Tiempo estimado de lectura

 

«¿qué es lo más valioso que las bibliotecas pueden ofrecer al público? Algo obvio una vez dicho lo anterior: simplemente tiempo.»

 

Esto decíamos en este blog, hace tres años y medio, en el post El tiempo en nuestras manos. Ciertamente la gestión del tiempo sigue siendo una necesidad, una exigencia: pero de manera harto distinta a como la planteábamos entonces. Ahora puede que lo más valioso que pueden ofrecer las bibliotecas sea precisamente eso que tanto hemos desprestigiado en ocasiones: silencio.

No en las bibliotecas en sí, que están sumidas en el silencio de la casa deshabitada: sino en las redes. «And now my life has changed in oh so many ways» (Ahora mi vida ha cambiado tanto) que cantaban The Beatles mientras pedían auxilio en Help! Un himno que podría ser el equivalente global al Resistiré de nuestro Dúo Dinámico.

Puede que Bill Gates sea el Paul Mccartney del mundo digital: el aburguesado, el conservador. Pero por muy de cool que fuera Steve (Jobs) el Imagine del mundo digital lo compuso Bill. Windows, visto lo visto, resulta un nombre mucho más visionario que Apple o Mac. Todos estamos asomados a las ventanas, salgamos o no a las 20 horas a aplaudir; estamos rodeados de ventanas por todas partes. En el portátil, en la televisión, en el móvil, en la tablet.

 

Bill Gates en la charla TED que dio en 2015 y en la que vaticinó el riesgo de una próxima pandemia.

 

Y ante la ingente cantidad de noticias, recuentos desalentadores, datos deprimentes, manipulaciones, verdades sesgadas, mentiras, bulos y maldades sin tapujos: las que siguen proveyendo de un tiempo propio: son las bibliotecas a través de sus servicios digitales. Ahora más que nunca proveen de silencio, del silencio necesario para leer, ver una película o escuchar música. Eso sí, la manera en que cada uno negocie el silencio doméstico con el resto de habitantes del hogar, es un asunto, en el que las bibliotecas no tienen competencia.

Precisamente en ese post de El tiempo en nuestras manos hablábamos del flamante estreno de la plataforma eFilm en el municipio de Torrelodones. Tres años y medio ya. Y en poco menos de un mes de estado de alerta ¿cuánto se habrán incrementado las estadísticas de uso de la plataforma? Esta soberanía cultural, esa capacidad de elección es de lo poco que queda cuando nuestra movilidad está condicionada al máximo por ley.

Y en estas circunstancias la estimación del tiempo de lectura aplicado, cual posología a los textos, pierde todo el sentido ¿quien necesita que le administren las lecturas cuando el tiempo corre vertiginoso en datos pero tan exagerantemente lento en nuestros encierros?

Los tochos, si enganchan, ahora, son más deseados que nunca. Como las series o las películas de tres horas y media. Pero dejemos esto antes de que parezca una justificación encubierta de lo laaaaargos que son los posts en este blog. Quedémonos con lo que dijo la crítica de arte, comisaria de exposiciones, autora de cómics y baterista la estupenda Mery Cuesta:

«Mantengamos vivo el espíritu antisistema de hacer cosas inútiles y dejar escapar el tiempo entre las manos»

Lo único antisistema que se puede hacer cuando se está confinado es, precisamente, dejar escapar el tiempo entre las manos. Rentabilizar el tiempo, someterlo a las mismas exigencias de cuando éramos libres: es una claudicación que no deberíamos permitirnos. Sale más a cuenta salir fortalecidos culturalmente de esta crisis que el que se nos arruine la operación bikini.

Por muchas previsiones que se hagan no sabemos qué panorama nos espera cuando finalmente superemos esta situación de emergencia. Qué va a cambiar realmente en nuestros quehaceres cotidianos. Por el momento tan solo podemos observar, y más importante: observarnos. El gran patio comunal repleto de ventanas que nos rodea estos días está repleto de imágenes curiosas.

El monumental ensayo gráfico que Daniel Torres hizo sobre la evolución del hogar a lo largo de la historia podría sumar un nuevo capítulo tras el Covid-19.

La Mediateca de Mirecourt (Francia) publicó una infografía recopilando todas las acciones que iban a desarrollar a través de teletrabajo al cerrarse el centro. Fuente: ActuaLitté

De repente hemos irrumpido en hogares ajenos. El voyerismo digital ha alcanzado otra dimensión. Nos asomamos a las porciones de intimidad de periodistas, científicos, políticos, artistas… Y esos encuadres que eligen para que les sirvan de decorado en ocasiones resultan de lo más elocuentes. De hecho, incluso a veces, dicen más que lo que están diciendo a través de sus palabras.

My house is out of the ordinary‘ (Mi casa está fuera de lo ordinario) que cantaban los Talking Heads, Y ahora más que nunca estamos rodeados de talking heads por todos lados.

Cabezas parlantes que, en muchos casos, eligen de fondo a sus bibliotecas personales para revestirse de ¿interés? ¿autoridad? ¿conocimiento? ¿prestancia? Lomos de libros de papel para enmarcar sus interesantes, intrascendentes o convincentes discursos. ¿La cultura como ornamento? o ¿la cultura como salvavidas ante la incertidumbre? Tanto da.

Lo que queda claro es que la cultura, pese a los que tildan de titiriteros a muchos de los que se dedican a ella, se ha convertido en necesidad, en artículo de primera necesidad para la supervivencia mental. Y en medio de tanta mala nueva es una buena noticia.

En estos días muchas bibliotecas están dando la talla esforzándose por llegar a los ciudadanos de las maneras más ingeniosas. Pero no hay que agobiarse, no hay que rendirse sin más a esa nueva esclavitud del siglo XXI que es el teletrabajo: hay mil distracciones. Es inútil dejarse la piel en descollar en medio de tanto frenesí digital.

 

La invasión de las cabezas parlantes.

 

El 29 de marzo fue trending topic durante unas horas el hashtag #Confinamientolector y a más de un bibliotecario se le caería la lagrimita de emoción. La calma juega a favor de las bibliotecas. Lo más valioso que las bibliotecas siguen ofreciendo ahora es tiempo y silencio: los requisitos necesarios para disfrutar de la cultura en casa. Ahora más que nunca que le den a las apps que miden el tiempo estimado de lectura.

Solo hay una oportunidad que sería una pena desperdiciar: conseguir que más ciudadanos descubran todo lo que ofrecen las bibliotecas. ¡Qué oportuna sería ahora esa campaña por parte del Ministerio de Cultura dando publicidad a las bibliotecas de la que hablábamos en Se vende biblioteca! Mientras tanto sigamos en casa rodeados de cabezas parlantes pero gestionando nuestros tiempos.

 

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