Autocorrector bibliotecario

 

En estos días el autocorrector se ha convertido en una inesperada metáfora de nuestro tiempo. ¿Cuántos entrecejos contraídos estará provocando la aletoriedad del autocorrector al corregir los millones de WhatsApp que circulan? A todos, y a todo, nos están aplicando el autocorrector en estos días.

 

 

Un ensayo exprés para tiempos exprés.

Autocorrector linda con autocorrectivo. Tenemos que corregir hábitos, comportamientos, planificaciones, y puede que, hasta planteamientos de vida. El escritor superventas Paolo Giordano ha cogido la delantera, en plena cuarentena mundial, para erigirse como el primero en publicar un libro sobre la crisis del coronavirus. Puede que el mundo se haya parado, pero la urgencia oportunista por subirse a los carros que pasan: no.

La necesidad de cambiar hábitos, de replantearnos cómo se organiza nuestro mundo. Un discurso que se repite en artículos y reflexiones de insignes, y no tan insignes, firmas. Pero el caso es que las formas (seis días ha tardado Giordano en escribirlo) no parecen predicar con el ejemplo. Hemos levantado el pie del acelerador a la fuerza, encerrándonos en nuestras guaridas: pero nuestras vidas digitales corren, invaden y se aceleran con más fuerza que nunca.

En No tengo Facebook, Twitter ni Instagram: el desgarrador testimonio de una biblioteca en directo: citábamos el ensayo de Remedios Zafra: El entusiasmo: precariedad y trabajo creativo en la era digital. Y ahora, no solo los creadores, todos estamos sujetos a la esclavitud del teletrabajo. Se derribaron todas las barreras de la intimidad que antes eran coto de concursantes de realities televisivos. No hemos terminado de engullir la tostada y el café cuando ya le estamos dando al botón de encendido del portátil casero.

 

En la cuenta de IG Postales de cuarentena se publican postales simulando viajes por los rincones de nuestros hogares. Hay otros mundos pero están en nuestro hogar. El publicista Álvaro Palma y el ilustrador Álvaro Bernis están detrás de esta idea. Dos proveedores de mundos, como las bibliotecas, para este encierro.

 

Se impone la necesidad de replantearnos el funcionamiento de las cosas; de valorar lo importante. Y asistimos a esos propósitos de enmienda en medio de un fuego cruzado de ofertas culturales, promoción de servicios y altruismos varios que dejan poco tiempo para esa reflexión y sosiego de la que tanto nos hablan.

Como dice César Rendueles en ‘Babelia‘:

«si alguien que nunca hubiera oído hablar de la pandemia, observara mi cuenta de Twitter estos días, probablemente llegaría a la conclusión de que “coronavirus” es el nombre de alguna clase de corriente artística caracterizada por la bulimia cultural.»

Atiborrándonos de entretenimiento y cultura como sucedáneos de la vida que se nos ha estancado. Pero que en realidad nunca tuvimos. Y las bibliotecas, frenéticas hormiguitas, aplicándose para no perder la oportunidad. Habrá que rendir cuentas ante jefes y usuarios. En Bibliotecas en los balcones hablábamos de que era el momento de fomentar la labor prescriptora de los bibliotecarios como profesionales de la cultura que son. Pero ¿quién prescribe a los prescriptores?

Automedicarse está muy mal visto. Pero autoprescribirse lecturas, películas y música no contraviene ningún mandato de la OMS ¿Por qué no computan como horas de teletrabajo las lecturas, películas vistas y música escuchada en este encierro? Si hay que poner en valor más que nunca el papel de intermediarios que desempeñan los bibliotecarios entre la enorme oferta cultural y los usuarios: ¿no tendrán que saber de lo que hablan para poder ofertarlo?

 

 

Estado de excepción cultural: funcionarios leyendo, viendo cine o escuchando música como trabajo. ¿Hace falta más leña para ciertos discursos? Si transigimos con una app que reinterpreta, corrije y distorsiona nuestras palabras: ¿porqué también vamos a ceder la soberanía de corregirnos a nosotros mismos? En estos días al escribir un blog, como éste sin ir más lejos, hay que cuidarse mucho de que no parezca que estás leyendo la cartilla. Pontificando aquí y allá sobre lo que deberían, o no, hacer las bibliotecas y bibliotecarios. Más que nunca dame hechos, no deseos.

Por alusiones, uno de nuestros bibliotecarios de cabecera: @ferjur, nos citó de rondón en un tuit con el que no podemos estar más de acuerdo:

«La teoría nos la sabemos tod@s. Creo que necesitamos menos recomendaciones teóricas (de 0.60 que diría @infobibliotecas) y más equivocaciones prácticas. Sin error no habrá #biblioteca (ni en casa ni fuera de ella).»

 

 

¿Se llevará este virus la verborrea bienintencionada, pero muchas veces hueca, de lo que deben hacer las bibliotecas? ¿dejaremos (y aquí los primeros) de dar vueltas como un perro que se quiere morder el rabo sobre los mismos propósitos? Si algo sacamos en claro de esta crisis es que son los funcionarios (científicos y sanitarios) los verdaderos protagonistas de esta crisis. Y que como señalaba Antonio Muñoz Molina en ‘El País‘:

«Por primera vez desde que tenemos memoria las voces que prevalecen en la vida pública española son las de personas que saben; por primera vez asistimos a la abierta celebración del conocimiento y de la experiencia, y al protagonismo merecido y hasta ahora inédito de esos profesionales de campos diversos»

Y eso hace que nos guste más saber de iniciativas como las que está desarrollando la Biblioteca Pública Municipal de Valdelacalzada (Badajoz) que forma parte de la red CV19_Makers_Extremadura. Florencia Corrionero nos ha contado cómo, el Espacio Read Maker de esta biblioteca, lleva días produciendo viseras y máscaras de protección en su impresora 3D con destino a proteger al personal sanitario. Mucho se hablaba del potencial de los espacios makers en bibliotecas: pero no sabíamos aún hasta qué punto podían llegar a ser útiles.

Ahí tenemos un caso concreto: no una hipótesis o elucubración teórica. No un ‘hay que hacer…’ sino un ‘hemos hecho…». Y mientras, no nos agobiemos más de lo que nos agobia ya de por sí la actualidad.

 

Automediquémonos con cultura y acumulemos errores y experimentos con gaseosa. No hay porque estar todo el rato justificándose para que el responsable político de turno mantenga brillante su imagen en el escaparate de esta crisis. La profesión bibliotecaria tiene la suerte de poder ser cobaya de los medicamentos que prescribe, Leer, ver y escuchar: puede que no contabilicen como horas fichadas. Pero la curiosidad intelectual siempre computa en la cuenta de resultados de una biblioteca.

 

Postales desde una cuarentena.

 

Y si abrimos con WhatsApp bien está que cerremos con WhatsApp. Estos días se ha hecho viral un mensaje, a través de este medio, con un poema fechado en 1800. Firmado por una tal K. O’Meara que al parecer lo escribió con motivo de la epidemia de la peste de hace dos siglos. Y como tantas cosas, en estos días, ha resultado ser una verdad/mentira a medias.

Kitty O’Meara, en realidad, es una profesora jubilada de los Estados Unidos que ha escrito dicho poema con motivo de este confinamiento mundial de 2020. Pero, por lo que fuera, quedaba más romántico ubicarlo en el pasado.

«Y la gente se quedó en casa. Y leyó libros y escuchó…» Así empieza el poema. Y no deja de ser irónico que sea un poema involucrado en una fake news intrascendente (de esas noticias falsas a las que las bibliotecas deben ayudar a combatir): el que resuma la actitud con la que mejor podemos autocorregirnos en este encierro.

 

 

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Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias [5]: Loola Pérez

 

Loola Pérez. Fotografías Miguel Sotomayor

Un año después, tras un nuevo 8-M, retomamos la serie que iniciamos el año pasado. Figuras femeninas ajenas al mundo bibliotecario, pero cuyos discursos creativos, científicos o de pensamiento: abren debates y perspectivas siempre interesantes.

Es algo incuestionable que el movimiento social que más profundamente ha modificado la sociedad occidental, desde finales del XIX, ha sido el feminismo. La lucha por la emancipación y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres se ha erigido en un elemento de cambio y avance que trasciende fronteras.

Llegados a este punto son más necesarias que nunca voces que discrepen, cuestionen y desmonten los discursos únicos que puedan fosilizar al movimiento reduciéndolo a dogmas y eslóganes. Y en ese incómodo, pero honesto, punto se posiciona la quinta de nuestras bibliotecarias en potencia.

Loola Pérez, con esa doble O que actúa cual anteojos que amplían la realidad para no perder detalle, graduada en Filosofía, integradora social, sexóloga educativa y, actualmente, estudiante de Psicología: es una voz disonante con algunos de las posturas más asentadas del discurso feminista. Y esa discrepancia, ese cuestionamiento, esa llamada a la reflexión serena y al debate saludable: es algo que siempre debe encontrar refugio en las bibliotecas.

 

LOOLA PÉREZ

 

Arranquemos hablando de gustos culturales. ¿Qué te ha influido más: la lectura, la música, el cine o, dado que has crecido en plena eclosión de Internet: el mundo digital?

Sin duda, la lectura. Desde muy pequeña me ha gustado leer y es una afición que conservo a día de hoy. Tuve muy buenos profesores en Lengua y Literatura y eso fue un extra de motivación. Cuando era adolescente me decantaba más por la novela, ahora es difícil sacarme del ensayo. Lo último que he leído ha sido El liberalismo del miedo de Judith Shklar. También es cierto que lo que más leo ahora son artículos de investigación. Es una de las cosas positivas de seguir estudiando, que te obliga a estar actualizada.  

En tu reciente ensayo ‘Maldita feminista: hacia un nuevo paradigma sobre la igualdad de sexos’ (Seix Barral, 2020) dices una frase que resulta simpática y esperanzadora: «Pensar nunca será un titular en la portada de ‘Forbes’, pero soy lo suficientemente joven y repelente como para seguir reivindicándolo«. ¿Crees que la curiosidad intelectual, el aprendizaje continuo, son imprescindibles para que ese espíritu no se pierda con los años?

Por supuesto. El triunfo actual del sensacionalismo nos lleva a la especulación y alimenta las teorías de la conspiración… Esto fomenta la desconfianza entre la ciudadanía. Hay como una vuelta al relativismo, a la idea de que la verdad no existe… 

La figura del tertuliano, que no es más que el cantamañas de toda la vida, está siendo más rentable que nunca. Coincide, además, en una época donde se hace más difícil el periodismo de investigación: y se ha devaluado profundamente la Filosofía. En tiempos de impúdica irracionalidad hay que poner la Filosofía en el centro del saber, reestructurar su currículo en la etapa educativa. Y hacer de las facultades espacios de aprendizaje mucho más atractivos y prácticos.

Cuando la gente ignora lo que es un argumento, no sabe evaluar una prueba, no conoce cómo fundamentar un juicio crítico o en qué profesionales puede apoyarse: se vuelve mucho más permeable al dogmatismo ideológico, las pseudociencias o el populismo político. Vale que todas las personas pueden tener una opinión: pero los hechos son los hechos. 

 

Las bibliotecas públicas estadounidenses se han convertido, en muchas ocasiones, en objetos de deseo para movimientos de derechos sociales que ven en ellas escaparates idóneos. ¿Crees que pueden jugar un papel como instituciones que sirvan para acoger un debate abierto y sosegado?

Creo que las bibliotecas públicas pueden ser una alternativa a los espacios de debate universitario, especialmente ahora que muchas universidades se prestan al juego de la censura como pasó en la Universidad de La Coruña a propósito de unas Jornadas sobre trabajos sexuales y derechos o en la Universidad Pompeu Fabra con una intervención sobre transexualidad del profesor Pablo de Lora.

