Lectura de posos de café

El Roto, profeta donde los haya, dedicó esta viñeta a las librerías. Tanto vale para las bibliotecas.

 

Estamos en verano y lo habitual es pensar en viajes. Pero en este 2020 todo es tan extraño que mejor no soñar demasiado. El futuro es pura incertidumbre (palabra candidata a ser palabra del año si ‘coronavirus’ lo permite). Cabría preguntarse si los ingresos de videntes, taroritas y demás amigos de lo adivinatorio han engrosado sus cuentas a costa de la pandemia. Lo que está claro es que ninguno de los que se adornan de bolas de cristal y túnicas: supo leer las señales.

En cambio, Bill Gates, sí se supo leerlas. Y por eso algunos, que fueron amantes bandidos o ejercen de presidentes de universidades católicas: sospechan de él por sus tratos con el demonio. La tecnología es la nueva bola de cristal. Y los gurús tecnológicos nuestros oráculos. Por eso este post va dedicado una vez más a la la lectura: pero la lectura de los posos del café. Un arte adivinatorio más tradicional y, seguro que más respetado, por amantes bandidos y presidentes universitarios católicos.

 

 

Si se ha viajado a algún país escandinavo, y entre visita turística y monumento, se tiene el vicio de perderse en algunas de las librerías que salen al paso: probablemente se habrá topado con alguno de esos establecimientos cálidos que propician los diseños del norte de Europa. Esos locales en los que es posible hojear libros, mientras se degusta un café o se come algo de repostería; a ser posible frente a un ventanal lluvioso, que venga a completar el idílico momento.

La alianza café-lectura-escritura es ya un lugar común. Allá por el 2015, ¡qué tiempos!, un informe sobre bibliotecas en Inglaterra ya recomendaba que las bibliotecas copiasen a los coffee shop. Y como bien vimos en Cabaret bibliotecario: la cosa ha ido a más.

En nuestro país los cafés literarios son todo un clásico. En un reciente artículo del ‘ABC cultural’ se rememoraba el papel que los cafés literarios han tenido en la vida cultural madrileña. Un ejercicio de añoranza en el que está permitido recrearse.

 

 

Según un estudio de la Universidad de Granada, el valor antioxidante de los posos del café es hasta 500 veces mayor que el de la vitamina C;  y no necesitamos estudio alguno que nos demuestre los efectos antioxidantes que la lectura tiene para el cerebro. Quizás sea por eso que a esos quirománticos, videntes y demás faunas televisivas de madrugada, les da por la Cafeomancia o la Teomancia.

Y tampoco en este caso, necesitamos de estudio alguno que nos confirme: que fiar nuestro futuro a lo que nos digan los restos de una bebida, por saludable que esta sea: lo único que denota es déficit de lecturas provechosas.

Afortunadamente, la ilustradora Maria A. Aristidou le da un uso a los posos de café mucho más interesante y vigorizante para su talento.

Sus retratos dibujados con café le hicieron ganar fama en la red; y algunos de ellos nos sirven para decorar el salón de té que hemos montado en este post. El agente Cooper de Twin Peaks, Bob Marley, soldados imperiales de Star Wars o la carismática Daenerys Targaryen de Juego de tronos, son algunos de los personajes que gusta de retratar con tan aromática sustancia.

Pero los alérgicos a la cafeína, que no sufran, también tenemos té.

El escritor best seller Laxman Rao en su puesto callejero de té, con el muestrario de sus novelas en el suelo y una mesa

 

«¿Un salón de té?, ¿un salón de té? con esa mala leche un salón de té» que cantaban los Radio Futura en su clásico Paseo con la negra flor. Y no sabemos si mala leche, pero sí mucho carácter, y buena mano para el té con leche, es lo que ha demostrado tener Laxman Rao de Nueva Delhi. El vendedor de té más famoso de la capital hindú siempre tuvo un sueño: llegar a ser un escritor de éxito, y lo consiguió.

En su destartalado y célebre puesto de té callejero, Rao sirve su delicioso té con leche, y al mismo tiempo vende sus novelas en lengua hindi, que se han convertido en auténticos best sellers. El vendedor de té y escritor, fue un precursor de la autoedición muchas décadas antes de que Internet la convirtiera en la salida para tanto escritor aficionado, al que las grandes editoriales daban la espalda.

