Bibliotecas bailando con el diablo a la luz de la luna

 

Por si la maquinaria publicitaria de Warner Bros no fuera suficiente, desde Infobibliotecas (generosos que somos), vamos a ayudarles a promocionar su película Joker (2019). Hemos recurrido a una antológica frase del personaje para titular el post. Aunque la frase en cuestión ni siquiera es de la película de Todd Phillips, sino que la pronunciaba hace veinte años otro Joker memorable: Jack Nicholson en la primera de Tim Burton. Y además, en realidad, de lo que vamos a hablar es de bibliotecas. En fin, pese a todo, esperamos que la Warner sepa apreciar el detalle.

 

Batman-Gotham

Parte de la campaña de marketing de la película pasaba por pedir precaución frente a posibles atentados en cines o llamadas a disturbios tras ver la película. Y resulta que, en vez de en los lejanos Estados Unidos, las escenas callejeras violentas, más recientes, las estamos viviendo mucho más cerca. En una tierra cuyas bibliotecas, símbolo de diálogo e integración, siempre han sido modelos en los que inspirarse.

El Joker les decía, poéticamente, esa frase a los que a continuación iba a asesinar. Y en este post viene bien para hablar de esas amistades peligrosas que, en ocasiones, pueden establecer las bibliotecas. Unas amistades que nunca se sabe si te llevarán por el buen camino.

Por otro lado, que en este 2019, el Día de las Bibliotecas, coincida con el día en que finalmente los restos del dictador abandonan el Valle de los Caídos: no podía dejarse pasar sin hacer alguna interpretación de las que tanto nos gustan en este blog. Quien no arriesga no gana. Y riesgo, en este post, lo que se dice riesgo: no va a faltar.

 

El término marketing ha abierto a la puerta a muchos otros anglicismos. Este libro sobre branding es de los más recientes sobre marketing cultural.

 

Las XX Jornadas Bibliotecarias de Andalucía, que tuvieron lugar los días 18 y 19 de octubre: han girado en torno a la importancia de tener una marca propia que nos identifique.

El hashtag #marcabiblioteca y un estupendo spot publicitario lo dejaban claro. Y como en este blog hemos dedicado ya varios post a observar con descaro a la publicidad y sus estrategias para relacionarlas con el mundo bibliotecario (el más reciente: Pausa publicitaria para bibliotecas): no podíamos más que sentirnos interesados.

Por mucho que el diccionario de la RAE siga poniendo la palabra marketing en cursiva remitiéndonos al término más apropiado de mercadotecnia: la batalla parece perdida.

La irrupción de la jerga publicitaria-comercial en todos los ámbitos parece imposible de revertir. Y hasta en esos templos del saber defendidos por los guardianes del conocimiento (sic): el mercadeo está a la orden del día. Que no los llames usuarios que son clientes; que no lo llames plantilla que son recursos humanos; que no lo llames préstamos que son alquileres… Ah, no, esto último lo confunden algunos usuarios/clientes.

El caso es que el ambiente era más que propicio para que las Jornadas andaluzas se lanzasen apelando a la #marcabiblioteca. Y visto lo visto, a través de las redes, superaron las expectativas.

Arrancar a ritmo de Grease con número titulado «Las cosas ya no son lo que eran» ya fue un toque de atención. Si los medios en general se hicieran eco de los eventos bibliotecarios igual que se hacen eco de los eventos de otros sectores: el estereotipo bibliotecario, en el que tanto empeño ponemos por demoler, estaría ya hecho ruinas.

Pero estamos hablando de cultura y el espacio para la cultura en los medios es como aquella película de los 70: Pierna creciente, falda menguante (1970). Y lo de pierna creciente, por mucho que lo pueda parecer, no está metido con calzador. En las Jornadas Bibliotecarias Andaluzas hubo una llamada a la concupiscencia que ríete tú de las películas del destape.

