medidas oportunas: conseguiremos doblegar a este virus.

Según el sesgo político de cada uno se aceptaba o atacaba la existencia de una asignatura denominada: Educación para la ciudadanía. Pero se esté o no a favor: lo cierto es que el nombre no puede ser más acertado. Si nos educan para leer, resolver problemas matemáticos, tener nociones de ciencia, habilidades deportivas o manuales: ¿no procede que nos eduquen en convivencia y civismo? Lo que sucede es que, en estas circunstancias, la desidia o ausencia de esa consideración hacia tus conciudadanos tiene consecuencias trágicas.

 

«la conductora es ante todo mujer. Por tanto, debe ayudársela a descender de su vehículo»

 

Ser ciudadano, como todo, requiere un aprendizaje. Y lo que hasta el momento era francamente deficitario en nuestras calles y espacios compartidos: ahora se convierte en cuestión de importancia vital. Y ¿en las bibliotecas? Ahora va a ser el momento de comprobar más que nunca esas carencias que cualquiera puede observar en la calle.

Los buenos modales, la educación, o en su término más arcaico, la urbanidad: ha ido acumulando muy mala prensa desde hace décadas. Por eso para hablar de urbanidad y bibliotecas, este post, se recrea en una de esas joyas que tanto satisfacen nuestra vena bibliobizarra. Una de esos libros que aparecen en un depósito polvoriento y te arrojan una mirada en perspectiva sobre nuestro presente: El libro de oro de la cortesía. Guía ilustrada de la etiqueta.

«dos señoritas o señoras llevan en medio al hombre, que las acompaña, el cual tiene a su derecha a la de más edad»

Este tratado suizo, editado en 1967, es una mina. La urbanidad, tal y como la entendían nuestro mayores, tenía tanto de sentido común para facilitar la convivencia; como de imposición social, que reprimía cualquier disidencia del papel que hombres y mujeres, debían representar.

Según la ley del péndulo de la historia, era lógico que después de tanta rigidez, vinieran tiempos más relajados. Pero, ¿dónde termina la naturalidad y empieza la grosería?

El siglo XXI, tiene las mismas cifras que el XIX, quizás sea por eso que a algunos les bailan los números, y nos hacen viajar por el túnel del tiempo. Por eso, no vamos a erigirnos en inquisidores de las formas sociales, nada más lejos de nuestra intención. Nos seduce más separar lo rancio de lo necesario, recreándonos en algunos de los consejos que aparecen en el susodicho libro. A ver si de este modo, consiguiéramos situarnos en la mitad del arco que va describiendo el péndulo.

Hace años, en ‘El País’ se abordaba en un artículo, el tema de los buenos modales en el mundo digital. Según se destacaba en este artículo: «los jóvenes se están hartando de la ironía, de la grosería y de los comentarios sarcásticos que predominan en sus vidas en Internet». La etiqueta está volviendo como respuesta a la dureza de las relaciones en el ámbito digital («lo amable está de moda», era una de las frases que condensaba el texto).

 

«en primer lugar se saludan las señoras unas a otras; y por último, los señores entre sí.»

 

Esto era en 2013, y siete años después, ¿acaso podemos decir que lo amable esté de moda? Si miramos a Instagram más que lo amable es lo falsario. Y si miramos a Twitter…. si miramos Twitter…

Y esa frenética falta de modales, de educación, de respeto, lo peor, es que se desvirtualiza y termina ocupando nuestras calles.

No deja de resultar curioso que, si hoy día, buscas artículos, en castellano, sobre Netiqueta (esos buenos modales digitales): encontremos artículos mayoritariamente latinoamericanos. Solo hay que viajar a Colombia u otros países, unidos con España a través de la lengua, para notar la degradación del castellano en nuestro país. Vocablos, aquí considerados cultos o en desuso, perviven en el lenguaje de las clases más humildes al otro lado del Atlántico.

 

«la mujer moderna conduce personalmente su automóvil»

«las uvas se arrancan del racimo con la mano, y se comen grano a grano»

 

¿Conseguirán las bibliotecas confirmarse una vez más como espacios seguros? Los numerosos protocolos que ultiman contrarreloj para adaptar espacios y servicios a esa inminente ‘nueva normalidad’ serán los baremos con los que  medirse. Ahora más que nunca la biblioteca, como espacio físico, actuará como espacio de descompresión del, en demasiadas ocasiones, antipático espacio exterior.

Una buena oportunidad para reforzar aún más los lazos con nuestras comunidades. Y demostrar que la cultura no te hace ser un ladrillo más en la pared. Todo lo contrario. Te hace más libre de esos ‘maestros’ que imparten moralina en las redes esperando que les sigas el juego en la calle.

 

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Bibliotecas sin miedos

El miedo, los temores, como se suele decir, son irracionales. Lo malo es que en el momento que estamos viviendo hay motivos suficientes para justificarlos. De cara a la progresiva e imparable reapertura de las bibliotecas en la fase 1, 2, 3 y subsiguientes: muchos profesionales se están enfrentando, o se tendrán que enfrentar, a muchos de esos miedos propios y ajenos.

No hay remedios efectivos para combatirlos pero como siempre el arte al menos sirve para darles forma. El colectivo artístico anónimo luzinterruptus es conocido por llevar a cabo intervenciones urbanas de espacios públicos siempre asociadas con la luz. Una de las que más repercusión tuvieron el mundo bibliotecario fue ‘Literatura versus tráfico’ que llevaron a cabo, por primera vez, en 2016 en las calles de Toronto.

 

Literature vs. Traffic. from lmartinez on Vimeo.

 

Sus intervenciones se consideraban ilegales, puesto que no piden autorizaciones municipales para hacerlas (su frase: «Dejamos nuestros destellos de luz encendidos… para que otros nos los apaguen…«, lo deja claro). Entre los proyectos recientes se encuentran montajes dedicados a concienciar en torno al abuso de plásticos (Muertos por plástico); sobre la sequía (Dibujando la sequía); o denunciando/ironizando sobre la prohibición de exhibir pezones femininos en redes (Tetas y pezones).

Pero tal vez el proyecto que más puede ayudar recuperar en este tiempo de incertidumbres es uno de sus proyectos no realizados. Concretamente el Muro para quitarse el miedo. Este proyecto en busca de una pared grande en el que realizarse consiste en cubrirla de cuadernos-libros en blanco que puedan ser intervenidos. Por supuesto iluminados por la noche, y que queden dispuestos de tal manera que el viento los agite y pase sus páginas dejándolos abiertos al azar.

Según lo describen:

«… lo que queremos es crear un espacio en el que expresarse, sin miedo a equivocarse […] En sus páginas se podría bocetar lo que después se mostrará como definitivo, siendo útil para hacer pruebas hasta dar con la solución que más agradara al clientes/servidor público/curador/institución/museo… […] el viento obraría, moviendo al azar las intervenciones de las distintas páginas, ofreciendo al espectador millones de composiciones aleatorias, fruto de un trabajo colectivo mezclado por el democrático viento.»

 

En este momento en que los profesionales están saturados de protocolos, normas, leyes, informes y demás intentos por normalizar una situación anormal. En que muchos de los proyectos que estaban en marcha, en bibliotecas, se han quedado, como el de luzinterruptus: sin realizar. Viene bien no hablar, simplemente, contemplar un sueño, una idea de futuro. Y además luminosa.

Un post contemplativo. Para esas bibliotecas que tiene experiencia en salir de situaciones complicadas, y que en esta crisis, volverán a hacerlo una vez más. Y de paso, a ver si hubiera alguna biblioteca, con suficiente fachada lisa como para permitir que luzinterruptus, cuando pase todo esto: pueda convertir en realidad su Muro para quitarse el miedo.

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Desescalada cultural o bibliotecuchicuchi

 

En estos tiempos extraños se habla mucho de desescalada como vuelta a nueva normalidad. Pero tras esta forzosa ruptura con la rutina, el concepto de desescalada, se puede aplicar a muchas cosas. Sin ir más lejos a la cultura. ¿Se ha producido una desescalada de lo que se entiende por cultura durante este confinamiento? Las bibliotecas ¿han actuado como proveedoras de cultura o de entretenimiento?

Parecía imposible. Pero, incluso en medio del fuego cruzado de bots políticos, aún ha quedado hueco para un linchamiento a cuenta de la cultura en Twitter. Un linchamiento que nos sirve para abordar esa desescalada cultural de la que hablamos.

 

Tarta de la pastelería neoyorquina Trolls Cake que hace tartas con los tuits ofensivos de trolls en redes, localiza sus direcciones,  y se los manda a domicilio. 

 

El linchamiento, en cuestión, tuvo como diana a una artista que lanzó una reflexión en torno a la cultura y al entretenimiento desde su cuenta personal. En su tuit llamaba a no confundir entretenimiento con cultura. Y a las pocas horas tuvo que cerrar su cuenta de Twitter ante el hostigamiento.

No vamos a decir de qué artista se trata. Como decía aquella: «odiamos a los que odian». Así que no vamos a reavivar ningún estúpido linchamiento. Lo que nos interesa es el fondo y trasfondo que se puede hacer de esa confrontación cultura-entretenimiento y lo que pintan las bibliotecas en medio de todo esto.

