Me enveneno de azules…en la biblioteca

 

Todas hieren, la última mata. La demoledora cita latina se refiere a las horas, pero en nuestro entorno hiperdigitalizado, puede que termine por referirse a las pantallas. Esas pantallas que nos iluminan muchas más horas que el sol. Si en el siglo XVIII se agudizaba la blancura de la piel como signo de distinción social; y en el XX, se bronceaba con la misma finalidad (discriminar a los que podían veranear y de quienes no): el siglo XXI ha resultado ser de lo más igualitario. El tono cerúleo que se refleja en nuestros rostros y pupilas agotadas nos iguala, pantallas mediante, a ricos y pobres.

 

El grupo indie Me enveneno de azules estuvo activo de 1998 a 2003. Y adaptó su nombre del título de la película sesentera de Francisco Regueiro.

 

En 1969, el cineasta Francisco Regueiro, poco podía saber que el título elegido para su cuarta película: Me enveneno de azules, protagonizada por Junior y Charo López, iba a resultar profético cincuenta años después.

El gran azul (1988)

Según una investigación desarrollada en la Universidad Estatal de Oregon, y publicada en la revista ‘Aging and Mechanisms of Disease’: las longitudes de ondas azules producidas por la luz azul que emana de las pantallas de los dispositivos móviles, ordenadores y otros electrodomésticos: podrían acelerar el envejecimiento.

Según reza la investigación, las ondas azules dañan las células del cerebro y las retinas. Está claro que algo tenía que contrarrestar el aumento de la esperanza de vida. Una esperanza de vida que, curiosamente, se ha incrementado paralelamente al número de horas de luz artificial con las que alargamos nuestros días. La solución, según los investigadores, pasaría por configurar móviles, ordenadores y demás dispositivos para que bloqueen las emisiones azules.

 

La maravillosa biblioteca de Stuttgart en su versión más azul.

 

Pero, ¿a quién creer? En la web de actualidad científica Xataka nos tranquilizan asegurando que la luz azul no nos va a hacer envejecer más rápido.

Y lo cierto es que haciendo memoria, hace unos años, otro estudio afirmaba que la luz azul estimulaba al cerebro incentivando poderosamente los recuerdos. Igual que siempre hay un roto para un descosido: siempre hay un estudio que le enmienda la plana a otro. Y así hasta el infinito.

Fue en 2016, cuando los científicos del Instituto del Cerebro Peter O’Donnell Jr. de la Universidad de Texas Suroeste: publicaron que la luz azul tendría la capacidad para activar la dopamina en la zona de nuestro cerebro (el locus cerúleo: no podía tener otro nombre) que aumenta nuestra memoria en el momento en que acontece algo; y también a posteriori, a la hora de recuperar esos recuerdos.

Tal y como titulaba el hallazgo la web Tendencias 21: Estimular con luz azul podría ayudar a estudiar sin esfuerzo.

Si el lobby estudiantil, que coloniza las bibliotecas en épocas de exámenes cual aves migratorias: supiera de estos resultados ya podemos imaginar cuáles serían las peticiones que llegarían a través de los buzones de sugerencias. LED de tonos azulados que convirtieran a las bibliotecas en trasuntos de la casa azul que compartían Frida Kahlo y Diego Rivera.

 

La pintura subastada esta semana en Christie’s con el famoso azul Klein.

Pero es que la actualidad no puede estar más repleta de azules (sin tintes políticos de ningún tipo). En la prestigiosa casa de subastas londinense Christie’s esta semana se subastaba una de las pinturas de Yves Klein pertenecientes a su serie Antropometrías: que podría superar su récord en precio.

Una serie en la que, el célebre International Klein Blue, refulge con la intensidad propia de esta tonalidad merecedora de nombre propio: el del artista que la creó a base de intensificar y profundizar, más y más, en el azul ultramar.

Nada en contra del azul, es un color que suele favorecer a casi todo el mundo, y crea ambientes de lo más interesantes. Pero también tiene sus inconvenientes, por ejemplo según otros experimentos: estar expuesto a una luz azul pasadas las 11 de la noche, puede producir insomnio, aumenta el ritmo cardiaco y eleva la temperatura.

Está también demostrado, que hacer una pausa en nuestra actividad para disfrutar de algo que nos evada o nos guste, hace activar esa dopamina. Y si además predomina el azul en los objetos elegidos, entonces, no habrá mejor regla mnemotécnica que nos permita disfrutar de los rabos de pasas, por mero placer, y no por necesidad.

 

Una de las mejores películas de uno de los mejores directores de cine que empezó en los 80: Terciopelo azul (1986)

 

Por eso a partir de aquí el post se hace contemplativo. Y ya que nos estamos envenenando de azules, que al menos, sea repasando algunos de los antecedentes culturales de este contagio pitufo.

¿Cuándo empezó esta fiebre de azules que ahora todo lo satura? No hace falta remitirse a referentes culturales tan lejanos como la época azul de Picasso, en realidad, esta saturación cerúlea proviene de los años 80.

Fue durante esa década cuando se puso de moda en muchas películas, vídeos y anuncios de televisión; un estilo de iluminación y fotografía saturada de tonalidades azuladas. Puestos a buscar culpables, es muy posible que gran parte de responsabilidad recaiga sobre una generación de cineastas formados en la publicidad, que precisamente en esa época arribaron al cine. Y entre todos ellos un nombre: el de Ridley Scott.

 

Estamos en noviembre de 2019, la fecha en que se desarrollaba la primera Blade Runner: y el color azul sigue omnipresente.

El esteticismo del director de Blade Runner o Alien marcó una época con su fotografía saturada de tonos azules, ventiladores, flous y vapores; que cargaban las atmósferas por las que se movían sus personajes.

Su influencia podía verse en todas partes; y aunque no fuera el único responsable, si que se puede decir que en este caso lo llevaba en la sangre (roja se supone, no se le conocen antecedentes en la nobleza). Su difunto hermano Tony Scott llevó al paroxismo la tendencia en películas propias como El ansia (1983) o Top gun (1986).

Hanna-Barbera lanzó la célebre adaptación animada de los tebeos de Peyo, Los Pitufos, precisamente nada más empezar la década en cuestión, en 1981. ¿Todavía queda algún escéptico que crea que lo de los 80 y el color azul era casualidad?; ¿no suena a confabulación secretamente orquestada por Reagan y Tatcher para infiltrarnos el neoliberalismo de manera perenne en las neuronas?

 

La pasión de China Blue (1984) de Ken Russell.

 

Y podríamos seguir enumerando obras «azules» hasta aburrir. Ampliando el zum más allá de los 80, y por remitirnos a la literatura, tendríamos dónde escoger.  Ojos de perro azul de García Márquez, Azul de Rubén Darío, Blanco en azul de Azorín, La guitarra azul de Banville, El azul del cielo de Bataille, El azul de la virgen de Tracy Chevalier…Y muchos más. Es lo que tiene el azul: que te activa la memoria.

 

La vigencia del azul más allá de los 80. El cómic de Julie Maroh y su exitosa adaptación cinematográfica que, contrariamente a lo que se anunciaba en este cartel, terminó con el nombre de La vida de Adele (2013).

Y hasta aquí nuestra cuota de envenenamiento por azules en nuestro blog por esta semana. Esperamos que si acaso es cierto lo que aseguran los científicos, y hemos contribuido al envejecimiento de quienes lo han leído, al menos haya sido placentero. Siempre queda el consuelo de que más viejo está el autor que ha pasado más horas delante de la pantalla para escribirlo.

Pero nos hieran las horas, las pantallas, los agobios, los problemas o los azules: lo único a lo que podemos aspirar cuando llegue la última: es que no tengamos la sensación de haber perdido el tiempo.

 

Mi biblioteca y otros animales

 

La crónica bibliotecaria de estos últimos días viene cargada de noticias que le darían a J.K. Rowling para una nueva entrega de sus animales fantásticos. No tanto por la magia como por el hecho de toparse con animales allá donde uno no espera encontrárselos: en bibliotecas.

Perros y bibliotecas es una asociación que ya no sorprende a nadie. El programa Perros y Letras R.E.A.D. España es la adaptación a nuestro país del programa originario de los Estados Unidos que creó, en 1999, la organización Intermountain Therapy Animals para mejorar la vida de las personas mediante la interacción con animales. Durante los últimos años han sido varias las bibliotecas que han celebrado cuenta cuentos con perros adiestrados. Lo que no es tan habitual es toparse con serpientes en una biblioteca.

 

 

Tal cual como le pasaba a Elsa Pataky, en esa pieza de culto friki que fue Serpientes en el avión (2006), Peggy Goforth, bibliotecaria responsable de la Biblioteca Pública del Condado de Madison: tuvo un encuentro no demasiado agradable con estos reptiles en su biblioteca.

Un usuario se acercó al mostrador a quejarse porque había detectado a una persona en la biblioteca con una serpiente en una bolsa.

Cuando la bibliotecaria fue a preguntar a la persona en cuestión por el contenido de su bolsa, el hombre, la volcó sobre el mostrador para mostrarle unas doce serpientes, desde pitones a boas, que comenzaron a reptar alrededor mientras el orgulloso propietario les decía los nombres de sus mascotas como si de hijos se tratasen.

Hábilmente, la bibliotecaria le hizo notar al usuario que la presencia de sus queridas mascotas incomodaba al resto de usuarios (tanto es así que hubo que pedir asistencia para una mujer que sufrió un ataque de pánico): por lo que le pidió con mucho tacto que se llevara a las serpientes de la biblioteca: a lo que el hombre accedió comprensivo.

 

The Living Reptile Museum Summer Reading Presentations es un programa de lecturas y actividades con serpientes dirigidas a bibliotecas.

 

La película basada en las memorias de Benjamin Mee, que junto con su familia, adquirió un zoológico abandonado para vivir en él.

Pero tal y como cuentan en ‘Citizen Times‘: las serpientes no son los únicos animales «fantásticos» que han visitado la biblioteca del Condado de Madison. Los usuarios de esta biblioteca parecen tener una afición un tanto desmedida por hacerse acompañar por sus mascotas en sus visitas a la biblioteca.

Los perros y gatos no son nada si se tiene en cuenta al listado de animales que han tenido de visita durante solo el último año: un mono, una rata, arañas, un hurón, loros, pollos, jerbos, conejillos de indias o hámsteres, entre otros.

