Representaciones culturales obsoletas

 

Fernando Trueba, en su Diccionario de cine publicado en los 90, echaba pestes sobre Walt Disney. El director de Belle époque apuntaba a esa inquietante línea de puntos que une la dulcificación/expolio de cuentos clásicos que llevó a cabo: con el filofascismo que siempre ha planeado sobre su figura. Y precisamente en estos días, dos noticias en torno a Disney, recuperan ambos asuntos desde perspectivas actuales.

 

Fotograma del corto animado estrenado por Disney en 1943: Education for Death: The Making of the Nazi.

El argumento de la última producción que sale bajo la marca Disney: Jojo Rabbit (2019) ha provocado una polémica antes de su estreno. Nada nuevo en estos tiempos en los que lo primero es criticar por si acaso. No vaya a ser que después de informarnos se amargue la posibilidad de indignarnos.

La película (en realidad producida por la Fox, pero como Disney ha comprado la compañía, se la ha llevado en el lote): narra la historia de un niño que tiene como amigo imaginario al mismísimo Hitler.¿Hitler reconvertido en figura amable y simpática? ¿Disney blanqueando al nazismo? No se puede negar que los mimbres para una buena polémica están servidos.

Pero al mismo tiempo la nueva plataforma lanzada por la empresa del ratón Mickey, Disney+, ha incorporado un mensaje en algunos clásicos advirtiendo:

«Este programa se presenta tal y como fue creado originalmente. Podría contener representaciones culturales obsoletas.»

Canción del sur (1946) la película que Disney retirado de su catálogo por su acusado racismo.

Representaciones culturales obsoletas. Pero ¿qué es lo que está obsoleto?

Creíamos que ciertas ideologías estaban obsoletas, y el carrusel cíclico de la Historia: las ha devuelto a primera línea. Se recubren de una frágil apariencia de renovación que, al menor golpe de viento, deja al aire el cartón de lo rancio.

Y ¿cuánta responsabilidad no tiene en este resurgir el discurso progresista que se supone antagonista?

El veterano grupo Def con Dos, que tanto ha soliviantado a la derecha en otras ocasiones, en su último disco critica el puritanismo progre. El ideal de pureza al que nos remiten las ideologías, sean del signo que sean, siempre ha pecado de lo mismo: alergia a los matices. Y sin matices, sin sosiego: no hay pensamiento.

Ahora que las autoridades europeas quieren iniciar una cruzada contra la estafa de la obsolescencia programada: puede que lo obsoleto perviva en algo mucho más peligroso que en un electrodoméstico: en las mentes.

 

Rodrigo Fresán culmina una trilogía con ‘La parte recordada’ en la que las huellas del pasado  son básicas para poder hablar de futuro.

Pero si hay lugares, mucho más que en los archivos de la Disney, en donde las representaciones culturales obsoletas se conservan por millares: esos lugares son las bibliotecas.

Antes que huir, ocultar, afear o incluso prohibir lo que no se corresponda con la sensibilidad contemporánea: ¿no sería mejor contextualizar? Los valores de esta época también quedarán obsoletos vistos desde el futuro.

El riesgo de querer esterilizar nuestro presente es leña para populistas demagogos que venden su grosería, su sinceridad políticamente incorrecta como signo de personalidad, ideas propias, carácter y decisión.

Si tanto gustan los medios de conceptos ditirámbicos acuñemos aquí mismo uno: empatía retrospectiva cultural. Aprender de las razones y circunstancias en que se forjaron  las ideas de nuestros antepasados, para recuperar sus experiencias, sin acarrear la carga negativa que nos lleve de vuelta a errores del pasado. Tanto el discurso conservador como el progresista tienen culpa de ese alzheimer cultural que trata a los ciudadanos como menores necesitados de tutela.

 

 

Para fomentar esa empatía retrospectiva cultural, de la que hablamos, no queda otra que hacerlo en modo intergeneracional. Mayores y jóvenes necesitan espacios de encuentro, de diálogo, de aprendizaje mutuo. Y esos lugares, como no, son las bibliotecas. Así que por aquello de predicar con el ejemplo contemos alguna batallita cual abuelo Cebolleta (¿a algún millennial le sonará aún lo de abuelo Cebolleta?).

Hace unos años, en una tormenta de ideas para un proyecto de dinamización de bibliotecas (que se quedó en barbecho): el que esto escribe propuso un taller Benjamin Button. Un taller bajo el nombre del protagonista del relato corto de Scott Fitzgerald: El curioso caso de Benjamin Button, que la adaptación al cine de David Fincher, ayudó a  popularizar en 2008.

 

La propuesta en cuestión consistía en organizar un taller/espacio digital intergeneracional entre jubilados y jóvenes.

La idea era que a través de los gustos musicales, cinematográficos o literarios de ambas franjas de edad se plantease un survivor (como dicen los modernos). Es decir, que a través de las votaciones de mayores y jóvenes: se llegase a completar una selección de discos (la música la primera por ser la que facilita una conexión más inmediata), películas y libros ‘aprobados’ por ambas generaciones. Un archivo de gustos comunes que, más allá de barreras generacionales, aglutine puntos en común a través de la cultura.

 

 

Si Benjamin Button nacía anciano y moría bebé: se trataba de facilitar viajes a través de los tiempos culturales de cada grupo. Tal vez una utopía pero que sonaba bien sobre el papel.

Después de todo, que alguien que fue joven en los años 50 termine tarareando, por ejemplo: Un veneno de C. Tangana; y que un imberbe nacido en los 2000 termine apreciando Sabroso de Compay Segundo: no tiene porque ser tan difícil. Aunque solo fuera por hacerle la pascua a las industrias que necesitan que nuestros gustos se ajusten siempre a un estereotipo.

 

De ese modo la advertencia que la compañía Disney se ha visto obligada a colocar en su reedición de clásicos podría lucir orgullosa en toda biblioteca rezando así:

«Estas bibliotecas presentan las obras de sus fondos tal y como fueron creadas originalmente. No solo podrían, es que pueden y quieren, contener representaciones culturales obsoletas.»

 

La obsesión por no quedarnos obsoletos (mental o físicamente) nos aboca a una continua ansiedad. El quedarse desfasado según los parámetros que marca el momento angustia por igual a jóvenes y a maduros.

Si en los 70 Woody Allen definió en sus películas el prototipo de neoyorquino acelerado y neurótico: ahora gracias a las nuevas tecnologías todos parecemos neoyorquinos.

Gracias al móvil y sus aplicaciones todos nos quedamos obsoletos en 0,2. El estrés oxidativo nos marca el paso a ritmo del teclado. Y el tiempo avanza igual: es nuestra percepción la que se altera. Una ansiedad moderna de la que, al igual que hace Allen en su cine, habrá que saber reírse (y resistirse). Y el cantautor australiano, de padre español, Josef Salvat lo hace ingeniosamente en el brillante vídeo para su tema, no por casualidad, titulado Modern Anxiety.

 

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Bibliotecas bailando con el diablo a la luz de la luna

 

Por si la maquinaria publicitaria de Warner Bros no fuera suficiente, desde Infobibliotecas (generosos que somos), vamos a ayudarles a promocionar su película Joker (2019). Hemos recurrido a una antológica frase del personaje para titular el post. Aunque la frase en cuestión ni siquiera es de la película de Todd Phillips, sino que la pronunciaba hace veinte años otro Joker memorable: Jack Nicholson en la primera de Tim Burton. Y además, en realidad, de lo que vamos a hablar es de bibliotecas. En fin, pese a todo, esperamos que la Warner sepa apreciar el detalle.

 

Batman-Gotham

Parte de la campaña de marketing de la película pasaba por pedir precaución frente a posibles atentados en cines o llamadas a disturbios tras ver la película. Y resulta que, en vez de en los lejanos Estados Unidos, las escenas callejeras violentas, más recientes, las estamos viviendo mucho más cerca. En una tierra cuyas bibliotecas, símbolo de diálogo e integración, siempre han sido modelos en los que inspirarse.

El Joker les decía, poéticamente, esa frase a los que a continuación iba a asesinar. Y en este post viene bien para hablar de esas amistades peligrosas que, en ocasiones, pueden establecer las bibliotecas. Unas amistades que nunca se sabe si te llevarán por el buen camino.

Por otro lado, que en este 2019, el Día de las Bibliotecas, coincida con el día en que finalmente los restos del dictador abandonan el Valle de los Caídos: no podía dejarse pasar sin hacer alguna interpretación de las que tanto nos gustan en este blog. Quien no arriesga no gana. Y riesgo, en este post, lo que se dice riesgo: no va a faltar.

 

El término marketing ha abierto a la puerta a muchos otros anglicismos. Este libro sobre branding es de los más recientes sobre marketing cultural.

 

Las XX Jornadas Bibliotecarias de Andalucía, que tuvieron lugar los días 18 y 19 de octubre: han girado en torno a la importancia de tener una marca propia que nos identifique.

El hashtag #marcabiblioteca y un estupendo spot publicitario lo dejaban claro. Y como en este blog hemos dedicado ya varios post a observar con descaro a la publicidad y sus estrategias para relacionarlas con el mundo bibliotecario (el más reciente: Pausa publicitaria para bibliotecas): no podíamos más que sentirnos interesados.

Por mucho que el diccionario de la RAE siga poniendo la palabra marketing en cursiva remitiéndonos al término más apropiado de mercadotecnia: la batalla parece perdida.

La irrupción de la jerga publicitaria-comercial en todos los ámbitos parece imposible de revertir. Y hasta en esos templos del saber defendidos por los guardianes del conocimiento (sic): el mercadeo está a la orden del día. Que no los llames usuarios que son clientes; que no lo llames plantilla que son recursos humanos; que no lo llames préstamos que son alquileres… Ah, no, esto último lo confunden algunos usuarios/clientes.

El caso es que el ambiente era más que propicio para que las Jornadas andaluzas se lanzasen apelando a la #marcabiblioteca. Y visto lo visto, a través de las redes, superaron las expectativas.

Arrancar a ritmo de Grease con número titulado «Las cosas ya no son lo que eran» ya fue un toque de atención. Si los medios en general se hicieran eco de los eventos bibliotecarios igual que se hacen eco de los eventos de otros sectores: el estereotipo bibliotecario, en el que tanto empeño ponemos por demoler, estaría ya hecho ruinas.

Pero estamos hablando de cultura y el espacio para la cultura en los medios es como aquella película de los 70: Pierna creciente, falda menguante (1970). Y lo de pierna creciente, por mucho que lo pueda parecer, no está metido con calzador. En las Jornadas Bibliotecarias Andaluzas hubo una llamada a la concupiscencia que ríete tú de las películas del destape.

La protagonista fue la bibliotecaria de Villena, Ana Valdés, que junto con el polifacético Nèstor Mir (bibliotecario, músico, dramaturgo, escritor y dinamizador cultural): presentaron su ponencia sobre el movimiento de las Bibliotecas inquietas, que partiendo de Valencia, amenaza con infestar a todo el orbe bibliotecario. Si la cosa había empezado con Grease estuvo a punto de concluir con un estriptis en toda regla.

 

 

Llámenos exagerados pero el momento en el que Ana dejó caer el cárdigan al suelo es equiparable a cuando Rita Hayworth se quitó el guante en Gilda (1946). Pura provocación al santo oficio bibliotecario guardián de las esencias de la ranciedad bibliotecaria más recalcitrante. Ana Valdés, Gilda bibliotecaria, a un paso de la excomunión.

La deriva que ya apuntábamos en Cabaré bibliotecario supera lo anecdótico para amenazar con abrir vías de futuro para las bibliotecas. En aquel post eran los bibliotecarios ingleses los que habían recurrido a un ardid legal para ampliar los horarios de las bibliotecas camuflándolas/confundiéndolas con cabarés. Y una vez se da el primer paso para adentrarse en lo prohibido: la vuelta atrás se torna imposible.

