Esta Navidad, Mr. Scrooge somos todos

 

La programación habitual de la televisión generalista (término feo donde los haya, sin duda, promovido por las plataformas de streaming para hacer que pases por caja) por estas fechas unificaba generaciones. Mujercitas, Mary Poppins, ¡Qué bello es vivir! y, sin duda, alguna de las versiones del Cuento de Navidad de Charles Dickens. En este último caso, casi siempre en formato telefilm; porque la versión de 1951 ya solo la recuerdan los boomers. Televisión generalista y boomers: dos términos generacionales ideados para arcaizar los restos del siglo XX.

 

Jeff Benzos como el Tío Gilito creado por el dibujante Carl Barks para Disney como estereotipo del capitalismo.

 

Pero centrémonos un poco. Este año repetir de manera formularia los deseos de felicidad navideños sin mención a lo que hemos vivido, y estamos viviendo, en este 2020: se hace imposible. Esta Navidad todos somos Mr. Scrooge, el ávaro anciano protagonista del clásico de Dickens. No porque necesariamente seamos unos usureros egoístas, allá cada cual con sus circunstancias: sino porque, tal como le sucedía al viejo misántropo: nuestras Navidades pasadas parecen haber transcurrido casi en otras vidas.

Pero quien lleva años ganándose a pulso el título de nuevo Mr. Scrooge, de manera plena, es Jeff Benzos. Al menos desde perspectiva bibliotecaria.

En estas últimas semanas, bibliotecarios de todas las comunidades, no han despegado el auricular de sus orejas resolviendo dudas, reclamaciones e incidencias que se han planteado a raíz del cambio de la plataforma eBiblio. Como si de un fantasma del pasado reciente fuera: el asunto de la incompatibilidad del dispositivo Kindle con la plataforma ha resurgido en más de una ocasión. Es cambiar algo para que, cuestiones que se creían asumidas, resuciten como nuevas.

 

 

Mientras, en los Estados Unidos, las bibliotecas siguen batallando para no ser marginadas del mercado de los libros electrónicos. Las declaraciones del director de la biblioteca del condado de St. Mary en Maryland, Michael Blackwell, resumen bien el espíritu con el que los bibliotecarios estadounidenses se plantean dar batalla frente a las prácticas monopolistas de gigantes como Amazon:

“No debería necesitar una tarjeta de crédito para ser un ciudadano informado. Es esencial que los libros sigan siendo una fuente de información y que estos libros se descubran democráticamente en las bibliotecas ”

La industria del libro debe seguir generando beneficios; pero esa obviedad no se contradice con que las bibliotecas puedan poner al alcance de todos los libros digitales. El grupo de defensa ciudadana especializado en tecnología, Fight for the Future, ha conseguido 15.600 firmas para que se entablen acciones legales contra la negativa de vender a bibliotecas.

Que la pandemia ha incrementado el poder de Amazon sobre el orbe entero es notorio. Más allá de las cuentas de resultados que los medios airean de vez en cuando: sobre todo por las resistencias que desde diversos ámbitos le surgen al gigante comercial.

 

Imagen de la campaña promovida por el gobierno de la Región de Murcia bajo el lema ‘Devolvamos la sonrisa al comercio’. Una campaña en la que la indirecta a Amazon no puede ser más directa. ¿Apropiacionismo del logo?

 

Si en una licencia literaria le concediéramos personalidad, más allá de la jurídica, a Amazon: el fantasma de las Navidades pasadas le mostraría ciudades llenas de vida, de comunidad, de relaciones humanas; gracias al pequeño comercio. El fantasma de las Navidades presentes le enseñaría cómo tenderos, libreros, artesanos, creadores o bibliotecarios: se organizan para librar batallas por su supervivencia.

Es el caso de la plataforma para comercio digital de los libreros independientes estadounidenses Bookshop.org; o plataformas como la catalana la Zona, impulsada por la cooperativa de economía social catalana Opcions, que aspira a favorecer el comercio local, ecológico y sostenible. O políticos, como los franceses, que optan por combatir abiertamente al gigante con declaraciones como las de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, alentando a sus conciudadanos a que no compren en Amazon.

La última barricada levantada a la expansión salvaje de Amazon ha unido a libreros con Correos. Según informa ‘El País‘, el Ministerio de Cultural ha llegado a un acuerdo con Correos para rebajar el precio que pagan los clientes de las librerías por el envío de libros a domicilio.

 

El ensayo de Carrión se ha convertido en el manifiesto definitivo de la resistencia contra el gigante comercial

La resistencia al gigante amazónico se está organizando, cada vez más, para evitar que la visita del fantasma dickensiano de las Navidades futuras nos muestre un panorama de infinitas colmenas habitadas por laboriosos consumidores aislados.

Sin otros espacios urbanos que no sean los de tránsito. Ciudadanos sin otra ciudadanía que la del consumo: empobreciéndose, unos a otros, al gastar los rendimientos de su trabajo en aras de un ente lejano y omnipotente que lo domina todo.

Pero puede que el fantasma de esas Navidades futuras haya visitado anticipadamente a Benzos.

Un portavoz de su compañía aseguraba recientemente estar en negociaciones con la Biblioteca Pública Digital de América. Según sus palabras: «Creemos que las bibliotecas tienen un propósito vital para las comunidades de todo el país y nuestra prioridad es hacer que  los libros de Amazon Publishing estén disponibles de una manera que garantice un modelo viable para los autores«. ¿Se concretarán estas palabras en acuerdos concretos en el 2021? Algo más para sumar a los buenos propósitos de año nuevo.

Y para cerrar nos quedamos con una franquicia con tintes de multinacional: Star wars. El éxito de la serie The Mandalorian ha inspirado a la ALA (American Library Association) para un cartel en el que el personaje de Baby Yoda invita a la lectura. Tal vez el gigante de Jeff Benzos podía tomar nota. El combo multinacional Disney-LucasFilm, que está detrás de este spin off de Star Wars: ha cedido los derechos para que la ALA pudiera convertir al pequeño Yoda en aliado de la lectura.

 

 

Un ejemplo de que el futuro tiene que basarse en alianzas y colaboraciones más que en estrategias comerciales abusivas. Precisamente, ficciones como Star wars, promueven la resistencia ante los abusos imperialistas en sus argumentos. Lo coherente sería llevar esos principios a la práctica por parte de los imperios que realmente dominan la galaxia. Que nadie olvide que antes de Amazon, Netflix, Disney o HBO: las bibliotecas estaban dando cabida a todos sin dejar por el camino a nadie.

Dicho lo cual solo nos queda concluir este cuento de Navidad peculiar deseando, desde Infobibliotecas, unas ¡¡Felices fiestas y un 2021 lleno de cultura!!

 

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Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Una serie de catastróficas desdichas con final bibliotecario

 

El hecho de que el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos votase por su reelección en una biblioteca tiene algo de justicia poética. Que uno de los políticos al frente de la Casa Blanca que más ha promovido los recortes a las artes, las humanidades, y por supuesto, las bibliotecas: tenga su canto de cisne (un animal dificilmente asociable a su figura) en una de estas últimas no deja de resultar irónico.

Pero no hagamos leña del árbol caído. Si tanto nos quejamos de los linchamientos digitales, las fake news y demás plagas en redes que tanto ha fomentado el propio Trump: no caigamos en ello. No hace falta ensañarse. Es mejor centrarse en ejemplos como los de Reyna, MK y Jesmyn. Una mexicana y dos afroamericanos que, gracias a las bibliotecas, llevan Making America Great again desde hace años. Este post va dedicado a una serie de catastróficas desdichas que tienen un final feliz, es decir, un final bibliotecario.

 

Trump, feliz, camino de la urna en un hábitat extraño.

 

La vida de Reyna Grande en Los Ángeles, pese a la rimbombancia de su nombre, nada tenía que ver con alfombras rojas. Hija de emigrantes mexicanos, su infancia transcurrió en barriadas donde la violencia pandillera campaba a sus anchas, y el alcoholismo de su padre, hacía de su hogar un territorio tan hostil como las calles.

Cuando empezó a usar gafas, un familiar le dijo burlonamente que parecía una bibliotecaria, y no hubo mejor halago para ella. Fue el bibliotecario de la sucursal Arroyo Seco de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, quien le fue recomendando lecturas, que alimentaron su ya innata afición por escribir. Finalmente Grande terminó alzándose con premios literarios por novelas como Across a hundred mountains o Dancing with butterflies.

 

En el otro extremo de los Estados Unidos, en Filadelfia, MK Asante, también se crió en una familia de las que los servicios sociales calificarían como desestructurada. Con un hermano encarcelado, asistiendo a una escuela que más bien parecía una cárcel, y buscándose la vida trapicheando con drogas.

La recomendación del clásico de Kerouac, En el camino, por parte de un profesor, fue el detonante de un cambio de rumbo que ha terminado por convertirle en un escritor de éxito, director de cine, profesor, y hasta músico de hip hop.

 

 

La historia de Jesmyn Ward acumula penurias propias de una película muda de Lillian Gish o Mary Pickford. Nacida al sur del Mississippi en una familia pobre y con padres separados, su historia acumula las muertes prematuras de varios de sus hermanos, intentos de violación y una desvencijada casa de madera, en la que la única escapatoria eran los mundos que le ofrecían los libros. El final feliz llegó con el National Book Award con el que fue galardonada su segunda novela: Salvage the bones.

En 2017 llegaría el segundo National Book Award por su novela Sing, Unburied, Sing. Más recientemente, en septiembre de 2020, su ensayo personal Sobre el testimonio y la reparación: una tragedia personal seguida de una pandemia se publicó en’Vanity Fair’. En él Ward abordaba la muerte de su marido, su duelo, la propagación del Covid-19 y el resurgimiento del movimiento Black Lives Matter.

 

 

Historias, vidas, ejemplos positivos que vendrían muy bien para soltar una nueva soflama (y van) sobre las bibliotecas como refugios ante la adversidad, como instituciones al servicio del progreso de los ciudadanos. Pero vamos a ahorrarnos la música de violines. Mejor nos centramos en dos noticias de actualidad que nos permiten, aunque sea por unos minutos, una tregua esperanzadora en la crónica de este agónico 2020.