Puede que también tenga que ver el hecho de que la propia biblioteca ha mostrado un talante muy animal friendly a la hora de programar algunas actividades. En una ocasión hicieron llevar una granja de hormigas para mostrarla en el centro, y la persona encargada olvidó cerrar la tapa: por lo que las hormigas se desperdigaron por toda la biblioteca.

Hormigas entre libros: da para título de cuento infantil o relato de terror.

Un arca de Noé bibliotecario que se les ha ido de las manos, a partir del incidente con la bolsa de serpientes, y les ha obligado tomar medidas. La Junta de Comisionados del Condado ha elaborado un reglamento que limite la presencia de mascotas en las bibliotecas a los perros-guía excluyendo cualquier otro tipo de mascota.

 

Terry L. Vandeventer, de The Living Reptile Museum, ejerciendo como el ‘snake man’ en una biblioteca.

 

Las bibliotecas de nuestro país son menos exóticas en ese sentido. Más allá de los perros, no es habitual encontrarse con situaciones comprometidas en cuanto a la presencia de animales en bibliotecas. Tampoco es que España, históricamente, pueda erigirse en ejemplo de país comprometido con los derechos de los animales.

Afortunadamente en los últimos años este asunto está, poco a poco, ocupando espacio en los medios y en los debates políticos. La última noticia esperanzadora ha sido la aprobación en Extremadura de la Ley 10/2019 de protección civil y gestión de emergencias. Una ley que se ha convertido en la primera normativa española que contempla a los animales, cuando de organizar planes de evacuación ante catástrofes, se trata.

Pero una cosa son los derechos de los animales y otra las reglas de convivencia con los humanos. La presencia de mascotas personales en las bibliotecas (tal y como han decidido en la «zoológica» biblioteca del Condado de Madison) se circunscribe a perros guías.

Pero el debate está en el aire: ¿debería ampliarse la presencia de mascotas (perros mayoritariamente por ser más fácilmente adiestrables) en espacios públicos comunes como son las bibliotecas? Un asunto a debatir en el que surgen posturas de lo más opuestas entre quienes abogan porque estos centros sean dog friendly y los que no ven necesidad, o incluso ven como una molestia, la presencia de mascotas en bibliotecas.

 

Pipper, el perro viajero. La mascota del periodista donostiarra Pablo Muñoz Gabilondo se ha hecho célebre por viajar por toda España junto a su dueño constatando lo dog friendly que son las ciudades de nuestro país.

La cantante, compositora y productora Lorde.

Precisamente la cantante Lorde, la esperanza de la música según declaró Bowie en un alarde de entusiasmo poco habitual por parte del duque blanco, acaba de comunicar a sus fans que su próximo disco retrasa su fecha de publicación debido a la muerte de su perro Pearl.

Lorde ha declarado que era su perro quien le dirigía hacia las ideas que conformaban su nueva obra y «que ya no hay un pastor que me guíe para ver cómo será la obra». Con su anterior disco, Melodrama, la compositora, cantante y productora neozelandesa reafirmó su talento y personalidad. Y, precisamente, de melodrama millennial tachan algunos el hecho de que vaya a reformular su tercer disco, y a posponer su lanzamiento, por el hecho de haber perdido a su mascota.

Sócrates, el perro peripatético de Joann Sfar y Christopher Blain: reflexiones en torno a los humanos desde el punto de vista de un perro filósofo.

Problemas del primer mundo que confunden los afectos en una sociedad desnortada según algunos; algo con lo que empatizar según otros. El caso es que cuando se habla de mascotas (sobre todo perros y gatos) se hace casi inevitable incurrir en alguna frase hecha tipo ‘se les quiere como a uno más de la familia’.

La relación entre las personas y sus mascotas habla mucho de la sociedad en la que vivimos, en positivo y negativo, y es un asunto que no ha hecho más que empezar.

Un debate que se complica aún más cuando se cruza otro tema de candente actualidad como es la alimentación y las industrias cárnicas. En este sentido el libro de la psicóloga y socióloga Melanie Joy sintetizaba maravillosamente el asunto simplemente con su título:

 

 

El documental de Gustavo Salmerón sobre su madre muestra, entre otras muchas cosas, lo importante que es elegir correctamente al animal que queremos como mascota. Y un mono no es la mejor opción.

En la sección que ‘El País’ dedicó a figuras relevantes en diversos ámbitos y a sus mascotas, una de las entrevistas más jugosas, vino de la mano de una gran amante de los perros como es Rosa Montero. La escritora y periodista es hija de banderillero, ella no puede ser más antitaurina, pero en dicha entrevista reconoce que el amor por los animales le vino inducido por su padre.

Contradicciones, incongruencias según quien las mire, paradojas que hacen aún más complejo el debate. Un asunto, el de la presencia de mascotas en espacios públicos humanos, que lejos aminorarse no parece haber hecho más que empezar. Y que por lo tanto requerirá de reflexiones por parte de las bibliotecas.

Pero sería un desperdicio acabar este post sobre animales y bibliotecas sin citar la noticia más #bibliobizarra de los últimos años.

 

 

Según relata ‘The Guardian‘ (aunque la noticia es tan jugosa que ha aparecido ya en muchos medios): se ha recurrido a 500 cabras para salvar, de los incendios que están devastando California, a la biblioteca presidencial de Ronald Reagan. Los chistes son tan facilones que nos los vamos a ahorrar.

El caso es que un ejército caprino hambriento desbrozó los trece acres de matorral seco que circundaban a la biblioteca presidencial, y de este modo: formaron un cortafuegos natural que puso a salvo a la institución.

Afortunadamente la empresa propietaria de las cabras supo contenerlas a tiempo de llegar hasta la propia biblioteca. El festín de papel que se podían haber dado hubiera sido pantagruélico. Claramente puede que las bibliotecas lleguen a ser dog friendly, pero difícilmente serán cabra friendly, y visto lo que han hecho al salvar una biblioteca: no deja de resultar injusto.

Y para terminar nada mejor que rescatar el vídeo del grupo Capital cities para su tema Kangaroo Court. Animales antropomorfos que nos sirven para pensar sobre cuán cerca y lejos estamos las distintas especies que habitamos este planeta; y lo fácil que es llegar a confundirnos si lo miramos todo desde una perspectiva únicamente humana.

 

Bibliotecas recicladas, bibliotecas circulares

 

En enero de 2018, la noticia sobre unos basureros turcos que habían formado una biblioteca gracias a los libros que rescataban de la basura: ayudó a completar el reducido cupo de noticias edificantes/curiosas en torno a la cultura que se permiten los medios generalistas.

La noticia satisfacía dos conciencias colectivas asumidas en positivo por el discurso de nuestro tiempo: la ecológica y la cultural. Por un lado, la necesidad de reciclar como respuesta ciudadana ante la deriva desbocada de la sociedad de consumo; y por otro, esa visión romántica y apocalíptica que sugiere la idea de un libro desechado como metáfora de una civilización en decadencia. La ración homeopática justa para que a continuación los medios (y quien dice medios incluye también al runrún incesante de las redes): puedan proseguir llenando de basura informativa la crónica de actualidad.

 

Uno de los bancos, con forma de libro, desde los que contemplar el Bósforo en Estambul.

 

Lo que hubiese alterado, profundamente, el sentido de la noticia de haberse descubierto: es el hecho de que, imaginemos, algunos de esos libros hubieran sido expurgados de una biblioteca. Al decir esto en un blog cultural orientado, principalmente, al gremio bibliotecario no se corre ningún peligro. Pero la misma información soltada a bocajarro ante la mesa de algún concejal de cultural o de una asociación de vecinos: puede dar más armamento electoral a la oposición política que la recalificación urbanística de un parque natural.

Que los basureros reciclen libros y con ellos monten una biblioteca es algo reconfortante. Denota el espíritu de progreso de unos proletarios; expresa el respeto que aún se conserva, pese a todo, en esta sociedad hacia los libros. Un respeto tan, tan grande en muchos casos, que por eso un gran porcentaje de ciudadanos ni se les ocurre acercarse a ellos. Es el mismo respeto que lleva a declarar en las encuestas que se está a favor de las bibliotecas: aunque jamás se pise una.

 

El libro posee un valor cultural tan importante en Francia que encontrarse uno en la basura es algo inconcebible para muchos.

 

Una doble moral en la que, muchos por no decir todos, caemos si no es en el asunto de los libros, o en el del reciclaje: en algún otro, que igual, no queremos reconocernos. El sentimiento de culpa, que tan magistralmente administraba la religión: ahora se ha potenciado en tantos ámbitos de nuestra vida que ya no hay escapatoria posible. Y la persecución de cualquier desliz se denuncia con severidad, La picota digital no tiene un segundo de descanso.

La homeopatía, remedios naturales y demás conocimientos de los englobados dentro de las denominadas pseudociencias son uno de los nuevos anatemas. Y pobre de la biblioteca, centro educativo o espacio cultural, que en un despiste, dé cobijo a alguien que defienda algo que se pueda asociar, remotamente, a alguno de estos asuntos.

 

Noviembre fue el mes elegido para convertirse, cada año, en el mes de la divulgación científica en las bibliotecas gallegas.

 

Afortunadamente la ciencia y su divulgación (gracias en parte a las bibliotecas) están desvelando a mucho gurú falso (¿hay alguno verdadero?): pero el encono y la vehemencia que se pone en la persecución de los que aún confían en estos remedios remite a tiempos propios de supercherías y represión inquisitorial. Y ya que estamos en ambiente medieval hagamos un poco de abogados del diablo.

Si un usuario, que como todos, paga los impuestos con que se sostienen las bibliotecas públicas quiere creer en: el tarot, la medicina natural o los remedios caseros, y solicita que se le compren esos libros: ¿han de respetarse sus gustos o ha de ser incluido en la lista de sospechosos en la que, inevitablemente, entraría uno que solicite un manual para formar parte del ISIS?

 

Como se puede comprobar este post viene torrefacto. Porque ahora volviendo a cuestiones de reciclaje y respeto por el medio ambiente nos preguntamos, una vez más: ¿qué se puede hacer desde las bibliotecas? Y echamos un nuevo tronco a la hoguera: ¿qué pasa con los carnés de biblioteca?

Hace un tiempo eran de cartón aunque, en muchas bibliotecas, se plastificaban o recurrían a fundas de plástico: con lo cual tanto daba. Si ya existen los DNI electrónicos y con ellos se pueden hacer infinidad de gestiones: ¿no sería la mejor opción para jubilarlos? Aunque es más probable que sean los móviles, a través de la consiguiente app para hacer préstamos, los que den el tiro de gracia a los carnés de biblioteca.

