La biblioteca del Titanic

 

Los aires apocalípticos de estos últimos tiempos están dando para muchos memes y chascarrillos. Es cuestión de tiempo que la prolífica industria del manga lance alguna serie dedicada a la pandemia del Covid-19. Hasta puede que ya lo hayan hecho y no lo sepamos. Pero estamos tranquilos. Tarde o temprano Yordi biblioteca la localizará y nos lo hará saber.

Hay mangas para los asuntos más peregrinos. Y la cultura japonesa tiene el gen apocalíptico hipertrofiado en su ADN. Este fin del mundo necesita de onomatopeyas y líneas cinéticas al estilo nipón. Ahora que Iker Jiménez se ha vuelto un periodista riguroso hace falta, más que nunca, alguien que guionice el juicio final que se nos avecina. Por el momento, una de las series manga centrada en retratar tiempos oscuros en bibliotecas: se acerca a su fin.

Library wars. Love & War Beesatsu-hen de Kiiro Jumi anuncia que arranca su arco final. Lo cual no es decir mucho. El chicle se puede estirar, cual Sr. Fantástico de Los 4 fantásticos, con numerosas secuelas. De hecho, esta Beesatsu-hen, se trata de una continuación de Library wars. Love & Peace, la serie original que se publicó desde el 2007 al 2014. Una secuela como el 2021 parece ser del 2020.

El caso que esta historia, sobre un régimen autoritario que dicta una ley para limitar la libertad de expresión, en el 2019, y que provoca la creación de una unidad militar para defender los libros de las bibliotecas: encara su tramo final. Biblioteca y hecatombe siempre combinan bien en las tramas de cualquier tipo de ficción.

El último número de la veterana revista ‘Dirigido por…’ dedica un amplio dosier al denominado cine de catástrofes. Un género que conoció su punto álgido allá por la década de los 70 del pasado siglo; pero que en medio de esta sucesión de catástrofes: tiene el terreno abonado para resurgir.

 

La Biblioteca Pública de Nueva York en dos imágenes de El día de mañana (2004): cine catastrofista con el cambio climático de excusa.

 

En la selección de 25 películas por cada año que el Archivo Nacional de la Biblioteca del Congreso de Washington conserva para la posteridad: no han incluido ni La aventura del Poseidón; ni El coloso en llamas; ni tan siquiera alguna de la serie Aeropuerto. Ninguno de los títulos emblemáticos del género o subgénero. La única que se ha incluido es la de Titanic de James Cameron. Pero el taquillazo de los 90 no es representativa de los años dorados del sonido sensurround

Un pequeño fallo en el listado. No por la cuestionable calidad de las películas en sí (aunque las producidas por Irwin Allen no se pueden desdeñar pese a lo estereotipado de la fórmula): sino porque son altamente representativas de un momento histórico concreto.

 

Detalle del cartel de ‘La aventura del Poseidón’ (1972).

 

El modo en que la sociedad de un periodo representa su fascinación por el desastre, por la catástrofe, por la aniquilación: no se puede dejar pasar si queremos un retrato lo más completo posible. Igual que los años 60-70 españoles quedarían cojos si junto con las películas de autores como Carlos Saura: no tuviéramos en cuenta las españoladas de Alfredo Landa o Paco Martínez Soria.

Titanic, la de DiCaprio, es de 1997 y recrea un desastre acaecido en 1912: así que poco aporta a las posibles lecturas que del género de catástrofes se podrían hacer. Y dejando el romanticismo kitsch hiperdigitalizado del mamotreto de Cameron aparte: mucho se habla de los músicos del Titanic; pero bien poco de las bibliotecas del infortunado trasatlántico.

En las siguientes fotografías se pueden ver lo que podrían ser salas de lectura del buque de lujo. La primera corresponde a la primera clase; y la segunda, se identifica como la biblioteca dispuesta para la segunda clase. A la categoría que le correspondía al personaje de Leo no le correspondería biblioteca alguna.