El pasado, últimamente, no para de entrometerse en el presente. Que si el Brexit como nostalgia por un imperio que, what a pity!!, no va a volver; o la exhumación de un dictador que coincide con la celebración del Día de las bibliotecas 2019. ¿Casualidad? No creemos en las casualidades. En este blog somos adictos al efecto mariposa. Y si exhuman a Franco el Día de las bibliotecas es porque el destino, o lo que sea, nos está enviando más señales que un neón a punto de fundirse.

 

Franco inaugurando el primer bibliobús en 1953: adviértase la mirada de ¿desconfianza? ante tanto libro en libre circulación.

 

En Biblioteca yé-yé (o de lo tipycal spanish en bibliotecas) indagamos en lo que había aportado España al mundo bibliotecario. El resultado de las pesquisas nos llevó a concluir que la aportación al mundo bibliotecario netamente español fue un invento franquista: las casas de la cultura. Y ahora los ingleses, los del Brexit, los que inventaron las bibliotecas publicas andan a vueltas con un invento Made in Spain.

Los planes de futuro para las bibliotecas de la ciudad inglesa de York que tienen sus responsables políticos pasan por alejarse de la idea de edificios dedicados en exclusividad a bibliotecas. Hay que compartir espacios o dejarse invadir por ofertas que, en principio, no se contemplaban como propias de una biblioteca.

 

Carné de las bibliotecas de la ciudad inglesa de York.

 

Cafeterías, asociaciones de vecinos, clubes juveniles, ONGs, etc… Edificios multiespacios que acojan a las bibliotecas, pero que den cabida a mucho más. Tal como las casas de la cultura españolas. Hasta aquí no tendría porque sonar mal. En los tiempos de los coworking, de los espacios públicos flexibles, de servicios al ciudadano integrados: las bibliotecas pueden aprovechar las sinergias que surjan de compartir espacios. El matiz viene de cómo se dibuja esa idea en la mente de los responsables políticos.

Según los promotores, el convertir los edificios de las bibliotecas en edificios multiusos hará que York tenga las mejores bibliotecas del Reino Unido. Y eso pasa por ‘identificar posibles socios y el desarrollo de futuros negocios para la inversión». ¿Qué alianzas serán las que busquen? ¿quién ejercerá de anfitrión? ¿la biblioteca o la cafetería? La convivencia público-privado es algo que ni se plantea (de lo asumido que lo tienen) en las bibliotecas del otro lado del charco. El temor a que se desvirtúe el concepto biblioteca está ahí: pero eso no debe paralizarnos.

 

Hive@central es un espacio incubadora de pequeñas empresas y un centro de recursos empresariales de la Biblioteca Pública de Phoenix. 

 

‘Contamíname, mézclate conmigo’ que cantaban dos iconos de la progresía y la lucha antifranquista desde la cultura como Ana Belén y Victor Manuel. Y precisamente, una de las actuaciones suspendidas por los disturbios en las principales ciudades catalanas: ha sido la de la última gira de Ana Belén en Girona.

Los tiempos corren confusos y peligrosos y hay que estar pendientes de esos fascismos cotidianos que terminan enquistándose. Una canción como ‘España, camisa blanca de mi esperanza’ que en su momento llamaba a la concordia y la conciliación, en estos días en Cataluña puede sonar provocadora. La provocación, como siempre, en la mirada y los oídos del que ansía ser provocado.

En un tiempo de exacerbación de las identidades, de exclusión y tribalismo: el futuro tal vez pase por asumir sin miedo la disolución. Bibliotecas solubles mezclándose sin miedo a perder su identidad. Si el libro impreso está demostrando ser más resiliente de lo que tantos vaticinaron: ¿por qué no han de serlo también las mejores guaridas que ha tenido hasta el momento?

En este post hemos hecho cohabitar, como en unos de esos edificios multiusos a los que aspiran los políticos de la ciudad de York: al Joker con Franco, el Brexit, el estriptis y las bibliotecas. Una vecindad de lo más estrafalaria y extrema. Pero cuando hay fe en la cultura como herramienta de progreso, y no como excusa para medrar o dominar: la convivencia siempre es posible.

 

 

Pero cerremos el círculo. El clásico Smile se ha convertido en tendencia en Youtube gracias que suena en Joker (2019). Entre los muchos intérpretes que ha tenido la canción se encontraba Nat King Cole. ¿Qué porqué elegimos su versión en lugar de la de Jimmy Durante que es la que suena en la película? Por varias razones.

La Biblioteca Pública de la ciudad estadounidense de Avon es un ejemplo de esa buena vecindad de la que hablábamos. En esta ocasión entre lo que se espera de una biblioteca; y lo que se espera de una sala de conciertos.

Un gran piano de cola destaca entre estanterías y zonas de lectura rompiendo, de manera habitual, el sacrosanto silencio. Y precisamente, en su programación de conciertos para este 2019, se incluía uno dedicado a Nat King Cole.

Además Nat King Cole, que arrasaba en la España de los 50, fue censurado por el franquismo cuando interpretaba la canción Cachito. Que un afroamericano de dos metros cantase con voz insinuante a las virtuosas españolas de la época aquello de: «cachito, cachito, cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio»: solo podía interpretarse, por parte de los censores, como una alusión velada a su miembro viril. Una provocación en toda regla. Aunque en realidad se trataba del diminutivo cariñoso con el que la autora del tema, Consuelo Velázquez, llamaba a su hijo.

Tras algo así solo cabe reírse y bailar. Bibliotecas bailando con el diablo y sonriendo a la luz de la luna para desear un ¡¡Feliz #DíaDeLasBibliotecas 2019!!

 

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Tu sueldo sale de mis impuestos presenta: francotiradores en plantilla

 

Arrancar/titular un post partiendo de una frase hecha solo viene bien si es para contravenirla. Y por ahí van los tiros. Para este curso, y para todos, en nuestro listado de buenos propósitos siempre aparece marcado en rojo procurar sacar los pies del tiesto. Y el ‘tu sueldo sale de mis impuestos’ alcanza la categoría más revenida de los clásicos a espetar a un funcionario. Una frase que, como tantas otras basadas en el desprecio, no deja en evidencia más que al que la profiere.

Solo hay que fijarse en que mientras los políticos siguen a lo suyo, el país lejos de estar en funciones, sigue en marcha. Y al menos, en lo que respecta a las instituciones públicas, eso es gracias a esos trabajadores a los que todos los ciudadanos pagan sus sueldos. Y que, en ocasiones, incluso ganan premios.

 

Fuerza Nueva, el iconoclasta proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche. Un misil musical ideado para reventar lugares comunes y generar debates: que se aviene bien como banda sonora de este post.

 

Pese a que en el informe PISA la educación española suele aparecer como deficitaria en muchos aspectos, en los últimos años, son ya varios los profesores en centros públicos reconocidos por la excelencia de su labor docente. Uno de los ejemplos más recientes, el de la gaditana Palma García, flamante ganadora de uno de los Global Teacher Award 2019.

 

 

Pese a los recortes en investigación y en I+D que amplíe horizontes a una economía absorta en turismo o ladrillazo: figuras como la médico y paleoantropóloga María Martinon-Torres se convierten en referentes mundiales. La actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH): se ha hecho merecedora de premios tan prestigiosos como la medalla Rivers Memorial del Instituto Real Antropológico de Gran Bretaña e Irlanda.

Pese a los recortes en sanidad con la subsiguiente sobrecarga de trabajo: profesionales sanitarios del sector público montan ONGs. Es el caso de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en Murcia. Un grupo de profesionales, que pagándolo de sus propios bolsillos, llevan 20 años viajando a África para prestar asistencia médica mediante cirugía.

 

Libro king size con las fotografías tomadas por los integrantes del Grupo de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en sus viajes a África.

 

Y podríamos seguir con más ejemplos de empleados públicos, fijos o no, cuyos esfuerzos resultarían difíciles de ubicar en el mapa del empleo público que hace poco publicaba ‘El Economista’. Un medio, que como otros de información económica y financiera, tiene fijación con los funcionarios.

Basándose en la Encuesta de Población Activa (EPA) llevó a cabo ese mapa del que extraía conclusiones como: «las provincias más turísticas son las que menos peso del empleo público tienen». Camarero o funcionario podría insinuar una lectura subrepticia de dicho texto resaltado en negrita. Opciones, en principio, que se ajustan mal a ese perfil de emprendedor que tanto brilla en el discurso de nuestros políticos. Pero ¿acaso no existen emprendedores también en la administración?

 

Fuente: El Economista

 

Procrastinación administrativa. Se podría acuñar algo parecido para definir el sempiterno aplazamiento de una reforma realmente eficiente de las administraciones públicas. Siempre hay excusas o incapacidad política para realmente evitar duplicidades, racionalizar plantillas o promover el reconocimiento, así como el control, en el desempeño de su trabajo, de los empleados públicos. Y sobre todo, impedir que sigan convirtiéndose en agencias de colocación para cargos cesados tras cada nueva reforma de gobierno.

España en general, y la administración pública en particular, suele ser zona de francotiradores.

Profesionales que se mueven en algunos casos solitarios empujados por su vocación en territorios hostiles. Trabajadores que deciden que las horas que tienen que completar en su trabajo, en lugar de jugar al buscavidas o al escaqueo según reza el tópico: prefieren innovar, mejorar e implicarse en su trabajo. Aún a sabiendas de que por ello no van a ganar más dinero, ni conseguirán ningún ascenso.

 

Forges hizo del funcionariado, y la administración en general, uno de los temas recurrentes de su humor.

 

Perros verdes, que aunque nadie les obligue, ni probablemente les reconozca, prefieren antes su satisfacción personal que mimetizarse en la miasma a la que les induce en muchos casos el entorno. Gracias a esos lobos solitarios (en este caso hablamos de funcionarios, pero otro tanto en la empresa privada) el mundo sigue pese a todo girando.

Y ¿qué pasa con los bibliotecarios? Como ya decíamos en Bibliotecarios en el ranking de lo cool los bibliotecarios no cotizan al alza entre los perfiles profesionales del ámbito cultural. Lo de bibliotecario palidece en sepia ante un concepto tan difuso como el de gestor cultural. Pero hay países menos avezados quizás en ese ranking de lo cool cuyos políticos siguen apostando por los bibliotecarios sin cambiarles el nombre.

 

El fantástico proyecto Books and Cubes de biblioteca móvil (articulada en tres módulos) que el estudio de IX Architecs desarrolló y puso a prueba en un colegio de Camboya.

 

El Ministerio de Educación, Juventud y Deportes de Camboya organizó, el pasado julio, un Taller Consultivo para reconocer el potencial aún por explotar de bibliotecas y bibliotecarios. Para ello se discutió sobre estrategias para formar bibliotecarios creativos; y capacitarlos para transmitir el amor por la lectura. Profesionales de bibliotecas que sepan crear espacios atractivos, y que tengan las suficientes destrezas, para inspirar y ampliar los campos de interés de los jóvenes. Ambición no les falta a los camboyanos aunque sea sobre el papel.

En Alemania la última encuesta llevada a cabo por parte de la Asociación de Bibliotecas Públicas de Berlín (VÖBB) arroja un panorama muy favorecedor pese a seguir llamándoles bibliotecarios. El 90% de los mil encuestados (tampoco es que la muestra haya sido muy amplia), independientemente de si son o no usuarios de bibliotecas, las valoran positivamente.

Uno de los motivos por los que les resultaban instituciones de confianza es por ser especialmente útiles en combatir las noticias falsas. Lugares en los que aún es posible formarse una opinión basada en datos objetivos. Gracias, entre otras cosas, al asesoramiento de los bibliotecarios.

La biblioteca central de Berlín galardonada por la Asociación Alemana de Bibliotecas y la Fundación Deutsche Telekom como ‘Biblioteca del año’ en este 2019

 

En Kazajistán, mientras se deciden a hacer realidad el espectacular proyecto de su nueva  biblioteca nacional: siguen apostando por motivar a sus bibliotecarios.

