El mundo en una viñeta (comictecas around the world)

 

La industria que mejor ha sabido convertir unos premios en una gigantesca campaña de marketing, no cabe duda, es la de Hollywood. Desde que en 1929 las majors decidieran crear unos galardones endogámicos con los que darse autobombo: muchas industrias han copiado su gran idea. Pero ninguna ha llegado tan lejos.

 

Pero, tras 91 años de Óscars, les ha faltado ser más agradecidos con los satélites de la industria, sin cuyo apoyo: el cine habría sido imposible. Cadenas de cines, distribuidoras, videoclubes, plataformas audiovisuales, televisiones o hasta acomodadores. Todos estos actores tienen su papel en el mundo del cine. Un poco de reconocimiento, cuando menos simbólico, por parte de la industria a la que tanto han beneficiado: resultaría, como poco, elegante.

Una industria que nació, casi a la par que la cinematográfica, sí lo tiene en cuenta: la industria del cómic. Y si hay una figura de relevancia dentro del mundo del cómic: esa es la de Will Eisner. Los premios Eisner se suelen describir como los Óscars de los cómics. Y la Fundación de la Familia Will and Eisner desarrolla una labor encomiable en la promoción y difusión del cómic en muy diversos ámbitos.

La Mesa Redonda de Novelas Gráficas y Cómics de la American Library Association (ALA) y dicha Fundación: premian cada año la labor de bibliotecas que desarrollan proyectos en torno a los cómics. Este año, dichos premios, han recaído en bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Avon (Washington); y la Biblioteca de Cape Fear Community College, Wilmington (Carolina del Norte). Además se concede una subvención para novelas gráficas que ha recaído en el Servicio de Bibliotecas de Ontario.

 

La obra cumbre de Will Eisner con la que lanzó el concepto de ‘novela gráfica’.

 

Iniciativas así motivan a cualquiera para aprovechar el enorme potencial que los cómics tienen para las bibliotecas. Pese a la creciente presencia de secciones dedicadas a los cómics en las bibliotecas: las comictecas sigue siendo rara avis si hacemos un recorrido global por el orbe bibliotecario. Por eso, en este momento, en que los viajes están tan condicionados: en este blog, cual intrépidos Tintínes, nos vamos a dar una vuelta al mundo.

Nos sirve, y mucho, el trabajo desarrollado por Carmen González Muñoz en la Universidad Complutense de Madrid. Su trabajo final del máster en Gestión de la Documentación, bibliotecas y archivos: ‘Comictecas, prospección y estudio de caso’ (2020) es uno de los pocos trabajos que se han ocupado de recabar información actualizada sobre la situación del cómic en bibliotecas alrededor del mundo. Gracias a él nos ponemos al día y podemos sacar los datos que aparecen a continuación.

 

Antes de partir nos tomamos algo en el alucinante café Yeonnam-Dong (Corea del Sur). No hay mejor imagen para la inmersión en el mundo del cómic que proponemos.

 

Billy Ireland, el humorista gráfico en cuyo honor se creó la mayor biblioteca-museo del mundo en torno a los cómics.

Si atendemos a tamaño, colecciones y a la ambición del proyecto: la Billy Ireland Cartoon Library Museum, en Columbus, Ohio: se sitúa en primer lugar. Fundada en 1977 alberga 45.000 dibujos originales, 36.000 libros, 51.000 títulos seriados y cerca de 2.5 millones de historietas y recortes de tiras cómicas. Pensar en catalogar tan ingente cantidad de material gráfico, con las irregularidades que suelen plantear este tipo de publicaciones puede ser tanto: el sueño o la pesadilla de cualquier bibliotecario catalogador.

Sin salir de los Estados Unidos, en San Francisco, el Cartoon Art Museum se distingue por su partida de nacimiento. Nada menos que el gran Charles M. Schulz, autor de Peanuts (Charlie Brown), dotó económicamente al centro para que pudiera convertirse en espacio expositivo en 1987. Sala de exposiciones, talleres de dibujo y animación, biblioteca y diversas actividades culturales: sirven para dinamizar este centro activo en pro del mundo del cómic.

 

Obra de la ilustradora coreana Henn Kim. Su universo creativo está repleto de múltiples referencias a los libros.

 

Pero si lo que queremos hablar es de comictecas, es decir de secciones específicas creadas dentro de bibliotecas públicas, para fomentar la lectura a través del arte secuencial: nuestro periplo no es tan amplio como suponíamos.

Tenemos que llegar hasta Japón para encontrarnos con bibliotecas, que no museos o centros de investigación, que tengan al cómic en el centro de sus colecciones y programaciones. Al menos sobre el papel. Porque la Biblioteca Internacional del Manga proyectada para convertirse en realidad en Tokio: sigue sobre el papel.

Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos en torno al mundo del cómic. El germen de este proyecto se remonta a 2009, cuando la Universidad de Meiji, planteó la construcción de un edificio de cinco plantas que sirviera para albergar el mayor centro conocido dedicado al mundo del manga.

 

 

Según un artículo firmado por Roland Kelts (autor del ensayo: Japanmanía: cómo la cultura pop ha invadido los Estados Unidos): el proyecto de la fastuosa biblioteca nipona se podría haber reactivado de cara a los Juegos Olímpicos de 2020. Pero ha tenido que entrar en juego esta pandemia global para que, una vez más, el ambicioso sueño vuelva a quedar en el aire.

En el plano de lo real sería la Biblioteca Museo Yoshihiro Yonezawa, en Tokio, con sus cerca de 140.000 ejemplares la que ahora mismo sigue representando el mayor centro cultural volcado en el rico mundo del manga. Pero antes de movernos de latitudes una última pausa para la ensoñación.

En la ciudad china de Hangzou se lleva pensando desde hace años en construir un espectacular museo dedicado al cómic y la animación. Tras la inauguración de la apabullante biblioteca de Tianjin Binhai, el régimen chino como cualquier potencia necesitada de ostentación: sigue apostando por proyectos faraónicos.

El estudio de arquitectura holandés MVRDV diseñó el proyecto, finalmente modificado, recurriendo a globos gigantescos: cual bocadillos de cómic. El resultado final parece que juega con la idea pero modificándola. Pero aquí nos permitimos por un momento recrearnos en lo soñado en un primer momento.

 

Pero encaremos el tramo final del artículo centrándonos en lo que prometimos: bibliotecas en las que se ha dado una especial protagonismo al cómic. Para eso tenemos que movernos por Europa. Partimos de Francia, concretamente de la ciudad de Angouleme, que se erige como la capital del cómic europeo.

La Bibliothèque de La Cité Internationale de la Bande Dessinée et de l’Image (Angoulême) alberga más de 43.000 álbumes, tanto para adultos como para niños, que se pueden leer en sala o retirar en préstamo a domicilio. Pero a sus colecciones se suman los fondos que sirven para la investigación, en el centro de documentación, que incluye la biblioteca. En este fondo patrimonial hablamos de unos 80.000 álbumes y 133.000 números de publicaciones periódicas.

La biblioteca es una pieza fundamental en el conglomerado de espacios que conforman la Ciudad Internacional de la Bande Dessinée.

 

Cité Internationale de la Bande Dessinée et de l’Image (Angulema)

 

Siguiendo el periplo europeo es obligado detenerse en Barcelona y en su red de bibliotecas. La industria editorial del cómic ha estado fuertemente asentada en la capital de Cataluña. Esta circunstancia unida a la potente red de bibliotecas que ha desarrollado la ciudad hacen que el cómic tenga una fuerte presencia.