Hoy día, hasta Amazon India se enorgullece de poder distribuir la obra del vendedor de té superventas. Mientras Rao, fiel a sus infusiones, sigue sirviendo humeantes tazas de té en plena calle: al tiempo que atiende a los medios.

 

 

Según las recomendaciones más extendidas, el número de tazas de café aconsejables al día no debe de superar las cuatro. Pero como también entran en juego la variedad del café, así como el estado de alteración nerviosa del consumidor.

Escritores, músicos, cineastas, pintores, locos por el café, hay y habido muchos; pero tal vez el caso que ha llevado más al extremo esa relación sea el de la escritora canadiense Margaret Atwood. La autora de La mujer comestible, es una enamorada de los pájaros, y por supuesto del café.

«Ignoro por completo a los tés de hierbas, voy directamente a la verdad, al vil café. Nervios en una taza. Me anima a querer saber más»

 

La relación de Isak Dinesen con el café iba más allá de consumirlo. En la foto aparece con el personal de su plantación de café en Kenia

 

Y tanto es así, que en colaboración con la muy literaria marca de cafés Balzac’s, se lanzó al mercado la variedad de café Atwood Blend: una mezcla de granos procedentes de Sudamérica y Centroamérica que combina sabores a caramelo y cacao. Desarrollada en colaboración con la propia Atwood; la comercialización de esta variedad sirve para recaudar fondos para el Observatorio de Aves de la Isla de Pelee en Canadá.

 

Las bellos diseños para el café diseñado por Margaret Atwood

 

Pero la historia tras la marca de cafés Balzac’s, bien merece un inciso. Diana Olsen es la fundadora de esta marca de cafés, licenciada en Literatura francesa, fue en la universidad donde descubrió la pasión cafetera del prolífico autor de La comedia humana.

Hasta 50 tazas de café negro dice la leyenda que podía llegar a ingerir en un día, el genio de las letras francesas; no es de extrañar que en 20 años llegase a escribir hasta 85 novelas. El gran novelista del realismo francés del siglo XIX, defendía los beneficios que el café tenía para la creatividad: «el café es un gran poder en mi vida…que ahuyenta el sueño, y nos da la capacidad para ejercitar un poco más nuestros intelectos«.

Olsen tras graduarse marchó a París, dónde frecuentó los típicos cafés de la capital, y fue allí donde pensó en montar una cadena de cafés bajo el nombre de Balzac. En la actualidad la cadena Balzac es una de las más importantes en Canadá; y de las más estimulantes en su concepto y diseños (como los fantásticos pósteres que lucen junto a este texto).

Y del binomio escritores y café pasamos al de los libros y el café. En inglés, a los libros de gran, gran formato, imposibles de leer como no sea en un atril, o sobre una mesa, se les conoce como los coffee table books (los libros de la mesa del café).

Desplegar en un rincón de nuestro salón uno de los fastuosos tomos king size de la editorial Taschen, por ejemplo, puede tildarse de exhibicionismo cultureta. Pero sea por mero afán decorativo, o por sincero interés por la obra: para un amante del libro como objeto, el toparse con unos de esos monumentos impresos, es uno de los placeres equiparables al que provoca el aroma del café humeante en los café-adictos.

Carpeaux, las pin-up, Helmut Newton, Cartier-Bresson, Little Nemo, Caravaggio o el metalizado Sex de Madonna: obras XL para lucir en mesitas de café

 

La fotografía, el cine, la arquitectura, la pintura o la escultura suelen ser los principales asuntos que abordan estos mamotretos impresos a todo lujo. Y precisamente en Madrid se acaba de inaugurar la primera tienda Taschen en España. Ya sabemos que más de un bibliófilo, bibliotecario, biblioespecimen, en general, ya ha apuntado la visita a la exquisita librería para cuando se pueda viajar libremente (por verdadero placer) a la capital.

Mientras, consolémonos de la incertidumbre que nos depara este verano teniendo siempre cerca una taza de…… (que cada uno lo rellene con lo que mejor le viene en estas fechas): y un buen libro. Y para terminar un post que habla de cafés y libros: no podíamos dejar fuera el tercer elemento imprescindible en este tipo de establecimientos: la música. Música apropiada y con el punto justo de azúcar que no empalague.

 

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