Las autoridades kazajas son conscientes del interés decreciente por dedicarse a la profesión bibliotecaria por parte de los jóvenes (debe ser que en Kazajistán aún no ha calado lo de gestor cultural). Por ello desde la Biblioteca Nacional están promoviendo actividades para involucrar a los jóvenes en los estudios de Biblioteconomía. De manera que proyecten su creatividad en idear nuevas formas de servicios para bibliotecas, y en especial, destinados a personas con discapacidad.

Hace diez años el estudio de arquitectos danés BIG se hizo con el primer premio en el concurso de proyectos de construcción del nuevo edificio de la Biblioteca Nacional en la capital kazaja. Diez años después el deslumbrante proyecto sigue esperando convertirse en realidad.

 

Pero volviendo a nuestro presente más inmediato. ¿Se hablará de cultura en esta repetición electoral? Puede que cultura sea la palabra mágica para desbloquear este bucle electoral en el que estamos girando. Incluso es posible que mitigase el bostezo que provocan los discursos reeditados para adormecer más que convencer. En cualquier caso, no perdamos la esperanza.

Las aves de paso de los políticos, cual cuclillos tejedores, incubarán ideas ajenas, que si salen bien: todos disputarán como propias; y si salen mal: achacarán al rival. O en el peor de los casos, al funcionario de turno. Pero mientras prosiguen repartiéndose nidos de poder: los francotiradores de aquí y allá seguirán haciendo, que pese a todo, siga mereciendo la pena apostar por la cultura, por el progreso, y en lo que nos afecta más de cerca, por las bibliotecas.

 

La última película de Amenábar recupera una figura difícil en la España de antes y de ahora: la de un librepensador. ¿Conseguirá, aunque sea un poco, que las nuevas generaciones se acerquen a la figura de Unamuno?

 

Y ya que arrancábamos de una frase hecha para darle la vuelta: qué mejor que cerrar con un proyecto que rezuma espíritu iconoclasta y provocador. Fuerza Nueva, el proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche.

Himnos patrióticos a los que han hecho reversibles a base de extraer lecturas incómodas para los más dogmáticos. Un disco lanzado con toda la idea el 12 de octubre, Fiesta Nacional, como francotiradores de una provocación que estimula un debate sin miedo a la discrepancia.

 

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Bibliotecas para imbéciles

No ha sido habitual, desde que llevo este blog y las redes de Infobibliotecas, que recurra a la primera persona (solo hay otro post en que lo hice): pero para lo que voy a contar resulta importante que me salga de lo habitual.

Voy a hablar de cómics (al menos esa es mi intención al empezar, pero como bien sabe quien frecuente este blog: aquí se sabe como se empieza pero nunca como se termina). Desde hace ya bastante años soy el responsable de la Comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia. Y por eso precisamente no he dedicado nunca un post de Infobibliotecas a hablar de cómic. Ya los tengo muy presentes en mi día a día. Pero en esta ocasión la actualidad hace que resulte oportuno y hasta necesario.

 

Superman de icono yanqui a hijo de la URSS.

 

Esto va a sonar a autobombo (porque lo es) pero entre las muchas alegrías que me ha dado la Comicteca, una de las más satisfactorias, ha sido cuando ha trascendido las fronteras de nuestro país: y se han hecho eco de ella en latitudes muy lejanas.

La Comicteca de Cali puesta en marcha siguiendo las pautas que surgieron a raíz del Proyecto Comicteca que promovió el CERLALC allá por el 2009; la traducción al portugués de dichas pautas por parte del gobierno de Sao Paulo para distribuir en sus redes de bibliotecas, y así, ir creando comictecas en Brasil; o el reportaje que sobre la Comicteca BRMU que se publicó en la revista de la Feria del Cómic de Moscú.

 

Las pautas de la Comicteca BRMU adaptadas al portugués para las bibliotecas paulinas.

 

Pero en los últimos días, casi solapándose, llegan dos noticias de lo más inquietantes desde dos de esos países: que tan esperanzadores señales daban hace unos años en torno al cómic: Brasil y Rusia. Empecemos en la ciudad del Pan de Azúcar.

Spiderman y los movimientos por los derechos civiles en los años 60.

En la Bienal del Libro de Rio de Janeiro el alcalde de dicha ciudad (Marcelo Crivella, aliado de Bolsonaro, y sobrino del dueño de la Iglesia Universal del Reino de Dios) ha manifestado su enfado porque el Tribunal Supremo brasileño haya levantado la prohibición que recaía sobre un cómic de superhéroes de la Marvel, concretamente de Los Vengadores, en el que dos de sus protagonistas masculinos se besan apasionadamente.

Que los cómics de superhéroes siempre han sido sensibles a los movimientos sociales de cada momento es algo sabido. Combatieron a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial; se hicieron eco de los movimientos por los derechos civiles en los 60; y más recientemente, dejaron constancia de los efectos del 11-S en las tramas de sus alambicados arcos argumentales. Y ahora, afortunadamente, le toca el turno al feminismo y a la normalización de orientaciones sexuales y afectivas no heterosexuales.

 

El Capitán América dándole su merecido a Hitler.

 

Unos antecedentes que poco importaron a los inspectores municipales, que irrumpieron en la Bienal del Libro, en busca y captura de cómics en los que apareciera la más mínima insinuación sobre homosexualidad. Pero poco pudieron encontrar. Los aficionados avisados de la redada: compraron todos los ejemplares de Los Vengadores: la cruzada de los niños. Un título que, gracias al alcalde carioca, puede que se convierta en superventas y engrose las estadísticas de préstamo de muchas bibliotecas.

La nota de esperanza, aficionados aparte, vino precisamente de Sao Paulo: donde el periódico ‘Folha de S.Paulo’ publicó la imagen en cuestión ocupando toda su portada. ¿Tendrá algo que ver el ambiente más propicio al cómic de esas bibliotecas paulistas para las que se tradujeron las pautas de la Comicteca BRMU? (delirios de bibliotecario comiquero en modo ON).

 

Pero el alcalde de Rio de Janeiro no está solo: tiene de su parte nada menos que al Ministro de Cultura ruso. Vladimir Medinsky ha declarado que los lectores adultos de cómics son unos imbéciles. Y ha elegido bien el lugar y el momento: la 32ª Feria Internacional del Libro de Moscú. Según Medinsky a partir de los siete u ocho años si lees cómics eres imbécil: por lo que la Comicteca de adultos de la BRMU, según el político ruso, está repleta de imbéciles. Puede que sean para imbéciles, pero algún superpoder tendrán cuando han conseguido hermanar: a un comunista ruso con un ultraderechista brasileño.

Ana Voronkova, lingüista y gestora cultural moscovita que está detrás del Moscow Comics Festival KomMissia y del Finno-Ugric Comics (un interesantísimo proyecto de recuperación de lenguas a través de los cómics): lleva años agitando el mundillo comiquero ruso. Ha llevado autores españoles (y de otros países) para que participen en encuentros con los lectores moscovitas, publicó un reportaje sobre la Comicteca BRMU en la revista del Festival, y no ceja en su empeño por convertir al cómic en una opción cultural comparable a la de cualquier otro medio de creación.

 

Voronkova, en su cuenta de Facebook, publicaba unas fotos desde el Festival de Cómics de Helsinki como respuesta al ministro ruso que, ahondando en sus declaraciones: comparó leer cómics a comer chicle en vez de comida. Y puede que la pompa del chicle le explote en la cara. Los aficionados al cómic rusos han respondido masivamente al ministro, demostrando que la labor de activistas como Voronkova por incluir los cómics en la cultura rusa (incluidas las bibliotecas): está dando sus frutos.

Y gracias a Anna tenemos la versión gráfica de la visita del ministro a la Feria del Libro. Un ejemplo de la inmediatez y agilidad del cómic para captar la actualidad. Cuando dijo lo que dijo el ministro, lo último que podía imaginar: es que terminaría convertido en protagonista en uno de esos cómics que tanto desprecia.

 

1. ¿Dónde estoy? y ¿eso qué es? ¿cómics?- 2. ¡Qué vulgaridad! Es una vulgaridad espantosa 3. Ya les dije: los comics son para imbéciles 4. ¡El cine es otra cosa! No hace falta ni saber leer.

 

Reducir el rico discurso gráfico y narrativo del cómic a los de superhéroes (entre los que hay magníficos títulos): como probablemente ha hecho el ministro ruso, no demuestra más que ignorancia. Precisamente en un año en el que títulos como Lo que más me gustan son los monstruos de Emil Ferris (la gran revelación de 2018): se ha convertido en uno de los libros más premiados, elogiados y bendecidos por público y crítica. Eso o un rancio empecinamiento, heredado de la Guerra Fría, en negar cualquier signo cultural que se pueda asociar a la cultura occidental.

En los últimos años las bibliotecas han abrazado los cómics con mayor empeño que nunca. Si volvemos a la realidad que mejor conozco, la de la BRMU, las estadísticas de préstamos no mienten: hemos constatado un descenso considerable en préstamos de audiovisuales (que tiene su reverso en el incremento de préstamos en la plataforma eFilmMurcia); se mantiene, pero no al mismo ritmo, el de libros impresos (contrarrestado por el uso imparable de eBiblioMurcia): pero en lo que no ha decaído, al contrario, no para de incrementarse en lo que a documentos impresos se refiere: es en los cómics.

 

Y no solo las bibliotecas. Los centros docentes de primaria y secundaria, a través de su profesorado, cada vez, están más implicados en actividades y en incluir al cómic en sus programaciones. Lo más reciente, la publicación de ‘Memoria y viñetas: la memoria histórica en el aula a través del cómic‘ coordinado por el profesor de secundaria David F. de Arriba. Este libro se plantea como un manual práctico para explotar el enorme potencial de los cómics en el aula entre unos estudiantes absorbidos por la cultura frenética de la imagen digital, y alejados, de una experiencia lectora a un ritmo más acorde al afianzamiento de conocimientos.

Para ello, ofrece doce propuestas didácticas basadas en doce de los mejores cómics de los últimos años (títulos como El ala rota de Altarriba y Kim, Las guerras silenciosas de Jaime Martín, Los surcos del azar de Paco Roca, o Estamos todas bien de Ana Penyas): que faciliten el aprendizaje de la historia de España desde una didáctica mucho más atractiva para los adolescentes. Un libro interesante en centro educativos pero, por supuesto, también en bibliotecas a la hora de organizar actividades o exposiciones.

 

 

Pero nada de eso interesaría ni al alcalde de Rio de Janeiro ni al ministro ruso de cultura.

En los artículos que han dedicado diversos medios al filósofo y escritor canadiense Alain Deneault, con motivo del lanzamiento en castellano de su libro Mediocracia: cuando los mediocres toman el poder: hay continuas referencias a la clase política. La pregunta se repite una y otra vez: ¿son los políticos actuales peores que los de hace años? Una de las reflexiones apuntaba a que el nivel de la sociedad en su conjunto se ha elevado, y de ahí, que la medianía/mediocridad de los políticos se haga más evidente.

Un argumento en exceso amable para una sociedad la cual, al fin y al cabo, es la que aupa a esos políticos. Pero es cierto que el nivel cultural, o al menos formativo, de la sociedad en general es más elevado que durante, por ejemplo, el periodo de la Transición. Y a ese hecho han contribuido sin duda las redes de bibliotecas públicas.

 

La cruzada del psiquiatra Fredric Wertham contra los cómics convertida en cómic por Art Spiegelman: el primer autor de cómics en ganar un Pulitzer por ‘Maus’.

 

Si Fredric Wertham, el psiquiatra que en los 40 estadounidenses provocó quemas públicas de cómics por asociarlos con la depravación de la juventud, levantase la cabeza: no sabemos cómo se sentiría al coincidir con un ministro ruso. Lo que seguro lo dejaría estupefacto sería ver como, las otrora respetables bibliotecas, se han abierto a los cómics y apuestan decididas por ellos.

