B de bombas, b de bibliotecas

 

Todos sabemos porqué asunto estará capitalizada la crónica de este 2020. Pero como en cualquier otro año otras noticias completarán el anuario. Una de ellas será la brutal explosión en el puerto de Beirut del 4 de agosto. Una combinación letal de corrupción, material explosivo almacenado en condiciones deplorables, y sobornos políticos: desencadenó la tragedia.

 

Obra del fotógrafo y diseñador búlgaro afincado en Viena: Mladen Penev.

 

Afortunadamente ante catástrofes de tal magnitud surgen, aquí y allá, iniciativas que intentan paliar en la medida de lo posible el desastre. En lo que concierne al mundo bibliotecario ha venido de la mano de la directora de una editora infantil y presidenta de la Asociación de Editores de Emiratos Árabes, Sheikha Bodour. A la cual, la revista ‘Forbes’, situó en el puesto 34 entre las 200 mujeres más influyentes del mundo árabe.

A través de la Oficina de la Capital Mundial del Libro de Sharjah (SWBCO) se están recaudando fondos para la restauración de varias de las bibliotecas dañadas por la explosión. Los trabajos se centran en la renovación de la, especialmente dañada, biblioteca Monnot; así como en dotar de nuevos equipamientos a las bibliotecas de Bachoura y Geitawi.

 

La Biblioteca Geitawi de Beirut antes y después de la explosión de agosto de 2020. 

 

Lo acontecido en Beirut no ha sido premeditado (si concedemos que la desidia y corrupción política no son ya de por sí lo suficientemente alevosas). Los desperfectos sufridos por las bibliotecas no dejan de ser lo que, cínicamente, se da en llamar daño colateral. Pero la relación entre destrucción, colateral o directa, y bibliotecas acumula un largo historial.

En positivo, tenemos el caso de Colombia. El país sudamericano ocupaba el segundo puesto en el triste ranking de países con mayor número de minas anti personas enterradas en su territorio (solo superado por Afganistán).

Hace cinco años, el gobierno junto con las FARC, acordaron limpiar el suelo colombiano de minas; para posteriormente, construir bibliotecas en dichos terrenos. Bibliotecas por bombas, la mejor sustitución posible. El pasado mes de agosto se declararon libres de este tipo de minas un total de 14 municipios más. Según previsiones, para 2025, el suelo colombiano estará libre de esta aberración.

 

La maravillosa biblioteca colombiana La Casa del Pueblo, en el municipio de Inzá, departamento de Cauca.

 

Para entonces ¿cuántas bibliotecas habrán sustituido a las bombas? Si nos atenemos a la última década y pico, hasta un total de 150 bibliotecas han sido dotadas gracias al acuerdo entre el gobierno del país y el de Japón. El país nipón se ha convertido en el gran mecenas del desarrollo bibliotecario en Colombia.

No tenemos constancia de que esta conexión, entre el país andino y el del sol naciente, tenga algo que ver con las bombas. Pero dado el trauma histórico de Hiroshima y Nagasaki, lo cierto, es que hay cierta justicia poética en el hecho de que sea Japón el país que esté ayudando a que la b de bomba se transforme en la de biblioteca.

En 2015, en pleno avance del ejército de terrorista yihadistas del ISIS, los bibliotecarios de la Biblioteca Nacional de Bagdad digitalizarón a marchas forzadas miles de documentos temerosos del afán destructor de la cultura por parte de las milicias.

La digitalización, en este caso, actuó como los sacos de arena con los que se protegieron las colecciones de raros e incunables en la Biblioteca Nacional de España, durante la Guerra Civil. Veintiocho bombas cayeron en total sobre la Biblioteca Nacional durante la Guerra Civil. La aviación franquista señalaba con bengalas a la Biblioteca y al Museo del Prado, como objetivos de los bombardeos.

 

Estado de la Biblioteca y Archivo Nacional de Bagdad tras la invasión estadounidense de 2003. 

 

En las guerras, tras las pérdidas humanas, lo primero a aniquilar siempre es la cultura. Las bibliotecas, como garantes de la cultura y los valores de una sociedad; siempre serán víctimas propiciatorias de cualquier régimen totalitario.

Cleopatra Taylor esperando a que Julio César le queme la biblioteca.

Desde la mítica Biblioteca de Alejandría, arrasada sucesivamente, hasta su destrucción absoluta a manos de los musulmanes en el 642 a. C.; pasando por la biblioteca de Nalanda en la India, en la que los musulmanes (de nuevo) invirtieron de 3 a 6 meses para conseguir quemarla por completo. La Biblioteca de Cartago destruida por los romanos; o la de Antioquia que, en el año 364 a. C., fue incendiada por el emperador Joviano.

Pero sin remontarse tan lejos en el tiempo, la Biblioteca de Sarajevo fue bombardeada con saña en 1992 con bombas incendiarias por la aviación serbia. El detalle quizás más escalofriante en este caso, sea el hecho de que el militar encargado de dar la orden de destruir la biblioteca, fuera usuario de la misma. Un hombre culto, profesor universitario especializado en Shakespeare; que se convirtió en el número dos de los ultranacionalistas serbios. La banalidad del mal de la que hablaba Hannah Arendt, o que todos, somos presa fácil de algún tipo de fanatismo.

 

Música para las ruinas de la Biblioteca de Sarajevo.

 

De una forma u otra, las bibliotecas siempre resultan explosivas. En sus estanterías se ordenan tejuelados, miles de detonadores de efecto retardado dispuestos para dinamitar prejuicios, lugares comunes, y estereotipos. Auténticas bombas que explotan en las mentes haciendo saltar por los aires las mentiras que quieren contarnos; o dando munición para los que quieran inventarse nuevas mentiras.

Pero volvamos a Beirut para cerrar este recorrido explosivo-bibliotecario. El músico líbano-británico organizó un concierto a través de su canal de Youtube el 19 de septiembre bajo el nombre ‘I love Beirut’. El autor de ‘Grace Kelly’ congregó a primeras figuras de la música internacional como Kylie Minogue o Rufus Wainwright en una carta de amor a su ciudad natal.

 

 

De todas las actuaciones que se dieron durante este evento nos quedamos con el dúo entre el propio Mika y la banda libanesa Mashrou Leila. Unos viejos conocidos de este blog. Y es que el grupo libanés lleva una década haciendo explotar bombas mentales de tolerancia, respeto y defensa de los derechos de las minorías en pleno corazón del mundo árabe. No podíamos imaginar mejor final.

 

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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