 

En el reciente viaje de Infobibliotecas a Liberia, una de las visitas, fue a una planta de reciclado de Coca-Cola. En ella se prensaban las botellas del refresco y se procedía a reciclarlas, para con ellas , fabricar desde una cancha de baloncesto al suelo para una escuela o biblioteca.

Coca-Cola, empresa emblemática del capitalismo occidental: ha lanzado su primera botella  fabricada con plástico reciclado recogido de los océanos.

 

Aunque si a esas olas de indignación y linchamiento que diariamente recorren las redes les diera por girar su mirada hacia las bibliotecas: igual no era tanto por el plástico de los carnés sino por el papel de los libros.

Las arrinconadas bibliotecas siempre podrían blandir las estadísticas crecientes de préstamos digitales de libros y películas, como atenuante de conciencia ecológica. Pero, una vez han mordido a la pieza, las jaurías de las redes no sueltan tan fácilmente a su presa.

Por ello el informe que acaba de publicar el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) sobre la economía circular de los libros nos deja varios apuntes de especial interés para repasar.

 

 

¿Hacía una economía más circular en el libro? es la pregunta que encabeza este pormenorizado estudio sobre la situación de los libros de papel y su impacto en el medio ambiente.  Para ello se centra, sobre todo, en soluciones para el sector editorial que los produce: pero abarca a todos los escenarios por los que se mueve el libro incluyendo, claro está, a las bibliotecas.

El reciclaje se erige en la solución mayoritaria para dar salida a la cantidad ingente de libros que se desechan en grandes cantidades. Pero no la única. Según los datos recogidos en el informe del 30% al 70% de los libros desahuciados podrían ser reciclados como papel para imprimir, y el resto, serviría para fabricar productos a base de fibra como cajas, toallas de papel o papel higiénico.

 

Una nueva ecología del libro es posible.

 

La WWF señala la sobreproducción editorial como uno de los mayores problemas para esta economía circular del libro. Por eso insiste en la necesaria racionalización y transparencia de los procesos de la industria editorial, como primer paso, para revertir los efectos nocivos de tantos libros desechados. Y hacia el final, da soluciones para cada uno de los actores que interactúan en el mundo del libro. En nuestro caso, como es de esperar, nos quedamos con los consejos dirigidos a bibliotecas:

  • según señala el informe las bibliotecas ya son un modelo de economía funcional o economía compartida o solidaria: por lo tanto tienen puntos a favor desde el punto de vista ecológico.
  • centrándose en algo que escandaliza, cada cierto tiempo, a personas poco familiarizadas con las bibliotecas y su funcionamiento y/o a medios necesitados de polémicas: el necesario expurgo que llevan a cabo las bibliotecas puede verse compensado con una política de donaciones o ventas de segunda mano. En cuanto a los impedimentos legales que puedan surgir de cara a estas ventas el estudio lo dice claro: «el argumento legal que se usa a menudo para oponerse a la reventa en bibliotecas no tiene una base real, y la jurisprudencia claramente favorece la donación o venta a un precio bajo.»
  • las bibliotecas deben ser centros de recolección para el reciclaje efectivo de libros que no puedan venderse o donarse. WWF pide transparencia a las bibliotecas en la gestión de los libros una vez son desechados.
  • como espacios privilegiados a la hora de llegar a un público joven, las bibliotecas son lugares idóneos para fomentar y educar en la reutilización y el reciclaje, de todo en general, y de los libros en particular. A través de actividades lúdicas y atractivas practicar la pedagogía en torno a la ecología del libro en las bibliotecas.
  • para el final el informe deja una nota a destacar: las bibliotecas en realidad solo representan el 2% de las compras de libros. El mayor porcentaje, un 98%, lo tiene la compra por parte de particulares. Claro que están hablando de Francia; no de España.

 

 

Precisamente en la web El asombrario & Co. se publicaba hace unos días un artículo con un título de lo más positivo: Los libros de papel resisten y se hacen más sostenibles. En él, aparte de abundar en las noticias que confirman la vigencia del libro en papel y el estancamiento del digital: se habla del sello de certificación ecológica FSC que garantiza que el papel que llega al consumidor haya pasado por todos los estándares de sostenibilidad.

En España hay pocas editoriales que se hayan sumado a esta certificación en sus libros.

La primera en hacerlo fue Penguin Random House cuando lanzó en nuestro país el libro de Isabel Allende: El bosque de los pigmeos. Y desde entonces han estado trabajando hasta conseguir, en este 2019, que todos sus libros puedan lucir dicha certificación.

Otros sellos como Impedimenta, Errata Naturae o Plaza y Valdés ya están utilizando también papel con el sello FSC en muchos de sus libros. Apuestas de futuro que nos afectan a todos: librerías, editoriales, lectores y bibliotecas.

Bibliotecas recicladas (en el amplio sentido de la palabra), bibliotecas circulares. En definitiva, bibliotecas por el futuro.

Bibliotecas bailando con el diablo a la luz de la luna

 

Por si la maquinaria publicitaria de Warner Bros no fuera suficiente, desde Infobibliotecas (generosos que somos), vamos a ayudarles a promocionar su película Joker (2019). Hemos recurrido a una antológica frase del personaje para titular el post. Aunque la frase en cuestión ni siquiera es de la película de Todd Phillips, sino que la pronunciaba hace veinte años otro Joker memorable: Jack Nicholson en la primera de Tim Burton. Y además, en realidad, de lo que vamos a hablar es de bibliotecas. En fin, pese a todo, esperamos que la Warner sepa apreciar el detalle.

 

Batman-Gotham

Parte de la campaña de marketing de la película pasaba por pedir precaución frente a posibles atentados en cines o llamadas a disturbios tras ver la película. Y resulta que, en vez de en los lejanos Estados Unidos, las escenas callejeras violentas, más recientes, las estamos viviendo mucho más cerca. En una tierra cuyas bibliotecas, símbolo de diálogo e integración, siempre han sido modelos en los que inspirarse.

El Joker les decía, poéticamente, esa frase a los que a continuación iba a asesinar. Y en este post viene bien para hablar de esas amistades peligrosas que, en ocasiones, pueden establecer las bibliotecas. Unas amistades que nunca se sabe si te llevarán por el buen camino.

Por otro lado, que en este 2019, el Día de las Bibliotecas, coincida con el día en que finalmente los restos del dictador abandonan el Valle de los Caídos: no podía dejarse pasar sin hacer alguna interpretación de las que tanto nos gustan en este blog. Quien no arriesga no gana. Y riesgo, en este post, lo que se dice riesgo: no va a faltar.

 

El término marketing ha abierto a la puerta a muchos otros anglicismos. Este libro sobre branding es de los más recientes sobre marketing cultural.

 

Las XX Jornadas Bibliotecarias de Andalucía, que tuvieron lugar los días 18 y 19 de octubre: han girado en torno a la importancia de tener una marca propia que nos identifique.

El hashtag #marcabiblioteca y un estupendo spot publicitario lo dejaban claro. Y como en este blog hemos dedicado ya varios post a observar con descaro a la publicidad y sus estrategias para relacionarlas con el mundo bibliotecario (el más reciente: Pausa publicitaria para bibliotecas): no podíamos más que sentirnos interesados.

Por mucho que el diccionario de la RAE siga poniendo la palabra marketing en cursiva remitiéndonos al término más apropiado de mercadotecnia: la batalla parece perdida.

La irrupción de la jerga publicitaria-comercial en todos los ámbitos parece imposible de revertir. Y hasta en esos templos del saber defendidos por los guardianes del conocimiento (sic): el mercadeo está a la orden del día. Que no los llames usuarios que son clientes; que no lo llames plantilla que son recursos humanos; que no lo llames préstamos que son alquileres… Ah, no, esto último lo confunden algunos usuarios/clientes.

El caso es que el ambiente era más que propicio para que las Jornadas andaluzas se lanzasen apelando a la #marcabiblioteca. Y visto lo visto, a través de las redes, superaron las expectativas.

Arrancar a ritmo de Grease con número titulado «Las cosas ya no son lo que eran» ya fue un toque de atención. Si los medios en general se hicieran eco de los eventos bibliotecarios igual que se hacen eco de los eventos de otros sectores: el estereotipo bibliotecario, en el que tanto empeño ponemos por demoler, estaría ya hecho ruinas.

Pero estamos hablando de cultura y el espacio para la cultura en los medios es como aquella película de los 70: Pierna creciente, falda menguante (1970). Y lo de pierna creciente, por mucho que lo pueda parecer, no está metido con calzador. En las Jornadas Bibliotecarias Andaluzas hubo una llamada a la concupiscencia que ríete tú de las películas del destape.

La protagonista fue la bibliotecaria de Villena, Ana Valdés, que junto con el polifacético Nèstor Mir (bibliotecario, músico, dramaturgo, escritor y dinamizador cultural): presentaron su ponencia sobre el movimiento de las Bibliotecas inquietas, que partiendo de Valencia, amenaza con infestar a todo el orbe bibliotecario. Si la cosa había empezado con Grease estuvo a punto de concluir con un estriptis en toda regla.

 

 

Llámenos exagerados pero el momento en el que Ana dejó caer el cárdigan al suelo es equiparable a cuando Rita Hayworth se quitó el guante en Gilda (1946). Pura provocación al santo oficio bibliotecario guardián de las esencias de la ranciedad bibliotecaria más recalcitrante. Ana Valdés, Gilda bibliotecaria, a un paso de la excomunión.

La deriva que ya apuntábamos en Cabaré bibliotecario supera lo anecdótico para amenazar con abrir vías de futuro para las bibliotecas. En aquel post eran los bibliotecarios ingleses los que habían recurrido a un ardid legal para ampliar los horarios de las bibliotecas camuflándolas/confundiéndolas con cabarés. Y una vez se da el primer paso para adentrarse en lo prohibido: la vuelta atrás se torna imposible.

El pasado, últimamente, no para de entrometerse en el presente. Que si el Brexit como nostalgia por un imperio que, what a pity!!, no va a volver; o la exhumación de un dictador que coincide con la celebración del Día de las bibliotecas 2019. ¿Casualidad? No creemos en las casualidades. En este blog somos adictos al efecto mariposa. Y si exhuman a Franco el Día de las bibliotecas es porque el destino, o lo que sea, nos está enviando más señales que un neón a punto de fundirse.