Desde la Biblioteca Central Tecla Sala de L’Hospitalet, todo un referente, a la Biblioteca Ignasi-Can Fabra perteneciente a la red de bibliotecas de Barcelona. Si al principio hablábamos de industrias que saben reconocer la labor que desarrollan agentes, que en principio, no forman parte de las mismas: la Tecla Sala se alzó, en 2014, con el premio que otorga la Asociación de Autores de Cómic de España en el Salón del Cómic de Barcelona. Un premio por la difusión y promoción del cómic para esta biblioteca que en sus espacios ofrece hasta 25.000 ejemplares de cómics.

 

Jornadas sobre cómics y bibliotecas organizadas por la Tecla Sala de L’Hospitalet en 2019.

 

En el resto de España, durante las últimas décadas, numerosas bibliotecas han ido destacando (que no incorporando porque ya estaban) los cómics en su oferta. Espacios bibliotecarios pensados en exclusiva para los cómics se han organizado en bibliotecas como: la de Ciudad Real, la biblioteca Yamaguchi en Pamplona, la biblioteca Ánxel Casal en Galicia o en el municipio malagueño de Arroyo de la Miel, entre muchos otros.

Una de las que mayor proyección ha tenido desde su inauguración en 2003 es la Comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia (BRMU). Inmersa actualmente en una nueva ampliación, la Comicteca BRMU, cuenta con una colección de cerca de 24.000 volúmenes. Pero más allá de sus colecciones lo que ha hecho destacar a la Comicteca BRMU pasa por su mobiliario, los espacios que ocupa, y sobre todo: los proyectos que ha puesto en marcha.

 

El Batman que preside una de las secciones de la Comicteca BRMU (Murcia).

 

Desde la creación de pequeñas comictecas en peluquerías y centros de belleza de la ciudad de Murcia; pasando por una bibliocarroza repartiendo cómics en el desfile del Bando de la Huerta; o la inclusión de realidad aumentada en las portadas de los cómics.

Además de exposiciones, talleres, tatuajes de cómics, conferencias, conciertos y demás proyectos que han convertido a la Comicteca BRMU: en el punto de partida desde el que replantearse lo que debe ser una biblioteca en el siglo XXI.

Encuentros con autor en la Comicteca de la Universidad Autónoma de Puebla (México).

Y para cerrar saltamos desde la Comicteca BRMU a Sudamérica. CERLALC (Centro Regional para el Fomento de la Lectura para América latina y el Caribe) desarrolló, en 2009, el Proyecto Comicteca en Bogotá. Consistió en un encuentro entre expertos de diversos países en torno al fomento de la lectura a través del cómic.

Este encuentro propició que, un año después, se publicase la obra: ‘El cómic, invitado a la biblioteca pública’. En él se incluía el prototipo desarrollado en la Comicteca BRMU, que años después, ha dado sus frutos con la inauguración de la primera comicteca colombiana en la ciudad de Cali; así como de la primera comicteca mexicana en la Universidad Autónoma de Puebla.

Comicteca en Cali (Colombia).

 

Y hasta aquí este viaje apresurado, y libre de COVID-19, alrededor del mundo. El mundo, por mucho que así rece el título, no cabe en una viñeta. Como tampoco caben en un solo post las iniciativas que en torno al cómic se desarrollan en bibliotecas por todo el orbe. Will Eisner, quien acuño el concepto de novela gráfica tan de moda, dijo al respecto: «será un medio legítimo para los mejores escritores y artistas. Es el embríon de una nueva forma de arte». ¿Y si las comictecas fueran el embrión de una nueva forma de pensar las bibliotecas?

 

La Comicteca BRMU siempre ha querido aglutinar en torno a la biblioteca a los creadores locales. Consecuencia de ello son estas dos obras de Magius (izquierda) y Sonia MS (derecha) en homenaje a la Comicteca BRMU.

 

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Tío blanco hetero…lector

Confiamos que el título de este post no llame a engaño. No vamos a hablar sobre Un tío hetero blanco. El amado/odiado youtuber que fustiga discursos hegemónicos de la actual ola feminista. Y al que los medios conservadores entrevistan con asiduidad.

Hay muchos otros tíos blancos heteros en las redes. Aunque si nos ajustamos a las estadísticas no hay tantos que, como Sergio (el nombre del youtuber en cuestión): fundamente sus diatribas en argumentos sustentados en la lectura. Y se declare admirador de Camille Paglia.

De ahí la decepción de sus seguidores/detractores más broncos: cuando el youtuber contraviene el discurso único que esperan de él. Suele ser el riesgo que acarrea la lectura.

Ser un hombre blanco hetero cis género, según para qué discursos imperantes: es lo peor. Unas circunstancias, biológicas y culturales, que invalidan cualquier opinión o matización disidente del signo de los tiempos. El revanchismo, en un primer estadio puede ser comprensible, pero a la larga lo único que hace es replicar las mismas estructuras opresoras. Solo que, en ese caso, desde el otro extremo de la balanza.

 

 

En Testosterona y bibliotecas, hace unos años, indagábamos en el desapego que los hombres, así en general independientemente de su color de piel o preferencias sexuales: demuestran hacia la lectura. Y ahora una cabecera, muy leída por esas masculinidades dominantes, la revista ‘Forbes’ viene a corroborar la relación entre falta de hábito lector y expectativas formativas en los adolescentes.

El medio especializado en negocios se hace eco de los resultados del reciente estudio: ‘Diferencias de género en los caminos hacia la educación superior’. Un estudio llevado a cabo por David Geary de la Universidad de Missouri y Gijsbert Stoet de la Universidad de Essex. El estudio evidencia dos limitaciones que limitan las posibilidades de hombres y mujeres para progresar académicamente. Por la parte de los hombres: sus malas habilidades en lectura. Y por el lado de las mujeres: las actitudes sociales discriminatorias hacia su género.

 

‘Mira a los hombres caer’ (1994): la primera película de Jacques Audiard. Un director que se ha especializado a lo largo de su carrera en una continua indagación sobre la masculinidad. Con títulos tan brillantes como: De latir mi corazón se ha parado (2005), Un profeta (2009) o Los hermanos Sisters (2018).

 

Hot dudes reading (Tios buenorros leyendo) nació como una cuenta en Instagram. Fotos de tíos guapos leyendo en transportes públicos. Y se ha convertido en libro. Masculinidad+libros = más efectivo que cualquier efecto Axe.

Una vez más la estupidez de los estereotipos de género bloqueando el progreso social de nuevas generaciones. No obstante, el hecho de que las mujeres sean mayoría en el número de matrículas en la educación postsecundaria: es síntoma de que algo se ha avanzado. Pero, ¿es algo positivo? El que las mujeres se incorporen a la educación superior, es obvio. Pero que los hombres no lo hagan en una proporción equivalente: ¿a dónde nos lleva?

Una sociedad en la que la cualificación académica entre hombres y mujeres sigue descompensada, pero a la inversa: no parece muy halagüeño para alcanzar realmente la igualdad.

No es la primera, ni será la última, vez que reivindiquemos la necesidad de las humanidades para dar sentido a un mundo hipertecnológico. En La biblioteca como ornamento dábamos noticia del interés por parte de las clases altas estadounidenses porque sus vástagos cursaran estudios de humanidades. No es de extrañar. Como decíamos entonces:

«Durante las últimas décadas […] todo conocimiento que no fuera utilitario y práctico según la lógica del mercado: no se contemplaba. Había que «convertir la educación en una empresa con fines de lucro». Y lo aparentemente diletante, lo sofisticado, lo ornamental si se quiere: desprestigiarlo en un vulgo alienado tecnológicamente. Para así, secretamente, cultivarlo en las élites. De este modo […] perpetúan sus privilegios

 

Libro publicado por la editorial Avarigani, propiedad del presidente del banco de inversión Alantra: Santiago Eguidazu. El economista fundó esta editorial para publicar textos de filosofía desde perspectiva empresarial.