Además, las bibliotecas públicas son mucho más cercanas a la ciudadanía que las universidades, las cuales continúan arrastrando cierta fama de elitistas. No sería mala idea convertir las bibliotecas públicas en el estandarte del libre pensamiento. 

Hace muy poco se ha reeditado en nuestro país el ensayo de Camilla Paglia ‘Sexual personae’. En tu ensayo reconoces enfrentarte a los libros de Paglia desde el amor y el odio. Te remueven, te cuestionan, te hacen replantearte las cosas. ¿Figuras incómodas como Paglia son ahora más necesarias que nunca para no caer en dogmatismos?

Paglia es un huracán. Es una mujer inteligente, llena de fuerza, una especie de heroína moderna que huye del victimismo y la mojigatería. Pero también, como autora, llega a ser en ocasiones muy intensa y esencialista. Supongo que eso es lo que me gusta y admiro de ella: que no hace falta que piense como yo para reconocer que es una tía intelectualmente arrolladora.

Su disidencia es necesaria en el movimiento feminista. Argumenta contra los excesos del feminismo hegemónico, celebra la belleza, evade el constructivismo, reconoce la importancia de la biología en los sexos…. No se la puede comparar con un trol de internet ni con un extremista de ultraderecha. Tiene estilo propio y no se deja influir por la presión social que, a veces, el feminismo hegemónico ejerce en personas que trabajan en el ámbito académico. 

En un panorama tan polarizado ideológica y políticamente como el actual: ejercer la disidencia supone asumir riesgos. ¿Te preocupan más los ataques de aquellos sectores que defienden una visión única del feminismo; o el apropiacionismo distorsionado que de tu discurso puedan hacerse medios o grupos en las antípodas de tu pensamiento?

Bueno, el apropiacionismo distorsionado es previsible, pero no me quita el sueño. Yo soy muy clara y también expreso en Maldita Feminista cómo me preocupa la amenaza de la ultraderecha. La gente que me sigue sabe perfectamente cuáles son mis valores, ideas y compromisos. Que alguien pueda decir que yo le hago las palmas a la ultraderecha me parece de risa. Solo un buen idiota puede decir eso cuando mis referencias provienen de otras autoras feministas, y mi visión, es indisociable de los derechos humanos.  Así que…

Me preocupa más la visión única del feminismo porque, siendo un movimiento sumamente transformador y de importancia vital en las democracias, está perdiendo su esencia y convirtiéndose en una parodia. Por ejemplo, las mujeres son las principales perjudicadas en un sistema sexista, pero reducir la posición social de estas a un estado perpetuo y atemporal de victimización no contribuye a la emancipación sino que, por el contrario, despoja a las mujeres de su capacidad de agencia, de su derecho a equivocarse, de su resiliencia, de la posibilidad de ser malas… 

Como integrante de esa generación que se ha dado en bautizar como millennial las redes sociales son un ámbito en el que te desenvuelves con soltura. Tu cuenta de Twitter, en la que apareces como @DoctoraGlas, es muy activa en todos los sentidos. Lejos de rehuir la confrontación respondes siempre argumentando y razonando tus posturas.

¿Piensas que un intelectual en el siglo XXI puede inhibirse del estruendo mediático continuo de las redes sociales? ¿Estar en ellas, es condición imprescindible para analizar nuestra realidad más inmediata?

Bueno, cada persona tiene diferentes expectativas y motivaciones al respecto. Las redes sociales no son toda la realidad, pero sí una parte de nuestro mundo y estar ahí hace que tu mensaje puede llegar a mucha gente… Muchas personas, tanto de España como de fuera de nuestro país, me escriben a menudo para confesarme que gracias a mis puntos de vista y reflexiones se han reconciliado con el feminismo. Eso me da mucha energía.

A veces no es fácil estar en Twitter, pero discutir a través de ese medio hace que practique la agudeza, que fortalezca mi seguridad personal a la hora de exponer mis convicciones y conocimientos, ejercer mayor control de mi temperamento, aprender nuevas ideas o incluso, hace que me enfrente a lo que Ovejero llama ‘chatarra retórica’. También tengo mis límites, aunque a veces me los salto (risas). No me gusta discutir con quien me da órdenes, cuando el error se convierte en falta, cuando se distorsiona con mala fe aquello que expreso o si el insulto precede al argumento. 

Paglia, en Vamps & Tramps, decía que el inmenso underground del cómic ha escapado a la policía del pensamiento feminista. Figuras como Eric Stanton, con sus cómics sadomasoquistas; o el cineasta Russ Meyer, con sus heroínas supervixens, se dirigían a un público masculino. Y paradójicamente, para excitar a los hombres, creaban mujeres  independientes, poderosas y fuertes.

¿Se elude la complejidad de la sexualidad, tanto masculina como femenina, para ajustarnos a las exigencias de un discurso biempensante?

¡Me encantan las supervixens! No solo es que transmitan esos valores de independencia, poder o fuerza también representan la exuberancia, la libertad sexual, lo salvaje… En lo que no estoy de acuerdo es en la idea de que la representación de esas figuras femeninas explícitamente sensuales y sexuales tuviera el único objetivo de excitar a los hombres. Al contrario, creo que expresa el deseo femenino sin necesidad de pedir perdón o de justificarlo a partir de elementos románticos. Son personajes independientes de la mirada masculina y por ello escapan de la cosificación.

La verdad que ver hoy una película de Meyer en La 2 sería imposible: lo cual sirve para pensar sobre si estamos ante una vuelta al puritanismo. Es injusto que uno de los cineastas que más ha contribuido al erotismo en el cine fuera calificado por algunos sectores feministas como viejo verde, y hoy, condenado al olvido por el auge de la mojigatería. Posiblemente hay más estereotipos de género en series como Cómo conocí a vuestra madre que en las películas de Meyer.

 

 

Ahora, no me cabe la menor duda, de que tanto en el ámbito privado como social, pese a estos titubeos, hay una mayor libertad sexual. Eso es un triunfo del feminismo. Vivimos la sexualidad con menos tabú. Sin embargo, me preocupa que en nombre del feminismo se descalifique el hecho de que haya mujeres que puedan disfrutar del sexo de una sola noche con desconocidos; que puedan tener fantasías políticamente incorrectas o que les guste la pornografía. ¿Con qué derecho esas feministas de pacotilla le dicen a otras mujeres cómo deben gestionar su vida sexual para no ofender un supuesto ideal igualitario?

Decía la actual Directora del Instituto de la mujer que ‘hay que follar con empatía’ y a mí, personalmente, me daba la risa. Cuando muchas mujeres hemos tenido sexo de una sola noche no hemos pensado en la empatía sino en el consentimiento, en el respeto y en el placer. Es curioso porque la misma generación que años atrás reivindicó el ‘amor libre’ y el ‘sexo sin compromiso’ viene ahora a decirnos a muchas jóvenes que follamos mal. Porque lo hacemos con gente sin empatía y que eso es algo así como una traición al feminismo. ¡Es de locos!

Ese discurso biempensante sobre la sexualidad acabará empobreciendo nuestras experiencias eróticas. Sin ir más lejos, me provoca mucha tristeza que una ministra como Irene Montero, se atreva a decir que con su proyecto de ley de libertad sexual, “serán las mujeres las que decidan hasta dónde llegar”. Es estúpido. Las mujeres ya decidimos lo que queremos y lo que no en nuestras relaciones. Me cuesta mucho entender esta tendencia de la izquierda actual a hablar de España, que es un país sumamente seguro y avanzado en políticas de igualdad, como si fuera Irán. El peligro de la violación está ahí, pero eso, por insensible que pueda parecer, no va a solucionarlo una ley como la que propone desde el Gobierno. 

Y es que uno de los problemas que tenemos como sociedad a la hora de pensar sobre la violación es que creemos que se enmarca como una relación de poder. Yo no pienso eso, creo que se trata más bien de una compleja relación entre el poder y el sexo. Para las feministas hegemónicas, las cuales han hecho del texto Contra nuestra voluntad de Susan Brownmiller una bandera, la violación es un acto de poder. Yo rechazo que la cultura socialice a los hombres para la violación, lo cual no significa que no haya estereotipos o ideas preconcebidas sobre la violación.

Sí es cierto que muchos hombres utilizan la violencia para conseguir aquello que quieren: atención, sexo, objetos… Pero insisto en que en la mayoría de las violaciones prevalece una motivación sexual. Por ello, no son pocos los violadores que se ponen preservativo, fuerzan a las mujeres a prácticas que no tienen que ver con la penetración, eligen mujeres que les atraen sexualmente… Pensemos en un caso de violación. Chico y chica se conocen en una discoteca, tontean. El chico quiere tener sexo, pero ella dice no. Entonces el chico la fuerza y abusa de ella. ¿Cómo entendemos esto? ¿En un primer momento él actuaba porque quería sexo y luego cuando ella no quiere: su motivación cambia y se inscribe exclusivamente como un acto de poder?

Y ya que hemos hablado de cómics y de cine sigamos con música. ¿Qué te parecen las listas prohibiendo canciones de determinados cantantes o la demonización del reguetón por sus letras? ¿Qué lecturas haces de figuras como Bad Gyal, La Zowi, o Miss Nina que, desde el denostado reguetón, exhiben la misma desinhibición sexual que sus colegas masculinos? ¿Podría entroncar con ese feminismo putón que reivindican feministas como Itziar Ziga?

Aborrezco la censura y reivindico que las personas tienen derecho al mal gusto, ya sea porno malo, música hortera o literatura fast food. Me preocupa más este boom de influencers hablando de sexualidad y feminismo sin tener ni idea, es decir, pasando como saber un conjunto de rabietas infantiles o tratando de relanzar su carrera: que un espectáculo de La Zowi donde sus bailarinas bailan en tanga.

Me parece súper divertido ver a la gente que va de moderna y progre escandalizada por el sacrosanto sexo. ¡Al igual que los grupos ultra-religiosos!

Toda esa generación mimada que está creciendo en la burbuja de Operación Triunfo, donde de todo lo políticamente incorrecto se hace un dramita, autoconvenciéndose de que tienen derecho a no ser ofendidos… Un espectáculo para adultos no debería ser juzgado como si estuviéramos delante de un teatro infantil.

No sé si esto podría entroncar con el feminismo putón que encontramos en feministas como Ziga. Lo que sí sé es que me gusta la provocación y ella va sobrada de esto. Pero también hay algo más profundo en sus reflexiones, que es su reivindicación de las mujeres a usar la libertad, sin miedo al que dirán. 

Figuras como Patti Smith, Nina Hagen, Grace Jones, Peaches, Siouxsie Sioux, Chrissie Hynde o, desde lo más comercial, Madonna: no enarbolaban banderas, pero con su actitud, lanzaban mensajes muy poderosos. ¿Se podría señalar el rótulo feminista de Beyonce como el momento en el que el feminismo se hizo mainstream? ¿Le resta fuerza al convertirlo en complemento de moda, al reducirlo a eslóganes, o compensa por haber llegado a más público?

Ese neón de ‘Feminist’ que acompañaba a Beyoncé en el año 2014 durante los MTV VMAs refleja, en cierto sentido, un antes y un después en la percepción del feminismo en la cultura de masas. Expone un mensaje sumamente explícito, pero vapulea en cierto sentido la lucha social al presentar la reivindicación de una forma tan despolitizada. No tengo claro si compensa, pero sospecho que cuando lo estético cobra más importancia que lo ético: el mensaje en pro de la igualdad se desvirtúa.

Creo que conviene distinguir entre el hecho de que una artista se reconozca como ‘feminista’ y que se utilice el feminismo como un objeto mediático, como un objeto de consumo… Además de Beyoncé encontramos muchos más ejemplos sobre esta tendencia… Lo hemos visto con el anuncio de Campofrío o más recientemente con Gillete. 

 

 

Hemos hablado de libros, música y cine. Pero en estos tiempos el menú cultural parece incompleto si no se habla de series. ¿Alguna serie te ha resultado especialmente interesante desde las temáticas que abordas en tu trabajo? ¿Has visto Sex education?

Puede que a priori no esté muy relacionada con la temática feminista, pero Homeland ha sido una serie que me ha permitido pensar mucho a través de sus tramas en el debate sobre libertades y protección/seguridad, cómo es ser profesional (y madre) en un mundo de hombres o el resentimiento de los hombres blancos, el cual viene inspirado en el ascenso al poder de Donald Trump y sus adeptos. Sí, he visto Sex education. Es bastante fresca y divertida, pero resulta descorazonador que los guionistas llamen en multitud de veces a la vulva equivocadamente vagina… o que tengan que ser tan excéntricos para explicar situaciones o vivencias sobre sexualidad que se viven, generalmente, con naturalidad. 

Esta serie de Mujeres que nos gustarían como bibliotecarias la abríamos con Roberta Marrero. Roberta a través de su obra explora la diversidad afectiva y sexual. Es una mujer artivista como le gusta definirse. ¿La exclusión que se quiere hacer de las mujeres transexuales por sectores del feminismo reproduce los mecanismos de exclusión del patriarcado?

La exclusión hacia las personas transexuales responde a muchos intereses y, a priori, no lo compararía con los mecanismos de exclusión que tradicionalmente ha desarrollado el patriarcado. Desde los sectores del feminismo que excluyen a las personas trans, no se considera en ningún momento a las personas transexuales ‘inferiores’ ni se les impide votar o acceder a los ámbitos educativos. Cuestiones que, en cambio, sí se han enmarcado en los mecanismos de violencia y discriminación del patriarcado. Lo que observamos en los sectores del feminismo que excluyen a las personas transexuales es una revitalización del biologicismo y el uso de la mala fe para socavar su imagen pública.  La percepción que la sociedad pueda tener de este colectivo. 

Así, por un lado, el feminismo TERF, el que excluye a las personas trans, considera que ser mujer se basa en una genitalidad y pasa por alto las explicaciones biológicas de la transexualidad. No tienen en cuenta las complejidades del sexo genético, el sexo gonadal, el sexo genital y la identidad sexual. Por otro, muestra su odio y rechazo a las personas trans, comparándolas con proxenetas, alimentando la psicosis de que las mujeres trans son hombres disfrazados de mujeres para obtener beneficios en casos de violencia en la pareja o llegando incluso a afirmar de que son un lobby. Todo eso es cruel y guarda muchas similitudes con la xenofobia.

El hecho de que Izquierda Unida haya expulsado al Partido Feminista por su ideología transfóbica y rechazo a la ley trans me parece coherente, pero creo que llega tarde, dado que las proclamas contra las personas trans comenzaron a hacerse sin ningún tipo de pudor ya en 2017. Las mujeres trans son mujeres y, si hay un sector del feminismo que niega esto, merece que se ponga en duda su visión de los derechos humanos. 

En tu ensayo planteas que la igualdad solo puede llegar si además de los problemas de las mujeres, el feminismo tiene en cuenta los problemas de los hombres. Suena conciliador e integrador ¿Sería una manera de desactivar la confrontación a la que nos quieren abocar las posturas más extremas?

Deseo que lo sea. El capítulo titulado De los hombres no lloran a los chicos no importan es uno de mis favoritos de Maldita feminista. No entiendo la igualdad como un sentimiento de prepotencia hacia los hombres. El día a día está plagado de hombres que hacen un trabajo de fuerza brutal, en escenarios sumamente peligrosos… No entiendo como muchas feministas pueden despreciarles desde sus cómodos sillones institucionales o secundar bobadas como “es una guerra” o cosas así. Prescindir de ellos y no comprender sus demandas, necesidades y problemas solo genera un sentimiento de rechazo y hastío hacia los logros de las mujeres. 

Tu inconformismo intelectual, y el rigor y la pasión con el que lo ejercitas, son valores imprescindibles para la profesión bibliotecaria. «Bibliotecario sin curiosidad, biblioteca muerta» que reza un eslogan. ¿Se te ocurre alguna idea, por loca que te parezca, de cómo te gustaría que fuesen las bibliotecas públicas en el siglo XXI?

Me conformo con que no desaparezcan los libros en papel. En un mundo cada vez más digital, los libros evocan lo sagrado e incorruptible. 

 

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La biblioteca como trama

 

En los últimos tiempos hemos tenido varios ejemplos de películas con las bibliotecas de protagonistas. Desde The public (2018) de Emilio Estévez a Ex Libris (2017) de Frederik Wiseman; pasando por La biblioteca de los libros rechazados (2019) o Escapando de la biblioteca del señor Limoncelo (2017). Y es que sea comedia, terror, drama o aventuras, las bibliotecas, dan para muchas tramas.

trama: 4. f. Disposición interna, contextura, ligazón entre las partes de un asunto u otra cosa, y en especial, el enredo de una obra dramática o novelesca. (Diccionario RAE)

 

 

La biblioteca Robert Desnos

«Chut…! (Silencio…!) (2020) es la última película en la que una biblioteca concentra, de nuevo, todo el protagonismo.

Aquí, en silencio, el futuro toma forma‘: así han subtitulado sus directores Alain Guillon y Philippe Worms este documental en el que recogen la vida cotidiana de la biblioteca francesa Robert Desnos de Montreuil (Seine-Saint-Denis). Y concretamente, la crónica del desarrollo de un proyecto de emancipación cultural.

No deja de resultar irónico el título de Chut…! cuando de lo que trata precisamente es del ruido que pueden llegar a hacer las bibliotecas en nuestras sociedades.

Todo surgió tras participar Alain Guillon en un taller de conversación para personas que no hablaban francés en la biblioteca. Tras descubrir de cerca la realidad y la labor desarrollada por los bibliotecarios, Guillon llamó a su colega Worms, y los dos, junto con sus equipos de filmación: pasaron a formar parte del día a día de la biblioteca durante todo un año.

Fabrice Chambon, director de la biblioteca de Robert Desnos, resumía en unas declaraciones lo que tanto fascinó a los cineastas:

«Para ser efectivos cada bibliotecario debería convertirse en el sociólogo de su territorio. Debemos dirigirnos a todos, asegurarnos de que todos los públicos se encuentren.»

Y esa labor de los bibliotecarios, las conexiones, relaciones y vivencias que conforman el día a día de las bibliotecas constituyen la trama de este documental. Desde los estudiantes de secundaria al vagabundo que se refugia junto a los muros de la biblioteca. Todos tiene su momento en la trama. Pero sobre todo, los proyectos y el trabajo de los equipos de la biblioteca: para atender a todas las demandas de su comunidad.

Una de las escenas cumbre es la fiesta de música electrónica que se celebró durante toda una noche. La frontera biblioteca-discoteca desvaneciéndose por completo. Y como complemento tras la fiesta: una programación de sesiones sobre historia de la música.

 

Con este cartel anunciaba la biblioteca Robert Desnos la fiesta de música electrónica que transformó, en 2017, a la biblioteca en una discoteca hasta las 5 de la mañana (hora en que se abre el metro). Djs, electro-lecturas, bebidas, comida, y baile, mucho baile, excepto entre las estanterías: así lo relataban en la crónica de ActuaLitté.

 

Un nuevo concepto de biblioteca se viene cociendo desde hace tiempo, no ya en Francia, sino en todo el mundo. Sin ir más lejos en nuestro país. Como concluyeron los directores, tras su convivencia con la comunidad bibliotecaria: «las bibliotecas son el lugar dónde se elabora un nuevo contrato social».

Por eso nos harían falta dos cineastas curiosos como Guillon y Worms que apostasen por convertir a las bibliotecas en protagonistas de sus películas. Y sino es en cine, que sea en televisión: ¿cómo de beneficioso seria un programa de Jordi Évole dedicado a desgranar la labor social que las bibliotecas están desarrollando en nuestro país: que tan escaso eco tiene en los medios? Y cuando lo tienen: siempre girando sobre los mismos cuatro tópicos.

En ocasiones dan ganas de emular a Bette Davis cuando publicó un anuncio en el periódico buscando trabajo:

 

Y publicar algo como:

Siglos de experiencia gestionando el conocimiento. Flexibles y adaptables a cualquier circunstancia social: más divertidas de lo que dicen. Se ofrecen como instituciones imprescindibles en la sociedad de la infoxicación, las fake news, las desigualdades sociales, las personas en riesgo de exclusión, y en mil frentes más. Referencias a usuarios satisfechos.

 

No es de extrañar que, pese a todo, en la siempre culta Francia: el Estado, las autoridades municipales y hasta la Mutua Nacional: hayan sufragado la mayor parte del presupuesto que conllevó el rodaje del documental de Guillon y Worms. En nuestro país, con lo mal vistas que están las subvenciones al audiovisual patrio, el documental se financiaría a base de hipotecar el patrimonio de los directores, e incluso, el de los bibliotecarios.

 

 

trama: 3. f. Artificio, dolo, confabulación con que se perjudica a alguien.

 

Y de chut (silencio en francés) pasamos a Silent library (bibliotecaria silenciosa) para una trama de espionaje que da para otra película de género totalmente opuesto al documental galo. Silent library es el nombre que recibe un grupo de hackers, con supuestas vinculaciones con el gobierno iraní, que han modernizado las técnicas de phishing para robar propiedad intelectual de los campus estadounidenses y europeos.

Los piratas en cuestión aprovechan la confianza que suelen inspirar las bibliotecas para perpetrar sus engaños. Lo hacen a través de correos electrónicos que se camuflan como servicios de las bibliotecas académicas. Estudiantes y profesores, que se acaban de incorporar a la comunidad educativa, suelen ser víctimas preferentes de estos hackers que han conseguido un altísimo grado de sofisticación al hacer pasar sus correos por mensajes de las bibliotecas.

Según la empresa de seguridad empresarial Proofpoint que está a cargo de las investigaciones, el grupo de hackers, ha llegado a robar más de 30 terabytes de datos desde 2013.

Ejemplo de correo que los hackers hacen llegar a los miembros de la comunidad educativa haciéndose pasar por bibliotecas.

 

La biblioteca como esperanza de futuro y la biblioteca como subterfugio. Todas las versiones, todas las tramas caben cuando de bibliotecas se trata. Pero puesto a elegir acepciones de ‘trama’ en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, tras la cuarta y la tercera, nos quedamos con la primera:

trama: 1. f. Conjunto de hilos que, cruzados y enlazados con los de la urdimbre, forman una tela.

 

Porque eso hacen las bibliotecas: tejer, enlazar y cruzar discursos, personas y realidades para urdir, entre todos, una historia que merezca la pena ser contada.

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Nunca fuimos a la Luna pero alcanzamos las estrellas

 

El gremio bibliotecario nunca fue a la Luna pero ha terminado alcanzado las estrellas. De tan bonito que suena da para una postal Mr. Wonderful: Día de la Biblioteca 2021. Pero este post no va de poesía (aunque nunca se sabe): en realidad va de bibliotecarios. Y concretamente de bibliotecarios aguafiestas.

 

Una de las experiencias más paranormales vividas en este blog acaeció en Triángulo de las Bermudas bibliotecario. No cabía esperar otra cosa. Allí glosábamos la vida de un bibliotecario estadounidense que nos abdujo como si de un platillo volante, en el citado Triángulo, se tratase.

Se trataba del increíble Lawrence David Kusche: piloto comercial, instructor de vuelo ensayista y bibliotecario. Kusche, al constatar la afluencia de jóvenes obsesionados con el célebre Triángulo que acudían a su biblioteca en los 70: terminó escribiendo la obra que demolió el mito en cuestión.

El Triángulo de las Bermudas resuelto se titulaba. Tras hundir en la miseria a los Iker Jiménez del momento, Kusche, prosiguió una delirante carrera literaria que requería de una investigación en profundidad. Pero quien quiere ahondar en ella, que vaya al post en cuestión, que aquí estamos para hablar de otras cosas.