 

Franco inaugurando el primer bibliobús en 1953: adviértase la mirada de ¿desconfianza? ante tanto libro en libre circulación.

 

En Biblioteca yé-yé (o de lo tipycal spanish en bibliotecas) indagamos en lo que había aportado España al mundo bibliotecario. El resultado de las pesquisas nos llevó a concluir que la aportación al mundo bibliotecario netamente español fue un invento franquista: las casas de la cultura. Y ahora los ingleses, los del Brexit, los que inventaron las bibliotecas publicas andan a vueltas con un invento Made in Spain.

Los planes de futuro para las bibliotecas de la ciudad inglesa de York que tienen sus responsables políticos pasan por alejarse de la idea de edificios dedicados en exclusividad a bibliotecas. Hay que compartir espacios o dejarse invadir por ofertas que, en principio, no se contemplaban como propias de una biblioteca.

 

Carné de las bibliotecas de la ciudad inglesa de York.

 

Cafeterías, asociaciones de vecinos, clubes juveniles, ONGs, etc… Edificios multiespacios que acojan a las bibliotecas, pero que den cabida a mucho más. Tal como las casas de la cultura españolas. Hasta aquí no tendría porque sonar mal. En los tiempos de los coworking, de los espacios públicos flexibles, de servicios al ciudadano integrados: las bibliotecas pueden aprovechar las sinergias que surjan de compartir espacios. El matiz viene de cómo se dibuja esa idea en la mente de los responsables políticos.

Según los promotores, el convertir los edificios de las bibliotecas en edificios multiusos hará que York tenga las mejores bibliotecas del Reino Unido. Y eso pasa por ‘identificar posibles socios y el desarrollo de futuros negocios para la inversión». ¿Qué alianzas serán las que busquen? ¿quién ejercerá de anfitrión? ¿la biblioteca o la cafetería? La convivencia público-privado es algo que ni se plantea (de lo asumido que lo tienen) en las bibliotecas del otro lado del charco. El temor a que se desvirtúe el concepto biblioteca está ahí: pero eso no debe paralizarnos.

 

Hive@central es un espacio incubadora de pequeñas empresas y un centro de recursos empresariales de la Biblioteca Pública de Phoenix. 

 

‘Contamíname, mézclate conmigo’ que cantaban dos iconos de la progresía y la lucha antifranquista desde la cultura como Ana Belén y Victor Manuel. Y precisamente, una de las actuaciones suspendidas por los disturbios en las principales ciudades catalanas: ha sido la de la última gira de Ana Belén en Girona.

Los tiempos corren confusos y peligrosos y hay que estar pendientes de esos fascismos cotidianos que terminan enquistándose. Una canción como ‘España, camisa blanca de mi esperanza’ que en su momento llamaba a la concordia y la conciliación, en estos días en Cataluña puede sonar provocadora. La provocación, como siempre, en la mirada y los oídos del que ansía ser provocado.

En un tiempo de exacerbación de las identidades, de exclusión y tribalismo: el futuro tal vez pase por asumir sin miedo la disolución. Bibliotecas solubles mezclándose sin miedo a perder su identidad. Si el libro impreso está demostrando ser más resiliente de lo que tantos vaticinaron: ¿por qué no han de serlo también las mejores guaridas que ha tenido hasta el momento?

En este post hemos hecho cohabitar, como en unos de esos edificios multiusos a los que aspiran los políticos de la ciudad de York: al Joker con Franco, el Brexit, el estriptis y las bibliotecas. Una vecindad de lo más estrafalaria y extrema. Pero cuando hay fe en la cultura como herramienta de progreso, y no como excusa para medrar o dominar: la convivencia siempre es posible.

 

 

Pero cerremos el círculo. El clásico Smile se ha convertido en tendencia en Youtube gracias que suena en Joker (2019). Entre los muchos intérpretes que ha tenido la canción se encontraba Nat King Cole. ¿Qué porqué elegimos su versión en lugar de la de Jimmy Durante que es la que suena en la película? Por varias razones.

La Biblioteca Pública de la ciudad estadounidense de Avon es un ejemplo de esa buena vecindad de la que hablábamos. En esta ocasión entre lo que se espera de una biblioteca; y lo que se espera de una sala de conciertos.

Un gran piano de cola destaca entre estanterías y zonas de lectura rompiendo, de manera habitual, el sacrosanto silencio. Y precisamente, en su programación de conciertos para este 2019, se incluía uno dedicado a Nat King Cole.

Además Nat King Cole, que arrasaba en la España de los 50, fue censurado por el franquismo cuando interpretaba la canción Cachito. Que un afroamericano de dos metros cantase con voz insinuante a las virtuosas españolas de la época aquello de: «cachito, cachito, cachito mío, pedazo de cielo que Dios me dio»: solo podía interpretarse, por parte de los censores, como una alusión velada a su miembro viril. Una provocación en toda regla. Aunque en realidad se trataba del diminutivo cariñoso con el que la autora del tema, Consuelo Velázquez, llamaba a su hijo.

Tras algo así solo cabe reírse y bailar. Bibliotecas bailando con el diablo y sonriendo a la luz de la luna para desear un ¡¡Feliz #DíaDeLasBibliotecas 2019!!

 

Tu sueldo sale de mis impuestos presenta: francotiradores en plantilla

 

Arrancar/titular un post partiendo de una frase hecha solo viene bien si es para contravenirla. Y por ahí van los tiros. Para este curso, y para todos, en nuestro listado de buenos propósitos siempre aparece marcado en rojo procurar sacar los pies del tiesto. Y el ‘tu sueldo sale de mis impuestos’ alcanza la categoría más revenida de los clásicos a espetar a un funcionario. Una frase que, como tantas otras basadas en el desprecio, no deja en evidencia más que al que la profiere.

Solo hay que fijarse en que mientras los políticos siguen a lo suyo, el país lejos de estar en funciones, sigue en marcha. Y al menos, en lo que respecta a las instituciones públicas, eso es gracias a esos trabajadores a los que todos los ciudadanos pagan sus sueldos. Y que, en ocasiones, incluso ganan premios.

 

Fuerza Nueva, el iconoclasta proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche. Un misil musical ideado para reventar lugares comunes y generar debates: que se aviene bien como banda sonora de este post.

 

Pese a que en el informe PISA la educación española suele aparecer como deficitaria en muchos aspectos, en los últimos años, son ya varios los profesores en centros públicos reconocidos por la excelencia de su labor docente. Uno de los ejemplos más recientes, el de la gaditana Palma García, flamante ganadora de uno de los Global Teacher Award 2019.

 

 

Pese a los recortes en investigación y en I+D que amplíe horizontes a una economía absorta en turismo o ladrillazo: figuras como la médico y paleoantropóloga María Martinon-Torres se convierten en referentes mundiales. La actual directora del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH): se ha hecho merecedora de premios tan prestigiosos como la medalla Rivers Memorial del Instituto Real Antropológico de Gran Bretaña e Irlanda.

Pese a los recortes en sanidad con la subsiguiente sobrecarga de trabajo: profesionales sanitarios del sector público montan ONGs. Es el caso de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en Murcia. Un grupo de profesionales, que pagándolo de sus propios bolsillos, llevan 20 años viajando a África para prestar asistencia médica mediante cirugía.

 

Libro king size con las fotografías tomadas por los integrantes del Grupo de Cirugía Solidaria del Hospital Virgen de la Arrixaca en sus viajes a África.

 

Y podríamos seguir con más ejemplos de empleados públicos, fijos o no, cuyos esfuerzos resultarían difíciles de ubicar en el mapa del empleo público que hace poco publicaba ‘El Economista’. Un medio, que como otros de información económica y financiera, tiene fijación con los funcionarios.

Basándose en la Encuesta de Población Activa (EPA) llevó a cabo ese mapa del que extraía conclusiones como: «las provincias más turísticas son las que menos peso del empleo público tienen». Camarero o funcionario podría insinuar una lectura subrepticia de dicho texto resaltado en negrita. Opciones, en principio, que se ajustan mal a ese perfil de emprendedor que tanto brilla en el discurso de nuestros políticos. Pero ¿acaso no existen emprendedores también en la administración?

 

Fuente: El Economista

 

Procrastinación administrativa. Se podría acuñar algo parecido para definir el sempiterno aplazamiento de una reforma realmente eficiente de las administraciones públicas. Siempre hay excusas o incapacidad política para realmente evitar duplicidades, racionalizar plantillas o promover el reconocimiento, así como el control, en el desempeño de su trabajo, de los empleados públicos. Y sobre todo, impedir que sigan convirtiéndose en agencias de colocación para cargos cesados tras cada nueva reforma de gobierno.

España en general, y la administración pública en particular, suele ser zona de francotiradores.

Profesionales que se mueven en algunos casos solitarios empujados por su vocación en territorios hostiles. Trabajadores que deciden que las horas que tienen que completar en su trabajo, en lugar de jugar al buscavidas o al escaqueo según reza el tópico: prefieren innovar, mejorar e implicarse en su trabajo. Aún a sabiendas de que por ello no van a ganar más dinero, ni conseguirán ningún ascenso.

 

Forges hizo del funcionariado, y la administración en general, uno de los temas recurrentes de su humor.

 

Perros verdes, que aunque nadie les obligue, ni probablemente les reconozca, prefieren antes su satisfacción personal que mimetizarse en la miasma a la que les induce en muchos casos el entorno. Gracias a esos lobos solitarios (en este caso hablamos de funcionarios, pero otro tanto en la empresa privada) el mundo sigue pese a todo girando.

Y ¿qué pasa con los bibliotecarios? Como ya decíamos en Bibliotecarios en el ranking de lo cool los bibliotecarios no cotizan al alza entre los perfiles profesionales del ámbito cultural. Lo de bibliotecario palidece en sepia ante un concepto tan difuso como el de gestor cultural. Pero hay países menos avezados quizás en ese ranking de lo cool cuyos políticos siguen apostando por los bibliotecarios sin cambiarles el nombre.

 

El fantástico proyecto Books and Cubes de biblioteca móvil (articulada en tres módulos) que el estudio de IX Architecs desarrolló y puso a prueba en un colegio de Camboya.

 

El Ministerio de Educación, Juventud y Deportes de Camboya organizó, el pasado julio, un Taller Consultivo para reconocer el potencial aún por explotar de bibliotecas y bibliotecarios. Para ello se discutió sobre estrategias para formar bibliotecarios creativos; y capacitarlos para transmitir el amor por la lectura. Profesionales de bibliotecas que sepan crear espacios atractivos, y que tengan las suficientes destrezas, para inspirar y ampliar los campos de interés de los jóvenes. Ambición no les falta a los camboyanos aunque sea sobre el papel.