La protagonista fue la bibliotecaria de Villena, Ana Valdés, que junto con el polifacético Nèstor Mir (bibliotecario, músico, dramaturgo, escritor y dinamizador cultural): presentaron su ponencia sobre el movimiento de las Bibliotecas inquietas, que partiendo de Valencia, amenaza con infestar a todo el orbe bibliotecario. Si la cosa había empezado con Grease estuvo a punto de concluir con un estriptis en toda regla.

 

 

Llámenos exagerados pero el momento en el que Ana dejó caer el cárdigan al suelo es equiparable a cuando Rita Hayworth se quitó el guante en Gilda (1946). Pura provocación al santo oficio bibliotecario guardián de las esencias de la ranciedad bibliotecaria más recalcitrante. Ana Valdés, Gilda bibliotecaria, a un paso de la excomunión.

La deriva que ya apuntábamos en Cabaré bibliotecario supera lo anecdótico para amenazar con abrir vías de futuro para las bibliotecas. En aquel post eran los bibliotecarios ingleses los que habían recurrido a un ardid legal para ampliar los horarios de las bibliotecas camuflándolas/confundiéndolas con cabarés. Y una vez se da el primer paso para adentrarse en lo prohibido: la vuelta atrás se torna imposible.

El pasado, últimamente, no para de entrometerse en el presente. Que si el Brexit como nostalgia por un imperio que, what a pity!!, no va a volver; o la exhumación de un dictador que coincide con la celebración del Día de las bibliotecas 2019. ¿Casualidad? No creemos en las casualidades. En este blog somos adictos al efecto mariposa. Y si exhuman a Franco el Día de las bibliotecas es porque el destino, o lo que sea, nos está enviando más señales que un neón a punto de fundirse.

 

Franco inaugurando el primer bibliobús en 1953: adviértase la mirada de ¿desconfianza? ante tanto libro en libre circulación.

 

En Biblioteca yé-yé (o de lo tipycal spanish en bibliotecas) indagamos en lo que había aportado España al mundo bibliotecario. El resultado de las pesquisas nos llevó a concluir que la aportación al mundo bibliotecario netamente español fue un invento franquista: las casas de la cultura. Y ahora los ingleses, los del Brexit, los que inventaron las bibliotecas publicas andan a vueltas con un invento Made in Spain.

Los planes de futuro para las bibliotecas de la ciudad inglesa de York que tienen sus responsables políticos pasan por alejarse de la idea de edificios dedicados en exclusividad a bibliotecas. Hay que compartir espacios o dejarse invadir por ofertas que, en principio, no se contemplaban como propias de una biblioteca.

 

Carné de las bibliotecas de la ciudad inglesa de York.

 

Cafeterías, asociaciones de vecinos, clubes juveniles, ONGs, etc… Edificios multiespacios que acojan a las bibliotecas, pero que den cabida a mucho más. Tal como las casas de la cultura españolas. Hasta aquí no tendría porque sonar mal. En los tiempos de los coworking, de los espacios públicos flexibles, de servicios al ciudadano integrados: las bibliotecas pueden aprovechar las sinergias que surjan de compartir espacios. El matiz viene de cómo se dibuja esa idea en la mente de los responsables políticos.

Según los promotores, el convertir los edificios de las bibliotecas en edificios multiusos hará que York tenga las mejores bibliotecas del Reino Unido. Y eso pasa por ‘identificar posibles socios y el desarrollo de futuros negocios para la inversión». ¿Qué alianzas serán las que busquen? ¿quién ejercerá de anfitrión? ¿la biblioteca o la cafetería? La convivencia público-privado es algo que ni se plantea (de lo asumido que lo tienen) en las bibliotecas del otro lado del charco. El temor a que se desvirtúe el concepto biblioteca está ahí: pero eso no debe paralizarnos.

 

Hive@central es un espacio incubadora de pequeñas empresas y un centro de recursos empresariales de la Biblioteca Pública de Phoenix. 

 

‘Contamíname, mézclate conmigo’ que cantaban dos iconos de la progresía y la lucha antifranquista desde la cultura como Ana Belén y Victor Manuel. Y precisamente, una de las actuaciones suspendidas por los disturbios en las principales ciudades catalanas: ha sido la de la última gira de Ana Belén en Girona.