 

Lawrence David Kusche, el primero de nuestros bibliotecarios aguafiestas.

 

Luis Alfonso Gámez azote de charlatanes y mentirosos.

Tras su logro, Kusche, entró a formar parte del Comité para la Investigación Escéptica. Y si hablamos de escépticos, en España y en nuestros días, ninguno como el periodista vasco Luis Alfonso Gámez.

Él solito, con su programa de ETB Escépticos o con su veterano blog Magonia: ha desenmascarado a más charlatanes que todos los polígrafos de Mediaset juntos.

El escepticismo, en tiempos de fakes news, se ha convertido en una prevención tan necesaria como las mascarillas ante el coronavirus. Aunque, según Gámez, no es tanto que ahora haya más noticias falsas sino que los medios para difundirlas son mucho más potentes. Pero tan peligroso es pecar de ingenuo como pasarse de escéptico. Y en eso incurrió el segundo bibliotecario aguafiestas (o todo lo contrario, según se mire) de este post: Bill Kaysing.

El filólogo y bibliotecario de Rocketdyne, la compañía que fabricaría el Saturno 5, ha pasado a la posteridad gracias a su ensayo-denuncia: Nunca fuimos a la Luna (1974). Según sostenía el incrédulo bibliotecario: todo lo de la Luna fue un auténtico montaje urdido por la NASA. Algo que hemos oído en muchas y variadas versiones: pero que partió del éxito que tuvo el libro de Kaysing.

 

 

La crónica que Gámez hizo de la vida y milagros de Kaysing en su artículo: Viaje  a la Luna: el ridículo origen de la conspiración: no tiene desperdicio. El principal argumento de Kaysing era que en las fotografías que se tomaron del alunizaje del hombre en la Luna: no se observan estrellas brillando en el firmamento. Y a partir de ahí, su teoría, se empeñaba en demostrar que, en realidad, todo fue filmado en un estudio montado cerca de Las Vegas. Una ubicación elegida por los encargados del engaño para así poder visitar los restaurantes, casinos, piscinas y disfrutar de beldades en bikini.

Lo cierto es que por mucho que el escéptico Gámez hunda en la miseria las teorías del no menos escéptico Kaysing: la versión del bibliotecario daba para una película/serie mucho más divertida.

Entre escépticos anda el juego. Pero Kaysing si hubiera tenido algo de paciencia, cincuenta años de nada, habría comprobado que, las estrellas que echaba en falta en las fotografías de la llegada a la Luna: brillarían en el único firmamento que importa en nuestros días: el de las celebrities.

 

Cinco celebridades con club de lectura propio: Emma Watson, Reese Whiterspoon, Sarah Jessica Parker, Oprah Winfrey y Emma Roberts.

 

La líder de Florence and the Machine amando los libros.

Aunque no sea propiamente una celebridad en nuestro país, Oprah Winfrey, es sabido que es una de la figuras más influyentes de los medios estadounidenses de las últimas décadas. Su club de lectura ha convertido en superventas, o revitalizado las ventas, de  autores que van desde Jonathan Franzen a Cormac McCarthy pasando por García Márquez, William Faulkner, Tolstoi o Toni Morrison.

Siguiendo su ejemplo, actrices como Reese Witherspoon, Emma Roberts, Sarah Jessica Parker, o cantantes, como Florence Welch: han creado sus propios clubes de lectura. Y precisamente Whitherspoon acaba de hacer un llamamiento de lo más curioso.

La ganadora de un Óscar por En la cuerda floja (2006) está buscando un bibliotecario residente (tal cual como los djs) para su club de lectura. Un bibliotecario que realmente ame los libros; tenga un gran sentido del humor; y sepa algunos movimientos de baile.

Esto último no sabemos muy bien porqué será uno de los requisitos. Pero tampoco es para ponerse pejiguera cuando se abre otro posible perfil profesional al gremio: bibliotecario de las estrellas. Desde Infobibliotecas, ya puestos, postulamos a una española: Irene Blanco. Que para eso fue nuestra corresponsal en Nueva York.

 

Pero Reese no es la primera estrella en recurrir a los servicios de un bibliotecario. Allá por 2013, la todopoderosa, Beyonce ya buscaba un bibliotecario personal. Pero en su caso fue por motivos algo más prosaicos que los de Reese.

La cantante guardaba más de 50.000 horas de grabaciones de actuaciones, entrevistas, apariciones en eventos… Y llegó un momento en que precisaba de alguien con los suficientes conocimientos para clasificar, catalogar y recuperar dicha información. ¿Qué habrá sido de ese bibliotecario/a de Beyonce?

El concepto ya estaba lanzado: personal librarian. Ya sabíamos de los personal trainers (deporte), los personal shopper (moda), o los life coaching (vida): pero no sabíamos de la existencia de los personal librarian.

Casanova bibliotecario personal del conde Waldstein.

Puestos a fantasear, ¿de qué estrella o celebridad nos gustaría ser bibliotecarios personales?, ¿a quién querríamos ordenarle los libros, catalogárselos, clasificárselos..? Aquí la imaginación se dispara, y cada uno tendrá su fantasía al respecto, algunas probablemente impublicables, así que mejor lo dejamos aquí.

Por nuestra parte, en las bibliotecas públicas se ofrece el servicio de bibliotecario personal desde siempre. Si nos comparamos con los gimnasios, donde si quieres realmente un buen entrenador, tienes que pagar: en las bibliotecas públicas no es necesario ni un euro más de lo que pagas con tus impuestos.

Para el gremio bibliotecario cada usuario/cliente es único, y a su disposición ponen todos sus conocimientos y esfuerzos para ayudarle. Ante esta evidencia, mejor que lo privado se quede para las estrellas o esnobs; y lo público,bien gestionado, nos haga sentir a todos realmente exclusivos.

Finalmente, las estrellas que le faltaban a Bill Kaysing, resultaron ser los bibliotecarios. Y después de esto, la postal Mr. Wonderful bibliotecaria con las estrellas y la Luna al completo: ya está terminada.

 

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Tu sueldo sale de mis impuestos presenta: francotiradores en plantilla

 

Arrancar/titular un post partiendo de una frase hecha solo viene bien si es para contravenirla. Y por ahí van los tiros. Para este curso, y para todos, en nuestro listado de buenos propósitos siempre aparece marcado en rojo procurar sacar los pies del tiesto. Y el ‘tu sueldo sale de mis impuestos’ alcanza la categoría más revenida de los clásicos a espetar a un funcionario. Una frase que, como tantas otras basadas en el desprecio, no deja en evidencia más que al que la profiere.

Solo hay que fijarse en que mientras los políticos siguen a lo suyo, el país lejos de estar en funciones, sigue en marcha. Y al menos, en lo que respecta a las instituciones públicas, eso es gracias a esos trabajadores a los que todos los ciudadanos pagan sus sueldos. Y que, en ocasiones, incluso ganan premios.

 

Fuerza Nueva, el iconoclasta proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche. Un misil musical ideado para reventar lugares comunes y generar debates: que se aviene bien como banda sonora de este post.

 

Pese a que en el informe PISA la educación española suele aparecer como deficitaria en muchos aspectos, en los últimos años, son ya varios los profesores en centros públicos reconocidos por la excelencia de su labor docente. Uno de los ejemplos más recientes, el de la gaditana Palma García, flamante ganadora de uno de los Global Teacher Award 2019.

 

 

Pese a los recortes en investigación y en I+D que amplíe horizontes a una economía absorta en turismo o ladrillazo: figuras como la médico y paleoantropóloga María Martinon-Torres se convierten en referentes mundiales. La actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH): se ha hecho merecedora de premios tan prestigiosos como la medalla Rivers Memorial del Instituto Real Antropológico de Gran Bretaña e Irlanda.

Pese a los recortes en sanidad con la subsiguiente sobrecarga de trabajo: profesionales sanitarios del sector público montan ONGs. Es el caso de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en Murcia. Un grupo de profesionales, que pagándolo de sus propios bolsillos, llevan 20 años viajando a África para prestar asistencia médica mediante cirugía.

 

Libro king size con las fotografías tomadas por los integrantes del Grupo de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en sus viajes a África.

 

Y podríamos seguir con más ejemplos de empleados públicos, fijos o no, cuyos esfuerzos resultarían difíciles de ubicar en el mapa del empleo público que hace poco publicaba ‘El Economista’. Un medio, que como otros de información económica y financiera, tiene fijación con los funcionarios.

Basándose en la Encuesta de Población Activa (EPA) llevó a cabo ese mapa del que extraía conclusiones como: «las provincias más turísticas son las que menos peso del empleo público tienen». Camarero o funcionario podría insinuar una lectura subrepticia de dicho texto resaltado en negrita. Opciones, en principio, que se ajustan mal a ese perfil de emprendedor que tanto brilla en el discurso de nuestros políticos. Pero ¿acaso no existen emprendedores también en la administración?

 

Fuente: El Economista

 

Procrastinación administrativa. Se podría acuñar algo parecido para definir el sempiterno aplazamiento de una reforma realmente eficiente de las administraciones públicas. Siempre hay excusas o incapacidad política para realmente evitar duplicidades, racionalizar plantillas o promover el reconocimiento, así como el control, en el desempeño de su trabajo, de los empleados públicos. Y sobre todo, impedir que sigan convirtiéndose en agencias de colocación para cargos cesados tras cada nueva reforma de gobierno.

España en general, y la administración pública en particular, suele ser zona de francotiradores.

Profesionales que se mueven en algunos casos solitarios empujados por su vocación en territorios hostiles. Trabajadores que deciden que las horas que tienen que completar en su trabajo, en lugar de jugar al buscavidas o al escaqueo según reza el tópico: prefieren innovar, mejorar e implicarse en su trabajo. Aún a sabiendas de que por ello no van a ganar más dinero, ni conseguirán ningún ascenso.

 

Forges hizo del funcionariado, y la administración en general, uno de los temas recurrentes de su humor.

 

Perros verdes, que aunque nadie les obligue, ni probablemente les reconozca, prefieren antes su satisfacción personal que mimetizarse en la miasma a la que les induce en muchos casos el entorno. Gracias a esos lobos solitarios (en este caso hablamos de funcionarios, pero otro tanto en la empresa privada) el mundo sigue pese a todo girando.

Y ¿qué pasa con los bibliotecarios? Como ya decíamos en Bibliotecarios en el ranking de lo cool los bibliotecarios no cotizan al alza entre los perfiles profesionales del ámbito cultural. Lo de bibliotecario palidece en sepia ante un concepto tan difuso como el de gestor cultural. Pero hay países menos avezados quizás en ese ranking de lo cool cuyos políticos siguen apostando por los bibliotecarios sin cambiarles el nombre.

 

El fantástico proyecto Books and Cubes de biblioteca móvil (articulada en tres módulos) que el estudio de IX Architecs desarrolló y puso a prueba en un colegio de Camboya.

 

El Ministerio de Educación, Juventud y Deportes de Camboya organizó, el pasado julio, un Taller Consultivo para reconocer el potencial aún por explotar de bibliotecas y bibliotecarios. Para ello se discutió sobre estrategias para formar bibliotecarios creativos; y capacitarlos para transmitir el amor por la lectura. Profesionales de bibliotecas que sepan crear espacios atractivos, y que tengan las suficientes destrezas, para inspirar y ampliar los campos de interés de los jóvenes. Ambición no les falta a los camboyanos aunque sea sobre el papel.

En Alemania la última encuesta llevada a cabo por parte de la Asociación de Bibliotecas Públicas de Berlín (VÖBB) arroja un panorama muy favorecedor pese a seguir llamándoles bibliotecarios. El 90% de los mil encuestados (tampoco es que la muestra haya sido muy amplia), independientemente de si son o no usuarios de bibliotecas, las valoran positivamente.