Entretener, según la socorrida RAE, en su primera acepción es distraer a alguien impidiéndole hacer algo (lo que alguno llamaría el pan y circo de toda la vida para adormecer a las masas). Pero en la misma entrada, la sexta acepción del término, detalla: divertirse jugando, leyendo, etc. Y he aquí, que en ese leyendo, se abre el túnel en el diccionario por el que se conecta el entretenimiento con la cultura.

Diferenciar cultura de entretenimiento, visto el juicio sumarísimo en Twitter, se tipifica como delito de clasismo, esnobismo, prepotencia, superioridad y demás crímenes tipificados por el Tribunal Supremo de lo igualitario en redes. Cuando, se supone, lo que debería celebrar la cultura por encima de todo, precisamente, es la diferencia de criterio. Igual es que el foro para sutilezas a contracorriente no era el apropiado. Va a ser eso.

 

«La democracia es la dictadura de los ignorantes«: atiéndase a las comillas no vaya nadie a adjudicarnos la frase y nos toque el siguiente linchamiento. Es una de las perlas que dice el aristocrático, clasista sin complejos, y cínico secular conde Drácula en la, interesante e irregular, revisión que de su mito han hecho los británicos Mark Gatiss y Steven Moffat para la BBC. Pero de entre las perlas que salen por su boca destaca la explicación del miedo cerval que el, aparentemente, omnipotente conde siente por las cruces.

La cruz como arma: un clásico en el género vampírico.

[Atención spoiler] Según relata el vampiro su miedo proviene de haberse tenido que alimentar durante siglos, en Transilvania, de la sangre de miles de campesinos. Por culpa de ello, el aristócrata, ha desarrollado un miedo instintivo a las cruces por tantos litros de hemoglobina plebeya.

Para los campesinos la cruz es símbolo de represión, no de salvación, y la superchería religiosa se ha infiltrado en las descreídas venas del no muerto. De ahí el empeño del conde por viajar a Inglaterra. Esa tierra repleta de exquisitos, refinados y cultos gentlemen y ladies de los que tanto plasma cultural puede succionar, literalmente, para su dieta.

Curiosamente esta readaptación del clásico de Stoker, ha coincidido con la reposición en la 2 de TVE, de la serie de los 80 Fortunata y Jacinta. Aparte del hecho de que solo hubiera un canal de televisión entonces: ¿el éxito entre los televidentes de la época provenía del hecho de tratarse de la adaptación de una obra de un escritor de prestigio o del componente folletinesco de la novela del canario? Vista hoy día lo que destaca son los estándares de calidad de la serie por encima de las razones de su prestigio.

 

Ana Belén, artista que se ha asociado a lo largo de su carrera a un cierto concepto de respetabilidad cultural popular, como Fortunata en la serie dirigida por Mario Camus.

 

¿Acaso los editores distinguen lo que es cultura de lo que es entretenimiento? ¿Acaso discriminan los best sellers frente a la literatura de autor en sus catálogos? Más bien todo lo contrario. La Metro Goldwyn Mayer, en los tiempos dorados de Hollywood, mantenía una política de producción basada en películas con coartada cultural por temática o producción; que alternaba con otras de menor consideración artística, pero, con las que esperaba recaudar más.

El tiempo se ha encargado de descompensar esta fórmula prestigio-popularidad que aplicaba la Metro u otros estudios. Solo hay que fijarse en dos producciones de la Metro en los años 30. Una, el prestigioso melodrama La fruta amarga (1930) con el que la productora apuntaba a los Óscars; y la otra, la despreciada, vilipendia, y posteriormente retirada de circulación por ser un fiasco en taquilla: Freaks (1932) de Tod Browning. Noventa años después, ¿cuál ha sobrevivido como clásico de culto y ha seguido dando dinero?

 

Repasar las ayudas que, finalmente, ha lanzado el Ministerio del ramo para las industrias culturales bajo ese prisma prestigio-popularidad: no deja de resultar interesante. Para empezar luce esa rebaja al 4% del IVA de los libros electrónicos. Pero también un avance en la siempre prometida, y siempre también postergada, regulación del mecenazgo cultural. Las deducciones por las inversiones que los acaudalados hagan en la cosa cultural les puede beneficar con hasta un 80% en las primeras cantidades que inviertan. ¿Se incluirá a las bibliotecas como objetos de deseo en estas medidas para promover el mecenazgo?

Pero volviendo a las medidas adoptadas referentes al sector del libro los medios destacan los 4 millones de euros destinados a la supervivencia de librerías independientes. Y al hilo de estas medidas, la Asociación de Cámaras del Libro de España, reclama la puesta en marcha de un programa de compras públicas de libros con destino a bibliotecas.

Ambas medidas, la adoptada legalmente y la solicitada por la Asociación, son ejemplos de una protección estatal del valor cultural de lo minoritario. Pero también el sector del videojuego ha celebrado que el Ministerio haya apostado por la industria del videojuego con la mayor inversión económica de la historia que asciende a 70 millones. Ahora vendría la pregunta clasista de rigor: ¿los videojuegos son cultura o mero entretenimiento?

 

Déjame entretenerte que cantaba Robbie Williams en los 90, como antes, lo hizo Queen en los 70.

 

Ya lo hemos dicho más de una vez: terminar con preguntas al aire resulta de lo más irritante amén de mediocre. Por eso no nos importa tanto la respuesta a la pregunta como lo que se constata al formularla. Llegados a este punto la cultura es indisociable del entretenimiento: se retroalimentan y confunden. Ese juicio crítico, del que habla la definición del diccionario, sería imposible si no atendemos tanto a la una como a la otra.

Y para concluir: un ejemplo práctico. Durante este confinamiento ha sido habitual recurrir a personalidades relevantes en diferentes ámbitos para que recomienden libros, películas o simplemente, los servicios de las bibliotecas. En el caso concreto de la Biblioteca Regional de Murcia así se ha hecho.

El efecto publicitario que estas ‘celebrities’ aporten a la difusión de los servicios bibliotecarios, y por lo tanto a su uso, lo dirán las estadísticas a medio plazo. Pero lo que se podía constatar de manera inmediata eran las interacciones en las redes en que se difundían.

Destacaban aquellos internautas que comentaban los vídeos dirigiéndose directamente a la actriz, cantante, periodista, diseñador, escritor o humorista que aparecía. No reparaban, ni por un instante, en que estaban comentando algo publicado por la biblioteca; no por la figura pública en cuestión. Algo así como cuando empezó la televisión, y algunos ancianos, hablaban a pantalla creyendo que los que salían podían escucharles.

 

El muro del IG de la Biblioteca Regional de Murcia lleno de vídeos de diversas figuras de la cultura, relacionadas con Murcia, publicitando los servicios de las bibliotecas.

 

Pero de entre los vídeos compartidos destacó el de la entertainer Charo Baeza. La única española que ha salido en Los Simpson; la actriz que más veces ejerció como special guest star en la serie Vacaciones en el mar; una estrella en la industria estadounidense del espectáculo en los 70 y 80; que competía en recaudación con los mismísimos Frank Sinatra o Elvis Presley en Las Vegas.

Todo el mundo conoce a Charo en América, pero muy pocos, en su tierra natal. Alumna aventajada de Andrés Segovia con la guitarra. Ha sido destacada, dos veces, como mejor guitarrista clásica por la prestigiosa revista ‘Guitar Player’.

Cuando llegó a los Estados Unidos quería lucir sus dotes como guitarrista, pero los productores, prefirieron su recreación estereotipada de lo hispano. Con su grito de guerra cuchicuchi hizo fortuna gracias a su desparpajo, entusiasmo y vis humorística. Pues bien, entre los numerosos comentarios divertidos, celebrando su vídeo, su colaboración con la biblioteca, uno destacaba en medio de Facebook exclamando: «¡Qué vergüenza!»

Era uno solo, bueno dos porque luego lo apostillaba con otro, pero condensaba como ninguno la indignación porque una biblioteca se asociase a una figura del show business como Charo. Aunque también podría ser porque la biblioteca, una institución cultural, seria y respetable como Dios manda, se autoproclamase bibliotecacuchicuchi de manera orgullosa.

Las comparaciones son odiosas, y más en este caso. Pero las reflexiones que despierta La peste de Camus sobre la naturaleza humana (un clásico de máxima actualidad estos días); desde luego no son las que despierta el cuchicuchi de la murciana. Pero ambos, la buena literatura y la pura evasión, pueden resultar igualmente balsámicos, según en qué circunstancias, para sobrellevar la situación.

Bibliotecacuchicuchi como supercalifragilisticoespialidoso es un ‘palabro’ que no dice nada. Pero, que según como queramos usarlo, lo puede decir todo.

 

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Bibliotecas en los balcones

 

En su relato El vocabulario de los balcones, la escritora Almudena Grandes, narraba la historia de amor entre dos vecinos. Dos jóvenes que se descubrían mutuamente al observarse desde sus balcones. Ese diálogo de miradas y gestos entre dos, desde hace unos meses, en países como Italia o España: se ha convertido en un lenguaje entre millones de personas.

