Mi biblioteca y otros animales

 

La crónica bibliotecaria de estos últimos días viene cargada de noticias que le darían a J.K. Rowling para una nueva entrega de sus animales fantásticos. No tanto por la magia como por el hecho de toparse con animales allá donde uno no espera encontrárselos: en bibliotecas.

Perros y bibliotecas es una asociación que ya no sorprende a nadie. El programa Perros y Letras R.E.A.D. España es la adaptación a nuestro país del programa originario de los Estados Unidos que creó, en 1999, la organización Intermountain Therapy Animals para mejorar la vida de las personas mediante la interacción con animales. Durante los últimos años han sido varias las bibliotecas que han celebrado cuenta cuentos con perros adiestrados. Lo que no es tan habitual es toparse con serpientes en una biblioteca.

 

 

Tal cual como le pasaba a Elsa Pataky, en esa pieza de culto friki que fue Serpientes en el avión (2006), Peggy Goforth, bibliotecaria responsable de la Biblioteca Pública del Condado de Madison: tuvo un encuentro no demasiado agradable con estos reptiles en su biblioteca.

Un usuario se acercó al mostrador a quejarse porque había detectado a una persona en la biblioteca con una serpiente en una bolsa.

Cuando la bibliotecaria fue a preguntar a la persona en cuestión por el contenido de su bolsa, el hombre, la volcó sobre el mostrador para mostrarle unas doce serpientes, desde pitones a boas, que comenzaron a reptar alrededor mientras el orgulloso propietario les decía los nombres de sus mascotas como si de hijos se tratasen.

Hábilmente, la bibliotecaria le hizo notar al usuario que la presencia de sus queridas mascotas incomodaba al resto de usuarios (tanto es así que hubo que pedir asistencia para una mujer que sufrió un ataque de pánico): por lo que le pidió con mucho tacto que se llevara a las serpientes de la biblioteca: a lo que el hombre accedió comprensivo.

 

The Living Reptile Museum Summer Reading Presentations es un programa de lecturas y actividades con serpientes dirigidas a bibliotecas.

 

La película basada en las memorias de Benjamin Mee, que junto con su familia, adquirió un zoológico abandonado para vivir en él.

Pero tal y como cuentan en ‘Citizen Times‘: las serpientes no son los únicos animales «fantásticos» que han visitado la biblioteca del Condado de Madison. Los usuarios de esta biblioteca parecen tener una afición un tanto desmedida por hacerse acompañar por sus mascotas en sus visitas a la biblioteca.

Los perros y gatos no son nada si se tiene en cuenta al listado de animales que han tenido de visita durante solo el último año: un mono, una rata, arañas, un hurón, loros, pollos, jerbos, conejillos de indias o hámsteres, entre otros.

Puede que también tenga que ver el hecho de que la propia biblioteca ha mostrado un talante muy animal friendly a la hora de programar algunas actividades. En una ocasión hicieron llevar una granja de hormigas para mostrarla en el centro, y la persona encargada olvidó cerrar la tapa: por lo que las hormigas se desperdigaron por toda la biblioteca.

Hormigas entre libros: da para título de cuento infantil o relato de terror.

Un arca de Noé bibliotecario que se les ha ido de las manos, a partir del incidente con la bolsa de serpientes, y les ha obligado tomar medidas. La Junta de Comisionados del Condado ha elaborado un reglamento que limite la presencia de mascotas en las bibliotecas a los perros-guía excluyendo cualquier otro tipo de mascota.

 

Terry L. Vandeventer, de The Living Reptile Museum, ejerciendo como el ‘snake man’ en una biblioteca.

 

Las bibliotecas de nuestro país son menos exóticas en ese sentido. Más allá de los perros, no es habitual encontrarse con situaciones comprometidas en cuanto a la presencia de animales en bibliotecas. Tampoco es que España, históricamente, pueda erigirse en ejemplo de país comprometido con los derechos de los animales.

Afortunadamente en los últimos años este asunto está, poco a poco, ocupando espacio en los medios y en los debates políticos. La última noticia esperanzadora ha sido la aprobación en Extremadura de la Ley 10/2019 de protección civil y gestión de emergencias. Una ley que se ha convertido en la primera normativa española que contempla a los animales, cuando de organizar planes de evacuación ante catástrofes, se trata.

Pero una cosa son los derechos de los animales y otra las reglas de convivencia con los humanos. La presencia de mascotas personales en las bibliotecas (tal y como han decidido en la «zoológica» biblioteca del Condado de Madison) se circunscribe a perros guías.

Pero el debate está en el aire: ¿debería ampliarse la presencia de mascotas (perros mayoritariamente por ser más fácilmente adiestrables) en espacios públicos comunes como son las bibliotecas? Un asunto a debatir en el que surgen posturas de lo más opuestas entre quienes abogan porque estos centros sean dog friendly y los que no ven necesidad, o incluso ven como una molestia, la presencia de mascotas en bibliotecas.

 

Pipper, el perro viajero. La mascota del periodista donostiarra Pablo Muñoz Gabilondo se ha hecho célebre por viajar por toda España junto a su dueño constatando lo dog friendly que son las ciudades de nuestro país.

La cantante, compositora y productora Lorde.

Precisamente la cantante Lorde, la esperanza de la música según declaró Bowie en un alarde de entusiasmo poco habitual por parte del duque blanco, acaba de comunicar a sus fans que su próximo disco retrasa su fecha de publicación debido a la muerte de su perro Pearl.

Lorde ha declarado que era su perro quien le dirigía hacia las ideas que conformaban su nueva obra y «que ya no hay un pastor que me guíe para ver cómo será la obra». Con su anterior disco, Melodrama, la compositora, cantante y productora neozelandesa reafirmó su talento y personalidad. Y, precisamente, de melodrama millennial tachan algunos el hecho de que vaya a reformular su tercer disco, y a posponer su lanzamiento, por el hecho de haber perdido a su mascota.

Sócrates, el perro peripatético de Joann Sfar y Christopher Blain: reflexiones en torno a los humanos desde el punto de vista de un perro filósofo.

Problemas del primer mundo que confunden los afectos en una sociedad desnortada según algunos; algo con lo que empatizar según otros. El caso es que cuando se habla de mascotas (sobre todo perros y gatos) se hace casi inevitable incurrir en alguna frase hecha tipo ‘se les quiere como a uno más de la familia’.

La relación entre las personas y sus mascotas habla mucho de la sociedad en la que vivimos, en positivo y negativo, y es un asunto que no ha hecho más que empezar.

Un debate que se complica aún más cuando se cruza otro tema de candente actualidad como es la alimentación y las industrias cárnicas. En este sentido el libro de la psicóloga y socióloga Melanie Joy sintetizaba maravillosamente el asunto simplemente con su título:

 

 

El documental de Gustavo Salmerón sobre su madre muestra, entre otras muchas cosas, lo importante que es elegir correctamente al animal que queremos como mascota. Y un mono no es la mejor opción.

En la sección que ‘El País’ dedicó a figuras relevantes en diversos ámbitos y a sus mascotas, una de las entrevistas más jugosas, vino de la mano de una gran amante de los perros como es Rosa Montero. La escritora y periodista es hija de banderillero, ella no puede ser más antitaurina, pero en dicha entrevista reconoce que el amor por los animales le vino inducido por su padre.

Contradicciones, incongruencias según quien las mire, paradojas que hacen aún más complejo el debate. Un asunto, el de la presencia de mascotas en espacios públicos humanos, que lejos aminorarse no parece haber hecho más que empezar. Y que por lo tanto requerirá de reflexiones por parte de las bibliotecas.

Pero sería un desperdicio acabar este post sobre animales y bibliotecas sin citar la noticia más #bibliobizarra de los últimos años.

 

 

Según relata ‘The Guardian‘ (aunque la noticia es tan jugosa que ha aparecido ya en muchos medios): se ha recurrido a 500 cabras para salvar, de los incendios que están devastando California, a la biblioteca presidencial de Ronald Reagan. Los chistes son tan facilones que nos los vamos a ahorrar.

El caso es que un ejército caprino hambriento desbrozó los trece acres de matorral seco que circundaban a la biblioteca presidencial, y de este modo: formaron un cortafuegos natural que puso a salvo a la institución.

Afortunadamente la empresa propietaria de las cabras supo contenerlas a tiempo de llegar hasta la propia biblioteca. El festín de papel que se podían haber dado hubiera sido pantagruélico. Claramente puede que las bibliotecas lleguen a ser dog friendly, pero difícilmente serán cabra friendly, y visto lo que han hecho al salvar una biblioteca: no deja de resultar injusto.

Y para terminar nada mejor que rescatar el vídeo del grupo Capital cities para su tema Kangaroo Court. Animales antropomorfos que nos sirven para pensar sobre cuán cerca y lejos estamos las distintas especies que habitamos este planeta; y lo fácil que es llegar a confundirnos si lo miramos todo desde una perspectiva únicamente humana.

 

Síguenos en:
error

Bibliotecas de festival

 

Por mucho que se ha hablado de la burbuja festivalera lo cierto es que el panorama de festivales de música en nuestro país sigue pujante pese a la inflación de citas que se replican acá y allá. La herida que Internet infligió en la industria musical sigue supurando: pero los músicos, gracias al boom de los conciertos en vivo, han visto una salida a la caída de ingresos en la venta de discos. Una fórmula, la de los festivales, que ha encontrado un filón en las condiciones climáticas y ambientales idóneas de nuestro país, pero que no conoce fronteras, cuando llega el verano.

En Canadá, el selecto y exquisito festival de música electrónica Bass Coast, se ha ido haciendo un hueco desde que arrancase hace siete años. Su apuesta por un festival para no más de 3.000 personas, que prima la calidad y la atención al detalle frente a los ya masificados como, por ejemplo, el célebre Coachella. Las instalaciones de arte de vanguardia se entremezclan con propuestas musicales y artísticas de la más diversa índole. No podía ser de otro modo porque detrás del Bass Coast se encuentra una bibliotecaria cuyas sesiones reciben nombres tan familiares como el de ‘Book club’.

 

 

The Librarian es el nombre de guerra de la DJ Andrea Graham que junto con Liz Thompson crearon dicho festival. No es de extrañar por tanto que del Bass Coast los críticos destaquen la estimulación inteligente y la sutileza con la que sus creadores promueven la creatividad y la exquisitez en un género, el de la música electrónica, en el que lo comercial ha hecho estragos durante las últimas décadas. Llamándose La Bibliotecaria no podía esperarse menos de ella. Pero ahí terminan las conexiones.

Nos habría encantado descubrir que Andrea Graham empezó su carrera como bibliotecaria y de ahí su apodo como DJ: pero no es así. Lo cual no quita para que ese concepto de festival exquisito y el nickname de su fundadora tengan mucho que ver.

En el número 13 de la revista ‘Infobibliotecas’ ya se habló de las relaciones entre bibliotecas y festivales de música. En el interesante y completo repaso que Silvia Oviaño y Hector Foucé hacían se evidenciaba una falta de mayor implicación de las bibliotecas en los festivales propiamente musicales. Hay colaboraciones cuando se trata de festivales literarios: pero los que convocan a las masas son, en la mayoría de los casos, ocasiones desaprovechadas desde el mundo bibliotecario para visibilizar sus ofertas.

Las editoriales por ejemplo ya lo tienen claro y apuestan decididamente por los festivales musicales. Es el caso de Reservoir Books un sello editorial que, por las características de su catálogo, encuentra un fácil acomodo en el ámbito de un evento musical. El sello editorial incluye numerosos títulos de temática musical, biografías, y cómics, cada vez más cómics. Títulos potencialmente interesantes para los asiduos a festivales. Así por ejemplo, la editorial ha contado con estand el festival barcelonés de Cruïlla.

Uno de los más recientes lanzamientos del sello Reservoir Books: un libro que mezcla la crónica de las giras de bandas omnipresentes del panorama festivalero con una guía de viajes gastronómica por nuestro país.

 

Otra editorial que publica obras susceptibles de captar el interés del público festivalero es Blackie Books. El sello editorial que mejor ha sabido conectar con la escena indie, hipster o _______ (póngase la etiqueta que mejor convenga): ha sido sin duda esta editorial fundada por Jan Martí, también casualmente fundador del grupo de música Mendetz.

