El tiempo en nuestras manos

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Harold Lloyd con el tiempo en sus manos en 1923, y así estamos un siglo después, más colgados que nunca del reloj.

 

En la isla canaria de La Palma hay un túnel que los palmeros bautizaron como el tunel del tiempo. Y no, no tiene nada que ver con H.G. Wells sino más bien con la peculiar climatología isleña. Dado el microclima del archipiélago accedes al túnel en un día soleado y de cielos azules, y tras recorrer los escasos metros que lo forman: te encuentras en un día nublado y lluvioso. Pues bien, en algún punto de ese túnel es donde tienen que situarse las bibliotecas hoy día.

Y desde ese lugar impreciso del tránsito ¿qué es lo más valioso que las bibliotecas pueden ofrecer al público? Algo obvio una vez dicho lo anterior: simplemente tiempo.

En la web BingeClock te ofrecen la posibilidad de saber exactamente cuánto tiempo de tu vida vas a invertir cuando decides ver una serie completa. Por ejemplo, y hablando de series ya finiquitadas, la clásica Los Soprano supone una inversión de 3 días y 14 horas para completarla de un tirón, The wire supone 2 días y 12 horas y Breaking bad 2 días y 14 horas. Francamente en estos tres casos, es tiempo aprovechado. Aunque esto de cronometrarnos hasta el ocio empieza a resultar de lo más agobiante.

 

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La Tardis de la serie Doctor Who, un clásico de la ciencia ficción sobre viajes temporales de la televisión británica, que cada vez tiene más predicamento entre fans españoles. A más de uno le gustaría una tardis para remediar lo del Brexit.

 

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La cubierta desgastada y avejentada de este ejemplar de Momo de Ende es la mejor medalla que puede colgarse una biblioteca.

Javier Marías, en su columna de El País Semanal de hace una semana, hablaba de la diferente percepción del tiempo de cuando él era joven en comparación con la actualidad. Cualquiera que no sea un niño, sabe que los años no pasan igual según la década vital en la que estés instalado; pero la modernidad ha conseguido el prodigio de igualarnos a todos con un ritmo que supera generaciones. Y ese ritmo es cada vez más de vértigo.

Lo sentimos por Momo (y sobre todo por nosotros) pero la protagonista del libro de Michael Ende no consiguió su cometido, y los ladrones de tiempo con sus gadgets, redes sociales y demás distracciones han ganado la partida y nos han robado el tiempo. El eslogan de la primera ola digital era la información es poder, pero ya ha caducado. El tiempo es lo más valioso, lo más deseado y lo más escaso. Por eso cualquier servicio público (o privado) que aspire a sobrevivir a esta revolución digital lo primero que tiene que ofrecer a sus clientes es tiempo.

 

 

Y ¿cómo se ofrece tiempo a los usuarios de las bibliotecas? No difiere mucho de cualquier otro servicio, simplemente facilitándoles la vida con productos que les sirvan para gestionar mejor su ocio y formación:

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En la película In time (2011) los ricos poseen la fórmula contra el envejecimiento. Si los pobres quieren sobrevivir tendrán que ganarse el tiempo o morir. Lástima que una premisa tan interesante se desperdiciara en una película mediocre.

si hay un sector de usuarios que vive con angustia el paso del tiempo pese a ser jóvenes, esos son los estudiantes. El calendario del curso les obliga a administrar bien su tiempo si quieren obtener resultados.

Mucho se habla de los adolescentes como público dificil de atraer a la biblioteca, ¿pero qué hacen las bibliotecas con los que acuden en masa sin necesidad de atraerlos, pero a los que la oferta de la biblioteca (más allá de climatización, mesas y sillas) les importa bien poco? Ofertar cursillos rápidos de técnicas de estudio podría ser una manera de venderles la biblioteca mientras les proporcionas herramientas prácticas para lograr sus objetivos.

Y no se trata de sustituir a las instituciones docentes pero la labor complementaria de las bibliotecas puede ser esencial. Por ejemplo, en la biblioteca pública de Elmhurst (Illinois) los estudiantes con carné de biblioteca pueden obtener ayuda en línea desde la biblioteca para hacer los deberes.

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Las chicas de Advanced style, genio y figura hasta…donde sea

– en el otro extremo de esa gestión del tiempo estarían los jubilados. Sí, esos de los que hablábamos en La arruga es subversiva. Allí repasábamos algunas de las iniciativas bibliotecarias para este sector de población que en pocos años será el más numeroso. En las bibliotecas públicas de la ciudad de Spokane, en Washington, también lo saben y han convertido a sus bibliotecas en auténticos centros de recursos no sólo para mayores, sino para toda la familia.

