Alexa quiere ser bibliotecaria, pero no la dejan

 

En Infobibliotecas somos generosos. Igual que, de vez en cuando, regalamos ideas bibliotecarias para quien tenga (la insconciencia o el arrojo, según se mire) de llevarlas a cabo: también damos argumentos para futuras novelas o películas.

Rodeados, como estamos, de sirvientes digitales: ya están tardando en hacer una adaptación de Las criadas de Jean Genet con Alexa y Siri como protagonistas. Un ¡Cómo está el servicio! domótico (con papeles secundarios para Roomba y Coonga): o una revisión tecnológica de El sirviente (1963) de Joseph Losey; según la historia se decante por el drama o la comedia.

 

La excelente El sirviente (1963) de Joseph Losey.

 

A Alexa le falta el tono seductor que tenía Samantha (gracias a la voz de Scarlett Johannson) en la historia de amor entre el personaje de Joaquín Phoenix y una Inteligencia Artificial en Her (2013). Pero eso no le ha impedido infiltrarse en la mayoría de los hogares. Y es más, incluso en las bibliotecas.

Las bibliotecas estadounidenses están cuestionando las prestaciones que, Alexa o su hermano Echo: pueden aportar en sus centros. Según el estudio de dos investigadoras de la Universidad de Alabama: «Alexa, ¿estás escuchando?» hay que llevar cuidado con Alexa. Dicho lo cual solo podemos añadir: benditos estos estudios que subrayan lo evidente.

Si alguno de los presentes en la sala tiene una Smart TV de la marca Samsung: habrá vivido la espeluznante experiencia, propia de la niña de Poltergeist, de levantarse a beber agua a la cocina de madrugada y sobresaltarse al percibir un resplandor en el salón. La televisión ha iluminado su pantalla sola y se encuentra absorta (según versión Samsung) en sus actualizaciones. Pero tú, aturdido en medio de la noche, puede que hasta bajo los efectos de un Orfidal o Lexatin para poder apaciguar el sueño: sabes que no. Que en realidad, tienes una espía en el salón. Y lo más grave. Que has sido tú quien le llevó hasta allí.

 

La película Poltergeist (1982) profetizando las Smart TV. 

 

Pues bien, para evidenciar algo que todos sabemos, Miriam El Sweeney y Emma Davis, las susodichas investigadoras de Alabama, decidieron cuestionar el uso que se estaba haciendo de los asistentes de Amazon en las bibliotecas del país.

En las bibliotecas estadounidenses, los altavoces de Amazon: Echo y Alexa, han ido incorporándose como recursos para facilitar las interacciones de personas discapacitadas o con dificultades para escribir. Y no solo para los usuarios, también para los trabajos de los bibliotecarios. Unos diligentes criados robóticos que, para llevar a cabo su labor, precisan recopilar gran cantidad de datos de los usuarios.

 

Amazon nos espía. Ilustración de ‘The Daily Dot

 

Después de todo, la intimidad cotiza a la baja desde hace mucho; y si en tantos hogares no tienen reparos en dejar que Alexa habite sus salones: ¿por qué habrían de tenerlos en las bibliotecas? El estudio constata los recelos que los asistentes de voz despiertan entre los bibliotecarios. La continua sospecha de que Alexa graba las conversaciones. Que recopila datos cuyo uso posterior nadie conoce. Amén de convertirse en otra puerta de acceso para hackers y piratas informáticos que quieran recolectar información o directamente boicotear el servicio.

Las conclusiones del estudio son previsibles. Se recomienda no usar dichos asistentes en las bibliotecas ante la vulneración que pueden suponer para la protección de datos que estas instituciones deben cumplir. Toda Inteligencia Artificial debería nacer con perfil bibliotecario. Pero las multinacionales no las dejan. Nacida para ser bibliotecaria; pero entrenada y obligada a trabajar de espía. La pobre Alexa, tan solícita y amable, impermeable a los desplantes e insultos que le profieren los humanos: está bajo sospecha.

Tal vez, ahora que todos somos famosos, tal vez, sea el momento de exigir contratos de confidencialidad a nuestros asistentes virtuales. Cual Madonna o Beyonce.

 

Pepper es el robot asistente de IdeaSpace, la recien inaugurada biblioteca de Fredericksburg (Virginia). Actualmente el simpático autómata encuentra dificultades para el reconocimiento facial debido al uso de mascarillas. Un virus, de lo más biológico, poniendo en un brete a los ingenios artificiales.