«La cultura vende» que concluía un artículo de hace dos años en el portal de la Asociación de Promotores Musicales sobre el aterrizaje de las editoriales en los festivales de música. Y si vende en el caso de las editoriales: ¿por qué no va a ‘vender’ en el caso de las bibliotecas? Con el mapa tan abigarrado de eventos musicales con que contamos en nuestra geografía difícil será que no nos pille algún festival cerca de nuestra biblioteca. Si nos fijamos en los ejemplos de editoriales que hemos mencionado (Reservoir Books y Blackie Books): ya tenemos pistas de por dónde pueden ir los tiros a la hora de abrir vías de colaboración bibliotecas-festivales de música.

 

La novela de Elisa Victoria uno de los últimos éxitos de Blackie Books.

 

Partimos de que en la mayoría de los casos las mismas administraciones de las que dependen las bibliotecas son las implicadas en dar los permisos y ceder espacios, e incluso, partidas presupuestarias (y aquí correremos un tupido velo sobre la posibilidad de que esas inversiones en macro eventos de dos/tres días hayan ido, en algún caso, en detrimento de la cultura de base que son las bibliotecas): para abrir un posible vía de persuasión cara a los políticos de la conveniencia de que las bibliotecas también estén presentes en los festivales.

Pero volviendo a las pistas que nos daban los catálogos de Reservoir Books y Blackie Books: ¿en qué tipo de obras nos interesaría más centrarnos de cara a un festival de música? La respuesta surge sola: en los cómics y fanzines.

Partiendo de la posibilidad de tener un estand de la biblioteca en el espacio cultural del festival: lo más factible sería aprovechar ese espacio para difundir la oferta de la biblioteca pero no quedándose en mero puesto de merchandising/publicidad. Habría que implicar a creadores locales que quisieran el escaparate del festival para difundir sus creaciones bajo la protección de la biblioteca.

 

 

A continuación lanzamos algunas ideas que, sin necesidad de retorcer muchos las cosas en busca de una originalidad forzada, podrían resultar altamente ventajosas de cara a la promoción de los creadores locales, al tiempo, que de la biblioteca en el festival. Dejamos aparte actividades paralelas del festival que pudieran desarrollarse en la biblioteca: para centrarnos en la presencia de la misma en el propio evento. Las actuaciones se concretarían en tres acciones y un posible bonus track:

  • A ritmo de viñetas: esta actividad cruza dos escenas creativas: la escena musical y la cantera de ilustradores y/o artistas urbanos con que cuente la localidad en cuestión. En numerosos festivales la oferta se distribuye entre varios escenarios que se especializan por diversas razones. El escenario principal donde actúan los nombres cabecera del evento; carpas o escenarios para música electrónica; o escenarios para actuaciones más minoritarias o que concentran a los grupos/solistas emergentes. Es en ese escenario, en el que desfilarán probablemente grupos locales, o alternativos, donde mejor se acomodaría esta actividad promovida por la biblioteca. Consistiría en una actuación paralela que relacione a los grupos de música con artistas locales. Mientras los grupos tocan, en la pantalla de fondo, se proyectaría lo que los autores de cómics o artistas urbanos estén dibujando en directo.
  • Electrónica gráficaprácticamente en todos los festivales (salvo los muy centrados en un solo estilo musical) la escena electrónica ha ganado presencia. Acompañar las sesiones de los DJ con proyecciones de imágenes es algo muy habitual: y ¿qué mejor que programar alguna sesión con proyecciones de montajes de imágenes que mezclen escenas de anime, adaptaciones de cómics al cine o la televisión, comic trailers, etc… integrados en un video montaje que muestre incluya imágenes promocionales de los servicios/colecciones de la biblioteca que más puedan interesar al público en cuestión? Electrónica gráfica o Biblioteca subliminal: porque el caso es ir dejando semillas visuales que calen, que asocien a la biblioteca al tipo de ocio hedonista y de disfrute que prima en estos eventos.

El cómic en forma de disco o el disco en forma de cómic de Luis Bustos. Una prueba más de lo bien que combinan música y cómic.

  • Fanzinoteca: propiamente éste sería el estand de la biblioteca en el festival. Aquí se ubicaría la publicidad más directa de la misma y en la que los autores de fanzines pudieran vender sus fanzines junto al merchandising que se pudiera crear para la ocasión. Con responsables políticos amplios de miras podría ser una pequeña fuente de ingresos la venta de camisetas, bolsas, materiales con publicidad de la biblioteca, etc… No iba a solucionar las carencias presupuestarias pero sí que ayudaría a sufragar posibles gastos generados por la participación de la biblioteca en el festival (contratación del personal por ejemplo).
  • Bonus track: junto al espacio de la biblioteca un mural con dibujos para grafitis y dibujos que el público podrá intervenir para expresarse. Fanzines en blanco para que puedan ser escritos/dibujados por los asistentes. Con lo que merezca la pena y se pueda rescatar del material intervenido se editaría un Fanzine Oficial por parte de la biblioteca.

Esbozos de posibles okupaciones bibliotecarias en eventos que congregan gran número de público que, en cada caso y circunstancia, se pueden adaptar según la idiosincrasia del festival, de la localidad y de la biblioteca en cuestión.

Y cerrar este post sin música sería un gran error. Aire libre, buen tiempo, buen ambiente y ganas de disfrutar (y en medio la biblioteca disasociando su imagen de un lugar de trabajo y/o estudio para potenciarse como local de ocio) y los indietrónicos MGMT para darlo todo.

Síguenos en:
error

Marina d’Or ciudad bibliotecaria

«un paraiso
perfecto, artificial, artificial
cien piscinas
y diez mil pisos
entre palmeras sinteticas que no hay que regar.»

 

Hace unos años el grupo autoprefabricado (como les gusta denominarse) Nancys Rubias, liderado por el frustrado aspirante a bibliotecario, Mario Vaquerizo: intentó que el complejo vacacional Marina D’Or les permitiera grabar el vídeo de su tema homónimo en la conocida ciudad de vacaciones.

Los responsables de dicho complejo o no supieron ver la oportunidad o sospecharon de las intenciones del grupo del mediático marido de Alaska: pero el caso es que se decantaron por dejarlo estar y no ceder sus espacios al grupo español.

Marina D’Or ya forma parte del imaginario popular español relativo al verano junto a Georgie Dann, las suecas, Benidorm, la paella, el chiringuito o el chulo piscinas. Ciudad de vacaciones. Si los símbolos de la España turística de los 60 han quedado en el imaginario colectivo como representaciones de esa España tardofranquista hecha de folclore y aperturismo; Marina D’Or también es posible que quede como símbolo de una época que surgió a raíz del boom urbanístico que arrancó en los 90 y que se alarga hasta nuestros días.

 

Carteles promocionando España como destino turístico en la década de los 60.

 

El concepto de ocio, vacaciones y urbanismo que representan Marina D’Or se dirige a un público familiar, y por lo tanto, a los niños. Hemos recurrido a su nombre para este post porque representa como pocos una idea del ocio y las vacaciones fácilmente asumible por cualquiera que haya visto, aunque sea distraídamente, su oferta en algún spot televisivo.

No está al alcance de todas las familias vivir veranos en entornos tan idílicos e iniciáticos como los de las películas Verano 1993 (2017) o Call me by your name (2017): decimos el entorno, no las historias que en ellas se narran. Y ni siquiera sabemos si muchos de los ‘tecnologizados’ niños actuales apreciarían demasiado esos veranos que tan idealizados tenemos los adultos.

 

La deliciosa serie de cómics franceses: Los buenos veranos de Zidrou y Lafebre.

 

Hacer un post veraniego sobre exquisitos hoteles con bibliotecas, destinos con trasfondo literario o rutas culturales de ensueño es demasiado obvio. Son los fenómenos de masas en los que hay que ejercitar una labor, minúscula pero constante, de intromisión para conseguir que esa perspectiva bibliotecaria (por llamarla de algún modo) se infiltre y termine apoyando ese Golpe de estado cultural en ciernes que poco a poco, gota a gota (de sudor), llevamos tiempo pregonando desde este blog.

En Marina D’Or, ciudad de vacaciones hay desfiles, espectáculos, balnearios, cines, parques acuáticos, concursos de misses, restaurantes, parques de atracciones y un variado muestrario de ofertas para mayores y pequeños que incluye, según su web, una biblioteca infantil. Bien está. Aunque, modestamente, desde aquí les sugeriríamos incluir también una biblioteca para los adultos.

El caso es que las vacaciones sean productivas. Que los niños tengan una actividad constante de forma que no les dé tiempo a caer en el temible aburrimiento y, de paso, den algo de tregua a los mayores. Ya habrá tiempo luego de tratarles la hiperactividad y los trastornos de atención aumentando las minutas de los consabidos especialistas.

 

 

Pero tampoco los adultos escapan a esa productividad que ha de tener el periodo vacacional para cumplir con los estándares de lo que se considera un ocio socialmente aceptado según los valores del momento. En la campaña publicitaria de una conocida agencia de destinos de viaje lanzan la pregunta de qué hacer una vez llegas al destino elegido: y proponen un listado de actividades según viajes a Roma, París, Londres, Nueva York o Tokio. (¿¿??)

Si del retrato firmado por un pintor local, del pater o la mater familias, por encargo que lucía en los salones de los 60; pasamos a la segunda residencia vacacional; los equipos de música o la televisión con sonido envolvente en pisos con paredes de papel para ostentar el ascenso social de una familia: hoy día esas exigencias pasan por viajar a destinos cuanto más exóticos mejor. Y así poder nutrir los relatos paralelos a la realidad que se registran en nuestras cuentas de Facebook o Instagram

 

 

En un post de Librópatas se rastreaban los antecedentes de la actual turismofobia en las novelas de Jane Austen. También Henry James hizo retratos nada favorecedores de los turistas estadounidenses de viaje por la Europa del finales del XIX.

En la localidad noruega de Flam, parada obligada de todos los cruceros que recorren los fiordos, no han dejado de surgir carteles y pintadas expresando la repulsa de los noruegos (e igual hasta de los no noruegos) al tráfico continuo de barcos de gran calado colonizando los fiordos.

Quien sueñe con perderse por los magníficos paisajes nórdicos para disfrutar de una naturaleza protegida por la Unesco, es mas que probable que se encuentre que en lugar del rumor del agua o el viento, su paseo se vea acompañado por el reguetón que marca el ritmo de las actividades que se desarrollan en la cubierta de cualquiera de los enormes cruceros que invaden la zona cada verano.

 

Marlene Dietrich rebosante de actitud a bordo del transatlántico Europa.

 

El cine clásico de Hollywood, como en tantas otras cosas, tiene la culpa de la idealizada imagen que tenían generaciones previas de lo que era un crucero.

Cary Grant y Deborah Kerr enamorándose a bordo de un selecto crucero en Tú y yo (1957) ; Bette Davis en La extraña pasajera (1942); Marlon Brando y Sophia Loren en La condesa de Hong Kong (1967), etc. En aquellos tiempos la llegada a los Estados Unidos de las estrellas europeas que iban a conquistar Hollywood siempre era a bordo de un transatlántico: así lo hicieron antes de que las escalinatas de los aviones les robasen el protagonismo: Greta Garbo, Marlene Dietrich o Ingrid Bergman. Claro que décadas después llegaría la serie de Vacaciones en el mar (Love boat) para preparar el terreno a nuestros días.

Del glamour de los cruceros que aparecían en las películas del Hollywood clásico a los cruceros temáticos sobre The walking dead de nuestros días.

Hoy día los enormes transatlánticos trasladan la eficacia de un bloque de apartamentos de Benidorm o de un hotel de Marina D’Or hasta alta mar. Y como en estos casos, hay que llenar el tiempo de actividades.

La línea de cruceros estadounidense American Cruise Lines ha lanzado su propuesta de cruceros temáticos para su temporada 2018-19 en la que incluyen cruceros temáticos sobre música del Mississippi, de Nashville, o sobre autores, como Mark Twain.

Los cruceros temáticos no son algo de ahora. Como ya recordaba un artículo en El País, en 2006, los primeros se remontan a los cruceros con fines arqueológicos por el Nilo en el siglo XIX. En dicho artículo se recogían propuestas del momento como: cursos de idiomas o literatura inglesa auspiciados por la Universidad de Oxford en el viaje Barcelona-Nueva York a bordo del Queen Mary 2, un barco con una biblioteca de 8000 o una filmoteca con 3000 películas, y en el que además se hacía talleres de escritura, seminarios de astronomía o de arquitectura o arte.