Uno de los motivos por los que les resultaban instituciones de confianza es por ser especialmente útiles en combatir las noticias falsas. Lugares en los que aún es posible formarse una opinión basada en datos objetivos. Gracias, entre otras cosas, al asesoramiento de los bibliotecarios.

La biblioteca central de Berlín galardonada por la Asociación Alemana de Bibliotecas y la Fundación Deutsche Telekom como ‘Biblioteca del año’ en este 2019

 

En Kazajistán, mientras se deciden a hacer realidad el espectacular proyecto de su nueva  biblioteca nacional: siguen apostando por motivar a sus bibliotecarios.

Las autoridades kazajas son conscientes del interés decreciente por dedicarse a la profesión bibliotecaria por parte de los jóvenes (debe ser que en Kazajistán aún no ha calado lo de gestor cultural). Por ello desde la Biblioteca Nacional están promoviendo actividades para involucrar a los jóvenes en los estudios de Biblioteconomía. De manera que proyecten su creatividad en idear nuevas formas de servicios para bibliotecas, y en especial, destinados a personas con discapacidad.

Hace diez años el estudio de arquitectos danés BIG se hizo con el primer premio en el concurso de proyectos de construcción del nuevo edificio de la Biblioteca Nacional en la capital kazaja. Diez años después el deslumbrante proyecto sigue esperando convertirse en realidad.

 

Pero volviendo a nuestro presente más inmediato. ¿Se hablará de cultura en esta repetición electoral? Puede que cultura sea la palabra mágica para desbloquear este bucle electoral en el que estamos girando. Incluso es posible que mitigase el bostezo que provocan los discursos reeditados para adormecer más que convencer. En cualquier caso, no perdamos la esperanza.

Las aves de paso de los políticos, cual cuclillos tejedores, incubarán ideas ajenas, que si salen bien: todos disputarán como propias; y si salen mal: achacarán al rival. O en el peor de los casos, al funcionario de turno. Pero mientras prosiguen repartiéndose nidos de poder: los francotiradores de aquí y allá seguirán haciendo, que pese a todo, siga mereciendo la pena apostar por la cultura, por el progreso, y en lo que nos afecta más de cerca, por las bibliotecas.

 

La última película de Amenábar recupera una figura difícil en la España de antes y de ahora: la de un librepensador. ¿Conseguirá, aunque sea un poco, que las nuevas generaciones se acerquen a la figura de Unamuno?

 

Y ya que arrancábamos de una frase hecha para darle la vuelta: qué mejor que cerrar con un proyecto que rezuma espíritu iconoclasta y provocador. Fuerza Nueva, el proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche.

Himnos patrióticos a los que han hecho reversibles a base de extraer lecturas incómodas para los más dogmáticos. Un disco lanzado con toda la idea el 12 de octubre, Fiesta Nacional, como francotiradores de una provocación que estimula un debate sin miedo a la discrepancia.

 

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Bibliotecarias fuera de contexto

 

Sacar algo de contexto, en principio, está muy feo. Salvo que sea en un experimento científico en el que se aísla un componente para poder estudiarlo mejor. Pero en la actualidad salirse de contexto se convierte en imperativo, en cuestión de supervivencia: si de evolucionar se trata. Todos estamos en una probeta. Incluidas las bibliotecas. El eje sobre el que gravitaban bibliotecas y bibliotecarios se ha desplazado (aunque queden muchos aún sin enterarse) y está por ver en qué terminan reconvirtiéndose tanto las unas como los otros.

 

La bibliotecaria e investigadora aficionada Rebekah Heath (Foto de  Jessica Rinaldi/The Boston Globe via Getty Images)

 

La bibliotecaria estadounidense Rebekah Heath saltó a los medios recientemente gracias a que, con sus pesquisas de investigadora aficionada, había conseguido resolver un caso de asesinato. A Rebekah le pagan por cumplir con sus funciones como bibliotecaria, pero su gran afición por las novelas de Agatha Christie, le llevó a obsesionarse con el asesinato de una mujer y sus tres hijas, cuyos cadáveres, la policía no había conseguido identificar.

La intrépida bibliotecaria, cual Miss Marple treintañera, se aplicó en búsquedas genealógicas, sitios webs de personas desaparecidas y grupos de Facebook especializados: en los que ir rastreando la pista de esta mujer y sus tres hijas. Finalmente, gracias a las pistas recopiladas: el Departamento del Sheriff del Condado de San Bernardino, pudo dar con la pista del padre de las niñas, que resultó ser un vagabundo con antecedentes por asesinar a su anterior pareja. El sospechoso cumplía condena cuando, en 2010, falleció. Una vez resuelto el misterio, la persistente bibliotecaria, se ha propuesto identificar a la tercera de las víctimas, cuyo nombre, no consta en ningún registro.

 

Han habido muchas Miss Marple en películas o series de televisión pero nuestra favorita siempre será la estupenda actriz inglesa Margaret Rutherford.

 

El ensayo que todo aquel que querría convertir su afición en su trabajo debería leer antes de tomar esa decisión.

Convertir una afición en profesión es lo mejor (¿?) que le puede pasar a cualquiera. Y si bien entre las profesiones soñadas por los niños nunca suele aparecer la de bibliotecario; si exceptuamos la de actor: trabajar de bibliotecario es la que deja más opciones para desarrollarse en los más diversos ámbitos. Somos cansinos, sí, pero ya lo decía nuestro eslogan: ‘quien habla de bibliotecas termina hablando de todo’. Y si lo reformulamos pensando en la profesión bibliotecaria podríamos decir que: ‘quien trabaja en bibliotecas podría (en un mundo ideal) terminar trabajando en cualquier ámbito‘. Tal es la cualidad camaleónica que atesora la profesión.

Un argumento para dar peso a esta idea es el hecho de que existan bibliotecas especializadas en todas las materias, sectores y asuntos imaginables. Pero al igual que las escuelas abortan muchas vocaciones prematuras en los niños, las condiciones laborales en la mayoría de los casos: truncan posibles desarrollos personales y profesionales.

La auténtica industria montada alrededor de la nostalgia en torno a la EGB ha dado lugar hasta a giras musicales.

Pero siempre hay gente a contracorriente, como Rebekah y su amor por la criminología, o la activista bibliotecaria Marion Stokes y su afición compulsiva por grabar vídeos de programas de la televisión.

No somos asiduos a esa industria de la nostalgia que tan pingues beneficios da en formato libros, discos, DVD o conciertos del tipo ‘Yo fui a la EGB’. Pero seguro que entre los hábitos rescatados del pasado para cualquiera que viviese su adolescencia/juventud en la era predigital: están las cintas de casete y VHS en las que grabar (y obsequiar a amigos y posibles conquistas amorosas) selecciones musicales dedicadas o los cotizados vídeos de la MTV.

 

 

Las motivaciones de Marion Stokes distaban de las que movían a tantos adolescentes siempre con el botón del REC listo para grabar la última de Radio Futura, Michael Jackson o Mecano. En la web Atlas Obscura dedican un artículo al documental recién estrenado sobre el enorme esfuerzo que Stokes llevó a cabo durante años acumulando grabaciones de miles de horas de programación televisiva.

Si en los años 70 la televisión era blanco fácil para el desprecio de intelectuales y cultivados, Marion no se dejó amilanar por ese desprecio. Con un empeño muy propio de alguien acostumbrado al puntillismo que se asocia a la profesión bibliotecaria, la señora Stokes, acumuló tres décadas de críticas realizadas a la televisión desde la propia televisión. Salvando barreras generacionales, culturales y continentales: Marion Stokes, al igual que nuestra María Moliner redactaba meticulosamente las fichas con las entradas para su diccionario: convirtió en la obra de su vida su afición/obsesión por grabar noticias emitidas por televisión.

Marion Stokes como tertuliana en un programa de televisión en los años 70.

 

Podría parecer un nuevo ejercicio de nostalgia pero se trata de un poemario. Pero nos viene muy bien para ilustrar una moda que vuelve: los casetes.

El valor sociológico, cultural y periodístico de este gran archivo audiovisual gana aún más fuerza en plena era de las fake news. No es de extrañar que muchas de estas grabaciones se estén digitalizando para pasar a formar parte del enorme acervo de la biblioteca digital Internet Archive. El empeño de la multidisciplinar bibliotecaria afroamericana que, en la convulsa década de los 60, inició su andadura como activista por los derechos civiles, feminista, productora de televisión y, ya en los 70, coleccionista audiovisual: es quizás uno de los ejemplos más extremos de lo polifacético que resulta el perfil de un profesional de la información.

La inquisitiva Rebekah Heath o la protéica Marion Stokes son dos historias que hablan de ese potencial de la profesión bibliotecaria. Perdón, de gestor cultural, que es como gusta redefinir ahora a los profesionales en los nuevos másteres y planes de estudio que van tomando el relevo a las avejentadas Biblioteconomía y Documentación. Confiemos en que esos gestores culturales que surjan al mundo laboral lo hagan con capacidad para salirse de contexto cada vez que sea necesario. Y para ello dotarles de una visión de la cultura sin prejuicios e discursos acotados se hace imprescindible.

 

Y ya que hemos hablado de los 70, la industria de la nostalgia, y salirse de contexto: ¿qué mejor que el último vídeo de Lana del Rey? La lynchiana cantante (por David Lynch) ha convertido en un ejercicio de estilo su anacronismo estético y musical siempre deudor de décadas pasadas. Pero es que en el primer vídeo de presentación de su último disco ‘Norman Fucking Rockwell’: se sale de la pantalla cual personaje de la (también nostálgica) ‘La rosa púrpura de El Cairo’ (1985): y canta al verano que poco a poco (confiemos) vamos a ir dejando atrás.

Ni gigantes como Lana, ni pigmeos como los espectadores del autocine: simplemente bibliotecarios fuera de contexto buscando reubicarse en un mundo vertiginoso.

 

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Campamento de verano para amos del mundo (y un bibliotecario)

 

Unir política y religión no es buena idea. Pero visto el panorama político de nuestro país no sería tan mala idea copiar, en parte, los cónclaves cardenalicios para elegir nuevo papa. Si la política se ha convertido en un reality más, el que los encierren bajo llave, sería un buen estímulo para conseguir que se centrasen en el bien común. Y ya puestos, y recordando nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario, que sea en la Biblioteca Nacional en vez de en el Congreso. Con siglos de cultura y civilización alrededor igual se tomaban más a pecho lo de estar a la altura de las circunstancias. Pero fuera en el Congreso, o en la BNE, el aire de estar haciendo un teatro no creemos que se mitigara.

 

El supuestamente selecto campamento de verano para poderosos Bohemian Grove. Aunque viendo la foto no pareciera tan exclusivo.

 

Un teatro, el de la política, que en los últimos años, series como Borgen o House of cards han reflejado de forma apasionante en muchos casos. En esta última, Kevin Spacey, recientemente absuelto de los cargos por abusos sexuales y comportamiento indebido, encarnó magníficamente a un maquiavélico presidente de los Estados Unidos. Y precisamente una de las teorías que corren a cuenta de su caída en desgracia lo achaca a que, en dicha serie, de la que era productor: se habló del secretísimo Bohemian Grove (¿nos la estaremos jugando en este blog?).

 

Kevin Spacey como presidente de los Estados Unidos en House of cards formando parte de los rituales del Bohemian Grove.

 

El Bohemian Grove es un club exclusivamente masculino (‘un bonito campo de nabos’ que diría Leticia Dolera): ubicado en lo más profundo de un bosque de California, que celebra acampadas de verano cada mes de julio. En dicho campamento se reunirían desde presidentes de gobierno a empresarios y políticos para, se supone, simplemente disfrutan del aire libre, la música y el teatro. Los negocios, según reza su lema, quedan fuera del campamento.

 

Foto de Ronald Reagan y Richard Nixon en el Bohemian Grove.

 

El secretismo, como en el caso del grupo Bildenberg, es absoluto. Pero sí se sabe que el último bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos (antes de que por primera vez en la historia una mujer, Carla D. Hayden, ocupase el puesto): formó parte del Bohemian Grove.