En Alemania la última encuesta llevada a cabo por parte de la Asociación de Bibliotecas Públicas de Berlín (VÖBB) arroja un panorama muy favorecedor pese a seguir llamándoles bibliotecarios. El 90% de los mil encuestados (tampoco es que la muestra haya sido muy amplia), independientemente de si son o no usuarios de bibliotecas, las valoran positivamente.

Uno de los motivos por los que les resultaban instituciones de confianza es por ser especialmente útiles en combatir las noticias falsas. Lugares en los que aún es posible formarse una opinión basada en datos objetivos. Gracias, entre otras cosas, al asesoramiento de los bibliotecarios.

La biblioteca central de Berlín galardonada por la Asociación Alemana de Bibliotecas y la Fundación Deutsche Telekom como ‘Biblioteca del año’ en este 2019

 

En Kazajistán, mientras se deciden a hacer realidad el espectacular proyecto de su nueva  biblioteca nacional: siguen apostando por motivar a sus bibliotecarios.

Las autoridades kazajas son conscientes del interés decreciente por dedicarse a la profesión bibliotecaria por parte de los jóvenes (debe ser que en Kazajistán aún no ha calado lo de gestor cultural). Por ello desde la Biblioteca Nacional están promoviendo actividades para involucrar a los jóvenes en los estudios de Biblioteconomía. De manera que proyecten su creatividad en idear nuevas formas de servicios para bibliotecas, y en especial, destinados a personas con discapacidad.

Hace diez años el estudio de arquitectos danés BIG se hizo con el primer premio en el concurso de proyectos de construcción del nuevo edificio de la Biblioteca Nacional en la capital kazaja. Diez años después el deslumbrante proyecto sigue esperando convertirse en realidad.

 

Pero volviendo a nuestro presente más inmediato. ¿Se hablará de cultura en esta repetición electoral? Puede que cultura sea la palabra mágica para desbloquear este bucle electoral en el que estamos girando. Incluso es posible que mitigase el bostezo que provocan los discursos reeditados para adormecer más que convencer. En cualquier caso, no perdamos la esperanza.

Las aves de paso de los políticos, cual cuclillos tejedores, incubarán ideas ajenas, que si salen bien: todos disputarán como propias; y si salen mal: achacarán al rival. O en el peor de los casos, al funcionario de turno. Pero mientras prosiguen repartiéndose nidos de poder: los francotiradores de aquí y allá seguirán haciendo, que pese a todo, siga mereciendo la pena apostar por la cultura, por el progreso, y en lo que nos afecta más de cerca, por las bibliotecas.

 

La última película de Amenábar recupera una figura difícil en la España de antes y de ahora: la de un librepensador. ¿Conseguirá, aunque sea un poco, que las nuevas generaciones se acerquen a la figura de Unamuno?

 

Y ya que arrancábamos de una frase hecha para darle la vuelta: qué mejor que cerrar con un proyecto que rezuma espíritu iconoclasta y provocador. Fuerza Nueva, el proyecto conjunto del grupo granadino Los Planetas junto con el Niño de Elche.

Himnos patrióticos a los que han hecho reversibles a base de extraer lecturas incómodas para los más dogmáticos. Un disco lanzado con toda la idea el 12 de octubre, Fiesta Nacional, como francotiradores de una provocación que estimula un debate sin miedo a la discrepancia.

 

Reality show de biblioteca

 

Recientemente el periódico británico ‘The Guardian’ ha ido publicando listas de las 100 películas, discos, libros y shows de televisión más relevantes en lo que va de siglo. En el puesto 33 del listado referente a programas de televisión aparece Big Brother, y en el primero: Los Soprano. No vamos a discutir lo acertado de aupar la serie de Tony Soprano al primer puesto: pero por mucho que nos gusten Los Soprano: si hay un programa de televisión que ha marcado culturalmente al nuevo siglo ese ha sido, sin duda, Big Brother.

 

 

Andrea Caracortada interpretada por Victoria Abril en Kika (1992): pertrechada para el sensacionalismo.

Pero un inciso antes de ir al asunto: ¿no deberíamos lanzar desde Infobibliotecas una votación para que los bibliotecarios de habla hispana votásemos los mejores libros, películas, discos y cómics de cada año y convertirlo en costumbre?

¿No sería una buena manera de aumentar nuestra presencia en redes y medios si nos ponemos a ello? Nos quedamos rumiando la idea, a ver si conseguimos llevarla a cabo, y alcanza más ediciones que Big Brother.

Pero restableciendo la conexión con la casa de Gran Hermano. España tiene el dudoso honor de ser el país que más ediciones del programa de telerrealidad Gran Hermano acumula. Fue allá por el 2000 cuando la autodenominada cadena amiga, que más formatos (que no contenidos) innovadores ha importado o creado: compró los derechos del formato televisivo ideado en Holanda. Un formato que ha invadido, en sus diversas variantes, las parrillas televisivas de todo el mundo.

 

 

Sopladores de vidrio, constructores de escenarios con piezas Lego, forjadores…la variedad del mundo de la telerrealidad no parece conocer límites como recogía no hace mucho una crónica en ‘El País‘. A este paso no habrá gremio que quede fuera de algún tipo de reality televisivo. Pero ¿dónde están las bibliotecas en esto de la telerrealidad? Si rebuscamos las conexiones terminan por aparecer.

Las escritoras Germaine Greer, Lucía Etxebarría, Isabel Pisano, el director de cine Ken Rusell o el cantante punki Johnny Rotten: son algunos de los concursantes en distintos realities cuyas obras lucen en las estanterías de la mayoría de bibliotecas. Y si bien, ninguno de ellos debe su fama a lo que muchos consideran el episodio más bochornoso de sus respectivas carreras: no es improbable que, algún día, al igual que hay discos de David Bisbal, Kelly Clarkson o Amaia: la obra literaria del ganador de un reality luzca en las estanterías de las bibliotecas.

 

 

De momento la que llegará en breve es la última novela de Salman Rushdie con un título tan español como Quichotte. En ella, su protagonista, un escritor sin éxito de novelas de suspense, consume reality shows de manera compulsiva hasta caer rendidamente enamorado de un ex estrella de Bollywood. En pos de su amada inicia un viaje por los Estados Unidos en compañía de su hijo imaginario de nombre Sancho. Como paisaje de fondo de esta road novel van desfilando muchos de los problemas más acuciantes de la vida cotidiana de los estadounidenses.

Rushdie se empapó de realities para documentarse. Según ha declarado en una entrevista promocional: todos nadamos en el mismo mar (seamos o no espectadores de realities) porque el ambiente de verdades y mentiras que generan afectan a nuestro entorno, e inevitablemente nos condicionan de un modo u otro. Cabe preguntarse, si acaso alguien no lo ha hecho ya: si el autor de los célebres Versos satánicos aceptaría participar en uno de esos programas. Siempre con coartada sociológica-cultural, por supuesto.

 

En 2013 el grupo folclórico puertorriqueño Guamanique elaboró un proyecto de reality show en el que grabasen su gira como una forma de financiarse. Lo vendieron como ‘el primer reality cultural’ pero no obtuvieron respuesta.

 

El escritor…Un reality de novela fue el título de un proyecto televisivo que la productora Only Productions, allá por 2015, quiso poner en antena. Al igual que se han evaluado las habilidades canoras, culinarias, seductoras, danzarinas o de supervivencia: se pretendía evaluar el talento literario de 12 jóvenes escritores. Pero la propuesta no llegó a buen puerto.

No es algo nuevo, a principios de década, la televisión italiana anunció un programa de similares características bajo el nombre de Masterpiece (Obra maestra), en el que el premio para el vencedor consistía en un contrato editorial y una fuerte campaña de publicidad.

Y en el 2012, en el I Premio Global Village de Novela en México, el premio para los autores de las diez mejores novelas seleccionadas: consistía en participar como concursantes en el reality show El juego de los escritores.

El concurso italiano llegó a coronar a un ganador, pero su audiencia fue tan baja, que las aspiraciones de vender el formato a cadenas de otros países se vieron frustradas. Y a tenor de un artículo del blog Writer beware (Cuidado con el escritor), el listado de fracasos televisivos a la hora de unir espectáculo y literatura ocupa varios cajones en las productoras de televisión.

 

Los ganadores del reality show holandés ‘El pueblo español’ en su casa en Polopo.

 

Tal vez si prospera el formato del reality show holandés, El pueblo español, hayan nuevas vías que explorar en torno a la idea de un reality bibliotecario. El concurso holandés ha sido noticia en los medios españoles, recientemente, por haber cambiado por completo la vida un pequeño pueblo de Las Alpujarras (Polopos).

Durante seis meses, 10 parejas tenían que vivir en el pueblo y aportar propuestas para revitalizar el, cada vez más deshabitado, Polopos. El caso es que los ganadores, decididos a quedarse a vivir en el pueblo, van a invertir los 20.000 euros del premio en abrir una residencia artística en el pueblo. Y como consecuencia directa del éxito de audiencia, la afluencia de turistas holandeses a la localidad granadina, no para de incrementarse.

¿Nos aguantamos las ganas de hacer una lectura en clave política? Pues no. Nuestros políticos, en campaña electoral, se llenan la boca con lo de la España vacía y ahora vienen los flamencos (los de la Europa del norte no los de las cuevas del Sacromonte): y aportan soluciones. Mientras los políticos españoles alcanzan niveles propios de un Gran Hermano: la realidad, la de verdad, no la de los políticos, se busca la vida en formato reality.

El aprendiz de celebridad: el reality show de Donald Trump. Siete años después del show Trump ha convertido en un reality show la presidencia de los Estados Unidos.

 

¿Qué posibilidades abre esto para el mundo bibliotecario? ¿Cuántas bibliotecas de pequeñas (y no tan pequeñas) poblaciones, arrinconadas por sus concejales o consejeros, no serían maravillosos platós para realities del tipo del holandés? ¿A qué están esperando las productoras para idear algo similar? Nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario es un cajón de ideas a explotar en ese sentido.

