Si las bibliotecas fueran…

Si las bibliotecas fueran una película de vampiros serían Déjame entrar (2008): porque una vez dentro te vampirizan y el disfrute se hace eterno.

Si las bibliotecas fueran un electrodoméstico serían una lavadora: porque sirve para darle muchas vueltas a las cosas y que salgan como nuevas.

Si las bibliotecas fueran una canción indie serían ‘Mi opinión de mierda‘ de Los Punsetes: porque inmunizan contra el pensamiento único y te ayudan a relativizar.

Si las bibliotecas fueran un coche serían un seiscientos: por simpáticos y porque, por modestos que fueran, siempre acogían a toda la familia.

Si las bibliotecas fueran un personaje mitológico serían Prometeo: porque igual que él se la jugó robando el fuego a los dioses: las bibliotecas transmitieron la cultura de las élites a todos los ciudadanos.

Si las bibliotecas fueran un elemento químico serían el cerio (Ce): por antioxidante y porque hace saltar la chispa de los encendedores igual que las bibliotecas hacen saltar la chispa de las ideas.

Si las bibliotecas fueran un personaje de tebeo serían Mortadelo: porque los bibliotecarios, al cabo de su jornada, se ponen mil disfraces con los que dinamizar sus centros.

Si las bibliotecas fueran un movimiento artístico serían el cubismo: porque te permiten desplegar un tema y estudiarlo desde todas las perspectivas.

Si las bibliotecas fueran un grupo de rock serían los Tindersticks: porque se mantienen fieles a su estilo sin dejar de emocionar.

Si las bibliotecas fueran la versión de un clásico serían My way de Sid Vicious: porque pese a tanta normalización de los procesos, al final, cada uno termina haciendo las cosas un poco a su manera.

Si las bibliotecas fueran una obra de teatro serían ‘Seis personajes en busca de autor’ de Pirandello: por la de veces que: seis, siete, y muchos más, se movilizan para localizar el libro perdido de algún autor.

Si las bibliotecas fueran un baile serían el de Fred Astaire en Royal Wedding (1951): porque aprovechan los espacios como nadie para que convivan los colectivos más diversos.

 

Si las bibliotecas fueran una red social serían una red aún por inventar: porque ninguna suple los matices que se dan en la comunicación cara a cara.

Si las bibliotecas fueran una folclórica serían Lola Flores: porque pese a que muchos las quieran dibujar como momias faraónicas ellas se empeñan en estar como nunca.

Si las bibliotecas fueran un diseñador de moda serían Paul Poiret: porque liberó a las mujeres de los estrictos corsés del siglo XIX y dio paso a una moda mucho más libre.

Si las bibliotecas fueran un villano de cómic serían el Doctor Octopuss de Spiderman: porque esos tentáculos mecánicos vendrían de perlas para tanta multitarea.

Si las bibliotecas fueran un animal serían el caballo al que se abrazó Nietzsche en Turín: porque sus oídos guardaron las últimas palabras de un sabio antes de perder la cabeza.

Si las bibliotecas fueran un dibujo animado serían Jessica Rabbit: porque pese a que algunos las dibujen como simples salas de estudio, es mentira, la exuberancia de su oferta rebasa cualquier estereotipo.

Si las bibliotecas fueran un insecto serían las cucarachas: porque ni una explosión atómica es capaz de exterminarlas.

Si las bibliotecas fueran una película de Almodóvar serian Átame (1990): porque en su escena final sus protagonistas terminan haciendo suya la letra de ‘Resistiré‘ del Dúo Dinámico.

 

Si las bibliotecas fueran una españolada de los 60 sería ¡Cómo está el servicio! (1968): porque el tono de voz de Gracita Morales es el ideal para romper el silencio sepulcral que algunos exigen siempre en las bibliotecas.

Si las bibliotecas fueran un compositor clásico serían Wagner: porque si a Woody Allen al escucharlo le daban ganas de invadir Polonia, los que frecuentan bibliotecas, siempre están con ganas de ‘invadir’ nuevos territorios.

Si las bibliotecas fueran una prenda de vestir serían una camisa blanca: porque es un básico que combina con todo, y también claro está, por lo de camisa blanca de mi esperanza.

Si las bibliotecas fueran un movimiento juvenil serían los zazous de los años 40 parisinos: porque mediante el jazz, la literatura o la ropa desafiaron a los fascistas a través de la cultura.

 

 

Hasta aquí (por ahora que sepamos) este repaso de algunas cosas a las que se pueden comparar las bibliotecas. Y como se notan demasiado, en algunos casos, los gustos de quien lo escribe, y las bibliotecas son de todos, ahora es el turno de quien quiera compartir con el hashtag #SiLasBibliotecasFueran: sus filias y fobias a cuenta de las bibliotecas. Si las bibliotecas fueran…

 

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