¿Un bibliotecario en los círculos del poder? Eso solo podía pasar en los Estados Unidos. ¿O tal vez, a pequeña escala, también se da en el mundo bibliotecario español? No seremos nosotros quienes hagamos saltar esa liebre. El caso es que James H. Billington, que falleció hace solo unos meses: consiguió congregar durante el tiempo en que ejerció como bibliotecario del Congreso a un exquisito círculo de influencers de verdad, no de los que posturean en el Instagram: el James Madison Council.

 

 

Boletín de la primavera 2019 del influyente (y rico) James Madison Council.

Compuesto por empresarios y relevantes figuras de la política o las artes, sus donaciones a la Biblioteca de 25.000 dólares al año: les daban acceso a cenas privadas en el edificio Thomas Jefferson de la biblioteca y accesos exclusivos a la biblioteca y sus colecciones. Eventos, viajes, alojamientos en hoteles de lujo, encuentros con artistas o políticos de todo el mundo: un tren de vida laboral que cuesta trabajo asociar a la categoría profesional de  bibliotecario. Y que en los tiempos finales de su mandato fue fuertemente cuestionado por otros bibliotecarios y algunos medios.

El hecho de que el bibliotecario creador de tan selecto club, Billington, fuera designado en los años 90 por el entonces presidente, Ronald Reagan, y la actual bibliotecaria del Congreso, Carla D. Hayden, lo fuera en 2016 por Obama: hizo pensar que el James Madison Council podría ser cuestionado y desaparecer. Pero nada más lejos de la realidad. La exclusiva sociedad filantrópica sigue activa y funcionando bajo el mandato de Hayden. Lo que no nos consta es que, en el Bohemia Grove, se hayan saltado su norma de excluir a mujeres y Hayden forme parte de sus acampadas.

 

Frase extraída de las grabaciones realizadas a Nixon: «Bohemian Grove, a donde asisto de vez en cuando, es la cosa más jodidamente desquiciada que puedas nunca imaginar.»

 

Pero salvando casos tan excepcionales en el gremio bibliotecario como el de ser bibliotecario de la Library of Congress: ¿qué poder de decisión/influencia tienen los bibliotecarios en las decisiones que se toman en torno a la cultura? Como en todo dependerá de cada caso y circunstancia: pero precisamente hace unos días nos hacíamos eco, en nuestra cuenta de Facebook, de que la Federación del Gremio de Editores quiere convertir a España en una potencia lectora. Y para ello abogan por un Pacto de Estado por la lectura.

 

Avance del análisis del mercado editorial que publicó hace unos días la Federación de Gremios de Editores de España. El texto completo aquí.

 

Una muy buena noticia. Pero como muy oportunamente se pregunta en un comentario Glòria Pérez-Salmerón: ¿y dónde quedan las bibliotecas en este pacto? Y lo dice la actual presidenta del organismo más importante de bibliotecas a nivel mundial. Confiamos en que, aunque no sea en nuestro Facebook, la pregunta al aire de Pérez-Salmerón no quede sin respuesta.

Los bibliotecarios, cuando se lo proponen y se asocian, pueden hacer presión como cualquier otro grupo social. A finales de junio tuvo lugar la conferencia anual de la American Libraries Association, y algunas de las medidas adoptadas, han desconcertado profundamente al portal de ideología conservadora Ricochet. Nostálgico del estereotipo bibliotecario más rancio ha publicado un artículo donde se pregunta: ¿Cuándo se han despertado los bibliotecarios?

 

Y no es para menos, desde su perspectiva, porque entre las medidas adoptadas por los bibliotecarios estadounidenses se encuentran cuestiones tan incómodas para un partidario de Trump como:

  • sesiones bajo el título «Confrontando el nacionalismo blanco en bibliotecas»: que abordaban medidas para combatir el supremacismo blanco en las bibliotecas y conseguir hacerlas más inclusivas y democráticas;

  • se habló del Proyecto de la Biblioteca de los Nuevos Americanos: una serie de programas y servicios bibliotecarios para apoyar a las poblaciones migrantes y de refugiados;

  • programas como «Alimentos para el pensamiento» para combatir la malnutrición de los más desfavorecidos y que, en algunos casos, incluyen meriendas para niños en las bibliotecas;

  • programas bajo el título «Letras como literatura: uso del hip-hop para amplificar la voz de los estudiantes y la justicia social»;

  • las protestas por la hora del cuento llevada a cabo por una drag queen fueron objeto de debate. Se habló de las posibles medidas a adoptar para que la diversidad sexual y afectiva esté presente en las bibliotecas.

 

Con este muestrario no es de extrañar que el citado medio conservador exprese su añoranza por las bibliotecarias de cárdigan y rodete. Pero ¿y los profesionales de bibliotecas españolas? ¿están despiertos? Una pregunta que dejamos en el aire para que cada uno responda según su experiencia.

Pero volviendo, para terminar, a ese bosque californiano en el que se reúnen los más poderosos cual Boy Scouts. Según relatan los que se han conseguido infiltrar: se practican rituales, se representan obras de teatro travestidos, como en el teatro shakesperiano (¿no será un Brokeback Mountain de poderosos?): y se refuerzan unos a otros como amos del mundo. Pero ¿esto se lo puede tomar alguien en serio? ¿realmente actúan así los amos del mundo?

 

Representación teatral en el Bohemia Grove por los años 30 del pasado siglo.

 

Visto el panorama más que estar tan pendientes de políticos y poderosos: las bibliotecas hacen mejor en promover esa sociedad civil que demuestra, la mayoría de las veces, mejor criterio que los responsables políticos que, por otra parte, termina eligiendo.

Nosotros por nuestra parte ya hemos elegido. Vamos a buscar algún bosque en el que perdernos. Pero sin campamentos secretos que nos hagan sentirnos importantes. Con un plano para no extraviarnos, y buenas lecturas, nos basta y nos sobra para sentirnos poderosos. ¡¡FELIZ VERANO CULTURAL!!

 

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Líneas rojas bibliotecarias

En la maravillosa película La linterna roja (1991) de Zhang Yimou: una linterna roja frente a una de las viviendas de las cuatro esposas de un señor feudal: significaba quien era la elegida, cada noche, para yacer con su marido y amo. Quien haya visto la película difícilmente podrá olvidar la belleza de sus imágenes, en las que el color rojo, se carga de simbolismo y significado. El rojo de la sangre menstrual como arma arrojadiza entre cuatro mujeres enclaustradas: que compiten en sus luchas por el poder dentro de los muros de un castillo.

Arrancar trayendo a colación la película de Yimou no necesita justificación, siempre es saludable recordar buenas obras para revisarlas o poner sobre su pista a quienes no las hayan disfrutado: pero es que la actualidad, siempre tan oportuna, nos trae una noticia que da aún más vigencia a algo de lo que hablábamos en el post anterior.

 

El documental, producido por Netflix, sobre los tabúes que rodean al ciclo menstrual en la India que se alzó con un Óscar en la edición de este año.

 

En La biblioteca como ornamento contamos el ardid de unos diseñadores alemanes para denunciar/soslayar el abusivo IVA que grava a los tampones en su país vendiéndolos dentro de un libro. Un libro de tampones que unía insospechadamente una cuestión de higiene íntima con el mundo bibliotecario. Y ahora desde Canadá nos llega otra noticia que vuelve a unir ambos asuntos.

El emoji para representar la menstruación que también nació entre polémicas.

Los baños de las bibliotecas públicas de la ciudad de Halifax distribuirán, de forma gratuita, tampones y toallas sanitarias. Una medida que ha sido celebrada por activistas como Jodi Brown que lleva varios años promoviendo campañas para conseguir productos sanitarios y de higiene para las personas más desfavorecidas.

De este modo, tampones y toallitas se equiparan al jabón y papel higiénico como productos a ofrecer en cualquier aseo de un establecimiento público. Pero algo, en apariencia, tan cotidiano entronca con un discurso feminista, cada vez más presente, en torno a la necesidad de desestigmatizar/visibilizar todo lo que rodea al ciclo menstrual femenino.

 

El espectacular hall rojo de la biblioteca pública de Seattle. Un desafío cromático a los sentidos.

 

La reciente y esteticista adaptación del clásico de Argento que ha llevado a cabo Luca Giardino.

Y al igual que el rojo de la película de Yimou nos ha servido para marcar el inicio del post: ahora es una foto del provocador hall rojo de la Biblioteca Pública de Seattle que, cual decorado de una película de Dario Argento, traza la línea roja que demarca un giro en nuestra narración.

La planta roja de la biblioteca de Seattle representa a la perfección la idea que de las bibliotecas propagan figuras como el creacionista estadounidense Ken Ham que, a través de Twitter (¿dónde iba ser si no?), ha declarado que «las bibliotecas públicas se están convirtiendo en lugares peligrosos».

 

La galardonada obra de teatro ‘Red’ de John Logan gira en torno a la figura del pintor Rothko y ha sido estrenada hace poco en nuestro país.

No sabemos si conocerá ese vestíbulo de rojo mareante de la biblioteca de Seattle; de hecho no sabemos si habrá pisado muchas bibliotecas el tal Ham: pero lo que es probable es que esa imagen debe representar, como pocas, el infierno intelectual en el que vive el susodicho. «El hombre que cree que la Tierra tiene 6.000 años de antigüedad: dice que las bibliotecas están empezando a ser peligrosas para los niños».

Así reza el titular que da para un meme con el que se cuenta la noticia en ‘The New York Daily News’.  El célebre evangelista estadounidense acusa a las bibliotecas de estar poniendo en peligro las mentes más tiernas al exponerlas a libros y documentos  LGTBIQ y feministas . Un cuento que ya nos sabemos de memoria de tantas (malas) versiones como de él se han dado en las noticias de distintos países. Pero más allá de las acusaciones contra las bibliotecas, la figura de Ken Ham, bien merece un pequeño inciso en nuestro rojo recorrido.

 

El Kentucky’s Ark Encounter es el parque temático cristiano evangelista promovido por el creacionista Ken Ham. En él se puede visitar este Arca de Noé tamaño real.

 

Ken Ham es el propulsor y director del parque de atracciones temático Ark Encounter en Grant County, Kentucky. Aparte de la reproducción del Arca de Noé el parque cuenta con un museo donde la historia de la humanidad se cuenta desde el punto de vista creacionista; y hasta tienen en proyecto construir la Torre de Babel. No hemos podido constatar que el parque cuente con una biblioteca: pero en el caso de que esté en proyecto: nos encantaría conocer todos los detalles de dicha biblioteca, y sobre todo, de la persona al frente de la misma.

Este tipo de noticias, en el pasado más inmediato, siempre nos horrorizaban/divertían desde la distancia de seguridad que nos daba tener un océano cultural y físico entre: los siempre contradictorios Estados Unidos y, la vetusta y venerable, Europa. Pero ese cordón sanitario cultural, esa línea roja, hace mucho que se desvaneció.

 

 

Hace solo unos días Abderramán III se convirtió en trending topic siglos después de su muerte. El hecho de que la primera medida adoptada por el equipo municipal de gobierno del pueblo zaragozano de Cadrete haya sido retirar un busto de Abderramán III: ha copado los titulares de los medios y las redes.

No hace falta hablar de lugares en ultramar. Tenemos los totalitarismos a la vuelta de la esquina. Con una variedad de colores y espectros (por no decir fantasmas) ideológicos que los norteamericanos, tan binarios en lo político como son ellos, no serían capaces de imaginar ni en una producción de Hollywood.

 

Bibliotecarios sin fronteras: organización canadiense que promueve a las bibliotecas sin distinciones geográficas en más de 75 países.