En ‘The New York Times‘ han publicado un perfil cultural de Joe Biden. No tanto de sus aficiones o gustos sino de su compromiso con la cultura a lo largo de su amplia trayectoria política. En el artículo lo definen como un consumidor medio de cultura, pero en cambio, varios responsables de entidades culturales lo reconocen como una figura que ha defendido la financianción gubernamental de las artes.

 

Ilustración del ganador de un Pulitzer Barry Blitt para ‘The New Yorker’. Recrea la futura biblioteca presidencial de Biden. Un ala dedicado a Kamala Harris, urnas con su dentadura de madera, su colección completa de una revista sobre ferrocarriles, la abrazadera para la espalda que usó después de cruzar el pasillo demasiadas veces o el holograma de un hipotético tatuaje de Cardi B en su pantorilla.

 

Pero si hablamos del futuro gobierno de los Estados Unidos y la cultura la que, una vez más (y probablemente muchas veces más a lo largo de la legislatura), roba el protagonismo es la vicepresidenta Kamala Harris. Recientemente la hasta ahora senadora demócrata dirigía una carta pública a la bibliotecaria del Congreso: Carla D. Hayden. ¿El motivo?: solicitar la modificación de un encabezamiento de materia. WTF? Perdón por la ordinariez. Pero que una política de primera fila se preocupe de un detalle así, visto desde perspectiva española, no puede más que arrastrarnos al exabrupto.

Cuando la otrora prestigiosa catalogación ha perdido muchísimos puntos en el ranking de lo cool bibliotecario: el debate político en torno a la idoneida de un encabezamiento de materias nos devuelve la importancia de los términos. Catalogar, clasificar, indizar es una forma de ordenar el mundo. Aparentemente pareciera algo mecánico. Pero la subjetividad, como el diablo, está en los detalles. Y entre escoger un encabezamiento de materia u otro puede hay una carga ideológica, histórica, sociológica y cultural que, en ocasiones, carga las tintas donde no debe.

 

Kamala Harris en 2004. Fotografía de Marcio José Sánchez.

 

El caso es que Harris, junto a otras figuras relevantes, ha escrito a la biblioteca del Congreso a cuenta del encabezamiento de materia que la Library of Congress asigna a las obras en torno a la persecución, hostigamiento y matanzas del pueblo armenio en Turquía entre los años 1915-1923. Hasta la fecha el catálogo de autoridades de la institución clasifica dichas obras dentro de la materia ‘Masacres armenias 1915-1923’. En la carta, Harris, argumenta prolijamente la razón por la cual esa entrada en su catálogo de autoridades debe modificarse y pasar a Genocidio armenio 1915-1923.

La exitosa novela de Varujan Vosganian sobre el genocidio armenio.

En su argumentario la senadora subraya la necesidad de que la Biblioteca del Congreso se rija por razonamientos académicos a la hora de definir sus clasificaciones; no por los criterios del Departamento de Estado reacio a admitir el término de genocidio.

Harris recurre al artículo de la Enciclopedia Británica al respecto, entre otras, además de diversas fuentes académicas de prestigio para reforzar la necesidad de que la Biblioteca actúe independiente a los criterios del poder ejecutivo.

Más allá de los pormenores, e incluso de los posibles intereses, la carta nos invita a reflexionar sobre la trascendencia que un simple encabezamiento de materia puede tener. Pero más que nada sobre el papel que las bibliotecas siguen jugando. Si bien estamos hablando de la Biblioteca del Congreso estadounidense, con su enorme capacidad de influencia en el orbe bibliotecario, eso no le resta alcance a la reflexión. ¿Cabe imaginarse algo parecido en nuestro país como no fuese porque beneficiase políticamente, de algún modo, a un bando u otro?

Y para cerrar un último ejemplo de relación bibliotecario-político. No hay que ser crédulos, ni creer en finales felices, menos si anda la política por medio, pero el hecho de que la misma Kamala grabase un vídeo para Los Amigos de la Biblioteca Pública de San Francisco: como poco resulta agradable. Y es que las bibliotecas, mal que le pese a algunos, matter too. Es decir, también importan.

 

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Nunca fuimos a la Luna pero alcanzamos las estrellas

 

El gremio bibliotecario nunca fue a la Luna pero ha terminado alcanzado las estrellas. De tan bonito que suena da para una postal Mr. Wonderful: Día de la Biblioteca 2021. Pero este post no va de poesía (aunque nunca se sabe): en realidad va de bibliotecarios. Y concretamente de bibliotecarios aguafiestas.

 

Una de las experiencias más paranormales vividas en este blog acaeció en Triángulo de las Bermudas bibliotecario. No cabía esperar otra cosa. Allí glosábamos la vida de un bibliotecario estadounidense que nos abdujo como si de un platillo volante, en el citado Triángulo, se tratase.

Se trataba del increíble Lawrence David Kusche: piloto comercial, instructor de vuelo ensayista y bibliotecario. Kusche, al constatar la afluencia de jóvenes obsesionados con el célebre Triángulo que acudían a su biblioteca en los 70: terminó escribiendo la obra que demolió el mito en cuestión.

El Triángulo de las Bermudas resuelto se titulaba. Tras hundir en la miseria a los Iker Jiménez del momento, Kusche, prosiguió una delirante carrera literaria que requería de una investigación en profundidad. Pero quien quiere ahondar en ella, que vaya al post en cuestión, que aquí estamos para hablar de otras cosas.

 

Lawrence David Kusche, el primero de nuestros bibliotecarios aguafiestas.

 

Luis Alfonso Gámez azote de charlatanes y mentirosos.

Tras su logro, Kusche, entró a formar parte del Comité para la Investigación Escéptica. Y si hablamos de escépticos, en España y en nuestros días, ninguno como el periodista vasco Luis Alfonso Gámez.

Él solito, con su programa de ETB Escépticos o con su veterano blog Magonia: ha desenmascarado a más charlatanes que todos los polígrafos de Mediaset juntos.

El escepticismo, en tiempos de fakes news, se ha convertido en una prevención tan necesaria como las mascarillas ante el coronavirus. Aunque, según Gámez, no es tanto que ahora haya más noticias falsas sino que los medios para difundirlas son mucho más potentes. Pero tan peligroso es pecar de ingenuo como pasarse de escéptico. Y en eso incurrió el segundo bibliotecario aguafiestas (o todo lo contrario, según se mire) de este post: Bill Kaysing.

El filólogo y bibliotecario de Rocketdyne, la compañía que fabricaría el Saturno 5, ha pasado a la posteridad gracias a su ensayo-denuncia: Nunca fuimos a la Luna (1974). Según sostenía el incrédulo bibliotecario: todo lo de la Luna fue un auténtico montaje urdido por la NASA. Algo que hemos oído en muchas y variadas versiones: pero que partió del éxito que tuvo el libro de Kaysing.

 

 

La crónica que Gámez hizo de la vida y milagros de Kaysing en su artículo: Viaje  a la Luna: el ridículo origen de la conspiración: no tiene desperdicio. El principal argumento de Kaysing era que en las fotografías que se tomaron del alunizaje del hombre en la Luna: no se observan estrellas brillando en el firmamento. Y a partir de ahí, su teoría, se empeñaba en demostrar que, en realidad, todo fue filmado en un estudio montado cerca de Las Vegas. Una ubicación elegida por los encargados del engaño para así poder visitar los restaurantes, casinos, piscinas y disfrutar de beldades en bikini.

Lo cierto es que por mucho que el escéptico Gámez hunda en la miseria las teorías del no menos escéptico Kaysing: la versión del bibliotecario daba para una película/serie mucho más divertida.

Entre escépticos anda el juego. Pero Kaysing si hubiera tenido algo de paciencia, cincuenta años de nada, habría comprobado que, las estrellas que echaba en falta en las fotografías de la llegada a la Luna: brillarían en el único firmamento que importa en nuestros días: el de las celebrities.

 

Cinco celebridades con club de lectura propio: Emma Watson, Reese Whiterspoon, Sarah Jessica Parker, Oprah Winfrey y Emma Roberts.

 

La líder de Florence and the Machine amando los libros.

Aunque no sea propiamente una celebridad en nuestro país, Oprah Winfrey, es sabido que es una de la figuras más influyentes de los medios estadounidenses de las últimas décadas. Su club de lectura ha convertido en superventas, o revitalizado las ventas, de  autores que van desde Jonathan Franzen a Cormac McCarthy pasando por García Márquez, William Faulkner, Tolstoi o Toni Morrison.

Siguiendo su ejemplo, actrices como Reese Witherspoon, Emma Roberts, Sarah Jessica Parker, o cantantes, como Florence Welch: han creado sus propios clubes de lectura. Y precisamente Whitherspoon acaba de hacer un llamamiento de lo más curioso.

La ganadora de un Óscar por En la cuerda floja (2006) está buscando un bibliotecario residente (tal cual como los djs) para su club de lectura. Un bibliotecario que realmente ame los libros; tenga un gran sentido del humor; y sepa algunos movimientos de baile.

Esto último no sabemos muy bien porqué será uno de los requisitos. Pero tampoco es para ponerse pejiguera cuando se abre otro posible perfil profesional al gremio: bibliotecario de las estrellas. Desde Infobibliotecas, ya puestos, postulamos a una española: Irene Blanco. Que para eso fue nuestra corresponsal en Nueva York.

 

Pero Reese no es la primera estrella en recurrir a los servicios de un bibliotecario. Allá por 2013, la todopoderosa, Beyonce ya buscaba un bibliotecario personal. Pero en su caso fue por motivos algo más prosaicos que los de Reese.

La cantante guardaba más de 50.000 horas de grabaciones de actuaciones, entrevistas, apariciones en eventos… Y llegó un momento en que precisaba de alguien con los suficientes conocimientos para clasificar, catalogar y recuperar dicha información. ¿Qué habrá sido de ese bibliotecario/a de Beyonce?

El concepto ya estaba lanzado: personal librarian. Ya sabíamos de los personal trainers (deporte), los personal shopper (moda), o los life coaching (vida): pero no sabíamos de la existencia de los personal librarian.

Casanova bibliotecario personal del conde Waldstein.

Puestos a fantasear, ¿de qué estrella o celebridad nos gustaría ser bibliotecarios personales?, ¿a quién querríamos ordenarle los libros, catalogárselos, clasificárselos..? Aquí la imaginación se dispara, y cada uno tendrá su fantasía al respecto, algunas probablemente impublicables, así que mejor lo dejamos aquí.

Por nuestra parte, en las bibliotecas públicas se ofrece el servicio de bibliotecario personal desde siempre. Si nos comparamos con los gimnasios, donde si quieres realmente un buen entrenador, tienes que pagar: en las bibliotecas públicas no es necesario ni un euro más de lo que pagas con tus impuestos.

Para el gremio bibliotecario cada usuario/cliente es único, y a su disposición ponen todos sus conocimientos y esfuerzos para ayudarle. Ante esta evidencia, mejor que lo privado se quede para las estrellas o esnobs; y lo público,bien gestionado, nos haga sentir a todos realmente exclusivos.

Finalmente, las estrellas que le faltaban a Bill Kaysing, resultaron ser los bibliotecarios. Y después de esto, la postal Mr. Wonderful bibliotecaria con las estrellas y la Luna al completo: ya está terminada.

 

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Knovvmads: cultura trasatlántica para el siglo XXI

[Nota: este post tiene su reflejo al otro lado del Atlántico a través de un telestroscopio. Para visualizarlo pincha aquí.]

 

La cultura es energía, nunca se destruye, siempre se transforma.

El actor de serie B, en horas bajas, que interpreta Leonado DiCaprio en la última de Tarantino, Érase una vez en Hollywood (2019): asume su participación en un spaguetti western italiano como el signo inequívoco del declive de su carrera. Años después, esos filmes rodados en Europa, alimentarían la cinefilia de un joven empleado de videoclub en Tennessee. Un joven llamado Quentin, que terminaría convertido, en uno los cineastas más influyentes de finales del XX y principios del XXI.

 

 

Los denostados spaguetti western de los que se nutrió Tarantino son la demostración de que la cultura se retroalimenta. No hay detritus, todo sirve de abono. Pero también son la prueba de que la cultura de masas que ha marcado al mundo se basa en momentos, en los que el talento europeo, se cruzó con el espíritu emprendedor americano.

En los años 30 y 40 del pasado siglo cientos de técnicos, artistas, escritores y cineastas, huyendo del nazismo: fueron a recalar en la incipiente industria del cine estadounidense. No por casualidad, lo que vino a continuación, se le conoce como la Edad Dorada de la meca del cine. Ninguna industria como la desarrollada en las colinas de Hollywood ha impregnado la imaginación de todo un planeta como lo hizo la industria hollywoodense.

 

Josef von Stenberg, Marlene Dietrich y Charles Chaplin: europeos en Hollywood.

 

Ernst Lubitsch, Josef von Stenberg, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, Fritz Lang, Douglas Sirk, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Ingrid Bergman, Rodolfo Valentino, Audrey Hepburn o Vivian Leigh. La lista se haría interminable. Europeos en América que ayudaron a configurar un olimpo cuyos ecos aún resuenan hoy día.

Y otro tanto pasó en los años 80, cuando la estancada industria del cómic estadounidense, recibió una invasión de guionistas y artistas ingleses. Alan Moore, Dave Gibbons, Neil Gaiman, David Lloyd, Eddie Campbell.., reformularon el discurso del noveno arte para lanzarlo al boom adulto que vive actualmente.

 

Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons: el cómic de superhéroes que lo cambió todo en los 80.

 

Con ese espíritu, el de inspirarse en lo fecundos que han sido los intercambios entre las dos orillas del Atlántico: nace el proyecto empresarial de Knovvmads.

Queremos que esos diálogos, ese trasvase productivo de experiencias y energías, se den también en el mundo bibliotecario. Cooperación bibliotecaria trasatlántica que nos enriquezca mutuamente, y partiendo de un país, España, que tantas conexiones tiene con la pujante comunidad latina de los Estados Unidos.

Y cuyas redes de bibliotecas, a diferencia de las de otros países del viejo continente, como Reino Unido: han sobrevivido los duros años de la crisis apostando por la innovación, el ingenio y la adaptación de espacios y servicios.

Knovvmads, con sede en Miami, aspira a trasladar al mundo bibliotecario estadounidense algunos de los proyectos que mejores resultados han tenido en la empresa Infobibliotecas.

Repensar las bibliotecas en la era digital, requiere cambiar los esquemas en cuanto a servicios y espacios. Para ello es necesario tener un profundo conocimiento de lo que son y han sido las bibliotecas. «Todo ha de cambiar para que todo siga igual»: que decían en El Gatopardo. Otro ejemplo del feedback Europa-USA en su adaptación al cine protagonizada por Burt Lancaster.

Porque los objetivos básicos de las bibliotecas no han caducado. Los principios recogidos en el Manifiesto de la IFLA/Unesco de 1994 sobre bibliotecas públicas siguen vigentes. Pero son los modos de hacer que se cumplan esos objetivos (y otros nuevos que reclaman los tiempos) los que han cambiado.

Knovvmads, es una empresa recién creada, pero lleva el equipaje de la experiencia acumulada, durante años, como empresa de servicios bibliotecarios integrales de Infobibliotecas.

Desde suministro de fondos documentales, en cualquier idioma y formato, así como plataformas tecnológicas para el préstamo online de ebooks, audiovisuales y revistas: que se adaptan a las necesidades y sobre todo, capacidad presupuestaria, de cada institución. Con más de 20.000 e pubs en los que destacan los cómics y el aprendizaje de idiomas; más de 9.000 revistas de todas las temáticas; y miles de audiovisuales.

La biblioteca desde tu sofá: una excelente manera de luchar con la piratería de contenidos digitales. Y paralelamente un enfoque que reconsidera el concepto de biblioteca pública como espacio físico, como centro social y cultural.

 

 

El escritor alemán Bernhard Kellermann, en 1914, publicó una de las novelas más exitosas de principios del siglo XX: El túnel. ¿Su argumento?: la construcción de un túnel transatlántico que uniera Europa con los Estados Unidos. Un verdadero best seller que fue llevado al cine, y cuyo éxito, corroboraba esa fascinación mutua entre continentes.

Casi un siglo después, el artista británico Paul George, creó un telectroscopio y situó: uno, bajo el puente de Brooklyn, en Nueva York; y otro, junto al Puente de Londres.

A través de este ingenioso artefacto habitantes de ambas ciudades podían interactuar en tiempo real y enviarse mensajes. Un espejismo de ese gran túnel que uniese a los habitantes de ambas orillas del Atlántico.

 

El telectroscopio construido junto al Puente de Londres. Foto de David Parker. 

 

Knovvmads nace con vocación umbilical que se nutre en ambos sentidos. Un túnel trasatlántico de la cultura y las bibliotecas. El telectroscopio bibliotecario con el que otear el nuevo panorama que han provocado las nuevas tecnologías de la comunicación y la información. Y para ello: quiere generar debates, reflexiones, intercambios que parten del inconformismo para no apoltronarnos.

La presentación en sociedad de un proyecto tan ilusionante tiene que terminar donde ha empezado: en esa fábrica de sueños que forjaron la creatividad europea y el espíritu emprendedor americano. Como decía la inolvidable Bette Davis de Eva al desnudo (1950): «Abróchense los cinturones» en esta travesía con Knovvmads empieza la tormenta de ideas para bibliotecas.

 

Bette Davis como bibliotecaria insobornable en Storm center (1956).

 

[Nota: este post tiene su reflejo al otro lado del Atlántico a través de un telestroscopio. Para visualizarlo pincha aquí.]

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Bibliotecas públicas: ¿agentes de la gentrificación?

 

Ediciones Destino acaba de publicar la última novela de la autora inglesa Salley Vickers: La bibliotecaria. Según reza en su portada: ‘un homenaje a los bibliotecarios y a los libros que marcaron nuestra infancia’.

Narra la historia de la llegada, en 1958, de la joven bibliotecaria Sylvia Blackwell a un pequeño pueblo inglés. No hacemos spoiler alguno al adelantar que Sylvia se enamora del  médico local (igual podría haber sido el maestro o el notario, pero en cualquier caso, un miembro respetable de la comunidad). Y que serán las relaciones que entabla con los niños del pueblo, y sus recomendaciones de lectura, las que resquebrajarán la aparente armonía que caracterizaba la convivencia entre sus habitantes. Todo viene explicado en su contracubierta.

Ilustración de Fernando Vicente para el libro ‘Retablo’ de Marta Sanz en el que aborda la gentrificación del barrio madrileño de Malasaña.

En las listas de regalos para estas Navidades puede que a más de un profesional de bibliotecas le toque en suerte esta novela como regalo. Sin duda luce bien en los escaparates navideños. Para los que no sientan la más mínima curiosidad siempre quedará la opción de la próxima adaptación cinematográfica. Porque la novela de Vickers tiene toda la pinta de ser de las que rápidamente llevarán al cine.

En los últimos tiempos hay toda una corriente de adaptaciones literarias de novelas con temática relativa al amor por la lectura y las bibliotecas. En un repaso rápido: La biblioteca de los libros rechazados (2019); La sociedad literaria y el pastel de piel de patata (2018); Book club (2018); La librería (2017): y seguro que alguna más que se nos escapa.

Películas, que independientemente de su calidad, abordan la lectura y las bibliotecas desde prismas bienintencionados y amables. Obras que suelen asociar la lectura y el libro a ese concepto, ya tan desvaído, del buen gusto Y la cultura no tiene porque ser amable, ni mucho menos de buen gusto. ‘Algo que me entretenga pero no me haga pensar que bastantes problemas te da la vida’. Un deseo respetable, la evasión, pero que las realidades adulteradas que propician las tecnologías está llevando a niveles totalitarios.

Si consumimos cultura, pero nada de lo que consumimos nos sacude, interpela, cuestiona o inquieta: nos arrellanamos en el entretenimiento. Nada malo de por sí. Pero si la equivalencia cultura=entretenimiento se hace absoluta: ¿qué margen queda para la evolución, el progreso, individual y colectivo, que se supone debería promover la cultura?

 

En Guerra cultural C: pequeñas bibliotecas libres vs. gnomos de jardín constatábamos el lento declive de un símbolo de los vecindarios pequeñoburgueses, como son y han sido, los gnomos de jardín en favor de las intrusivas Pequeñas bibliotecas libres (PBL). Y parece que la resistencia se está organizando cada vez más. Y a los gnomos de jardín ahora se suman las bibliotecas públicas.

La expansión del movimiento de las PBL en Washington está provocando reacciones similares a las que provoca el turismo en ciudades como Barcelona o los cruceros en los fiordos noruegos. Tribus ocultas cerca del barrio, esperando que caiga la noche, para empapelar a las expansionistas PBL con libelos contra su imperialismo cultural.

Otros vendrán que subversivo me harán. Desde hace unas semanas algunas de las PBL han aparecido con escritos que denuncian la gentrificación que suponen para los vecindarios, y de paso, pidiendo apoyo para las bibliotecas públicas.

Si ya existen instalaciones mejores, y más completas, como son las bibliotecas: ¿qué pintan las PBL?

Por si acaso, desde su cuenta personal de Twitter, el director ejecutivo de la Biblioteca Pública DC de Washington: ha declarado no estar detrás de este movimiento en contra de las PBL. Tal y como dice en su tuit no las ven como competencia. Pero el debate sobre la gentrificación, a través del amor por la lectura, se ha abierto y que duda cabe que da juego.

Si atendemos al mapa mundial que ofrece la organización de las PBL para localizarlas: en España se contabilizan diez PBL registradas. Y ya adelantamos que ninguna se encuentra en el barrio de Los Pajaritos (Sevilla); ni en el distrito de Puente Vallecas (Madrid); ni en El Raval (Barcelona). Por citar algunos de los barrios con rentas más bajas del país.

En Madrid encontramos una PBL en pleno centro de la capital. Concretamente en el colegio privado Nuestra Señora de las Maravillas, perteneciente a los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle. En Murcia constan dos PBL inscritas en el municipio de Yecla, y pertenecen a un colegio público y a una academia de inglés.

 

Las PBL inscritas en el registro de las Little Free Libraries señaladas en el mapa.

 

Las PBL de Yecla (Murcia).

Subiendo por el Levante, en la Comunidad Valenciana, encontramos hasta cinco PBL. La primera, promovida por la Biblioteca Pública de Sant Joan d’Alacant; otra en Banyeres de Mariola construida por el centro privado de enseñanza Fundación Ribera; la tercera y la cuarta (contraviniendo el espíritu callejero originario) se encuentran dentro de una cadena de academias de inglés en Valencia capital; y la quinta, fue construida por la asociación literaria Bluebooks Castellón en dicha ciudad.

En cuanto a las tres restantes, las encontramos en Cataluña. Una en la localidad costera de Vilassar de Mar; otra en la Escuela Oficial de Idiomas de Girona; y la última, que se sitúa junto al Ayuntamiento de Avinyonet de Puigventós (Girona): consiste en una nevera reciclada y decorada para actuar como PBL.

A tenor de estos datos parece que en nuestro país se reafirma, al menos, una de las conclusiones a las que llegaron los bibliotecarios universitarios canadienses, Jane Schmidt y Jordan Hale en su estudio sobre las PBL:

  • contrariamente a lo que se sostiene de que las PBL sirven para llevar la cultura a barrios menos abastecidos culturalmente: lo cierto es que la mayoría de PBL se han instalado en barrios ricos y aburguesados que ya disponen de biblioteca pública.

First we take Manhattan: se vende ciudad de Daniel Serando y Álvaro Ardura. Un ensayo sobre ‘la destrucción creativa de las ciudades’

Pero no seamos clasistas. No hablemos solo de las PBL. ¿Qué decir de esas bibliotecas públicas que nacieron proletarias para hacerse burguesas?

En Detroit, tras haberse declarado en bancarrota en 2013, tras convertirse en una ciudad símbolo de los estragos del sistema capitalista: están empezando a ver luces al final del túnel. Pero unas luces que como siempre iluminan más a unos barrios que a otros.

Jodi Coalter, bibliotecaria de la Universidad de Maryland, publicó un artículo, hace un año, sobre la gentrificación que estaban sufriendo determinadas zonas de la ciudad. Y concretamente, sobre el papel que las bibliotecas están jugando en esa recuperación de barrios degradados, que vuelven a regenerarse a costa de expulsar a los vecinos con menos recursos. Ciudades escaparate, cultura de escaparate.

Coalter se pregunta ¿tienen las bibliotecas la responsabilidad de luchar contra la gentrificación? ¿ayudan las bibliotecas a ese proceso? La noticia de que la Biblioteca Pública de Chicago planea abrir sucursal en el distrito sur de la ciudad influirá, sin duda, en la revalorización urbanística de la zona.

¿Cómo se conjuga la labor encomiable de los bibliotecarios por organizar programas y servicios que ayudan a las personas más vulnerables, mientras por otro lado: la creación de bibliotecas sirve a los intereses de los beneficiados por la gentrificación? Y un nuevo leño al fuego: ¿es tan negativa la gentrificación? Un reciente estudio lo pone en duda. En cualquier caso un debate apasionante pero que pilla algo lejos de nuestra realidad. ¿O no?

 

Volviendo a nuestro entorno más cercano ¿En cuántas de las expansiones urbanísticas que han ampliado/despersonalizado las ciudades de toda España se han abierto bibliotecas públicas?

No dejaría de resultar interesante que ahondando en el interesante y necesario informe Fesabid: Las bibliotecas públicas en España: diagnóstico tras la crisis económica: el siguiente paso fuera un estudio que recoja la renta per capita de los barrios en los que se ubican las bibliotecas públicas en nuestro país. Constatar, si en los barrios con renta más bajas hay servicios bibliotecarios; y en qué barrios se ubicaban esas 251 bibliotecas que cerraron desde el año 2010 al 2016.

Gentrificación sí, gentrificación no: un debate urbanístico, sociológico, económico, y también por supuesto, cultural: en el que no hay que olvidar la cuestión bibliotecaria.

El delicioso libro de Marta Sanz sobre la gentrificación del barrio madrileño de Malasaña.

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Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Bibliotecas bailando con el diablo a la luz de la luna

 

Por si la maquinaria publicitaria de Warner Bros no fuera suficiente, desde Infobibliotecas (generosos que somos), vamos a ayudarles a promocionar su película Joker (2019). Hemos recurrido a una antológica frase del personaje para titular el post. Aunque la frase en cuestión ni siquiera es de la película de Todd Phillips, sino que la pronunciaba hace veinte años otro Joker memorable: Jack Nicholson en la primera de Tim Burton. Y además, en realidad, de lo que vamos a hablar es de bibliotecas. En fin, pese a todo, esperamos que la Warner sepa apreciar el detalle.

 

Batman-Gotham

Parte de la campaña de marketing de la película pasaba por pedir precaución frente a posibles atentados en cines o llamadas a disturbios tras ver la película. Y resulta que, en vez de en los lejanos Estados Unidos, las escenas callejeras violentas, más recientes, las estamos viviendo mucho más cerca. En una tierra cuyas bibliotecas, símbolo de diálogo e integración, siempre han sido modelos en los que inspirarse.

El Joker les decía, poéticamente, esa frase a los que a continuación iba a asesinar. Y en este post viene bien para hablar de esas amistades peligrosas que, en ocasiones, pueden establecer las bibliotecas. Unas amistades que nunca se sabe si te llevarán por el buen camino.

Por otro lado, que en este 2019, el Día de las Bibliotecas, coincida con el día en que finalmente los restos del dictador abandonan el Valle de los Caídos: no podía dejarse pasar sin hacer alguna interpretación de las que tanto nos gustan en este blog. Quien no arriesga no gana. Y riesgo, en este post, lo que se dice riesgo: no va a faltar.

 

El término marketing ha abierto a la puerta a muchos otros anglicismos. Este libro sobre branding es de los más recientes sobre marketing cultural.

 

Las XX Jornadas Bibliotecarias de Andalucía, que tuvieron lugar los días 18 y 19 de octubre: han girado en torno a la importancia de tener una marca propia que nos identifique.

El hashtag #marcabiblioteca y un estupendo spot publicitario lo dejaban claro. Y como en este blog hemos dedicado ya varios post a observar con descaro a la publicidad y sus estrategias para relacionarlas con el mundo bibliotecario (el más reciente: Pausa publicitaria para bibliotecas): no podíamos más que sentirnos interesados.

Por mucho que el diccionario de la RAE siga poniendo la palabra marketing en cursiva remitiéndonos al término más apropiado de mercadotecnia: la batalla parece perdida.

La irrupción de la jerga publicitaria-comercial en todos los ámbitos parece imposible de revertir. Y hasta en esos templos del saber defendidos por los guardianes del conocimiento (sic): el mercadeo está a la orden del día. Que no los llames usuarios que son clientes; que no lo llames plantilla que son recursos humanos; que no lo llames préstamos que son alquileres… Ah, no, esto último lo confunden algunos usuarios/clientes.

El caso es que el ambiente era más que propicio para que las Jornadas andaluzas se lanzasen apelando a la #marcabiblioteca. Y visto lo visto, a través de las redes, superaron las expectativas.

Arrancar a ritmo de Grease con número titulado «Las cosas ya no son lo que eran» ya fue un toque de atención. Si los medios en general se hicieran eco de los eventos bibliotecarios igual que se hacen eco de los eventos de otros sectores: el estereotipo bibliotecario, en el que tanto empeño ponemos por demoler, estaría ya hecho ruinas.

Pero estamos hablando de cultura y el espacio para la cultura en los medios es como aquella película de los 70: Pierna creciente, falda menguante (1970). Y lo de pierna creciente, por mucho que lo pueda parecer, no está metido con calzador. En las Jornadas Bibliotecarias Andaluzas hubo una llamada a la concupiscencia que ríete tú de las películas del destape.

La protagonista fue la bibliotecaria de Villena, Ana Valdés, que junto con el polifacético Nèstor Mir (bibliotecario, músico, dramaturgo, escritor y dinamizador cultural): presentaron su ponencia sobre el movimiento de las Bibliotecas inquietas, que partiendo de Valencia, amenaza con infestar a todo el orbe bibliotecario. Si la cosa había empezado con Grease estuvo a punto de concluir con un estriptis en toda regla.

 

 

Llámenos exagerados pero el momento en el que Ana dejó caer el cárdigan al suelo es equiparable a cuando Rita Hayworth se quitó el guante en Gilda (1946). Pura provocación al santo oficio bibliotecario guardián de las esencias de la ranciedad bibliotecaria más recalcitrante. Ana Valdés, Gilda bibliotecaria, a un paso de la excomunión.