Wertham tildaba de delincuentes en potencia a los que leían cómics; y el político ruso, más acorde al nivel de los tiempos: nos llama imbéciles. Pero un insulto, dependiendo de quien venga, se convierte en halago. Por eso promovamos bibliotecas para imbéciles, bibliotecas abiertas a todas las manifestaciones culturales dejando cánones obsoletos por el camino. Y atraigamos, cada vez, a más y más ciudadanos. Hasta que seamos tantos y tantos los imbéciles: que nuestros votos terminen eligiendo a políticos que, de verdad, estén a la altura de la sociedad a la que sirven.

 

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Campamento de verano para amos del mundo (y un bibliotecario)

 

Unir política y religión no es buena idea. Pero visto el panorama político de nuestro país no sería tan mala idea copiar, en parte, los cónclaves cardenalicios para elegir nuevo papa. Si la política se ha convertido en un reality más, el que los encierren bajo llave, sería un buen estímulo para conseguir que se centrasen en el bien común. Y ya puestos, y recordando nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario, que sea en la Biblioteca Nacional en vez de en el Congreso. Con siglos de cultura y civilización alrededor igual se tomaban más a pecho lo de estar a la altura de las circunstancias. Pero fuera en el Congreso, o en la BNE, el aire de estar haciendo un teatro no creemos que se mitigara.

 

El supuestamente selecto campamento de verano para poderosos Bohemian Grove. Aunque viendo la foto no pareciera tan exclusivo.

 

Un teatro, el de la política, que en los últimos años, series como Borgen o House of cards han reflejado de forma apasionante en muchos casos. En esta última, Kevin Spacey, recientemente absuelto de los cargos por abusos sexuales y comportamiento indebido, encarnó magníficamente a un maquiavélico presidente de los Estados Unidos. Y precisamente una de las teorías que corren a cuenta de su caída en desgracia lo achaca a que, en dicha serie, de la que era productor: se habló del secretísimo Bohemian Grove (¿nos la estaremos jugando en este blog?).

 

Kevin Spacey como presidente de los Estados Unidos en House of cards formando parte de los rituales del Bohemian Grove.

 

El Bohemian Grove es un club exclusivamente masculino (‘un bonito campo de nabos’ que diría Leticia Dolera): ubicado en lo más profundo de un bosque de California, que celebra acampadas de verano cada mes de julio. En dicho campamento se reunirían desde presidentes de gobierno a empresarios y políticos para, se supone, simplemente disfrutan del aire libre, la música y el teatro. Los negocios, según reza su lema, quedan fuera del campamento.

 

Foto de Ronald Reagan y Richard Nixon en el Bohemian Grove.

 

El secretismo, como en el caso del grupo Bildenberg, es absoluto. Pero sí se sabe que el último bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos (antes de que por primera vez en la historia una mujer, Carla D. Hayden, ocupase el puesto): formó parte del Bohemian Grove.

¿Un bibliotecario en los círculos del poder? Eso solo podía pasar en los Estados Unidos. ¿O tal vez, a pequeña escala, también se da en el mundo bibliotecario español? No seremos nosotros quienes hagamos saltar esa liebre. El caso es que James H. Billington, que falleció hace solo unos meses: consiguió congregar durante el tiempo en que ejerció como bibliotecario del Congreso a un exquisito círculo de influencers de verdad, no de los que posturean en el Instagram: el James Madison Council.

 

 

Boletín de la primavera 2019 del influyente (y rico) James Madison Council.

Compuesto por empresarios y relevantes figuras de la política o las artes, sus donaciones a la Biblioteca de 25.000 dólares al año: les daban acceso a cenas privadas en el edificio Thomas Jefferson de la biblioteca y accesos exclusivos a la biblioteca y sus colecciones. Eventos, viajes, alojamientos en hoteles de lujo, encuentros con artistas o políticos de todo el mundo: un tren de vida laboral que cuesta trabajo asociar a la categoría profesional de  bibliotecario. Y que en los tiempos finales de su mandato fue fuertemente cuestionado por otros bibliotecarios y algunos medios.

El hecho de que el bibliotecario creador de tan selecto club, Billington, fuera designado en los años 90 por el entonces presidente, Ronald Reagan, y la actual bibliotecaria del Congreso, Carla D. Hayden, lo fuera en 2016 por Obama: hizo pensar que el James Madison Council podría ser cuestionado y desaparecer. Pero nada más lejos de la realidad. La exclusiva sociedad filantrópica sigue activa y funcionando bajo el mandato de Hayden. Lo que no nos consta es que, en el Bohemia Grove, se hayan saltado su norma de excluir a mujeres y Hayden forme parte de sus acampadas.

 

Frase extraída de las grabaciones realizadas a Nixon: «Bohemian Grove, a donde asisto de vez en cuando, es la cosa más jodidamente desquiciada que puedas nunca imaginar.»

 

Pero salvando casos tan excepcionales en el gremio bibliotecario como el de ser bibliotecario de la Library of Congress: ¿qué poder de decisión/influencia tienen los bibliotecarios en las decisiones que se toman en torno a la cultura? Como en todo dependerá de cada caso y circunstancia: pero precisamente hace unos días nos hacíamos eco, en nuestra cuenta de Facebook, de que la Federación del Gremio de Editores quiere convertir a España en una potencia lectora. Y para ello abogan por un Pacto de Estado por la lectura.

 

Avance del análisis del mercado editorial que publicó hace unos días la Federación de Gremios de Editores de España. El texto completo aquí.

 

Una muy buena noticia. Pero como muy oportunamente se pregunta en un comentario Glòria Pérez-Salmerón: ¿y dónde quedan las bibliotecas en este pacto? Y lo dice la actual presidenta del organismo más importante de bibliotecas a nivel mundial. Confiamos en que, aunque no sea en nuestro Facebook, la pregunta al aire de Pérez-Salmerón no quede sin respuesta.

Los bibliotecarios, cuando se lo proponen y se asocian, pueden hacer presión como cualquier otro grupo social. A finales de junio tuvo lugar la conferencia anual de la American Libraries Association, y algunas de las medidas adoptadas, han desconcertado profundamente al portal de ideología conservadora Ricochet. Nostálgico del estereotipo bibliotecario más rancio ha publicado un artículo donde se pregunta: ¿Cuándo se han despertado los bibliotecarios?

 

Y no es para menos, desde su perspectiva, porque entre las medidas adoptadas por los bibliotecarios estadounidenses se encuentran cuestiones tan incómodas para un partidario de Trump como:

  • sesiones bajo el título «Confrontando el nacionalismo blanco en bibliotecas»: que abordaban medidas para combatir el supremacismo blanco en las bibliotecas y conseguir hacerlas más inclusivas y democráticas;

  • se habló del Proyecto de la Biblioteca de los Nuevos Americanos: una serie de programas y servicios bibliotecarios para apoyar a las poblaciones migrantes y de refugiados;

  • programas como «Alimentos para el pensamiento» para combatir la malnutrición de los más desfavorecidos y que, en algunos casos, incluyen meriendas para niños en las bibliotecas;

  • programas bajo el título «Letras como literatura: uso del hip-hop para amplificar la voz de los estudiantes y la justicia social»;

  • las protestas por la hora del cuento llevada a cabo por una drag queen fueron objeto de debate. Se habló de las posibles medidas a adoptar para que la diversidad sexual y afectiva esté presente en las bibliotecas.

 

Con este muestrario no es de extrañar que el citado medio conservador exprese su añoranza por las bibliotecarias de cárdigan y rodete. Pero ¿y los profesionales de bibliotecas españolas? ¿están despiertos? Una pregunta que dejamos en el aire para que cada uno responda según su experiencia.

Pero volviendo, para terminar, a ese bosque californiano en el que se reúnen los más poderosos cual Boy Scouts. Según relatan los que se han conseguido infiltrar: se practican rituales, se representan obras de teatro travestidos, como en el teatro shakesperiano (¿no será un Brokeback Mountain de poderosos?): y se refuerzan unos a otros como amos del mundo. Pero ¿esto se lo puede tomar alguien en serio? ¿realmente actúan así los amos del mundo?

 

Representación teatral en el Bohemia Grove por los años 30 del pasado siglo.

 

Visto el panorama más que estar tan pendientes de políticos y poderosos: las bibliotecas hacen mejor en promover esa sociedad civil que demuestra, la mayoría de las veces, mejor criterio que los responsables políticos que, por otra parte, termina eligiendo.

Nosotros por nuestra parte ya hemos elegido. Vamos a buscar algún bosque en el que perdernos. Pero sin campamentos secretos que nos hagan sentirnos importantes. Con un plano para no extraviarnos, y buenas lecturas, nos basta y nos sobra para sentirnos poderosos. ¡¡FELIZ VERANO CULTURAL!!

 

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Problemas del primer mundo bibliotecario

 

Este post es en realidad una secuela (podríamos decir spin off pero ya hemos cubierto el cupo de anglicismos en esta frase) de la serie que se ha desarrollado en este blog durante las últimas tres semanas sobre Geopolítica bibliotecaria. Una serie que un tuitero mexicano nos pedía que continuáramos por su país, y cuya petición, ya hemos apuntado para la segunda temporada (de seguir así, en breve, nos compra Netflix los derechos para adaptarla).

Si repasamos a las potencias en pugna por el dominio global (EE.UU., China) a las emergentes o ‘intrigantes’ (India, Rusia); y algunos países latinoamericanos (Venezuela, Perú y Uruguay): lo cierto es que salvo las referencias a Finlandia: dejamos por completo de lado Europa. Tal vez porque la cercanía ha hecho que hayamos hablado en varias ocasiones del mundo bibliotecario europeo. Pero muy pocas veces relacionándolo directamente con el momento político que estamos viviendo.

 

Viñeta de Laura Pacheco.

 

La tira cómica de Laura Pacheco, Problemas del primer mundo, terminó de popularizar esta expresión que desde hace mucho recorría Internet para referirse a esas problemáticas del autodenominado mundo desarrollado que palidecen frente a los dramas y situaciones que se viven en otras latitudes menos afortunadas. Y como bien recuerda la Wikipedia que dijo el filósofo Slavoj Zizek: «centrarse en los «problemas reales» del Tercer Mundo es la forma última de escapismo, de evitación de la confrontación con los antagonismos en el seno de la propia sociedad«.

Paul Mason y sus ideas en torno al fin del capitalismo y el nuevo ( pese a las dificultades) luminoso mundo que nos espera.

¿Vamos a dejar de reivindicar lo necesario porque en otras partes del mundo la situación sea peor? Ese conformismo de índole religioso, ese aguantar los males de este mundo en la promesa de un mundo mejor no ha favorecido más que a los que ostentan el poder y quieren que todo siga igual. Y además en un mundo interrelacionado ninguna problemática se desarrolla en solitario, e incluso en un ámbito estrictamente local, siempre hay algo que la proyecta más allá de su radio de influencia más inmediato.

Si hemos podido extraer alguna conclusión tras el periplo de estas tres últimas semanas: es que frente a las bibliotecas como servicios públicos sustentados por los gobiernos se erige un concepto de biblioteca como punto de reunión y organización de la sociedad civil. Una de las cosas más difíciles al escribir un blog es provocar reacciones, y aún más, interacciones. Y está claro que la Geopolítica bibliotecaria ha conseguido provocarlas.

 

 

Desde Perú, Rosa Facio Astocondor (@rofacio en Twitter) que trabaja en la Biblioteca Nacional peruana, nos hacía llegar su interés por la situación en las bibliotecas rusas a raíz de las declaraciones del director de la biblioteca moscovita Fyodor Dostoevsky, que se recogían en la segunda entrega, sobre la manera en que la sociedad civil se está estructurando gracias a las bibliotecas. La propia Rosa nos contaba que también en su país las bibliotecas tienen que convertirse en centros que promuevan la participación activa de la comunidad, y más allá aún, en refugios seguros ante la ola de feminicidios que azota el país.