 

Pero no acaba aquí nuestra enésima reivindicación de las humanidades. Recientemente se publicaba un artículo, en los medios del Grupo Vocento, firmado por Icíar Ochoa de Olano, bajo un título sugerente: ‘Los filósofos, los nuevos gurús de las empresas’.

Según revela, el último informe de la EAE Business School, el trabajo más demandado es el de experto en ética de datos. De repente, la ética, la reflexión sobre lo que hacemos y el punto de vista humanístico: se hacen imprescindibles para avanzar en campos como los de la Inteligencia Artificial. Y si los masters of the universe de Wall Street, de la City o Silicon Valley han decidido convertir a la filosofía y las humanidades en un activo de sus negocios: ¿quienes somos nosotros para llevarles la contraria? En definitiva sé un hombre (de negocios) y lee.

 

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Derechos de autor en confinamiento

Una de las cuestiones que está preocupando al gremio bibliotecario, durante este confinamiento, es la relativa a los derechos de autor y las actividades de animación a la lectura a través de redes sociales.

 

 

Enfrentados al teletrabajo, y al deber y deseo por ofrecer una ‘nueva normalidad’ anticipada: numerosos profesionales se lanzan a la animación a la lectura. Si bien, en algunas bibliotecas de mayor tamaño, los animadores habituales han seguido ofreciendo sus servicios; en otras más modestas, han sido los propios responsables de las bibliotecas los que han asumido dicha función desde sus hogares.

Recurriendo a programas de edición de vídeos, o simplemente grabándose con sus dispositivos móviles: las programaciones de cuentacuentos se han mantenido gracias a la voluntariedad de los bibliotecarios. No solo cuentacuentos. También lecturas por teléfono a personas mayores o recitales de poesía en streaming. Y la duda que ha surgido con frecuencia es la relativa a los derechos de autor en esta situación.

 

 

El procedimiento no debería de variar mucho con respecto a cuando las bibliotecas estaban funcionando con normalidad. Pero en estas circunstancias: nada es normal. En Francia, los bibibliotecarios se han encontrado ante las mismas dudas. Y en ActuaLitté, relatan algunas de las medidas adoptadas, que no difieren de las que se pueden adoptar a este lado de los Pirineos.

 

 

¿Bajo qué condiciones es posible producir y, sobre todo, difundir la lectura en voz alta de una obra protegida por derechos de autor? La solución no da mucho margen: conseguir la autorización expresa de los autores, y sobre todo, de los editores.

En estas circunstancias, y por varios casos que hemos podido constatar en nuestro país, lo habitual es que no pongan ningún impedimento. Es más, los autores, suelen recibir con alegría que los bibliotecarios elijan sus obras para aliviar el confinamiento de los más pequeños. Localizar y contactar con los autores, gracias a las redes sociales, blogs personales o webs, es algo relativamente sencillo. Y siermpre queda la posibilidad de enviar un correo a la editorial de la obra en cuestión.

 

 

Volviendo a nuestros vecinos de arriba, el organismo encargado en Francia de gestionar los derechos de autor (SCELF), planteó en un principio aplicar un impuesto sobre las lecturas públicas realizadas en bibliotecas. Pero tras diversas deliberaciones se decidió confiar a la decisión de cada editor la autorización y gestión de los derechos.

Un requisito que algunas editoriales han pedido en Francia ha sido la eliminación de los vídeos una vez concluya el confinamiento. E incluso los propios bibliotecarios en sus peticiones ya incluyen esa futura eliminación de los vídeos, a posteriori, como una manera de preservar los derechos y ganarse la confianza de autores y editores.

Otra opción, por supuesto, son las numerosas obras libres de derechos de autor que se pueden localizar en las bibliotecas digitales y en la red en general. En este sentido, las webs del ámbito educativo tiene un amplio recorrido reuniendo recursos orientados al público infantil.

Además hay numerosos proyectos en la red de lo más interesantes para indagar en ellos y explotarlos. Es el caso de la web WeeBleBooks. En la que tanto se pueden subir cuentos educativos creados por particulares, como, descargarse los que están disponibles en la plataforma.

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Nunca fuimos a la Luna pero alcanzamos las estrellas

 

El gremio bibliotecario nunca fue a la Luna pero ha terminado alcanzado las estrellas. De tan bonito que suena da para una postal Mr. Wonderful: Día de la Biblioteca 2021. Pero este post no va de poesía (aunque nunca se sabe): en realidad va de bibliotecarios. Y concretamente de bibliotecarios aguafiestas.

 

Una de las experiencias más paranormales vividas en este blog acaeció en Triángulo de las Bermudas bibliotecario. No cabía esperar otra cosa. Allí glosábamos la vida de un bibliotecario estadounidense que nos abdujo como si de un platillo volante, en el citado Triángulo, se tratase.

Se trataba del increíble Lawrence David Kusche: piloto comercial, instructor de vuelo ensayista y bibliotecario. Kusche, al constatar la afluencia de jóvenes obsesionados con el célebre Triángulo que acudían a su biblioteca en los 70: terminó escribiendo la obra que demolió el mito en cuestión.

El Triángulo de las Bermudas resuelto se titulaba. Tras hundir en la miseria a los Iker Jiménez del momento, Kusche, prosiguió una delirante carrera literaria que requería de una investigación en profundidad. Pero quien quiere ahondar en ella, que vaya al post en cuestión, que aquí estamos para hablar de otras cosas.

 

Lawrence David Kusche, el primero de nuestros bibliotecarios aguafiestas.

 

Luis Alfonso Gámez azote de charlatanes y mentirosos.

Tras su logro, Kusche, entró a formar parte del Comité para la Investigación Escéptica. Y si hablamos de escépticos, en España y en nuestros días, ninguno como el periodista vasco Luis Alfonso Gámez.

Él solito, con su programa de ETB Escépticos o con su veterano blog Magonia: ha desenmascarado a más charlatanes que todos los polígrafos de Mediaset juntos.

El escepticismo, en tiempos de fakes news, se ha convertido en una prevención tan necesaria como las mascarillas ante el coronavirus. Aunque, según Gámez, no es tanto que ahora haya más noticias falsas sino que los medios para difundirlas son mucho más potentes. Pero tan peligroso es pecar de ingenuo como pasarse de escéptico. Y en eso incurrió el segundo bibliotecario aguafiestas (o todo lo contrario, según se mire) de este post: Bill Kaysing.

El filólogo y bibliotecario de Rocketdyne, la compañía que fabricaría el Saturno 5, ha pasado a la posteridad gracias a su ensayo-denuncia: Nunca fuimos a la Luna (1974). Según sostenía el incrédulo bibliotecario: todo lo de la Luna fue un auténtico montaje urdido por la NASA. Algo que hemos oído en muchas y variadas versiones: pero que partió del éxito que tuvo el libro de Kaysing.

 

 

La crónica que Gámez hizo de la vida y milagros de Kaysing en su artículo: Viaje  a la Luna: el ridículo origen de la conspiración: no tiene desperdicio. El principal argumento de Kaysing era que en las fotografías que se tomaron del alunizaje del hombre en la Luna: no se observan estrellas brillando en el firmamento. Y a partir de ahí, su teoría, se empeñaba en demostrar que, en realidad, todo fue filmado en un estudio montado cerca de Las Vegas. Una ubicación elegida por los encargados del engaño para así poder visitar los restaurantes, casinos, piscinas y disfrutar de beldades en bikini.

Lo cierto es que por mucho que el escéptico Gámez hunda en la miseria las teorías del no menos escéptico Kaysing: la versión del bibliotecario daba para una película/serie mucho más divertida.

Entre escépticos anda el juego. Pero Kaysing si hubiera tenido algo de paciencia, cincuenta años de nada, habría comprobado que, las estrellas que echaba en falta en las fotografías de la llegada a la Luna: brillarían en el único firmamento que importa en nuestros días: el de las celebrities.