 

 

En cuanto a España, el artículo de El País de hace doce años ya decía que lo de cruceros temáticos no acababan de cuajar, y en este 2018, según el mismo medio, parece que sí se han asentado: pero sin recurrir demasiado a las estimulantes propuestas que ofrece el Queen Mary 2. Star wars, camareros robots, gourmets, locos por los 80, Bollywood… son algunas de las propuestas para esta temporada.

Nosotros, dada nuestra vocación de servicio, retomamos el tono que utilizamos hace un año en Turoperador bibliotecario: recuperando la idea de «agencias de viajes bibliotecarias como nuevo servicios para quienes quieran salirse del redil». En el ámbito de los cruceros se nos ocurren numerosas temáticas a tener en cuenta.

 

Ingrid Bergman en Stromboli (1950) de Roberto Rossellini: otra posible inspiración para un crucero temático por el Mediterráneo.

 

Lunas de hiel (1992) de Polanski: transcurre en un crucero pero no parece la más adecuada para inspirar unas vacaciones apacibles en pareja.

Crucero Lord Byron por las islas griegas con escalas en Safo y actividades en torno a la obra de Cavafis ; crucero Stevenson por el Caribe con escalas en la Cuba de Hemingway o en el Puerto Vallarta de Tenesse Williams en La noche de la iguana; crucero Jack London por el Ártico; crucero Patrick O’Brian por costas sudamericanas; crucero Terenci Moix por el Nilo; cruceros Joseph Conrad tanto por costas africanas como asiáticas… Y si ampliamos a referentes cinematográficos o musicales entonces la cosa nos daría para una serie completa de posts decididamente temáticos.

Pero no era esa la idea. El empeño por infiltrar referentes culturales en las ofertas de ocio y tiempo libre es una contrapartida o una compensación. Muchas bibliotecas se esfuerzan, cada vez más, en no parecer bibliotecas para quitarse el lastre, la imagen, que pese a tantos esfuerzos, las sigue asociando a lo aburrido. De ahí que algunas estén pareciéndose cada vez más a parques de atracciones bibliotecarios.

 

Biblioteca Poplar en Pekín.

 

Según el decálogo de Faulkner-Brown, arquitecto que orientó su carrera a la construcción de bibliotecas, y sigue siendo un referente en este campo: el edificio de una biblioteca debe ser flexible, fácilmente adaptable, accesible, confortable, y muchas cosas más.

Las bibliotecas con las que cerramos el post (y el blog hasta septiembre) no sabemos si cumplirán a rajatabla los mandamientos de Faulkner-Brown, pero resultan muy oportunas para la permeabilidad que promueve este post: de las ciudades del ocio a las ciudades bibliotecarias en un viaje de ida y vuelta.

Y luego ya que cada uno se lo monte como quiera: viajando, quedándose en casa sin necesidad de aparentar nada, o cultivando ese exquisito aburrimiento, perdiéndole el miedo a no hacer nada productivo, que defiende Andrea Köhler en su último libro, como paso necesario para que pueda ocurrir algo maravilloso.

 

Biblioteca del resort Soneva Kiri en Tailandia, con jaula suspendida en el aire para niños.

Biblioteca-árbol en el Regent Park de Londres.

La biblioteca-árbol del Regent Park de Londres vista desde abajo.

Biblioteca en un orfanato en Tailandia.

Biblioteca de un hogar en Austin (EEUU), un asiento colgante permite acceder a las partes más altas de las estanterías.

Otro plano de la Biblioteca Polar de Pekín.

Síguenos en:
error

Nunca ‘Game over’ en la BRMU: crónica de la locura por los videojuegos en una biblioteca

 

Este post rompe lo que ha sido la tónica habitual en este blog desde que, hace dos años y medio, me hiciera cargo de él. Para empezar se apea del plural (mayestático o de modestia: que cada uno lo juzgue) usado hasta ahora para recurrir a la primera persona. Algo que me resulta algo incómodo, no por falsa modestia (algo que no soporto), sino por la costumbre a usarlo durante los años que llevo gestionando las redes sociales de la Biblioteca Regional de Murcia (BRMU). Me ha permitido siempre una cierta distancia saludable escudándome, primero, tras la institución, y ahora en este blog, tras la empresa Infobibliotecas. Pero aquí no procede.

 

 

Interesante estudio colectivo sobre historia y videojuegos. El videojuego como objeto de estudio académico a semejanza de, como en los 60, figuras como Umberto Eco se acercaron al cómic para analizarlo.

Contar lo que hemos montado en la BRMU del 9 al 12 de mayo en torno a los videojuegos requiere primera persona para transmitir mejor lo que ha supuesto empecinarse en que los videojuegos entrasen definitivamente en la BRMU.

Partimos Parto de que en ningún momento se cuestionó lo idóneo o no de que los videojuegos estuvieran en la biblioteca: simplemente tenían que estar. Dejamos aparte los debates sobre lo violento de los videojuegos, sobre si son arte o no, sobre si son cultura o no. Opiniones hay para todos los gustos. Pero después de 15 años al frente de la Comicteca de la BRMU sé lo que es empeñarse en que una manifestación cultural denostada por muchos (bibliotecarios incluidos), y durante mucho tiempo, empiece a evolucionar y a ser admitida/consentida por «el canon cultural respetable».

Como sabiamente decía Antonio Resines en una película de los 90: «la televisión atonta a los que ya son tontos, y vuelve más inteligentes a los que ya son inteligentes«. Una máxima aplicable a la televisión tanto como a las redes sociales, los cómics (en los 50 los quemaban en EE.UU. por inducir al delito), el cine (una vulgar atracción de feria para los intelectuales decimonónicos), o en este caso, los videojuegos.

 

Quemas públicas de cómics en la década de los 50 en EE.UU. a raíz de las teorías del psiquiatra Fredric Wertham que sostenía la tesis de que los cómics impulsaban a la juventud a la delincuencia.

 

Salva Espín dibujante de la Marvel.

Si la Comicteca de la BRMU siempre la he vendido como una «línea de agitación cultural» que abriese a la biblioteca a todos los colectivos posibles: los videojuegos eran el siguiente ámbito a explorar. Y gracias a la coordinación con el dibujante murciano, Salva Espín, que trabaja para la Marvel (actualmente es uno de los dibujantes del superhéroe tan de moda: Deadpool): se empezó a gestar lo que iba a ser el empujón definitivo a los videojuegos en la BRMU.

Cuando la industria del videojuego factura más que la industria audiovisual, instituciones como el MoMA lo ha incluido en sus colecciones, el Museo del Prado organizó recientemente un taller  para la creación de un videojuego; y además tiene unas perspectivas de empleo muy prometedoras: la duda no era si debían, o no, estar: sino de qué manera iban a estarlo. Y de ahí surgió uno de los eventos más ambiciosos en el que se ha implicado la BRMU: el GameMaker 48h. + Expo Arcade rograma completo aquí].

 

 

El evento arrancó el día 9 de mayo con la inauguración de Expo Arcade («Videojuegos históricos Arcace 80-90»): 10 máquinas recreativas con videojuegos clásicos de los 80 y 90 para jugar gratuitamente ubicadas en la sala de exposiciones del centro. Una sala de exposiciones convenientemente maqueada para recordar a uno de esos salones recreativos de los 80. Pósteres, imágenes y afiches que, a cualquiera que supere los 40, le remitían directamente a uno de esos recreativos o a un videoclub ochentero por la estética. En las vitrinas cintas de VHS, gadgets retrofuturistas, hardware de las máquinas, revistas, libros y cómics relacionados.

Ya de por sí disponer gratuitamente de un salón recreativo con diez máquinas de los años 80 en perfecto funcionamiento era un reclamo. Si la nostalgia vende, no íbamos a dejar de aprovecharnos. Pero la cosa se fue ampliando. La industria del videojuego en Murcia se está desarrollando y conseguir que la BRMU se convirtiera en su punto de referencia para relacionarse, promoverse y publicitarse ha sido un trabajo que está dando sus frutos.

 

Madres absortas en un mano a mano con los videojuegos de un infancia.

 

Cartel de uno de los torneos. Empresas murcianas aprovecharon para testar sus videojuegos en el GameMaker48h. instalando Playstation de manera totalmente gratuita.

Al evento se fueron sumando empresas, instituciones docentes, o comercios relacionados con el mundillo que, de repente, descubrieron que la biblioteca era un espacio idóneo para mostrar sus productos o promocionar sus programas educativos.

La BRMU busca su colaboración para venderse como centro cultural; y esos sectores, creadores o empresas, la descubren como la mejor valla publicitaria de sus productos, servicios y productos.

¿Algún problema porque el sector privado entre dentro de una institución pública? Ninguno. La única limitación es que aporten algo a cambio de usarla de escaparate (no como punto de venta) y que sus intereses y los de la biblioteca converjan. Y cuando se ha hecho coincidir, en el pasado, los intereses de centros de belleza y estética con el fomento de la cultura: ya casi cualquier sector puede convertirse en objetivo.

 

Pero dejo para otro momento batallitas del pasado y me centro en lo que estaba. En los eventos sobre videojuegos lo habitual es que el público sea mayoritariamente joven e infantil. Pero en la biblioteca estas empresas e instituciones llegaban a públicos de todas las edades. Los adultos atraídos por la nostalgia Arcade de los videojuegos de su juventud; los jóvenes y niños atraídos por los equipos instalados en la sala circular adyacente a la Expo Arcade.

Desde equipos para hacer torneos con eSports dispuestos por el Game Center de la UCAM (Universidad Católica de Murcia) que lleva apostando fuertemente por incluir el diseño y programación de videojuegos en su oferta educativa; hasta consolas Playstation para demostraciones de videojuegos desarrollados por empresas locales que así podían testarlo con público real; pasando por una empresa de sillones ergonómicos para gamers que proveyó el espacio con sus asientos representando así el presente y futuro del panorama de los videojuegos en un mismo espacio.

 

Detalle del espacio en el que se concentraban los videojuegos más actuales.

 

Pero lo realmente interesante más allá del lado lúdico del evento (que ya de por sí sería más que suficiente): fue la organización paralela de un Game Maker 48 h. O lo que es lo mismo: desarrollar en vivo y en directo, en el salón de actos anexo a la sala de exposiciones, un videojuego de inspiración bibliotecaria: «Palas, guardia del saber».

 

Palas, guardia del saber en pleno proceso de creación por Juan Castaño.

 

El videojuego no podía ser muy complejo para poder desarrollarlo, en directo, en solo dos días. Pero era suficiente para mostrar a todo el que estuviera interesado el proceso de diseño, programación, animación, sonorización y acabado de un videojuego. Mientras en una pantalla al fondo del escenario se asistía a su desarrollo, cada hora, se impartía una conferencia sobre diversas temáticas: desde introducción a la programación, pasando por charlas sobre cómo ganarse la vida con los videojuegos, composición musical para videojuegos, introducción a la animación digital o una conferencia a cargo de ‘Hobby Consolas’ (la revista referente del sector) sobre la evolución de los videojuegos.

Este programa atrajo tanto a estudiantes de institutos como a jóvenes universitarios que querían conocer de primera mano las opciones que ofrece este mundo como salida laboral; además de profesionales del sector como a público en general. El GameMaker48 h. era el complemento cultural y formativo ideal a la diversión contigua que ofrecía el salón de videojuegos.

 

En pleno desarrollo, en vivo y directo, del malvado Lepisma enemigo de Palas, guardia del saber: ambos diseños de Juan Castaño.

 

La encantadora lechuza creada por el genio de los efectos especiales, Ray Harryhausen, para la primera versión de Furia de titanes (1981).

El videojuego resultante se podrá descargar en breve desde la cuenta de Google Play de la BRMU de forma gratuita. En su diseño y temática teníamos claro que el mundo bibliotecario tenía que estar presente.

El artista Juan Castaño fue el encargado de diseñar, con su estilo tan personal, al personaje protagonista del juego: Palas, guardia del saber, y a su enemigo: el Lepisma.

Palas, la lechuza robot se eligió por representar la sabiduría clásica que siempre se ha identificado con las bibliotecas por inspirarse en la lechuza que acompañaba a la diosa griega de la sabiduría: Palas Atenea. Y su condición de robot remite a la sabiduría más del presente y el futuro: la Inteligencia Artificial.

