Unboxing bibliotecario

 

Desempaquetar, desembalar, desenvolver…¿realmente era necesario utilizar un anglicismo para titular este post? ¿No hay suficientes palabras en castellano para describir el hecho de abrir una caja o envoltorio? Obviamente las hay. Pero la mayoría de vídeos de Youtube que han popularizado el término tienen tan poco fuste que mantener el anglicismo se convierte en una venganza.

El castellano para lo respetable; el inglés para las chorradas. Clasismo lingüístico comme il faut.

 

Los orígenes del unboxing según cuentan se remontan a 2006 y nació con el desempaquetado de productos tecnológicos. Una metáfora impecable. La rudimentaria, arcaica, pero, todavía imprescindible caja de cartón: siendo destripada para dar a luz alguna maravilla de la tecnología. A partir de ahí, el unboxing se ha intensificado hasta acumular likes y visionados por millones.

Youtubers e influencers desempaquetan de manera compulsiva frente a las cámaras. A falta de rituales, en ausencia de ceremonias: los sacerdotes de nuestro tiempo ofrecen liturgias de desempaquetado. Igual que Áaron y sus hijos sacrificaban carneros ante Yavé en el Antiguo Testamento. Mientras, el dios Amazon sonríe complacido por la obediencia de sus fieles. ¿Se nos fue la mano en la comparativa? En lo literario puede ser, en el trasfondo, ni un poco.

 

La sonrisa de las cajas de Amazon y la sonrisa del Joker: ¿parecidos razonables?

 

Si el unboxing remite a algo es a otro rito asociado a una festividad de orígenes religiosos: los Reyes Magos. Esta moda lo que explota es la sensación de expectación y alegría al abrir los regalos junto al árbol navideño. Nos infantiliza y gratifica de inmediato. Y ese potencial no tiene porqué desperdiciarse desde un punto de vista del marketing bibliotecario.

Algunas bibliotecas acumulan ya experiencia en esto de explotar el efecto sorpresa o la emoción de enfrentarse a lo desconocido con total confianza. Ya en 2012, en la biblioteca pública de Seattle (Washington) pusieron en marcha las bolsas secretas diseminadas por sus estanterías.

Más adelante, llegaron las mochilas con contenidos secretos dirigidas a público infantil adaptadas por varias bibliotecas españolas. Y esta semana: más de una volverá a proponer citas ciegas con la biblioteca con motivo de San Valentín.

 

 

Pero si hablamos de unboxing, en sentido estricto, la última variante al respecto nos llega desde Francia. En la red de mediatecas de Pau, la capital francesa del Departamento de los Pirineos Atlánticos, llevan un tiempo ofreciendo el servicio de cajas literarias (Bouqu’in Box). Un paso más allá en la necesaria labor prescriptora sobre la que tanto se habla en el mundo bibliotecario.

Si el dios Amazon nos come terreno combatámoslo con sus mismas armas: cajas y recomendaciones a la carta. Se parte de un formulario en línea en el que el usuario que quiera usar el servicio va introduciendo datos: sus libros favoritos, sus gustos, el último libro que leyó… Y en 15 días puede pasar a recoger la ‘caja literaria’ en la sucursal en la que haya elegido. El plazo es un mes renovable por otro mes.

Lo que se echa en falta en estas cajas es que no fuesen solo literarias. Somos cansinos, sí, pero ya hemos dicho muchas veces que las bibliotecas promueven la cultura, no solo la lectura. Así que añadiríamos también cómics, películas o música. Tal cual como se hace en los Packs de préstamo de la BRMU, que en este 2020, van a vivir un relanzamiento. Aunque en este caso no se formen a partir de un formulario completado por los usuarios.

 

 

Lo que sí aprovechan los bibliotecarios galos es para incluir merchandising sobre la red de bibliotecas en las cajas. Y para concluir cada temporada de cajas literarias llevarán a cabo un sorteo, y quien lo gane, conseguiría una caja ‘premium’. En esta caja especial se añadirá a la obra seleccionada un producto fabricado por un artesano local.

De este modo los lazos de la comunidad a través de la cultura, y gracias a las bibliotecas, se refuerzan y tienen su proyección en las programaciones que diseñan las diferentes sucursales de la red.

El unboxing bibliotecario también puede conocer otra vertiente relacionada con las estrategias de comunicación en redes. Antes citábamos a youtubers e influencers, principales exponentes de este fenómeno del unboxing. Los booktubers no son ajenos a la tendencia: todo lo contrario. Por eso igual que iniciativas como las box littéraires se miran de tú a tú con Amazon; otro tanto se puede hacer desde las redes de las bibliotecas.

 

 

Poner en práctica el unboxing cada vez que llega un pedido a la biblioteca. Grabarse abriendo las cajas, comentando las novedades aprovechando para ‘venderlas’ a potenciales usuarios, y compartiéndolos bien en Youtube o en los stories de Instagram o Facebook.

No es algo que no hayan hecho ya en más de una biblioteca pero que no se explota lo suficiente. Y quien dice unboxing dice también a la hora de catalogarlo, o de tejuelarlo: cámara subjetiva a cuestas y comentarios en off del bibliotecario. El proceso para magnetizarlo mejor lo dejamos fuera del exhibicionismo de este trasunto de reality bibliotecario. No es cuestión de dar pistas sobre los sistemas antihurto de la biblioteca. Siempre es bueno mantener algo de misterio.

Y para terminar un post repleto de cajas, packs y redes sociales nada mejor que rescatar uno de los anuncios de la última campaña de Correos. ¿De qué hablarán las ordenadas cajas o packs bibliotecarios mientras esperan ser recogidos por sus usuarios?

 

 

Fuente: ActuaLitté, les univers du livre

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