 

Y estas estábamos, compadeciéndonos de la pobre Alexa y su vocación frustrada bibliotecaria; cuando, también, desde el otro lado del Atlántico, nos llegaba una noticia sobre criadas/mayordomos y lectura. Nuestra querida corresponsal neoyorquina, Irene Blanco, nos ponía sobre la pista del hotel de Palm Beach (Florida) en el que disponen de un mayordomo de libros.

En este caso, la Inteligencia Artifical queda fuera, todo es humano, muy humano. El lujoso hotel The Ben West Palm abrió sus puertas un mes antes de que estallara la pandemia que nos ha paralizado durante el último año.

 

Detalle del vestíbulo del hotel de Palm Beach. Fotografía de la web del hotel.

 

En los hoteles estadounidenses es costumbre dejar un ejemplar de la Biblia. No nos consta si en el hotel de la exuberante Palm Beach hay ejemplares del libro más vendido de la Historia. Pero lo que sí hay es un catálogo con novedades literarias. Igual que decidimos qué sanwich o bebida queremos que nos traiga el servicio de habitaciones: elegimos el libro que queremos que nos lleven a la habitación. Pero no se queda aquí la apuesta por la lectura del establecimiento.

 

Vestíbulo y biblioteca al fondo del The Ben West Palm Hotel. Fotografía de su web.

 

En un ejemplo de inteligencia y sinergia empresarial, el hotel, una vez se marcha el cliente: incluye en la cuenta la posibilidad de comprar el libro que ha estado leyendo; o de donarlo a la biblioteca West Palm Beach. Libros que han sido provistos por la librería local The Palm Beach Book Store. Después de esto se nos ocurre un eslogan que regalamos generosos por si alguien quiere ponerlo en marcha: ¿Quieres dejar huella allá dónde viajas?: dona libros a la biblioteca local. Promoviendo la lectura y el comercio local.

Cuando, al fin, podamos viajar sin restricciones, será cuestión de ver en qué ciudades hay hoteles de la cadena Autograph Collection de Marriott. Después de esto, se merecen toda la confianza del gremio bibliotecario.

 

Cientos de candados en el Puente de las Artes de París: ¿no es más rómantico donar un libro a una biblioteca que colgar un candado?

 

Firo Vázquez cocinando papeles.

También se ofrecen menús temáticos basados en grandes clásicos de la literatura. Los Book Bites (mordiscos literarios) de The Ben West Palm nos traen a la memoria los elaborados menús con papel comestible del chef afincado en Murcia: Firo Vázquez.

Sus investigaciones con la Universidad de Murcia, le llevaron a crear papeles comestibles, basados en las harinas denominadas elaborinas, que le han hecho dar la vuelta al mundo. Gracias a sus artes, fue posible degustar el Quijote en la inauguración del Instituto Cervantes en Pekín en 2013; o el periódico ‘El País’ (procurando evitar noticias indigestas); o la portada de una revista. Gracias al trabajo de este chef todos podemos convertirnos en librófagos felices.

 

En el restaurante de Firo Vázquez, la cuenta, además de pagarla también te la puedes comer.

 

Comer papel para los bibliotecarios es casi caer en el canibalismo: es engullir lo que hasta el momento ha sido la materia prima que ha dado cuerpo a la profesión. Y pese a que algunos quieran dibujarles como zombis arrastrándose por la esfera digital, si la profesión sobrevive: será gracias a su capacidad para ser omnívoros, fagocitando todo lo que nos rodea.

Entre meter criada o ponerse a servir, las bibliotecas siempre han hecho lo segundo. Y lo primero, lo de meter criada, hasta que Amazon no desarrolle una versión con la voz de Gracita Morales: que se olvide de las bibliotecas. Igual que se olvida de ellas cuando se trata de dar acceso a los libros que edita.

Después de todo, que te sirvan, termina atrofiándote los instintos. Solo hay que ver las camadas de algunos de los más destacados representantes de las clases pudientes en las últimas décadas.  Hay que aguzar el instinto autodidacta, el criterio propio, la curiosidad intelectual, no dejarse llevar por lo acomodaticio, para eso ya están las redes sociales. Y ese ejercicio de independencia formativa e intelectual donde mejor se sigue practicando: es en las bibliotecas.

 

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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