 

Cinco celebridades con club de lectura propio: Emma Watson, Reese Whiterspoon, Sarah Jessica Parker, Oprah Winfrey y Emma Roberts.

 

La líder de Florence and the Machine amando los libros.

Aunque no sea propiamente una celebridad en nuestro país, Oprah Winfrey, es sabido que es una de la figuras más influyentes de los medios estadounidenses de las últimas décadas. Su club de lectura ha convertido en superventas, o revitalizado las ventas, de  autores que van desde Jonathan Franzen a Cormac McCarthy pasando por García Márquez, William Faulkner, Tolstoi o Toni Morrison.

Siguiendo su ejemplo, actrices como Reese Witherspoon, Emma Roberts, Sarah Jessica Parker, o cantantes, como Florence Welch: han creado sus propios clubes de lectura. Y precisamente Whitherspoon acaba de hacer un llamamiento de lo más curioso.

La ganadora de un Óscar por En la cuerda floja (2006) está buscando un bibliotecario residente (tal cual como los djs) para su club de lectura. Un bibliotecario que realmente ame los libros; tenga un gran sentido del humor; y sepa algunos movimientos de baile.

Esto último no sabemos muy bien porqué será uno de los requisitos. Pero tampoco es para ponerse pejiguera cuando se abre otro posible perfil profesional al gremio: bibliotecario de las estrellas. Desde Infobibliotecas, ya puestos, postulamos a una española: Irene Blanco. Que para eso fue nuestra corresponsal en Nueva York.

 

Pero Reese no es la primera estrella en recurrir a los servicios de un bibliotecario. Allá por 2013, la todopoderosa, Beyonce ya buscaba un bibliotecario personal. Pero en su caso fue por motivos algo más prosaicos que los de Reese.

La cantante guardaba más de 50.000 horas de grabaciones de actuaciones, entrevistas, apariciones en eventos… Y llegó un momento en que precisaba de alguien con los suficientes conocimientos para clasificar, catalogar y recuperar dicha información. ¿Qué habrá sido de ese bibliotecario/a de Beyonce?

El concepto ya estaba lanzado: personal librarian. Ya sabíamos de los personal trainers (deporte), los personal shopper (moda), o los life coaching (vida): pero no sabíamos de la existencia de los personal librarian.

Casanova bibliotecario personal del conde Waldstein.

Puestos a fantasear, ¿de qué estrella o celebridad nos gustaría ser bibliotecarios personales?, ¿a quién querríamos ordenarle los libros, catalogárselos, clasificárselos..? Aquí la imaginación se dispara, y cada uno tendrá su fantasía al respecto, algunas probablemente impublicables, así que mejor lo dejamos aquí.

Por nuestra parte, en las bibliotecas públicas se ofrece el servicio de bibliotecario personal desde siempre. Si nos comparamos con los gimnasios, donde si quieres realmente un buen entrenador, tienes que pagar: en las bibliotecas públicas no es necesario ni un euro más de lo que pagas con tus impuestos.

Para el gremio bibliotecario cada usuario/cliente es único, y a su disposición ponen todos sus conocimientos y esfuerzos para ayudarle. Ante esta evidencia, mejor que lo privado se quede para las estrellas o esnobs; y lo público,bien gestionado, nos haga sentir a todos realmente exclusivos.

Finalmente, las estrellas que le faltaban a Bill Kaysing, resultaron ser los bibliotecarios. Y después de esto, la postal Mr. Wonderful bibliotecaria con las estrellas y la Luna al completo: ya está terminada.

 

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Estatuas de sal y libros-gema

Las señoritas de Avignon reconvertidas en diosas de Hollywood de la mano de Antonio de Felipe.

 

Las señoritas de Avignon fue una de las sacudidas más fuertes en la historia del arte. El cuadro de Picasso daba carta de naturaleza al cubismo, que venía a culminar la ofensiva que desde los impresionistas, se estaba haciendo contra el academicismo en la pintura.

Si el cubismo vino a mostrar todas las posibles perspectivas de un objeto en un solo plano, algunas lecturas, consiguen exactamente lo mismo en nosotros: sus incautos lectores.

De ahí lo fascinante de la obra del artista de San Francisco, Alexis Arnold, y sus libros-gema.

 

 

Como estatuas de sal, sin castigo alguno por la curiosidad, así se despliegan algunas lecturas en nuestro cerebro. Por eso lo acertado de la metáfora que consigue Arnold con sus esculturas. Si el proceso de cristalización provoca que los átomos de un gas o líquido conformen redes cristalinas, del mismo modo actúa una lectura impactante en nuestras mentes.

Y no se trata de otra defensa retórica de los beneficios de la lectura: se trata de una tesis avalada científicamente por muchos estudios. Por citar alguno reciente, el del Centro de Descubrimiento de Lectura y Alfabetización del Hospital Infantil de Cincinnati: que ha confrontado los efectos en el cerebro infantil de la lectura versus los efectos de las, omnipresentes, pantallas en edades tempranas.

Y es que los libros-bomba están esperando que cualquier lector curioso les arranque la espita al abrirlos: y se inicie la cuenta atrás para la eclosión. Para dejar imágenes, frases, ideas, sensaciones que serán como cristales en nuestra memoria. Libros-gema que terminarán enriqueciendo nuestra mirada sobre el mundo con todos los ángulos y perspectivas posibles.

 

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Geopolítica bibliotecaria 3

 

Para resumir en una imagen esta serie de Geopolítica bibliotecaria, que estamos desarrollando desde hace tres semanas, no cabía mejor elección que la de una maleta vintage. Una de esas, no muy cómodas frente a los trolleys actuales, (las cargaban subalternos, nunca, el privilegiado viajero) que iban sumando pegatinas de hoteles y lugares de ensueño que certificaban lo cosmopolita del propietario. Pero el mundo de esas maletas hace mucho que se extinguió.

 

Paul Bowles, el escritor viajero, junto a su equipaje. En una época en la que el viajar (para quien podía permitírselo) era un placer aún ajeno a las masas.

 

Esas maletas representaban el poderío de los pudientes de la época frente a las desvencijadas maletas atadas con cuerdas de los emigrantes, los que se veían obligados a huir de su país ante el auge de los totalitarismos, de los perseguidos, los expatriados, los parias. Un siglo después, los movimientos migratorios, los refugiados, los excluidos de la globalización se amontonan a las puertas de Occidente. Y por muchos muros que se levanten siempre hay algo que termina permeando, infiltrándose entre los poros del hormigón.

El electro latino, el reguetón, los sonidos latinos llevan décadas calando des-pa-ci-to en los ritmos globales: y con ellos ciertos clichés de la cultural latina, y lo más ventajoso para los hispanohablantes: el castellano afianzándose en todos los ámbitos, incluido el de los negocios. Por mucho que algunos aborrezcan esta saturación reguetonera, como decía recientemente el iconoclasta crítico musical Victor Lenore: «tenemos por lo menos 30 o 40 años de reggaeton«. Así que, ya tú sabes, vamos rumbo a Latinoamérica.

 

Cuando los medios más supuestamente exclusivos llevan a su portada a un músico de reguetón: es que la cosa va en serio.

 

Feria del Libro del Oeste de Caracas 2018 en la que España fue el país invitado.

Entre los países sudamericanos, Venezuela, se ha convertido en una patata caliente de la política española. Una matrimoniada entre la derecha y la izquierda de nuestro país: propia de una de esas parejas en crisis que aprovechan las visitas a casas ajenas para airear sus miserias en público. Pese a ello en la última Feria del Libro del Oeste en Caracas, España fue el país invitado.

En la crónica que de los saqueos que se están sufriendo en muchas ciudades del país andino una nos llama la atención: la del saqueo de una librería en la parroquia caraqueña de El Paraíso. Según relata su afligida propietaria robaron todo lo que había en la librería: salvo los libros. En circunstancias así, hablar de cultura, hasta pareciera una frivolidad. Pero pese a todo, la cultura, siempre es una forma de resistencia incluso cuando las necesidades más acuciantes concentran toda la atención.

