Festivales, relax y mundos bibliotecarios, en el nuevo número de Infobibliotecas

En verano cierran, lamentablemente, muchas bibliotecas pero la cultura está en la calle y se celebra. A estas fiestas-festivales dedica el tema principal el último número de la revista Infobibliotecas que estará empezando a llegar a vuestras manos. Aquí os adelantamos algunos de los contenidos. REvistaPortada13Para hacernos una idea del fenómeno festivales, empezamos con algunas cifras: solo en Cataluña se celebran 360 festivales de música cada año, casi uno por día, con 1,5 millones de espectadores que dejan 300 millones de euros. Con el éxito de los festivales culturales se ha demostrado algo: que la cultura popular puede ser una herramienta de atracción turística de primer nivel, y ya sabemos cómo se anhela desde las administraciones públicas de este país cualquier palanca que pueda hacer llegar visitantes y hablar de forma casi inmediata del dinero que tales visitas han dejado en la ciudad. Lo de que sea cultural, en sí, perece secundario. Lo que importa es el lado crematístico de la historia. Haciendo un inciso aparte del tema que aborda la revista, esto nos recuerda, en el fondo, a las partidas dedicadas a la cultura en los recién presentados Presupuestos Generales del Estado, con las bibliotecas un año más relegadas a cifras ridículas porque parece ser que ni son Marca España ni los responables políticos son capaces de ver el impacto social, económico y cultural que tienen. En este artículo publicado en Voz Populi lo explica muy bien Karina Sainz Borgo. Volviendo a lo que nos cuenta la revista, podréis leer cómo están colaborando las bibliotecas en algunos festivales importantes, como el Hay Festival o PhotoEspaña, y podréis degustar un interesantísimo análisis del profesor Héctor Fouce sobre los festivales como casi una representación perfecta de la cultura de hoy, cultura como experiencia social, casi como lo era en las plazas medievales solo que ahora, además, se comparte en las redes antes y después. Por último, y sobre el tema central, seleccionan para nosotros los mejores festivales por temas, y nos guían sobre cómo sobrevivir a ellos.

Relax bibliotecario

RelaxbibliotecarioY hablando de sobrevivir, en otro de los reportajes de la revista, esta que escribe este blog os habla de cómo salir indemnes de todo un año de trabajo, es decir, cómo llegar a las semanas previas a las vacaciones con algo más que el último aliento. La profesión de bibliotecario, digan lo que digan los clichés, es estresante, y así lo demuestran algunos estudios de los que os hablamos. Eso de la multitarea, la monotonía, las dificultades del trato con el público, el espacio físico de trabajo, la falta de participación en la toma de decisiones, la necesidad de justificar tu profesión… hay muchos factores que generan ansiedad, pero también muchas formas de sobrevivir a ella. En la mano de cada uno de nosotros están herramientas como la práctica de técnicas de relajación o el mindfulness, que aunque parezca ahora nada más que una moda, tiene mucho potencial para ayudarnos. Pero también hablamos de formas de organizar el trabajo y las relaciones laborales que ayudan a que todos trabajemos más y seamos más felices haciéndolo.

Entrevistas

Alicia Sellés, presidenta del Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de la Comunitat Valenciana (COBDCV) y recién elegida vocal del consejo ejecutivo de EBLIDA, nos cuenta mucho sobre lo que quieren hacer esta institución que da voz a las bibliotecas en Europa, en cuestiones como el acceso a la lectura digital, la propiedad intelectual y el fortalecimiento de las asociaciones, una de las cuestiones en las que más trabaja desde hace tiempo. Y nos plantea un reto: desarrollar el “liderazgo profesional” de bibliotecarios y documentalistas en áreas en las que hasta ahora no están presentes pero en las que tienen mucho que aportar como las relacionadas con la transparencia -tan en el discurso político y mediático en estos tiempos, aunque sea en versión descafeinada-, y el sector educativo, para10. EscuelasPiasTambién hablamos con Íñigo Tejera sobre la impresionante Biblioteca de las Escuelas Pías, situadas en el -antes castizo, ahora multicultural, según los cronistas-, barrio de Lavapiés, de Madrid, una biblioteca con truculenta historia como pocas. Conversamos también con Andreu Jaume, traductor y editor de Clásicos de la editorial Penguin Classics, que acaba de lanzar colección en castellano. portada_PatriciaLunaCon la periodista Isabel García-Zarza y la directora de la revista Infobibliotecas, Silvia Oviaño, nos acercamos a una estupenda lectura de verano, «Quién es Patricia Luna«, una novela escrita a cuatro manos por estas dos estupendas mujeres que cuestiona, con mucho humor y mucha acción, el modelo de conducta femenina que nos presentan alguna que otra trilogía erótica para mujeres. Dicen en esta entrevista, clarividentes, que este «mal llamado porno para mamás parece estar escrito por un contubernio conservador«. Amén. Y para llenarnos de palabra e ideas hermosas, el escritor Manuel Rivas nos habla de los cambios sociales que han empezado a surgir desde la calle, de que la Transición no es el fin de la historia, de cómo los humanos, como los animales, “huimos de los sitios llenos de malas hierbas, de los malvados sitios tristes en busca de lugares mejores”. Nos habla de la conexión de los libros con la naturaleza y recuerda que éstos son “la entrada a una cámara secreta”. De las bibliotecas habla como lugares en movimiento, como talleres, como “un buen lugar para estar frente a tantos no lugares de nuestras ciudades”. En nuestros refugios en forma de bibliotecas hay muchas puertas a otros mundos. De muchos de ellos seguiremos hablando en éste y otros números de Infobibliotecas. ¡Os esperamos! (Si aún no recibís la revista, podéis subscribiros llamando al 908 090 806 o escribiéndonos a info@infobibliotecas.com)]]>