El mecanismo del juego es sencillo: Palas debe ir sorteando los obstáculos que le presenta el malvado de la función: un lepisma monstruoso. Desplazándose entre mesas, estanterías y documentos de la biblioteca: Palas caza monedas con los logotipos de varios de los servicios que ofrece la BRMU, para así, ganar los puntos suficientes (la sabiduría) que le llevará a ganar el juego.

 

Algunos de los logos de servicios de la BRMU que se convierten en las monedas que Palas debe atrapar en el videojuego para «alcanzar la sabiduría».

 

Tras la intensa semana en que se desarrolló el GameMaker48h+Expo Arcade en la BRMU no sé si alcanzaremos la sabiduría como Palas pero sí que hemos podido comprobar que merecía la pena el esfuerzo. Cerca de 4.000 visitantes acudieron durante los cuatro días centrales del evento a la biblioteca. Estudiantes, profesionales, familias enteras, empresas, colegios, profesores, y lo más destacable, público que raramente ven a la biblioteca como una opción de ocio y formación más allá de sus obligaciones académicas.

Esto último es una de las consecuencias más gratificantes de montar eventos que intentan salirse de lo habitual: constatar que público no habitual acude a la biblioteca una vez han pasado. Que la redescubre (o descubre en algunos casos) tras acudir a una actividad que entra dentro de sus intereses.

 

 

Algún ejemplo cercano ha sido la mesa redonda: «Cómics más allá del género» que, días después, convirtió en usuarias habituales de la biblioteca a mujeres transexuales que se interesaban por las obras que la artista transexual Roberta Marrero citó en dicha charla.

También ha pasado con el concierto de rap que los artistas Piezas&Jayder dieron dentro del evento: «Comicteca en rap»: que evidenció las estrechas conexiones entre literatura y hip hop.

Y confío en que siga pasando con los aficionados/profesionales de los videojuegos, que de hecho, ya han manifestado su interés en futuras colaboraciones. Una primera anécdota que lo reafirma ha sido la llamada de dos personas interesadas en que les diéramos los contactos de las empresas que han participado en el evento para presentar su currículum.

 

Unas semanas antes del GameMaker48h. la asociación internacional Girls make games (cuyo objetivo es promover el interés de las niñas por dedicarse al sector de los videojuegos donde la presencia femenina es muy minoritaria): impartió un taller para niñas.

 

Hasta aquí el relato de un caso de éxito. Al hilo de contarlo en este post me ha venido a la  memoria el interesante artículo que Evelio Martínez publicó en su blog Sobre bibliotecas y los casos de éxito, hace unos meses, y el certero comentario que Rafael Ibáñez Fernández hacía sobre la imposibilidad de extrapolar determinados casos de éxito a ámbitos diferentes. Y como no quiero incurrir en eso que criticaba yo mismo hace poco en Biblioteca con subtítulos sobre leer blogs de temática bibliotecaria y que se parezca a leerse el ‘¡Hola!’ (bibliotecas ideales en una realidad muy alejada de la mayoría de bibliotecas): reconozco que no todas las bibliotecas pueden abordar un evento como el GameMaker48 h.+Expo Arcade.

Bien sea por cuestiones presupuestarias, de personal (aunque en nuestro caso, implicados a tiempo completo, solo hemos sido dos bibliotecarios), de espacios, equipamientos y recursos. Pero también es cierto que las bibliotecas, en general, «caen bien» (los bibliotecarios ya depende de cada uno). Por eso buscar alianzas en nuestro entorno más cercano casi siempre es factible.

 

 

Siempre hay talentos locales a los que intentar atraer. El valor más importante es el de ser escaparate, el de atender a un público heterogéneo y diverso, el de esa cierta «respetabilidad» (de la que tantas otras veces he abjurado en este blog) que persiste en el inconsciente colectivo. Valores que siempre es posible explotar de algún modo para dinamizar nuestros centros.

En definitiva la pregunta tópica que tanto repiten los entrevistadores: ¿qué es el éxito? Y la respuesta, que por repetida, no dejar ser cierta: dedicarse a algo que te motive en la medida de tus posibilidades.

 

 

Síguenos en:
error

Bibliotecas cazadoras de talentos

 

Kendrick Lamar se convirtió, hace unas semanas, en el primer rapero en ganar un Pulitzer. Hace 16 años la novela gráfica Maus de Art Spiegelman se convirtió en el primer cómic en ganar un Pulitzer. ¿Acudirán a partir de ahora usuarios, que en su vida han oído hip hop, a las bibliotecas solicitando discos de Lamar?

 

El disco de la década para muchos medios especializados: Damn (2017) de Kendrik Lamar.

 

Joaquín Sabina, cantautor siempre asociado a lo callejero, se ha acercado en varias ocasiones al rap. Con Manu Chao en concreto hizo un irónico tema bajo el título ‘No soporto el rap

La demanda de Maus por usuarios de bibliotecas que jamás leerían un cómic si no fuera porque lo vieron recomendado en su suplemento cultural de cabecera: es un hecho contrastado. Lo de Lamar es más difícil. No porque sea hip hop, ni porque el aura que pueda otorgar un Pulitzer haya perdido fuerza, más bien porque los préstamos de grabaciones sonoras en bibliotecas están en caída libre, y la música, se consume mayoritariamente en streaming.

Pero no estamos aquí para hablar (de nuevo) de prejuicios culturales. Que un premio prestigioso legitime formas de la cultura popular dejándoles la puerta de servicio entreabierta del canon de lo que hay que leer-escuchar-mirar-observar: es algo que la profesión bibliotecaria debería tener superado desde hace mucho. Pero no es así. Pese a ser profesionales de la cultura, los prejuicios, les afectan a los bibliotecarios como a todos. Tampoco vamos a obviar que la brecha generacional en muchos casos juegue a la contra.

 

Lola Flores, precursora del rap incluso antes de que se inventase.

 

El cómic, recién publicado en nuestro país, sobre la historia del hip hop: Hip hop family tree de Ed Piskor.

El hip hop nació callejero, ha ido mutando en garitos, salas de conciertos y periferias de las grandes ciudades. Y ahora, definitivamente, reivindica su lugar en las bibliotecas. Puede que los propios hiphoperos no sean consciente de ello: pero por eso deben serlo los bibliotecarios.

Y quien dice hip hop, dice rock, punk, electrónica, folk, clásica, jazz, pop o, ¿por qué no?, reguetón. Es lo que hace la Biblioteca del Condado de Hennepin en Minnesota a través de su plataforma MnSpin.

Minnesota cuenta con una rica escena musical, y la biblioteca, ha creado una plataforma para que los músicos locales puedan difundir su trabajo y llegue directamente al público.

En Bibliotecas indies, bibliotecas mainstream ya hablábamos de herramientas como Self-e de autoedición, que gracias a recurrir a las bibliotecas como vías de distribución, estaban consiguiendo que muchos escritores desconocidos fueran haciéndose con un público cada vez mayor. Con casos como el de Hugh Howey, autor de la serie Wood, que consiguió vender más de dos millones de libros gracias al apoyo inicial por parte de las bibliotecas.

 

 

MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin aspira a lograr algo similar con el talento local. En nuestro país tenemos antecedentes tan estupendos como la Biblioteca-Rockoteca de Peralta (Navarra) que lleva desde 2012 engrosando una de las colecciones más completas sobre rock, organizando conciertos y diversas actividades en torno a la música. El ejemplo de la biblioteca estadounidense es un paso más en este sentido que comparte con otras bibliotecas (las de Seattle, Portland y Nashville) al ofrecer la posibilidad de descargar gratuitamente, a todo el que tenga carné de biblioteca, la música de los artistas locales de cualquier estilo o tendencia.

Una vez al año, se abre el plazo para que nuevos artistas envíen su trabajo a la consideración del comité de expertos, que selecciona lo que va a subirse a MnSpin. Y no solo difunde, también se les ayuda con 200 dólares para que puedan producir sus grabaciones.

 

Shreya Preeti ha subido su álbum ‘Entrance’ a la plataforma MnSpin de la Biblioteca del Condado de Hennepin y ha conseguido difusión y financiación.

 

Bibliotecas-editoras, bibliotecas-discográficas, y ahora: Bibliotecas cazadoras de talentos. Suena demasiado ambicioso pero si el mercado barre a pequeñas editoriales y sellos de discos: ¿por qué no van a compensar las bibliotecas ayudando a proteger la libertad creativa de discursos que pueden ser inicialmente minoritarios?

El amado/odiado disco de C Tangana.

Es obvio que con Youtube y demás plataformas digitales muchos de los artistas actualmente super ventas tuvieron un estupendo trampolín (Ed Sheeran,  The Weeknd, o más cerca, Pablo Alborán).

Pero las bibliotecas pueden aportar un criterio a la hora de seleccionar y ofrecer esa confianza que tanto se alaba cuando se habla de comercios de proximidad versus grandes superficies comerciales.

 

El controvertido C Tangana, ídolo del hip hop patrio, que está empeñado en cuestionar el mundo musical a través de sus actitudes, campañas publicitarias y conciertos. ¿Verdad o timo? como suele plantear la web especializada Jenesaispop.

 

Pero si hay un género, junto al heavy, que moviliza a grandes sectores de juventud pero no recibe el apoyo de la industria: ese es el hip hop. Entre la invasión electro-latina y los clichés del indie parece como si no quedase espacio para más. Pero sí lo hay: las bibliotecas.

Los raperos son el equivalente a los cantautores de los 70 en nuestro país. Los cantautores bebían de la chanson francesa  y los raperos patrios puede que beban de los MC estadounidenses en música, actitudes y discursos: pero hablar de limusinas, pibas, dinero, pistolas y mansiones resulta un tanto impostado (por no decir ridículo). Por eso a la hora de rimar tiran más de referentes literarios y cinematográficos, que los separan de sus modelos yanquis, y los acercan a las bibliotecas.

 

En 2005 con motivo del centenario de la BNE el rapero Zenit participó en un espectáculo en las puertas de la Biblioteca con bailarines de breakdance en el que se rapeó El Quijote.

 

La aclamada trilogía de Virginie Despentes, en la que parte de la figura de un roquero en decadencia, para hacer una cruda crónica de la sociedad francesa actual, y por extensión, de la sociedad occidental.

El rock ha muerto, el punk ha muerto, el grunge ha muerto, el acid house ha muerto, el reguetón ha muerto…al igual que todo nombre de famoso si se busca en Google te sugiere que es gay: todo género musical tiene o ha tenido la coletilla «ha muerto» aplicada en numerosas ocasiones. Otro tanto dicen del hip hop (para así dejarle sitio al trap) pero no lo parece cuando figuras como C Tangana dominan las listas con su propuesta rapera cuestionando la fama mientras se va haciendo más y más famoso.

El hip hop se alimenta de rimas, y letras, letras muchas letras. «Los poetas olvidados» como denominaba a los raperos españoles un artículo de la revista cultural digital ‘Le Miau Noir’. Violadores del versoMala RodríguezSFDKZenit, la malograda Gata Cattana, Lechowski, Sharif Fernández, Los chicos del maíz, RapsuskleiPiezas, etc… son muchos los intérpretes de rap españoles cuyas letras son la poesía de más de una generación. Viene siendo un recurso habitual por parte de profesores de secundaria, explotar las concomitancias entre rap y poesía para atraer a sus alumnos hacia la lectura: ¿y las bibliotecas?

No hacía falta que le dieran un Pulitzer a Kendrick Lamar para que la conexión biblioteca-hip hop se formalizara. Tienen demasiados puntos en común como para no aprovecharlos. La biblioteca freestyle es la biblioteca del futuro, que es presente, la biblioteca que improvisa y no tiene miedo a equivocarse, a trastabillar y experimentar con las bases (de lo que es una biblioteca), ni con las rimas (porque –teca rima ya con todo: no solo con libros).

 

 

Piezas dedicó un tema a Holden Caulfield, el personaje que ha devenido en estereotipo del inconformismo juvenil, que protagoniza El guardián entre el centeno. Piezas trabaja de mozo de almacén en Barcelona entre semana, y los fines de semana, se convierte en una de las figuras mas respetadas en el circuito de hip hop junto al, productor y DJ, Jayder. Un rapero que titula un disco Melancholía (2015) por la película de Von Trier, dedica un tema al libro de Salinger, declara su amor a Nietzsche, e inspiró otro tema en la novela Tokio blues de Murakami. No le hacen falta más credenciales para cerrar este post refrendando todo lo dicho.

 

Síguenos en:
error

Mamá quiero ser youtuber…(de biblioteca)

 

Entre «Enamorado de la moda juvenil» de Radio Futura » y «mala mujer, me han dejado cicatrices por todo mi cuerpo tus uñas de gel» de C. Tangana: distan 37 años. En muchos casos los mismos que separan a los potenciales usuarios jóvenes de las bibliotecas y un gran porcentaje de los profesionales que trabajan en ellas (aún más después de la falta de relevo generacional que ha provocado la crisis que estalló en 2008). Y esa brecha generacional pasa factura a la hora de idear proyectos y actividades que puedan despertar el interés de muchos de esos jóvenes que son incapaces de disociar biblioteca de sala de estudio.

 

 

El actor y humorista Berto Romero concedía una entrevista a cuenta del estreno de su serie ‘Mira lo que has hecho’ en ‘Fotogramas’. En ella Romero, de 43 años, hablaba de la ruptura que han supuesto los youtubers: «entre mis coetáneos puedes ver ecos de Faemino y Cansado, de los Monty Python […] y en los youtubers no hay influencias. Han inventado un lenguaje nuevo, y eso puede compararse con las relaciones paternofiliales«. Tal vez algo exagerado, pero no menos cierto, y más viniendo de un integrante de una de las generaciones culturales más abusonas que se recuerdan.

Buscando en el baúl de los recuerdos, una y otra vez, para seguir generando negocio a falta de ideas nuevas.

El crítico de cine Roberto Morato en la crítica que de la película que sobre la serie de anime de los 70, Mazinger Z, hacía en la revista ‘Dirigido’ definía perfectamente ese abuso cultural de los que nacieron entre las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado: «nostalgia capitalizada para una nueva generación que seguirá visitando las ruinas del pasado como museo de un presente que les debería pertenecer.» Esas generaciones que por ser las primeras amamantadas por la televisión, los primeros videojuegos y el cine de efectos especiales no paran de revisitar su adolescencia y de regurgitarla, una y otra vez, para consumo de sus herederos. Por eso, pese a que el fenómeno youtuber desconcierte a partir de los 35 en adelante, es algo propio de las nuevas camadas culturales y se les debe respetar. Y a continuación, bibliotecariamente hablando, explotar.

 

Beavis & Butthead, en los 9, o Jackass (ambos en la MTV) ya dieron el pistoletazo de salida a ese humor estúpido que ahora se perpetúa en tantos youtubers.

 

El libro Mamá, quiero ser youtuber, publicado en 2016,  que daba «todas las claves para entender el fenómeno que ha venido para quedarse» (según reza su subtítulo) no hablaba directamente de ElRubius, el más célebre de los youtubers de nuestro país, pero sí había sido escrito por dos de sus colaboradores, con lo cual su alargada sombra estaba más que presente. Puede que ElRubius ni sepa que el título del libro sea una apropiación del título de un musical de Concha Velasco. Los referentes del pasado más inmediato no son el fuerte de una generación que (como todas por otro lado) cree estar inventando el mundo. Pero al fin y al cabo a lo que aspiran estos jóvenes es a ser los chicos yé-yé de su tiempo.

Si en el 2000, la irrupción de los realities en televisión fue el primer paso: en 2005 con la llegada de Youtube la capacidad adivinatoria de Warhol respecto a la fama en los tiempos venideros quedaba fuera de todo duda. Pero como el artista neoyorquino también sabía: toda fama conlleva grandes servidumbres.

ElRubius, Auron Play, Vegetta777 o Andrea Compton, por citar a algunos de los que más seguidores acumulan, se acercan peligrosamente a la treintena. Los niños prodigio del cine del siglo XX (Shirley Temple, Macaulay Culkin, Marisol o Joselito) vieron languidecer el fulgor de sus estrellas conforme fueron creciendo; otros se adaptaron y consiguieron proseguir sus carreras (Liz Taylor, Rocío Durcal, Ana Belén, o más recientemente, Daniel Radcliffe): ¿sucederá algo similar con los youtubers?

Es un fenómeno demasiado nuevo para predecir su evolución. El alargamiento de la adolescencia y primera juventud en Occidente les ha permitido llegar peligrosamente cerca de la treintena: pero superada esa frontera ¿podrán seguir conectando haciendo el chorra en sus vídeos? ¿el ageism (discriminación por edad) no les sentenciará igual que sentencia a las estrellas del pop?

 

Si hasta la hermana Irene del convento carmelita de La Granja (Segovia) se ha hecho youtuber para atraer vocaciones: ¿pueden permitirse las bibliotecas el lujo de pasar de Youtube?

 

Loulogio de youtuber pionero en nuestro país a autor de cómics.

Loulogio, un pionero en nuestro país, ha anunciado recientemente que lo deja a los 34 años. Su éxito en los albores de Youtube haciendo doblajes chistosos de anuncios cutres de Teletienda le llevó a ser colaborador en programas de humor de Buenafuente o a convertirse en una estrella de los monólogos de humor. En su trayectoria como youtuber se apreciaba una evolución: de la Batamanta o el pajilleitor (que lo situaron en el mapa) a vídeos analizando la obra de artistas como Dalí, El Bosco o Miguel Ángel mucho antes de que ‘Playground’ diera una muestra de cómo gamificar nociones de arte e historia, conjuntamente, en su vídeo sobre Las Meninas a ritmo de trap.

Loulogio deja Youtube y los monólogos para volcarse en su gran pasión: los cómics. Pero en su marcha ha hecho una reflexión sobre los juguetes rotos que Youtube dejará inevitablemente por el camino: y lo hizo en una biblioteca. Fue el pasado 27 de febrero en un Duelo entre youtubers en la Biblioteca Regional de Murcia que Loulogio y Bamf, un booktuber o más exactamente un comictuber, reflexionaron sobre el incierto futuro que les espera a muchos de los protagonistas del fenómeno. Es lógico, toda moda pasa, pero lo más interesante fue el vaticinio que hizo Loulogio: que el futuro de los youtubers puede que pase por los booktubers.

 

Loulogio y Berto Romero envueltos en la célebre batamanta en el programa de Buenafuente.

 

Adentrarse en la madurez grabando vídeos mientras se juega a videojuegos o se llevan a cabo desafíos tontos: no parece que tenga mucho futuro. Pero ejercer de prescriptores (de libros o de cualquier otra cosa)  no parece tan sujeto a las exigencias de la edad. ¿Es posible imaginar que los nuevos Jordi Costa, Carlos Boyero, Manuel Rodríguez Rivero, Estrella de Diego, Álvaro Pons (por mencionar a algunos de los críticos de referencia en diversas disciplinas) surjan de Youtube en vez de los medios más tradicionales? Tal y como evoluciona todo nada es descartable. Pero como señalaba el programa que Página Dos dedicó a los booktubers el pasado diciembre: «muchos booktubers aspiran a profesionalizarse» y las editoriales lo tienen claro van a por ellos. Pero ¿y las bibliotecas?

En Egobiblio: narcisismo y bibliotecas en la era del selfie ya lanzábamos a mediados de 2016 la pregunta de ¿para cuándo las bibliotecas de nuestro país iban a imitar a las algunos países de Sudamérica en los que los concursos de booktubers convocados por bibliotecas era ya una práctica cada vez más habitual? Cerca de dos años después ya se han dado los primeros pasos.

 

 

Desde junio de 2017 se ha puesto en marcha el canal BiblioTubers de la Red de Bibliotecas Públicas Municipales del Ayuntamiento de Madrid. Desde la Biblioteca de Portazgo en Puente Vallecas, la bibliotecaria Diana Mangas Pozo, anima a sus seis aprendices de booktubers que comentan los libros que previamente han leído en el club de lectura orientado para jóvenes de entre 11 a 14 años que organizan en su centro.

En mayo de 2017 la biblioteca de Ciudad Real lanzó su primer concurso para encontrar el mejor booktuber entre los jóvenes de los centros educativos de la provincia. La booktuber Esmeralda Verdú fue la encargada de impartir talleres sobre cómo recomendar lecturas a través de Youtube orientados a los menores interesados en participar. Y hace tan solo unos días se ha lanzado la II edición del concurso de Booktubers de Ciudad Real. En esta ocasión la booktuber encargada de impartir los conocimientos necesarios para convertirse en prescriptor, vía Yotube, será Yaiza Jara.

 

 

Las colaboraciones entre bibliotecas y booktubers se van afianzando cada vez más. En Hellín (Albacete) la Red de bibliotecas públicas municipales ya ha celebrado varios encuentros con booktubers dentro del proyecto Lectibe. Esmeralda Verdú, May Ayamonte y Yaiza Jara han participado hasta el momento con gran éxito de convocatoria.

 

 

Youtube ha venido para quedarse y las bibliotecas pueden ser el refugio ideal para esos jóvenes que llevados por sus pasiones se asomen a la ventana digital y quieran mantener su independencia pese a soñar con profesionalizarse. Los ardides para atraerlos dependerá de la habilidad de los profesionales de las bibliotecas; pero sobre todo de su falta de prejuicios y de la ausencia de paternalismos culturales. Bibliotecarios-vampiros en busca de sangre joven o bibliotecarios-esponja dispuestos a mantenerse al día incluso en asuntos que a priori no les interesan: que cada uno elija la figura con la que más se identifique pero que nadie se quede fuera del juego.

 

Síguenos en:
error

Amor, pedagogía…y drag queens en bibliotecas

Que las redes sociales están llenas de tarugos es tan cierto como que este texto ya estaba a medio cocer hace unos días. Y la actualidad, tan caprichosa como siempre, ha querido cargarlo de vigencia.

La obviedad de los tarugos en red viene a cuento de los tuits que han florecido a raíz del articulo en la revista Tiempo en el que se desvelan los gustos culturales de una niña de 12 años. Que esa niña sea la heredera al trono de España, pese a ser el motivo por el cual sus gustos son noticia, no es lo importante. Lo que llama la atención (por recurrir a una frase hecha, porque en realidad no resulta sorprendente): es lo que subyace tras las bromas y chanzas, de no más de 140 caracteres, a cuenta del hecho de que la hipotética futura reina declare: ser lectora de Stevenson, Tolkien o Carroll y adorar películas como El viaje de Chihiro de Hayan Miyazaki o Dersu Uzala de Akira Kurosawa.

 

 

Pero lo realmente inquietante es que una cascada (mayor o menor) de tonterías tuiteadas al respecto se convierta en noticia en los medios.

La exigencia del show informativo continuo en el que vivimos hace que cualquier nimiedad alcance categoría de titular. Y, cada vez más, los medios tradicionales van dependiendo de las ocurrencias de descerebrados que reclaman sus 15 minutos de fama: bien por los gustos culturales de una niña o por acontecimientos luctuosos (los tuits injuriosos en el caso de los fallecimientos de Bimba Bosé o David Delfín).

Favoreciendo, de este modo, un eco de la estupidez que, en los casos más graves, degenera en un efecto llamada para perturbados. Como se ha debatido, más de una vez, al abordar la responsabilidad de los medios en cuestiones como el terrorismo.

Al menos en este caso los tuits de respuesta de una doctora en Física denunciando lo que considera el linchamiento mediático de una menor: han conseguido tanta o más viralidad que las chanzas de turno. Lo que Adriana Martín, que así se llama la tuitera que se ha visto repentinamente lanzada a los medios, ha evidenciado: es lo que subyace tras todas esas bromas: el eterno desprecio a la cultura en nuestro país.

 

La maravillosa El viaje de Chihiro (2001)

 

Se sea juancarlista, felipista o republicano hasta las trancas: cualquiera que a los 12 años se haya sentido como un repelente niño Vicente por su gusto por la lectura: no puede más que identificarse, por muy lejos que le quede, con la heredera. ¿Es tan extraño que una película como Dersu Uzala (que es la que se cita en la noticia) con su tono de aventuras y su mensaje ecologista guste a un niña de 12 años?

En la Feria del Libro 2016 los medios destacaron que la reina Letizia compró la novela gráfica de Alan Moore: Providence. ¿Se incrementarían las ventas de la obra o lo que más se imitó fue el conjunto de falda y jersey que lució para la ocasión?

Hace unos meses en La lectura todo lo magnifica nos hacíamos eco del número de la revista ¡Hola!, en su edición inglesa, en que el príncipe Guillermo desvelaba los gustos literarios de su primogénito. No sabemos si hubo chanzas británicas a cuenta de esos gustos: pero como sigamos así puede que los royals (como de manera cursi han rebautizado a la realeza en la prensa del corazón) se conviertan en prescriptores culturales.

Y como nos gusta una interpretación paranoica más que un «orgullo y satisfacción» al rey emérito: ¿será que la necesidad de ridiculizar a quienes se salen del rebaño acultural se refuerza si se les asocia a una institución vetusta para así tildarlos de anacrónicos?

En un tiempo en el que los reyes que quedan en el planeta dan más contenido a las revistas del corazón que a las de política: puestos a imitar, mejor nos iría, si además de los estilismos de la reina Letizia, también se imitara el interés por cultivar a su prole.

Pero esto se nos está yendo de las manos. Si seguimos hablando de realezas vamos a terminar como el publirreportaje monárquico de cada sábado, Audiencia abierta, en la 1 de TVE. Mejor nos centramos en el papel que las bibliotecas pueden jugar en que nuestros hijos sean como los royals por sus aspiraciones culturales, que no (solo al menos) por imitar sus estilismos.

 

Miguel de Unamuno con su hijo Ramón.

 

En su nivola Amor y pedagogía, Miguel de Unamuno se centraba en la historia de un erudito obsesionado por los progresos de la ciencia y la pedagogía, que decide tener un hijo para diseñarlo a través de la educación, y convertirlo así en un genio.

A todo progenitor debería importarle la educación y formación de su descendencia. En tiempos no tan lejanos, los padres aspiraban a que sus hijos les igualasen o, mejor, les superasen culturalmente. La cultura era sinónimo de progreso social. En estos tiempos de rentabilidad inmediata no tenemos tan claro que la cultura siga siendo un activo que proporcione alguna ventaja laboral en el futuro. Pese a todo, la idea sigue presente en las cabezas de muchos padres, aunque adopte en ocasiones un cariz negativo: el de fiscalizar en exceso lo que sus hijos leen, ven o escuchan.

 

El recientemente desaparecido Carlos Capdevila y su fantástico legado en forma de vídeos y publicaciones para abordar la educación sin corsés ni dogmatismos.

El último libro que ha sido objeto de veto por parte de los padres en colegios de los Estados Unidos es The absolutely true diary of a part-time indian (El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial) de Sherman Alexie. La novela dirigida a un público adolescente aborda temáticas tan candentes como: el alcohol, la pobreza, el bullying, la homosexualidad o la discapacidad mental. Todo ello con un lenguaje directo y cotidiano no exento de palabras malsonantes.

Realizando una búsqueda rápida de la traducción que de la novela publicó la editorial Siruela en nuestro país en 2009 en el Catálogo Colectivo de bibliotecas públicas: encontramos hasta 15 redes de bibliotecas en las que se incluye la obra entre sus fondos. Y en prácticamente la mayoría, se encuentra ubicado en la sección Infantil y Juvenil.

¿Tienen los padres en nuestro país una mentalidad más abierta o simplemente no se fijan en lo que leen sus hijos? Puestos a elegir nos quedaríamos con la primera opción.

Tan negativo resulta un exceso de celo paterno a la hora de controlar las lecturas de sus hijos, como una desidia absoluta. Y es posible que al igual que hemos adoptado con alegría la cultura del trending topic que todo lo impregna: acabemos importando esos ánimos censores en lo que respecta a las lecturas de nuestros jóvenes.

Ya decíamos que la actualidad había cargado de vigencia este post, y es que en el Babelia de este pasado fin de semana se aborda precisamente la cuestión con un titular harto inquietante:

«La corrección política se antepone a la calidad literaria en las lecturas recomendadas en las aulas»

Si repasamos algunos de los títulos que han sido objeto de censura en los últimos años, fuera de nuestro país, por parte de padres o autoridades educativas en escuelas o bibliotecas: la cosa se pone fea.

Así, las rimas de Roald Dahl han sido acusadas de groseras, Alí Babá y los 40 ladrones o El Cascanueces de resultar demasiado siniestros. El tierno elefante Babar fue tildado de racista por vivir una aventura en la que aparecen caníbales. Y otro elefante, en este caso Elmer de David McKee, no se salvó de acusaciones por racista al dar cabida a elefantes negros y grises, y para más inri, de clasista: por ser más rico que el resto.


La pedrea se la llevó un cuento de Nicholas Allan sobre el señor y la señora conejo que no pueden dejar de tener hijos. Dicho título, aunque para muchos padres sea muy útil para explicar a los niños la concepción, fue retirado de una biblioteca inglesa por la queja de un único padre. Por otro lado nos consta, aunque no vamos a decir nombres, que alguna biblioteca de nuestro país se han presentado quejas por el cuento Titiritesa: por abordar el lesbianismo al casarse dos princesas.

En fin, nos mantendremos expectantes de las conclusiones que surjan del primer curso internacional de Filosofía, Literatura, Arte e Infancia (FLAI) que organiza la Fundación Santa María de Albarracín en colaboración con el proyecto editorial Wonder Poder. Será los próximos días 6, 7 y 8 de julio, y en él se abordarán cuestiones tan al hilo de lo que aquí tratamos como: el potencial y las limitaciones de las creaciones literarias, artísticas, filosóficas y educativas que los adultos crean pensando en los niños.

 

Viñeta del exitoso cómic de Riad Sattouf: «Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años». Un proyecto en viñetas que aspira a relatar la vida real de Esther (hija de unos amigos del autor) desde los 10 hasta los 20 años. Más potencial para que los niños se sientan identificados no puede tener: ¿pero aceptarían algunos padres que un cómic que, retrata tal cual la realidad de una niña, esté en la sección Infantil y Juvenil?

 

Pero el discurso políticamente correcto que asfixia en muchas ocasiones el consumo cultural de lo más jóvenes: no siempre nos llega con aires tan timoratos. En la estadounidense Biblioteca Pública del Condado de Orange, a raíz del tiroteo en la discoteca de ambiente gay Pulse de hace un año, se ha decidido contar con una cuenta cuentos de lo más llamativo: la drag queen Miss Sammy.

Con ese poderío cromático y estético: ¿qué niño no va a caer fascinado ante el espectáculo de las drags?

No es una idea originaria de dicho condado, fue en 2015 en San Francisco (¿dónde si no?) donde la escritora Michelle Tea propuso organizar cuenta cuentos para niños en bibliotecas a cargo de drag queens para ayudar a promover la inclusión del colectivo LGTBI.

En pleno debate sobre el bullying y la necesidad de fomentar el respeto a la diferencia: la presencia de las drags como cuenta cuentos se ha convertido en un recurso para combatir el odio y la discriminación que ya han copiado bibliotecas de Nueva York o Los Angeles.

En pocos días Madrid acogerá la celebración mundial del Día del Orgullo (del 23 de junio al 2 de julio). Sería buen momento para que alguna biblioteca española se decidiera a adaptar la idea. ¿Qué reacciones provocaría? Es más que probable que el hashtag #biblioteca fuera trending topic sin ningún esfuerzo por parte del gremio. Ahora bien, al igual que en el caso de la princesa, puede que el debate que surgiera diera también ganas de echarse a llorar. Y eso que el mundo drag y el infantil tienen antecedentes en común de lo más convencionales.

 

Úrsula, la estupenda villana de La Sirenita (1989)

 

En 1989, en un producto cultural que ni el más estricto de los padres prohibiría a sus hijos: la adaptación Disney del clásico cuento de La Sirenita: se rendía tributo a la reina de los travestisÚrsula, la malvada de la funciónhomenajeaba descaradamente las formas rotundas y maneras de la mítica travesti Divine. De haber vivido en nuestros días es probable que Divine, que pese a su ferocidad resultaba de lo más dulce en su identidad masculina, hubiese accedido gustoso/a a ejercer de cuenta cuentos en bibliotecas.

Y siguen las coincidencias. Divine luce en forma de tatuaje en el brazo de la que fuera conductora de un transgresor programa infantil de televisión en los 80: La bola de cristal. Y por edad, es probable, que algunos de los que se mofan de los gustos culturales de una niña en las redes: crecieran durante los 90. Años durante los que la programación infantil corría a cargo de figuras como Leticia Sabater. Ahí lo dejamos.

De este modo se cierra el círculo que nos ha llevado desde la realeza (de la princesa Leonor a la pequeña sirena también hija de rey) a las drags pasando por Unamuno, y que concluimos soñando con propuestas que traten a los niños como seres inteligentes. Que les proporcionen las suficientes habilidades como para resistirse a la manada que promueven las redes y, así, nunca se transformen en los niños alienígenas de El pueblo de los malditos (1960).

 

Síguenos en:
error

Club de lectura de prensa rosa: bibliotecas en el candelabro

 

 

Si hay un asunto que ha capitalizado los más encendidos debates en el ámbito de la biblioteconomía durante las últimas décadas (incluso aún más que las apasionantes discusiones sobre la posición correcta de los tejuelos o las encendidas disquisiciones en torno a si forrarlos es una afrenta estética a los libros o una optimización de recursos): ese asunto ha sido, sin duda, el de la presencia de las revistas del corazón en las bibliotecas.

¿Cómo? ¿qué es la primera noticia al respecto? Bien, puede que hayamos exagerado un poco. Pero si vamos a hablar de publicaciones que hacen del bulo, la exageración y las informaciones sesgadas su razón de ser: habrá que contemporizar desde el principio, ¿no?

 

Marcello Mastroianni y Anita Ekberg en La dolce vita (1960) la película de Fellini en la que se acuñó el término paparazzi.

 

Terenci Moix, uno de los pocos literatos que se atrevió a abordar abiertamente el mundo rosa en títulos como Garras de astracán o su novela Chulas y famosas.

Si lanzamos una búsqueda en el catálogo de la Biblioteca Nacional encontramos todas las cabeceras clásicas de este tipo de publicaciones (Lecturas, Semana, Diez minutos, Pronto, y por supuesto ¡Hola!). En el caso de la BNE es lógico que se integren en sus colecciones; pero muchas de estas publicaciones también lucen en las hemerotecas de bibliotecas sin responsabilidad patrimonial alguna. De hecho cada vez es más fácil que la prensa del corazón llegue a una biblioteca: exista, o no, suscripción de por medio.

Cuore, Love, QMD! o In Touch son algunas de las nuevas incorporaciones de bajo coste de este tipo de publicaciones que se regalan junto a la suscripción de algunos periódicos. Así pues la decisión sobre si se desechan nada más llegar o se ofrecen a los lectores: recae por entero en el bibliotecario.

En muchas ni se plantean despreciarlas cuando, en muchas ocasiones, son la única razón por la que algunas vecinas del barrio se acercaban a la biblioteca (al menos hasta la invasión absoluta del espacio televisivo por lo rosa). Pero pese a todo: la doble moral, como en tantas otras cosas, campa a sus anchas cuando de prensa del corazón se trata. Desde que en 1940 iniciara su andadura la más longeva de las revistas del corazón, Semana, la prensa rosa no ha hecho más que ocupar más y más espacio en los medios de nuestro país ofreciendo pingües beneficios.

 

Puede que las revistas del corazón no existieran en la Antigua Roma (tal y como simula esta imagen de la cuenta de Twitter: Antigua Roma al día): pero los cotilleos y rumores son un puntal de la civilización y, según expertos como Robin Dunbar, hasta de la evolución.

 

La serie Historia de la vida privada de George Duby y Philippe Aries.

Los mundos artificiales que venden este tipo de publicaciones son desdeñados, menospreciados, pero no por ello, desaprovechados. En cierto modo con la prensa rosa se opera igual como con la pornografía: se desprecia de manera oficial, pero se aprovechan sus beneficios de manera oficiosa.

Los medios que se reconocen como legitimados para hacer el relato veraz (¿?) de la actualidad: camuflándola bajo el epígrafe de Sociedad (y como se ha dicho regalando ejemplares en sus ediciones de fin de semana); y las bibliotecas, no sin cierta mala conciencia, exponiéndolas entre las National Geographic, las Muy interesante o el XL Semanal. Al final va a resultar que las únicas honestas en este sentido son las peluquerías.

Pero por centrar algo la cuestión: dado que la prensa rosa, por muchas mutaciones a las que la estén sometiendo la televisión, primero; y las redes sociales, segundo: parece que va a sobrevivir a futuras glaciaciones culturales: ¿por qué no convertirla en aliada? Auguramos un gran éxito (aunque sea en exotismo) a la primera biblioteca que se anime a poner en práctica la blasfemia bibliotecaria definitiva que aquí ofrecemos: un club de lectura de prensa rosa.