Los que huyen siempre dejan mucho atrás, y entre esas cosas, dejan también bibliotecas. El Buscón es una librería ubicada en el centro cultural, de la capital venezolana, El Trasnocho cultural. Su historia, como todo en el país, es la historia de una supervivencia en condiciones extremas. En un artículo publicado en el portal de noticias independientes de ‘Crónica uno’ se relata la crónica de las bibliotecas huérfanas de Venezuela.

 

Centro Cultural El Trasnocho en Caracas.

 

La librería El Buscón está especializada en textos agotados, y junto a otros establecimientos de parecidas características, han encontrado una vía de supervivencia gracias a la huida sin mirar atrás de tantos venezolanos que han ido abandonando el país llevando poco más que lo puesto. Las bibliotecas se quedan y ese abandono es aprovechado por las librerías y centros culturales. Como bien indica la responsable de El Buscón, en el artículo, no se trata de bancos de libros: aplican una rigurosa selección para conservar lo realmente relevante e interesante. En Venezuela, librerías y centros culturales, son auténticos centros de resistencia. Pero ¿y las bibliotecas?

 

Las bibliotecas en medio de las refriegas políticas en Venezuela. Imagen de la Biblioteca Pública Óscar Palacios Herrera en un barrio de Caracas. La biblioteca fue reinaugurada por el ministro de cultura en abril de 2017, y pasados unos días, fue atacada, incendiada y apedreada. 

 

Las bibliotecas dependen del poder y su capacidad de autonomía no es tanta como la de iniciativas privadas. En La biblioteca como arma política hablábamos de la manipulación que se puede hacer de las bibliotecas y la cultura desde puntos de vista ideológicos según la conveniencia del momento. Nada nuevo bajo el sol. En Venezuela también se está dando esa utilización: y así el escritor José Canache afín al régimen de Maduro (todo hay que decirlo): denunciaba recientemente que en las bibliotecas del Estado de Anzoátegui se estaban purgando libros y documentos sobre Chávez y la Revolución Bolivariana.

¿Hay motivos para ver algo positivo en una censura sea del tipo que sea? Si nos quedamos con el hecho de que alguien se esté molestando en cribar los fondos de una biblioteca para sesgar la historia ,en un sentido u otro, podríamos decir que sí. No deja de ser un reconocimiento al ascendente que las bibliotecas, y la palabra escrita, aún preservan incluso en sociedades tan fragmentadas como la venezolana.

 

La autobiografía de Mario Vargas Llosa en la que cuenta su progresivo acercamiento a posturas liberales.

 

Y si la revolución bolivariana, de marcado cariz izquierdista, ha terminado derivando en dictadura, por contraste, es oportuno que sigamos con un país que se ha erigido en paradigma del éxito del liberalismo como es: Perú. Según el FMI, ese oráculo divino que sentencia países, Perú es una de las economías emergentes entre los países de su ámbito más cercano. Como contrapartida, también es cierto que según el último ranking publicado por Transparencia Internacional: el país se ha elevado hasta el noveno puesto en la lista de países más corruptos.

Dejando aparte los aciertos o desaciertos de las políticas económicas aplicadas en la patria de origen de Vargas Llosa: ese enriquecimiento del país no se ha traducido en un mayor impulso al sector que aquí nos interesa. Si bien el Plan Lector (un listado de lecturas recomendadas para centros docentes) ha conseguido aumentar los índices de lectura en niños en edad escolar: el hábito tiene difícil continuidad ante la falta de suficientes bibliotecas públicas. Según el escritor peruano Javier Arévalo, que participó en la elaboración de dicho plan, este incremento de la lectura en jóvenes se da en los colegios privados: quedando los públicos desabastecidos por esa carencia de bibliotecas y medios.

 

La impactante campaña lanzada para recuperar los libros robados a la Biblioteca Nacional de Perú durante años.

 

Hacer lecturas (nunca mejor dicho) del hecho de que el FMI bendiga económicamente a Perú, y que al mismo tiempo hayan aumentado los índices de corrupción y los índices de lectura, pero, en colegios privados: sería hacer una lectura torticera, sesgada y maniquea. Mejor nos la ahorramos y que cada uno saque sus propias conclusiones. De momento dejamos el Perú con un libro: La biblioteca fantasma de David Hidalgo.

Hidalgo ha llevado a cabo una exhaustiva investigación periodística sobre el sangrante expolio al que ha estado sometida la Biblioteca Nacional de Perú durante décadas. Una historia de robos sistemáticos llevados a cabo por los propios trabajadores que vendían en el mercado negro las joyas bibliográficas de sus fondos. En La biblioteca fantasma se denuncian los errores y la desidia de responsables policiales y de magistrados que dibujan un retrato nada halagüeño del respeto de las instituciones por la cultura de su país.

 

 

Según un medio liberal como ‘The Economist’, Uruguay es el país más democrático de Sudamérica, y además según el mismo ranking que elevaba el índice de corrupción peruano: el menos corrupto. Y según Naciones Unidas el que tiene mayor nivel de alfabetización. Sin duda los tres millones y pico de población que tiene el país son mucho más fáciles de manejar que los más de 30 millones de Venezuela o Perú: pero algo habrá que se pueda adaptar a la realidad de otros países más complejos. Por ejemplo, el proyecto Biblioteca Solidaria, que ahora ha ampliado su radio de acción uniendo a Uruguay con Paraguay.

Este proyecto implica a padres, abuelos, vecinos, estudiantes y, en general, a todo aquel que quiera sumarse. Consiste en formar parte de equipos comunitarios de lectura que visitan principalmente escuelas, centros culturales y asociaciones buscando promover la lectura entre los niños uruguayos y sus familias. La iniciativa basa su éxito en el hecho de que implica a la comunidad, que busca a sus agentes promotores más allá del gremio docente, bibliotecario o estudiantil: aspirando así a objetivos a más largo plazo que los que se consiguen con simplemente promover la lectura exclusivamente en el ámbito escolar.

 

Biblioteca País: la biblioteca digital puesta en marcha por el gobierno uruguayo a la que se puede acceder simplemente con la cédula de identidad.

 

Y también recientemente, el gobierno uruguayo ha puesto en marcha la Biblioteca País, una biblioteca digital con más de 4.000 títulos en español que en su primer mes ha contabilizado un total de 40.000 préstamos. Tal vez algo tenga que ver una cuestión pendiente en las bibliotecas españolas: no se necesita carné de biblioteca: basta con la cédula de identidad, es decir, el equivalente a nuestro DNI.

En verano, las bibliotecas llegan a las playas a través de las Biblioplayas, y aprovechando que al final del verano, el 15 de septiembre, se celebra el Día de la democracia en el país: el concepto ‘biblioteca’ fue utilizado para celebrarlo a través de las denominadas «bibliotecas humanas» que ocuparon diversos espacios públicos de la capital promoviendo la comunicación entre los ciudadanos.

 

 

Es casi pecado estar por la zona y no aprovechar para visitar México (con su recién estrenado plan para fomentar la lectura AMLO que busca, entre muchas otras cosas, desasociar las bibliotecas con el aburrimiento); al gigante brasileño (al que el FMI pronostica una recuperación económica, y su nuevo presidente Bolsonaro, asegura una glaciación cultural al cargarse el ministerio del ramo); Argentina (con su crisis económica y sus bibliotecas comunales siempre en acción permanente); la siempre ejemplar Colombia (con un crecimiento sostenido pero que, al contrario del resto de países bendecidos por el FMI, mantiene una apuesta firme por las bibliotecas como agentes activos a favor de la paz y el progreso); o el pujante Chile (que del socialismo de los últimos años ha pasado al centro derecha actual y prosigue con proyectos bibliotecarios tan interesantes como BiblioRedesy siempre está de actualidad bibliotecaria, por asuntos como la inauguración de la primera biblioteca digital en un aeropuerto). Seguro que todos nos saldrán al paso en la crónica de actualidad en un futuro nada lejano.

