El ángel exterminador bibliotecario II

[Continuación de El ángel exterminador bibliotecario I]

 

FRIKIS VERSUS HIPSTERS

 

Ha transcurrido casi una semana. Sobrevivir en los espacios amplios y relativamente cómodos (teniendo en cuenta que no están preparados para pernoctar) de una biblioteca de nueva planta en nuestros días: no es lo peor que te puede pasar si las circunstancias te obligan a convivir enclaustrado.

Las máquinas expendedoras de sándwiches y refrescos están prácticamente sin existencias, pero la ranura del buzón de devoluciones que da a la calle permite que familiares y amigos suministren alimentos a los recluidos. Dentro de lo excepcional, y una vez superados los comprensibles ataques de ansiedad y pánico ante lo absurdo de la situación, una cierta organización rige los hábitos diarios de los recluidos. Hay mucho y diverso con lo que entretenerse. Incluso algunos, una vez ingeridas las suficientes dosis de ansiolíticos en forma de redes sociales y pantallas, han empezado a husmear entre las estanterías en busca de evasiones/consuelos en papel.

 

Aprenda cómo vestirse para ser beatnik, hippie, punki, indie, hipster…,en definitiva, toda modernidad tiene su recortable para homologarnos en una exclusividad fabricada en serie.

 

Una vez descritos someramente los aspectos más prosaicos de este remake bibliotecario de la película buñueliana nos podemos centrar en lo que realmente nos interesa: la convivencia entre grupos culturales, sociales y demográficos diversos en un mismo territorio. Lo de Frikis vs. hipsters con que hemos titulado esta segunda entrega es definitorio hasta cierto punto. Si bien se puede considerar que son de los grupos más fácilmente representables en cuanto a formas y modos de consumo cultural: hay otros segmentos de población no tan tipificables que igual de interesantes. Pero empecemos por lo fácil.

La editorial Ma non tropo lleva publicados varios ensayos que abordan las cuestiones más serias en relación con iconos frikis como los superhéroes.

 

En el enfrentamiento frikis versus hipsters nace
viciado desde el principio porque ya conocemos el resultado. No se trata de que el combate esté amañado: es que los frikis ganan por goleada. Contar con la fidelidad de un público friki es una auténtica bendición para una biblioteca en la actualidad. Nadie como ellos para apasionarse, para convertir en éxito las actividades culturales que se programen y coincidan con sus intereses. Pero cuidado, nadie como ellos para abandonarte si no estás al día.

Es un público exigente, con mayor nivel cultural que la media (la ciencia ficción les hace interesarse por la ciencia; el manga o Star Trek por aprender otros idiomas; el Señor de los anillos, y sus sucedáneos, les despiertan la curiosidad por el medievo y la historia en general; la ciencia ficción de nuevo les arrastra sin freno hacia las nuevas tecnologías;  y así un largo etcétera). En los planes de formación de las diferentes administraciones ya deberían incluirse cursos en cultura friki para bibliotecarios.

 

 

Un tratado de lo más tronado sobre la cultura friki en toda su vasta e inabarcable amplitud.

La socióloga Cristina Martínez se ha erigido en la voz más autorizada académicamente para abordar el mundo friki en nuestro país desde que obtuvo un sobresaliente cum laude con su tesis sobre la cultura friki en un mundo líquido. Hace unos meses publicaba su ensayo: Dentro del laberinto de la cultura friki (Apache Libros) en donde viene a profundizar aún más en las características de esta tipología de consumidor cultural.

La ventaja evolutiva de los frikis respecto a los hipsters (las campanas llevan tañendo a difuntos por los hipsters desde hace tiempo pero la etiqueta nos sirve a la perfección para entendernos): parte de que ellos abrazan el consumo capitalista sin coartadas, sin falsas posturas para simular independencia de criterio. Entre cambiar el sistema desde dentro o fuera del sistema: los frikis no dudan. Consumen sin mala conciencia alguna y ello les otorga sus superpoderes. Mientras tanto, los hipsters compran su simulacro de independencia y personalidad cultural única hecha en serie y espantan su mala conciencia repitiendo términos como: neoliberal, heteropatriarcado, heteronormativo, mainstream, random, gender fluid y mil anglicismos más (en eso van a la par, o casi, con los frikis).

 

[Atención spoiler para quien no haya visto Mad Men]. Don Draper, el macho alfa atormentado, alcanza la paz en una comuna. Y cuando está en pleno encuentro consigo mismo ¿qué viene a su mente?: la campaña más exitosa de todos los tiempos a costa de comercializar el peace&love hippie para vender cocacolas. De repente su sonrisa de beatífica felicidad se tiñe de cinismo. No existe mejor resumen del futuro que espera a cualquier disidencia estética o ética en nuestro tiempo: convertirse en spot publicitario.

¿Jesucristo el primer hipster? Como reza este meme él llevaba barba antes de que se volviera mainstream.

Los frikis viven desprejuiciadamente su consumismo, lo llevan metabolizando desde hace décadas con su dieta de grasa cultural. En un caso único, imponen sus leyes a las multinacionales del entretenimiento erigiéndose en un auténtico lobby o grupo de presión, cuyos pulgares hacia arriba o abajo en las redes, sentencian el éxito o fracaso de cualquier producto dirigido a las masas. Los hipsters en su ansia de exclusividad en cambio resultan más dóciles: denotan rasgos que los entroncan con todos los modernos que en el mundo han sido y que han ejercido como tales mirando por encima del hombro al resto. Y en el ejercicio de esa superioridad se les escapa la fuerza.

Pero no queremos que esto parezca un ensañamiento con el estereotipo de lo hipster. Seria desagradecido cuando precisamente en su pose son imprescindibles el plumaje cultural, y por ende, el amor por las bibliotecas. Por eso que nadie vislumbre en este K.O. en cuanto a honestidad consumista un desmerecer hacia lo hipster: es tan solo que puestos a sobrevivir/convivir a este ángel exterminador bibliotecario es más que probable que los que antes perecieran serían los hipsters ante los, mejor dotados en su adaptación el medio, frikis.

¿Cuál sería el beneficio que pudieran extraer de este enclaustramiento bibliotecario?: que el ángel exterminase el exceso de endogamia y cerrazón cultural a nuevos mundos en los frikis; y el clasismo y el prejuicioso discurso en torno a lo indie/mainstream en los hipsters.

 

Ryuk el personaje del manga Death note que podría definirse como un ángel exterminador. Imagen de la adaptación que Netflix estrenó hace unos meses.

 

De hecho, tras una semana de encierro forzoso, se empezarían a observar los primeros acercamientos desprovistos de etiquetas. Probablemente sería en el territorio neutro de la Comicteca, tradicional feudo friki, que se ha visto perturbado (desde el éxito del término de novela gráfica) por público no habitual. Tal vez los frikis empezarían a mirar más allá del denso bosque de superhéroes y mangas hacia otros discursos creativos; y los hipsters hartos de seguir las modas, hartos de mantener la pose, se relajarían y disfrutarían sin mojigaterías culturales, ni placeres culpables.

«Harto de seguir las modas, harto de estar harto» que cantaba el exquisito, y respetado por los hipsters, Carlos Berlanga (hijo de la otra B mayúscula del cine español junto a Buñuel) en, ¡oh! casualidad, El ángel exterminador.

 

 

CONTINÚA en El ángel exterminador bibliotecario III

 

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3 comentarios en “El ángel exterminador bibliotecario II

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