La deriva que ya apuntábamos en Cabaré bibliotecario supera lo anecdótico para amenazar con abrir vías de futuro para las bibliotecas. En aquel post eran los bibliotecarios ingleses los que habían recurrido a un ardid legal para ampliar los horarios de las bibliotecas camuflándolas/confundiéndolas con cabarés. Y una vez se da el primer paso para adentrarse en lo prohibido: la vuelta atrás se torna imposible.

El pasado, últimamente, no para de entrometerse en el presente. Que si el Brexit como nostalgia por un imperio que, what a pity!!, no va a volver; o la exhumación de un dictador que coincide con la celebración del Día de las bibliotecas 2019. ¿Casualidad? No creemos en las casualidades. En este blog somos adictos al efecto mariposa. Y si exhuman a Franco el Día de las bibliotecas es porque el destino, o lo que sea, nos está enviando más señales que un neón a punto de fundirse.

 

Franco inaugurando el primer bibliobús en 1953: adviértase la mirada de ¿desconfianza? ante tanto libro en libre circulación.

 

En Biblioteca yé-yé (o de lo tipycal spanish en bibliotecas) indagamos en lo que había aportado España al mundo bibliotecario. El resultado de las pesquisas nos llevó a concluir que la aportación al mundo bibliotecario netamente español fue un invento franquista: las casas de la cultura. Y ahora los ingleses, los del Brexit, los que inventaron las bibliotecas publicas andan a vueltas con un invento Made in Spain.

Los planes de futuro para las bibliotecas de la ciudad inglesa de York que tienen sus responsables políticos pasan por alejarse de la idea de edificios dedicados en exclusividad a bibliotecas. Hay que compartir espacios o dejarse invadir por ofertas que, en principio, no se contemplaban como propias de una biblioteca.

 

Carné de las bibliotecas de la ciudad inglesa de York.

 

Cafeterías, asociaciones de vecinos, clubes juveniles, ONGs, etc… Edificios multiespacios que acojan a las bibliotecas, pero que den cabida a mucho más. Tal como las casas de la cultura españolas. Hasta aquí no tendría porque sonar mal. En los tiempos de los coworking, de los espacios públicos flexibles, de servicios al ciudadano integrados: las bibliotecas pueden aprovechar las sinergias que surjan de compartir espacios. El matiz viene de cómo se dibuja esa idea en la mente de los responsables políticos.

Según los promotores, el convertir los edificios de las bibliotecas en edificios multiusos hará que York tenga las mejores bibliotecas del Reino Unido. Y eso pasa por ‘identificar posibles socios y el desarrollo de futuros negocios para la inversión». ¿Qué alianzas serán las que busquen? ¿quién ejercerá de anfitrión? ¿la biblioteca o la cafetería? La convivencia público-privado es algo que ni se plantea (de lo asumido que lo tienen) en las bibliotecas del otro lado del charco. El temor a que se desvirtúe el concepto biblioteca está ahí: pero eso no debe paralizarnos.

 

Hive@central es un espacio incubadora de pequeñas empresas y un centro de recursos empresariales de la Biblioteca Pública de Phoenix. 

 

‘Contamíname, mézclate conmigo’ que cantaban dos iconos de la progresía y la lucha antifranquista desde la cultura como Ana Belén y Victor Manuel. Y precisamente, una de las actuaciones suspendidas por los disturbios en las principales ciudades catalanas: ha sido la de la última gira de Ana Belén en Girona.

Los tiempos corren confusos y peligrosos y hay que estar pendientes de esos fascismos cotidianos que terminan enquistándose. Una canción como ‘España, camisa blanca de mi esperanza’ que en su momento llamaba a la concordia y la conciliación, en estos días en Cataluña puede sonar provocadora. La provocación, como siempre, en la mirada y los oídos del que ansía ser provocado.

En un tiempo de exacerbación de las identidades, de exclusión y tribalismo: el futuro tal vez pase por asumir sin miedo la disolución. Bibliotecas solubles mezclándose sin miedo a perder su identidad. Si el libro impreso está demostrando ser más resiliente de lo que tantos vaticinaron: ¿por qué no han de serlo también las mejores guaridas que ha tenido hasta el momento?

En este post hemos hecho cohabitar, como en unos de esos edificios multiusos a los que aspiran los políticos de la ciudad de York: al Joker con Franco, el Brexit, el estriptis y las bibliotecas. Una vecindad de lo más estrafalaria y extrema. Pero cuando hay fe en la cultura como herramienta de progreso, y no como excusa para medrar o dominar: la convivencia siempre es posible.

 

 

Pero cerremos el círculo. El clásico Smile se ha convertido en tendencia en Youtube gracias que suena en Joker (2019). Entre los muchos intérpretes que ha tenido la canción se encontraba Nat King Cole. ¿Qué porqué elegimos su versión en lugar de la de Jimmy Durante que es la que suena en la película? Por varias razones.

La Biblioteca Pública de la ciudad estadounidense de Avon es un ejemplo de esa buena vecindad de la que hablábamos. En esta ocasión entre lo que se espera de una biblioteca; y lo que se espera de una sala de conciertos.

Un gran piano de cola destaca entre estanterías y zonas de lectura rompiendo, de manera habitual, el sacrosanto silencio. Y precisamente, en su programación de conciertos para este 2019, se incluía uno dedicado a Nat King Cole.

Además Nat King Cole, que arrasaba en la España de los 50, fue censurado por el franquismo cuando interpretaba la canción Cachito. Que un afroamericano de dos metros cantase con voz insinuante a las virtuosas españolas de la época aquello de: «cachito, cachito, cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio»: solo podía interpretarse, por parte de los censores, como una alusión velada a su miembro viril. Una provocación en toda regla. Aunque en realidad se trataba del diminutivo cariñoso con el que la autora del tema, Consuelo Velázquez, llamaba a su hijo.

Tras algo así solo cabe reírse y bailar. Bibliotecas bailando con el diablo y sonriendo a la luz de la luna para desear un ¡¡Feliz #DíaDeLasBibliotecas 2019!!

 

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Bibliotecarias fuera de contexto

 

Sacar algo de contexto, en principio, está muy feo. Salvo que sea en un experimento científico en el que se aísla un componente para poder estudiarlo mejor. Pero en la actualidad salirse de contexto se convierte en imperativo, en cuestión de supervivencia: si de evolucionar se trata. Todos estamos en una probeta. Incluidas las bibliotecas. El eje sobre el que gravitaban bibliotecas y bibliotecarios se ha desplazado (aunque queden muchos aún sin enterarse) y está por ver en qué terminan reconvirtiéndose tanto las unas como los otros.

 

La bibliotecaria e investigadora aficionada Rebekah Heath (Foto de  Jessica Rinaldi/The Boston Globe via Getty Images)

 

La bibliotecaria estadounidense Rebekah Heath saltó a los medios recientemente gracias a que, con sus pesquisas de investigadora aficionada, había conseguido resolver un caso de asesinato. A Rebekah le pagan por cumplir con sus funciones como bibliotecaria, pero su gran afición por las novelas de Agatha Christie, le llevó a obsesionarse con el asesinato de una mujer y sus tres hijas, cuyos cadáveres, la policía no había conseguido identificar.

La intrépida bibliotecaria, cual Miss Marple treintañera, se aplicó en búsquedas genealógicas, sitios webs de personas desaparecidas y grupos de Facebook especializados: en los que ir rastreando la pista de esta mujer y sus tres hijas. Finalmente, gracias a las pistas recopiladas: el Departamento del Sheriff del Condado de San Bernardino, pudo dar con la pista del padre de las niñas, que resultó ser un vagabundo con antecedentes por asesinar a su anterior pareja. El sospechoso cumplía condena cuando, en 2010, falleció. Una vez resuelto el misterio, la persistente bibliotecaria, se ha propuesto identificar a la tercera de las víctimas, cuyo nombre, no consta en ningún registro.

 

Han habido muchas Miss Marple en películas o series de televisión pero nuestra favorita siempre será la estupenda actriz inglesa Margaret Rutherford.

 

El ensayo que todo aquel que querría convertir su afición en su trabajo debería leer antes de tomar esa decisión.

Convertir una afición en profesión es lo mejor (¿?) que le puede pasar a cualquiera. Y si bien entre las profesiones soñadas por los niños nunca suele aparecer la de bibliotecario; si exceptuamos la de actor: trabajar de bibliotecario es la que deja más opciones para desarrollarse en los más diversos ámbitos. Somos cansinos, sí, pero ya lo decía nuestro eslogan: ‘quien habla de bibliotecas termina hablando de todo’. Y si lo reformulamos pensando en la profesión bibliotecaria podríamos decir que: ‘quien trabaja en bibliotecas podría (en un mundo ideal) terminar trabajando en cualquier ámbito‘. Tal es la cualidad camaleónica que atesora la profesión.

Un argumento para dar peso a esta idea es el hecho de que existan bibliotecas especializadas en todas las materias, sectores y asuntos imaginables. Pero al igual que las escuelas abortan muchas vocaciones prematuras en los niños, las condiciones laborales en la mayoría de los casos: truncan posibles desarrollos personales y profesionales.

La auténtica industria montada alrededor de la nostalgia en torno a la EGB ha dado lugar hasta a giras musicales.

Pero siempre hay gente a contracorriente, como Rebekah y su amor por la criminología, o la activista bibliotecaria Marion Stokes y su afición compulsiva por grabar vídeos de programas de la televisión.

No somos asiduos a esa industria de la nostalgia que tan pingues beneficios da en formato libros, discos, DVD o conciertos del tipo ‘Yo fui a la EGB’. Pero seguro que entre los hábitos rescatados del pasado para cualquiera que viviese su adolescencia/juventud en la era predigital: están las cintas de casete y VHS en las que grabar (y obsequiar a amigos y posibles conquistas amorosas) selecciones musicales dedicadas o los cotizados vídeos de la MTV.

 

 

Las motivaciones de Marion Stokes distaban de las que movían a tantos adolescentes siempre con el botón del REC listo para grabar la última de Radio Futura, Michael Jackson o Mecano. En la web Atlas Obscura dedican un artículo al documental recién estrenado sobre el enorme esfuerzo que Stokes llevó a cabo durante años acumulando grabaciones de miles de horas de programación televisiva.