 

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en la Biblioteca del Congreso, en Washington, en compañía de la bibliotecaria del Congreso, Carla Hayden. La foto fue tomada con motivo de una conferencia que pronunció Lagarde el pasado mes de diciembre en la Biblioteca.

 

Pero si hemos elegido a estos tres países de la zona para el último repaso geopolítico ha sido porque Venezuela, Perú y Uruguay ejemplifican fórmulas políticas y económicas muy distintas cuyos resultados, siempre desde el prisma que nos interesa, han dado resultados divergentes. Y al final queda la pregunta: ¿será por el modelo económico, por el ideológico-político, por la sociedad civil (en cuya organización confía una educadora peruana que amablemente nos ha escrito a raíz de leer esta serie geopolítica), o acaso, por sus gobernantes? La respuesta, como siempre, dependerá del prisma desde el que se mire.

Y tal como advertimos este panorama geopolítico bibliotecario se agotaría en tres entregas. Ahora nos surge la duda: ¿pecamos de ambiciosos o de modestos? Como no lo tenemos muy claro lo único que podemos decir es: ¿Continuará?

 

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Post contemplativo

 

Esta semana se celebra el IX Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas y se prevén unas jornadas intensas, llenas de conversaciones, reencuentros, debates e intercambio de ideas. Por eso el blog de Infobibliotecas quiere ejercer de oyente, de esponja que se empape bien de lo mucho y bueno que se hablará en Logroño durante estos días: y callarse un poco. De ahí este post contemplativo.

Si hay una red social donde la imagen lo es todo: esa es Instagram. Cuando la desvencijada frase de ‘una imagen vale más que mil palabras’ se ha convertido en prácticamente una dictadura aquí la rebatimos y decimos que es mentira. Para interpretar una imagen correctamente han hecho falta miles de palabras antes que sepan extraerle todas las lecturas posibles.

Que se lo digan a Juan José Millás y su sección en ‘El País Semanal’ donde escudriña fotos para extraer las conclusiones más sorprendentes. O que se lo dijeran a Tom Wolfe, que ante el auge del arte conceptual allá por los 70, dedicó todo un estupendo ensayo, La palabra pintada, para ironizar sobre los excesos del arte contemporáneo cuyas imágenes precisan de mil palabras que consigan insuflarle algo de sentido o valor.

Por eso aquí nos callamos (a ver si es verdad) y nos recreamos en los fotomontajes que dos bookstagrammers publican en sus cuentas. James Trevino y Elizabeth Sagan son rumanos y entre los dos llevan la cuenta de Instagram My Book Features.  En ella explotan lo fotogénico que es el libro como objeto, y lo fotogénica que es la lectura para salir favorecidos en una foto. Pero es en sus cuentas personales donde ambos se convierten en protagonistas de los fotomontajes que les han hecho ganar más seguidores.

Ahora que se acerca la Navidad y en algunas localidades se retoma la tradición de los belenes vivientes: Trevino y Sagan pareciera que montan un belén libresco con cada nueva instantánea. Eso sí: deberían añadir a sus respectivas cuentas de Instagram un aviso de que en sus fotos ningún libro ha sufrido daño alguno. Pero viéndolas no estamos muy seguros.

 

Lo que deja claro esta pareja de rumanos es que para salir bien en las fotos no hace falta que sonrías, ni que marques pómulo: simplemente lee y rodéate de libros.

Sospechar que parte del éxito en Instagram, de Trevino y Sagan, sea porque son guapos y jóvenes, y no por su amor por los libros: es de ser muy mal pensados.

 

 

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Bibliotecas, librerías y otros comercios de proximidad

 

Tal vez será nuestra tradición católica que nos hace más pudorosos en eso del mercadeo en según que asuntos. Y pese a la herencia fenicia de nuestro pasado no podemos compararnos a los anglosajones cuyo calvinismo les exime de toda culpa a la hora de convertir en objeto de consumo lo que sea.

El caso que en nuestro país lo de unir instituciones culturales y comercio no termina de estar bien visto. En contraste el concepto de industrias culturales se ha implantado sin problemas: pero persiste una cierta idealización de la cultura que choca con que, por otro lado, seamos de los países con más piratería de contenidos culturales.

 

La tienda compacta de la Biblioteca Pública de Seattle.

 

Por eso atendiendo a nuestro negociado, el de las bibliotecas, no es habitual que una biblioteca tenga una tienda como sí pasa en los museos u otro tipo de centros culturales. En la BNE, es una librería la que cumple esta función, pero lejos del merchandising que explotan en los citados museos. ¿Será que hay que mantener a los mercaderes fuera del templo? No decimos ni que sí, ni que no: pero no deja de ser una pena por partida doble. Por un lado por la asociación de biblioteca con templo (inmovilismo) y, sobre todo, porque sería un alivio presupuestario contar con algo de calderilla si esos ingresos revierten en la propia biblioteca. En cambio en el mundo anglosajón bibliotecario ni se lo plantean: y ya están con la campaña de Navidad como si de unos grandes almacenes se tratase.

 

La tienda de la Biblioteca Pública de Seattle abierta.

 

Gemelos inspirados en Hamlet.

En la tienda online de la British Library ya han colgado los adornos para esta próxima Navidad. Y como fetichistas culturales que somos no podemos dejar de echar un ojo a su escaparate para maravillarnos/horrorizarnos con algunas de sus propuestas en forma de souvenirs. En algunos casos lo de que se comercie con la cultura en bibliotecas no está mal visto por el hecho en sí de comerciar, sino por las afrentas estéticas que ofrecen en forma de homenajes a los libros. Pero es que estamos hablando de un país en el que lo más distinguido se da la mano con lo más hortera: sin que nada altere lo más mínimo su famosa flema británica.

 

Jersey bibliotecario solo para valientes.

Para tu yo futuro: escríbetelas ahora, léelas en el futuro.

Kit personal de biblioteca: el kit definitivo para ser bibliotecario a la antigua usanza. Esto lo ponen a la venta en Toys»R»us y se agotan.

 

Este modelo de camiseta no la venden en la tienda de la British Library, sino en la de Nueva York, pero no gusta tanto que no podíamos dejar de ponerla.

Las bibliotecas deben inmiscuirse en su comunidad: es una exigencia básica que toda biblioteca que aspire a perdurar debe cumplir. Pero lo bibliotecario tiene muchos modos y formas de entrometerse en la vida comercial de sus comunidades.

Ya hemos hablado, en otros posts, de la iniciativa que las autoridades de Costa de Marfil pusieron en práctica, hace unos años, de llevar libros a las peluquerías y salones de belleza para fomentar la alfabetización de las mujeres. Pero si la práctica puesta en marcha en la ciudad alemana de Bad Sooden-Allendorf prospera: puede que dentro de poco en las librerías y bibliotecas, en vez del olor a libro, que tan poéticamente embelesa los sentidos del letraherido: sea el aroma de unos buenos embutidos lo que termine por seducir a la clientela en pleno auge del veganismo.

 

Las leyendas bibliófilas más morbosas siempre han hablado de los libros encuadernados con piel humana. Según el gran bibliófilo George Holbrook Jackson el tacto, en caso de ser cierta esta leyenda, sería similar a la piel de cerdo. En el caso de este libro forrado de jamón serrano (cual Lady Gaga en una entrega de premios) faltaría saber si es de pata negra el jamón, y sobre todo, el contenido.