Síguenos en:

Recordatorio: las bibliotecas como espacios de trabajo

cómo bibliotecarios y arquitectos están concibiendo las nuevas bibliotecas: espacios transparentes, sin barreras, flexibles y cómodos para inspirar a los usuarios, espacios que permiten a la biblioteca adaptarse a los nuevos usos y servicios que están revolucionándolas. En el centro del proceso de diseño de estos nuevos edificios – las “catedrales” de nuestro tiempo, según el arquitecto Luís Arranz (siempre con permiso de los estadios de fútbol)-, está el usuario, y así debe ser. Y si los usuarios son lo primero, ¿quién debe estar en el segundo lugar, muy cerca de ellos? Lo has acertado: los bibliotecarios. Porque, sí amigos: demasiado a menudo olvidamos pensar las bibliotecas como espacios de trabajo.BibliotecaJaumeFuster Leemos en el Library Journal un artículo muy interesante de Elliot Felix, fundador de la consultora Brightspot, sobre esta cuestión. Felix parte de una premisa sobre la que no hay duda: solo cuando el personal de una institución se siente satisfecho, sus “clientes” estarán satisfechos. Y, sin embargo, mientras se diseñan y crean todos esos nuevos espacios bibliotecarios maravillosos, amplios, innovadores, colaborativos y llenos de luz natural, a menudo se sigue confinando a los bibliotecarios en agobiantes oficinas minúsculas, sin ventanas y desconectadas del resto de sus compañeros de trabajo y del público. Desde luego, no son los mejores lugares para trabajar respondiendo a ese nuevo modelo de profesional de la biblioteca -tan exigente- del que todo el mundo habla.

Planificación participativa

La clave para poner fin a estas malas prácticas está en incluir las necesidades del personal bibliotecario en los procesos de diseño participativo que, como nos contaban en la revista, ya se aplican a la hora de pensar una nueva biblioteca, o de reformar una ya existente. Un ejemplo interesante del que hablan en el Library Journal es el de la renovación de la Tech’s Library de Georgia (EE.UU), para la que se crearon perfiles típicos de usuarios y trabajadores que reflejaban sus motivaciones, comportamientos y expectativas, y se elaboraron mapas de movimiento en los que se identificaban los diferentes puntos de encuentro en los que usuarios y personal interactuaban con la información, el espacio, la tecnología y, por supuesto, los unos con los otros. Por último, elaboraron un esbozo de servicios nuevos y mejorados en los que se coordinaban las acciones de los usuarios con las del personal que trabaja de cara al público, el que trabaja entre bambalinas y también con las necesidades de infraestructuras. Las claves en este ejemplo fueron el uso de las mismas herramientas de planificación para usuarios y personal, y el propio proceso participativo. Felix recuerda que los nuevos servicios pueden ponerse en marcha como prototipos o proyectos piloto para ver cómo funciona. Hace poco os hablábamos en este blog de un método de “design thinking” adaptado a bibliotecas que os puede resultar muy útil para esas tareas.

Trabajo nuevo, espacios nuevos

Son raros los ejemplos de innovación en el diseño de las bibliotecas como espacios de trabajo adaptados a los nuevos servicios que ofrecen, pero haberlos haylos. Por ejemplo en la Biblioteca Hunt de la North Carolina State University han procurado promover la colaboración mezclando al personal en lugar de agruparlo por departamentos, y creando espacios de trabajo compartidos e informales, inspirados en las oficinas de Google. Por esto y mucho más, la biblioteca ganaba el año pasado el Premio al Diseño Interior de Bibliotecas Académicas concedido por la American Library Association.Espacioparabibliotecarios_HuntLibrary Hemos querido destacar esta imagen de su mostrador de información, pero no podemos resistirnos a colgar también aquí el vídeo en el que muestran toda la biblioteca. ¡Para babear! Por su parte, en los Inquiry Labs de la biblioteca Powell de la UCLA se ha creado un único espacio muy amplio en el que se mezclan y se superponen los espacios de los usuarios y el personal. En él se incluyen una especie de sala de estar para las reuniones del personal y para las clases de formación, áreas de consulta abiertas con puestos de trabajo para los bibliotecarios y espacios de reuniones anexos. Una idea clave que conviene tener en cuenta, y que se ha manejado en todos estos modelos, es la necesidad de tener en cuenta toda la variedad de trabajos que el personal de la biblioteca desarrolla. Se necesitan espacios para la concentración pero también para la colaboración, por lo que, además, de tener unos puestos de trabajo asignados (cómodos, ergonómicos, bien iluminados, adaptados a las tareas que cada uno desarrolla), lo ideal sería contar con espacios para reuniones de diferentes tamaños y con diferentes atmósferas, lugares en los que se pueda hablar por teléfono, áreas de silencio, espacios de consulta y otros para el encuentro informal. Elliot Felix propone una proporción de, más o menos, el 65% de espacio individual y 35% de espacio colaborativo, con un diseño fluido para que la transición entre unas y otras tareas también lo sea. Si queremos bibliotecas innovadoras, inspiradoras, participativas e inclusivas, éstas tienen que contar con espacios en los que las y los bibliotecarios puedan trabajar de forma innovadora, inspiradora, participativa e inclusiva. Es imprescindible pensar también en eso a la hora de diseñarlas. Esa es nuestra conclusión. ¡Feliz semana!]]>

Síguenos en: