Tráfico aéreo de libros en hora punta

El hombre-bala, otra forma de envío en la postal de librerías mexicanas Gandhi

Ni en Dragones y mazmorras, ni tan siquiera en Juego de tronos, se les hubiera ocurrido algo parecido a la noticia de la que nos hacemos eco en este post.

Hace pocos días, en ‘Xataka‘, nos contaban el proyecto de aeropuerto para drones que se quiere abrir en Reino Unido. Queda por saber en qué terminará todo, pero solo faltaría que además de los atascos y las bicicletas por las aceras, se sumen al caos urbano: miles de drones cual moscardones tecnológicos, llevando pedidos de una punta a otra de la ciudad.

Un dron de Amazon volando con el pedido hacia un domicilio.

Ahora que las pequeñas y medianas librerías se están movilizando para hacer frente a la apisonadora de Amazon: es el momento de recuperar la respuesta que una librería francesa planteó en su día. Si el enemigo ataca con drones, las librerías de toda la vida se defienden con catapultas, y mucha coña marinera.

Catalivre, es el nombre con que bautizaron el expeditivo método de distribución de pedidos (cuya demostración práctica puede verse en este vídeo), la librería francesa de Delvaux, en la preciosa ciudad medieval de Provins. Según aclaraban, la catapulta lanza-libros, era capaz de distribuir pedidos hasta distancias de 220 metros. En qué estado llegaban los libros: eso ya era otro cantar (medieval a ser posible).

En Inglaterra, las librerías Waterstones, propusieron también, en su día, enviar los libros con búhos; en las librerías alsacianas optaron por una especie con amplia experiencia en esto de entregas a domicilio: las cigüeñas. A las pobres palomas mensajeras les salieron  más competidoras que en Los pájaros de Hitchcock.

 

Cigüeña en reparto librero

En Infobibliotecas, como amantes de otras especies que somos (y también para qué negarlo, por nuestro carácter algo rústico), optamos por lo expeditivo de la catapulta. ¿Cuántas bibliotecas soñarían con una catapulta para poder lanzar lejos, muy lejos, los best sellers desahuciados por haber pasado de moda? Una venganza en retrospetiva por tanta saturación.

En la película Los señores del acero (1985) de Paul Verhoeven, el mercenario medieval que interpreta Rutger Hauer: utiliza un trozo de carne contaminada de peste para catapultarla hasta el pozo del que bebe la población de un castillo asediado. Una escena que, en las circunstancias actuales, se revista de tétrica actualidad.

 

Diseño de la catapulta por Leonardo da Vinci.

Ni los griegos, ni los mongoles, ni el mismísimo Leonardo da Vinci, que tanto mejoró el invento bélico, podrían haber imaginado que el arma de guerra medieval por excelencia, iba a conocer semejante uso en nuestros tiempos. En cambio, para hacer llegar la lectura a nuestros usuarios, preferimos métodos menos lesivos. Desde los clásicos bibliobuses, las bibliobicis, los biblioburros colombianos o hasta unos patines; todo mientras esperamos a que llegue finalmente la teletransportación.

Y dado que estamos en con ganas de guasa, que hemos citado al imperio mongol, la teletransportación, y lo bien que nos vendrían unos buenos patines en esta situación: nos viene a la memoria un colofón musical que nos catapulta a otra dimensión.

El musical que más Razzies (los anti-Oscars) ha recibido en la historia: Xanadu. Olivia Newton-John, la ELO, efectos especiales ochenteros, coreografías en patines, para la historia de una sala de fiestas bajo el nombre de la mítica capital del Imperio mongol.

Ni los amplios márgenes de nuestra Biblioteca bizarra hubieran sido capaces de albergar tanto destello.

 

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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