La sociedad occidental ha perdido la relación con un hecho tan ineludible como es la muerte. Es el último asunto del que se quiere hablar, y sólo intrépidos como Jon Sistiaga se atreven a afrontarlo en los medios en su programa Tabú. Por eso es tan valiosa una programación como la de esta biblioteca estadounidense que bajo el nombre de Levantando el velo de la planificación senior, ayuda a prepararse para la inevitable decadencia. Desde cuestiones financieras, a adaptaciones del hogar para las limitaciones físicas de la edad, asesoramiento a familiares que cuidan a ancianos, pasando por gestión de ayudas o cómo preparar psicológicamente el inevitable fin.

 

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La escena del velatorio en Volver (2006) o convivir con la muerte como algo que forma parte de la vida.

 

– dando otro salto temporal nos situamos en la infancia. Uno de los deseos paternos más recurrentes en nuestros días es el de conseguir que los niños tengan una experiencia del tiempo similar a la que ellos tuvieron en su infancia. El reciente libro-juego Juegos de ayer y hoy aspira a servir de guía para que los niños recuperen la experiencia de juegos anteriores a la era digital que todo lo invade. Sus autores, los editores Eva María Rodríguez y Agustín Fernández-Tresguerres, lo recomiendan para bibliotecas y centros educativos; y ojalá que consigan su objetivo. ¿Conseguirá el brillo de las canicas contrarrestar aunque sea un poco el brillo deslumbrante de las pantallas?

 

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– pero más allá de necesidades generacionales, hay productos que se pueden desarrollar desde una biblioteca y que nos sirven a todos para gestionar mejor nuestro tiempo. Precisamente el viernes 8 de octubre se lanzó la plataforma de préstamo online de audiovisuales eFilm, un proyecto desarrollado por Infobibliotecas que promete dar mucho que hablar.

La biblioteca pública de Torrelodones es la primera en estrenar este servicio que a semejanza de plataformas de streaming multimedia comerciales, ofrece la posibilidad de disfrutar del cine en casa gracias a ser socio de una biblioteca. Viene a sumarse a la posibilidad también de prestarse libros digitales de que disponen ya todas las bibliotecas en nuestro país. Visitar la biblioteca físicamente para acceder a sus documentos ya es sólo una opción. El concepto de biblioteca pública mutando a cada paso, y de este modo, adaptándose a la gestión del tiempo de cada uno.

 

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La estupenda serie El Ministerio del Tiempo que tanto juego ha dado para dar a conocer los fondos de la BNE a través de las redes, en eFilm.

 

Según las últimas investigaciones Einstein, una vez más, tenía razón. Los experimentos realizados en un acelerador de partículas alemán confirmaron que el tiempo se mueve más lento en un reloj en movimiento que en uno fijo. Y las bibliotecas no paran de moverse, ahora sólo falta que el tiempo se dilate lo suficiente como para que los usuarios se den cuenta de que siguen mereciendo la pena.

Precisamente en África, donde el tiempo fluye de manera muy distinta a Europa, las bibliotecas revalidan su importancia gracias al ciclo de la vida. La implantación de las bibliotecas de semillas, que nacieron en los Estados Unidos, están consiguiendo que los agricultores de países como Costa de Marfil puedan diversificar y preservar los cultivos autóctonos.

 

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Detalle de la ‘semillateca’ de Treichville en Abidjan (Costa de Marfil)

 

Las semillas modificadas genéticamente se han ido implantado por tierras africanas marginando los cultivos que desde siempre habían protagonizado la agricultura local. Las bibliotecas, conservando y facilitando el trueque de semillas, permiten que la idiosincrasia agrícola no termine por perderse irremediablemente. Al mismo tiempo, proveen a los agricultores de libros que les ayudan a formarse y mejorar sus cultivos.

planteraonwhite¿Cabe mejor metáfora del paso del tiempo que el proceso de plantar una semilla, y cuidarla hasta que germine? En nuestro país la Biblioteca de semillas de la Universidad Politécnica de Cataluña ha importado con éxito esta idea. Ahora falta que se extienda y siga implantándose en bibliotecas públicas.

¿No sería fantástico «prestar» semillas acompañadas de una selección cuidada de libros, películas, música, cómics… que acompañasen el proceso de germinación? Abono para mentes, abono para semillas: el servicio bibliotecario definitivo para aprender a gestionar nuestro tiempo de manera más acorde con nuestro ciclo vital.

 

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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