Líneas impredecibles se dibujan al hablar de bibliotecas a lo largo del mundo actual. Y de repente, te das cuenta de que pese a las diferencias abismales entre la realidad de unos países u otros: el valor que pueden aportar las bibliotecas se mantiene intacto. Rosa está convencida de que la sociedad civil organizada será quien aporte sostenibilidad a las bibliotecas en Latinoamérica: pero no solo en la parte sur del continente americano. Incluso en la cuna de las bibliotecas públicas, Reino Unido, la sociedad civil es la que se organiza para defenderlas.

 

La coqueta fachada trasera de la biblioteca de Stony Stratford: toda una superviviente.

 

Ya fue célebre la movilización que, allá por el lejano 2011, llevaron a cabo los vecinos de la pequeña población cercana a Londres de Stony Stratford ante la amenaza de cierre de su biblioteca. Se organizaron para retirar en préstamo todos los libros de la biblioteca para así enviar un mensaje claro a las autoridades. Siete años después y pese a los cientos de bibliotecas inglesas que han echado el cierre por falta de financiación pública, la biblioteca de Stony Stratford, continúa abierta. El pueblo unido (por su biblioteca) jamás será vencido.

El último libro publicado de Rowling bajo su seudónimo masculino de Robert Galbraith.

Sorpresas de lo geopolítico. La sociedad británica entroncando con la sociedad peruana a través de la sociedad civil. La ventaja de los británicos es que tienen a figuras con tirón mediático tan potentes como J.K. Rowling promoviendo campañas para apoyar a las bibliotecas británicas en pleno maremágnum por el Brexit.

La autora de Harry Potter, junto a figuras como Neil Gaiman, Joanne Harris o Philip Pullman, ha apoyado una petición de firmas para proteger los fondos públicos destinados a bibliotecas. Fue publicar su apoyo a la iniciativa y, en tan solo cuatro días, se consiguieron 10.000 firmas. Si la iniciativa consigue alcanzar las 100.000 firmas antes del 24 de marzo, el Parlamento, estaría obligado a admitir la petición y a debatirla.

 

Manifestación en Londres para salvar las bibliotecas inglesas.

 

No hace tanto, encontrar similitudes entre la situación de un país como Venezuela y Reino Unido era casi imposible: mundos y realidades distintas, por no decir opuestas. En cambio, si se observan desde prisma bibliotecario, las amenazas que se ciernen sobre la supervivencia de las bibliotecas de distintos continentes no se diferencian tanto. Sólo hay que cruzar el canal de La Mancha para que los paralelismos trasatlánticos-bibliotecarios vuelvan a dibujar una nueva coordenada que une Caracas con París.

El filósofo queer Paul B. Preciado analizaba recientemente en ‘El País‘ el movimiento de los chalecos amarillos franceses, y concluía, que se está dando un desplazamiento de las formas de opresión, pero también de resistencia y contestación. Según Preciado hay un cambio de paradigma y eso exige la invención de nuevas instituciones (¿eso incluirá a las bibliotecas?). El caso es que si en Caracas apedrean bibliotecas, en la culta y refinada Francia, les pegan fuego como relatábamos en Asalto a la biblioteca del distrito 18, la última, este pasado mes de julio en Nantes.

 

Una de las bibliotecas atacadas en Nantes.

 

Los violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad en Nantes durante el pasado verano dejaron un saldo de destrucción y vandalismo, que una vez más, la sociedad civil organizándose ha conseguido resolver. Allá donde las autoridades no han sabido-conseguido aplacar el descontento social de parte de la población: llega la reacción espontánea de esa sociedad civil que se organizó y consiguió que, en pocos días, un gran número de donaciones abastecieran las estanterías de la nueva ubicación de la biblioteca.

 

 

 

Tras el éxito electoral del exmilitar Jair Bolsonaro en Brasil, el líder ultraderechista y vicepresidente de Italia, Matteo Salvini, hablaba de ‘una revolución del sentido común’, de un aire fresco (sic). La conexión ultraconservadora brasileño-italiana salta de nuevo el charco para dibujar una nueva coordenada geopolítica bibliotecaria. Si en Brasil se ha eliminado el Ministerio de Cultura, en Italia, se traslada a los funcionarios que no se pliegan a la censura que quieren imponer los políticos en las bibliotecas.

Los neopopulismos, si acaso por una fracción de segundo se paran a pergeñar algo parecido a una política cultural, reforzarían sin duda la ecuación biblioteca=sala de estudio. Es la mejor manera de aniquilarlas y desactivarlas. Asépticas salas de estudio que produzcan trabajadores precarios, sin referentes intelectuales, que eleven el PIB pero jamás el nivel cultural de la amada patria.

 

 

Ya contamos la historia de la directora de la biblioteca de Todi (Perugia), apartada de su puesto por negarse a censurar cuentos inclusivos sobre el colectivo LGTBIQ: y el pasado mes de enero, Fabiola Bernardini, presentó recurso ante los tribunales. Y una vez más, mientras dirimen los jueces y presionan los políticos, ha sido la sociedad civil la que ha acudido al rescate.

El pasado mes de octubre, un grupo de más de 200 usuarios de la biblioteca se organizaron para manifestarse en la escalinata de la iglesia de San Fortunato de la ciudad con un libro en las manos. Sus movilizaciones no han sido ajenas al hecho de que la ciudad de Todi haya logrado la denominación de «Ciudad que lee»: que otorga el Ministerio de Patrimonio y Actividades Culturales y el Centro por el Libro y la Lectura.

Su protesta por el acoso político al que están sometiendo a la bibliotecaria se celebró bajo la frase de Tina Anselmi, la primera mujer que fue ministra en Italia: «Comprendí entonces que para cambiar el mundo debemos estar allí«. Una frase de la que también se podrían haber apropiado los Sentinelle in piedi, el movimiento ultraconservador italiano que también recurre a ocupar plazas haciendo como que leen para protestar contra el matrimonio gay, el control de natalidad o el uso de preservativo. Un ejemplo de que una sociedad civil organizada no siempre tiene porque coincidir con una defensa de las libertades.

 

La revista católica Tempi celebrando las concentraciones del movimiento de los Sentinelle in piedi.

 

La madeja bibliogeopolítica se nos ha enmarañado de una manera imposible de deshacer en este post con tanto cruce trasatlántico. Tanto se nos ha liado que no queda espacio para más. Otro día tendremos que mirar al país que impone las directrices económicas que repercuten en muchos de los asuntos de los que aquí se ha hablado: Alemania. Pero no por el momento. No queremos que tanto jet lag bibliotecario nos haga perder el norte.

 

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Geopolítica bibliotecaria 3

 

Para resumir en una imagen esta serie de Geopolítica bibliotecaria, que estamos desarrollando desde hace tres semanas, no cabía mejor elección que la de una maleta vintage. Una de esas, no muy cómodas frente a los trolleys actuales, (las cargaban subalternos, nunca, el privilegiado viajero) que iban sumando pegatinas de hoteles y lugares de ensueño que certificaban lo cosmopolita del propietario. Pero el mundo de esas maletas hace mucho que se extinguió.

 

Paul Bowles, el escritor viajero, junto a su equipaje. En una época en la que el viajar (para quien podía permitírselo) era un placer aún ajeno a las masas.

 

Esas maletas representaban el poderío de los pudientes de la época frente a las desvencijadas maletas atadas con cuerdas de los emigrantes, los que se veían obligados a huir de su país ante el auge de los totalitarismos, de los perseguidos, los expatriados, los parias. Un siglo después, los movimientos migratorios, los refugiados, los excluidos de la globalización se amontonan a las puertas de Occidente. Y por muchos muros que se levanten siempre hay algo que termina permeando, infiltrándose entre los poros del hormigón.

El electro latino, el reguetón, los sonidos latinos llevan décadas calando des-pa-ci-to en los ritmos globales: y con ellos ciertos clichés de la cultural latina, y lo más ventajoso para los hispanohablantes: el castellano afianzándose en todos los ámbitos, incluido el de los negocios. Por mucho que algunos aborrezcan esta saturación reguetonera, como decía recientemente el iconoclasta crítico musical Victor Lenore: «tenemos por lo menos 30 o 40 años de reggaeton«. Así que, ya tú sabes, vamos rumbo a Latinoamérica.

 

Cuando los medios más supuestamente exclusivos llevan a su portada a un músico de reguetón: es que la cosa va en serio.

 

Feria del Libro del Oeste de Caracas 2018 en la que España fue el país invitado.

Entre los países sudamericanos, Venezuela, se ha convertido en una patata caliente de la política española. Una matrimoniada entre la derecha y la izquierda de nuestro país: propia de una de esas parejas en crisis que aprovechan las visitas a casas ajenas para airear sus miserias en público. Pese a ello en la última Feria del Libro del Oeste en Caracas, España fue el país invitado.

En la crónica que de los saqueos que se están sufriendo en muchas ciudades del país andino una nos llama la atención: la del saqueo de una librería en la parroquia caraqueña de El Paraíso. Según relata su afligida propietaria robaron todo lo que había en la librería: salvo los libros. En circunstancias así, hablar de cultura, hasta pareciera una frivolidad. Pero pese a todo, la cultura, siempre es una forma de resistencia incluso cuando las necesidades más acuciantes concentran toda la atención.

Los que huyen siempre dejan mucho atrás, y entre esas cosas, dejan también bibliotecas. El Buscón es una librería ubicada en el centro cultural, de la capital venezolana, El Trasnocho cultural. Su historia, como todo en el país, es la historia de una supervivencia en condiciones extremas. En un artículo publicado en el portal de noticias independientes de ‘Crónica uno’ se relata la crónica de las bibliotecas huérfanas de Venezuela.

 

Centro Cultural El Trasnocho en Caracas.

 

La librería El Buscón está especializada en textos agotados, y junto a otros establecimientos de parecidas características, han encontrado una vía de supervivencia gracias a la huida sin mirar atrás de tantos venezolanos que han ido abandonando el país llevando poco más que lo puesto. Las bibliotecas se quedan y ese abandono es aprovechado por las librerías y centros culturales. Como bien indica la responsable de El Buscón, en el artículo, no se trata de bancos de libros: aplican una rigurosa selección para conservar lo realmente relevante e interesante. En Venezuela, librerías y centros culturales, son auténticos centros de resistencia. Pero ¿y las bibliotecas?

 

Las bibliotecas en medio de las refriegas políticas en Venezuela. Imagen de la Biblioteca Pública Óscar Palacios Herrera en un barrio de Caracas. La biblioteca fue reinaugurada por el ministro de cultura en abril de 2017, y pasados unos días, fue atacada, incendiada y apedreada. 

 

Las bibliotecas dependen del poder y su capacidad de autonomía no es tanta como la de iniciativas privadas. En La biblioteca como arma política hablábamos de la manipulación que se puede hacer de las bibliotecas y la cultura desde puntos de vista ideológicos según la conveniencia del momento. Nada nuevo bajo el sol. En Venezuela también se está dando esa utilización: y así el escritor José Canache afín al régimen de Maduro (todo hay que decirlo): denunciaba recientemente que en las bibliotecas del Estado de Anzoátegui se estaban purgando libros y documentos sobre Chávez y la Revolución Bolivariana.

¿Hay motivos para ver algo positivo en una censura sea del tipo que sea? Si nos quedamos con el hecho de que alguien se esté molestando en cribar los fondos de una biblioteca para sesgar la historia ,en un sentido u otro, podríamos decir que sí. No deja de ser un reconocimiento al ascendente que las bibliotecas, y la palabra escrita, aún preservan incluso en sociedades tan fragmentadas como la venezolana.