 

Todos estamos obligados a innovar y reinventarnos. Si las bibliotecas se reconvierten en bares en Inglaterra, y hasta en cabarés, en la librería Frühauf de la citada ciudad alemana el crossover bibliotecario fue primero con una panadería, y ahora como no podía ser de otro modo en Alemania, es con una carnicería.

El eslogan de la estupenda librería La Casquería (en el mercado madrileño de San Fernando): «un libro debe fabricarse como un reloj y venderse como un salchichón» se ajusta como un guante a la propuesta de la librería alemana. ¿Qué será lo siguiente? El caso es que la idea surgió más de la necesidad que de un afán por unir salchichas y libros.

 

 

La familia propietaria de la librería, durante más de un siglo, estaba asistiendo al progresivo cierre de comercios en la plaza del mercado en la que se encuentra ubicada. El cierre de la panadería fue un mazazo para los vecinos de esta población de marcado carácter rural, muchos de avanzada edad, que se vieron desabastecidos de repente de uno de los comercios de proximidad que más comunidad ayudan a crear. Los propietarios de la librería lo tuvieron claro: y sin pensarlo un momento, hicieron hueco entre las estanterías de libros para poder ofrecer también pan.

Como relata ‘The New York Times‘ la iniciativa fue todo un éxito. Tanto es así que el panadero pudo salvar su trabajo, aunque no tuviese un establecimiento propio, pero sí un punto de venta de lo más peculiar: una librería.

Cartel anunciando la librería-ultramarinos. Fotografía de Gordon Welters para The New York Times.

La cosa fue yendo a más y el propietario de la librería ha terminado habilitando un espacio gourmet con productos alimenticios de la zona: y así tanto vende el último de libro de Carmen Korn (cuya trilogía Zeiten des Aufbruchs lleva miles de copias vendidas en Alemania) o una exquisita salchicha o embutido local.

Una iniciativa muy celebrada desde la Asociación Alemana de Ciudades y Municipios que han visto, como en las últimas décadas: poblaciones rurales y pequeños comunidades, se veían comercialmente asfixiadas por las grandes superficies. De este modo se consigue mantener ese comercio de proximidad que cohesiona los barrios y favorece las relaciones vecinales. Al autismo digital al que quieren abocarnos las nuevas tecnologías le salen resistencias por todas partes.

 

La recién estrenada adaptación de la novela de Mary Ann Shafer y Annie Barrows: sigue un poco la estela de ‘La librería’ de Coixet en lo que se refiere a unir mundo rural y libros. Lo único que nos inquieta de este recrearse en el amor por la lectura en entrañables comunidades es su adscripción al pasado. 

 

Pero si hay alguien que está al tanto de las evoluciones del mundo de las librerías y la cultura, dentro y fuera de nuestro país, es Txetxu Barandiarán. Bien como codirector de la revista ‘Texturas’, en su trabajo como consultor para pymes e instituciones del sector del libro, o como bloguero en su siempre interesante blog ‘Cambiando de tercio’: si se quiere saber cómo respira el mundo de las librerías se hará bien en seguirlo en las redes. Eso es lo que hacemos en Infobibliotecas y, por ello, rescatamos un fragmento de las impresiones que Barandiarán recogió en su viaje por tierras mexicanas en su post Librerías en proceso de reinvención constante. Concretamente las ideas que han puesto en marcha en la Librería del Ermitaño de la capital mexicana:

 

«Desde un principio supimos que como librería independiente de barrio dedicada al 100% a la venta exclusiva de libros no la íbamos a hacer. Incorporamos por tanto el servicio de cafetería […] decidimos hacer un nuevo esfuerzo y convertir la librería en un espacio que provea al pequeño consumidor, además de libros, de toda la gama de servicios que de manera conjunta ofrecemos: impresión, encuadernación artesanal e impresión en gran formato (plotter). […]  Incorporaremos artículos de particular interés para esas comunidades especializadas cercanas a nosotros.»

 

Cartel para el Día de las librerías 2018 que sugiere otro posible crossover librero entre librería y floristería.

 

Todos estos cruces, injertos, crossovers (sí otra vez el dichoso anglicismo) sirven sobre todo para desacralizar la cultura, desvestirla de esa solemnidad que muchas veces la ha alejado de determinados públicos. El aura del que hablaba Walter Benjamin ya es irrecuperable. Pero siempre habrá formas de convertir un objeto cultural en uno de consumo sin por ello degradarlo, desvirtuarlo. Una vez que críticos e intelectuales han perdido el peso que tenían antes: el gusto del consumidor marca la diferencia sea en libros, salchichas o panes. Y ese criterio de buen consumidor se ejercita en muchos más sitios que antes, pero hay uno que resiste y persiste: el supermercado de la cultura que librerías y bibliotecas, pese a todo, siguen representando. Y escuchando la locución del vídeo con el que cerramos no hay más que dejarse llevar y deambular por entre las estanterías. Señores clientes les damos la bienvenida a…

 

 

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Marina d’Or ciudad bibliotecaria

«un paraiso
perfecto, artificial, artificial
cien piscinas
y diez mil pisos
entre palmeras sinteticas que no hay que regar.»

 

Hace unos años el grupo autoprefabricado (como les gusta denominarse) Nancys Rubias, liderado por el frustrado aspirante a bibliotecario, Mario Vaquerizo: intentó que el complejo vacacional Marina D’Or les permitiera grabar el vídeo de su tema homónimo en la conocida ciudad de vacaciones.

Los responsables de dicho complejo o no supieron ver la oportunidad o sospecharon de las intenciones del grupo del mediático marido de Alaska: pero el caso es que se decantaron por dejarlo estar y no ceder sus espacios al grupo español.

Marina D’Or ya forma parte del imaginario popular español relativo al verano junto a Georgie Dann, las suecas, Benidorm, la paella, el chiringuito o el chulo piscinas. Ciudad de vacaciones. Si los símbolos de la España turística de los 60 han quedado en el imaginario colectivo como representaciones de esa España tardofranquista hecha de folclore y aperturismo; Marina D’Or también es posible que quede como símbolo de una época que surgió a raíz del boom urbanístico que arrancó en los 90 y que se alarga hasta nuestros días.

 

Carteles promocionando España como destino turístico en la década de los 60.

 

El concepto de ocio, vacaciones y urbanismo que representan Marina D’Or se dirige a un público familiar, y por lo tanto, a los niños. Hemos recurrido a su nombre para este post porque representa como pocos una idea del ocio y las vacaciones fácilmente asumible por cualquiera que haya visto, aunque sea distraídamente, su oferta en algún spot televisivo.

No está al alcance de todas las familias vivir veranos en entornos tan idílicos e iniciáticos como los de las películas Verano 1993 (2017) o Call me by your name (2017): decimos el entorno, no las historias que en ellas se narran. Y ni siquiera sabemos si muchos de los ‘tecnologizados’ niños actuales apreciarían demasiado esos veranos que tan idealizados tenemos los adultos.

 

La deliciosa serie de cómics franceses: Los buenos veranos de Zidrou y Lafebre.

 

Hacer un post veraniego sobre exquisitos hoteles con bibliotecas, destinos con trasfondo literario o rutas culturales de ensueño es demasiado obvio. Son los fenómenos de masas en los que hay que ejercitar una labor, minúscula pero constante, de intromisión para conseguir que esa perspectiva bibliotecaria (por llamarla de algún modo) se infiltre y termine apoyando ese Golpe de estado cultural en ciernes que poco a poco, gota a gota (de sudor), llevamos tiempo pregonando desde este blog.

En Marina D’Or, ciudad de vacaciones hay desfiles, espectáculos, balnearios, cines, parques acuáticos, concursos de misses, restaurantes, parques de atracciones y un variado muestrario de ofertas para mayores y pequeños que incluye, según su web, una biblioteca infantil. Bien está. Aunque, modestamente, desde aquí les sugeriríamos incluir también una biblioteca para los adultos.

