Campamento de verano para amos del mundo (y un bibliotecario)

 

Unir política y religión no es buena idea. Pero visto el panorama político de nuestro país no sería tan mala idea copiar, en parte, los cónclaves cardenalicios para elegir nuevo papa. Si la política se ha convertido en un reality más, el que los encierren bajo llave, sería un buen estímulo para conseguir que se centrasen en el bien común. Y ya puestos, y recordando nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario, que sea en la Biblioteca Nacional en vez de en el Congreso. Con siglos de cultura y civilización alrededor igual se tomaban más a pecho lo de estar a la altura de las circunstancias. Pero fuera en el Congreso, o en la BNE, el aire de estar haciendo un teatro no creemos que se mitigara.

 

El supuestamente selecto campamento de verano para poderosos Bohemian Grove. Aunque viendo la foto no pareciera tan exclusivo.

 

Un teatro, el de la política, que en los últimos años, series como Borgen o House of cards han reflejado de forma apasionante en muchos casos. En esta última, Kevin Spacey, recientemente absuelto de los cargos por abusos sexuales y comportamiento indebido, encarnó magníficamente a un maquiavélico presidente de los Estados Unidos. Y precisamente una de las teorías que corren a cuenta de su caída en desgracia lo achaca a que, en dicha serie, de la que era productor: se habló del secretísimo Bohemian Grove (¿nos la estaremos jugando en este blog?).

 

Kevin Spacey como presidente de los Estados Unidos en House of cards formando parte de los rituales del Bohemian Grove.

 

El Bohemian Grove es un club exclusivamente masculino (‘un bonito campo de nabos’ que diría Leticia Dolera): ubicado en lo más profundo de un bosque de California, que celebra acampadas de verano cada mes de julio. En dicho campamento se reunirían desde presidentes de gobierno a empresarios y políticos para, se supone, simplemente disfrutan del aire libre, la música y el teatro. Los negocios, según reza su lema, quedan fuera del campamento.

 

Foto de Ronald Reagan y Richard Nixon en el Bohemian Grove.

 

El secretismo, como en el caso del grupo Bildenberg, es absoluto. Pero sí se sabe que el último bibliotecario del Congreso de los Estados Unidos (antes de que por primera vez en la historia una mujer, Carla D. Hayden, ocupase el puesto): formó parte del Bohemian Grove.

¿Un bibliotecario en los círculos del poder? Eso solo podía pasar en los Estados Unidos. ¿O tal vez, a pequeña escala, también se da en el mundo bibliotecario español? No seremos nosotros quienes hagamos saltar esa liebre. El caso es que James H. Billington, que falleció hace solo unos meses: consiguió congregar durante el tiempo en que ejerció como bibliotecario del Congreso a un exquisito círculo de influencers de verdad, no de los que posturean en el Instagram: el James Madison Council.

 

 

Boletín de la primavera 2019 del influyente (y rico) James Madison Council.

Compuesto por empresarios y relevantes figuras de la política o las artes, sus donaciones a la Biblioteca de 25.000 dólares al año: les daban acceso a cenas privadas en el edificio Thomas Jefferson de la biblioteca y accesos exclusivos a la biblioteca y sus colecciones. Eventos, viajes, alojamientos en hoteles de lujo, encuentros con artistas o políticos de todo el mundo: un tren de vida laboral que cuesta trabajo asociar a la categoría profesional de  bibliotecario. Y que en los tiempos finales de su mandato fue fuertemente cuestionado por otros bibliotecarios y algunos medios.

El hecho de que el bibliotecario creador de tan selecto club, Billington, fuera designado en los años 90 por el entonces presidente, Ronald Reagan, y la actual bibliotecaria del Congreso, Carla D. Hayden, lo fuera en 2016 por Obama: hizo pensar que el James Madison Council podría ser cuestionado y desaparecer. Pero nada más lejos de la realidad. La exclusiva sociedad filantrópica sigue activa y funcionando bajo el mandato de Hayden. Lo que no nos consta es que, en el Bohemia Grove, se hayan saltado su norma de excluir a mujeres y Hayden forme parte de sus acampadas.

 

Frase extraída de las grabaciones realizadas a Nixon: «Bohemian Grove, a donde asisto de vez en cuando, es la cosa más jodidamente desquiciada que puedas nunca imaginar.»

 

Pero salvando casos tan excepcionales en el gremio bibliotecario como el de ser bibliotecario de la Library of Congress: ¿qué poder de decisión/influencia tienen los bibliotecarios en las decisiones que se toman en torno a la cultura? Como en todo dependerá de cada caso y circunstancia: pero precisamente hace unos días nos hacíamos eco, en nuestra cuenta de Facebook, de que la Federación del Gremio de Editores quiere convertir a España en una potencia lectora. Y para ello abogan por un Pacto de Estado por la lectura.

 

Avance del análisis del mercado editorial que publicó hace unos días la Federación de Gremios de Editores de España. El texto completo aquí.

 

Una muy buena noticia. Pero como muy oportunamente se pregunta en un comentario Glòria Pérez-Salmerón: ¿y dónde quedan las bibliotecas en este pacto? Y lo dice la actual presidenta del organismo más importante de bibliotecas a nivel mundial. Confiamos en que, aunque no sea en nuestro Facebook, la pregunta al aire de Pérez-Salmerón no quede sin respuesta.

Los bibliotecarios, cuando se lo proponen y se asocian, pueden hacer presión como cualquier otro grupo social. A finales de junio tuvo lugar la conferencia anual de la American Libraries Association, y algunas de las medidas adoptadas, han desconcertado profundamente al portal de ideología conservadora Ricochet. Nostálgico del estereotipo bibliotecario más rancio ha publicado un artículo donde se pregunta: ¿Cuándo se han despertado los bibliotecarios?

 

Y no es para menos, desde su perspectiva, porque entre las medidas adoptadas por los bibliotecarios estadounidenses se encuentran cuestiones tan incómodas para un partidario de Trump como:

  • sesiones bajo el título «Confrontando el nacionalismo blanco en bibliotecas»: que abordaban medidas para combatir el supremacismo blanco en las bibliotecas y conseguir hacerlas más inclusivas y democráticas;

  • se habló del Proyecto de la Biblioteca de los Nuevos Americanos: una serie de programas y servicios bibliotecarios para apoyar a las poblaciones migrantes y de refugiados;

  • programas como «Alimentos para el pensamiento» para combatir la malnutrición de los más desfavorecidos y que, en algunos casos, incluyen meriendas para niños en las bibliotecas;

  • programas bajo el título «Letras como literatura: uso del hip-hop para amplificar la voz de los estudiantes y la justicia social»;

  • las protestas por la hora del cuento llevada a cabo por una drag queen fueron objeto de debate. Se habló de las posibles medidas a adoptar para que la diversidad sexual y afectiva esté presente en las bibliotecas.

 

Con este muestrario no es de extrañar que el citado medio conservador exprese su añoranza por las bibliotecarias de cárdigan y rodete. Pero ¿y los profesionales de bibliotecas españolas? ¿están despiertos? Una pregunta que dejamos en el aire para que cada uno responda según su experiencia.

Pero volviendo, para terminar, a ese bosque californiano en el que se reúnen los más poderosos cual Boy Scouts. Según relatan los que se han conseguido infiltrar: se practican rituales, se representan obras de teatro travestidos, como en el teatro shakesperiano (¿no será un Brokeback Mountain de poderosos?): y se refuerzan unos a otros como amos del mundo. Pero ¿esto se lo puede tomar alguien en serio? ¿realmente actúan así los amos del mundo?

 

Representación teatral en el Bohemia Grove por los años 30 del pasado siglo.

 

Visto el panorama más que estar tan pendientes de políticos y poderosos: las bibliotecas hacen mejor en promover esa sociedad civil que demuestra, la mayoría de las veces, mejor criterio que los responsables políticos que, por otra parte, termina eligiendo.

Nosotros por nuestra parte ya hemos elegido. Vamos a buscar algún bosque en el que perdernos. Pero sin campamentos secretos que nos hagan sentirnos importantes. Con un plano para no extraviarnos, y buenas lecturas, nos basta y nos sobra para sentirnos poderosos. ¡¡FELIZ VERANO CULTURAL!!

 

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Pausa publicitaria para bibliotecas

Este post es como hacer zapping sin aparente rumbo decidido. Veremos estatuas con bufanda, librerías flotantes y desfiles de moda. Pero recaigamos en el canal que sea, lo seguro, es que van a estar emitiendo anuncios y que se hablará de bibliotecas.

 

Campaña publicitaria chilena anunciando el préstamo de ebooks en bibliotecas de Chile.

 

Desde hace décadas la historia de la publicidad es una de las crónicas más fiables de nuestra contemporaneidad. El Festival Internacional de Creatividad de Cannes es el mejor lugar para tomar el pulso a la publicidad y lo último en marketing.

Pero ¿no es algo redundante lo de creatividad publicitaria? ¿existe otro tipo de creatividad en nuestros días? Todo, nosotros incluidos, no somos más que marcas (personales o institucionales) y las ideas que tenemos, la creatividad que ponemos en juego, está al servicio de publicitarnos. Unas veces para que nos contraten o mejoren profesionalmente; otras veces, simplemente (en el caso de las cuentas personales en redes sociales) para acumular likes y así, supuestamente, ganar la estima de nuestro entorno más cercano.

 

 

Salvo que pertenezcas a una tribu perdida en la jungla: estás en el ajo. E incluso en el caso de la tribu, siempre puede llegar un misionero plasta, y te conviertes en noticia en medios que ni sabes que existen. Todos estamos en el mercado, todos nos publicitamos, de un modo u otro.

Libro de George Lois, gurú de la publicidad, en el que habla de cómo liberar el potencial creativo.

Pero centrémonos en las tendencias que rigen la publicidad en la actualidad. Hace tiempo que un concepto se viene aplicando a casi todo cuando se habla de marketing: lo experiencial. Hay que ser experiencial, hay que promover experiencias. Hay que ofrecer sucedáneos de vida a falta de que la gente tenga vidas propias. Allanar el camino para que la Inteligencia Artificial nos enchufe definitivamente a Matrix.

Bueno esto último es una interpretación tendenciosa y maniquea por nuestra parte. Mejor aparcamos la pose escéptica por un momento y, puesto que hablamos de experiencias: experimentamos la capacidad de interpretar las tendencias a nuestra manera. Es decir, desde un punto de vista bibliotecario.

Creatividad, autenticidad y valores. Estos son los tres puntos en los que resume la web MD, marketingdirecto.com, los pilares del marketing experiencial. Y de los tres deberían andar sobradas las bibliotecas. El artículo recoge tres consejos del director creativo de Pop in Group (agencia de publicidad madrileña multipremiada), Salvador Albacar, para triunfar en el marketing experiencial:

 

SER CREATIVO VENDE

 

Totalmente de acuerdo. Y las bibliotecas dan variadas muestras de creatividad. Pero son tantas y numerosas que nos vamos a quedar con dos.

1000 días contabilizaba el ‘secuestro’ del libro ‘Gente tóxica’ de la biblioteca de Ripollet. Usuarios tóxicos de bibliotecas. 

La más reciente y cercana ha sido la campaña de la biblioteca de Ripollet (Barcelona) sobre libros secuestrados. Exponer las portadas de algunas de las obras desaparecidas en combate (es decir: no devueltas) con el número de días que hace que se las llevaron.

Una manera de recordar que los documentos de las bibliotecas son de todos; y que no devolverlos: se podría considerar abiertamente un secuestro.

La idea es simpática, impactante y creativa. Pero hay una realidad detrás que no se aborda lo suficiente. Si cometes cualquier infracción o impago: la Administración, o las empresas, actúan en consecuencia y se ponen en marcha los procedimientos punitivos que procedan (multa, requerimientos judiciales, inclusión en la lista de morosos, etc…)

 

 

En cambio, si se retiene ilegalmente un bien común como son los documentos de bibliotecas: ¿por qué las administraciones de las cuáles dependen no se toman más en serio actuar contra los morosos cuando se constata que existe un ánimo manifiesto de dolo? No en casos de despiste, pérdida por accidente o demás circunstancias de las cuales, los siempre comprensivos bibliotecarios, se pueden llegar a hacer cargo. Es en aquellos casos en que los que el desprecio por el bien público se hace evidente.

Tejer es el nuevo yoga: cartel para publicitar el club de hacer punto de la biblioteca irlandesa de Nenagh.

Un bonito tema para el debate. Pero volviendo a la creatividad. En la biblioteca del condado estadounidense de Anderson se protegieron diferentes estatuas de la ciudad con bufandas y sombreros confeccionadas por las integrantes del grupo The Black Sheep Knitters (Las ovejas negras tejedoras) que se reúnen en biblioteca del condado para tejer y leer.

Quien necesitase una bufanda no tenía más que cogérsela prestada a alguna de las egregias personalidades que han merecido una estatua en su honor. Una manera de convertir la afición de estas jubiladas en un acto de solidaridad y reivindicación de la historia local.

 

TENER VALORES VENDE

 

Tal vez sea este punto el más arriesgado. Demostrar un compromiso, unos valores con los que nuestro público (seas marca o biblioteca) pueda identificarse. Pero ¿qué valores? Las marcas publicitarias pisan cautelosas para no romper el hielo y hundirse en el lago gélido de los linchamientos digitales. En el mercado de valores, y no hablamos de los bursátiles, hay ciertas ideas progresistas que, más o menos, están asumidas por la mayoría de la opinión pública. Pero la polarización extrema de los discursos obliga a que, en determinados momentos, haya que elegir.

 

En 2017 la modelo Kendall Jenner protagonizó una campaña para Pepsi en la que se sumaba a una revuelta cívica y repartía refrescos entre los antidisturbios. La reacción por frivolizar con reivindicaciones sociales fue tan fuerte que terminaron retirando la campaña.

 

Las bibliotecas públicas atienden a todo tipo de público sin discriminaciones de ningún tipo. Para otra ocasión queda pendiente hacer un repaso a aquellos valores que, sin duda, deben defenderse desde una biblioteca publica; y por otro, aquellos otros valores que probablemente solivianten a colectivos e ideologías no tan comprometidas con el progreso pero que tienen respaldo social (y lo más triste) electoral.

Por eso en este punto elegimos dos ejemplos de difusión de valores partiendo de dos noticias que hablan de bibliotecas sin que, en ninguna de las dos crónicas, se trate de bibliotecas propiamente dichas.

 

El barco Logos Hope que se publicita como la mayor librería flotante del mundo.

 

El barco Logos Hope es descrito machaconamente en los medios como la biblioteca flotante más grande del mundo. Pero es falso. No se trata de una biblioteca, en realidad, es una librería. El barco, cual transatlántico librario, surca los océanos atracando en puertos de países de África, Asia y Europa para promover la lectura, organizando actividades, donando fondos a orfanatos e implicándose en proyectos de construcción de centros comunitarios. Eso sí, no nos consta que tengan entre sus escalas Sentinel del Norte: cuyos habitantes quiso evangelizar el misionero plasta que citábamos antes.

Que en su reciente parada en Buenos Aires, haya despertado una reacción en contra por parte de los libreros de la ciudad, se podría entender como una queja por la competencia que supone un barco con más de 5000 libros. Pero lo interesante está en los matices. El Logos Hope es un barco que pertenece a la organización caritativa cristiana alemana GBA Ships. Lo que los libreros bonaerenses denuncian, competencia desleal aparte, es la labor de evangelización que el barco ejerce a través de sus fondos y actividades.

El transatlántico librero más que fomentar la lectura y la cultura lo que persigue es extender el mensaje religioso de su organización. Sin duda, un ejemplo exitoso de saber venderse a través de los valores. Cuestión aparte es si estos valores coinciden o no con los nuestros.

 

La bibliotecaria espontánea Yashoda Shenoy en la biblioteca pública que ha conseguido crear en su casa.

 

Y de Buenos Aires viajamos a la India. Es allí donde la niña de 12 años, Yashoda Shenoy, ha llegado a crear una biblioteca de casi 3500 libros gracias a donaciones. Shenoy tomó conciencia del impedimento que suponía, para los niños más desfavorecidos: el sistema de penalizaciones por retraso en las devoluciones en bibliotecas (que se saldan con dinero); y el hecho de que se cobre una cuota para ser usuario.

Con el apoyo de sus padres y hermanos, Shenoy, se ha convertido en bibliotecaria por convicción. Los libros que ha ido consiguiendo los han ordenado en una parte del domicilio paterno que ha terminado reconvertido en biblioteca pública. En este caso está claro que los valores de Shenoy venden. Venden una idea de las bibliotecas como instrumentos de progreso que ninguna elaborada campaña de marketing podría superar.

 

SER AUTÉNTICO VENDE

 

La autenticidad es quizás la cuestión más peliaguda. Si eres una marca comercial que busca vender, no de manera altruista como las bibliotecas, sino obteniendo ganancias contantes y sonantes: ¿cómo convences de tu autenticidad? Fijándote en las bibliotecas.

En el punto de la autenticidad las bibliotecas no tienen que esforzarse lo más mínimo para convencer. Son más bien las marcas las que se fijan, cuando son inteligentes, en instituciones capaces de congregar una imagen social tan positiva, pese a su modestia publicitaria, como son las bibliotecas.

Ha sido el caso de la presentación de la última colección otoño-invierno 2019-2020 de la mítica casa de modas Chanel. Se trata de la primera colección que se lanza tras la desaparición del que era su diseñador estrella: Karl Lagerfeld. Y para convencer de que respetan su espíritu han recurrido a una de las aficiones del carismático diseñador: su bibliofilia.

“Los libros son una droga de tapa dura sin peligro de sobredosis. Soy víctima feliz de los libros”.

Es conocido el amor que sentía por los libros Lagerfeld. Ávido lector de Spinoza, Bossuet, Rabelais, Emily Dickinson o Clarisse Lispector. Él dijo aquello de «drogas de tapa dura» para referirse a los libros.

De ahí que la casa de modas a la que dedicó sus mejores años de creador haya ambientado su último desfile en una recreación de la bella biblioteca Stadsbiblioteket de Estocolmo. Un estupendo cierre para este recorrido por las conexiones entre estrategias bibliotecarias y estrategias publicitarias. Las bibliotecas como escenarios de autenticidad incluso cuando ejercen de decorado, las bibliotecas como espacios de verdad que aportan discurso a lo efímero. Si las marcas quieren de verdad aportar creatividad, valores y autenticidad: harían bien en buscar alianzas con las bibliotecas en lugar de estereotiparlas. Las alianzas con la cultura siempre aportan buena imagen.

 

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Bibliotecas de festival

 

Por mucho que se ha hablado de la burbuja festivalera lo cierto es que el panorama de festivales de música en nuestro país sigue pujante pese a la inflación de citas que se replican acá y allá. La herida que Internet infligió en la industria musical sigue supurando: pero los músicos, gracias al boom de los conciertos en vivo, han visto una salida a la caída de ingresos en la venta de discos. Una fórmula, la de los festivales, que ha encontrado un filón en las condiciones climáticas y ambientales idóneas de nuestro país, pero que no conoce fronteras, cuando llega el verano.

En Canadá, el selecto y exquisito festival de música electrónica Bass Coast, se ha ido haciendo un hueco desde que arrancase hace siete años. Su apuesta por un festival para no más de 3.000 personas, que prima la calidad y la atención al detalle frente a los ya masificados como, por ejemplo, el célebre Coachella. Las instalaciones de arte de vanguardia se entremezclan con propuestas musicales y artísticas de la más diversa índole. No podía ser de otro modo porque detrás del Bass Coast se encuentra una bibliotecaria cuyas sesiones reciben nombres tan familiares como el de ‘Book club’.

 

 

The Librarian es el nombre de guerra de la DJ Andrea Graham que junto con Liz Thompson crearon dicho festival. No es de extrañar por tanto que del Bass Coast los críticos destaquen la estimulación inteligente y la sutileza con la que sus creadores promueven la creatividad y la exquisitez en un género, el de la música electrónica, en el que lo comercial ha hecho estragos durante las últimas décadas. Llamándose La Bibliotecaria no podía esperarse menos de ella. Pero ahí terminan las conexiones.

Nos habría encantado descubrir que Andrea Graham empezó su carrera como bibliotecaria y de ahí su apodo como DJ: pero no es así. Lo cual no quita para que ese concepto de festival exquisito y el nickname de su fundadora tengan mucho que ver.

En el número 13 de la revista ‘Infobibliotecas’ ya se habló de las relaciones entre bibliotecas y festivales de música. En el interesante y completo repaso que Silvia Oviaño y Hector Foucé hacían se evidenciaba una falta de mayor implicación de las bibliotecas en los festivales propiamente musicales. Hay colaboraciones cuando se trata de festivales literarios: pero los que convocan a las masas son, en la mayoría de los casos, ocasiones desaprovechadas desde el mundo bibliotecario para visibilizar sus ofertas.

Las editoriales por ejemplo ya lo tienen claro y apuestan decididamente por los festivales musicales. Es el caso de Reservoir Books un sello editorial que, por las características de su catálogo, encuentra un fácil acomodo en el ámbito de un evento musical. El sello editorial incluye numerosos títulos de temática musical, biografías, y cómics, cada vez más cómics. Títulos potencialmente interesantes para los asiduos a festivales. Así por ejemplo, la editorial ha contado con estand el festival barcelonés de Cruïlla.

Uno de los más recientes lanzamientos del sello Reservoir Books: un libro que mezcla la crónica de las giras de bandas omnipresentes del panorama festivalero con una guía de viajes gastronómica por nuestro país.

 

Otra editorial que publica obras susceptibles de captar el interés del público festivalero es Blackie Books. El sello editorial que mejor ha sabido conectar con la escena indie, hipster o _______ (póngase la etiqueta que mejor convenga): ha sido sin duda esta editorial fundada por Jan Martí, también casualmente fundador del grupo de música Mendetz.

«La cultura vende» que concluía un artículo de hace dos años en el portal de la Asociación de Promotores Musicales sobre el aterrizaje de las editoriales en los festivales de música. Y si vende en el caso de las editoriales: ¿por qué no va a ‘vender’ en el caso de las bibliotecas? Con el mapa tan abigarrado de eventos musicales con que contamos en nuestra geografía difícil será que no nos pille algún festival cerca de nuestra biblioteca. Si nos fijamos en los ejemplos de editoriales que hemos mencionado (Reservoir Books y Blackie Books): ya tenemos pistas de por dónde pueden ir los tiros a la hora de abrir vías de colaboración bibliotecas-festivales de música.

 

La novela de Elisa Victoria uno de los últimos éxitos de Blackie Books.

 

Partimos de que en la mayoría de los casos las mismas administraciones de las que dependen las bibliotecas son las implicadas en dar los permisos y ceder espacios, e incluso, partidas presupuestarias (y aquí correremos un tupido velo sobre la posibilidad de que esas inversiones en macro eventos de dos/tres días hayan ido, en algún caso, en detrimento de la cultura de base que son las bibliotecas): para abrir un posible vía de persuasión cara a los políticos de la conveniencia de que las bibliotecas también estén presentes en los festivales.

Pero volviendo a las pistas que nos daban los catálogos de Reservoir Books y Blackie Books: ¿en qué tipo de obras nos interesaría más centrarnos de cara a un festival de música? La respuesta surge sola: en los cómics y fanzines.

Partiendo de la posibilidad de tener un estand de la biblioteca en el espacio cultural del festival: lo más factible sería aprovechar ese espacio para difundir la oferta de la biblioteca pero no quedándose en mero puesto de merchandising/publicidad. Habría que implicar a creadores locales que quisieran el escaparate del festival para difundir sus creaciones bajo la protección de la biblioteca.

 

 

A continuación lanzamos algunas ideas que, sin necesidad de retorcer muchos las cosas en busca de una originalidad forzada, podrían resultar altamente ventajosas de cara a la promoción de los creadores locales, al tiempo, que de la biblioteca en el festival. Dejamos aparte actividades paralelas del festival que pudieran desarrollarse en la biblioteca: para centrarnos en la presencia de la misma en el propio evento. Las actuaciones se concretarían en tres acciones y un posible bonus track:

  • A ritmo de viñetas: esta actividad cruza dos escenas creativas: la escena musical y la cantera de ilustradores y/o artistas urbanos con que cuente la localidad en cuestión. En numerosos festivales la oferta se distribuye entre varios escenarios que se especializan por diversas razones. El escenario principal donde actúan los nombres cabecera del evento; carpas o escenarios para música electrónica; o escenarios para actuaciones más minoritarias o que concentran a los grupos/solistas emergentes. Es en ese escenario, en el que desfilarán probablemente grupos locales, o alternativos, donde mejor se acomodaría esta actividad promovida por la biblioteca. Consistiría en una actuación paralela que relacione a los grupos de música con artistas locales. Mientras los grupos tocan, en la pantalla de fondo, se proyectaría lo que los autores de cómics o artistas urbanos estén dibujando en directo.
  • Electrónica gráficaprácticamente en todos los festivales (salvo los muy centrados en un solo estilo musical) la escena electrónica ha ganado presencia. Acompañar las sesiones de los DJ con proyecciones de imágenes es algo muy habitual: y ¿qué mejor que programar alguna sesión con proyecciones de montajes de imágenes que mezclen escenas de anime, adaptaciones de cómics al cine o la televisión, comic trailers, etc… integrados en un video montaje que muestre incluya imágenes promocionales de los servicios/colecciones de la biblioteca que más puedan interesar al público en cuestión? Electrónica gráfica o Biblioteca subliminal: porque el caso es ir dejando semillas visuales que calen, que asocien a la biblioteca al tipo de ocio hedonista y de disfrute que prima en estos eventos.

El cómic en forma de disco o el disco en forma de cómic de Luis Bustos. Una prueba más de lo bien que combinan música y cómic.

  • Fanzinoteca: propiamente éste sería el estand de la biblioteca en el festival. Aquí se ubicaría la publicidad más directa de la misma y en la que los autores de fanzines pudieran vender sus fanzines junto al merchandising que se pudiera crear para la ocasión. Con responsables políticos amplios de miras podría ser una pequeña fuente de ingresos la venta de camisetas, bolsas, materiales con publicidad de la biblioteca, etc… No iba a solucionar las carencias presupuestarias pero sí que ayudaría a sufragar posibles gastos generados por la participación de la biblioteca en el festival (contratación del personal por ejemplo).
  • Bonus track: junto al espacio de la biblioteca un mural con dibujos para grafitis y dibujos que el público podrá intervenir para expresarse. Fanzines en blanco para que puedan ser escritos/dibujados por los asistentes. Con lo que merezca la pena y se pueda rescatar del material intervenido se editaría un Fanzine Oficial por parte de la biblioteca.

Esbozos de posibles okupaciones bibliotecarias en eventos que congregan gran número de público que, en cada caso y circunstancia, se pueden adaptar según la idiosincrasia del festival, de la localidad y de la biblioteca en cuestión.

Y cerrar este post sin música sería un gran error. Aire libre, buen tiempo, buen ambiente y ganas de disfrutar (y en medio la biblioteca disasociando su imagen de un lugar de trabajo y/o estudio para potenciarse como local de ocio) y los indietrónicos MGMT para darlo todo.

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Líneas rojas bibliotecarias

En la maravillosa película La linterna roja (1991) de Zhang Yimou: una linterna roja frente a una de las viviendas de las cuatro esposas de un señor feudal: significaba quien era la elegida, cada noche, para yacer con su marido y amo. Quien haya visto la película difícilmente podrá olvidar la belleza de sus imágenes, en las que el color rojo, se carga de simbolismo y significado. El rojo de la sangre menstrual como arma arrojadiza entre cuatro mujeres enclaustradas: que compiten en sus luchas por el poder dentro de los muros de un castillo.

Arrancar trayendo a colación la película de Yimou no necesita justificación, siempre es saludable recordar buenas obras para revisarlas o poner sobre su pista a quienes no las hayan disfrutado: pero es que la actualidad, siempre tan oportuna, nos trae una noticia que da aún más vigencia a algo de lo que hablábamos en el post anterior.

 

El documental, producido por Netflix, sobre los tabúes que rodean al ciclo menstrual en la India que se alzó con un Óscar en la edición de este año.

 

En La biblioteca como ornamento contamos el ardid de unos diseñadores alemanes para denunciar/soslayar el abusivo IVA que grava a los tampones en su país vendiéndolos dentro de un libro. Un libro de tampones que unía insospechadamente una cuestión de higiene íntima con el mundo bibliotecario. Y ahora desde Canadá nos llega otra noticia que vuelve a unir ambos asuntos.

El emoji para representar la menstruación que también nació entre polémicas.

Los baños de las bibliotecas públicas de la ciudad de Halifax distribuirán, de forma gratuita, tampones y toallas sanitarias. Una medida que ha sido celebrada por activistas como Jodi Brown que lleva varios años promoviendo campañas para conseguir productos sanitarios y de higiene para las personas más desfavorecidas.

De este modo, tampones y toallitas se equiparan al jabón y papel higiénico como productos a ofrecer en cualquier aseo de un establecimiento público. Pero algo, en apariencia, tan cotidiano entronca con un discurso feminista, cada vez más presente, en torno a la necesidad de desestigmatizar/visibilizar todo lo que rodea al ciclo menstrual femenino.

 

El espectacular hall rojo de la biblioteca pública de Seattle. Un desafío cromático a los sentidos.

 

La reciente y esteticista adaptación del clásico de Argento que ha llevado a cabo Luca Giardino.

Y al igual que el rojo de la película de Yimou nos ha servido para marcar el inicio del post: ahora es una foto del provocador hall rojo de la Biblioteca Pública de Seattle que, cual decorado de una película de Dario Argento, traza la línea roja que demarca un giro en nuestra narración.

La planta roja de la biblioteca de Seattle representa a la perfección la idea que de las bibliotecas propagan figuras como el creacionista estadounidense Ken Ham que, a través de Twitter (¿dónde iba ser si no?), ha declarado que «las bibliotecas públicas se están convirtiendo en lugares peligrosos».

 

La galardonada obra de teatro ‘Red’ de John Logan gira en torno a la figura del pintor Rothko y ha sido estrenada hace poco en nuestro país.

No sabemos si conocerá ese vestíbulo de rojo mareante de la biblioteca de Seattle; de hecho no sabemos si habrá pisado muchas bibliotecas el tal Ham: pero lo que es probable es que esa imagen debe representar, como pocas, el infierno intelectual en el que vive el susodicho. «El hombre que cree que la Tierra tiene 6.000 años de antigüedad: dice que las bibliotecas están empezando a ser peligrosas para los niños».