 

La autobiografía de Mario Vargas Llosa en la que cuenta su progresivo acercamiento a posturas liberales.

 

Y si la revolución bolivariana, de marcado cariz izquierdista, ha terminado derivando en dictadura, por contraste, es oportuno que sigamos con un país que se ha erigido en paradigma del éxito del liberalismo como es: Perú. Según el FMI, ese oráculo divino que sentencia países, Perú es una de las economías emergentes entre los países de su ámbito más cercano. Como contrapartida, también es cierto que según el último ranking publicado por Transparencia Internacional: el país se ha elevado hasta el noveno puesto en la lista de países más corruptos.

Dejando aparte los aciertos o desaciertos de las políticas económicas aplicadas en la patria de origen de Vargas Llosa: ese enriquecimiento del país no se ha traducido en un mayor impulso al sector que aquí nos interesa. Si bien el Plan Lector (un listado de lecturas recomendadas para centros docentes) ha conseguido aumentar los índices de lectura en niños en edad escolar: el hábito tiene difícil continuidad ante la falta de suficientes bibliotecas públicas. Según el escritor peruano Javier Arévalo, que participó en la elaboración de dicho plan, este incremento de la lectura en jóvenes se da en los colegios privados: quedando los públicos desabastecidos por esa carencia de bibliotecas y medios.

 

La impactante campaña lanzada para recuperar los libros robados a la Biblioteca Nacional de Perú durante años.

 

Hacer lecturas (nunca mejor dicho) del hecho de que el FMI bendiga económicamente a Perú, y que al mismo tiempo hayan aumentado los índices de corrupción y los índices de lectura, pero, en colegios privados: sería hacer una lectura torticera, sesgada y maniquea. Mejor nos la ahorramos y que cada uno saque sus propias conclusiones. De momento dejamos el Perú con un libro: La biblioteca fantasma de David Hidalgo.

Hidalgo ha llevado a cabo una exhaustiva investigación periodística sobre el sangrante expolio al que ha estado sometida la Biblioteca Nacional de Perú durante décadas. Una historia de robos sistemáticos llevados a cabo por los propios trabajadores que vendían en el mercado negro las joyas bibliográficas de sus fondos. En La biblioteca fantasma se denuncian los errores y la desidia de responsables policiales y de magistrados que dibujan un retrato nada halagüeño del respeto de las instituciones por la cultura de su país.

 

 

Según un medio liberal como ‘The Economist’, Uruguay es el país más democrático de Sudamérica, y además según el mismo ranking que elevaba el índice de corrupción peruano: el menos corrupto. Y según Naciones Unidas el que tiene mayor nivel de alfabetización. Sin duda los tres millones y pico de población que tiene el país son mucho más fáciles de manejar que los más de 30 millones de Venezuela o Perú: pero algo habrá que se pueda adaptar a la realidad de otros países más complejos. Por ejemplo, el proyecto Biblioteca Solidaria, que ahora ha ampliado su radio de acción uniendo a Uruguay con Paraguay.

Este proyecto implica a padres, abuelos, vecinos, estudiantes y, en general, a todo aquel que quiera sumarse. Consiste en formar parte de equipos comunitarios de lectura que visitan principalmente escuelas, centros culturales y asociaciones buscando promover la lectura entre los niños uruguayos y sus familias. La iniciativa basa su éxito en el hecho de que implica a la comunidad, que busca a sus agentes promotores más allá del gremio docente, bibliotecario o estudiantil: aspirando así a objetivos a más largo plazo que los que se consiguen con simplemente promover la lectura exclusivamente en el ámbito escolar.

 

Biblioteca País: la biblioteca digital puesta en marcha por el gobierno uruguayo a la que se puede acceder simplemente con la cédula de identidad.

 

Y también recientemente, el gobierno uruguayo ha puesto en marcha la Biblioteca País, una biblioteca digital con más de 4.000 títulos en español que en su primer mes ha contabilizado un total de 40.000 préstamos. Tal vez algo tenga que ver una cuestión pendiente en las bibliotecas españolas: no se necesita carné de biblioteca: basta con la cédula de identidad, es decir, el equivalente a nuestro DNI.

En verano, las bibliotecas llegan a las playas a través de las Biblioplayas, y aprovechando que al final del verano, el 15 de septiembre, se celebra el Día de la democracia en el país: el concepto ‘biblioteca’ fue utilizado para celebrarlo a través de las denominadas «bibliotecas humanas» que ocuparon diversos espacios públicos de la capital promoviendo la comunicación entre los ciudadanos.

 

 

Es casi pecado estar por la zona y no aprovechar para visitar México (con su recién estrenado plan para fomentar la lectura AMLO que busca, entre muchas otras cosas, desasociar las bibliotecas con el aburrimiento); al gigante brasileño (al que el FMI pronostica una recuperación económica, y su nuevo presidente Bolsonaro, asegura una glaciación cultural al cargarse el ministerio del ramo); Argentina (con su crisis económica y sus bibliotecas comunales siempre en acción permanente); la siempre ejemplar Colombia (con un crecimiento sostenido pero que, al contrario del resto de países bendecidos por el FMI, mantiene una apuesta firme por las bibliotecas como agentes activos a favor de la paz y el progreso); o el pujante Chile (que del socialismo de los últimos años ha pasado al centro derecha actual y prosigue con proyectos bibliotecarios tan interesantes como BiblioRedesy siempre está de actualidad bibliotecaria, por asuntos como la inauguración de la primera biblioteca digital en un aeropuerto). Seguro que todos nos saldrán al paso en la crónica de actualidad en un futuro nada lejano.

 

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en la Biblioteca del Congreso, en Washington, en compañía de la bibliotecaria del Congreso, Carla Hayden. La foto fue tomada con motivo de una conferencia que pronunció Lagarde el pasado mes de diciembre en la Biblioteca.

 

Pero si hemos elegido a estos tres países de la zona para el último repaso geopolítico ha sido porque Venezuela, Perú y Uruguay ejemplifican fórmulas políticas y económicas muy distintas cuyos resultados, siempre desde el prisma que nos interesa, han dado resultados divergentes. Y al final queda la pregunta: ¿será por el modelo económico, por el ideológico-político, por la sociedad civil (en cuya organización confía una educadora peruana que amablemente nos ha escrito a raíz de leer esta serie geopolítica), o acaso, por sus gobernantes? La respuesta, como siempre, dependerá del prisma desde el que se mire.

Y tal como advertimos este panorama geopolítico bibliotecario se agotaría en tres entregas. Ahora nos surge la duda: ¿pecamos de ambiciosos o de modestos? Como no lo tenemos muy claro lo único que podemos decir es: ¿Continuará?

 

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Geopolítica bibliotecaria 1

 

Si la semana pasada bordeamos lo desconocido aventurándonos por las coordenadas del Triángulo de las Bermudas, y sus misterios, esta semana nos asomamos a un triángulo, hexágono, dodecaedro o lo que sea en que se configure el  (des) equilibrio geopolítico en el que se define el panorama de fuerzas que tensan el mundo de hoy.

 

La cuenta de Instagram del turco Ugur Gallen ha ganado mucha repercusión últimamente gracias a los montajes fotográficos que publica. En ellos confronta los conflictos armados y las situaciones de emergencia humanitaria, en la actualidad, con imágenes de la sociedad del bienestar.

 

Si todos nos plegamos a la geolocalización de los satélites, y gustosamente cedemos nuestras coordenadas a su control a través de nuestros dispositivos, echar un vistazo desde prisma bibliotecario a las fuerzas geopolíticas que están redefiniedo la Historia en estos momentos: puede ser una buena opción para ver el presente en perspectiva. Todo es demasiado inestable como para llegar a conclusiones. Pero si alguna vez el refrán de ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’ se pudo considerar oportuno es en estos tiempos.

Nuestro periplo no tiene ningún afán exhaustivo. Antes que Willy Fog sería James Bond nuestro modelo: pero no por lo más obvio que cabría imaginarse. Saltamos de latitud en latitud, como 007, pero sin dry martini, sin esmoquin, ni cochazos, ni mansiones repletas de beldades en biquini. Los villanos (que no faltan) quedan a la elección de cada uno.

 

Empezamos en Europa con la estrella bibliotecaria del momento: la biblioteca finlandesa de Oodi. Patrón con el que todas las bibliotecas del mundo parece que se van a comparar a partir de ahora. No vamos a  describir las innovaciones, ni espacios fantásticos de esta biblioteca modelo. Para eso ya hay muchas noticias e incluso vídeos. Nuestro interés es el papel que juega un país que da lugar a centros así en el escenario global: porque de ese papel se podrá deducir su capacidad de influencia en el resto.

Finlandia forma parte de un continente al que el nuevo siglo no está tratando demasiado bien. Su capacidad de influencia en el nuevo orden mundial está en entredicho, sobre todo, si se confronta con Asia o América. Finlandia, junto con el resto de avanzadísimas sociedades nórdicas (o así reza el tópico) aunque miembros o no (el caso de Noruega) de la Unión Europea: mantienen una cierta distancia con el resto. Su envidiado estado del bienestar siempre es el espejo al que se recurre para mirarse y deprimirse ante el amorfo reflejo propio. Otro tanto cabe decir en cuanto a sistema educativo y prestaciones sociales. Si en asuntos tan esenciales no se ha conseguido trasladar su modelo, que las bibliotecas sigan teniendo tanta importancia, no parece que sea determinante para que el resto de países les imiten por ello. Prosigamos pues el viaje.

 

El polémico escritor chino Murong Xuecun declaró, hace unos años, que sus compatriotas inmersos en una economía de mercado salvaje no prestan mucha atención por la lectura. Noticias recientes, en cambio, le contradicen.

Otra biblioteca que ha acumulado numerosos titulares y ha venido muy bien para rellenar los cada vez más raquíticos espacios culturales en los medios: ha sido la espectacular biblioteca china de Tianjin Binhai que se inauguró en los últimos meses del 2017.

La fastuosa biblioteca con sus infinitas estanterías en las que parecían habitar libros y más libros hasta perderse en el horizonte, en realidad, jugaba con las ilusiones ópticas. Una vez se superan las estanterías accesibles todo se convierte en un trampantojo, en un reflejo multiplicado por el ingenio de los arquitectos. Y el 1,2 millón de libros que aseguran caben en la biblioteca, por el momento, no deja de ser un futurible.

Por eso, ante tamaña (y maravillosa) ostentación del gigante chino, mejor nos fijamos en datos concretos que nos sitúen en la importancia real que dan en la segunda economía del mundo a las bibliotecas. Según un artículo publicado en la revista estadounidense ‘Publisher Weekly’, el pasado diciembre, el mercado de libros infantiles en China alcanza proporciones tan apabullantes como la faraónica biblioteca de Tianjin Binhai. Y ese dato sí que emociona mucho más que la deslumbrante biblioteca.

 

En China se está dando lo que en nuestro entorno se dio hace unas décadas y que el pelotazo económico de los 90 terminó por desbaratar: la cultura como símbolo de ascenso y progreso social. La pujante clase media china aspira a que sus hijos tengan los mejores libros y aprender a leer cuanto antes. En esto último se parecen a muchos progenitores españoles que, desde siempre, han cifrado el que sus hijos lean cuanto antes como síntoma de éxito escolar (un empeño que se contradice con los modelos educativos más avanzados). Y en cambio, se preocupan muy poco por darles ejemplo leyendo ellos mismos y así conseguir que una vez sepan leer: sigan leyendo.

Pero volviendo a China. Todos estos progresos vienen acompañados de una reforma educativa que enfatiza la lectura dentro y fuera del aula. Un empeño que viene acompañado por la construcción, durante la última década, de más de 600.000 bibliotecas con las que combatir la escasa alfabetización de la población no urbanita. Hasta se ha establecido un premio para reconocer a los mejores promotores de la lectura en el país.