 

 

No hemos podido confirmar que fueran consideradas propiamente como bibliotecas. Pero estamos hablando del género de catástrofes: no dejemos que la verosimilitud más estricta nos malogre la historia.

Melancolía (2011) de Von Trier: el fin del mundo para cinéfilos de pro.

Al inicio de esta pandemia también sonaron voces proclamando que el virus actuaba como un gran igualador. Que no discriminaba entre ricos y pobres. Una tontería como cualquier otra. Y no solo por las diferencias sociales y económicas.

Llevándolo a nuestro terreno, el bibliotecario, también suena falso. En las bibliotecas públicas no hay primera, segunda ni tercera clase. Pero eso no quiere decir que no corran peligro de naufragar aún sin icerberg de por medio.

No, no va a ser lo mismo para una biblioteca grande, con más personal y recursos; que para una biblioteca pequeña. No será lo mismo para una biblioteca de gran ciudad que para una biblioteca rural. Pero esas desigualdades, injusticias o simples diferencias: no tienen porque ser coartada para regodearse en el lamento y la autoconmiseración. Y por lo tanto en la inactividad.

En medio de este panorama, la biblioteca que ha saltado a los medios, que ha merecido un reconocimiento desde la instituciones europeas, que ha convocado el aplauso unánime: ha sido una biblioteca pequeña con solo tres trabajadores en plantilla. La biblioteca de Soto del Real. Una chalupa, según la tormenta, tiene más posibilidades de sobrevivir que un trasatlántico. Y en ello tiene mucho, pero que mucho que ver, su tripulación

 

 

Y para cerrar un post que se podría clasificar dentro del género catastrofista nada mejor que volver la mirada a los clásicos. Si hay un infierno literario de referencia ese es el Infierno de Dante. Ahora, gracias a una exposición virtual de la Galería de los Uffizi, podemos disfrutar de una joya bibliográfica única con motivo del 700 aniversario de la muerte del poeta.

Las ilustraciones que Frederico Zuccari llevó a cabo sobre la obra de Dante, inspirado, tras un viaje a España entre 1586 y 1588. Ochenta y ocho grabados que pasaron de pertenecer a la familia Orsini a los Médici antes de terminar en la coleccion Uffizi en 1738. De la serie dibujada por Zuccari solo once ilustraciones de las ochenta y ocho están dedicadas al cielo. Está claro que el Infierno, el apocalipsis, siempre ha resultado más fotogénico.

 

Una colección de dibujos que ha sido apreciada por muy pocos ojos. Se mostraron en público solo en 1865, con motivo del 600 aniversario del nacimiento de Dante. Y ahora, gracias a la tecnología, se pueden disfrutar con un nivel de detalle asombroso. Según el director de la galería Uffizi, Eike Schmidt, la iconografía del averno que surgió, gracias a las ediciones ilustradas de la obra del poeta, ha impregnado la imaginación apocalíptica de los siglos posteriores.

Y en esas seguimos, imaginando cómo será el fin del mundo. En La hora final (1959), una muestra de cine de catástrofes, podríamos decir que de «autor» (Stanley Kramer), Gregory Peck y Ava Gardner aguardan, en Australia, a que les alcance la radiación nuclear que ha aniquilado al resto del mundo. Mientras esperan esa hora final se dedican a reconciliarse con su pasado. Y es que si llega el fin del mundo, tal y como decía Picasso a cuenta de la inspiración, que nos pille haciendo cosas. Porque, ¿y si no llega?

 

 

Síguenos en:

About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

2 comentarios en “La biblioteca del Titanic

  1. Sobre la pandemia ya comienzan a publicarse algunas obras. Recomiendo ‘Li es un infinito de secretos’, una novela con mucho humor ‘negro’, intensa y en el ámbito del thriller. Además, trata lo del Covid como marco temporal, sin hacerse un tema cansino, y con muchas temáticas alrededor de la trama. Lo dicho, muy recomendable. Saludos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.