 

Windows of New York el proyecto del ilustrador José Guizar obsesionado con las ventanas de Nueva York.

 

Sophia Loren asomada a la ventana en Una jornada particular (1977)

Y ese vocabulario de los vecinos enamorados, del Jimmy Stewart de La ventana indiscreta (1954), o de Loren y Mastroianni en el patio de vecinos de Una jornada particular (1977): se ha extendido al ritmo del confinamiento al que nos arrastra el Covid-19. Después de esto nada será igual.

Hay voces que aventuran consecuencias positivas, a la larga, de esta traumática experiencia global. Sería demasiado temerario confiar en ello. Por lo que queda aún por superar, y por la propia naturaleza de la especie a la que está castigando esta plaga. Pero que habrá cambios parece innegable. Y las bibliotecas no quedarán indemnes.

Los ciudadanos confinados nos asomamos a ventanas, balcones y terrazas. Y en esos momentos las bibliotecas también se han asomado pero a las ventanas digitales en las que nos reflejamos todos. Pero demasiadas veces sin vernos realmente. Las plataformas como eBiblio y eFilm, las bibliotecas digitales, y por supuesto, las redes sociales: se han convertido en los alféizares en los que se apoyan las bibliotecas para seguir ofreciéndose a sus usuarios.

 

 

Y de las estrategias que las bibliotecas jueguen en ese panóptico digital depende el que puedan llegar a mucho más público del que llegaban antes de esta crisis. Decisiones tan sencillas como facilitar el darse de alta a cualquier ciudadano vía digital, ampliar número de préstamos en dichas plataformas digitales, buscar alianzas o suspender sanciones: juegan a favor de ese compromiso de la profesión por resultar útil en una situación así.

La labor prescriptora es esencial. Ahora más que nunca se pone a prueba el bagaje de esos profesionales de la cultura que son los bibliotecarios. De esos perfiles que se cincelan a base tecnología en los planes de estudios arrinconando, muchas veces, a las humanidades. Esas humanidades que ahora tanto ayudan para tener criterio. Saber escarbar más allá de las series de Netflix o Amazon (que todo el mundo ha visto); o de esos best sellers que todo el mundo conoce incluso sin haberlos leído. Y que tanto pueden ayudar a la hora clubes de lectura, cinefórums u otras actividades virtuales.

 

 

Venga lo que venga. Fortalezas y debilidades de los sistemas bibliotecarios van a quedar más subrayadas que nunca. El Institute of Museum and Libraries Services ha recopilado muchas de las iniciativas que diferentes centros de los Estados Unidos han estado preparando para dar respuesta a esta emergencia sanitaria, social y económica.

 

El edificio de la Wuhan Huashan Library aguarda el regreso de sus usuarios.

 

Las bibliotecas de los países por los que la pandemia ha provocado estragos han tomado medidas similares. En China, origen de esta crisis mundial, en pleno epicentro de la epidemia: bibliotecas y librerías se unieron para construir minibibliotecas. Los hospitales temporales, que se veían crecer vertiginosamente en los noticiarios de medio mundo fueron provistos, además de con material sanitario: con miles de libros.

En Corea del Sur, la Biblioteca Municipal de Simin y la Joongang Metropolitana de Busan, pusieron en funcionamiento un servicio de préstamo y devolución de libros drive-thru (como si de comprar una hamburguesa sin bajarse del coche se tratara). Tal cual como se han realizado las pruebas del coronavirus a la población. Una de las medidas que más éxito ha tenido en frenar el contagio en el país.

 

Ilustración homenaje a la ola de Hokusai de la artista nipona Yuko Shimizu.

 

En cada crisis humanitaria que ha castigado a algún país, en los últimos tiempos, siempre han estado las bibliotecas presentes. El terremoto y el tsunami que devastaron Japón en 2011 superó a cualquier coronavirus pero, claro está, no afectó a todo el planeta. Hideaki Kawabata, en 2011, tenía una empresa organizadora de eventos; y el desastre natural le llevó a implicarse a fondo con sus compatriotas.

Pueblos enteros surgieron de la nada, con barracones temporales, para resguardar a la población. Kawabata empezó a donar artículos de socorro para mitigar la situación de los evacuados. Pero fue cuando supo del deseo expresado por los supervivientes de poder leer: cuando se lanzó a donar libros, cómics y demás materiales para los refugios. Y una cosa llevó a la otra.

Kawabata terminó fundando Everyone’s libraries (Bibliotecas para todos), una organización que fue fundando bibliotecas en las prefecturas que resultaron más afectadas. Puede que las viviendas fueran temporales, pero Kawabata supo ver que la manera de mitigar la sensación de desamparo: era creando un lugar en el que la comunidad tomase conciencia de sí misma, y estrechase sus lazos. Y ¿qué lugar podía ser ese más que una biblioteca?

El artista Mark Reigelman creó este ‘Nido para lecturas’, como metáfora de la acogida que dan las bibliotecas, a las puertas de la biblioteca de Cleveland.

 

Tras los devastadores efectos del huracán Sandy en Nueva York, en 2013, el escritor, periodista y crítico de arquitectura de ‘The New York Times’ Michael Kimmelman publicó un artículo sobre el asunto. En él, planteaba soluciones para un desarrollo urbanístico capaz de afrontar cataclismos en entornos urbanos. Siete años después, Next time, Libraries Could Be Our Shelters From The Storm (La próxima vez, las bibliotecas podrían ser nuestros refugios de la tormenta): sigue plenamente vigente.

Entonces la solución de arquitectos e ingenieros pasaba por construir más espacios comunitarios: y las bibliotecas ocupaban el primer lugar. El sociólogo Eric Klinenberg, observó que los numerosos fallecimientos en barrios deprimidos de Chicago, tras la ola de calor de 1995, no se repartían por igual. En aquellas zonas donde contaban con locales públicos, como bibliotecas, el número de muertes disminuía considerablemente.

 

 

Biblioteca-nido, biblioteca-refugio, biblioteca-paraguas. Ahora más que nunca el texto con el que se ha lanzado la empresa filial de Infobibliotecas en los Estados Unidos, y que da también nombre a la revista, ‘Knovvmads‘ cobra doble sentido:

«Somos Knovvmads (acrónimo inglés entre know, conocimiento, y nomads, nómadas) porque creamos en cualquier lugar. Somos itinerantes, dinámicos e innovadores comprometidos con las comunidades a las que servimos»

Puede que el confinamiento haya dejado en suspenso temporal la itinerancia en el sentido más físico. Pero la creatividad, el compromiso y el servicio a las comunidades gana más valor que nunca en esta crisis mundial Covid-19. Nómadas de conocimiento asomados a las múltiples ventanas, físicas y digitales, que se nos abren para comunicar, y sobre todo, conectar a través de la cultura.

 

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La biblioteca como trama

 

En los últimos tiempos hemos tenido varios ejemplos de películas con las bibliotecas de protagonistas. Desde The public (2018) de Emilio Estévez a Ex Libris (2017) de Frederik Wiseman; pasando por La biblioteca de los libros rechazados (2019) o Escapando de la biblioteca del señor Limoncelo (2017). Y es que sea comedia, terror, drama o aventuras, las bibliotecas, dan para muchas tramas.

trama: 4. f. Disposición interna, contextura, ligazón entre las partes de un asunto u otra cosa, y en especial, el enredo de una obra dramática o novelesca. (Diccionario RAE)

 

 

La biblioteca Robert Desnos

«Chut…! (Silencio…!) (2020) es la última película en la que una biblioteca concentra, de nuevo, todo el protagonismo.

Aquí, en silencio, el futuro toma forma‘: así han subtitulado sus directores Alain Guillon y Philippe Worms este documental en el que recogen la vida cotidiana de la biblioteca francesa Robert Desnos de Montreuil (Seine-Saint-Denis). Y concretamente, la crónica del desarrollo de un proyecto de emancipación cultural.

No deja de resultar irónico el título de Chut…! cuando de lo que trata precisamente es del ruido que pueden llegar a hacer las bibliotecas en nuestras sociedades.

Todo surgió tras participar Alain Guillon en un taller de conversación para personas que no hablaban francés en la biblioteca. Tras descubrir de cerca la realidad y la labor desarrollada por los bibliotecarios, Guillon llamó a su colega Worms, y los dos, junto con sus equipos de filmación: pasaron a formar parte del día a día de la biblioteca durante todo un año.

Fabrice Chambon, director de la biblioteca de Robert Desnos, resumía en unas declaraciones lo que tanto fascinó a los cineastas:

«Para ser efectivos cada bibliotecario debería convertirse en el sociólogo de su territorio. Debemos dirigirnos a todos, asegurarnos de que todos los públicos se encuentren.»

Y esa labor de los bibliotecarios, las conexiones, relaciones y vivencias que conforman el día a día de las bibliotecas constituyen la trama de este documental. Desde los estudiantes de secundaria al vagabundo que se refugia junto a los muros de la biblioteca. Todos tiene su momento en la trama. Pero sobre todo, los proyectos y el trabajo de los equipos de la biblioteca: para atender a todas las demandas de su comunidad.