 

En los análisis que hacen los medios sobre quien ganará la partida entre Trump y el régimen de Pekín: siempre se centran en los datos económicos. Pero más allá de espionajes, guerras digitales o de carreras por dominar la inteligencia artificial: lo que decante la balanza puede que provenga de lo más nimio. Cuando las fuerzas se están igualando en tantos campos: el último esfuerzo para ganar el pulso puede venir de detalles tan insignificantes como los índices de alfabetización, la lectura, el número de bibliotecas, etc… En esas fruslerías, que no aparecen nunca en las páginas de economía, es donde se denota cuando un imperio está asentando las bases de su dominio a largo plazo.

Por contraste con su gran rival chino, Trump cierra el grifo de ayudas a las bibliotecas públicas, confía en la contaminación informativa para manipular mejor a su electorado y es la antítesis de lujuria intelectual (de la otra también pero de eso no hablamos aquí). No vamos a decir que el régimen chino sea un paraíso de la libertad de expresión, pensamiento y creación, desde luego, pero cuando el éxito depende de tantos e insignificantes detalles: cabe la posibilidad de que hasta el peso pluma de las bibliotecas (y de la cultura en general) sea un peón a tener en cuenta.

 

Y para muestra, una última hora de lo más esclarecedora. El presidente de los Estados Unidos, en su primera reunión de gabinete de 2019, se burló del primer ministro de la India, Narendra Modi, por financiar la construcción de una biblioteca en Afganistán. Tanto los Estados Unidos, como la India, están colaborando financieramente en la reconstrucción del país afgano tras haber participado, previamente, en su destrucción. Según las autoridades hindúes, la construcción de la biblioteca representa la contribución del país en el desarrollo de la sociedad civil afgana, en promover una educación moderna y habilidades profesionales para los jóvenes. Para Trump, la construcción de la biblioteca, no es más que un mal chiste.

 

Javier Cansado en el programa ‘La resistencia’ de David Broncano.

 

La actualidad siempre juega a favor cuando se habla de estos temas. En una entrevista del humorista Javier Cansado en el programa de humor de moda entre los millenials La resistencia de David Broncano: surgieron argumentos de los que gusta escuchar. Básicamente de los que te reafirman en lo que tú has dicho. Cansado empezó hablando de bicicletas (coincidiendo con lo que dijimos en Bibliotecas para todos, aceras para peatones): pero prosiguió hablando del interés que profesa por la historia del Imperio mongol. Y es aquí donde Cansado nos recuerdaba que una de las grandezas de ese imperio que precedió al Imperio chino: fue que, pese al potencial destructor de su ejército, cuando arrasaban una ciudad con saña, siempre respetaban la vida de ingenieros, artesanos y artistas.

El modelo con el que siempre se compara a los imperios, más que el mongol, suele ser el del Imperio romano. En el caso de Roma fueron las invasiones bárbaras las que acabaron de derrumbarlo. En el caso de los Estados Unidos, en cambio, si termina derrumbándose, no hará falta que le invadan bárbaros venidos de fuera. Eso que se ahorran.

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La biblioteca como arma política

 

En un tuit de hace unos días, Felicidad Campal, sintetizó a la perfección lo que muchos pensamos al oír las insistentes noticias en torno a la polémica a cuenta de la tesis del presidente del Gobierno  Pedro Sánchez:

Que en el Congreso se hable de , de plagio, de investigación, de tesis, de Teseo , la base de datos de las tesis españolas… No está mal, aunque sea para acusarse unos a otros de lo mal que lo hacen todo. y más necesarios que nunca! O no?


Suelen ser tan escasas y estereotipadas las noticias que convierten a las bibliotecas en protagonistas de la actualidad para los medios de masas: que es inevitable que cualquier noticia al respecto sea bienvenida. Máxime cuando las favorece al presentarlas como instituciones a las que remitirse cuando se trata de arrojar algo de luz sobre la crónica de actualidad. Que en la biblioteca de la Universidad de Camilo José Cela se hayan formado colas de periodistas para acceder a sus fondos (bueno en realidad a un solo documento) ya es reseñable. El ‘tirar de hemeroteca’ que tanto gusta a la prensa.

Pero pese a lo importante que es estar en los medios (no íbamos a negarlo precisamente en este blog que va de exquisito (¿?) e hizo palmas con las orejas al ser recomendado hace unos días en el programa de Julia Otero: Julia en la onda) no está de más atender al discurso de trasfondo que se puede leer tras este súbito protagonismo de las bibliotecas.

 

Maqueta para la biblioteca presidencial del expresidente Obama. 

                                                     

El libro de John Street analizaba hace unos años las diferentes relaciones con la cultura según los posicionamientos ideológicos. Y hace poco en Xataka nos descubrían un estudio que demuestra que los de derechas e izquierdas optan por lecturas sobre ciencia muy diferentes. El encuentro parece imposible.

En Biblioteca contracultural (inciso: autocitarse sin previa disculpa pareciera incorrecto. Y es algo incomprensible. Según se ha recordado a raíz del affaire de la tesis de Pedro Sánchez un baremo de prestigio es el número de citas de tus escritos. Pues bien: las autocitas deberían puntuar positivamente: denotan coherencia en el discurso y ausencia de falsa modestia. Tal y como se está poniendo la normativa sobre derechos de autor, en breve, lo único que podremos hacer será autocitarnos): después de este inciso que más parece un injerto: decíamos que en Biblioteca contracultural defendíamos a la contracultura frente a la cultura.

La contracultura nace sin más expectativas que las de soltar un eructo a lo establecido. En cambio, lo que oficialmente se asume como cultural, se usa muchas veces como arma arrojadiza: «una cachiporra con que atizarse en el grand guinol de la política«. Vistas ahora estas palabras parecieran hasta proféticas. Pero ¿de qué cultura estamos hablando?


¿Hay un discurso positivo en todo este rifirrafe a cuenta de los másteres de los políticos? Tras los años de la crisis en los que el enriquecimiento rápido era la máxima aspiración: y la paciencia y el esfuerzo que requiere la formación académica deslucían ante la inmediatez de tanto pelotazo mediático: sería fácil interpretar que hemos aprendido la lección. Que la formación, la cultura, y por ende, las instituciones culturales cotizan al alza. Pero mejor no nos dejemos llevar por el espejismo. 

Este uso de la formación y la cultura como cachiporra política no es más que una nueva instrumentalización de la cultura para intereses que le son ajenos. No se trata de hablar de cultura como espacio común para intercambio de ideas, y por tanto, enriquecimiento mutuo: sino de cultura como arma política, como demérito, como vacuo ornamento.

 

Seis grados de separación (1993) una excelente, y no muy conocida pese a encabezarla Will Smith, película que retrata las diferencias de clase, ideológicas y culturales de manera brillante.

Blotch de Blutch: estupendo retrato de un pedante insoportable.


Desde determinadas posturas ideológicas la cultura se ha esgrimido muchas veces como un elemento para la exclusión y el clasismo. El descrédito y falta de predicamento que actualmente tiene la figura del intelectual tiene mucho que ver con ese apabullamiento de citas, referencias y engolados ditirambos con que los leídos del pasado (y algunos del presente) trufaban sus peroratas. La cultura como fuego de artificio intelectual, como puro exhibicionismo, como instrumento de opresión. No la cultura como lugar de encuentro, de diálogo, de aprendizaje: esa idea de cultura que promueven las bibliotecas públicas.


No se trata de una loa al igualitarismo sino de una defensa de la cultura como espacio para el disfrute desprejuiciado sin renunciar al juicio crítico. Algo que afortunadamente las nuevas generaciones (al menos al porcentaje al que le interesa la cultura) parecen practicar cada vez con mayor naturalidad.

 

 

En el nº 490 de la revista ‘Dirigido’, la crítica Anna Petrus, hacía una reflexión sobre un cambio de paradigma cultural a raíz de la mala acogida del último filme del cineasta Michael Haneke, Happy end (2018). Su análisis detecta y celebra un cambio en la mirada del espectador que empieza a reclamar menos crueldad y más humanismo y empatía en las creaciones. Petrus contrapone la cruda mirada de Haneke sobre sus personajes a la mirada cálida, de un humanismo renovador de películas como Verano 1993 (2017) de Carla Simón. Para la crítica, el movimiento feminista tan presente en nuestros días, sería corresponsable de este cambio de sensibilidad.

No estamos muy seguros de que enriquecer la cultura pase por renunciar a la mirada menos humanista (¿según qué baremos? ; ¿no es la crueldad un sentimiento tan humano como el amor?) de cineastas como Haneke, Lars von Trier o Verhoeven: o de escritores como Thomas Bernhard, Jim Thompson, Cormac McCarthy…

 

¿Cómo sería recibida hoy día la durísima, polémica y política ‘Saló o los 120 días de Sodoma’ (1975) de Pasolini? ¿cómo encaja la obra de autores como el Marqués de Sade en esa cultura de la empatía que algunos sostienen que está cambiando el paradigma?

 

Estemos más o menos de acuerdo con las ideas de Petrus lo interesante es constatar como las pugnas por redefinir el canon cultural en cada momento y circunstancia siguen vigentes, y en medio de todo, se sitúa la biblioteca. La biblioteca como territorio a ocupar, la biblioteca como arma política para construir la sociedad en la que cree cada uno. El activismo estadounidense nos lleva muchas décadas de ventaja en esto de tomar posiciones partiendo de las bibliotecas.

 

Una de los libros auspiciado por la organización Everylibrary: ‘Ganando elecciones e influencia política para financiación bibliotecaria’.

 

Everylibrary es una organización estadounidense centrada en conseguir apoyo electoral en favor de las bibliotecas. Públicas, escolares o universitarias. Desde su creación, en 2012, Everylibrary ha apoyado a las bibliotecas públicas locales cuando hay elecciones en sus circunscripciones. Para ello capacitan al personal bibliotecario y a voluntarios para planificar campañas efectivas de información; implican a la sociedad civil y a los activistas locales para que apoyen sus bibliotecas; y emprenden acciones para concienciar a los vecinos sobre el valor y la relevancia de sus bibliotecas y bibliotecarios.

Se trata de que las bibliotecas tengan un peso específico a la hora de ganar elecciones:  promover la manera más efectiva de que los partidos las incluyan dentro de sus programas electorales. Si les hacen ganar votos: las bibliotecas serán protegidas.

 

 

Su publicación periódica ‘The Political Librarian’ se centra en las conexiones entre bibliotecas locales, políticas públicas y políticas fiscales. Se trata de fomentar el debate en torno a asuntos legales, políticos y de financiación para las bibliotecas. Y algo que nos gusta especialmente: sus colaboradores exceden del campo bibliotecario para integrar expertos de todos los ámbitos posibles.

Como reza el eslogan de su web: any library initiative anywhere matters to every library everywhere (cualquier iniciativa bibliotecaria en cualquier lugar es importante para todas las bibliotecas de cualquier lugar).

 

¿Y en nuestro entorno más inmediato? ¿Suena plausible que en un país con índices de lectura tan bajos las bibliotecas tuvieran algún peso en lo que más preocupa a la clase política?: los votos.

El discurso políticamente correcto con las bibliotecas no hace distinciones entre profesionales y ciudadanos. Quien más quien menos ha caído en románticas loas y defensas estereotipadas de las bibliotecas cuando se han visto amenazadas o sometidas a recortes. Protestas poéticas, campañas de apoyo en redes, columnistas en los medios que rememoran su infancia en la biblioteca de su localidad, movilizaciones vecinales: todas y cada una de estas acciones son loables y reconfortantes. Pero dejando aparte posibles intereses partidistas y que recurran a las bibliotecas para atizarse políticamente: como de verdad, de verdad, se defiende a una biblioteca es dándole uso. No existe mejor apoyo posible.