Así reza el titular que da para un meme con el que se cuenta la noticia en ‘The New York Daily News’.  El célebre evangelista estadounidense acusa a las bibliotecas de estar poniendo en peligro las mentes más tiernas al exponerlas a libros y documentos  LGTBIQ y feministas . Un cuento que ya nos sabemos de memoria de tantas (malas) versiones como de él se han dado en las noticias de distintos países. Pero más allá de las acusaciones contra las bibliotecas, la figura de Ken Ham, bien merece un pequeño inciso en nuestro rojo recorrido.

 

El Kentucky’s Ark Encounter es el parque temático cristiano evangelista promovido por el creacionista Ken Ham. En él se puede visitar este Arca de Noé tamaño real.

 

Ken Ham es el propulsor y director del parque de atracciones temático Ark Encounter en Grant County, Kentucky. Aparte de la reproducción del Arca de Noé el parque cuenta con un museo donde la historia de la humanidad se cuenta desde el punto de vista creacionista; y hasta tienen en proyecto construir la Torre de Babel. No hemos podido constatar que el parque cuente con una biblioteca: pero en el caso de que esté en proyecto: nos encantaría conocer todos los detalles de dicha biblioteca, y sobre todo, de la persona al frente de la misma.

Este tipo de noticias, en el pasado más inmediato, siempre nos horrorizaban/divertían desde la distancia de seguridad que nos daba tener un océano cultural y físico entre: los siempre contradictorios Estados Unidos y, la vetusta y venerable, Europa. Pero ese cordón sanitario cultural, esa línea roja, hace mucho que se desvaneció.

 

 

Hace solo unos días Abderramán III se convirtió en trending topic siglos después de su muerte. El hecho de que la primera medida adoptada por el equipo municipal de gobierno del pueblo zaragozano de Cadrete haya sido retirar un busto de Abderramán III: ha copado los titulares de los medios y las redes.

No hace falta hablar de lugares en ultramar. Tenemos los totalitarismos a la vuelta de la esquina. Con una variedad de colores y espectros (por no decir fantasmas) ideológicos que los norteamericanos, tan binarios en lo político como son ellos, no serían capaces de imaginar ni en una producción de Hollywood.

 

Bibliotecarios sin fronteras: organización canadiense que promueve a las bibliotecas sin distinciones geográficas en más de 75 países.

 

Nuestra corresponsal en Nueva York, Irene Blanco, hace poco en este blog, nos corroboraba lo implicados que están los bibliotecarios neoyorquinos con su comunidad. La sociedad civil y el activismo en los Estados Unidos es uno de los rasgos más admirables de la sociedad estadounidense: y el gremio bibliotecario, en ese sentido, no queda al margen. Todo lo contrario. En numerosas ocasiones ha demostrado su firmeza cuando de defender la libertad de expresión y la función de las bibliotecas se trata.

Las comparaciones sobran. Pero ya que los políticos no paran de hablar de líneas rojas y cordones sanitarios, entre unos y otros, la pregunta surge sola: ¿qué líneas rojas marcarían los bibliotecarios españoles al ver amenazadas la libertad de expresión o la libre circulación de las ideas en sus centros? ¿qué fronteras culturales estarían dispuestos a defender ante eventuales ataques a los principios que recoge el Manifiesto de la IFLA/Unesco sobre bibliotecas públicas?

 

Los bibliobúses: activismo bibliotecario sobre ruedas.

 

La película de Frederik Wiseman sobre la Biblioteca Pública de Nueva York: blockbuster bibliotecario de la temporada.

Ya lo decía hace poco el documentalista Frederick Wiseman al visitar nuestro país: «Una biblioteca es un arma política«: puede ser solo cuestión de tiempo que los que no habían caído en la cuenta de esa verdad sean conscientes y decidan usarla. Máxime cuando, posturas hasta ahora impensables en nuestro entorno más cercano: se abren paso en las administraciones de las que dependen las bibliotecas.

Afortunadamente, en contrapartida, también hay noticias que están dibujando líneas, rojas o no, con las que perfilar horizontes más esperanzadores.

Es el caso de las bibliotecarias aragonesas que se han unido para reclamar un reconocimiento a su labor y, sobre todo, compromiso por parte de las administraciones con la labor que las bibliotecas pequeñas desarrollan en el mundo rural. Es también el caso del ilusionante Manifiesto de bibliotecas inquietas que ha surgido en Valencia.

Puede que no tengamos la tradición activista de los Estados Unidos, ni una sociedad civil con una capacidad de movilización tan potente: pero ya que insisten e insisten tanto políticos y medios en ello: es buen momento para parar un instante y preguntarse: ¿cuáles serían nuestras líneas rojas bibliotecarias?

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La biblioteca como ornamento

 

La portada del próximo nº de la revista Infobibliotecas sobre bibliotecas y museos no puede resultar más adecuado para lo que hablamos en este post.

En el post previo cerrábamos con una instalación de la estrella de Hollywood, Lucy Liu, en su faceta como artista visual. La exposición tuvo lugar en Singapur y consistía en una biblioteca con libros que escondían objetos que la artista había ido recopilando. Una biblioteca, que buscaba la intervención por parte del público, que estaba autorizado a cambiar los libros de sitio, y a modificar la ordenación. La pesadilla de un bibliotecario hecha instalación artística.

El libro como metáfora, como concepto, como continente: no deja de revalidar su vigencia en el discurso artístico. En 2017 la británica, Su Blackwell, recreó los hogares de escritoras famosas en sus propios libros. Las casas de escritoras decimonónicas como Jane Austen, Daphne Du Maurier o Charlotte Brontë. emergían esculpidas en el mismo papel en el que se podían leer sus historias. El libro como fetiche, como tótem; pero también el libro-objeto como subterfugio para luchar contra el sexismo fiscal. Suena raro, pero es que vivimos tiempos extraños.

 

La casa de Jane Austen emergiendo de uno de sus libros gracias a la artista Su Blackwell.

 

Y, a través de ActuaLitté, les univers du libre, no enteramos de que en Alemania una agencia de publicidad ha recurrido al libro como subterfugio para evidenciar/denunciar/soslayar una injusticia. El IVA que se aplica a tampones y compresas excede con mucho lo que resultaría comprensible para un artículo de primera necesidad como es el caso. En el país de Ángela Merkel se aplica un IVA del 19% a estos productos de higiene íntima para las mujeres. Un impuesto que los convierte, si se compara a los tampones con productos como las trufas, el caviar o las pinturas antiguas: en un auténtico objeto de lujo. Trufas, caviar y pinturas se gravan con un 7% de IVA.

Por ello ha nacido The tampón book, o lo que es lo mismo, un libro hueco (como los de Lucy Liu) lleno de tampones. La idea es que, dentro de ese formato, los tampones pasan a tener un IVA del 7% que el gravamen al que se someten los libros. Triquiñuelas de diseño para denunciar y promover una concienciación que han hecho que la agencia Scholz&Friends, creadores de la idea, se hayan llevado un León de Oro en el festival publicitario de Cannes.

 

Pero el prestigio del formato libro se extiende hasta en ámbitos, en principio, tan alejados como es la industria discográfica. La supervivencia de los músicos ha pasado a depender, más que nunca, del directo antes que de las ventas de discos. Una de las maneras con la que, algunos músicos, han intentado contrarrestar esa devaluación de la música como objeto cultural, como fetiche, ha sido a través del mimo por la presentación física de su producto.

Es el caso de la cantante de hip hop, spoken word y escritora de poesía, narrativa y teatro: Kate Tempest. El título de su último trabajo musical lo deja claro: The Book of Tramps and Lessons (El libro de las trampas y las lecciones). Según la web ‘Jenesaispop’ el diseño en formato libro de tapa dura ha sido determinante en el hecho de que, en pleno apogeo del streaming como manera de consumir música, Tempest haya conseguido entrar en el top 30 de las listas británicas.

Los vinilos cada vez más deseados por las nuevas generaciones y los cedés con forma de libro: lo tangible como una resistencia instintiva y primaria ante la volatilidad de lo digital.

 

 

La empresa inglesa OBW (Original Books Works) está especializada en espejismos de bibliotecas. Su especialidad son los libros huecos, las paredes decoradas como si de una biblioteca se tratase que engañan al ojo, puesto que dentro de esos lomos de repujado cuero: está el vacío más absoluto.

La moda de los libros huecos viene de lejos. Su relación con el ansia burgués por emular los valores aristocráticos a través de la decoración es una imagen perfecta del deterioro de un cierto canon de lo cultural que, desde que se democratizó, ha seguido imparable. En los tiempos del Instagram los libros huecos, con su pulida apariencia de carcasas desiertas de conocimiento, lo tienen todo para resurgir. En cualquier domicilio operarían como las vainas alienígenas de la invasión de los ultracuerpos: reproduciendo los vacíos que van dejando las omnipresentes pantallas en muchos de nuestros hábitos.

Pero antes de ponernos febrilmente conspiranoicos, ya que hablamos de cultura como ornamento o cultura como necesidad: echémosle un ojo a cómo van las cosas por los sectores más elevados de la sociedad. Esos grupos sociales cuyos símbolos aspiraban a emular los arribistas con estanterías repletas de libros huecos.

 

 

La célebre frase: «los pobres tienen grandes televisores, los ricos grandes bibliotecas» es la versión autoayuda del lampedusiano: «todo tiene que cambiar para que todo siga igual». Las diferencias sociales siguen reflejándose en los hábitos culturales; y así, mientras los señores de Silicon Valley controlan el acceso de sus hijos a las pantallas: las masas se alienan voluntariamente con cada nueva golosina digital que inventan.

Un artículo publicado en el prestigioso ‘The Washington Post’ se preguntaba recientemente: ¿por qué los ricos quieren que sus hijos estudien artes liberales? En el mundo anglosajón las artes liberales en la actualidad engloban tanto a las carreras de humanidades como a las ciencias en un enfoque claramente transversal.

 

Lo que el profesor emérito de la California Polytechnic State University, Donald Lazere, sostiene en dicho artículo sobre el auge de las humanidades en la formación de las clases dirigentes suena de lo más perverso. Y, precisamente por ello, creíble.

