Malos tiempos para las bibliotecas británicas

El incierto futuro de la fastuosa Biblioteca de Birmingham es el último capítulo en la historia de acoso y derribo que sufren las bibliotecas británicas. Inaugurada a bombo y platillo hace apenas año y medio como proyecto que iba a simbolizar el renacimiento de la segunda ciudad más poblada del Reino Unido, en 2015 tendrá un recorte de 1,5 millones de libras en su presupuesto de 10 millones, por lo que 100 de sus 188 trabajadores podrían perder su empleo y las horas de apertura podrían verse reducidas de 73 a 40 semanales.

Birmingham-libraryLa Biblioteca de Birmingham no había hecho más que acumular titulares positivos en la prensa… hasta ahora. Había borrado el recuerdo de la biblioteca que sustituía, la Central de Birmingham, construida en los años 70 en estilo brutalista y de la que el príncipe Carlos llegó a decir que parecía más “un lugar para quemar libros que para conservarlos”. Es la biblioteca más grande del Reino Unido y el espacio cultural de mayores dimensiones de toda Europa. Cuenta con una de las dos colecciones sobre Shakespeare más importantes del país, destacables fondos fotográficos, galería de arte, un centro multimedia, jardines y dos cafés, entre otros recursos, y a su inauguración como estrella invitada acudió la admirada Malala, la niña pakistaní que se enfrentó a los talibanes para defender su derecho a la educación y ganó por ello el Premio Nobel. En sus primeros 100 días la visitó nada más y nada menos que un millón de personas, Pero ahora, su futuro está en el aire. Sólo sus gastos corrientes ascienden a 10 millones de libras (13 millones de euros) al año, sin contar con los pagos del préstamo de 16 millones de euros que se recibió para su construcción, y a los recortes en el presupuesto municipal se añade que hasta el pasado octubre sólo habían conseguido una cuarta parte del objetivo de recaudación de fondos privados que se habían puesto. El equipo directivo busca su supervivencia a través de lo que llaman “nuevos programas de valor añadido”, más recaudación de fondos y la alianza con otras instituciones, como las bibliotecas universitarias de la ciudad y la Biblioteca Británica.

Uso menguante

Pero como decimos, el panorama preocupante se extiende a todas las bibliotecas del país. Según un estudio recién publicado -y sólo disponible previo paso por caja- por el Instituto Colegiado de Contabilidad y Finanzas Públicas del Reino Unido (CIPFA son sus siglas en inglés), desde 1997 el número de bibliotecas ha descendido un 9,8%, y el número de visitas a las mismas ha caído desde 6,4 por persona en aquel año a las 4,3 visitas de media en el curso 2013-2014. Ocho millones de personas usaron las bibliotecas para tomar prestados libros en el último año, un millón menos que en el curso 2012-2013 y exactamente la mitad que en 1997. El número de títulos disponibles ha caído en 20 millones en el mismo periodo de tiempo, para situarse en los 55 millones en el último curso. Solo hay algo más de 19.000 trabajadores remunerados en las bibliotecas del país, frente a los casi 26.000 de 1997, y apenas el 48% de ellas tiene wifi. BritishLibrarymani2Para Meredith Schwartz, editora ejecutiva del Library Journal, los británicos están usando menos las bibliotecas no porque tengan menos necesidad que otros, o porque sus bibliotecarios sean menos hábiles a la hora de atraerlos, sino porque “no se puede acceder a internet desde bibliotecas que están cerradas, no se pueden coger libros que no se compran o catalogan, y no se puede preguntar a bibliotecarios despedidos cómo encontrar información”. El problema, a su juicio, es que se genera un círculo vicioso: los usuarios no visitan las bibliotecas porque éstas están desatendidas por los recortes, y la falta de usuarios desincentiva a los políticos a invertir en un servicio que no se utiliza tanto. Sin embargo, lo tiene claro: “La necesidad de invertir recursos en bibliotecas se mide mejor no estudiando quién las usa sino analizando las necesidades que no se están satisfaciendo y que, si tuvieran el apoyo suficiente, bibliotecas activas podrían cubrir con más eficacia que recurriendo a cualquier otra solución”. Otro informe publicado el mes pasado, el Independent Library Report encargado por el gobierno británico, habla de la grave situación financiera por la que atraviesan las bibliotecas en un momento de cambios rápidos en su papel dentro de la comunidad, pero se centra en recomendaciones para garantizar su futuro. Las tres principales para Inglaterra (no hablan del resto del Reino Unido) son:
  1. Proporcionar desde la Administración central recursos digitales para las bibliotecas, que serían facilitados en colaboración con las autoridades locales.
  2. Crear un grupo de trabajo, liderado por los gobiernos locales en colaboración con otras instituciones involucradas en el sector bibliotecario, para elaborar un marco estratégico que ayude a aplicar todas las recomendaciones del informe.
  3. Ayudar desde el grupo de trabajo a las autoridades locales en la mejora y revitalización de los servicios bibliotecarios, al tiempo que se promueve una mayor participación de la comunidad en ellos.
Britishphonebooth-library1Pero junto a estas recomendaciones más operativas hay otras que definen el papel que las bibliotecas tienen que recuperar en la comunidad para dar respuesta a la demanda de espacios modernos, seguros y flexibles “en los que ciudadanos de todas las edades puedan acceder al conocimiento global de forma gratuita”, especialmente los que se encuentran en situación más vulnerable. No deben limitarse a prestar libros, sino que tienen que convertirse en “infraestructuras para la vida y el aprendizaje, desde el nacimiento hasta la vejez, que ofrezcan apoyo, ayuda y educación, y promuevan el amor a la lectura. Tanto si necesitas optar a un puesto de trabajo, como si quieres entender qué derechos tienes en cuanto a pensiones o qué soluciones tienes para un problema de salud, si necesitas aprender a leer, el bibliotecario puede ayudarte”, dice el informe. La tarea de reflotar las bibliotecas inglesas, añade, debe empezar por una mejora de las tecnologías digitales, y en particular de las conexiones WIFI, y por hacer que las bibliotecas ofrezcan servicios que “ayuden a las personas y las comunidades a ser más emprendedoras, más cultas y, en consecuencia, más prósperas”. El ejemplo de lo que está sucediendo en el Reino Unido debe ayudarnos a reflexionar. Dejar languidecer las bibliotecas, como ocurre con otros servicios esenciales para la comunidad, lastra el futuro de todos. Hay que defender permanentemente la existencia de una financiación estable y suficiente, y el desarrollo de políticas y servicios que sirvan realmente a las comunidades. No podemos bajar la guardia.]]>

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