Bien, una vez relajada la ceja o el labio superior que se han alterado en gesto de desagrado a más de uno: procedemos a matizarla o al menos a argumentarla, que no a justificarla.

 

Cría cuervos (1075) de Carlos Saura: epítome del cine de autor.

 

Si repasamos cinematográficamente la España de los 60-70 (época en la que la prensa rosa conoció un auge que no haría más que incrementarse en los siguientes años): ¿que sirve mejor para hacerse una idea rápida de la escala de valores, estéticas y cambios que estaba experimentando la sociedad española? ¿Acaso el cine de autor que cultivaban  Carlos Saura, Juan Antonio Bardem, Gonzalo Suárez, Basilio Martín Patino, o más adelante, Manuel Gutiérrez Aragón? ¿o las menospreciadas «españoladas» protagonizadas por Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Paco Martinez Soria o Florinda Chico?

 

José Sacristán y Gracita Morales en ¡Cómo está el servicio! (1968)

 

Celebrity (1998): Woody Allen ya abordaba la cultura de la celebridad antes de arrancar el nuevo siglo. No podía prever que aquello no era nada para lo que estaba por venir.

Lo popular, aún con sus deformaciones grotescas, termina capturando muchas veces con mayor precisión el inconsciente colectivo de un momento histórico; que las elaboradas elucubraciones de mayor enjundia artística e intelectual. Pero el retrato más exacto, o al menos más interesante, será el que surja de las fricciones entre esas «españoladas» y ese cine de autor. Y por ahí van los tiros cuando hablamos de fundamentar un club de lectura en la prensa rosa.

Dado que el cotilleo es un avance evolutivo como sostiene el antropólogo y biólogo Robin Dunbar: ¿por qué no explotarlo bibliotecariamente hablando? El guilty pleasure (disculpen el anglicismo, saturados como estamos, pero se entiende incluso más rápido que lo de «placer  culpable») del cotilleo puro y duro se reviste de seriedad si acudimos a argumentos sociológicos y antropológicos. A continuación algunas sugerencias en adecuado rosa chicle:

 

¿No resultaría interesante buscar paralelismos entre el exquisito mundo de Guermantes que Proust describía tan pormenorizadamente en su obra magna y las élites que aparecen en (aquí hacemos algo de trampa, porque empezamos con un ejemplo que se desmarca cualitativamente del resto) Vanity Fair? En este caso las comparaciones no serían odiosas, sino necesarias, para observar cómo han evolucionado las clases dirigentes durante los últimos dos siglos.

 

El mundo de Guermantes frente a frente a la princesa Grace de Mónaco en Vanity Fair (que no por nada incluye el famoso cuestionario Proust).

 

Edith Wharton y su perspicaz disección de la sociedad neoyorquina de principios del siglo XX: ¿no ampliaría su potentísima carga irónica si se la acompañamos de una comparativa con las declaraciones, aspiraciones y sueños prefabricados que expresan muchas de las celebridades protagonistas del ¡Hola!?

Solo hay que repasar el discurso cursi, relamido y profundamente reaccionario con el que la publicación ha ensalzado a las élites desde el franquismo: y constatar como ahora ese mundo de Sissi Emperatriz se deshace a cada nueva imputación, condena o encarcelamiento de sus, otrora, intachables protagonistas.

 

La cañera Teoría King Kong de Virginie Despentes frente a frente al posado veraniego de Ana Obregón.

 

¿No resultaría esclarecedor, a la vez que muy divertido, plantear un club de lectura basado en la Teoría de King Kong de Virgine Despentes; e intentar ubicar en qué tipo de mujer de las que plantea la autora («feas, viejas, camioneras, frigidas, mal folladas, infollables, histéricas, taradas […] mujeres a las que les gusta seducir, que sepan casarse, que huelan a sexo o a la merienda de los niños»)  se pueden clasificar a algunas de las protagonistas de Pronto, Lecturas o Semana?

 

Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos en versión de Stephen Frears: la maledicencia hecha arte.

 

El fallecido Terenci Moix, cuyas novelas Garras de astracán o Chulas y famosas se nutrían de la prensa rosa para dibujar el esperpéntico retrato de la España de los 90: en una ocasión comparó, probablemente obnubilado por el influjo de su amistad con ella, a Isabel Preysler con las damas que reinaban en los salones de la Francia del siglo XVIII.

 

Una comparativa que chirría a más de uno. Pero tenemos excusa: fue cosa de Terenci Moix.

 

Para quienes hayan disfrutado de ensayos tan deliciosos como Madame du Deffand y su mundo: con su crónica de las veladas en las que se reunían los enciclopedistas y grandes pensadores de la época, gracias a mujeres con la talla intelectual de Madame du Deffand o Madame de Staël: la comparación no puede más que chirriar.

Al menos si hubiese comparado a la peletera Elena Benarroch, íntima de la Preysler y de Moix, y experta en reunir en su salón a las figuras más dispares de la vida cultural e intelectual de nuestro país: la cosa habría sonado algo menos forzada.

Eso no resta curiosidad hacia la figura de una mujer, a priori nada estimulante intelectualmente al menos, que ha encandilado a figuras como Miguel Boyer o Mario Vargas Llosa. Si su figura sirve para montar un club de lectura sobre las grandes damas de los salones del XVIII francés: ¡qué viva la Preysler!

 

Lola Montez, la bailarina y actriz amante de Luis I de Baviera frente a frente a Bárbara Rey.

 

Cuando El País dedicó su portada a «la princesa del pueblo»: algunos de sus lectores se escandalizaron porque la prensa seria se hiciera eco de los gustos de la plebe.

¿Acaso autores como Shakespeare, Balzac, Galdós o Wilde hubiesen desdeñado lo que se puede extraer del revolucionario espacio Sálvame de Telecinco? Obviamente no por su veracidad o interés narrativo; sino por su capacidad para manejar los recursos de un culebrón infinito, chusco y grotesco del que se pueden extraer jugosas reflexiones sobre valores, principios, y ausencia de los mismos, de nuestro tiempo.

Como declaraba el directivo de Mediaset Paolo Vasile: Telecinco ha inventado la televisión circular. Un microcosmos que se autoabastece a sí mismo para generar un relato lleno de ruido y de furia sobre el vacío más absoluto. ¿Estará en un rincón del plató de Sálvame el Aleph del que hablaba Borges?

Y para cerrar este texto saturado de rosa chicle: una tonelada de dulces. En la película checoslovaca de 1966: Las margaritas, dos chicas jóvenes concluyen que el mundo está corrompido por lo que deciden corromperse ellas también entregándose a todos los excesos posibles (en este vídeo además con el añadido del tema Honey del grupo de aires psicodélicos Alien Tango). Y es que como en Las criadas de Jean Genet o la última cena de Viridiana: el servicio/los parias han tomado posesión de las estancias de los señores y no parecen dispuestos a abandonarlas. La fama se ha abaratado tanto, que en breve, la única distinción posible pasará por el anonimato. Y por la cultura, y si no, tiempo al tiempo.

 

 

Síguenos en:
error

La revolución empezará en la biblioteca

 

 

«No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma»

Jiddu Krishnamurti

 

Entre 1904 a 1906 Winsor MCcay publicó la tira dedicada a Little Sammy Sneeze en el New York Herald. El estornudo del pequeño Sammy resultaba subversivo en su inocencia: era el grito huracanado e irrefrenable de un arte que aspiraba a romper la claustrofobia de las viñetas para volar libre y surrealista. Entonces llegaron los superhéroes con sus estéticas, entre ridículas y fascistas, y confinaron a lo que hoy se entiende como novela gráfica en los estrechos márgenes industriales de los comic books (o cómics de grapa).

Pero no vamos a hablar de cómics aquí, aunque lo parezca, en realidad de lo que queremos hablar es de libertad de expresión. Y concretamente de libertad de expresión en bibliotecas. Ya desgranamos casos reales de intentos de censura en Acróbatas del tejuelo; y aquí en cierto modo damos una vuelta de tuerca de nuevo al asunto.

Hace pocos días saltaba la noticia de que la Biblioteca Pública de Nueva York expondrá los archivos de Lou Reed. Como dijo su viuda la compositora Laurie Anderson resultaba de lo más lógico que la memoria de Reed quedase en una institución como la biblioteca y en mitad de la ciudad que tan intensamente vivió.

¿Pero habría sido algo así posible en los años en que vieron la luz canciones como Heroin, Venus in furs o incluso su éxito más reconocible por las masas: Take a walk on the wild side? ¿no se habrían elevado muchas voces denunciando que cantos a las drogas, el sadomasoquismo o la transexualidad no deberían albergarse entre las respetables paredes de una biblioteca?

Es cierto que el tiempo desactiva la carga explosiva de muchos productos culturales que en su día escandalizaron.  Pero también es cierto que como repite Pedro Almodóvar últimamente: sus películas levantarían aún más ampollas en estos tiempos que en los 80 en las que nacieron. Mirándolo bien estamos de enhorabuena: la exacerbada corrección política que todo lo ahoga está creando un caldo de cultivo de lo más fecundo para el éxito de la irreverencia.

En otros tiempos eran los artistas los que hacía uso de la irreverencia para arraigar sus discursos creativos en la sociedad. Ahora en cambio son personajes tan groseros como Trump los que triunfan gracias a que tanta gente se la coja con papel de fumar por miedo a pisar algún callo (el reciente artículo de Alfredo Álamo en Lecturalia sobre los «lectores de sensibilidad»  ponía los pelos de punta). Puede que estemos en los albores de movimientos que, como el punk en los 70, sacudan el vertiginoso en las formas, pero amuermante en los contenidos: panorama de este mundo hiperconectado. Una señal clara provendría del auge de fenómenos culturales alternativos como son los fanzines.

 

El reciente artículo publicado en Tentaciones de El País: ¿Por qué el fanzine vuelve locos a los nativos digitales? describía el auge de este tipo de publicación vocacionalmente marginal, underground, grosera y gratuitamente procaz entre las nuevas generaciones. Lo que fue un arma contracultural cuando no existían las redes sociales, ni el WhatsApp, ni siquiera el correo electrónico: está viviendo una posible segunda, tercera o cuarta edad de oro paralelamente al boom de la lectura digital. Y ¿cómo no? las bibliotecas están ahí.

En algunas de ellas se está haciendo un hueco cada vez más señalizado al fanzine. Bien de estraperlo entre las cada vez más numerosas secciones dedicadas al cómic y la ilustración; o directamente reclamando el sufijo -teca que tantos otros soportes, antes que ellos, se han ido adhiriendo. ¿Pero no puede ser un contrasentido que algo tan independiente, auto gestionado y crítico con el sistema se integre entre los respetables muros burgueses de una biblioteca? Cuenta atrás para el primer titular sobre la denuncia de un indignado ciudadano contra una biblioteca por tener una sección de Fanzinoteca.

El libro de Rafa Cervera sobre uno de los fanzines más célebres de la movida madrileña de los 80: Estricnina

Pero en realidad esto no sería nada sorprendente. Los que deberían, tal vez, estar más inquietos son los propios fanzinerosos.

¿Se puede preservar el vitriolo grapado que transportan algunos fanzines dentro de instituciones que dependen de políticos que sostienen al sistema que critican? ¿No actúan las bibliotecas como el vampírico señor Burns de Los Simpson: frotándose las manos ante la sangre fresca de esa juventud inquieta y creativa que puede asegurarles un poco más de vida?

Tan exagerado suena una cosa como la otra, pero hablando de fanzines: lo suyo es irse a los extremos para conseguir un retrato bastante realista de la situación.

 

Muro de la Biblioteca Central de Bristol en el que se conserva una intervención de Banksy. La frase sonriente que aprovecha las dos salidas de ventilación como ojos para proclamar que: «no necesitas pedir permiso para construir castillos en el aire»

Hace también unos días se inauguraba, junto al muro que Israel ha construido en Cisjordania, un hotel decorado por el artista urbano más famoso del planeta: Banksy. El que ya se conoce como el hotel con peores vistas del mundo es el último proyecto del misterioso grafitero que lleva años lanzando sus andanadas contra el sistema en forma de perfomances urbanas.

