Bibliotecas públicas: ¿agentes de la gentrificación?

 

Ediciones Destino acaba de publicar la última novela de la autora inglesa Salley Vickers: La bibliotecaria. Según reza en su portada: ‘un homenaje a los bibliotecarios y a los libros que marcaron nuestra infancia’.

Narra la historia de la llegada, en 1958, de la joven bibliotecaria Sylvia Blackwell a un pequeño pueblo inglés. No hacemos spoiler alguno al adelantar que Sylvia se enamora del  médico local (igual podría haber sido el maestro o el notario, pero en cualquier caso, un miembro respetable de la comunidad). Y que serán las relaciones que entabla con los niños del pueblo, y sus recomendaciones de lectura, las que resquebrajarán la aparente armonía que caracterizaba la convivencia entre sus habitantes. Todo viene explicado en su contracubierta.

Ilustración de Fernando Vicente para el libro ‘Retablo’ de Marta Sanz en el que aborda la gentrificación del barrio madrileño de Malasaña.

En las listas de regalos para estas Navidades puede que a más de un profesional de bibliotecas le toque en suerte esta novela como regalo. Sin duda luce bien en los escaparates navideños. Para los que no sientan la más mínima curiosidad siempre quedará la opción de la próxima adaptación cinematográfica. Porque la novela de Vickers tiene toda la pinta de ser de las que rápidamente llevarán al cine.

En los últimos tiempos hay toda una corriente de adaptaciones literarias de novelas con temática relativa al amor por la lectura y las bibliotecas. En un repaso rápido: La biblioteca de los libros rechazados (2019); La sociedad literaria y el pastel de piel de patata (2018); Book club (2018); La librería (2017): y seguro que alguna más que se nos escapa.

Películas, que independientemente de su calidad, abordan la lectura y las bibliotecas desde prismas bienintencionados y amables. Obras que suelen asociar la lectura y el libro a ese concepto, ya tan desvaído, del buen gusto Y la cultura no tiene porque ser amable, ni mucho menos de buen gusto. ‘Algo que me entretenga pero no me haga pensar que bastantes problemas te da la vida’. Un deseo respetable, la evasión, pero que las realidades adulteradas que propician las tecnologías está llevando a niveles totalitarios.

Si consumimos cultura, pero nada de lo que consumimos nos sacude, interpela, cuestiona o inquieta: nos arrellanamos en el entretenimiento. Nada malo de por sí. Pero si la equivalencia cultura=entretenimiento se hace absoluta: ¿qué margen queda para la evolución, el progreso, individual y colectivo, que se supone debería promover la cultura?

 

En Guerra cultural C: pequeñas bibliotecas libres vs. gnomos de jardín constatábamos el lento declive de un símbolo de los vecindarios pequeñoburgueses, como son y han sido, los gnomos de jardín en favor de las intrusivas Pequeñas bibliotecas libres (PBL). Y parece que la resistencia se está organizando cada vez más. Y a los gnomos de jardín ahora se suman las bibliotecas públicas.

La expansión del movimiento de las PBL en Washington está provocando reacciones similares a las que provoca el turismo en ciudades como Barcelona o los cruceros en los fiordos noruegos. Tribus ocultas cerca del barrio, esperando que caiga la noche, para empapelar a las expansionistas PBL con libelos contra su imperialismo cultural.

Otros vendrán que subversivo me harán. Desde hace unas semanas algunas de las PBL han aparecido con escritos que denuncian la gentrificación que suponen para los vecindarios, y de paso, pidiendo apoyo para las bibliotecas públicas.

Si ya existen instalaciones mejores, y más completas, como son las bibliotecas: ¿qué pintan las PBL?

Por si acaso, desde su cuenta personal de Twitter, el director ejecutivo de la Biblioteca Pública DC de Washington: ha declarado no estar detrás de este movimiento en contra de las PBL. Tal y como dice en su tuit no las ven como competencia. Pero el debate sobre la gentrificación, a través del amor por la lectura, se ha abierto y que duda cabe que da juego.

Si atendemos al mapa mundial que ofrece la organización de las PBL para localizarlas: en España se contabilizan diez PBL registradas. Y ya adelantamos que ninguna se encuentra en el barrio de Los Pajaritos (Sevilla); ni en el distrito de Puente Vallecas (Madrid); ni en El Raval (Barcelona). Por citar algunos de los barrios con rentas más bajas del país.