Si en los años 70 la televisión era blanco fácil para el desprecio de intelectuales y cultivados, Marion no se dejó amilanar por ese desprecio. Con un empeño muy propio de alguien acostumbrado al puntillismo que se asocia a la profesión bibliotecaria, la señora Stokes, acumuló tres décadas de críticas realizadas a la televisión desde la propia televisión. Salvando barreras generacionales, culturales y continentales: Marion Stokes, al igual que nuestra María Moliner redactaba meticulosamente las fichas con las entradas para su diccionario: convirtió en la obra de su vida su afición/obsesión por grabar noticias emitidas por televisión.

Marion Stokes como tertuliana en un programa de televisión en los años 70.

 

Podría parecer un nuevo ejercicio de nostalgia pero se trata de un poemario. Pero nos viene muy bien para ilustrar una moda que vuelve: los casetes.

El valor sociológico, cultural y periodístico de este gran archivo audiovisual gana aún más fuerza en plena era de las fake news. No es de extrañar que muchas de estas grabaciones se estén digitalizando para pasar a formar parte del enorme acervo de la biblioteca digital Internet Archive. El empeño de la multidisciplinar bibliotecaria afroamericana que, en la convulsa década de los 60, inició su andadura como activista por los derechos civiles, feminista, productora de televisión y, ya en los 70, coleccionista audiovisual: es quizás uno de los ejemplos más extremos de lo polifacético que resulta el perfil de un profesional de la información.

La inquisitiva Rebekah Heath o la protéica Marion Stokes son dos historias que hablan de ese potencial de la profesión bibliotecaria. Perdón, de gestor cultural, que es como gusta redefinir ahora a los profesionales en los nuevos másteres y planes de estudio que van tomando el relevo a las avejentadas Biblioteconomía y Documentación. Confiemos en que esos gestores culturales que surjan al mundo laboral lo hagan con capacidad para salirse de contexto cada vez que sea necesario. Y para ello dotarles de una visión de la cultura sin prejuicios e discursos acotados se hace imprescindible.

 

Y ya que hemos hablado de los 70, la industria de la nostalgia, y salirse de contexto: ¿qué mejor que el último vídeo de Lana del Rey? La lynchiana cantante (por David Lynch) ha convertido en un ejercicio de estilo su anacronismo estético y musical siempre deudor de décadas pasadas. Pero es que en el primer vídeo de presentación de su último disco ‘Norman Fucking Rockwell’: se sale de la pantalla cual personaje de la (también nostálgica) ‘La rosa púrpura de El Cairo’ (1985): y canta al verano que poco a poco (confiemos) vamos a ir dejando atrás.

Ni gigantes como Lana, ni pigmeos como los espectadores del autocine: simplemente bibliotecarios fuera de contexto buscando reubicarse en un mundo vertiginoso.

 

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Campamento de verano para amos del mundo (y un bibliotecario)

 

Unir política y religión no es buena idea. Pero visto el panorama político de nuestro país no sería tan mala idea copiar, en parte, los cónclaves cardenalicios para elegir nuevo papa. Si la política se ha convertido en un reality más, el que los encierren bajo llave, sería un buen estímulo para conseguir que se centrasen en el bien común. Y ya puestos, y recordando nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario, que sea en la Biblioteca Nacional en vez de en el Congreso. Con siglos de cultura y civilización alrededor igual se tomaban más a pecho lo de estar a la altura de las circunstancias. Pero fuera en el Congreso, o en la BNE, el aire de estar haciendo un teatro no creemos que se mitigara.

 

El supuestamente selecto campamento de verano para poderosos Bohemian Grove. Aunque viendo la foto no pareciera tan exclusivo.

 

Un teatro, el de la política, que en los últimos años, series como Borgen o House of cards han reflejado de forma apasionante en muchos casos. En esta última, Kevin Spacey, recientemente absuelto de los cargos por abusos sexuales y comportamiento indebido, encarnó magníficamente a un maquiavélico presidente de los Estados Unidos. Y precisamente una de las teorías que corren a cuenta de su caída en desgracia lo achaca a que, en dicha serie, de la que era productor: se habló del secretísimo Bohemian Grove (¿nos la estaremos jugando en este blog?).

 

Kevin Spacey como presidente de los Estados Unidos en House of cards formando parte de los rituales del Bohemian Grove.

 

El Bohemian Grove es un club exclusivamente masculino (‘un bonito campo de nabos’ que diría Leticia Dolera): ubicado en lo más profundo de un bosque de California, que celebra acampadas de verano cada mes de julio. En dicho campamento se reunirían desde presidentes de gobierno a empresarios y políticos para, se supone, simplemente disfrutan del aire libre, la música y el teatro. Los negocios, según reza su lema, quedan fuera del campamento.

 

Foto de Ronald Reagan y Richard Nixon en el Bohemian Grove.

 

El secretismo, como en el caso del grupo Bildenberg, es absoluto. Pero sí se sabe que el último bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos (antes de que por primera vez en la historia una mujer, Carla D. Hayden, ocupase el puesto): formó parte del Bohemian Grove.

¿Un bibliotecario en los círculos del poder? Eso solo podía pasar en los Estados Unidos. ¿O tal vez, a pequeña escala, también se da en el mundo bibliotecario español? No seremos nosotros quienes hagamos saltar esa liebre. El caso es que James H. Billington, que falleció hace solo unos meses: consiguió congregar durante el tiempo en que ejerció como bibliotecario del Congreso a un exquisito círculo de influencers de verdad, no de los que posturean en el Instagram: el James Madison Council.

 

 

Boletín de la primavera 2019 del influyente (y rico) James Madison Council.

Compuesto por empresarios y relevantes figuras de la política o las artes, sus donaciones a la Biblioteca de 25.000 dólares al año: les daban acceso a cenas privadas en el edificio Thomas Jefferson de la biblioteca y accesos exclusivos a la biblioteca y sus colecciones. Eventos, viajes, alojamientos en hoteles de lujo, encuentros con artistas o políticos de todo el mundo: un tren de vida laboral que cuesta trabajo asociar a la categoría profesional de  bibliotecario. Y que en los tiempos finales de su mandato fue fuertemente cuestionado por otros bibliotecarios y algunos medios.

El hecho de que el bibliotecario creador de tan selecto club, Billington, fuera designado en los años 90 por el entonces presidente, Ronald Reagan, y la actual bibliotecaria del Congreso, Carla D. Hayden, lo fuera en 2016 por Obama: hizo pensar que el James Madison Council podría ser cuestionado y desaparecer. Pero nada más lejos de la realidad. La exclusiva sociedad filantrópica sigue activa y funcionando bajo el mandato de Hayden. Lo que no nos consta es que, en el Bohemia Grove, se hayan saltado su norma de excluir a mujeres y Hayden forme parte de sus acampadas.

 

Frase extraída de las grabaciones realizadas a Nixon: «Bohemian Grove, a donde asisto de vez en cuando, es la cosa más jodidamente desquiciada que puedas nunca imaginar.»

 

Pero salvando casos tan excepcionales en el gremio bibliotecario como el de ser bibliotecario de la Library of Congress: ¿qué poder de decisión/influencia tienen los bibliotecarios en las decisiones que se toman en torno a la cultura? Como en todo dependerá de cada caso y circunstancia: pero precisamente hace unos días nos hacíamos eco, en nuestra cuenta de Facebook, de que la Federación del Gremio de Editores quiere convertir a España en una potencia lectora. Y para ello abogan por un Pacto de Estado por la lectura.

 

Avance del análisis del mercado editorial que publicó hace unos días la Federación de Gremios de Editores de España. El texto completo aquí.

 

Una muy buena noticia. Pero como muy oportunamente se pregunta en un comentario Glòria Pérez-Salmerón: ¿y dónde quedan las bibliotecas en este pacto? Y lo dice la actual presidenta del organismo más importante de bibliotecas a nivel mundial. Confiamos en que, aunque no sea en nuestro Facebook, la pregunta al aire de Pérez-Salmerón no quede sin respuesta.

Los bibliotecarios, cuando se lo proponen y se asocian, pueden hacer presión como cualquier otro grupo social. A finales de junio tuvo lugar la conferencia anual de la American Libraries Association, y algunas de las medidas adoptadas, han desconcertado profundamente al portal de ideología conservadora Ricochet. Nostálgico del estereotipo bibliotecario más rancio ha publicado un artículo donde se pregunta: ¿Cuándo se han despertado los bibliotecarios?

 

Y no es para menos, desde su perspectiva, porque entre las medidas adoptadas por los bibliotecarios estadounidenses se encuentran cuestiones tan incómodas para un partidario de Trump como:

  • sesiones bajo el título «Confrontando el nacionalismo blanco en bibliotecas»: que abordaban medidas para combatir el supremacismo blanco en las bibliotecas y conseguir hacerlas más inclusivas y democráticas;

  • se habló del Proyecto de la Biblioteca de los Nuevos Americanos: una serie de programas y servicios bibliotecarios para apoyar a las poblaciones migrantes y de refugiados;

  • programas como «Alimentos para el pensamiento» para combatir la malnutrición de los más desfavorecidos y que, en algunos casos, incluyen meriendas para niños en las bibliotecas;

  • programas bajo el título «Letras como literatura: uso del hip-hop para amplificar la voz de los estudiantes y la justicia social»;

  • las protestas por la hora del cuento llevada a cabo por una drag queen fueron objeto de debate. Se habló de las posibles medidas a adoptar para que la diversidad sexual y afectiva esté presente en las bibliotecas.

 

Con este muestrario no es de extrañar que el citado medio conservador exprese su añoranza por las bibliotecarias de cárdigan y rodete. Pero ¿y los profesionales de bibliotecas españolas? ¿están despiertos? Una pregunta que dejamos en el aire para que cada uno responda según su experiencia.

Pero volviendo, para terminar, a ese bosque californiano en el que se reúnen los más poderosos cual Boy Scouts. Según relatan los que se han conseguido infiltrar: se practican rituales, se representan obras de teatro travestidos, como en el teatro shakesperiano (¿no será un Brokeback Mountain de poderosos?): y se refuerzan unos a otros como amos del mundo. Pero ¿esto se lo puede tomar alguien en serio? ¿realmente actúan así los amos del mundo?

 

Representación teatral en el Bohemia Grove por los años 30 del pasado siglo.

 

Visto el panorama más que estar tan pendientes de políticos y poderosos: las bibliotecas hacen mejor en promover esa sociedad civil que demuestra, la mayoría de las veces, mejor criterio que los responsables políticos que, por otra parte, termina eligiendo.