Resumiendo, y por lo tanto peligrosamente simplificando, lo que dice Lazere: la educación  que fomente el pensamiento crítico y dote a los estudiantes de capacidades para desenvolverse con mayor capacidad de análisis en nuestras sociedades: se escamotea (recortes a la educación pública mediante) al grueso de la población para hacerla exclusiva de la clase dirigente.

Las humanidades, el pensamiento crítico, la capacidad de análisis compleja de la realidad puede acarrear el cuestionamiento de las injusticias, el ansia por reformar el status quo que excluye sistemáticamente a los que parten con menos recursos. Bien en aras de una sociedad más justa o (y esto no lo dice Lazere pero lo añadimos nosotros): para sustituir a los que ahora ocupan esas posiciones privilegiadas.

 

La última Palma de Oro de Cannes: una comedia negra demoledora sobre dos familias (una rica y otra pobre) que estamos seguros arrojará más luz (o oscuridad) sobre la temática de este post. 

 

El interesante ensayo de Nussbaum sobre la necesidad de las humanidades para el buen funcionamiento de la democracia.

Durante las últimas décadas había que especializarse, el desprecio hacia todo conocimiento que no fuera utilitario y práctico según la lógica del mercado: no se contemplaba. Había que «convertir la educación en una empresa con fines de lucro». Y lo aparentemente diletante, lo sofisticado, lo ornamental si se quiere: desprestigiarlo en un vulgo alienado tecnológicamente para, secretamente, cultivarlo en las élites y, de este modo, éstas ejerciten a sus herederos en una visión mucho más rica y completa del mundo que perpetúe sus privilegios.

Viendo a políticos como Trump, a millonarios como las Kardashian o (por poner un ejemplo más próximo) a los hijos de Isabel Preysler: cuesta creer ese argumento. Pero es que ni Trump, ni las Kardhasian ni los vástagos de Preysler son los que (por mucho dinero y/o poder que acumulen) manejan los designios del planeta.

Pero antes de que esto termine como un libro de Daniel Estulin nos dejamos de altas esferas, y creyendo razonablemente los argumentos del artículo de ‘The Washington Post’, nos preguntamos desde nuestra condición de pueblo llano: ¿donde pueden compensarse las carencias del sistema educativo en una formación más humanística? ¿Hace falta decirlo con lo tendencioso que es este blog? Ya lo dijimos hace un tiempo: la revolución (si llega) empezará en las bibliotecas (públicas).

 

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Tu biblioteca te engaña

El bloque de apartamentos intervenido hace unos meses por dos artistas urbanos en la ciudad de Utrecht.

 

«A menudo …para analizar los blogs, […] se compara a éstos con los diarios, las memorias o el género epistolar, modelos todos ellos fundamentados en el tiempo. Pero los blogs pertenecen a otro ámbito […] Un blog es fundamentalmente un espacio […] en el que aparece una información que se relaciona entre sí por asociaciones muy diversas, dadas instantáneamente, todas al mismo tiempo, y en las que caben desde asociaciones semánticas a visuales.»

Teoría general de la basura (cultura, apropiación, complejidad) de Agustín Fernández Mallo.

Galaxia Gutenberg 2018

 

Tras el periplo neoyorquino de la mano de Irene Blanco no viene mal retomar el ritmo habitual del blog con este fragmento del ensayo de Fernández Mallo que, tan bien, define lo que es un blog.

Disociar blogs de memorias, diarios y modelos narrativos basados en la lectura impresa: tiene todo el sentido. Cuando reinauguramos el blog dijimos que nos habíamos mudado a un nuevo piso, loft, cabaña o cuchitril (donde hay cultura se hace hogar): y esa referencia a un espacio es lo que viene a confirmarnos el texto de Mallo. Un hogar laberíntico, sin duda, en el que un arquitecto loco hubiese diseñado planos que conectan los asuntos y materiales (vídeos, fotos, tuits, gifs…) más variopintos en aras de un discurso que, para bien o para mal, nunca es único.

En esta nueva etapa esperamos que esos rasgos se intensifiquen y conseguir tenerlo bien amueblado. Aunque lo de tenerlo bien amueblado no lo tengamos tan claro. Tener (la cabeza) bien amueblada se identifica con lo correcto, con la claridad de ideas, con la sensatez: en definitiva con el cerebro. Y si nos remitimos a la cultura: lo impoluto, en realidad, dificulta más que facilita la progresión.

Precisamente Fernández Mallo en su ensayo nos habla de lo necesaria que es la basura cultural, los detritus para seguir generando nuevos discursos. En su libro cita la obra de George Zarkadakis Our own image (2016) en la que se resume, a través de 6 metáforas, la idea que se ha tenido de nuestro cerebro, y por tanto, de la inteligencia humana según las épocas:

  • según la Biblia los seres humanos se formaron a partir de arcilla o tierra a la que Dios otorgó el espíritu que sería nuestra inteligencia.
  • en el siglo III a.C. se equiparó a un modelo hidráulico
  • en el siglo XVI la invención de los autómatas inspiró la idea de que los humanos funcionan mentalmente como máquinas.
  • en el siglo XVIII los descubrimientos sobre electricidad y química llevó a nuevas interpretaciones
  • El físico alemán Hermann von Helmholtz comparó al cerebro con un telégrafo
  • Y en 1940 es cuando se empezó a asociar metafóricamente a la mente humana con una computadora.

Pero todas las definiciones terminan resultando insuficientes cuando surge la siguiente maravilla creada por esa mente a la que tanto empeño ponen en comparar. Tal vez por ello, la Inteligencia Artificial está optando por automatizar a los humanos a su semejanza a través de los prodigios tecnológicos que colonizan nuestro día a día. No queremos ser agoreros, ni apocalípticos, pero a la IA tampoco les va a salir bien, porque en realidad, a lo que se asemeja la mente humana es a algo tan arcaico como una biblioteca.

 

Planos de la biblioteca de Filología de la Universidad de Berlín apodada ‘el cerebro’ diseñada por Norman Foster.

 

Un espacio laberíntico formado por estanterías en las que se supone se ordenan los conocimientos adquiridos, pero cuyo libre acceso, provoca que cualquier usuario distraído mezcle los fondos arbitrariamente estableciendo conexiones insospechadas.

En un reciente artículo en ‘El País‘ del que hemos fusilado el título para este post se aborda los espejismos con que nuestro cerebro nos engaña sin que ni siquiera seamos conscientes. El artículo parte de las investigaciones de los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman sobre cómo opera nuestra mente. En 1974 abrieron una corriente de investigación partiendo del siguiente supuesto:

«Steve es muy tímido y retraído, siempre servicial, pero poco interesado por la gente o por el mundo real. De carácter disciplinado y metódico, necesita ordenarlo y organizarlo todo. Además, tiene una obsesión por el detalle. ¿Qué es más probable que Steve sea un bibliotecario o un agricultor?»

 

Según las conclusiones de los psicólogos, el pensamiento más instantáneo conducía a ubicar a Steve dentro de la profesión bibliotecaria, en cambio, el tímido y ordenado Steve resultaba ser agricultor. Una mera cuestión de probabilidades porque en los Estados Unidos de los 70 existía un bibliotecario por cada 20 agricultores.

¿Han evolucionado los bibliotecarios de los 70 para que no se les siga asociando a rasgos como la timidez, el retraimiento, la misantropía y la manía por el orden? Porque visto con perspectiva, y mala leche, el bueno de Steve también cuadraría con las características de un psicópata tipo Norman Bates. Un estereotipo que, tanto en los 70 como en los 2000, según Hollywood, prolifera mucho en los Estados Unidos.

Lugares comunes de bostezo contagioso que se hacen añicos de muy diferentes modos. Si nuestros cerebros nos engañan (hasta a la todopoderosa IA) y los hemos comparado con una biblioteca, ergo, las bibliotecas también nos engañan:

  • tu biblioteca te engaña si acudes solo a estudiar a las bibliotecas porque están mutando en otra cosa en la que tu actitud pasiva tiene poca cabida;
  • tu biblioteca te engaña si eres usuario que busca un centro vivo y dinámico: porque sus servidumbres políticas hacen que su deriva hacia simples salas de estudio sea un peligro latente para su supervivencia;
  • tu biblioteca te engaña si eres un bibliotecario con inquietudes y te das de bruces con la realidad en muchas administraciones: en las que la innovación no está bien vista, ni se pone mucho empeño (ni es fácil) remediar vicios adquiridos;
  • tu biblioteca te engaña si eres un funcionario (o aspirante) con vocación de jubilado (sin que en esto importe la edad) y pides la biblioteca como destino y te topas con un centro lleno de vida, trabajo, compromiso y ganas de crecer;
  • tu biblioteca te engaña si piensas que todos los bibliotecarios, como profesionales de la cultura, aman la cultura y, en realidad, puede que estén allí igual que podrían haber estado en una oficina de recaudación;
  • tu biblioteca te engaña si piensas en las bibliotecas como zonas seguras porque en cualquier momento se te puede cruzar un libro, una película o un cómic que cambie tu perspectiva para siempre.

Y así podríamos seguir con más y más engaños. Pero por el momento vamos bien servidos. Y ya es momento de abrir otra conexión, sin aparente rumbo, que finalmente dote a todo de sentido.

La artista y escritora Shubigi Rao.

 

El cerebro es una biblioteca sin leer‘ es el título de la charla TEDx de la artista Shubigi Rao. Una artista y escritora que en su obra se interesa por la arqueología, la neurociencia, las bibliotecas, los libros o el arte contemporáneo, entre otros asuntos. Una de sus últimas acciones artísticas la ha llevado a cabo en colaboración con Lucy Liu.

La actriz famosa por sus papeles en series como Ally McBeal o películas como Los ángeles de Charlie o Kill Bill: se ha revelado como artista visual en esta colaboración con Rao a través de la exposición ‘Pertenencias desahuciadas’. Una obra que apela directamente a lo que hemos estado hablando aquí.

 

Lucy Liu, con el cerebro al aire, junto a Uma Thurman en una pausa en el rodaje de Kill Bill 2.

 

La instalación artística ideada por Liu consistió en una biblioteca compuesta por unos 200 libros, hechos a mano, en cuyo interior se esconden algunos de los objetos que la actriz ha ido recogiendo a lo largo de sus viajes. Los visitantes podían coger los libros, abrirlos y descubrir su contenido, así como cambiarlos de sitio.  ¿Y el mensaje?: «promover un ciclo de redescubrimiento, los objetos perdidos adquieren un nuevo significado, no solo a través del relato que Liu ha creado para ellos en sus libros, sino también a través de la constante reordenación de los libros en sí.» Suena bien menos para aquellos bibliotecarios que hayan vivido la experiencia de toparse con una loncha de salchichón (por poner un ejemplo) usado como marcapáginas en un libro de su biblioteca.

Basura, libros y usuarios desordenando una biblioteca.Y es que de eso trata este blog: de reubicarse, de reacomodarse, una y otra vez, igual que cada día se ordenan las estanterías de las bibliotecas, que están vivas, sabiendo que en poco tiempo volverán a desordenarse. Bendito desorden.

La biblioteca de libros con ‘sorpresa’ de Lucy Liu.

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Postales bibliotecarias de NYC: entrevista con Irene Blanco

Fotografía de Berenice Abbott. West Street, 1932

 

Los vientos soplaban favorables porque lo cierto es que, cuando nos vimos abocados a reinagurar el blog de Infobibliotecas, nada de lo que ha acontecido estaba previsto. Según los psicólogos tres de los hechos más traumáticos y estresantes que pueden acontecerte son: un divorcio, la muerte de un ser querido y una mudanza. Pues bien, en lo que (afortunadamente) nos atañe, la mudanza, no ha podido resultar más placentera.

Como si de un plan urdido a conciencia se tratase, de manera inesperada, el camino de Infobibliotecas se cruzó con el periplo neoyorquino de Irene Blanco. Y de repente se nos planteaba una oportunidad única para tener conexión directa con el inquieto mundo bibliotecario de la Gran Manzana. Han sido siete crónicas, a cual más interesante, que no podíamos concluir sin un último añadido: una charla, ya ajena a los frenéticos ritmos de la metrópoli, con la que celebrar el regreso de la mejor corresponsal que podríamos haber imaginado. Nos ajustamos a la máxima de la muy neoyorquina Dorothy Parker que tan bien ha aplicado Irene Blanco en sus crónicas:

«La cura para el aburrimiento es la curiosidad. No existe cura para la curiosidad.»

 

Antes que nada disípanos una preocupación que tenemos. ¿Se te ha pegado algo de ese carácter neurótico, malencarado y agresivo con el que los estereotipos caracterizan a los neoyorquinos?

Jajajajajajajaja New York es una selva total, es cierto que es un choque esa agresividad con la que la ciudad se manifiesta en algunos momentos y lugares (véase hacer transbordo en Grand Concourse en hora punta ;)) pero los neoyorquinos tienen ese carácter que también te empodera mucho. Dicen que en NYC todo es posible, es cierto que se respira ese espíritu luchador y emprendedor, pero nada es gratis en la tierra de las oportunidades, hay que luchar y puede resultar cansado. Eso sí, si sobrevives a esa ciudad, luego España te parece «a walk in the park».

¿Te fue fácil la adaptación? ¿es una ciudad que, pese a lo mastodóntica y aparatosa que es, te hace sencillo integrarte en su día a día?

No es una ciudad sencilla, la vas descubriendo a cada paso y con muchas equivocaciones, a mi me suele costar un mes acostumbrarme al ritmo, a las distancias, a los trenes y los horarios. Yo pensaba que después de más de diez años en Madrid era una urbanita, pero aquello es otro nivel de locura. Realmente todo es muy diferente a España, aún no me aclaro con los grados Fahrenheit, ni las millas o las pulgadas, pero ya me oriento en Manhattan y se calcular los tips, ¡todo reto tiene algo de apasionante!

¿Crees que los espacios culturales, como las bibliotecas, ayudan a integrarte mejor a un entorno nuevo, y puede que en ocasiones, hasta hostil?

Definitivamente. Una de las diferencias que encuentras con Madrid es que en NYC hay que pagar por casi todo lo cultural, y las bibliotecas son de los pocos espacios que molan mucho que, además, son gratis. Y es muy bonito ver integrada a la diversidad de su ciudadanía en un mismo espacio que te acoge sin hacer preguntas, ser parte del mismo y  disfrutar de los útiles recursos que ofrece al recién llegado. Y como para cualquier bibliotecaria, en la biblio te sientes un poco en casa.

Por las estupendas crónicas que nos has ido enviando se puede notar una progresión. Al principio el deslumbramiento ante la mítica ciudad; después el paulatino descubrimiento de iniciativas interesantes en las bibliotecas; y en las últimas crónicas, una implicación con el poder de las bibliotecas en su comunidad. ¿Esta evolución las has vivido realmente así o es una impresión nuestra?

Ha sido así totalmente. Con la ciudad pasa lo mismo que con la biblioteca, primero te deslumbran los focos de Times Square o del Culture Pass y luego ves lo que hay detrás, entiendes cómo funciona la ciudad, las desigualdades que se viven en diferentes barrios, cómo son las interacciones entre los habitantes… y empiezas a comprender cómo la historia reciente de este país sigue repercutiendo en todas sus realidades y el sentido que tienen las bibliotecas en ese lío. Además, creo que las bibliotecas de NYC son como un pequeño laboratorio social para entender cómo funciona su sociedad actual y también cómo se proyecta eso en este mundo globalizado, donde consumimos tanta cultura norteamericana, a veces sin ser conscientes de lo que asumimos.

En un tuit al hilo de una de las crónicas apuntaban que, tal vez, el que en nuestro país las bibliotecas no jueguen un papel tan fuerte en cuanto a compromiso social es porque afortunadamente contamos con más asistencia social. Comparando la realidad bibliotecaria española y lo que has podido observar en Nueva York ¿hay puntos en los que salimos ganando en comparación?

Antes de nada, me gustaría señalar que ni las bibliotecas, ni los bibliotecarios de NY, son perfectos. He tenido la suerte de recorrer unas cuantas y cada una tiene sus características, muchas se parecen a las españolas donde me crié, y en las que he tenido la suerte de trabajar. No hay que idealizarlas, a pesar de que en mis crónicas haya señalado las cosas positivas y que creo que son interesantes, en España tenemos excelentes profesionales y grandes bibliotecas donde he sido muy feliz. Lo que pasa es que en la intensidad de Nueva York las bibliotecas son un refugio inesperado, cool e imprescindible desde que se fundó la ciudad.

Creo que en España gozamos de un cierto estado del bienestar que nos puede colocar a muchos ciudadanos en un lugar privilegiado en el que, aparentemente, pensemos que no necesitemos ese compromiso social bibliotecario. Pero pienso que la realidad es más compleja y que siempre hay que cuestionarse quiénes son los excluidos del sistema para reflexionar cómo les ofrecemos ese servicio público cultural que la biblioteca promete. Usuarios jóvenes, racializados, discapacitados, sin hogar… ¿están realmente integrados o incomodan?

Creo que, a veces, quizás no nos damos cuenta de la sociedad adultocéntrica, racista, LGTBifóba y excluyente con el diferente en la que vivimos y cómo se refleja eso en los lugares públicos. Y aunque estuviésemos en un escenario social ideal, creo que el compromiso público de las bibliotecas siempre ha de existir porque son lugares de convivencia, donde los usuarios disfrutan de un ocio no consumista, que garantizan un acceso a la cultura igual para todos y que hacen fuertes los barrios.

No me gusta pensar en una biblioteca «para los que necesitan servicios» ni victimizar a ciertos sectores de la población. Me gusta entender a la biblioteca como algo necesario para todos, donde lo bonito es que exista esa convivencia en torno a la cultura y no relajarnos por tener una buena Seguridad Social o una Educación Pública envidiable. Pienso que la biblioteca debe de ser parte de este engranaje de una sociedad saludable.

Eres experta en SEO, SEM y Social Media y precisamente, en tus crónicas desde Nueva York, nos has hablado sobre todo de iniciativas que tienen que ver mucho con las bibliotecas como espacios públicos para experiencias físicas compartidas. La tecnología es esencial pero ¿se puede afirmar que la biblioteca como espacio real es una apuesta de futuro tan, o más importante, que la biblioteca como experiencia virtual?

Bueno, creo que en las bibliotecas -como en cualquier otro espacio de nuestra vida- lo tecnológico ya convive con lo analógico y no lo entiendo como una lucha ni un enfrentamiento, sino como algo natural. Y quizás por este futuro/presente digital creo que es más importante aún conservar lugares físicos de encuentro; lugares donde la multitarea se pare, donde haya una energía de lectura y murmullos. Quizás es porque soy una clásica, pero el ritual de recorrer las estanterías, venirme arriba y coger en préstamo dos o tres libros, no me lo quita el tener instalada la app de audiolibros y leer en digital. Una de las cosas que más me gustan de las bibliotecas de NYC es cómo dan una presencia física y digital de calidad, cómo un usuario puede elegir entre la experiencia de ir a la biblio o navegarla y que ambas sean interesantes.

Hablar de patrocinio o mecenazgo por parte del sector privado en bibliotecas de nuestro país es siempre un tema que enciende los debates. En los Estados Unidos multinacionales como McDonald’s patrocinan en muchos casos a las bibliotecas. Tras tu periplo estadounidense ¿tienes otra perspectiva sobre este asunto?

Estados Unidos es la tierra de la propina, la ciudadanía tiene claro que para que algo tire tiene que aportar su granito de arena y eso no es necesariamente bueno. Además, me llama la atención que las bibliotecas organizan unos fundraising de lo más interesante: desde galas y eventos a vender merchandising chulísimo, no hay una newsletter que no te recuerde donar una pequeña contribución a la biblioteca y lo que eso supone para la comunidad. Por otro lado, recordemos que allí está bien visto ser millonario, los más ricos donan grandes cantidades de dólares y son aplaudidos por ello. Sólo hay que ir al hall de la biblioteca principal y ver todos los millonarios que la levantaron.

Quizás en España sentimos que lo público «ya lo estamos pagando» y no sentimos que haya que aportar nada más o confiamos mucho en cómo funciona la fiscalidad… no sé, no entiendo de economía, pero es muy bonito ver a los usuarios y empresas apostando por a las bibliotecas, valorándolas así.

Se habla mucho de las bibliotecas como las instituciones más democráticas que existen. En una ciudad en la que las diferencias sociales están tan marcadas, como nos contabas en la primera crónica ¿en las bibliotecas se reflejan esas diferencias o se perciben como un espacio neutro en este sentido?