 

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Jardines bibliotecarios

 

En la penumbra de un jardín tan extraño
Radio Futura

 

Meterse en un jardín es algo que evitamos por diversos motivos. Pero si se escribe y se propone nadar y guardar la ropa en pleno boom de la confesionalidad y el exhibicionismo, sea en formato vídeo de Youtube o literatura del yo, es que no se están haciendo bien las cosas. Por eso en este post vamos a meternos en varios jardines.

 

Cambio de cartera ministerial de Màxim Huerta a José Guirao. Foto de José Luis Roca.

 

El accidentado proceso por el que se ha nombrado nuevo ministro de Cultura le ha dado un protagonismo a una cartera ministerial que no suele recibir demasiada atención mediática en la formación de gabinetes de gobierno. El perfil de José Guirao se ha recibido con los dientes menos afilados que el de Màxim Huerta, y como era de esperar, las peticiones y recomendaciones al nuevo ministro no han tardado en publicarse en diversos medios. La bajada del IVA del cine y la decisión de resucitar la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura son noticias positivas, y la segunda, aún más para el mundo de las bibliotecas.

En una carta abierta al ministro escrita por Óscar López en ‘El Periódico’ le exhorta a que potencie las bibliotecas escolares como paso fundamental para fomentar la lectura; que combata de manera efectiva la piratería; o que se reúna con medios de comunicación públicos y privados para encontrar fórmulas con las que conseguir que los espacios culturales tengan mayor presencia en los medios de masas. En esto último llega a sugerir que las subvenciones al sector audiovisual se supediten a que los guionistas hagan que los protagonistas de las ficciones aparezcan leyendo.

 

Los protagonistas infantiles de una serie española (Cuéntame) leyendo tal y como solicita Óscar López que se haga para promover la lectura. El único detalle sin importancia es que interpretan a niños de los años 60. Esos tiempos en que circulaba el eslogan de: «donde hoy hay un tebeo mañana habrá un libro».

 

No sabemos si esto último no suena un tanto excesivo. Pero cualquiera de las propuestas de López son asumibles por cualquier profesional de la cultura que trabaje en una biblioteca. De hecho no estaría fuera de lugar enviarle por parte de las bibliotecas públicas una carta de Reyes Magos al nuevo ministro por mucho que cueste creer en magia cuando de política y cultura se trata. Si acaso solo cabría desear que ante todo prime la cultura como «conjunto de conocimientos que permite desarrollar el juicio crítico». Algo simple si nos atenemos la definición que da la RAE: pero que tan difícil se hace a veces.

Cuando manda la derecha dejándola en el furgón de cola, mientras se prima un uso de la cultura como signo de distinción con el que enmudecer a los que disientan apabullándolos con exhibicionismos intelectuales que pongan en su sitio a quienes no han tenido los medios o capacidades suficientes para crearse un discurso propio. Y cuando manda la izquierda promoviéndola como escaparate de pluralidad, inclusión y progreso pero afeando cualquier disidencia que cuestione el igualitarismo que exige lo políticamente correcto.

En este sentido resulta esclarecedor (por no decir espeluznante) el relato que Steve Pinker recogía en su célebre ensayo «La tabla rasa» sobre las presiones, campañas de descrédito y boicots que sufren aquellos investigadores que, en estas últimas décadas, han publicado hallazgos que contravenían «las verdades» del discurso políticamente progresista del momento. Como los resultados de la investigación científica están sometidos a duras presiones para reforzar los presupuestos ideológicos e intereses bien de la izquierda o bien de la derecha.

Imagen de la web de la Biblioteca de Semillas de la biblioteca pública de la ciudad estadounidense de Orange.

Ilustración de la cuenta de Twitter Antigua Roma al día.

 

Pero en medio de este jardín en el que nos hemos metido siempre se puede encontrar una salida tirando de un recurso infalible: la frivolidad.

No, no es que vayamos de Óscar Wilde, es que regresamos al post Club de lectura de prensa rosa: bibliotecas en el candelabro. Antes de que su problema con Hacienda fulminase a Màxim Huerta como ministro no faltaron las críticas por su pasado como comentarista del corazón del exministro. Un prejuicio un tanto absurdo si convenimos en que la política actual tiene mucho de culebrón de sobremesa.

Cotilleos a cuenta de cuando el periodista Federico Jiménez Losantos profesaba el comunismo.

 

 

El Club de lectura de prensa rosa atacaba directamente a la doble moral que muchas veces recae sobre la prensa del corazón. Y optaba por explotar el cotilleo, que nos guste o no está ahí, desde un prisma bibliotecario como es el fomento de la lectura. La prensa rosa, como cualquier medio es susceptible de análisis desde muchos aspectos. Federico Jiménez Losantos (¡y seguimos adentrándonos en jardines!) escribía una columna sobre la crónica social con apuntes antropológicos y sociológicos allá por los 80 en ‘Diario 16’.

Y ahora nos enteramos por la prensa escrita (en este caso una fuente secundaria en vez de recurrir a la fuente primaria como exigiría el rigor profesional: para que luego nos las demos de desprejuiciados) que en el programa Sálvame, su estrella Belén Esteban, declaró haberse emocionado leyendo Patria de Aramburu.

 

Kiko Matamoros: ¿influencer literario en Mediaset?

 

Un hecho que sigue dando pistas de ese Golpe de estado cultural que poco a poco está forjándose hasta en los medios más insospechados. Y el golpe definitivo lo da la interesante entrevista que otro colaborador del programa, Kiko Matamoros, concede a ‘El confidencial’. Matamoros participó de ese momento televisivo de máxima audiencia en que en el plató por donde suelen pulular tronistas, concursantes de realities y famosos en horas bajas: se habló de literatura.

Según asegura ‘El Confidencial’ Matamoros se ha convertido en prescriptor literario a través de sus referencias a libros en medio del guirigay del programa vespertino de Telecinco. Las declaraciones del colaborador de Sálvame resultan interesantes en general, pero concretamente, la idea que propone para el Ministerio de Cultura suena especialmente acertada:

«El ministerio podría hacer por la literatura lo mismo que ha hecho por el cine, que es obligar a los agentes del mercado que tienen más dinero a reinvertir. Además creo que los grandes directivos que manejan las cadenas de televisión lo aceptarían de buen grado.»

 

El ensayo del profesor de Historia y Teoría de la Arquitectura del Paisaje Michael Jakob: especialista en el jardín como representación social.

Sinceramente nos interesa menos si en Sálvame van a seguir hablando de libros como lo que significa para el estado de la cosa cultural el que un hecho así suceda. En la denominada, justa o injustamente, ahí no entramos, telebasura: se ha hablado de libros (más allá de biografías de famosos, realezas y demás) en numerosas ocasiones.

Entre nominaciones, escándalos de pacotilla o intimidades escabrosas: lo han hecho aquellos presentadores, con suficiente edad y recorrido, como para preservar ese prurito de prestigio que otorgaba tener una formación, una cultura. Pero sobre ese apostolado siempre recaerá una sombra de sospecha. ¿A qué ese empeño en hacer apología de la lectura en un medio, y ante un público, que no lo pide? ¿es por una convicción sincera en la necesidad de promover la lectura desde los medios de masas? ¿o acaso es un anhelo de respetabilidad, de marcar distancias con ese mundillo que les otorga fama y dinero pero poca consideración desde el canon de lo que se considera cultura? Hasta que no surja un nuevo formato que cruce Página Dos con Sálvame Deluxe es improbable que esa sombra se disipe.

 

Página 2 Deluxe: el crossover televisivo llamado a revolucionar el medio.

 

En las bibliotecas se hace algo similar: se compran best sellers que íntimamente se desprecian pero que engrosan esas estadísticas de préstamo que, finalmente, permitirán rendir cuentas exitosas cara a los próximos presupuestos. Pero no perdamos de vista lo importante: Belén Esteban declaró haberse emocionado con el Premio Nacional de la Crítica.

¿Qué consecuencias puede tener un hecho así?: ¿despertará un interés inusitado por la lectura? ¿el Plan de Fomento de la lectura contará con una sección en su programa? Ese programa al que un Pedro Sánchez, aspirante entonces a liderar el PSOE, llamó en directo metiéndose en un jardín que le propinó no pocas críticas por parte de oposición y del sector contrario a él en su partido. Y es que para adecuarse al signo de los tiempos siempre hay que arriesgar y, pese a la audacia, la ganancia nunca está segura.

Lo que sí está seguro es que todos estos signos dan sustento a muchas de las proclamas que hemos lanzado en este blog. Si las profecías warholianas se han cumplido a la perfección en este mundo de las celebrities: justo es que la cultura sea como una caja de detergente o una lata de sopa: objeto de consumo diario en los supermercados de la cultura que son las bibliotecas. Las flores más bellas hunden sus raíces en el fango que escribía Baudelaire: y ahora la duda para los más puristas será distinguir entre la flor y el fango.

 

Peter Sellers el jardinero protagonista de Bienvenido Mr. Chance (1979)

 

El convulso siglo XX visto desde el gran jardín de una familia poderosa en El jardín de los Finzi-Contini.

Pero dejémonos de metáforas jardineras y citas culturetas o vamos a terminar como el Mr. Chance interpretado por Peter Sellers en Bienvenido Mr. Chance (1979). Esa deliciosa película se injerta a la perfección en este post: un jardinero algo retrasado, que sin pretenderlo, consigue que sus silencios y lacónicas frases sobre jardinería sean interpretadas como el colmo de la agudeza política.

Sin más experiencia vital que su trabajo como jardinero y sus horas de ocio dedicadas a ver televisión, Chance, se convierte en oráculo para los que van de exquisitos y pedantes (de esos, por ejemplo, que mezclan citas de Baudelaire con noticias en torno a Sálvame). Su irrupción en el mundo exterior es tan demoledora como la del mismo Peter Sellers en la película El guateque, pero en este caso, sin destrozar nada salvo la mascarada de los que le rodean.

Yuval Noah Harari, en su ensayo Homo Deus, hace una breve semblanza de la historia de los jardines que viene muy al caso para enderezar las ramas de este post:

«Los pobres campesinos no podían permitirse dedicar una tierra o un tiempo precioso a los jardines. Por lo tanto, el pulcro prado a la entrada de los castillos era un símbolo de estatus que nadie podía falsificar. Proclamaba de manera llamativa a todo transeúnte: Soy tan rico y poderoso, y poseo tantas hectáreas y siervos que puedo permitirme esta extravagancia verde. (…) No es por tanto sorprendente que en el siglo XIX la burguesía, en auge, adoptara el jardín con entusiasmo.»

 

En un momento en que los espacios públicos en las ciudades son usurpados por negocios que exigen que el peatón ejerza de consumidor para poder disfrutarlos: el texto del historiador israelí adquiere aún más fuerza. Sobre todo si de bibliotecas (uno de los pocos espacios públicos que no discriminan por nivel adquisitivo) y jardines: estamos hablando. Siempre quedarán resquicios por los que colarse como hacen las enredaderas en los muros. Es lo que sugiere el movimiento de guerrilla jardinera que se ha ido extendiendo por diversas urbes del planeta en modo de protesta paciente y silenciosa inequívocamente vegetal.

 

 

Cuando la sociedad civil se moviliza para sacarle los colores a los poderes públicos aparecen ideas tan ingeniosas y repentinamente poéticas como plantar flores en los baches para señalizarlos. Activismo floral, brotes verdes en el asfalto, esquemas culturales que se revientan como las raíces de los ficus revientan hasta el hormigón más armado.

La cultura, las bibliotecas, se encuentran en medio de un jardín repleto de flores carnívoras dispuestas a engullirlas. Y como decía un tema del dúo Fangoria: «Tenemos que hablar de las plantas carnívoras, de su nutrición, su riego y su reproducción» Y eso hemos hecho en este post metiéndonos en jardines repletos de barros políticos, mediáticos, ideológicos y sensacionalistas para pringarnos bien (con guantes, eso sí, para no pincharnos) y ver si así brota alguna semilla de esa planta exótica que es la cultura en el siglo XXI.

 

 

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