¿Quién lee poesía?

DeadpoetssocietyHace poco conocíamos que las ventas de libros en España no deja de caer: en 2013 descendieron un 9,7% respecto al año anterior. También sabemos que el porcentaje de lectores de libros en España mayores de 14 años está en el 63% de la población, bastante por debajo de la media europea que ronda el 70%, todo ello según el barómetro “Hábitos de lectura y compra de libros en España 2012”,  el último publicado por la Federación del Gremio de Editores. Son cifras que no nos dejan nada contentos, pero ya nos entra directamente la depresión cuando miramos los datos de lectura de poesía: según el dichoso barómetro, solo el 0,5% de los que leen dijeron que el último libro con el que pasaron el rato era de ese género.

¿Intentar que la gente la poesía es una batalla perdida en la era digital? ¿Puede competir con best-sellers, libros de autoayuda, tabletas, videojuegos, redes sociales y televisión? ¿Nos hemos blindado ante la palabra hermosa, hiriente, exaltada, demoledora? ¿Qué podemos hacer para fomentar la adicción a la poesía? Para nosotros está claro: hay demasiada belleza, pasión, verdad, compromiso y vida en la poesía como para olvidarla.

La única manera de acercarnos a la poesía es por “el camino del amor y la lectura”, dice en el blog Andalucía educativa Javier Sánchez Menéndez, poeta, crítico literario y editor, en referencia a los talleres de poesía en el aula, . Y puntualiza: “Amor del docente al género lírico”, y lectura porque “la poesía es una manifestación del arte mediante el uso de la palabra, y solo puede aprenderse y enseñarse con la palabra auténtica”.

QuelapoesianossalveApunta Sánchez Menéndez que Juan Ramón Jiménez decía que si todos los gobernantes leyeran un poema por la mañana y otro antes de irse a la cama, al día siguiente actuarían de manera más justa y consecuente. ¿Podría funcionar como respuesta a la crisis de legitimidad democrática que padecemos? No sabemos, pero a lo que vamos es a apuntar ya recetas contra el mal de la despoetización de nuestra sociedad. Y la lectura diaria de un poema, compartirlo con otros sea cual sea el lugar desde el que operes (biblioteca, escuela, red social, oficina de correos o tu propia casa) podría ser un primer paso.

Ya situados en el espacio de la biblioteca, el más cercano a nosotros, repasamos algunas iniciativas clásicas y otras no tan clásicas con las que podemos trabajar.

Para niños y jóvenes

Con ellos es importante trabajar la visualización del poema. Por eso Sánchez Méndez recomienda poesía de fácil asimilación como “El columpio” de Gerardo Diego o los poemas visuales de la primera etapa de Antonio Machado. Se puede jugar con el ritmo de los poemas, proponer a los niños que expresen con dibujos lo que han entendido, pero sobre todo lo que hay que hacer con los niños es JUGAR. Esta guía para trabajar la poesía en la educación primaria puede daros muchas ideas de actividades: mímica, hacer raps, alterar y completar poemas, crear pareados, hacer encadenados…

Con preadolescentes y adolescentes, trabajar con letras de las canciones es altamente recomendable. Al fin y al cabo, no dejan de ser poemas, y algunos autores son auténticos maestros consagrados, como Bob Dylan o Lou Reed, aunque quizás para trabajar con adolescentes conviene utilizar autores más cercanos a ellos (no sé yo cómo andará de poesía de calidad David Bustamente, no le sigo). También puede recurrirse a poetas que abordan estados de ánimo muy potentes en la adolescencia como, de nuevo, Machado, Bécquer, Juan Ramón Jiménez, Allan Poe o Emily Dickinson. A esta edad, ya se puede jugar con metáforas o proponer a los chavales que creen sus propios textos.

Para adultos

En “El taller de poesía en la educación de adultos”, Ana Silva nos da algunas claves interesantes para trabajar también desde las bibliotecas, y lo hace en un texto lleno de pasión. Lo más interesante en el trabajo con adultos, para ella, está en la diversidad de interpretaciones que surgen de las experiencias vitales y culturales de los lectores, y la riqueza del trabajo en estos talleres está en el descubrimiento de esas visiones particulares y en su puesta en común, que hace posible la inclusión de la diversidad.

Aunque no hayan leído nunca poesía, los participantes han estado en contacto con ella por otros caminos: las leyendas, mitos y tradiciones de la zona de origen de cada cual, y las canciones. Todo esto, junto con la música que sugiere paisajes y estados de ánimo, son herramientas que pueden utilizarse en los talleres. También se puede animar a que los participantes pongan palabras a los sentimientos, a las cosas, que creen mundos, que armen collages con versos de distintos autores para ver a dónde les llevan las palabras. Dice Ana Silva -y esto es otra pista importante a la hora de pensar en posibles actividades– que lo que atrae cuando las personas se adentran en la poesía son “su sonoridad, su ritmo, su poder de síntesis, la transgresión, ya sea en el uso del lenguaje, el espacio o en su decir, que rompe esquemas, desafía, juega, arma y desarma”.

Y es que la poesía no solo nos ayuda descubrir(nos) y a renombrar la vida, sino que también nos conecta con los demás. “El discurso poético (…) por su propia naturaleza, quiebra todos los estereotipos pero este quiebre permite que las voces secretas de los alumnos puedan aflorar, se manifieste su subjetividad, sus visiones del mundo, y al socializar lecturas y producciones se establezcan vínculos con la palabra del otro y se rescate la diversidad a partir del sentir”.

Merece la pena recuperar la poesía, ¿no? Podemos lograr que las estadísticas cambien.

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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