Cada biblioteca es un mundo, dependiendo del barrio se perciben unas cosas u otras, no es lo mismo una biblioteca de Downtown a otra del Bronx… pero en líneas generales, a mí sí que me han parecido lugares neutros. Comparten espacio usuarios diversos, con diferentes necesidades pero con una actitud bastante respetuosa, aunque alguna escena he visto también divertida. Es que esa ciudad es mucho.

En la tercera crónica nos hablabas de la fantástica iniciativa de un club de lectura compartido por toda la ciudad. Y nos decías los libros que habían escogido para ese club multitudinario. Al final ¿te has podido leer alguno? Dinos cuál porque más de una biblioteca puede montar con la excusa un club de lectura con aire neoyorquino.

¡Aún no he leído ninguno! Pero quiero leerme Free Food for Millionaires para profundizar en el tema de la identidad al que se enfrentan las nuevas familias estadounidenses y cómo combinan esa necesidad de permanecer conectado con su cultura de origen con el deseo de éxito, con el sueño americano. Y no se mucho del pueblo coreano, ¿qué más se puede pedir? Este verano nos podríamos animar y ser parte del club de lectura ‘New Yorker’ siguiendo el hashtag #OneBookNY 😉

Nos has contado muchas iniciativas que inspirarían a cualquiera pero haciendo memoria ¿cuáles de ellas ves más adaptables a nuestra realidad?

Lamentablemente, llevo demasiado tiempo despegada del trabajo de las bibliotecas y creo que esta pregunta requeriría una conversación tranquila con bibliotecarios españoles, que saben la realidad de los recursos con los que cuentan y entienden sus márgenes de innovación. Pero por responderte, en plan carta a los Reyes Magos, a mi me gustaría ver un staff más diverso y que se pudiesen abrir las contrataciones de personal, que no todos tuvieran que pasar por oposición para ponerse detrás de un mostrador y encontrarme trabajadores con especialidades en trabajo social, mediación, marketing y otros perfiles con las que cuenta la NYPL. Creo que es un plus que las hace más dinámicas.

Y por último, ha sido un auténtico lujo poder contar con una corresponsal como tú en NYC. Nunca hubiéramos imaginado que esta ventana bibliotecaria a la cultura del siglo XXI que queríamos abrir en este blog iba a arrancar con unas vistas tan espectaculares. Las puertas de nuestro loft, pisito, apartamento, cabaña o cuchitril (teniendo cultura alrededor cualquier sitio es un hogar) siempre están abiertas para cuando te pille de paso visitarnos.

El placer ha sido mío, gracias por dejarme contar estas aventuras de una cartagenera en Gotham y reflexionar juntos. Me he sentido como en casa, tenéis un loft que ya lo quisieran en la 5th Avenue.

 

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Una bibliotecaria española en Nueva York. Cuarta crónica

 

10 razones por las que la Biblioteca de Brooklyn molan todo

 

Brooklyn es el más grande los cinco condados (“boroughs”) de Nueva York y un punto de reunión de razas, culturas y religiones del mundo entero, lo que se refleja en su personalidad, en su arquitectura y en sus diferentes barrios.

Blue in the face (1995), secuela de Smoke: dos de los mejores retratos cinematográficos de Brooklyn de mano de Paul Auster.

En el norte se encuentran los cotizados barrios de Williamsburg y Greenpoint, que hasta hace poco eran barrios obreros y ahora son los más cools de la ciudad, recordemos que el concepto “gentrificación” nació justo aquí.

Pero en Brooklyn no sólo hay hipsters, en sus calles podemos encontrar muchos afroamericanos, blancos, judíos ortodoxos, inmigrantes y generaciones ya asentadas, que proceden de Asia, Europa, Caribe, países árabes, etc .

Este collage de culturas en convivencia es lo que hace de Brooklyn un lugar tan especial, que atrae a miles de turistas que cruzan su famoso puente en busca de cerveza artesanal, de arte, de tiendas vintage, de cupcakes y ¡de bibliotecas! Brooklyn tiene unas bibliotecas chulísimas que, independientes y hermanas de la NYPL y de las de Queens, cada día dan servicio a todas las etnias y culturas de este barrio con tanto swag.

 

Y yo que viví una temporadita en Brooklyn, podría dar muchas más, pero aquí van 10 razones de por qué las bibliotecas de Brooklyn molan todo:

1. Porque su sede central es espectacular, siempre está llena de usuarios, tiene una cafetería grande a la entrada donde charlar o trabajar en un ambiente distendido, abren los domingos, tienen un wi fi que vuela y también exposiciones interesantes. Además, tienen una terraza con mesitas y sillas donde tomar un respiro y un poco de sol, y queda al ladito de Prospect Park y del Brooklyn Museum. Si vais, tenéis que pasear por Franklin Avenue y disfrutar de su multicultural restauración.

 

 

2. Porque entienden la diversidad de sus barrios y de la ciudad de Nueva York (algunas fuentes afirman que son más de 200 lenguas las que se hablan en estas islas), por lo que en su catálogo encontramos libros escritos en diferentes idiomas, tienen muchos recursos para aprenderlos que van desde una app gratuita para todos los que tenemos el carné de la biblioteca hasta clases formales de gramática y otras más informales de conversación, todos los días en cada una de sus sedes.

Como extranjera, es interesante ser parte de una de estos encuentros para conocer las historias reales de las personas que habitan en Brooklyn y te acercan al pueblo, al emigrante, al visitante.

 

 

3. Porque educan en la diversidad sexual y de género a través de su colección y programado diferentes actividades como el Drag Queen Story Hour y otros eventos modernos para los más pequeños de la casa.

 

 

4. Porque bibliotecas de Brooklyn son un gran lugar para los que comienzan con su propio negocio, con su carrera de emprendimiento o, simplemente, buscan empleo. Cuentan con un variado asesoramiento financiero (para abrir y manejar tu cuenta de banco, los ahorros, préstamos o ayudas en las campañas de recaudación de impuestos), proporcionan mentores para emprender, ayudan a preparar el CV, carta de presentación y también a familiarizarte con toda la parte digital que necesitas en tu vida laboral, entre otras bondades.

5. Porque tienen una tienda que todo bibliotecario querría comprar entera (¡y con la que también recaudan fondos!).

 

6. Porque hacen un trabajo digital exquisito. La página web tiene una experiencia de usuario envidiable, son usables, responsive y tiene todas las funcionalidades para el usuario de la biblioteca tradicional (solicitar el carné o renovar un préstamo) y el usuario online como coger un ebook o un audiolibro, entre otras.

7. Porque hacen eventos chulísimos que van desde música clásica a teatro, pasando por noches de fiesta con DJs para recaudar fondos, charlas o recitales.

8. Porque se deben a su comunidad y por ello la celebran a través de la Colección Digital del barrio, donde los curiosos archiveros pueden darse un paseo por la historia de Brooklyn a través de sus materiales que van desde postales, fotografías, audios o mapas.

9. Porque tienen un podcast que se llamaBorrowed” (“Prestado”) donde homenajean la profesión de bibliotecario, entrevistan a su personal, hablan de temas de interés y te cuentan cosas muy curiosas del funcionamiento de su red. Y porque, además, tienen otros dos podcasts donde recogen la memoria oral de las personas del barrio, dándoles valor e importancia y haciendo un archivo digital emocionante y vivo.

10. Porque están en todos los detalles, como el de incluir este cartel en el cambiador de pañales de sus baños que, por cierto, son “all gender”:

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Una bibliotecaria española en Nueva York. Tercera crónica

 

One book, one New York: cuando el club de lectura es toda la ciudad

 

Es imposible conocer la ciudad de Nueva York, si no has viajado en sus trenes. Si no has visto cómo va cambiando la idiosincrasia de los vagones conforme se acercan o alejan de Manhattan, si no te has subido en uno express cuando creías que era local, si no te has cruzado con unos cuantos locos o no te han aplastado en el asiento en hora punta sin ni un excuse me, ni un I’m sorry. En estos vagones pasa como en las bibliotecas, ves la realidad del pueblo y te pasas muchas horas.

Una de las cosas que más me gustan de viajar en estos trenes es fijarme en la publicidad y en los outfits de la gente, porque en Nueva York hay mucho estilo y muy buenos anuncios. Por eso, cuando el otro día iba en la línea 2, me encontré con este cartel que llamó mi atención librera:

 

¡Qué buena pinta! ¿Qué será? Me meto en la web que sugieren y veo que es un proyecto lanzado por el ayuntamiento de la ciudad (The Mayor’s Office of Media and Entertainment) junto a la editorial BuzzFeed, basado en una idea que de tan simple me resulta brillante: pedir el voto a la ciudadanía para que escojan entre 5 libros durante el mes de abril, el libro seleccionado será leído por toda la ciudad de forma simultánea, convirtiendo a NYC en un club de lectura enorme, sin fronteras ni paredes.

Wow, se me ponen los pelos de punta, una ciudad tan diversa y heterogénea como ésta haciendo una cosa a la vez: leer el mismo libro. OMG, OMG. Muy bonito para ser real, pero espera, que hay más. Como no podía ser de otra manera, este programa está liderado por las bibliotecas públicas de Nueva York, siempre presentes en iniciativas modernas e innovadoras, que llevan la lectura al pueblo y generan esas relaciones entre desconocidos tan poderosas como compartir un buen libro que, rizando el rizo, tiene a la ciudad de Nueva York como protagonista. Este año -es el tercero que se realiza- han querido que sean voces de mujeres de Nueva York, que han escrito estas cinco historias potentes sobre la ciudad:

A Place for Us por Fatima Farheen Mirza.

Another Brooklyn por Jacqueline Woodson.

Just Kids por Patti Smith.

Nilda por Nicholasa Mohr.

Free Food for Millionaires por Min Jin Lee.

¿Cómo ha sido posible? La editorial ha donado más de 2500 copias de los 5 ejemplares que proponen para todas las bibliotecas públicas y, además, se promocionan y distribuyen también en las apps de ebooks de las mismas; así como en la red de librerías independientes de esta ciudad, para quien prefiera comprarlo.

Para facilitarlo más aún, las bibliotecas dan más tiempo a los lectores que se lleven estos libros en préstamo (¡60 días!) y recomiendan que se disfruten en grupo, invitando a los usuarios a que se reúnan los amigos y vecinos para hablar sobre el libro que creen que todos deberían leer este año.