¿En qué otro lugar podría darse un casting más heterogéneo que en una biblioteca?  ¿Dónde hay más rincones para, ponérselo difícil a las cámaras, y practicar el flirteo entre estanterías? ¿Qué hay de la emoción, hasta las lágrimas, cuando un usuario localiza disponible la siguiente temporada de su serie favorita? ¿En qué otro hábitat adverso se podría ambientar mejor un concurso de supervivencia para los que despectivamente tildan de ninis y chonis? Por no abordar cuestiones de personal y presupuestos, con las que ya entraríamos en el subgénero de las snuff movies. Biblioteca choni: tiki tiki. Lo vemos.

 

 

Como se lamentaba Vargas Llosa en su ensayo: “en la civilización del espectáculo el intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda”. Claro está, que repasar lo que de manera tan sensata planteaba Vargas Llosa, mientras se miran sus fotos junto a Isabel Preysler en el ¡Hola!: puede resultar una de las experiencias más paradójicas de nuestro tiempo.

La delgada línea que separaba a la civilización del espectáculo ha resultado ser de papel cuché. Para regocijo del paisano de Vargas Llosa: el literato (pero también estrella televisiva) Jaime Bayly.

El autor de Pecho frío abrazó sin prejuicios, desde el principio, referentes de la cultura popular en su literatura. Por eso no es de extrañar que le dedicara varios artículos al romance. Una prueba de que los escritores puede ser tan buenos como los ninis a la hora de dar espectáculo tirándose los trastos a la cabeza públicamente.

El caso es que, como aseguraban en este divertido y completo repaso a la historia de los realities en España: el formato no parece dar síntomas de agotamiento. E igual que las denostadas españoladas del cine de los 60 ahora son magníficos documentos sociológicos para estudiar aquellos años: los realities lo serán, o más bien, ya lo son para estudiar la sociedad de nuestro tiempo. Del landismo al chonismo. Toda una evolución de nuestra sociedad a través de las pantallas.

Y si se trata de creadores que han capturado con tino nuestra realidad más inmediata, pocos lo han sabido hacer tan bien como Pedro Almodóvar. En su vapuleada Kika (1992), esperpentizó en el personaje de  la presentadora destroyer Andrea Caracortada, esa explotación del morbo que se ha convertido en figura de estilo del discurso de los medios de masas. Lo peor del día, un buen título para acabar este post.

 

Coleccionables de biblioteca: ecosistemas culturales urbanos

 

Como lágrimas en la lluvia. La poética aportación del añorado Rutger Hauer al monólogo final de Blade Runner se ha convertido en el tempus fugit de un tiempo nuevo. Un tiempo que, como todos, ya se ha hecho viejo.

Las decoradoras de la serie Mad Men optaron por mucho mobiliario de los 50 al que, poco a poco, iban añadiendo detalles de los 60. Los cambios de década, por marcados que estén en el calendario o la memoria (salvo algún hecho excepcional o traumático): nunca son tajantes. Y así nuestro entorno, como nuestro cuerpo, sigue cambiando sin que casi nos demos cuenta.

Quiosco neoyorquino en los años 30.

 

Y de las series al cómic: los dos medios fríos (según Marshall McLuhan) que triunfan en nuestro días. En el delicioso y contemplativo cómic ‘El caminante’ de Jiro Taniguchi: un hombre sale a pasear. No hace falta más trama, ni intriga. Las preciosistas viñetas no muestras otra cosa que lo que plácidamente va observando. Algo que pocas veces nos concedemos en nuestros viajes por nuestras calles.

 

Cierto, que en los últimos años, el paisaje urbano se nos ha hecho dolorosamente presente a base de escaparates vaciados, locales cerrados y signos inequívocos de una decadencia que alteraba el corazón de muchas ciudades. Pero es muy probable que no hayamos reparado, porque pese a sus alegres colores siempre han sido muy humildes: de los muchos quioscos que ha ido echando el cierre. Y no, no ha sido tanto por la crisis, sino por el cambio de hábitos y por la irrupción de lo digital.

No existen datos oficiales pero se calcula que un 40% de los quioscos españoles han cerrado en los últimos años. En las redes sociales es habitual, entre perfiles de internautas amantes de la lectura: que cada cierto tiempo se compartan noticias lamentado cierres de librerías o bibliotecas. Pero de los modestos quioscos pocos se acuerdan.

 

El artista chino Liu Bolin invisible frente a un quiosco. Una imagen involuntariamente expresiva sobre la invisibilidad en la que se suman muchos elementos del paisaje urbano sin que apenas nos percatemos.

 

No viene mal un reconocimiento desde las bibliotecas y librerías a la labor que los quioscos llevan realizando desde hace muchos lustros. En realidad, se podría decir que bibliotecas, librerías y quioscos han conformado el ecosistema cultural de las poblaciones hasta ahora. Los humildes negocios de los quioscos no ocupan ningún escalafón en el ranking de las instituciones culturales. En cambio, han nutrido cultural/informativamente a más público que bibliotecas y librerías juntas.

Bibliotecas y librerías siempre se asocian a un concepto de cultura: que por muchos esfuerzos que se han empleado y se emplean: nunca termina de calar en ese enorme nicho de no usuarios/no clientes que se resisten. Los quioscos, centrados principalmente en la venta de publicaciones periódicas, fueron añadiendo a su oferta golosinas, libros, coleccionables, mapas, planos…hasta conformar un atiborrado y barroco collage decorativo para mitigar la grisura de muchas calles. 

 

El crítico de televisión y escritor Bob Pop hace un retrato de la realidad de nuestro país a través de los titulares de publicaciones de quiosco: de los periódicos a las revistas del corazón. 

 

Pero como insisten muchos quiosqueros veteranos entrevistados en los numerosos artículos que están levantando acta de defunción para sus negocios en los últimos tiempos: sobre todo son comercios de proximidad y saludable vecindad. Generan barrio, generan comunidad, generan lazos de amistad: y en eso, se siente, les han llevado ventaja a las más exquisitas bibliotecas y librerías.

Una dulce venganza en medio de este canto de cisne digital para los quioscos: ha sido el fracaso de los quioscos digitales. Plataformas como Blendle o Texture no han dado los resultados esperados agregando artículos de diversos medios para ofrecérselos a los internautas. Algo que no deja de resultar llamativo cuando, en contraposición, los quioscos digitales en plataformas como eBiblio: no dejan de engrosar las estadísticas de préstamo digital de las bibliotecas.

 

Blendle el quiosco digital, que se vendía como el iTunes del periodismo, pero no ha obtenido el éxito que se pronosticaba.

 

Pero dejando lo digital de lado (tiene guasa decir esto desde un blog) y volviendo a lo que aportan los quioscos al medio ambiente cultural urbano. Las relaciones bibliotecas-quioscos tienen antecedentes que las hermanan más allá de lo que cabría imaginar en un principio. En 1927, en la ciudad de Murcia, se abría la primera biblioteca pública de la ciudad en una de sus más céntricas plazas: y lo hacía en forma de quiosco. Desde entonces, no han sido pocas las bibliotecas que, cuando han dicho de salir a invadir espacios urbanos: han recurrido al formato quiosco.

 

Publicación de 1927 dando la noticia de la apertura de la biblioteca pública de Murcia en un quiosco. 

¿Es quizás el momento de que los quioscos desahuciados (al igual que antes lo fueron las cabinas telefónicas) sean invadidos por las bibliotecas?

Los requisitos legales e impositivos para mantener un negocio de quiosco son especialmente gravosos en muchas ciudades. Pero antes de que queden como mobiliario urbano abandonado, afeando las ciudades: ¿no sería una opción, por parte de las autoridades municipales, reconvertirlos como puntos de servicio bibliotecarios? Oficina de información municipal+biblioteca: todo en uno. Bibliotecas, una vez más, como ladrones de cuerpos urbanos abandonados.

Aunque la manera de hermanar definitivamente a quioscos y bibliotecas debería pasar porque, en el inicio de un nuevo curso, o ante el año nuevo, alguien se decidiera a lanzar un coleccionable bibliotecario.

¿Qué podría conformar ese coleccionable? ¿Tal vez fichas de catálogo para hacer con ellas scratchbook o manualidades? ¿De marcapáginas? ¿Sellos con logos de bibliotecas? ¿Reproducciones de carnés de biblioteca de celebridades? ¿Carteles de campañas para fomento de la lectura? ¿Objetos que la gente olvida entre las páginas de los libros? No sabemos si superarían las ventas de los coleccionables con dedales decorativos, teteras en miniatura, camiones articulados, rosarios bendecidos por el Santo Padre o cascos de moto: pero seguro que tendrían su público.

 

 

Pero mientras que alguien se atreva a llevar a adelante alguna de las ideas: ¿qué podrían aprender las bibliotecas de los quioscos? Por encima de todo: perseverar en un concepto de cultura tan amplio que no excluya a nadie, pero sobre todo perseverar en establecer más y más lazos de vecindad, de comunidad con los ciudadanos y generar barrio, generar comunidad física.

Más de un bibliotecario municipal, o de biblioteca de barrio, pensará que qué le van a contar de lo que es generar relaciones de vecindad cuando, día sí, día también, hay que ampliar plazos de préstamo o quitar sanciones porque: Juana, Perla Nerea, Carmen, la hija de Pepi, Rojina, Rachid, Paco, Oksana o Ramón se han despistado con los plazos. Biblioteca de mesa camilla y brasero. No literalmente, pero sí como espíritu para elaborar productos y servicios que no pierdan de vista lo más importante: las relaciones interpersonales como sustento de los espacios bibliotecarios.

Y si hablamos de cultura popular, de barrio, de quioscos, de publicaciones en papel y de tener calle, mucha calle: ¿qué mejor que terminar con una de Sabina pasado por el tamiz de María Jiménez?

 

Si las bibliotecas fueran…

Si las bibliotecas fueran una película de vampiros serían Déjame entrar (2008): porque una vez dentro te vampirizan y el disfrute se hace eterno.

Si las bibliotecas fueran un electrodoméstico serían una lavadora: porque sirve para darle muchas vueltas a las cosas y que salgan como nuevas.

Si las bibliotecas fueran una canción indie serían ‘Mi opinión de mierda‘ de Los Punsetes: porque inmunizan contra el pensamiento único y te ayudan a relativizar.

Si las bibliotecas fueran un coche serían un seiscientos: por simpáticos y porque, por modestos que fueran, siempre acogían a toda la familia.

Si las bibliotecas fueran un personaje mitológico serían Prometeo: porque igual que él se la jugó robando el fuego a los dioses: las bibliotecas transmitieron la cultura de las élites a todos los ciudadanos.