Una de las escenas cumbre es la fiesta de música electrónica que se celebró durante toda una noche. La frontera biblioteca-discoteca desvaneciéndose por completo. Y como complemento tras la fiesta: una programación de sesiones sobre historia de la música.

 

Con este cartel anunciaba la biblioteca Robert Desnos la fiesta de música electrónica que transformó, en 2017, a la biblioteca en una discoteca hasta las 5 de la mañana (hora en que se abre el metro). Djs, electro-lecturas, bebidas, comida, y baile, mucho baile, excepto entre las estanterías: así lo relataban en la crónica de ActuaLitté.

 

Un nuevo concepto de biblioteca se viene cociendo desde hace tiempo, no ya en Francia, sino en todo el mundo. Sin ir más lejos en nuestro país. Como concluyeron los directores, tras su convivencia con la comunidad bibliotecaria: «las bibliotecas son el lugar dónde se elabora un nuevo contrato social».

Por eso nos harían falta dos cineastas curiosos como Guillon y Worms que apostasen por convertir a las bibliotecas en protagonistas de sus películas. Y sino es en cine, que sea en televisión: ¿cómo de beneficioso seria un programa de Jordi Évole dedicado a desgranar la labor social que las bibliotecas están desarrollando en nuestro país: que tan escaso eco tiene en los medios? Y cuando lo tienen: siempre girando sobre los mismos cuatro tópicos.

En ocasiones dan ganas de emular a Bette Davis cuando publicó un anuncio en el periódico buscando trabajo:

 

Y publicar algo como:

Siglos de experiencia gestionando el conocimiento. Flexibles y adaptables a cualquier circunstancia social: más divertidas de lo que dicen. Se ofrecen como instituciones imprescindibles en la sociedad de la infoxicación, las fake news, las desigualdades sociales, las personas en riesgo de exclusión, y en mil frentes más. Referencias a usuarios satisfechos.

 

No es de extrañar que, pese a todo, en la siempre culta Francia: el Estado, las autoridades municipales y hasta la Mutua Nacional: hayan sufragado la mayor parte del presupuesto que conllevó el rodaje del documental de Guillon y Worms. En nuestro país, con lo mal vistas que están las subvenciones al audiovisual patrio, el documental se financiaría a base de hipotecar el patrimonio de los directores, e incluso, el de los bibliotecarios.

 

 

trama: 3. f. Artificio, dolo, confabulación con que se perjudica a alguien.

 

Y de chut (silencio en francés) pasamos a Silent library (bibliotecaria silenciosa) para una trama de espionaje que da para otra película de género totalmente opuesto al documental galo. Silent library es el nombre que recibe un grupo de hackers, con supuestas vinculaciones con el gobierno iraní, que han modernizado las técnicas de phishing para robar propiedad intelectual de los campus estadounidenses y europeos.

Los piratas en cuestión aprovechan la confianza que suelen inspirar las bibliotecas para perpetrar sus engaños. Lo hacen a través de correos electrónicos que se camuflan como servicios de las bibliotecas académicas. Estudiantes y profesores, que se acaban de incorporar a la comunidad educativa, suelen ser víctimas preferentes de estos hackers que han conseguido un altísimo grado de sofisticación al hacer pasar sus correos por mensajes de las bibliotecas.

Según la empresa de seguridad empresarial Proofpoint que está a cargo de las investigaciones, el grupo de hackers, ha llegado a robar más de 30 terabytes de datos desde 2013.

Ejemplo de correo que los hackers hacen llegar a los miembros de la comunidad educativa haciéndose pasar por bibliotecas.

 

La biblioteca como esperanza de futuro y la biblioteca como subterfugio. Todas las versiones, todas las tramas caben cuando de bibliotecas se trata. Pero puesto a elegir acepciones de ‘trama’ en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, tras la cuarta y la tercera, nos quedamos con la primera:

trama: 1. f. Conjunto de hilos que, cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela.

 

Porque eso hacen las bibliotecas: tejer, enlazar y cruzar discursos, personas y realidades para urdir, entre todos, una historia que merezca la pena ser contada.

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Mimo mi biblioteca

Lo que se cuida se quiere. Así de simple. Y si hay algo de lo que adolece, en demasiados casos, nuestra sociedad: es de cariño hacia lo público.

Estos últimos días se ha abierto un pequeño debate por los corrillos bibliotecarios de Twitter a cuenta de las sanciones en bibliotecas. Las noticias, desde el otro lado del Atlántico, sobre bibliotecas que habían decidido eliminar su política de sanciones por retrasos: encendieron la mecha.

La bibliotecaria de la Biblioteca Pública de Toronto, en 1955, llevando libros a los niños ingresados en el hospital local.

 

Pero el matiz que lo cambia todo es el hecho de que en las bibliotecas estadounidenses se multa, y en las españolas, no. Relacionar las sanciones de bibliotecas en nuestro entorno con las desigualdades sociales: tiene cabida en el caso de que esas sanciones fueran de carácter económico. Pero si lo que se pide es simplemente cortesía para el resto de ciudadanos, que también tienen derecho a disfrutar de esos bienes que son de todos: el debate se acaba pronto.

En las sociedades nórdicas, al menos esa es la impresión vistas desde la lejanía, el cumplimiento de las normas cívicas es algo que parece que no requiere de sobresfuerzos prohibitivos. El civismo y respeto a lo público va implícito en su cultura. De ahí que las bibliotecas en nuestro país pueden jugar un papel, diminuto cierto, pero papel, en educar en ese civismo, en ese respeto hacia lo que es de todos.

Hace ya más de 20 años, concretamente en 1998, la biblioteca donostiarra Koldo Mitxelena ya planteaba montar una exposición de documentos destrozados por los usuarios de la biblioteca.

Durante estos veinte años alguna otra biblioteca ha recurrido a una exposición de los horrores en que se pueden convertir los fondos de las bibliotecas en manos de algunos usuarios. Añadir cartelas con el precio (es decir: lo que todos hemos pagado) y el número de préstamos: ahonda en la labor de concienciación con este tipo de expo/denuncias bibliotecarias.

 

 

Pero también hay otras formas de concienciación que, casualmente, coinciden con movimientos muy en boga en los últimos tiempos. La ecología ha pasado de tendencia o moda hipster que daba fuste en semanarios y revistas a necesidad imperiosa.

Las idílicas postales de bienestar burgués que nacieron con la sociedad de consumo cada vez más se tiñen de sombras más siniestras. Reciclar y combatir la obsolescencia programada se ha convertido en imperativo, y las bibliotecas, no pueden quedar al margen.

 

Miguel Brieva se ha convertido en un autor especialmente incisivo en sus análisis ilustrados del mundo contemporáneo.

 

Como ya recogíamos en Bibliotecas recicladas, bibliotecas circulares: según el informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) sobre la economía circular de los libros: las bibliotecas son instituciones bastante competentes (o al menos tienen posibilidades para serlo) en cuanto a practicar una economía circular del libro. En uno de los puntos que destacábamos del informe se dice:

  • como espacios privilegiados a la hora de llegar a un público joven, las bibliotecas son lugares idóneos para fomentar y educar en la reutilización y el reciclaje, de todo en general, y de los libros en particular. A través de actividades lúdicas y atractivas practicar la pedagogía en torno a la ecología del libro en las bibliotecas.

Y en la Biblioteca Pública de Woodland (California) llevan tiempo poniendo en práctica este consejo del informe del WWF.

Los voluntarios de la Biblioteca Pública de Woodland demuestran tener sentido al humor al haberse bautizado con el nombre de una colección de libros de terror de los años 90.

Hasta un total de 10000 libros pertenecientes a sus fondos han sido restaurados por parte de voluntarios. La labor de estos voluntarios, denominados los «Spinetinglers», ha conseguido ahorrar miles de dólares a la biblioteca. Además, gracias a su trabajo, muchos libros imposibles de conseguir al estar descatalogados: consiguen una segunda, tercera o cuarta vida.

Dirigidos por una artista local, Marcia Cary, los voluntariosos ‘mecánicos de libros’ se reúnen semanalmente. Los talleres de restauración de libros se han convertido en una actividad ideal para programar en bibliotecas.

Un modo de implicar/concienciar a los usuarios de bibliotecas en el cuidado y respeto del bien público.

Unos talleres que se pueden poner en práctica para cualquier edad y que apelan a dos de los objetivos bibliotecarios fundamentales: ofertar actividades relacionadas con la cultura y promover la conciencia cívica.

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Unboxing bibliotecario

 

Desempaquetar, desembalar, desenvolver…¿realmente era necesario utilizar un anglicismo para titular este post? ¿No hay suficientes palabras en castellano para describir el hecho de abrir una caja o envoltorio? Obviamente las hay. Pero la mayoría de vídeos de Youtube que han popularizado el término tienen tan poco fuste que mantener el anglicismo se convierte en una venganza.

El castellano para lo respetable; el inglés para las chorradas. Clasismo lingüístico comme il faut.