Pero no solo eso, Banksy es quizás el que ha puesto de manera más evidente sobre la mesa la eterna cuestión de si un movimiento artístico que nace para rebelarse puede integrarse en las instituciones. Su ya mítico documental Exit through the gift shop, además de divertido: planteaba la cuestión más peliaguda de todas: ¿hay un momento en que hay que dejar el underground y aspirar a la…

Así escrito, bien escandaloso y de sospechoso color marrón. El que te respeten está muy bien hasta que deja de estarlo. Cuando el respeto es un eufemismo para camuflar la falta de deseo puede resultar de lo más frustrante; y en este sentido las bibliotecas no quieren ser respetadas, es más, necesitan que les falten al respeto cada vez más. Que las intervengan, las cuestionen, las reinterpreten, las invadan, las revivan, las sacudan: en definitiva que alejen de ellas esa respetabilidad de damas decimonónicas con que algunos políticos las siguen imaginando. Esos responsables políticos que en cambio, sistemáticamente, les faltan groseramente al respeto, les hacen bulliying: recortándoles presupuesto, personal, horarios o actividades.

 

Fanzines literarios: porque no solo de gore, procacidades y escatologías vive el mundo fanzinero.

 

No es un fanzine: es el libro en el cual el profesor de Harvard Mark H. Moore presentaba en sociedad su concepto del «valor público».

A mediados de la década pasada el concepto de «valor público» se abrió paso entre los planteamientos de los laboristas ingleses cuando buscaban formas de mejorar los servicios públicos de su país.

Provenía del libro del profesor Mark Moore, de la Universidad de Harvard, titulado: Creando valor público. En esa obra el profesor de Harvard defendía la necesidad de que los funcionarios creasen «valor público» con su trabajo. Frente a la idea de que los trabajadores públicos están supeditados a los designios del  político de turno, debían preservar su independencia como garantes de las instituciones y desafiar los fines de la política. Ahí es nada.

Pero no deja de ser cierto: los cargos políticos pasan; los trabajadores públicos, con plaza fija, quedan. Y Moore puso como ejemplo perfecto la labor que desarrollaban algunos bibliotecarios para mejorar sus servicios.

Eso fue justo antes de que llegase la crisis y arrasase con todo (bibliotecas incluidas). Pero el germen de la idea del profesor Moore no se desvaneció, germinó en cierto modo, en las posteriores revueltas ciudadanas contra el cierre de bibliotecas en tierras inglesas. El espíritu iconoclasta e inconformista  de los fanzines no anda tan lejos de los ánimos reivindicativos que el activismo bibliotecario ha promovido en el mundo anglosajón.

En el fantástico cómic Los viejos hornos: jubilados terroristas y jóvenes antisistema okupan una residencia aristócrata en el centro de París desde la que planifican la revolución.

Si algo se puede aprender de todo esto es que la mejor manera de reformar el sistema es desde dentro. Hacen falta pequeñas palancas que desplacen milímetro a milímetro el tonelaje de unos servicios públicos amenazados. Pensar que unas endebles publicaciones con grapas, fotocopiadas y muchas veces mal impresas puedan cambiar algo: suena de lo más naïf. Pero ¿cuántas revueltas recurrieron a los pasquines y los libelos para propagarse?

Puede que Do it yourself (Hazlo tú mismo) sea el lema punki que inspira el movimiento fanzineroso, pero pocos profesionales públicos están más capacitados para interiorizar su significado que los bibliotecarios. Es el mantra que se repiten día a día al acometer sus tareas.

Los Depeche Mode se preguntan en su último single Where’s the revolution?   Aquí lo tenemos claro, si la revolución llega empezará en una biblioteca.

Dibujo explicativo del autor de cómics y fanzines Magius

Síguenos en:
error

50 sombras bibliotecarias aún más oscuras

 

Hace unos años el presente se hacía pasado en lo que tardaba una pastilla efervescente en diluirse en un vaso de agua. Pero desde que el mundo se ha hecho digital el tempus fugit de los latinos se queda corto para transmitir esa sensación de vértigo en la que vivimos.

Por eso, más pronto que tarde, descubriremos que las señales de lo que está pasando ya estaban aquí desde hacía tiempo. Que el triunfo de los políticos populistas, el neomachismo, y por contraste, el resurgir del feminismo: ya se vislumbraban hace 6 años. El éxito comercial y mediático de la primera entrega de las 50 sombras de Grey (la novela) ya fue un aviso de un conservadurismo que se avecinaba vestido de gazmoña provocación. El estreno y taquillazo de la segunda adaptación cinematográfica de la saga solo vienen a confirmarlo.

 

Bettie Page musa de nuestro reto #bibliobizarro y precursora, hace muchas décadas, de un sadomaso light mucho más divertido que el de las 50 sombras.

 

Y precisamente en la semana en que se estrena esta producción destinada a perpetuar el tirón del braguetazo (¿se puede decir así?) comercial, que no literario, de E.L. James: una de las firmas de las 50 más célebres del mundo bibliotecario ha estado de actualidad. No se pueden comparar las dichosas 50 sombras con las 50 ideas que Carme Fenoll y Ciro Llueca legaron, hace una década, a la inspiración de las mentes más inquietas: pero si que se pueden contrastar.

Las deliciosas tiras cómicas de Peter de Wit a cuenta de los burkas.

El éxito del erotismo fast food de las 50 sombras entre tantas lectoras circunstanciales (mercadotecnia editorial aparte), tal vez pueda interpretarse como un logro del feminismo en Occidente, que ha conseguido que las mujeres se sientan los suficientemente libres, como para convertir la sumisión en una fantasía. En países con regímenes islamistas estrictos, no parece muy plausible que tuviera éxito esta historia: no se sueña con lo que se tiene en casa cada día.

La actualidad de las 50 ideas para bibliotecas públicas diez años después: es también un logro de las bibliotecas. Pese a los tiempos adversos que han tenido y tienen que afrontar: su pervivencia se debe a la combinación de ingenio y determinación de muchos profesionales a los que les han cambiado la baraja a mitad del juego, una vez más.

 

Eric Stanton: figura única del cómic erótico e instigador, sin pretenderlo, de un feminismo a latigazos.

 

Puede que a las conservadoras sombras de Grey les quede todavía algo de vida en las pantallas: pero lo que es en las bibliotecas han perdido mucho fuelle  y a poco que su eco se diluya no estarán presentables ni para formar parte de nuestro reto #bibliobizarro (les falta gracia y desparpajo a esas pretenciosas portadas con aire de anuncio de perfume). En cambio las luminosas, y realmente sexis, ideas creadas al alimón por Fenoll y Llueca siguen señalando el camino para quienes quieran seguirlo. 

En su idea número 22, Fenoll y Llueca ya aconsejaban un mes dedicado a lo erótico en la biblioteca. No tenemos noticia de que el boom del best seller citado haya provocado algo parecido en ninguna biblioteca de nuestro ámbito más cercano: más allá de algún tibio centro de interés. Pero aparte de reivindicar al erotismo en la biblioteca: lo que nos interesa ahora no son tanto los instintos básicos como el papel que los best sellers juegan en una biblioteca. Es momento, pues, de ir quitándonos los antifaces y las caretas: que aunque alguien pueda confundirse no estamos en una sesión de sadomaso.

Chistes bibliotecarios/libreros a costa de los best sellers hay a cascoporro que dirían los de Muchachada Nui. Aunque en este asunto de ironías a costa de gustos literarios nadie hila tan fino como las muy admiradas Libreras resoplantes.

 

Ayer visitamos al tipo que inventó los libros de youtubers.

Buenos días. Busco un libro que se acaba de estrenar.

 

La pregunta se impone: ¿realmente se saca todo el partido que podría sacarse a los best sellers, a los libros que-todo-el-mundo-ha-de-leer-que-todo-el-mundo-ha-de-conocer en las bibliotecas? ¿Cuántos de esos amantes pasajeros de la lectura que recalan en las bibliotecas arrastrados por los vendavales del marketing editorial son seducidos por los bibliotecarios para empresas de más enjundia? ¿Suena algo clasista? Bueno vale, puede ser, pero estamos en un blog dirigido a bibliotecarios no hace falta ser tan «bienqueda».

En la biblioteca del Condado de Lackawanna (Pensilvania) han decidido tomar cartas en el asunto y «sacar de sus zonas de confort a sus lectores» lanzando su reto de lectura que incluye cuatro títulos a leer hasta el 31 de marzo. Es solo uno de los muchos retos de lectura que proliferan tanto en el mundo anglosajón. Aunque uno de los retos más jugosos no ha sido instigado desde una biblioteca.

 

Listado de condiciones a cumplir para conseguir completar el reto PopSugar de la red social Goodreads en 2016

 

Se trata del reto PopSugar promovido desde Goodreads, la red social para lectores de Amazon, que ha lanzado una nueva edición de su reto de lectura para este 2017. De entre las condiciones que incluyen en dicho reto la primera de ellas es que te comprometas a leer un libro recomendado por un bibliotecario. ¿Un dulce guiño de consideración y respeto hacia la profesión por parte de Amazon ya que se está apropiando de ofertas genuinamente bibliotecarias? Como más adelante dicho listado incluye condiciones tales como: leerse un libro en cuya portada aparezca un gato, o que vaya a adaptarse al cine este año: puede que queramos ver homenajes donde nos los hay.

¿Servirán cafés de la marca Balzac’s en los time cafe? Es lo menos que podían hacer apropiándose como se apropian de las actividades propias de las bibliotecas.

La competencia cada vez es mayor. En las cafeterías que se conocen como time cafe (aquellas en las que se cobra por el tiempo que estés no por lo que consumas) han recurrido a clubes de lectura, cuentacuentos, recitales y demás actividades genuinamente bibliotecarias para fidelizar a su público. Y la gente paga por ellas cuando las tienen gratis en las bibliotecas, como señalaba Mario Aguilera de la Red de Bibliotecas Públicas de Cornellá en el último Congreso de Bibliotecas Públicas.

¿Hay motivos para el desánimo? Todo lo contrario es momento de seguir adoptando medidas drásticas e imaginativas que promuevan la infidelidad de los lectores.

No contamos con un equivalente al portal Ashley Madison para fomentar el adulterio lector, pero contamos con las bases de datos de las bibliotecas que, hasta el momento, han demostrado ser mucho más discretas.

Para empezar se podrían intercambiar las camisas de los libros. Trileros-bibliotecarios en acción:

a Yo te quise más de Tom Spanbauer se le envuelve con la cáscara brillante de tonos pastel de una novela de Cecelia Ahern, a ¡Melisande! ¿qué son los sueños? de Hillel Hankin se le viste con el ropaje de un libro de Paulo Coelho; a Por si se va la luz de Lara Moreno se le recubre con una camisa de una novela de Megan Maxwell. Las combinaciones serían infinitas, pero por dejar aquí el timo, perdón, el intercambio: un poco de confusión ideológica. Al ensayo político Una nueva transición de Pablo Iglesias se le recubre con las soluciones para salir de la crisis del expresidente Aznar, o viceversa.

 

 

Esto daría para un reto en las redes con hashtag creado para la ocasiónPero mientras lo vamos madurando cerremos con algo más convencional. Si hemos hablado de best sellers, erotismo, e intercambios (de portadas, que a nadie se confunda) no sería justo concluir sin citar una de las tácticas más exitosas que llevan practicando muchas bibliotecas a la hora de «sacar de sus zonas de confort lectora a sus usuarios».

Nos referimos a las Citas a ciegas con la biblioteca que básicamente consisten en aprovechar el 14 de febrero para envolver en papel de regalo, con los consabidos detalles romanticones, una selección de fondos de la biblioteca para que los usuarios se las lleven a ciegas en préstamo a domicilio. Una manera algo menos fraudulenta a la hora de hacerles abrirse a otras lecturas. En otras bibliotecas, como en la de Toronto, optan por celebrar el Anti-San Valentín. Todo es válido con tal de atraer público.

Flechazos con la biblioteca y camisas intercambiables: al final todo encaja. ¿Cuántas comedias románticas no cuentan con la consabida escena de la chica vistiendo la camisa del chico? Todo un clásico. Y es que por mucho que queramos revestirnos de ironía y desapego cultural para mantener los ojos bien abiertos: y no dejarnos manipular por los cantos de sirena del marketing consumista. A poco que nos rasquen con un poco de dulzura todos terminamos siendo unos sentimentales de lo más convencional.

 

 

Síguenos en:
error