Nosotros por nuestra parte ya hemos elegido. Vamos a buscar algún bosque en el que perdernos. Pero sin campamentos secretos que nos hagan sentirnos importantes. Con un plano para no extraviarnos, y buenas lecturas, nos basta y nos sobra para sentirnos poderosos. ¡¡FELIZ VERANO CULTURAL!!

 

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Líneas rojas bibliotecarias

En la maravillosa película La linterna roja (1991) de Zhang Yimou: una linterna roja frente a una de las viviendas de las cuatro esposas de un señor feudal: significaba quien era la elegida, cada noche, para yacer con su marido y amo. Quien haya visto la película difícilmente podrá olvidar la belleza de sus imágenes, en las que el color rojo, se carga de simbolismo y significado. El rojo de la sangre menstrual como arma arrojadiza entre cuatro mujeres enclaustradas: que compiten en sus luchas por el poder dentro de los muros de un castillo.

Arrancar trayendo a colación la película de Yimou no necesita justificación, siempre es saludable recordar buenas obras para revisarlas o poner sobre su pista a quienes no las hayan disfrutado: pero es que la actualidad, siempre tan oportuna, nos trae una noticia que da aún más vigencia a algo de lo que hablábamos en el post anterior.

 

El documental, producido por Netflix, sobre los tabúes que rodean al ciclo menstrual en la India que se alzó con un Óscar en la edición de este año.

 

En La biblioteca como ornamento contamos el ardid de unos diseñadores alemanes para denunciar/soslayar el abusivo IVA que grava a los tampones en su país vendiéndolos dentro de un libro. Un libro de tampones que unía insospechadamente una cuestión de higiene íntima con el mundo bibliotecario. Y ahora desde Canadá nos llega otra noticia que vuelve a unir ambos asuntos.

El emoji para representar la menstruación que también nació entre polémicas.

Los baños de las bibliotecas públicas de la ciudad de Halifax distribuirán, de forma gratuita, tampones y toallas sanitarias. Una medida que ha sido celebrada por activistas como Jodi Brown que lleva varios años promoviendo campañas para conseguir productos sanitarios y de higiene para las personas más desfavorecidas.

De este modo, tampones y toallitas se equiparan al jabón y papel higiénico como productos a ofrecer en cualquier aseo de un establecimiento público. Pero algo, en apariencia, tan cotidiano entronca con un discurso feminista, cada vez más presente, en torno a la necesidad de desestigmatizar/visibilizar todo lo que rodea al ciclo menstrual femenino.

 

El espectacular hall rojo de la biblioteca pública de Seattle. Un desafío cromático a los sentidos.

 

La reciente y esteticista adaptación del clásico de Argento que ha llevado a cabo Luca Giardino.

Y al igual que el rojo de la película de Yimou nos ha servido para marcar el inicio del post: ahora es una foto del provocador hall rojo de la Biblioteca Pública de Seattle que, cual decorado de una película de Dario Argento, traza la línea roja que demarca un giro en nuestra narración.

La planta roja de la biblioteca de Seattle representa a la perfección la idea que de las bibliotecas propagan figuras como el creacionista estadounidense Ken Ham que, a través de Twitter (¿dónde iba ser si no?), ha declarado que «las bibliotecas públicas se están convirtiendo en lugares peligrosos».

 

La galardonada obra de teatro ‘Red’ de John Logan gira en torno a la figura del pintor Rothko y ha sido estrenada hace poco en nuestro país.

No sabemos si conocerá ese vestíbulo de rojo mareante de la biblioteca de Seattle; de hecho no sabemos si habrá pisado muchas bibliotecas el tal Ham: pero lo que es probable es que esa imagen debe representar, como pocas, el infierno intelectual en el que vive el susodicho. «El hombre que cree que la Tierra tiene 6.000 años de antigüedad: dice que las bibliotecas están empezando a ser peligrosas para los niños».

Así reza el titular que da para un meme con el que se cuenta la noticia en ‘The New York Daily News’.  El célebre evangelista estadounidense acusa a las bibliotecas de estar poniendo en peligro las mentes más tiernas al exponerlas a libros y documentos  LGTBIQ y feministas . Un cuento que ya nos sabemos de memoria de tantas (malas) versiones como de él se han dado en las noticias de distintos países. Pero más allá de las acusaciones contra las bibliotecas, la figura de Ken Ham, bien merece un pequeño inciso en nuestro rojo recorrido.

 

El Kentucky’s Ark Encounter es el parque temático cristiano evangelista promovido por el creacionista Ken Ham. En él se puede visitar este Arca de Noé tamaño real.

 

Ken Ham es el propulsor y director del parque de atracciones temático Ark Encounter en Grant County, Kentucky. Aparte de la reproducción del Arca de Noé el parque cuenta con un museo donde la historia de la humanidad se cuenta desde el punto de vista creacionista; y hasta tienen en proyecto construir la Torre de Babel. No hemos podido constatar que el parque cuente con una biblioteca: pero en el caso de que esté en proyecto: nos encantaría conocer todos los detalles de dicha biblioteca, y sobre todo, de la persona al frente de la misma.

Este tipo de noticias, en el pasado más inmediato, siempre nos horrorizaban/divertían desde la distancia de seguridad que nos daba tener un océano cultural y físico entre: los siempre contradictorios Estados Unidos y, la vetusta y venerable, Europa. Pero ese cordón sanitario cultural, esa línea roja, hace mucho que se desvaneció.

 

 

Hace solo unos días Abderramán III se convirtió en trending topic siglos después de su muerte. El hecho de que la primera medida adoptada por el equipo municipal de gobierno del pueblo zaragozano de Cadrete haya sido retirar un busto de Abderramán III: ha copado los titulares de los medios y las redes.

No hace falta hablar de lugares en ultramar. Tenemos los totalitarismos a la vuelta de la esquina. Con una variedad de colores y espectros (por no decir fantasmas) ideológicos que los norteamericanos, tan binarios en lo político como son ellos, no serían capaces de imaginar ni en una producción de Hollywood.

 

Bibliotecarios sin fronteras: organización canadiense que promueve a las bibliotecas sin distinciones geográficas en más de 75 países.

 

Nuestra corresponsal en Nueva York, Irene Blanco, hace poco en este blog, nos corroboraba lo implicados que están los bibliotecarios neoyorquinos con su comunidad. La sociedad civil y el activismo en los Estados Unidos es uno de los rasgos más admirables de la sociedad estadounidense: y el gremio bibliotecario, en ese sentido, no queda al margen. Todo lo contrario. En numerosas ocasiones ha demostrado su firmeza cuando de defender la libertad de expresión y la función de las bibliotecas se trata.

Las comparaciones sobran. Pero ya que los políticos no paran de hablar de líneas rojas y cordones sanitarios, entre unos y otros, la pregunta surge sola: ¿qué líneas rojas marcarían los bibliotecarios españoles al ver amenazadas la libertad de expresión o la libre circulación de las ideas en sus centros? ¿qué fronteras culturales estarían dispuestos a defender ante eventuales ataques a los principios que recoge el Manifiesto de la IFLA/Unesco sobre bibliotecas públicas?

 

Los bibliobúses: activismo bibliotecario sobre ruedas.

 

La película de Frederik Wiseman sobre la Biblioteca Pública de Nueva York: blockbuster bibliotecario de la temporada.

Ya lo decía hace poco el documentalista Frederick Wiseman al visitar nuestro país: «Una biblioteca es un arma política«: puede ser solo cuestión de tiempo que los que no habían caído en la cuenta de esa verdad sean conscientes y decidan usarla. Máxime cuando, posturas hasta ahora impensables en nuestro entorno más cercano: se abren paso en las administraciones de las que dependen las bibliotecas.

Afortunadamente, en contrapartida, también hay noticias que están dibujando líneas, rojas o no, con las que perfilar horizontes más esperanzadores.

Es el caso de las bibliotecarias aragonesas que se han unido para reclamar un reconocimiento a su labor y, sobre todo, compromiso por parte de las administraciones con la labor que las bibliotecas pequeñas desarrollan en el mundo rural. Es también el caso del ilusionante Manifiesto de bibliotecas inquietas que ha surgido en Valencia.

Puede que no tengamos la tradición activista de los Estados Unidos, ni una sociedad civil con una capacidad de movilización tan potente: pero ya que insisten e insisten tanto políticos y medios en ello: es buen momento para parar un instante y preguntarse: ¿cuáles serían nuestras líneas rojas bibliotecarias?

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

Postales bibliotecarias de NYC: entrevista con Irene Blanco

Fotografía de Berenice Abbott. West Street, 1932

 

Los vientos soplaban favorables porque lo cierto es que, cuando nos vimos abocados a reinagurar el blog de Infobibliotecas, nada de lo que ha acontecido estaba previsto. Según los psicólogos tres de los hechos más traumáticos y estresantes que pueden acontecerte son: un divorcio, la muerte de un ser querido y una mudanza. Pues bien, en lo que (afortunadamente) nos atañe, la mudanza, no ha podido resultar más placentera.

Como si de un plan urdido a conciencia se tratase, de manera inesperada, el camino de Infobibliotecas se cruzó con el periplo neoyorquino de Irene Blanco. Y de repente se nos planteaba una oportunidad única para tener conexión directa con el inquieto mundo bibliotecario de la Gran Manzana. Han sido siete crónicas, a cual más interesante, que no podíamos concluir sin un último añadido: una charla, ya ajena a los frenéticos ritmos de la metrópoli, con la que celebrar el regreso de la mejor corresponsal que podríamos haber imaginado. Nos ajustamos a la máxima de la muy neoyorquina Dorothy Parker que tan bien ha aplicado Irene Blanco en sus crónicas:

«La cura para el aburrimiento es la curiosidad. No existe cura para la curiosidad.»

 

Antes que nada disípanos una preocupación que tenemos. ¿Se te ha pegado algo de ese carácter neurótico, malencarado y agresivo con el que los estereotipos caracterizan a los neoyorquinos?

Jajajajajajajaja New York es una selva total, es cierto que es un choque esa agresividad con la que la ciudad se manifiesta en algunos momentos y lugares (véase hacer transbordo en Grand Concourse en hora punta ;)) pero los neoyorquinos tienen ese carácter que también te empodera mucho. Dicen que en NYC todo es posible, es cierto que se respira ese espíritu luchador y emprendedor, pero nada es gratis en la tierra de las oportunidades, hay que luchar y puede resultar cansado. Eso sí, si sobrevives a esa ciudad, luego España te parece «a walk in the park».