Además de la publicidad en el tren, prensa y en redes sociales, cuando vas a cualquiera de las bibliotecas públicas, encuentras un display con estos títulos y el personal de la biblioteca, no tarda en recomendarlos.

 

Me he reído mucho con la creatividad de los bibliotecarios de Brooklyn que “se mojan” y usan su blog para convencer a sus lectores sobre cuál libro merece más la pena para ser leído colectivamente. Reconozco que Eric me ha convencido con Free Food for Millionaires y he votado por él, aunque el Nueva York de Patti Smith en Just Kids también tiene pinta de ser bien interesante. Maldita sea, ¡quiero leer los cinco!

Creo que es justo esa la intención de los bibliotecarios, libreros y responsables de mediación cultural de la ciudad: meter el gusanillo lector a la ciudadanía, recomendar buenos libros, hacer una coreografía colectiva a través del pasar de las páginas o darle al play en Libby, la app de ebooks, que proporcionan gratis a los usuarios de bibliotecas públicas.

No sólo eso, también hacen diferentes encuentros con las escritoras en las bibliotecas que, como son tan reconocidas y queridas, siempre están llenitos de gente. En el que se celebró en la NYPL, hicieron una mesa redonda con estas 5 autoras y Fay Rosenfeld, la vicepresidenta de Public Programs de la Biblioteca Pública de Nueva York, presentó el evento diciendo algo así:

“Sabemos del valor y la importancia de leer, es nuestra razón de ser. Sabemos que los libros alimentan la curiosidad, la creatividad, fomentan la compasión y la empatía y que ayudan a construir comunidades fuertes y saludables. Creemos que la lectura es la llave para abrir … y que si hay algo más potente que el acto de leer, es leer juntos”.

Seguidamente, mucho orgullo e invitando a todos a hacerse el carné de la biblioteca, si es que no lo tenían. Me refuerzan la idea de que lo más simple es lo más eficaz, no hay miedo a ser redundante en esta ciudad.

En la NYPL son conscientes del poder de compartir lecturas, han visto el impacto a través de todos los clubs de lectura que se han organizado a lo largo de su historia en sus 219 sedes, y hace tres años se plantearon ir un paso más allá y hacer extensiva esta idea a toda la ciudad.

Gracias a la iniciativa “One book, one New York”, cuentan los bibliotecarios que cientos de neoyorquinos de los 5 condados (Manhattan, el Bronx, Brooklyn, Queens y Staten Island) han visitado las bibliotecas en busca de estos ejemplares, para leerlos y debatirlos. Y es que el poder de las relaciones que se generan en un “book club” es fuerte porque compartimos y escuchamos al resto, nos sentimos conectados con diferentes personas a través de la lectura.

Por eso, animan a compartir las diferentes sensaciones que experimentemos con “One book, one New York” con el hashtag #OneBookNY, además de comentarlo con el resto de usuarios de la biblioteca en las tertulias que organizan, cuando veamos que se llevan alguno de estos libros en préstamo, o a hacerle un guiño a la persona que tenemos al lado en el metro, deseándole una buena lectura (sin hacer spoilers ;))

Pero la cosa no acaba ahí, la autora ganadora asistirá a los eventos de Symphony Space. será la pieza central del BuzzFeed Book Club, en julio y asistirá al Center for Fiction. Además, las bibliotecas harán diferentes dinámicas y actividades con el libro ganador como protagonista. Todo ello, le da recorrido a la acción y refuerza que se lea la novela a lo largo del caluroso verano.

Para acabar, os cuento que el año pasado, la obra escogida por los new yorkers fue “Manhattan Beach” de Jennifer Egan. Esta autora, dicho sea de paso, se documentó y escribió esta novela en las Biblioteca Central de Nueva York, -la de la 42, la bonita, la de las películas- usando los mismos materiales de archivo que están disponibles para cualquier otro ciudadano que sea usuario de la biblioteca pública. Pelos como escarpias, lo sé.

 

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Una bibliotecaria española en Nueva York. Segunda crónica

 

Cuando el carné de la biblioteca te abre las puertas de los museos: el Culture Pass de NYC

 

Sobre el manido concepto de democratización cultural, tan usado por políticos y altos cargos de «La Cultura», decía Oriol Martí en un interesante artículo, que publicó para ‘Cultura y Ciudadanía‘:

“siempre utilizo el mismo ejemplo para explicar qué es una política pública centrada en la llegada cultural: la construcción y puesta en funcionamiento de una biblioteca para acercar los libros, el amor a la lectura, el silencio, el estudio y el conocimiento reposado al mayor número de personas, independientemente de su condición social, género, país de origen, edad, peso o estatura. Y siempre utilizo un segundo ejemplo: un festival de artes de calle”.

 

Y creo que razón no le falta. Cuando se quiere acercar la cultura a todos los públicos, las plazas, las calles: las bibliotecas son los lugares idóneos. Donde, en principio, toda la ciudadanía es bienvenida. Pero ¿qué pasa con el resto de instituciones?, ¿son realmente accesibles los museos, las bibliotecas privadas, los jardines botánicos o las galerías? ¿No hay responsabilidad en hacer esos lugares algo más cercano para todos los públicos? ¿Por qué no vemos los mismos públicos en un museo que en una biblioteca?

Quizás sea por eso de que los museos tienen ese halo moderno que rodea a las élites culturales, quizás sea porque da pereza ser turistas en nuestras propias ciudades, o porque no tenemos dinero para la entrada o no tenemos el tiempo para ir a ultimísima hora cuando quizás “es gratis”… O quizás sea porque algunas comunidades tienen categorizados esos lugares como algo que no se merecen, que no son para ellos, donde no son bienvenidos. 

 

Por eso, cuando llegué a Nueva York en septiembre de 2018, y encontré la ciudad empapelada de algo que se llamaba “Culture Pass”, y que estaba firmado por las bibliotecas públicas de la ciudad, ya sabéis, saltó el radar. ¿Será que en NYC las bibliotecas y los museos están ahora más integrados? ¿Será verdad que se puede ir gratis al MoMa si eres usuario de la biblioteca?

Pues sí, este “Culture Pass” es una iniciativa dirigida por la NYPL, la Brooklyn Library y la Queens Library: que proporciona acceso gratuito a los millones de usuarios que tienen carné de la biblioteca para que puedan visitar 50 instituciones culturales de los cinco condados de Nueva York. Suena bien.

Tom Finkelpearl, del comisionado de asuntos culturales de la ciudad de Nueva York, decía: «En una ciudad tan rica en actividades creativas, cada neoyorquino merece tener acceso a experiencias culturales transformadoras«.

Exactamente, a través de esta iniciativa, los usuarios de bibliotecas pueden visitar, de manera gratuita diferentes instituciones culturales de la ciudad que van desde el Jardín Botánico de Nueva York al Museo de Brooklyn, pasando por el Met, el Guggenheim o el Museo de Historia Natural. Todos los “must” que los turistas no nos perdemos, y que tantos ciudadanos aún no han pisado, por las razones que sean.

A mí me parece interesantísimo que se refuercen los vínculos entre las bibliotecas locales y otras atracciones propias del sector cultural, porque realmente, creo que deberían de ser un todo en la relación cultural que tenemos con la ciudad.

Además, creo que el Culture Pass es especialmente potente en esta ciudad que posee una de las ofertas culturales más potentes del mundo, que hacen de ella un destino atractivo, y que ahora no pertenece sólo a los turistas o comunidades más privilegiadas, sino que también pertenece al pueblo que es usuario de las bibliotecas. Es emocionante poner en la misma página a las bibliotecas y museos: instituciones que, a veces, parecen pertenecer a categorías culturales diferentes. 

Dice Linda E. Johnson. , Presidente y CEO de la Biblioteca Pública de Brooklyn:

«Como la institución más democrática de nuestra sociedad, la misión principal de la biblioteca es proporcionar recursos para el aprendizaje, la cultura y la creatividad a personas de todas las edades y antecedentes, en esencia para brindar acceso al conocimiento colectivo del mundo. El Culture Pass ayudará a crear conciencia, ampliar el público y ofrecer acceso a los usuarios de bibliotecas a los museos e instituciones culturales de Nueva York. Estamos encantados de unir fuerzas con estos estimados museos de artes visuales y ciencia”.

 

 

Por su lado, el presidente y director general de la Biblioteca Pública de Nueva York, Anthony W. Marx afirmaba:

“En la Biblioteca Pública de Nueva York, trabajamos todos los días para garantizar que todos los neoyorquinos puedan aprovechar todos estos destinos únicos para aprender, crecer y beneficiarse de la gran cantidad de información y experiencias enriquecedoras de la ciudad. El Culture Pass es una manera emocionante de ampliar ese trabajo y ayudar a todos los neoyorquinos a explorar y descubrir los tesoros de la ciudad».

Sí, qué jefes bibliotecarios más inspiradores, cómo empoderan a la ciudadanía.

¿Por qué está funcionando tan bien esta iniciativa?

Porque además de conseguir que diferentes organizaciones culturales donen invitaciones al Culture Pass, de manera mensual, éstas resultan ser las instituciones más importantes de la ciudad y, por lo tanto, intrínsecamente interesantes y atractivas… ¡¡chachaaaán!!

 

Hacen publicidad todo el rato y en todos los lugares del Culture Pass: desde en las marquesinas del bus, en el metro, en redes sociales, en las mismas bibliotecas, en la prensa… De nada vale tener un servicio a la disposición del usuario si no se le repite, y se le explica una y otra vez, que tienen derecho a usarlo. Y esto, como os imagináis, es una inversión en recursos extra, que las bibliotecas de la ciudad asumen, porque estamos en el reino del marketing y saben hacer las cosas.

Porque además de hacer publicidad de la biblioteca, la estás promocionando asociándola a algo cool, atractivo, de ocio saludable y disponible para todos. Porque tener el carné de la biblioteca es tener un pase a los museos, porque quizás algunos usuarios se han dado de alta precisamente para tener este servicio. Porque en el momento en que entramos a la biblioteca ya estamos más cerca de leer; de cogernos ese libro que te apuntaste en esa exposición; o de planificar un fin de semana diferente en la ciudad y llevar gratis a tres personas más. Y eso, en esta ciudad es mucho.

 

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