 

Los orígenes del unboxing según cuentan se remontan a 2006 y nació con el desempaquetado de productos tecnológicos. Una metáfora impecable. La rudimentaria, arcaica, pero, todavía imprescindible caja de cartón: siendo destripada para dar a luz alguna maravilla de la tecnología. A partir de ahí, el unboxing se ha intensificado hasta acumular likes y visionados por millones.

Youtubers e influencers desempaquetan de manera compulsiva frente a las cámaras. A falta de rituales, en ausencia de ceremonias: los sacerdotes de nuestro tiempo ofrecen liturgias de desempaquetado. Igual que Áaron y sus hijos sacrificaban carneros ante Yavé en el Antiguo Testamento. Mientras, el dios Amazon sonríe complacido por la obediencia de sus fieles. ¿Se nos fue la mano en la comparativa? En lo literario puede ser, en el trasfondo, ni un poco.

 

La sonrisa de las cajas de Amazon y la sonrisa del Joker: ¿parecidos razonables?

 

Si el unboxing remite a algo es a otro rito asociado a una festividad de orígenes religiosos: los Reyes Magos. Esta moda lo que explota es la sensación de expectación y alegría al abrir los regalos junto al árbol navideño. Nos infantiliza y gratifica de inmediato. Y ese potencial no tiene porqué desperdiciarse desde un punto de vista del marketing bibliotecario.

Algunas bibliotecas acumulan ya experiencia en esto de explotar el efecto sorpresa o la emoción de enfrentarse a lo desconocido con total confianza. Ya en 2012, en la biblioteca pública de Seattle (Washington) pusieron en marcha las bolsas secretas diseminadas por sus estanterías.

Más adelante, llegaron las mochilas con contenidos secretos dirigidas a público infantil adaptadas por varias bibliotecas españolas. Y esta semana: más de una volverá a proponer citas ciegas con la biblioteca con motivo de San Valentín.

 

 

Pero si hablamos de unboxing, en sentido estricto, la última variante al respecto nos llega desde Francia. En la red de mediatecas de Pau, la capital francesa del Departamento de los Pirineos Atlánticos, llevan un tiempo ofreciendo el servicio de cajas literarias (Bouqu’in Box). Un paso más allá en la necesaria labor prescriptora sobre la que tanto se habla en el mundo bibliotecario.

Si el dios Amazon nos come terreno combatámoslo con sus mismas armas: cajas y recomendaciones a la carta. Se parte de un formulario en línea en el que el usuario que quiera usar el servicio va introduciendo datos: sus libros favoritos, sus gustos, el último libro que leyó… Y en 15 días puede pasar a recoger la ‘caja literaria’ en la sucursal en la que haya elegido. El plazo es un mes renovable por otro mes.

Lo que se echa en falta en estas cajas es que no fuesen solo literarias. Somos cansinos, sí, pero ya hemos dicho muchas veces que las bibliotecas promueven la cultura, no solo la lectura. Así que añadiríamos también cómics, películas o música. Tal cual como se hace en los Packs de préstamo de la BRMU, que en este 2020, van a vivir un relanzamiento. Aunque en este caso no se formen a partir de un formulario completado por los usuarios.

 

 

Lo que sí aprovechan los bibliotecarios galos es para incluir merchandising sobre la red de bibliotecas en las cajas. Y para concluir cada temporada de cajas literarias llevarán a cabo un sorteo, y quien lo gane, conseguiría una caja ‘premium’. En esta caja especial se añadirá a la obra seleccionada un producto fabricado por un artesano local.

De este modo los lazos de la comunidad a través de la cultura, y gracias a las bibliotecas, se refuerzan y tienen su proyección en las programaciones que diseñan las diferentes sucursales de la red.

El unboxing bibliotecario también puede conocer otra vertiente relacionada con las estrategias de comunicación en redes. Antes citábamos a youtubers e influencers, principales exponentes de este fenómeno del unboxing. Los booktubers no son ajenos a la tendencia: todo lo contrario. Por eso igual que iniciativas como las box littéraires se miran de tú a tú con Amazon; otro tanto se puede hacer desde las redes de las bibliotecas.

 

 

Poner en práctica el unboxing cada vez que llega un pedido a la biblioteca. Grabarse abriendo las cajas, comentando las novedades aprovechando para ‘venderlas’ a potenciales usuarios, y compartiéndolos bien en Youtube o en los stories de Instagram o Facebook.

No es algo que no hayan hecho ya en más de una biblioteca pero que no se explota lo suficiente. Y quien dice unboxing dice también a la hora de catalogarlo, o de tejuelarlo: cámara subjetiva a cuestas y comentarios en off del bibliotecario. El proceso para magnetizarlo mejor lo dejamos fuera del exhibicionismo de este trasunto de reality bibliotecario. No es cuestión de dar pistas sobre los sistemas antihurto de la biblioteca. Siempre es bueno mantener algo de misterio.

Y para terminar un post repleto de cajas, packs y redes sociales nada mejor que rescatar uno de los anuncios de la última campaña de Correos. ¿De qué hablarán las ordenadas cajas o packs bibliotecarios mientras esperan ser recogidos por sus usuarios?

 

 

Fuente: ActuaLitté, les univers du livre

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Se vende biblioteca

 

La semana pasada pasó algo con eFilm, la plataforma de visionado en streaming para bibliotecas desarrollada por Infobibliotecas, que aunque previsible: resulta interesante de analizar.

Imagen de la campaña publicitaria de la Free Library of Philadelphia.

 

De manera simultánea, en ‘El País‘ y en ‘Cinemanía‘, le dedicaron sendos reportajes a las enormes posibilidades que dicha plataforma ofrece. Torrelodones fue el primer municipio que apostó por eFilm; y en 2018, Murcia, sería la primera comunidad autónoma en ponerlo en funcionamiento. Entonces, hubo cierto eco en medios en su mayoría locales, pero el impacto no ha tenido nada que ver con el hecho de haber salido en cabeceras de tirada nacional.

Tras los dos citados se ha ido extendiendo la noticia y se han publicado nuevos artículos o reseñas en ‘El Español‘, ‘ABC‘, o en webs tecnológicas de referencia como ‘Genbeta‘ o ‘Xataka‘, u otros medios especializados como ‘Sensacine’.

 

 

La mayoría de medios se limitan a repetir la misma información más o menos resumida. Pero hay que agradecer especialmente a un medio orientado a la tecnología que haya sido el que más ensalce y reconozca la labor que desarrollan las bibliotecas públicas. John Tones, en ‘Xataka’, escribe:

«pero las bibliotecas públicas siempre han sido un oasis fílmico al que recurrir cuando aprieta el bolsillo o ya hemos devastado colecciones propias y ajenas, y no quedan novedades a las que recurrir. Desde los tiempos del VHS, el préstamo de películas ha estado en las bibliotecas, de forma legal y gratuíta. Los tiempos cambian pero, por suerte, la función de servicio público de estas instituciones, no»

De todo este revuelo en torno a eFilm y de las reacciones, comentarios a las noticias, retuiteos y reflejos en sucesivos medios se pueden sacar varias lecturas:

  • lo que ofrecen las bibliotecas públicas sigue siendo un misterio para la mayoría de los ciudadanos
  • las redes sociales tienen muchas limitaciones por mucho que las sintamos omnipresentes y monopolicen, en ocasiones, el debate público
  • la fragmentación de la información en nichos es una realidad
  • las jubilaciones anticipadas de medios considerados tradicionalistas, y por ello, en decadencia: es un deseo de algunos más que una realidad.

«Podrías estar leyendo»: la empresa de publicidad Lamar Advertising lanzó una campaña para la Biblioteca Pública de Milwaukee en vallas publicitarias. Para promover una campaña de alfabetización jugando con los logos de las redes sociales. 

 

¿Qué no habría pasado si la misma noticia hubiese salido, además, en los telediarios de las diferentes cadenas, en Días de cine, Cámara abierta, o ya por hacer teleficción delirante, en el Sálvame o Gran Hermano? Desengañémonos, si es que acaso alguien se había engañado. El potencial publicitario de las redes sociales de una biblioteca pública es muy, muy limitado. Y no solo de las bibliotecas. Las redes sociales han creado un mundo falso que podemos llegar a confundir con la realidad. Y no es así.

 

‘Pon tu cara en un libro’: la campaña para la Biblioteca Pública de Milwaukee jugando con el logo de Facebook.

 

La endogamia informativa es lo que hace girar a las redes sociales. Alguno argumentará que también a los medios tradicionales (y no les falta razón): pero ese aspecto achacable al resto, en las redes, se acentúa hasta el paroxismo. El caso que es la televisión, esa ventana por la que el mundo (según la visión de algunos), entraba en los hogares; y la prensa, ese invento decimonónico al que los jóvenes no parecen prestar atención: siguen siendo transcendentales para provocar algún impacto.

Con las redes, en la mayoría de los casos, hay que contentarse con el logro de predicar a los ya conversos. Al resto de ciudadanos, los no usuarios si hablamos de bibliotecas, ni les llega un lejano eco.

«¿140 caracteres? prueba millones»: la campaña para la Biblioteca Pública de Milwaukee jugando con el logo de Twitter.

 

Y lo triste es que, ahora que las bibliotecas fomentan cultura, no solo la lectura: muchas de sus ofertas interesarían, y mucho, a ese alto porcentaje de ciudadanos que ni leen, ni se lo plantean. Pero las redes de bibliotecas, por mucho empeño que pongan: no llegan ni a arañar la capa de prejuicios en los que incurre la mayoría de la población. Y lo que es más grave: los propios responsables políticos de dichas instituciones.

Por eso, aún es más de valorar la entradilla de John Tones en Xataka. No es algo habitual de ver en las sempiternas noticias en torno a bibliotecas. Notas de prensa, que en ocasiones, parecieran lanzadas por el mismo bot aburrido de haberle tocado en desgracia publicar algo que va a provocar tan poco clickbait.

 

El próximo libro de Gilles Lipovetsky, que Anagrama publicará en España, versa sobre la sociedad de la seducción.

 

Precisamente el medio que dio el pistoletazo de salida a la noticia sobre eFilm, ‘El País’, publicaba una entrevista con el sociólogo y escritor francés Gilles Lipovetsky, de la que extraemos una respuesta interesante:

¿Se refiere a un apoyo político prioritario a la educación y a la cultura? Es raro encontrarlo. En España, no, desde luego. Sí, hablo de eso, pero no hacen falta grandes proyectos. ¡Estoy contra los proyectos culturales grandiosos! Al final eso acaba solo en el star system. Si Mitterrand hubiera dedicado el gasto de sus obras faraónicas en París a mejorar las infraestructuras culturales de las ciudades de provincia, o a mejorar la situación de la banlieue, todo habría ido mejor. […] Es un tema de voluntad política, ¡se trata de hacer que la gente diga lo que le gusta, no solo a quién detesta!

 

Y las bibliotecas, al menos en nuestro país, nunca han entrado en el apartado de obras faraónicas. Las bibliotecas son esas infraestructuras culturales de las ciudades de provincia de las que habla Lipovetsky; y de los barrios, que añadimos nosotros. Por eso, sin el apoyo del organismo superior competente, toda campaña de marketing de una biblioteca para vender sus servicios choca con un techo de cristal.

Si hay algo que han repetido en la citada noticia sobre eFilm: es un potencial para combatir la piratería de contenidos culturales. Aaaaalgo que ya hemos dicho aquí muchas veces, no ya solo de eFilm, sino de las bibliotecas en general. Pero claro estamos predicando a conversos. El mensaje no llega. En cambio, en ninguna de las numerosas campañas que el Ministerio de Cultura ha hecho contra la piratería se ha mencionado a las bibliotecas.

 

‘Spain is different’ el eslogan promovido por el entonces ministro de turismo, Manuel Fraga, que se terminó convirtiendo en todo un clásico intergeneracional.

 

Los respectivos ministerios, a lo largo de los años, han invertido partidas presupuestarias en campañas contra el tabaquismo, la piratería, el fraude fiscal, para evitar los accidentes de tráfico, etc… Algunas con una eficacia nemotécnica innegable: Si bebes no conduzcas; Póntelo pónselo; Hacienda somos todos; Pezqueñines, no gracias; Todos contra el fuego.

Del Ministerio de Cultura destacan algunas muy recientes como la de: No piratees tu futuro, y la más reciente, de Somos patrimonio. En la primera las bibliotecas ni aparecen; en la segunda al menos, al comienzo del spot se sitúa en una biblioteca. El lema de la campaña para fomento de la lectura 2017-2020: Leer te da vidas extras: era ingenioso.

 

Pero ¿sirve una campaña de fomento de la lectura como sustitutivo de una campaña, dedicada en exclusiva, a vender lo mucho que ofrecen las bibliotecas, además de lectura? Y quien dice administración central, dice autonómicas o locales. ¿Se pone dinero solo en publicitar lo que interesa electoralmente? La ingenuidad implícita en la pregunta hace que nos ruboricemos mientras se escribe.

 

 

En el post precedente hablábamos de las demandas de la asociación de bibliotecarios francesa al Ministerio de Cultura de su país. Y ahora, en nuestro país, es FESABID quien acaba de hacer un llamamiento a todas las Administraciones Públicas.

Este llamamiento se concreta en una declaración que, partiendo de los resultados obtenidos en el estudio Las bibliotecas públicas en España diagnóstico tras la crisis económica, reclama a las Administraciones un compromiso para reactivar y reforzar las redes de bibliotecas públicas.

La declaración bajo el lema «Bibliotecas públicas españolas: la casa común de nuestros pueblos y ciudades» se hizo pública en la sede de la Federación Española de Municipios y Provincias; y tal y como informan desde Docuweb:

FESABID aboga por el compromiso de las Administraciones para el desarrollo de una política bibliotecaria que fortalezca estos servicios para garantizar los derechos de la ciudadanía en el acceso equitativo a la información, la educación, la cultura y el conocimiento.

 

Para afrontar estos problemas FESABID reclama un compromiso de todas las Administraciones. Y para empezar ese compromiso de la manera más sencilla: ¿qué tal una campaña publicitaria en condiciones para ‘vender’ lo mucho que ofrecen las bibliotecas?

 

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Knovvmads: cultura trasatlántica para el siglo XXI

[Nota: este post tiene su reflejo al otro lado del Atlántico a través de un telestroscopio. Para visualizarlo pincha aquí.]

 

La cultura es energía, nunca se destruye, siempre se transforma.

El actor de serie B, en horas bajas, que interpreta Leonado DiCaprio en la última de Tarantino, Érase una vez en Hollywood (2019): asume su participación en un spaguetti western italiano como el signo inequívoco del declive de su carrera. Años después, esos filmes rodados en Europa, alimentarían la cinefilia de un joven empleado de videoclub en Tennessee. Un joven llamado Quentin, que terminaría convertido, en uno los cineastas más influyentes de finales del XX y principios del XXI.

 

 

Los denostados spaguetti western de los que se nutrió Tarantino son la demostración de que la cultura se retroalimenta. No hay detritus, todo sirve de abono. Pero también son la prueba de que la cultura de masas que ha marcado al mundo se basa en momentos, en los que el talento europeo, se cruzó con el espíritu emprendedor americano.

En los años 30 y 40 del pasado siglo cientos de técnicos, artistas, escritores y cineastas, huyendo del nazismo: fueron a recalar en la incipiente industria del cine estadounidense. No por casualidad, lo que vino a continuación, se le conoce como la Edad Dorada de la meca del cine. Ninguna industria como la desarrollada en las colinas de Hollywood ha impregnado la imaginación de todo un planeta como lo hizo la industria hollywoodense.

 

Josef von Stenberg, Marlene Dietrich y Charles Chaplin: europeos en Hollywood.

 

Ernst Lubitsch, Josef von Stenberg, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Fritz Lang, Douglas Sirk, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Ingrid Bergman, Rodolfo Valentino, Audrey Hepburn o Vivian Leigh. La lista se haría interminable. Europeos en América que ayudaron a configurar un olimpo cuyos ecos aún resuenan hoy día.

Y otro tanto pasó en los años 80, cuando la estancada industria del cómic estadounidense, recibió una invasión de guionistas y artistas ingleses. Alan Moore, Dave Gibbons, Neil Gaiman, David Lloyd, Eddie Campbell.., reformularon el discurso del noveno arte para lanzarlo al boom adulto que vive actualmente.

 

Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons: el cómic de superhéroes que lo cambió todo en los 80.

 

Con ese espíritu, el de inspirarse en lo fecundos que han sido los intercambios entre las dos orillas del Atlántico: nace el proyecto empresarial de Smart libraries.

Queremos que esos diálogos, ese trasvase productivo de experiencias y energías, se den también en el mundo bibliotecario. Cooperación bibliotecaria trasatlántica que nos enriquezca mutuamente, y partiendo de un país, España, que tantas conexiones tiene con la pujante comunidad latina de los Estados Unidos.

Y cuyas redes de bibliotecas, a diferencia de las de otros países del viejo continente, como Reino Unido: han sobrevivido los duros años de la crisis apostando por la innovación, el ingenio y la adaptación de espacios y servicios.

Knovvmads, con sede en Miami, aspira a trasladar al mundo bibliotecario estadounidense algunos de los proyectos que mejores resultados han tenido en la empresa Infobibliotecas.

Repensar las bibliotecas en la era digital, requiere cambiar los esquemas en cuanto a servicios y espacios. Para ello es necesario tener un profundo conocimiento de lo que son y han sido las bibliotecas. «Todo ha de cambiar para que todo siga igual»: que decían en El Gatopardo. Otro ejemplo del feedback Europa-USA en su adaptación al cine protagonizada por Burt Lancaster.

Porque los objetivos básicos de las bibliotecas no han caducado. Los principios recogidos en el Manifiesto de la IFLA/Unesco de 1994 sobre bibliotecas públicas siguen vigentes. Pero son los modos de hacer que se cumplan esos objetivos (y otros nuevos que reclaman los tiempos) los que han cambiado.

Knovvmads, es una empresa recién creada, pero lleva el equipaje de la experiencia acumulada, durante años, como empresa de servicios bibliotecarios integrales de Infobibliotecas.

Desde suministro de fondos documentales, en cualquier idioma y formato, así como plataformas tecnológicas para el préstamo online de ebooks, audiovisuales y revistas: que se adaptan a las necesidades y sobre todo, capacidad presupuestaria, de cada institución. Con más de 20.000 e pubs en los que destacan los cómics y el aprendizaje de idiomas; más de 9.000 revistas de todas las temáticas; y miles de audiovisuales.

La biblioteca desde tu sofá: una excelente manera de luchar con la piratería de contenidos digitales. Y paralelamente un enfoque que reconsidera el concepto de biblioteca pública como espacio físico, como centro social y cultural.

 

 

El escritor alemán Bernhard Kellermann, en 1914, publicó una de las novelas más exitosas de principios del siglo XX: El túnel. ¿Su argumento?: la construcción de un túnel transatlántico que uniera Europa con los Estados Unidos. Un verdadero best seller que fue llevado al cine, y cuyo éxito, corroboraba esa fascinación mutua entre continentes.

Casi un siglo después, el artista británico Paul George, creó un telectroscopio y situó: uno, bajo el puente de Brooklyn, en Nueva York; y otro, junto al Puente de Londres.

A través de este ingenioso artefacto habitantes de ambas ciudades podían interactuar en tiempo real y enviarse mensajes. Un espejismo de ese gran túnel que uniese a los habitantes de ambas orillas del Atlántico.

 

El telectroscopio construido junto al Puente de Londres. Foto de David Parker. 

 

Knovvmads nace con vocación umbilical que se nutre en ambos sentidos. Un túnel trasatlántico de la cultura y las bibliotecas. El telectroscopio bibliotecario con el que otear el nuevo panorama que han provocado las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Y para ello: quiere generar debates, reflexiones, intercambios que parten del inconformismo para no apoltronarnos.

La presentación en sociedad de un proyecto tan ilusionante tiene que terminar donde ha empezado: en esa fábrica de sueños que forjaron la creatividad europea y el espíritu emprendedor americano. Como decía la inolvidable Bette Davis de Eva al desnudo (1950): «Abróchense los cinturones» en esta travesía con Smart libraries empieza la tormenta de ideas para bibliotecas.

 

Bette Davis como bibliotecaria insobornable en Storm center (1956).

 

[Nota: este post tiene su reflejo al otro lado del Atlántico a través de un telestroscopio. Para visualizarlo pincha aquí.]

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Desmontando (o remontando) el 2019

 

Este año, para el balance final del blog de Infobibliotecas, desmontamos el 2019 (como ya es tradición) pero lo remontamos: en el amplio sentido de la palabra. Si hay un momento en el que toda película se la juega es en la sala de montaje. Allí se pueden enmendar algunos de los errores cometidos o terminar por arruinar todo lo rodado.

 

Pregunta para cerrar un año: el protagonista de nuestra cabecera ¿está leyendo un libro o viendo una película en eFilm?

 

Y en este post final vamos a montarnos una película gracias a la ayuda de la plataforma de visionado de audiovisuales en streaming para usuarios de bibliotecas: eFilm. Tal cual como Rita Hayworth en la escena final de La dama de Shangai (1947): disparamos en una galería de espejos en la que, algunos de los posts publicados en 2019, se reflejan en algunas de las películas disponibles en la plataforma eFilm. No sabemos si atinaremos o erraremos los disparos: pero lo que sí podemos asegurar es que cuando llegue el The End: será feliz.

 

 

«creo que las bibliotecas de NYC son como un pequeño laboratorio social para entender cómo funciona su sociedad actual y también cómo se proyecta eso en este mundo globalizado, donde consumimos tanta cultura norteamericana, a veces sin ser conscientes de lo que asumimos.»

Extraído de la serie Una bibliotecaria española en Nueva York

Si hay algo que diferencia al blog en 2019 de años precedentes fue el hecho de que tuviéramos que mudarnos de servidor. A efectos prácticos no ha supuesto grandes cambios: estilo, temáticas y demás han seguido siendo, más o menos, similares. Pero si hubo una novedad que nos hizo ilusión, y es que en esta mudanza, pudimos tener vistas nada menos que al skyline de Nueva York.

Gracias a Irene Blanco, corresponsal bibliotecaria de Infobibliotecas en la Gran Manzana, disfrutamos de seis crónicas y una entrevista que nos sirvieron para ampliar horizontes. Por eso el documental I hate New York (2018) sobre activistas transexuales en Nueva York es el título idóneo para este primer reflejo. Una oda a la resistencia, a la lucha por una identidad propia, a la libertad y a la cultura como vía de supervivencia. Valores, todos ellos presentes, en las crónicas de Irene que sirvieron para el relanzamiento de este blog.

 

 

«los rusos estaban habituados a que el estado se encargara de todo, y ahora, están comprendiendo que pueden resolver sus propios asuntos reuniéndose en espacios públicos. Y esos espacios son las bibliotecas.»

Extraído de la serie Geopolítica bibliotecaria

Espionaje, tramas políticas, complots… Las intrigas que siempre han movido al mundo cada vez son más sutiles, a la vez, que más burdas. Paradojas de un mundo globalizado en el que nos preguntábamos: ¿qué papel jugaban las bibliotecas? Por eso la trama (real) de La espía roja (2018), con una Judy Dench que también daría para un papel de bibliotecaria, se ajusta a la perfección al panorama global bibliotecario que afrontamos en este serie de posts

 

«¿será la estupidez el siguiente paso evolutivo? ¿quién asegura a los que defienden a bibliotecas, librerías y a la cultura en general: que están en el bando correcto? ¿no deberían aparcar un poco los libros y dedicarnos más al sexo (con fines reproductivos, claro está)?»

Extraído de Dale una oportunidad a la estupidez

Ya hemos recomendado Dobles vidas (2018) en el blog para cualquier profesional de la cultura o persona, que simplemente, quiera ver expuestas las grandes cuestiones sobre el presente y futuro de la cultura en una comedia inteligente y entretenida. Sus protagonistas pertenecen a esa clase media ilustrada que cada vez parece tener menor peso en la sociedad actual. Y además de por sus profesiones, en diversos ámbitos culturales: se definen por sus enredos sentimentales. Un reflejo perfecto para el panorama que sobre la evolución de la estupidez y la cultura dibujábamos en este post.

 

«El término medio no es virtud: lo cuqui y lo grosero se retroalimentan entre sí. De Mr. Wonderful a Trump no queda espacio alguno para la serenidad que requiere el pensamiento. Si reivindicamos a las bibliotecas como espacios antiposverdad: reivindiquémoslas también como espacios anticuqui.»

Extraído de Biblioteca cuqui

No es tiempo de medias tintas. O blanco o negro, o cuqui o grosero. Larga vida y prosperidad (2017) es una película amable, sin demasiadas pretensiones, y buenas intenciones. Si es cuqui o edificante queda al criterio de cada espectador.

 

«A las bibliotecas hay que ir como un naturalista va al campo, con los ojos abiertos para poder descubrir cosas.»

Extraído de la serie Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias

La frase escogida pertenece a la segunda entrega de la serie de entrevistas a mujeres destacadas en diversos ámbitos con las que celebramos el Día Internacional de la Mujer. La artista plástica Roberta Marrero; la paleoantropologa y médico María Martinon-Torres (que fue quien dijo la frase en cuestión); la humorista y bibliotecaria en excedencia Raquel Sastre; y la diseñadora de moda Constanza Mas: fueron las protagonistas de esta serie.

Para la que creamos hasta un hashtag #BibliotecariasenPotencia: porque las cuatro combinan curiosidad, innovación, inconformismo, imaginación y creatividad. Tal cual como  la protagonista del documental que hemos escogido de eFilm: Varda por Agnes (2019) Un documental imprescindible en el año precisamente en que nos ha dejado su protagonista: la directora de cine Agnes Varda. Un ejemplo de mujer innovadora, imaginativa, inteligente y creativa hasta el último momento de su vida.

 

 

«En la mayoría de programas de los másteres que surgen, aquí y allá, para formarse con ese perfil innovador, moderno, novedoso de gestor cultural, entre las salidas profesionales: se repiten galerías, centros culturales, museos, productoras de eventos, discográficas, industrias creativas…, pero nunca: bibliotecas

Extraído de Bibliotecarios en el ranking de lo cool

En Dumplin (2018) su protagonista es hija de una reina de la belleza, pero ella, no se ajusta en nada al canon estético que se exige según los parámetros de la publicidad, las influencers, y las revistas. Los paralelismos entre ser bibliotecario en el mundo cooltureta y los patrones a los que ajustarse para ser aceptado en el mundo de la belleza más alienada: reflejan a la perfección ese mensaje de disidencia que lanzábamos en este post.

 

 

«La memoria histórica más dramática está en las cunetas, pero la memoria histórica también está en las bibliotecas: y desde muy diversas posturas ideológicas hay voces que pugnan por censurarla.»

Extraído de Biblioteca o barbarie

Con el título de la última película de Jim Jarmusch Los muertos no mueren (2019) y la frase extraída del post no hace falta esforzarse mucho para ver el porqué del reflejo entre ambos. Zombis y disquisiciones en torno a los juicios sumarísimos a los que, en ocasiones, se somete a manifestaciones culturales del pasado.