 

Nuestra corresponsal en Nueva York, Irene Blanco, hace poco en este blog, nos corroboraba lo implicados que están los bibliotecarios neoyorquinos con su comunidad. La sociedad civil y el activismo en los Estados Unidos es uno de los rasgos más admirables de la sociedad estadounidense: y el gremio bibliotecario, en ese sentido, no queda al margen. Todo lo contrario. En numerosas ocasiones ha demostrado su firmeza cuando de defender la libertad de expresión y la función de las bibliotecas se trata.

Las comparaciones sobran. Pero ya que los políticos no paran de hablar de líneas rojas y cordones sanitarios, entre unos y otros, la pregunta surge sola: ¿qué líneas rojas marcarían los bibliotecarios españoles al ver amenazadas la libertad de expresión o la libre circulación de las ideas en sus centros? ¿qué fronteras culturales estarían dispuestos a defender ante eventuales ataques a los principios que recoge el Manifiesto de la IFLA/Unesco sobre bibliotecas públicas?

 

Los bibliobúses: activismo bibliotecario sobre ruedas.

 

La película de Frederik Wiseman sobre la Biblioteca Pública de Nueva York: blockbuster bibliotecario de la temporada.

Ya lo decía hace poco el documentalista Frederick Wiseman al visitar nuestro país: «Una biblioteca es un arma política«: puede ser solo cuestión de tiempo que los que no habían caído en la cuenta de esa verdad sean conscientes y decidan usarla. Máxime cuando, posturas hasta ahora impensables en nuestro entorno más cercano: se abren paso en las administraciones de las que dependen las bibliotecas.

Afortunadamente, en contrapartida, también hay noticias que están dibujando líneas, rojas o no, con las que perfilar horizontes más esperanzadores.

Es el caso de las bibliotecarias aragonesas que se han unido para reclamar un reconocimiento a su labor y, sobre todo, compromiso por parte de las administraciones con la labor que las bibliotecas pequeñas desarrollan en el mundo rural. Es también el caso del ilusionante Manifiesto de bibliotecas inquietas que ha surgido en Valencia.

Puede que no tengamos la tradición activista de los Estados Unidos, ni una sociedad civil con una capacidad de movilización tan potente: pero ya que insisten e insisten tanto políticos y medios en ello: es buen momento para parar un instante y preguntarse: ¿cuáles serían nuestras líneas rojas bibliotecarias?

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Postales bibliotecarias de NYC: entrevista con Irene Blanco

Fotografía de Berenice Abbott. West Street, 1932

 

Los vientos soplaban favorables porque lo cierto es que, cuando nos vimos abocados a reinagurar el blog de Infobibliotecas, nada de lo que ha acontecido estaba previsto. Según los psicólogos tres de los hechos más traumáticos y estresantes que pueden acontecerte son: un divorcio, la muerte de un ser querido y una mudanza. Pues bien, en lo que (afortunadamente) nos atañe, la mudanza, no ha podido resultar más placentera.

Como si de un plan urdido a conciencia se tratase, de manera inesperada, el camino de Infobibliotecas se cruzó con el periplo neoyorquino de Irene Blanco. Y de repente se nos planteaba una oportunidad única para tener conexión directa con el inquieto mundo bibliotecario de la Gran Manzana. Han sido siete crónicas, a cual más interesante, que no podíamos concluir sin un último añadido: una charla, ya ajena a los frenéticos ritmos de la metrópoli, con la que celebrar el regreso de la mejor corresponsal que podríamos haber imaginado. Nos ajustamos a la máxima de la muy neoyorquina Dorothy Parker que tan bien ha aplicado Irene Blanco en sus crónicas:

«La cura para el aburrimiento es la curiosidad. No existe cura para la curiosidad.»

 

Antes que nada disípanos una preocupación que tenemos. ¿Se te ha pegado algo de ese carácter neurótico, malencarado y agresivo con el que los estereotipos caracterizan a los neoyorquinos?

Jajajajajajajaja New York es una selva total, es cierto que es un choque esa agresividad con la que la ciudad se manifiesta en algunos momentos y lugares (véase hacer transbordo en Grand Concourse en hora punta ;)) pero los neoyorquinos tienen ese carácter que también te empodera mucho. Dicen que en NYC todo es posible, es cierto que se respira ese espíritu luchador y emprendedor, pero nada es gratis en la tierra de las oportunidades, hay que luchar y puede resultar cansado. Eso sí, si sobrevives a esa ciudad, luego España te parece «a walk in the park».

¿Te fue fácil la adaptación? ¿es una ciudad que, pese a lo mastodóntica y aparatosa que es, te hace sencillo integrarte en su día a día?

No es una ciudad sencilla, la vas descubriendo a cada paso y con muchas equivocaciones, a mi me suele costar un mes acostumbrarme al ritmo, a las distancias, a los trenes y los horarios. Yo pensaba que después de más de diez años en Madrid era una urbanita, pero aquello es otro nivel de locura. Realmente todo es muy diferente a España, aún no me aclaro con los grados Fahrenheit, ni las millas o las pulgadas, pero ya me oriento en Manhattan y se calcular los tips, ¡todo reto tiene algo de apasionante!

¿Crees que los espacios culturales, como las bibliotecas, ayudan a integrarte mejor a un entorno nuevo, y puede que en ocasiones, hasta hostil?

Definitivamente. Una de las diferencias que encuentras con Madrid es que en NYC hay que pagar por casi todo lo cultural, y las bibliotecas son de los pocos espacios que molan mucho que, además, son gratis. Y es muy bonito ver integrada a la diversidad de su ciudadanía en un mismo espacio que te acoge sin hacer preguntas, ser parte del mismo y  disfrutar de los útiles recursos que ofrece al recién llegado. Y como para cualquier bibliotecaria, en la biblio te sientes un poco en casa.

Por las estupendas crónicas que nos has ido enviando se puede notar una progresión. Al principio el deslumbramiento ante la mítica ciudad; después el paulatino descubrimiento de iniciativas interesantes en las bibliotecas; y en las últimas crónicas, una implicación con el poder de las bibliotecas en su comunidad. ¿Esta evolución las has vivido realmente así o es una impresión nuestra?

Ha sido así totalmente. Con la ciudad pasa lo mismo que con la biblioteca, primero te deslumbran los focos de Times Square o del Culture Pass y luego ves lo que hay detrás, entiendes cómo funciona la ciudad, las desigualdades que se viven en diferentes barrios, cómo son las interacciones entre los habitantes… y empiezas a comprender cómo la historia reciente de este país sigue repercutiendo en todas sus realidades y el sentido que tienen las bibliotecas en ese lío. Además, creo que las bibliotecas de NYC son como un pequeño laboratorio social para entender cómo funciona su sociedad actual y también cómo se proyecta eso en este mundo globalizado, donde consumimos tanta cultura norteamericana, a veces sin ser conscientes de lo que asumimos.

En un tuit al hilo de una de las crónicas apuntaban que, tal vez, el que en nuestro país las bibliotecas no jueguen un papel tan fuerte en cuanto a compromiso social es porque afortunadamente contamos con más asistencia social. Comparando la realidad bibliotecaria española y lo que has podido observar en Nueva York ¿hay puntos en los que salimos ganando en comparación?

Antes de nada, me gustaría señalar que ni las bibliotecas, ni los bibliotecarios de NY, son perfectos. He tenido la suerte de recorrer unas cuantas y cada una tiene sus características, muchas se parecen a las españolas donde me crié, y en las que he tenido la suerte de trabajar. No hay que idealizarlas, a pesar de que en mis crónicas haya señalado las cosas positivas y que creo que son interesantes, en España tenemos excelentes profesionales y grandes bibliotecas donde he sido muy feliz. Lo que pasa es que en la intensidad de Nueva York las bibliotecas son un refugio inesperado, cool e imprescindible desde que se fundó la ciudad.

Creo que en España gozamos de un cierto estado del bienestar que nos puede colocar a muchos ciudadanos en un lugar privilegiado en el que, aparentemente, pensemos que no necesitemos ese compromiso social bibliotecario. Pero pienso que la realidad es más compleja y que siempre hay que cuestionarse quiénes son los excluidos del sistema para reflexionar cómo les ofrecemos ese servicio público cultural que la biblioteca promete. Usuarios jóvenes, racializados, discapacitados, sin hogar… ¿están realmente integrados o incomodan?

Creo que, a veces, quizás no nos damos cuenta de la sociedad adultocéntrica, racista, LGTBifóba y excluyente con el diferente en la que vivimos y cómo se refleja eso en los lugares públicos. Y aunque estuviésemos en un escenario social ideal, creo que el compromiso público de las bibliotecas siempre ha de existir porque son lugares de convivencia, donde los usuarios disfrutan de un ocio no consumista, que garantizan un acceso a la cultura igual para todos y que hacen fuertes los barrios.

No me gusta pensar en una biblioteca «para los que necesitan servicios» ni victimizar a ciertos sectores de la población. Me gusta entender a la biblioteca como algo necesario para todos, donde lo bonito es que exista esa convivencia en torno a la cultura y no relajarnos por tener una buena Seguridad Social o una Educación Pública envidiable. Pienso que la biblioteca debe de ser parte de este engranaje de una sociedad saludable.

Eres experta en SEO, SEM y Social Media y precisamente, en tus crónicas desde Nueva York, nos has hablado sobre todo de iniciativas que tienen que ver mucho con las bibliotecas como espacios públicos para experiencias físicas compartidas. La tecnología es esencial pero ¿se puede afirmar que la biblioteca como espacio real es una apuesta de futuro tan, o más importante, que la biblioteca como experiencia virtual?

Bueno, creo que en las bibliotecas -como en cualquier otro espacio de nuestra vida- lo tecnológico ya convive con lo analógico y no lo entiendo como una lucha ni un enfrentamiento, sino como algo natural. Y quizás por este futuro/presente digital creo que es más importante aún conservar lugares físicos de encuentro; lugares donde la multitarea se pare, donde haya una energía de lectura y murmullos. Quizás es porque soy una clásica, pero el ritual de recorrer las estanterías, venirme arriba y coger en préstamo dos o tres libros, no me lo quita el tener instalada la app de audiolibros y leer en digital. Una de las cosas que más me gustan de las bibliotecas de NYC es cómo dan una presencia física y digital de calidad, cómo un usuario puede elegir entre la experiencia de ir a la biblio o navegarla y que ambas sean interesantes.

Hablar de patrocinio o mecenazgo por parte del sector privado en bibliotecas de nuestro país es siempre un tema que enciende los debates. En los Estados Unidos multinacionales como McDonald’s patrocinan en muchos casos a las bibliotecas. Tras tu periplo estadounidense ¿tienes otra perspectiva sobre este asunto?

Estados Unidos es la tierra de la propina, la ciudadanía tiene claro que para que algo tire tiene que aportar su granito de arena y eso no es necesariamente bueno. Además, me llama la atención que las bibliotecas organizan unos fundraising de lo más interesante: desde galas y eventos a vender merchandising chulísimo, no hay una newsletter que no te recuerde donar una pequeña contribución a la biblioteca y lo que eso supone para la comunidad. Por otro lado, recordemos que allí está bien visto ser millonario, los más ricos donan grandes cantidades de dólares y son aplaudidos por ello. Sólo hay que ir al hall de la biblioteca principal y ver todos los millonarios que la levantaron.

Quizás en España sentimos que lo público «ya lo estamos pagando» y no sentimos que haya que aportar nada más o confiamos mucho en cómo funciona la fiscalidad… no sé, no entiendo de economía, pero es muy bonito ver a los usuarios y empresas apostando por a las bibliotecas, valorándolas así.

Se habla mucho de las bibliotecas como las instituciones más democráticas que existen. En una ciudad en la que las diferencias sociales están tan marcadas, como nos contabas en la primera crónica ¿en las bibliotecas se reflejan esas diferencias o se perciben como un espacio neutro en este sentido?