Si las bibliotecas fueran un elemento químico serían el cerio (Ce): por antioxidante y porque hace saltar la chispa de los encendedores igual que las bibliotecas hacen saltar la chispa de las ideas.

Si las bibliotecas fueran un personaje de tebeo serían Mortadelo: porque los bibliotecarios, al cabo de su jornada, se ponen mil disfraces con los que dinamizar sus centros.

Si las bibliotecas fueran un movimiento artístico serían el cubismo: porque te permiten desplegar un tema y estudiarlo desde todas las perspectivas.

Si las bibliotecas fueran un grupo de rock serían los Tindersticks: porque se mantienen fieles a su estilo sin dejar de emocionar.

Si las bibliotecas fueran la versión de un clásico serían My way de Sid Vicious: porque pese a tanta normalización de los procesos, al final, cada uno termina haciendo las cosas un poco a su manera.

Si las bibliotecas fueran una obra de teatro serían ‘Seis personajes en busca de autor’ de Pirandello: por la de veces que: seis, siete, y muchos más, se movilizan para localizar el libro perdido de algún autor.

Si las bibliotecas fueran un baile serían el de Fred Astaire en Royal Wedding (1951): porque aprovechan los espacios como nadie para que convivan los colectivos más diversos.

 

Si las bibliotecas fueran una red social serían una red aún por inventar: porque ninguna suple los matices que se dan en la comunicación cara a cara.

Si las bibliotecas fueran una folclórica serían Lola Flores: porque pese a que muchos las quieran dibujar como momias faraónicas ellas se empeñan en estar como nunca.

Si las bibliotecas fueran un diseñador de moda serían Paul Poiret: porque liberó a las mujeres de los estrictos corsés del siglo XIX y dio paso a una moda mucho más libre.

Si las bibliotecas fueran un villano de cómic serían el Doctor Octopuss de Spiderman: porque esos tentáculos mecánicos vendrían de perlas para tanta multitarea.

Si las bibliotecas fueran un animal serían el caballo al que se abrazó Nietzsche en Turín: porque sus oídos guardaron las últimas palabras de un sabio antes de perder la cabeza.

Si las bibliotecas fueran un dibujo animado serían Jessica Rabbit: porque pese a que algunos las dibujen como simples salas de estudio, es mentira, la exuberancia de su oferta rebasa cualquier estereotipo.

Si las bibliotecas fueran un insecto serían las cucarachas: porque ni una explosión atómica es capaz de exterminarlas.

Si las bibliotecas fueran una película de Almodóvar serian Átame (1990): porque en su escena final sus protagonistas terminan haciendo suya la letra de ‘Resistiré‘ del Dúo Dinámico.

 

Si las bibliotecas fueran una españolada de los 60 sería ¡Cómo está el servicio! (1968): porque el tono de voz de Gracita Morales es el ideal para romper el silencio sepulcral que algunos exigen siempre en las bibliotecas.

Si las bibliotecas fueran un compositor clásico serían Wagner: porque si a Woody Allen al escucharlo le daban ganas de invadir Polonia, los que frecuentan bibliotecas, siempre están con ganas de ‘invadir’ nuevos territorios.

Si las bibliotecas fueran una prenda de vestir serían una camisa blanca: porque es un básico que combina con todo, y también claro está, por lo de camisa blanca de mi esperanza.

Si las bibliotecas fueran un movimiento juvenil serían los zazous de los años 40 parisinos: porque mediante el jazz, la literatura o la ropa desafiaron a los fascistas a través de la cultura.

 

 

Hasta aquí (por ahora que sepamos) este repaso de algunas cosas a las que se pueden comparar las bibliotecas. Y como se notan demasiado, en algunos casos, los gustos de quien lo escribe, y las bibliotecas son de todos, ahora es el turno de quien quiera compartir con el hashtag #SiLasBibliotecasFueran: sus filias y fobias a cuenta de las bibliotecas. Si las bibliotecas fueran…

 

Bibliotecas para imbéciles

No ha sido habitual, desde que llevo este blog y las redes de Infobibliotecas, que recurra a la primera persona (solo hay otro post en que lo hice): pero para lo que voy a contar resulta importante que me salga de lo habitual.

Voy a hablar de cómics (al menos esa es mi intención al empezar, pero como bien sabe quien frecuente este blog: aquí se sabe como se empieza pero nunca como se termina). Desde hace ya bastante años soy el responsable de la Comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia. Y por eso precisamente no he dedicado nunca un post de Infobibliotecas a hablar de cómic. Ya los tengo muy presentes en mi día a día. Pero en esta ocasión la actualidad hace que resulte oportuno y hasta necesario.

 

Superman de icono yanqui a hijo de la URSS.

 

Esto va a sonar a autobombo (porque lo es) pero entre las muchas alegrías que me ha dado la Comicteca, una de las más satisfactorias, ha sido cuando ha trascendido las fronteras de nuestro país: y se han hecho eco de ella en latitudes muy lejanas.

La Comicteca de Cali puesta en marcha siguiendo las pautas que surgieron a raíz del Proyecto Comicteca que promovió el CERLALC allá por el 2009; la traducción al portugués de dichas pautas por parte del gobierno de Sao Paulo para distribuir en sus redes de bibliotecas, y así, ir creando comictecas en Brasil; o el reportaje que sobre la Comicteca BRMU que se publicó en la revista de la Feria del Cómic de Moscú.

 

Las pautas de la Comicteca BRMU adaptadas al portugués para las bibliotecas paulinas.

 

Pero en los últimos días, casi solapándose, llegan dos noticias de lo más inquietantes desde dos de esos países: que tan esperanzadores señales daban hace unos años en torno al cómic: Brasil y Rusia. Empecemos en la ciudad del Pan de Azúcar.

Spiderman y los movimientos por los derechos civiles en los años 60.

En la Bienal del Libro de Rio de Janeiro el alcalde de dicha ciudad (Marcelo Crivella, aliado de Bolsonaro, y sobrino del dueño de la Iglesia Universal del Reino de Dios) ha manifestado su enfado porque el Tribunal Supremo brasileño haya levantado la prohibición que recaía sobre un cómic de superhéroes de la Marvel, concretamente de Los Vengadores, en el que dos de sus protagonistas masculinos se besan apasionadamente.

Que los cómics de superhéroes siempre han sido sensibles a los movimientos sociales de cada momento es algo sabido. Combatieron a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial; se hicieron eco de los movimientos por los derechos civiles en los 60; y más recientemente, dejaron constancia de los efectos del 11-S en las tramas de sus alambicados arcos argumentales. Y ahora, afortunadamente, le toca el turno al feminismo y a la normalización de orientaciones sexuales y afectivas no heterosexuales.

 

El Capitán América dándole su merecido a Hitler.

 

Unos antecedentes que poco importaron a los inspectores municipales, que irrumpieron en la Bienal del Libro, en busca y captura de cómics en los que apareciera la más mínima insinuación sobre homosexualidad. Pero poco pudieron encontrar. Los aficionados avisados de la redada: compraron todos los ejemplares de Los Vengadores: la cruzada de los niños. Un título que, gracias al alcalde carioca, puede que se convierta en superventas y engrose las estadísticas de préstamo de muchas bibliotecas.

La nota de esperanza, aficionados aparte, vino precisamente de Sao Paulo: donde el periódico ‘Folha de S.Paulo’ publicó la imagen en cuestión ocupando toda su portada. ¿Tendrá algo que ver el ambiente más propicio al cómic de esas bibliotecas paulistas para las que se tradujeron las pautas de la Comicteca BRMU? (delirios de bibliotecario comiquero en modo ON).

 

Pero el alcalde de Rio de Janeiro no está solo: tiene de su parte nada menos que al Ministro de Cultura ruso. Vladimir Medinsky ha declarado que los lectores adultos de cómics son unos imbéciles. Y ha elegido bien el lugar y el momento: la 32ª Feria Internacional del Libro de Moscú. Según Medinsky a partir de los siete u ocho años si lees cómics eres imbécil: por lo que la Comicteca de adultos de la BRMU, según el político ruso, está repleta de imbéciles. Puede que sean para imbéciles, pero algún superpoder tendrán cuando han conseguido hermanar: a un comunista ruso con un ultraderechista brasileño.

Ana Voronkova, lingüista y gestora cultural moscovita que está detrás del Moscow Comics Festival KomMissia y del Finno-Ugric Comics (un interesantísimo proyecto de recuperación de lenguas a través de los cómics): lleva años agitando el mundillo comiquero ruso. Ha llevado autores españoles (y de otros países) para que participen en encuentros con los lectores moscovitas, publicó un reportaje sobre la Comicteca BRMU en la revista del Festival, y no ceja en su empeño por convertir al cómic en una opción cultural comparable a la de cualquier otro medio de creación.

 

Voronkova, en su cuenta de Facebook, publicaba unas fotos desde el Festival de Cómics de Helsinki como respuesta al ministro ruso que, ahondando en sus declaraciones: comparó leer cómics a comer chicle en vez de comida. Y puede que la pompa del chicle le explote en la cara. Los aficionados al cómic rusos han respondido masivamente al ministro, demostrando que la labor de activistas como Voronkova por incluir los cómics en la cultura rusa (incluidas las bibliotecas): está dando sus frutos.

Y gracias a Anna tenemos la versión gráfica de la visita del ministro a la Feria del Libro. Un ejemplo de la inmediatez y agilidad del cómic para captar la actualidad. Cuando dijo lo que dijo el ministro, lo último que podía imaginar: es que terminaría convertido en protagonista en uno de esos cómics que tanto desprecia.

 

1. ¿Dónde estoy? y ¿eso qué es? ¿cómics?- 2. ¡Qué vulgaridad! Es una vulgaridad espantosa 3. Ya les dije: los comics son para imbéciles 4. ¡El cine es otra cosa! No hace falta ni saber leer.

 

Reducir el rico discurso gráfico y narrativo del cómic a los de superhéroes (entre los que hay magníficos títulos): como probablemente ha hecho el ministro ruso, no demuestra más que ignorancia. Precisamente en un año en el que títulos como Lo que más me gustan son los monstruos de Emil Ferris (la gran revelación de 2018): se ha convertido en uno de los libros más premiados, elogiados y bendecidos por público y crítica. Eso o un rancio empecinamiento, heredado de la Guerra Fría, en negar cualquier signo cultural que se pueda asociar a la cultura occidental.