En Madrid encontramos una PBL en pleno centro de la capital. Concretamente en el colegio privado Nuestra Señora de las Maravillas, perteneciente a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle. En Murcia constan dos PBL inscritas en el municipio de Yecla, y pertenecen a un colegio público y a una academia de inglés.

 

Las PBL inscritas en el registro de las Little Free Libraries señaladas en el mapa.

 

Las PBL de Yecla (Murcia).

Subiendo por el Levante, en la Comunidad Valenciana, encontramos hasta cinco PBL. La primera, promovida por la Biblioteca Pública de Sant Joan d’Alacant; otra en Banyeres de Mariola construida por el centro privado de enseñanza Fundación Ribera; la tercera y la cuarta (contraviniendo el espíritu callejero originario) se encuentran dentro de una cadena de academias de inglés en Valencia capital; y la quinta, fue construida por la asociación literaria Bluebooks Castellón en dicha ciudad.

En cuanto a las tres restantes, las encontramos en Cataluña. Una en la localidad costera de Vilassar de Mar; otra en la Escuela Oficial de Idiomas de Girona; y la última, que se sitúa junto al Ayuntamiento de Avinyonet de Puigventós (Girona): consiste en una nevera reciclada y decorada para actuar como PBL.

A tenor de estos datos parece que en nuestro país se reafirma, al menos, una de las conclusiones a las que llegaron los bibliotecarios universitarios canadienses, Jane Schmidt y Jordan Hale en su estudio sobre las PBL:

  • contrariamente a lo que se sostiene de que las PBL sirven para llevar la cultura a barrios menos abastecidos culturalmente: lo cierto es que la mayoría de PBL se han instalado en barrios ricos y aburguesados que ya disponen de biblioteca pública.

First we take Manhattan: se vende ciudad de Daniel Serando y Álvaro Ardura. Un ensayo sobre ‘la destrucción creativa de las ciudades’

Pero no seamos clasistas. No hablemos solo de las PBL. ¿Qué decir de esas bibliotecas públicas que nacieron proletarias para hacerse burguesas?

En Detroit, tras haberse declarado en bancarrota en 2013, tras convertirse en una ciudad símbolo de los estragos del sistema capitalista: están empezando a ver luces al final del túnel. Pero unas luces que como siempre iluminan más a unos barrios que a otros.

Jodi Coalter, bibliotecaria de la Universidad de Maryland, publicó un artículo, hace un año, sobre la gentrificación que estaban sufriendo determinadas zonas de la ciudad. Y concretamente, sobre el papel que las bibliotecas están jugando en esa recuperación de barrios degradados, que vuelven a regenerarse a costa de expulsar a los vecinos con menos recursos. Ciudades escaparate, cultura de escaparate.

Coalter se pregunta ¿tienen las bibliotecas la responsabilidad de luchar contra la gentrificación? ¿ayudan las bibliotecas a ese proceso? La noticia de que la Biblioteca Pública de Chicago planea abrir sucursal en el distrito sur de la ciudad influirá, sin duda, en la revalorización urbanística de la zona.

¿Cómo se conjuga la labor encomiable de los bibliotecarios por organizar programas y servicios que ayudan a las personas más vulnerables, mientras por otro lado: la creación de bibliotecas sirve a los intereses de los beneficiados por la gentrificación? Y un nuevo leño al fuego: ¿es tan negativa la gentrificación? Un reciente estudio lo pone en duda. En cualquier caso un debate apasionante pero que pilla algo lejos de nuestra realidad. ¿O no?

 

Volviendo a nuestro entorno más cercano ¿En cuántas de las expansiones urbanísticas que han ampliado/despersonalizado las ciudades de toda España se han abierto bibliotecas públicas?

No dejaría de resultar interesante que ahondando en el interesante y necesario informe Fesabid: Las bibliotecas públicas en España: diagnóstico tras la crisis económica: el siguiente paso fuera un estudio que recoja la renta per capita de los barrios en los que se ubican las bibliotecas públicas en nuestro país. Constatar, si en los barrios con renta más bajas hay servicios bibliotecarios; y en qué barrios se ubicaban esas 251 bibliotecas que cerraron desde el año 2010 al 2016.

Gentrificación sí, gentrificación no: un debate urbanístico, sociológico, económico, y también por supuesto, cultural: en el que no hay que olvidar la cuestión bibliotecaria.

El delicioso libro de Marta Sanz sobre la gentrificación del barrio madrileño de Malasaña.

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