Cada biblioteca es un mundo, dependiendo del barrio se perciben unas cosas u otras, no es lo mismo una biblioteca de Downtown a otra del Bronx… pero en líneas generales, a mí sí que me han parecido lugares neutros. Comparten espacio usuarios diversos, con diferentes necesidades pero con una actitud bastante respetuosa, aunque alguna escena he visto también divertida. Es que esa ciudad es mucho.

En la tercera crónica nos hablabas de la fantástica iniciativa de un club de lectura compartido por toda la ciudad. Y nos decías los libros que habían escogido para ese club multitudinario. Al final ¿te has podido leer alguno? Dinos cuál porque más de una biblioteca puede montar con la excusa un club de lectura con aire neoyorquino.

¡Aún no he leído ninguno! Pero quiero leerme Free Food for Millionaires para profundizar en el tema de la identidad al que se enfrentan las nuevas familias estadounidenses y cómo combinan esa necesidad de permanecer conectado con su cultura de origen con el deseo de éxito, con el sueño americano. Y no se mucho del pueblo coreano, ¿qué más se puede pedir? Este verano nos podríamos animar y ser parte del club de lectura ‘New Yorker’ siguiendo el hashtag #OneBookNY 😉

Nos has contado muchas iniciativas que inspirarían a cualquiera pero haciendo memoria ¿cuáles de ellas ves más adaptables a nuestra realidad?

Lamentablemente, llevo demasiado tiempo despegada del trabajo de las bibliotecas y creo que esta pregunta requeriría una conversación tranquila con bibliotecarios españoles, que saben la realidad de los recursos con los que cuentan y entienden sus márgenes de innovación. Pero por responderte, en plan carta a los Reyes Magos, a mi me gustaría ver un staff más diverso y que se pudiesen abrir las contrataciones de personal, que no todos tuvieran que pasar por oposición para ponerse detrás de un mostrador y encontrarme trabajadores con especialidades en trabajo social, mediación, marketing y otros perfiles con las que cuenta la NYPL. Creo que es un plus que las hace más dinámicas.

Y por último, ha sido un auténtico lujo poder contar con una corresponsal como tú en NYC. Nunca hubiéramos imaginado que esta ventana bibliotecaria a la cultura del siglo XXI que queríamos abrir en este blog iba a arrancar con unas vistas tan espectaculares. Las puertas de nuestro loft, pisito, apartamento, cabaña o cuchitril (teniendo cultura alrededor cualquier sitio es un hogar) siempre están abiertas para cuando te pille de paso visitarnos.

El placer ha sido mío, gracias por dejarme contar estas aventuras de una cartagenera en Gotham y reflexionar juntos. Me he sentido como en casa, tenéis un loft que ya lo quisieran en la 5th Avenue.

 

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Una bibliotecaria española en Nueva York. Sexta y última crónica

 

Justicia restaurativa en bibliotecas de Nueva York

 

Ya hemos visto en otros posts que eso de que «las bibliotecas son para todos» es una gran declaración de valores que, en ocasiones, tomamos por buena y como verdad absoluta. Pero trabajar para hacer realidad esa intención pública es un proceso activo y continuo, que no se materializa sólo por el hecho de ser un lugar «público».

 

 

En el congreso de Urban Librarians, que se celebró en la ciudad de Nueva York bajo el lema «Libraries as a place», he tenido el gusto de escuchar la interesante charla que hicieron Maggie Craig, Katrina Ortega y Crystal Chen, bibliotecarias de la NYPL que trabajan con usuarios jóvenes, preocupadas en cómo se forja la comunidad desde las bibliotecas, cómo se responden a los diferentes conflictos que surgen o al comportamiento desafiante en sus espacios públicos. Aquí van todas las notas que pude tomar, como buena nerd que soy, de todo el conocimiento que nos transmitieron estas profesionales.

Pioneras en aplicar lo que se denomina «justicia restaurativa» y en aplicar diferentes enfoques de aprendizaje socioemocional, para fomentar la comunidad de sus bibliotecas, incorporando valores de equidad, inclusión y esa «justicia para todos» que promete la Constitución de este país.

La justicia restaurativa también llamada justicia reparadora o justicia compasiva, es una forma de pensar la justicia cuyo foco de atención son las necesidades de las víctimas y los responsables del delito, y no el castigo a estos últimos, ni el cumplimiento de principios legales abstractos: intentando evitar estigmatizar a las personas que han cometido un delito y entendiendo las causas de dónde viene.

 

 

Sólo por aportar un poco de contexto a la realidad de dónde viene todo este movimiento, extraída de «We Want to Do More Than Survive» de Bettina Love:

  • Hasta entrados los 60, el acceso a las bibliotecas para la comunidad negra estaba limitado.
  • Esta segregación continúa en los colegios y barrios.
  • Las prácticas de castigo/multas/vigilancia policial refuerza esa exclusión.
  • Se continúa invisibilizando a las razas no blancas.
  • EEUU es el país del mundo que más gente tiene en prisión del mundo, lo que supone que 2,7 millones de niños tengan, al menos, a un progenitor en prisión.
  • Las personas racializadas son el 37% de la población de EEUU y el 67% de la población encarcelada.
  • Los colegios públicos son vigilados por policías, criminalizando y castigando a niños más vulnerables, que suelen ser de color.

 

¿Qué papel tienen las bibliotecas como instituciones que afirmen valores positivos y justos para la comunidad?

Los espacios donde los niños experimentan comunidad e infraestructura social -el colegio, la biblioteca, el parque- son lugares donde aprenden sobre cómo funciona el mundo, cómo manejar un conflicto, cómo lidiar crítica y creativamente con la realidad, qué es o qué han de esperar de los líderes de la comunidad, de las figuras de autoridad y cómo son vistos y tratados en comunidad.

 

 

«Cuando un niño es excluido, eso le enseña a otros niños que pertenecer a la comunidad de la clase es condicional y no absoluto, que depende de la capacidad de ser complaciente o tener un comportamiento determinado. En este paradigma, complacer es un privilegio que es ganado a través de la docilidad, no siendo un derecho humano del niño». Troublemakers de Carla Shalaby.

 

 

¿Cómo crear espacios donde se encuentren los jóvenes y reflejen sus necesidades, identidades y experiencias?

Craig, Ortega y Chen explicaban cómo crear espacios diseñados para esta comunidad y evaluaban los espacios de la biblioteca con estas sencillas preguntas:

  • ¿Hay vigilancia?
  • ¿Cuáles son las dinámicas de poder?
  • ¿Las señales son accesibles? ¿Están en varios idiomas?
  • ¿Las señales usan lenguaje negativo o sancionador?
  • ¿Las mesas de trabajo son individuales, de grupo o de las dos?
  • ¿Están las estanterías altas o bajas?
  • ¿Los libros están accesibles?
  • ¿Hay un espacio diferenciado para la infancia y/o a los adolescentes?

La justicia restaurativa es una práctica proactiva. ¿Qué tipo de cultura experimentan los niños y jóvenes cuando van a la biblioteca? ¿Es una cultura de la libertad o una cultura del control?

  • ¿Son los bibliotecarios agentes del orden?
  • ¿Dónde es necesario/productivo/positivo el control?
  • ¿Cómo pueden los bibliotecarios acercarse más hacia la figura de mentor o facilitador que a la de controlador?

También nos daban estos interesantes consejos para construir esa «cultura de comunidad«:

  • Examina las normas existentes y los procedimientos de la biblioteca. Es importante interrogar las normas del mismo modo que lo hacen los niños, y estar preparado para responder con respeto y escucha activa, cuando los niños pregunten por qué existe o ha de cumplir una norma.
  • No decir «no» si realmente esa respuesta negativa no es necesaria. No ejecutar el control si no hay daños o peligros reales.
  • Celebra las ideas y las sugerencias de los niños.
  • Crea plataformas y canales para que los niños se expresen.
  • Considera el feedback con respeto y mente abierta.
  • Demuestra aprecio ante las habilidades, talento y experiencia de los niños en la biblioteca. Consúltales su opinión cuando tengas la oportunidad
  • Apréndete y usa sus nombres.
  • Saluda a cada uno cuando lleguen.
  • Fomenta la implicación y la participación en el espacio.
  • Involucra a los jóvenes en formas de participación relevantes para la biblioteca.
  • Genera ‘engagement‘ invitándoles a crear carteles, señales, liderar ciertas actividades (ejemplo: reunir a otros niños para asistir a la hora del cuento), cuidar de las plantas, enseñar a otros a cómo hacer algo.
  • Ten conversaciones con niños y jóvenes. Pregúntales cosas y ten en cuenta su opinión.

Sin olvidar lo más importante: el poder de las relaciones. Las relaciones son fundamentales para crear lazos de unión entre los usuarios de la biblioteca. El cuidado, las interacciones individuales y la paciencia hacen que el respeto y la confianza en la biblioteca como espacio crezcan.

¿Qué pasa cuando hay un comportamiento o situación desafiante? Estas bibliotecarias proponen lo siguiente:

  • Establece límites y estate presente.
  • Cuando surja un problema, intenta mediar como un mentor. ¿Qué es lo que dices cuando observas situaciones de bullying? ¿Qué haces cuando observas actitudes machistas, racistas o LGTBIfobas entre los miembros de la comunidad? ¿Cómo actúas como profesional que custodia la cultura?
  • Es importante llevar a cabo una intervención, atención individual y una escucha activa.
  • Antes de castigar un comportamiento, ofrece opciones a los jóvenes que han hecho algo mal.
  • Busca alternativas antes de llamar a la policía.

No es fácil comenzar a cambiar hábitos asociados al trabajo diario, especialmente cuando existe una cultura de trabajo muy arraigada y limitaciones de recursos, apoyos institucionales o de tus propios colegas que no ven claro un cambio. Es importante llegar a un equilibrio entre lo ideal y la realidad.

Mide el alcance de tu influencia:

  • ¿Hasta dónde llegan los auxiliares de biblioteca?
  • ¿Qué pueden hacer los directores de las bibliotecas?
  • ¿Qué puede hacer la administración?

Un trabajo con semejante implicación, no está exento del llamado ‘burnout‘ por lo que estas bibliotecarias no olvidaron recordar la importancia del autocuidado como pieza clave, para poder afrontar este cambio de paradigma en la biblioteca pública: conociendo nuestros propios límites y respetándolos, cogiendo vacaciones, haciendo paradas de descanso, respetando horarios, teniendo tiempo para conciliar trabajo con familia, hobbies, desarrollando una red de apoyos, creando una cultura de autocuidado en la biblioteca.

Todas las bibliotecas son diferentes (espacios, diseño, arquitectura, staff, líderes, comunidades, desafíos). ¿Cómo pueden los bibliotecarios encontrar maneras de escalar estas prácticas de justicia restaurativa y de construcción de comunidad a su contexto local?

Quizás podemos comenzar respondiendo a estas preguntas:

  • ¿Cómo puede tu biblioteca conocer las necesidades del área a la que das servicio?
  • ¿Cómo describen la biblioteca los niños/jóvenes/adultos?
  • ¿Cómo puedes hacer de tu biblioteca un espacio donde los jóvenes se sientan libres, autónomos, confiados y respetuosos?
  • ¿Cómo puedes demostrar respeto y cuidado de los niños que usan la biblioteca?
  • ¿Es una realidad posible? ¿Qué es lo que necesitas?

Cuando escuché esta charla me explotó un poco el cerebro porque visualicé claramente cómo muchas bibliotecas públicas son lugares con normas, quizás, demasiado marcadas y estrictas para los más pequeños, que pueden perpetuar la exclusión que sufren los colectivos más marginados. Sería muy bonito poder trabajar y aprender de estas bibliotecarias, tan dispuestas a arremangarse y ser parte del cambio que quieren ver en las bibliotecas. Nadie dijo que fuese fácil.

Hasta aquí llegamos en este viaje por las bibliotecas de Nueva York. Muchas gracias por acompañarme hasta aquí y visitar conmigo sus bibliotecas, como si fuesen el mismo Empire State.

 

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