El caso es que las vacaciones sean productivas. Que los niños tengan una actividad constante de forma que no les dé tiempo a caer en el temible aburrimiento y, de paso, den algo de tregua a los mayores. Ya habrá tiempo luego de tratarles la hiperactividad y los trastornos de atención aumentando las minutas de los consabidos especialistas.

 

 

Pero tampoco los adultos escapan a esa productividad que ha de tener el periodo vacacional para cumplir con los estándares de lo que se considera un ocio socialmente aceptado según los valores del momento. En la campaña publicitaria de una conocida agencia de destinos de viaje lanzan la pregunta de qué hacer una vez llegas al destino elegido: y proponen un listado de actividades según viajes a Roma, París, Londres, Nueva York o Tokio. (¿¿??)

Si del retrato firmado por un pintor local, del pater o la mater familias, por encargo que lucía en los salones de los 60; pasamos a la segunda residencia vacacional; los equipos de música o la televisión con sonido envolvente en pisos con paredes de papel para ostentar el ascenso social de una familia: hoy día esas exigencias pasan por viajar a destinos cuanto más exóticos mejor. Y así poder nutrir los relatos paralelos a la realidad que se registran en nuestras cuentas de Facebook o Instagram

 

 

En un post de Librópatas se rastreaban los antecedentes de la actual turismofobia en las novelas de Jane Austen. También Henry James hizo retratos nada favorecedores de los turistas estadounidenses de viaje por la Europa del finales del XIX.

En la localidad noruega de Flam, parada obligada de todos los cruceros que recorren los fiordos, no han dejado de surgir carteles y pintadas expresando la repulsa de los noruegos (e igual hasta de los no noruegos) al tráfico continuo de barcos de gran calado colonizando los fiordos.

Quien sueñe con perderse por los magníficos paisajes nórdicos para disfrutar de una naturaleza protegida por la Unesco, es mas que probable que se encuentre que en lugar del rumor del agua o el viento, su paseo se vea acompañado por el reguetón que marca el ritmo de las actividades que se desarrollan en la cubierta de cualquiera de los enormes cruceros que invaden la zona cada verano.

 

Marlene Dietrich rebosante de actitud a bordo del transatlántico Europa.

 

El cine clásico de Hollywood, como en tantas otras cosas, tiene la culpa de la idealizada imagen que tenían generaciones previas de lo que era un crucero.

Cary Grant y Deborah Kerr enamorándose a bordo de un selecto crucero en Tú y yo (1957) ; Bette Davis en La extraña pasajera (1942); Marlon Brando y Sophia Loren en La condesa de Hong Kong (1967), etc. En aquellos tiempos la llegada a los Estados Unidos de las estrellas europeas que iban a conquistar Hollywood siempre era a bordo de un transatlántico: así lo hicieron antes de que las escalinatas de los aviones les robasen el protagonismo: Greta Garbo, Marlene Dietrich o Ingrid Bergman. Claro que décadas después llegaría la serie de Vacaciones en el mar (Love boat) para preparar el terreno a nuestros días.

Del glamour de los cruceros que aparecían en las películas del Hollywood clásico a los cruceros temáticos sobre The walking dead de nuestros días.

Hoy día los enormes transatlánticos trasladan la eficacia de un bloque de apartamentos de Benidorm o de un hotel de Marina D’Or hasta alta mar. Y como en estos casos, hay que llenar el tiempo de actividades.

La línea de cruceros estadounidense American Cruise Lines ha lanzado su propuesta de cruceros temáticos para su temporada 2018-19 en la que incluyen cruceros temáticos sobre música del Mississippi, de Nashville, o sobre autores, como Mark Twain.

Los cruceros temáticos no son algo de ahora. Como ya recordaba un artículo en El País, en 2006, los primeros se remontan a los cruceros con fines arqueológicos por el Nilo en el siglo XIX. En dicho artículo se recogían propuestas del momento como: cursos de idiomas o literatura inglesa auspiciados por la Universidad de Oxford en el viaje Barcelona-Nueva York a bordo del Queen Mary 2, un barco con una biblioteca de 8000 o una filmoteca con 3000 películas, y en el que además se hacía talleres de escritura, seminarios de astronomía o de arquitectura o arte.

 

 

En cuanto a España, el artículo de El País de hace doce años ya decía que lo de cruceros temáticos no acababan de cuajar, y en este 2018, según el mismo medio, parece que sí se han asentado: pero sin recurrir demasiado a las estimulantes propuestas que ofrece el Queen Mary 2. Star wars, camareros robots, gourmets, locos por los 80, Bollywood… son algunas de las propuestas para esta temporada.

Nosotros, dada nuestra vocación de servicio, retomamos el tono que utilizamos hace un año en Turoperador bibliotecario: recuperando la idea de «agencias de viajes bibliotecarias como nuevo servicios para quienes quieran salirse del redil». En el ámbito de los cruceros se nos ocurren numerosas temáticas a tener en cuenta.

 

Ingrid Bergman en Stromboli (1950) de Roberto Rossellini: otra posible inspiración para un crucero temático por el Mediterráneo.

 

Lunas de hiel (1992) de Polanski: transcurre en un crucero pero no parece la más adecuada para inspirar unas vacaciones apacibles en pareja.

Crucero Lord Byron por las islas griegas con escalas en Safo y actividades en torno a la obra de Cavafis ; crucero Stevenson por el Caribe con escalas en la Cuba de Hemingway o en el Puerto Vallarta de Tenesse Williams en La noche de la iguana; crucero Jack London por el Ártico; crucero Patrick O’Brian por costas sudamericanas; crucero Terenci Moix por el Nilo; cruceros Joseph Conrad tanto por costas africanas como asiáticas… Y si ampliamos a referentes cinematográficos o musicales entonces la cosa nos daría para una serie completa de posts decididamente temáticos.

Pero no era esa la idea. El empeño por infiltrar referentes culturales en las ofertas de ocio y tiempo libre es una contrapartida o una compensación. Muchas bibliotecas se esfuerzan, cada vez más, en no parecer bibliotecas para quitarse el lastre, la imagen, que pese a tantos esfuerzos, las sigue asociando a lo aburrido. De ahí que algunas estén pareciéndose cada vez más a parques de atracciones bibliotecarios.

 

Biblioteca Poplar en Pekín.

 

Según el decálogo de Faulkner-Brown, arquitecto que orientó su carrera a la construcción de bibliotecas, y sigue siendo un referente en este campo: el edificio de una biblioteca debe ser flexible, fácilmente adaptable, accesible, confortable, y muchas cosas más.

Las bibliotecas con las que cerramos el post (y el blog hasta septiembre) no sabemos si cumplirán a rajatabla los mandamientos de Faulkner-Brown, pero resultan muy oportunas para la permeabilidad que promueve este post: de las ciudades del ocio a las ciudades bibliotecarias en un viaje de ida y vuelta.

Y luego ya que cada uno se lo monte como quiera: viajando, quedándose en casa sin necesidad de aparentar nada, o cultivando ese exquisito aburrimiento, perdiéndole el miedo a no hacer nada productivo, que defiende Andrea Köhler en su último libro, como paso necesario para que pueda ocurrir algo maravilloso.

 

Biblioteca del resort Soneva Kiri en Tailandia, con jaula suspendida en el aire para niños.

Biblioteca-árbol en el Regent Park de Londres.

La biblioteca-árbol del Regent Park de Londres vista desde abajo.

Biblioteca en un orfanato en Tailandia.

Biblioteca de un hogar en Austin (EEUU), un asiento colgante permite acceder a las partes más altas de las estanterías.

Otro plano de la Biblioteca Polar de Pekín.

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Selección de fotografías de la serie On reading de Steve McCurry.

Serie completa en su web.

 

 

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