En los últimos años las bibliotecas han abrazado los cómics con mayor empeño que nunca. Si volvemos a la realidad que mejor conozco, la de la BRMU, las estadísticas de préstamos no mienten: hemos constatado un descenso considerable en préstamos de audiovisuales (que tiene su reverso en el incremento de préstamos en la plataforma eFilmMurcia); se mantiene, pero no al mismo ritmo, el de libros impresos (contrarrestado por el uso imparable de eBiblioMurcia): pero en lo que no ha decaído, al contrario, no para de incrementarse en lo que a documentos impresos se refiere: es en los cómics.

 

Y no solo las bibliotecas. Los centros docentes de primaria y secundaria, a través de su profesorado, cada vez, están más implicados en actividades y en incluir al cómic en sus programaciones. Lo más reciente, la publicación de ‘Memoria y viñetas: la memoria histórica en el aula a través del cómic‘ coordinado por el profesor de secundaria David F. de Arriba. Este libro se plantea como un manual práctico para explotar el enorme potencial de los cómics en el aula entre unos estudiantes absorbidos por la cultura frenética de la imagen digital, y alejados, de una experiencia lectora a un ritmo más acorde al afianzamiento de conocimientos.

Para ello, ofrece doce propuestas didácticas basadas en doce de los mejores cómics de los últimos años (títulos como El ala rota de Altarriba y Kim, Las guerras silenciosas de Jaime Martín, Los surcos del azar de Paco Roca, o Estamos todas bien de Ana Penyas): que faciliten el aprendizaje de la historia de España desde una didáctica mucho más atractiva para los adolescentes. Un libro interesante en centro educativos pero, por supuesto, también en bibliotecas a la hora de organizar actividades o exposiciones.

 

 

Pero nada de eso interesaría ni al alcalde de Rio de Janeiro ni al ministro ruso de cultura.

En los artículos que han dedicado diversos medios al filósofo y escritor canadiense Alain Deneault, con motivo del lanzamiento en castellano de su libro Mediocracia: cuando los mediocres toman el poder: hay continuas referencias a la clase política. La pregunta se repite una y otra vez: ¿son los políticos actuales peores que los de hace años? Una de las reflexiones apuntaba a que el nivel de la sociedad en su conjunto se ha elevado, y de ahí, que la medianía/mediocridad de los políticos se haga más evidente.

Un argumento en exceso amable para una sociedad la cual, al fin y al cabo, es la que aupa a esos políticos. Pero es cierto que el nivel cultural, o al menos formativo, de la sociedad en general es más elevado que durante, por ejemplo, el periodo de la Transición. Y a ese hecho han contribuido sin duda las redes de bibliotecas públicas.

 

La cruzada del psiquiatra Fredric Wertham contra los cómics convertida en cómic por Art Spiegelman: el primer autor de cómics en ganar un Pulitzer por ‘Maus’.

 

Si Fredric Wertham, el psiquiatra que en los 40 estadounidenses provocó quemas públicas de cómics por asociarlos con la depravación de la juventud, levantase la cabeza: no sabemos cómo se sentiría al coincidir con un ministro ruso. Lo que seguro lo dejaría estupefacto sería ver como, las otrora respetables bibliotecas, se han abierto a los cómics y apuestan decididas por ellos.

Wertham tildaba de delincuentes en potencia a los que leían cómics; y el político ruso, más acorde al nivel de los tiempos: nos llama imbéciles. Pero un insulto, dependiendo de quien venga, se convierte en halago. Por eso promovamos bibliotecas para imbéciles, bibliotecas abiertas a todas las manifestaciones culturales dejando cánones obsoletos por el camino. Y atraigamos, cada vez, a más y más ciudadanos. Hasta que seamos tantos y tantos los imbéciles: que nuestros votos terminen eligiendo a políticos que, de verdad, estén a la altura de la sociedad a la que sirven.

 

Emergencia climática en bibliotecas

 

La estrella de la música en auge, la jovencísima Billie Eilish, se ha transformado en un ángel caído en su último vídeo para denunciar el cambio climático. El plazo para revertir los desastres medioambientales según los científicos se agota. No es de extrañar por eso que una estrella emergente como Ellish aborde uno de los asuntos que más movilizan a los jóvenes. El encapotado panorama laboral, medioambiental y social que se les dibuja en el horizonte incrementa los tintes apocalípticos a cada nueva previsión meteorológica.

De ahí que el próximo 20 de septiembre se haya convocado la huelga global por el clima. En nuestro país figuras como Rosa Montero, Manuel Rivas, Elvira Lindo, Fernando Aramburu, Marta Sanz, y así hasta cerca de cien escritores: han firmado un manifiesto apoyando dicha huelga. Pero ¿y las bibliotecas?

¿Cómo puede colaborar de verdad las bibliotecas en la lucha contra el cambio climático más allá de: centros de interés, eliminando bolsas de plástico, adaptando espacios e infraestructuras a los requisitos de una buen gestión medioambiental? Pues con algo que siempre es una alegría para el gremio: aumentando las estadísticas de préstamo.

Y para ello, nada mejor que las ya conocidas: Bibliotecas de las cosas.

Este movimiento tiene un largo recorrido. En el 2015 lo que hizo que ganase mayor relevancia en el mundo bibliotecario fue la noticia de la Library of Things (LoT) que puso en marcha la biblioteca de Sacramento.

Raquetas para la nieve, cañas de pescar, telescopios, moldes para pasteles, discos voladores, pelotas, muñecas, ukeleles, etc… Un largo muestrario de objetos que las bibliotecas iban añadiendo a su oferta y que prestaban aparte de libros, discos, películas y demás material propio de bibliotecas.

En nuestro país han sido fundaciones como Los Traperos de Emaus las que se han lanzado recientemente a poner en práctica la idea.

En Guipúzcoa, el pasado mes de marzo, nacía #gauzaTEKA: adaptando la idea que tanto predicamento ha obtenido en Canadá, Reino Unido o Alemania; y que ha hecho que ya se contabilicen más de 400 Bibliotecas de las cosas por el mundo. Pero sin salir del País Vasco, en Bilbao, también existe la Aloklub: una Biblioteca de las cosas puesta en marcha por el brasileño Rodolfo Pereira, al que los medios, ya denominan el bibliotecario de las cosas.

¿Un caso más de apropiacionismo del concepto biblioteca de los que hablábamos en Creative Commons bibliotecarios? El caso es que siendo como es un movimiento que tiene tanto predicamento en bibliotecas públicas foráneas, parece que por el momento, está costando que se implante en nuestras bibliotecas.

 

En una biblioteca pública de Viena acaban de iniciar  «Cosas de Viena». Una biblioteca de las cosas que recurre a un simple casillero transparente para poder ofrecer los utensilios susceptibles de préstamo a domicilio durante 15 días prorrogables.

 

Salvo error por nuestra parte (del que estaremos encantados que alguien nos saque) en ninguna biblioteca pública de nuestro país se ha puesto en marcha. Y precisamente por ello resulta muy pertinente la entrevista que en la web de Shareable publicaban con el responsable de MyTurn: Gene Homicki.

MyTurn es una plataforma que promueve la economía colaborativa: y cuya experiencia con las Libraries of Things y las bibliotecas públicas tiene un amplio recorrido.

 

 

Shareable es una institución sin ánimo de lucro involucrada en promover la cultura del intercambio como una manera de contrarrestar los efectos nocivos de un sistema capitalista basado en el consumo compulsivo y la explotación salvaje de nuestro planeta. Gracias a la entrevista con Gene Homicki podemos tomarle el pulso a cómo va el movimiento Library of Things, y sobre todo, repensar lo idóneo de que alguna biblioteca pública se atreviese a dar el paso.

Entre las cosas a destacar de la entrevista:

  • el movimiento comenzó como bibliotecas de herramientas y lo hizo en una biblioteca de verdad: en la Biblioteca Pública de Grosse Point, Michigan, en 1943;
  • en los años 2008-2009 dos hechos sirvieron para que el movimiento Library of Things cogiera un nuevo impulso que sigue ganando fuerza en nuestros días: por un lado, la terrible crisis financiera que dejó a millones de personas sin trabajo; y por otro: el desarrollo de tecnologías que facilitaban los procesos que requieren las LoTs;
  • en un principio se trataba de hacer que los ciudadanos, y las instituciones, rescatasen aquellos objetos, utensilios y recursos que cogían polvo en sus garajes, trasteros y almacenes y se les diera una segunda oportunidad gracias a las LoTs. Pero en el proceso se encontraron con un añadido: las bibliotecas de las cosas sirven para construir comunidad;
  • las LoTs cuentan con la ventaja de que la mayoría de personas están familiarizadas con las bibliotecas y las tiendas de alquiler: por eso la idea de las LoTs es fácilmente asumible por el público en general.

Argumentos para sopesar la viabilidad de poner algo así en marcha en una biblioteca pública. El próximo día 20, miles de jóvenes de todo el mundo, saldrán a la calle exigiendo medidas efectivas ante la emergencia de pura supervivencia que se nos plantea: y las bibliotecas públicas no pueden dejar de estar presentes de un modo u otro en esta lucha.

En la película The public de Emilio Estévez (tal vez la película, sin fecha de estreno en España, de la que más hemos hablado en el mundillo bibliotecario): un grupo de personas sin hogar se niegan a abandonar la biblioteca ante la falta de plazas en los albergues de la ciudad para protegerse de una ola de frío.

 

Las bibliotecas como refugio ante las condiciones climáticas adversas. Un servicio que no aparece en las cartas de servicio de las bibliotecas pero que es más real que muchas de las promesas que ellas aparecen. Pero ninguna biblioteca, por acogedora que sea, podrá protegernos si los peores presagios de los expertos sobre el cambio climático se hacen realidad.

Tomarse estas cosas con humor se hace difícil: pero no por ello menos necesario. Es lo que ha hecho el reputado director de documentales Errol Morris, que en lugar de hacer uno de sus trabajos concienciando sobre el asunto: ha preferido rodar cortos de 30 segundos que se pueden ver en Youtube. Protagonizados por el actor y comediante Bob Odenkirk como el Almirante Horatio Horntower. Un humor negro y necesario. Y es que como dice el propio director:

«la lógica rara vez convence a alguien de algo. El cambio climático se ha convertido en otro vehículo para la polarización política. Si Al Gore dijera que la Tierra era redonda, habría oposición política insistiendo en que es plana. Todo es tan absurdo, tan despreciable.»