 

«tu biblioteca te engaña si eres un bibliotecario con inquietudes y te das de bruces con la realidad en muchas administraciones: en las que la innovación no está bien vista, ni se pone mucho empeño (ni es fácil) remediar vicios adquiridos»

Extraído de Tu biblioteca te engaña

Se ha dicho que el pecado capital más intrínsecamente español es la envidia. La mediocridad siempre exige que se apague al que destaca, al que brilla personal o profesionalmente. Un lugar común que más de un profesional de las bibliotecas, con ganas e iniciativa, podría certificar como cierto. Por eso, la historia de La profesora de parvulario (2019), en la que la protagonista se enfrenta a quien sea necesario con tal de proteger la brillantez de un alumno: era perfecta para acompañar algunos de los disparos que lanzábamos en este post.

 

«¿qué líneas rojas marcarían los bibliotecarios españoles al ver amenazadas la libertad de expresión o la libre circulación de las ideas en sus centros?»

Extraído de Líneas rojas bibliotecarias

Nada como la mezcla entre espías, política y traiciones del thriller Un traidor como los nuestros (2016) para afrontar las líneas éticas que no estaríamos dispuestos a sobrepasar en nuestro quehacer profesional.

 

«si se retiene ilegalmente un bien común como son los documentos de bibliotecas: ¿por qué las administraciones de las cuáles dependen no se toman más en serio actuar contra los morosos cuando se constata que existe un ánimo manifiesto de dolo?»

Extraído de Pausa publicitaria para bibliotecas

American animals (2018) está basada en hechos reales aunque cueste creerlo en algunos detalles. El robo/atraco a una biblioteca en los Estados Unidos se convierte en una ¿comedia? que arroja lecturas de lo más jugosas sobre nuestra sociedad. Una película de la que ya hablamos en Spoilers bibliotecarios, no estrenada en nuestro país, y que gracias a eFilm podemos disfrutar desde nuestros hogares.

 

«¿Cómo puede colaborar de verdad las bibliotecas en la lucha contra el cambio climático más allá de: centros de interés, eliminando bolsas de plástico, adaptando espacios e infraestructuras a los requisitos de una buen gestión medioambiental?»

Extraído de Emergencia climática en bibliotecas

¿Una de las cintas de terror más aclamadas del último año para hablar de medio ambiente y bibliotecas? Pues sí. Porque Midsommar (2019) se desarrolla en un entorno natural idílico que, según avanza la trama, se convierte en una auténtica pesadilla. Tal cual pasará en nuestro planeta si no hacemos algo, bibliotecas incluidas, con el cambio climático.

 

 

«promovamos bibliotecas para imbéciles, bibliotecas abiertas a todas las manifestaciones culturales dejando cánones obsoletos por el camino. Hasta que seamos tantos los imbéciles: que nuestros votos terminen eligiendo a políticos que, de verdad, estén a la altura de la sociedad a la que sirven.»

Extraído de Bibliotecas para imbéciles

Infierno bajo el agua (2019) es de esas películas que a primera vista parecieran desechos de videoclub ochentero. Pero nada más lejos de la realidad. Según la crítica es una película de terror muy bien hecha que da lo que promete. Y es que nunca hay que fiarse de las apariencias, ni a la hora de explotar/disfrutar un producto cultural, ni a la hora de ir a votar a un político.

 

«España en general, y la administración pública en particular, suele ser zona de francotiradores. Profesionales que se mueven en algunos casos solitarios empujados por su vocación en territorios hostiles.»

Extraído de Tu sueldo sale de mis impuestos presenta: francotiradores en plantilla

Carmen Maura declaró que Pedro Almodóvar ha hecho más por España en el extranjero que la mayoría de ministros y secretarios de cultura. Y no le falta razón. Guste o no su cine negarle su talento resulta de lo más ruin. Almodóvar fue despreciado en sus inicios por los cineastas asentados, pero él como un francotirador, siguió a lo suyo. Décadas después es un símbolo de nuestro país. La cultura en España, en demasiadas ocasiones, es cosa de francotiradores. Y eso hablábamos en este post para el que hemos escogido la última del director manchego: Dolor y gloria (2019).

 

«¿Es quizás el momento de que los quioscos desahuciados (al igual que antes lo fueron las cabinas telefónicas) sean invadidos por las bibliotecas?»

Extraído de Coleccionables de bibliotecas: ecosistemas culturales urbanos

El thriller La noche es nuestra (2007) retrataba las difíciles calles de Nueva York en la década de los 80 del pasado siglo. Y de las leyes de la calle, pero culturales, iba el post que se refleja en este estupendo policíaco de hace unos años.

 

«que en este 2019, el Día de las Bibliotecas, coincida con el día en que finalmente los restos del dictador abandonan el Valle de los Caídos: no podía dejarse pasar sin hacer alguna interpretación de las que tanto nos gustan en este blog.»

Extraído de Bibliotecas bailando con el diablo a la luz de la luna

Obviamente, conociendo este blog, no podíamos dejar pasar el hecho de que el Día de las bibliotecas 2019 coincidiera con el día en que se exhumaban los restos de Franco del Valle de los Caídos. Y de ahí partíamos para hablar de un futuro con raíces (bibliotecarias) en el pasado más oscuro de nuestro país. La cinta alemana La ola (2008) se inspira en el experimento llevado a cabo en un instituto germano con el que recrearon lo que sería vivir en un estado totalitario. Y, claro está, se les fue de las manos. Bailar con el diablo siempre tiene consecuencias.

 

«la educación  que fomente el pensamiento crítico y dote a los estudiantes de capacidades para desenvolverse con mayor capacidad de análisis en nuestras sociedades: se escamotea (recortes a la educación pública mediante) al grueso de la población para hacerla exclusiva de la clase dirigente.»

Extraído de La biblioteca como ornamento

La película de Laurent Cantet El taller de escritura (2017) se centra en un escritora que dirige un taller de escritura para jóvenes provenientes de sectores de la sociedad en riesgo de exclusión.

En un sistema educativo que prima la formación de trabajadores utilitarios a los que el propio mercado termina excluyendo: las humanidades pueden parecer un lujo. Pero son todo lo contrario. Son un distintivo de clase, son esa diferencia que distinguirá al señor del lacayo. En ese asunto las bibliotecas tienen mucho que decir. Y de eso iba este post, ahora, tan bien acompañado por la película de Cantet.

 

«Estas bibliotecas presentan las obras de sus fondos tal y como fueron creadas originalmente. No solo podrían, es que pueden y quieren, contener representaciones culturales obsoletas.»

Extraído de Representaciones culturales obsoletas

Ajusticiar creaciones del pasado según valores actuales, restándoles valor por ello, es lo más absurdo que se puede hacer. Que alguien que no haya visto, o que vuelva a visionar,  Eva al desnudo (1950) (o cualquier otro clásico tan maravilloso como este) lo someta a un test de lo políticamente correcto según el presente: es que no entiende nada sobre lo que es la cultura.

 

 

«¿Hay bibliotecas en Silicon Valley? […] que sí, que en las oficinas de los gigantes de Silicon Valley, hay bibliotecas.»

Extraído de Sarah Connors, después de Terminator 2, se hizo bibliotecaria

Cyberpunk, robots, tecnología, acción, luchas de poder…¿Hace falta explicar por qué elegimos Alita, ángel de combate (2019) como la película idónea para un post en el que hablábamos sobre Silicon Valley y las bibliotecas?

 

 

«¿Tienen las bibliotecas la responsabilidad de luchar contra la gentrificación? ¿ayudan las bibliotecas a ese proceso?»

Extraído de Bibliotecas públicas, ¿agentes de la gentrificación?

Que nadie se despiste por el título y cartel de Un atardecer en la Toscana (2019). De lo que habla esta película polaca es de política, de inmigración, de religión, de terrorismo, de Europa. Y quien habla de Europa también habla de gentrificación cultural, social, urbanística, tal cual, como hacíamos en este post.

 

«El dinero es cobarde pero más allá de su cobardía está el hecho de que las bibliotecas sean capital de riesgo. De riesgo de democracia, de riesgo de un pensamiento independiente, de riesgo de ciudadanos independientes no manipulables.»

Extraído de Nada sale gratis: las bibliotecas tampoco

Estar alerta en nuestra sociedad requiere de un sobreesfuerzo comparable al que ejercitan los protagonistas del aclamado drama judicial Una íntima convicción (2018): para que la verdad termine saliendo a la luz. Siempre hay precios que pagar, y en este post, hablábamos de los que merece la pena pagar con tal de defender aquello en lo que creemos: en las bibliotecas como instituciones por una sociedad más justa y solidaria.

 

AGRADECIMIENTOS:

a Irene Blanco por la idea de cruzar el desmontaje del 2019 del blog con el montaje/cruce con películas de eFilm. Y por supuesto a todos los que nos siguen, a las bibliotecas que han confiado en eFilm, y sobre todo, a los usuarios que lo disfrutan.

Que todos tengamos un 2020 de película. ¿De qué género? Concedámonos 365 días para decidirlo.

 

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