Los tiempos corren confusos y peligrosos y hay que estar pendientes de esos fascismos cotidianos que terminan enquistándose. Una canción como ‘España, camisa blanca de mi esperanza’ que en su momento llamaba a la concordia y la conciliación, en estos días en Cataluña puede sonar provocadora. La provocación, como siempre, en la mirada y los oídos del que ansía ser provocado.

En un tiempo de exacerbación de las identidades, de exclusión y tribalismo: el futuro tal vez pase por asumir sin miedo la disolución. Bibliotecas solubles mezclándose sin miedo a perder su identidad. Si el libro impreso está demostrando ser más resiliente de lo que tantos vaticinaron: ¿por qué no han de serlo también las mejores guaridas que ha tenido hasta el momento?

En este post hemos hecho cohabitar, como en unos de esos edificios multiusos a los que aspiran los políticos de la ciudad de York: al Joker con Franco, el Brexit, el estriptis y las bibliotecas. Una vecindad de lo más estrafalaria y extrema. Pero cuando hay fe en la cultura como herramienta de progreso, y no como excusa para medrar o dominar: la convivencia siempre es posible.

 

 

Pero cerremos el círculo. El clásico Smile se ha convertido en tendencia en Youtube gracias que suena en Joker (2019). Entre los muchos intérpretes que ha tenido la canción se encontraba Nat King Cole. ¿Qué porqué elegimos su versión en lugar de la de Jimmy Durante que es la que suena en la película? Por varias razones.

La Biblioteca Pública de la ciudad estadounidense de Avon es un ejemplo de esa buena vecindad de la que hablábamos. En esta ocasión entre lo que se espera de una biblioteca; y lo que se espera de una sala de conciertos.

Un gran piano de cola destaca entre estanterías y zonas de lectura rompiendo, de manera habitual, el sacrosanto silencio. Y precisamente, en su programación de conciertos para este 2019, se incluía uno dedicado a Nat King Cole.

Además Nat King Cole, que arrasaba en la España de los 50, fue censurado por el franquismo cuando interpretaba la canción Cachito. Que un afroamericano de dos metros cantase con voz insinuante a las virtuosas españolas de la época aquello de: «cachito, cachito, cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio»: solo podía interpretarse, por parte de los censores, como una alusión velada a su miembro viril. Una provocación en toda regla. Aunque en realidad se trataba del diminutivo cariñoso con el que la autora del tema, Consuelo Velázquez, llamaba a su hijo.

Tras algo así solo cabe reírse y bailar. Bibliotecas bailando con el diablo y sonriendo a la luz de la luna para desear un ¡¡Feliz #DíaDeLasBibliotecas 2019!!

 

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6 comentarios en “Bibliotecas bailando con el diablo a la luz de la luna

  1. Desde la Biblioteca Municipal de Guadalajara (España no te me vayas lejos) te tengo que felicitar Vicente. Como siempre, eres un genio haciendo post. Yo de mayor quiero ser como tú, en serio.

    Nosotras hoy cumplimos un añito de existencia. La fecha fue elegida evidentemente a propósito. Se puede tirar de hemeroteca para comprobar la noticia, que conste ¡Cómo pasa el tiempo! Pero claro, donde esté la exhumación del Generalísimo…
    No nos prives nunca de tu maravilloso hacer bloguero Vicente.
    ¡¡¡ Feliz día de las bibliotecas!!!
    Saludos cordiales,
    Herena

    • ¡¡Muchísimas gracias Herena!! Y feliz, feliz en vuestro primer año. ¡¡Qué suerte cumplir años el Día de las bibliotecas!! Así os aseguráis que nadie se olvide de felicitaros. :)) Es un placer enorme compartir ideas, visiones e idas de olla varias en torno a las bibliotecas. Ante el Generalísimo era muy difícil convertir en trendig topic a las bibliotecas. Pero ¿quién quiere competir con una momia cuando las bibliotecas y los bibliotecarios estamos tan llenos de vida??? Un abrazo.

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