Teletrabajo, telebiblioteca

 

El estilo de este blog oscila entre la soflama de un telepredicador a la vehemencia entusiasta de un vendedor de teletienda. Sentencias tipo ‘las bibliotecas están legitimadas, históricamente, para reclamar su condición de pioneras en múltiples campos’: se avienen a ambos estilos según la entonación.

 

Mesa de trabajo para teletrabajo diseñada por Stem de Heatherwick Studio (Reino Unido). Forma parte de un proyecto artístico que retaba a diseñadores de varios países a idear su mesa ideal para trabajar en tiempos de pandemia.

 

Pero en esta ocasión no vamos a forzar la nota. Reclamar el copyright del teletrabajo sería excesivo. Pero lo cierto es que los bibliotecarios llevan décadas allanando, sin saberlo, el sustrato necesario para que el teletrabajo sea una realidad. La digitalización de los fondos, así como las comunidades virtuales y acceso remoto a las aplicaciones necesarias para gestionar los catálogos, plataformas de contenidos en streaming y procesos digitalizados: dan ventaja al gremio a la hora de plantearse el teletrabajo.

Para los profesionales de bibliotecas el teletrabajo, en muchos de los procesos, era una posibilidad desde hace tiempo. Pero, ¿y para las bibliotecas? ¿Puede existir la telebiblioteca? Sí, al menos en formato de obra de teatro.

 

 

The Telelibrary es una obra escrita por el actor Yannick Trapman-O’Brien pensada para representar telefónicamente. Cuando a mediados de marzo la pandemia nos dejó a todos con el paso cambiado, Yannick, dio rienda suelta a su creatividad poniendo en marcha su teatro telefónico personalizado.

El actor simulando una voz robótica propia de un contestador automático guiaba a su interlocutor a través de una serie de opciones. Y de manera gradual, dejaba que la parte humana se fuera desvelando a través de canciones, chistes, historias o conversaciones. El telebibliotecario interpretado por Yannick se nutre de las interacciones a través del teléfono de los que llaman; de manera que la obra siempre está en constante evolución. 

Lo que constató el actor al ir desarrollando su obra telefónica fue la necesidad de contactar, de comunicarnos a través de la imaginación y la creatividad. La telebiblioteca de Yannick podría verse como un equivalente de la Biblioteca de las personas de las que tanto se ha hablado en el mundo bibliotecario. Pero ¿es compatible perserverar en ese concepto de «Biblioteca de las personas» cuando, al tiempo, se promueve el trabajo a distancia?

 

 

En un reciente artículo de ‘El País’ se hablaba de la inesperada nostalgia de la oficina. Psicológicamente el teletrabajo pasa factura. El estereotipo de lo bibliotecario ha proyectado una imagen secular de aislacionismo; de recogimiento y hasta cierto punto, misantropía. Pero esa imagen a día de hoy no se sostiene ni en un remake de El nombre de la rosa. La biblioteca (al menos la biblioteca preCovid-19) será social o no será. ¿Y se puede ser social en la distancia?

Hay tareas bibliotecarias que se avienen a la perfeccion al teletrabajo:

  • la catalogación, clasificación e indización de los documentos modernos se puede desarrollar perfectamente mediante teletrabajo si se tienen los datos básicos de la obra a dar de alta en el sistema
  • la adquisición de fondos y gestión administrativa, en general. Y si se trata de agregar contenidos digitales a las plataformas digitales con más motivo todavía
  • la gestión de redes sociales y demás canales de comunicación de las bibliotecas con sus comunidades.
  • la labor prescriptora que se puede concretar en diversas publicaciones digitales
  • las actividades culturales adaptadas al medio digital

Todas ellas son tareas susceptibles de teletrabajo en una biblioteca. Pero quedan algunas de las más relevantes fuera de esta modalidad.

Últimamente los tiempos no dan tregua. La crisis del 2008 vino a banderillear el empuje de las bibliotecas, mermando recursos y plantillas: justo cuando se enfrentaban al incierto horizonte de lo digital. Esta nueva crisis pandémica ataca justo a otra línea de futuro que las bibliotecas se habían marcado en su hoja de ruta: la de su reinvención como centros sociales y ciudadanos. El teletrabajo no concuerda con la cercanía, la proximidad, la socialización y la vida cultural offline.

 

El escritor Miguel Ángel Hernández ha convertido sus siestas en objetos literarios. En su ensayo «El don de la siesta» escribe: «existe el peligro de que el teletrabajo introduzca definitivamente los ritmos de la oficina y la pulsión productiva en el ámbito doméstico, y eso desbarate del todo nuestra intimidad, convirtiendo el tiempo que teníamos para nosotros en tiempo para los otros”. Fotografía de Enrique Martínez Bueso.

 

Consuela, y no poco, el que los CEOs de algunas de las empresas más importantes sean reacios a un futuro único de teletrabajo para todos. Tanto los máximos responsables de Google, Microsoft como Netflix abogan por un escenario mixto en el que no se renuncie al trabajo presencial en ningún caso. De hecho, Reed Hastings, el CEO de Netflix no ve aspectos positivos al teletrabajo al escamotear algo tan básico en los equipos de trabajo: como es el compartir espacios físicos e interactuar personalmente. Lo ve como una merma para la creatividad.

No deja de resultar lógico que sean los jefes supremos de las redes sociales los que, en cambio, opten de manera absoluta por el teletrabajo. Tanto Facebook como Twitter apuestan por el trabajo remoto y la deslocalización. Plataformas pensadas, se supone, para socializar que se organizan para dispersar a sus trabajadores.

Como declaraba en una entrevista, Pirjo Kiefer, jefa de diseño de la empresa suiza Vitra, especializada en mobiliario de diseño para oficinas, viviendas y espacios públicos:

«La oficina se convertirá en una plataforma mucho más social. labores que exijan concentración individual o las tareas administrativas se realizarán principalmente en casa. La oficina será clave para facilitar reuniones […] Es como los museos, clubes, iglesias o restaurantes: la gente quiere ir a esos sitios para sentirse parte de un cierto grupo.»

A la diseñadora se le olvidó mencionar a las bibliotecas en esta última frase. Pero aquí estamos nosotros para incluirlas. 

 

Modelos de mobiliario de la marca noruega Buzzihub.

 

Cuando esto pase. Porque pasará. Habrá que aprovechar el ansia de reunión-celebración-comunicación interpersonal que surgirá como un tsunami. Las bibliotecas deben prepararse para capitalizar ese deseo, esa necesidad. Prosiguiendo con las declaraciones de Kiefer a cuenta de las oficinas; vaticina que habrá menos escritorios y sillas y más espacios para reunirse. Y otro tanto debería pasar en las bibliotecas: menos mesas y sillas para el estudio y más sillones y espacios amables para la lectura y las interacciones sociales.

¿Tendrá el trauma poscovid un efecto positivo para redefinir a las bibliotecas como centros culturales y sociales? La escritora Elvira Lindo reflexionaba a cuenta del teletrabajo y lo definía como: «una invasión de la vida íntima […] una maligna proliferación de trabajadores burbuja que eliminan de sus vidas el aspecto social y el reivindicativo […] un batallón de hormigas solitarias.» Tal vez estemos ante una oportunidad de conseguir que, por fin, la biblioteca sea un hormiguero, lleno de vida y ebullicion; pero sin distinciones entre obreras, soldados y reinas. 

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About Vicente Funes

Vicente Funes, técnico especializado bibliotecas. Gestor de las redes sociales de Infobibliotecas. No dudes en contactar conmigo en: vfunes@infobibliotecas.com

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