¿Te fue fácil la adaptación? ¿es una ciudad que, pese a lo mastodóntica y aparatosa que es, te hace sencillo integrarte en su día a día?

No es una ciudad sencilla, la vas descubriendo a cada paso y con muchas equivocaciones, a mi me suele costar un mes acostumbrarme al ritmo, a las distancias, a los trenes y los horarios. Yo pensaba que después de más de diez años en Madrid era una urbanita, pero aquello es otro nivel de locura. Realmente todo es muy diferente a España, aún no me aclaro con los grados Fahrenheit, ni las millas o las pulgadas, pero ya me oriento en Manhattan y se calcular los tips, ¡todo reto tiene algo de apasionante!

¿Crees que los espacios culturales, como las bibliotecas, ayudan a integrarte mejor a un entorno nuevo, y puede que en ocasiones, hasta hostil?

Definitivamente. Una de las diferencias que encuentras con Madrid es que en NYC hay que pagar por casi todo lo cultural, y las bibliotecas son de los pocos espacios que molan mucho que, además, son gratis. Y es muy bonito ver integrada a la diversidad de su ciudadanía en un mismo espacio que te acoge sin hacer preguntas, ser parte del mismo y  disfrutar de los útiles recursos que ofrece al recién llegado. Y como para cualquier bibliotecaria, en la biblio te sientes un poco en casa.

Por las estupendas crónicas que nos has ido enviando se puede notar una progresión. Al principio el deslumbramiento ante la mítica ciudad; después el paulatino descubrimiento de iniciativas interesantes en las bibliotecas; y en las últimas crónicas, una implicación con el poder de las bibliotecas en su comunidad. ¿Esta evolución las has vivido realmente así o es una impresión nuestra?

Ha sido así totalmente. Con la ciudad pasa lo mismo que con la biblioteca, primero te deslumbran los focos de Times Square o del Culture Pass y luego ves lo que hay detrás, entiendes cómo funciona la ciudad, las desigualdades que se viven en diferentes barrios, cómo son las interacciones entre los habitantes… y empiezas a comprender cómo la historia reciente de este país sigue repercutiendo en todas sus realidades y el sentido que tienen las bibliotecas en ese lío. Además, creo que las bibliotecas de NYC son como un pequeño laboratorio social para entender cómo funciona su sociedad actual y también cómo se proyecta eso en este mundo globalizado, donde consumimos tanta cultura norteamericana, a veces sin ser conscientes de lo que asumimos.

En un tuit al hilo de una de las crónicas apuntaban que, tal vez, el que en nuestro país las bibliotecas no jueguen un papel tan fuerte en cuanto a compromiso social es porque afortunadamente contamos con más asistencia social. Comparando la realidad bibliotecaria española y lo que has podido observar en Nueva York ¿hay puntos en los que salimos ganando en comparación?

Antes de nada, me gustaría señalar que ni las bibliotecas, ni los bibliotecarios de NY, son perfectos. He tenido la suerte de recorrer unas cuantas y cada una tiene sus características, muchas se parecen a las españolas donde me crié, y en las que he tenido la suerte de trabajar. No hay que idealizarlas, a pesar de que en mis crónicas haya señalado las cosas positivas y que creo que son interesantes, en España tenemos excelentes profesionales y grandes bibliotecas donde he sido muy feliz. Lo que pasa es que en la intensidad de Nueva York las bibliotecas son un refugio inesperado, cool e imprescindible desde que se fundó la ciudad.

Creo que en España gozamos de un cierto estado del bienestar que nos puede colocar a muchos ciudadanos en un lugar privilegiado en el que, aparentemente, pensemos que no necesitemos ese compromiso social bibliotecario. Pero pienso que la realidad es más compleja y que siempre hay que cuestionarse quiénes son los excluidos del sistema para reflexionar cómo les ofrecemos ese servicio público cultural que la biblioteca promete. Usuarios jóvenes, racializados, discapacitados, sin hogar… ¿están realmente integrados o incomodan?

Creo que, a veces, quizás no nos damos cuenta de la sociedad adultocéntrica, racista, LGTBifóba y excluyente con el diferente en la que vivimos y cómo se refleja eso en los lugares públicos. Y aunque estuviésemos en un escenario social ideal, creo que el compromiso público de las bibliotecas siempre ha de existir porque son lugares de convivencia, donde los usuarios disfrutan de un ocio no consumista, que garantizan un acceso a la cultura igual para todos y que hacen fuertes los barrios.

No me gusta pensar en una biblioteca «para los que necesitan servicios» ni victimizar a ciertos sectores de la población. Me gusta entender a la biblioteca como algo necesario para todos, donde lo bonito es que exista esa convivencia en torno a la cultura y no relajarnos por tener una buena Seguridad Social o una Educación Pública envidiable. Pienso que la biblioteca debe de ser parte de este engranaje de una sociedad saludable.

Eres experta en SEO, SEM y Social Media y precisamente, en tus crónicas desde Nueva York, nos has hablado sobre todo de iniciativas que tienen que ver mucho con las bibliotecas como espacios públicos para experiencias físicas compartidas. La tecnología es esencial pero ¿se puede afirmar que la biblioteca como espacio real es una apuesta de futuro tan, o más importante, que la biblioteca como experiencia virtual?

Bueno, creo que en las bibliotecas -como en cualquier otro espacio de nuestra vida- lo tecnológico ya convive con lo analógico y no lo entiendo como una lucha ni un enfrentamiento, sino como algo natural. Y quizás por este futuro/presente digital creo que es más importante aún conservar lugares físicos de encuentro; lugares donde la multitarea se pare, donde haya una energía de lectura y murmullos. Quizás es porque soy una clásica, pero el ritual de recorrer las estanterías, venirme arriba y coger en préstamo dos o tres libros, no me lo quita el tener instalada la app de audiolibros y leer en digital. Una de las cosas que más me gustan de las bibliotecas de NYC es cómo dan una presencia física y digital de calidad, cómo un usuario puede elegir entre la experiencia de ir a la biblio o navegarla y que ambas sean interesantes.

Hablar de patrocinio o mecenazgo por parte del sector privado en bibliotecas de nuestro país es siempre un tema que enciende los debates. En los Estados Unidos multinacionales como McDonald’s patrocinan en muchos casos a las bibliotecas. Tras tu periplo estadounidense ¿tienes otra perspectiva sobre este asunto?

Estados Unidos es la tierra de la propina, la ciudadanía tiene claro que para que algo tire tiene que aportar su granito de arena y eso no es necesariamente bueno. Además, me llama la atención que las bibliotecas organizan unos fundraising de lo más interesante: desde galas y eventos a vender merchandising chulísimo, no hay una newsletter que no te recuerde donar una pequeña contribución a la biblioteca y lo que eso supone para la comunidad. Por otro lado, recordemos que allí está bien visto ser millonario, los más ricos donan grandes cantidades de dólares y son aplaudidos por ello. Sólo hay que ir al hall de la biblioteca principal y ver todos los millonarios que la levantaron.

Quizás en España sentimos que lo público «ya lo estamos pagando» y no sentimos que haya que aportar nada más o confiamos mucho en cómo funciona la fiscalidad… no sé, no entiendo de economía, pero es muy bonito ver a los usuarios y empresas apostando por a las bibliotecas, valorándolas así.

Se habla mucho de las bibliotecas como las instituciones más democráticas que existen. En una ciudad en la que las diferencias sociales están tan marcadas, como nos contabas en la primera crónica ¿en las bibliotecas se reflejan esas diferencias o se perciben como un espacio neutro en este sentido?

Cada biblioteca es un mundo, dependiendo del barrio se perciben unas cosas u otras, no es lo mismo una biblioteca de Downtown a otra del Bronx… pero en líneas generales, a mí sí que me han parecido lugares neutros. Comparten espacio usuarios diversos, con diferentes necesidades pero con una actitud bastante respetuosa, aunque alguna escena he visto también divertida. Es que esa ciudad es mucho.

En la tercera crónica nos hablabas de la fantástica iniciativa de un club de lectura compartido por toda la ciudad. Y nos decías los libros que habían escogido para ese club multitudinario. Al final ¿te has podido leer alguno? Dinos cuál porque más de una biblioteca puede montar con la excusa un club de lectura con aire neoyorquino.

¡Aún no he leído ninguno! Pero quiero leerme Free Food for Millionaires para profundizar en el tema de la identidad al que se enfrentan las nuevas familias estadounidenses y cómo combinan esa necesidad de permanecer conectado con su cultura de origen con el deseo de éxito, con el sueño americano. Y no se mucho del pueblo coreano, ¿qué más se puede pedir? Este verano nos podríamos animar y ser parte del club de lectura ‘New Yorker’ siguiendo el hashtag #OneBookNY 😉

Nos has contado muchas iniciativas que inspirarían a cualquiera pero haciendo memoria ¿cuáles de ellas ves más adaptables a nuestra realidad?

Lamentablemente, llevo demasiado tiempo despegada del trabajo de las bibliotecas y creo que esta pregunta requeriría una conversación tranquila con bibliotecarios españoles, que saben la realidad de los recursos con los que cuentan y entienden sus márgenes de innovación. Pero por responderte, en plan carta a los Reyes Magos, a mi me gustaría ver un staff más diverso y que se pudiesen abrir las contrataciones de personal, que no todos tuvieran que pasar por oposición para ponerse detrás de un mostrador y encontrarme trabajadores con especialidades en trabajo social, mediación, marketing y otros perfiles con las que cuenta la NYPL. Creo que es un plus que las hace más dinámicas.

Y por último, ha sido un auténtico lujo poder contar con una corresponsal como tú en NYC. Nunca hubiéramos imaginado que esta ventana bibliotecaria a la cultura del siglo XXI que queríamos abrir en este blog iba a arrancar con unas vistas tan espectaculares. Las puertas de nuestro loft, pisito, apartamento, cabaña o cuchitril (teniendo cultura alrededor cualquier sitio es un hogar) siempre están abiertas para cuando te pille de paso visitarnos.

El placer ha sido mío, gracias por dejarme contar estas aventuras de una cartagenera en Gotham y reflexionar juntos. Me he sentido como en casa, tenéis un loft que ya lo quisieran en la 5th Avenue.

 

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com