Sandokán hoy sería bibliotecario (bibliotecas siempre a flote)

 

El Tigre de Malasia, aka Sandokán, era un príncipe que se hacía pirata para vengar las afrentas sufridas por los invasores británicos. Con su barco, surcaba los mares del sudeste asiático, buscando venganza y justicia. Aunque, eso sí, decantándose en el terreno amoroso por una rubicunda inglesa antes que por una paisana.

Kabir Bedi, el Sandokán de la serie de los 70, uno de los culpables de que la frase: ‘queremos un hijo tuyo’ proliferase en los medios.

 

La historia, verídica, del secuestro que el capitán Richard Phillips sufrió en 2009 a manos de piratas somalíes.

Los piratas que aún surcan los mares de Indonesia poco tienen que ver con el romanticismo justiciero de las novelas de Salgari. Las redes de tráfico de armas, las  implicaciones con mafias con oscuros intereses políticos y conexiones con el terrorismo: hacen que la figura del pirata no haya manera de mitificarla.

Hoy día los piratas navegan a toda velocidad a bordo de lanchas cuyo mascarón de proa son potentes ametralladoras. Ningún viento mece las velas de los padekawang, la embarcación típica de la zona, en busca de aventuras con aires cortomalteses.

Pese a todo, los kapal padekawang sulawesi, que ese es el nombre completo de estas embarcaciones, siguen surcando las aguas indonesias cargándolas de romanticismo y cultura.

Sandokán luchaba por la liberar a sus compatriotas de la opresión de los colonos. Hoy, el intrépido pirata optaría por ejercer de bibliotecario y, a bordo de su embarcación, hacer llegar esperanza, en forma de libros, hasta los más reconditos rincones.

En Sulawesi del Sur, una exuberante y paradisíaca isla, han recuperado este barco tradicional gracias al programa Armada Pustaka Mandar. Dicho programa forma parte de una campaña cuyo nombre lo dice todo: Pustaka Bergerak. Es decir: biblioteca en movimiento. Y no hay nada que nos guste más que una biblioteca en movimiento.  La biblioteca padekawang arribó a tierra el pasado mes de diciembre cargada de libros para los más pequeños.

 

Las bibliotecas móviles indonesias del proyecto Pustaka Bergerak del emprendedor Mahammad Ridwan Alimuddin.

 

Los niños indonesios disfrutando de su botín recién llegado por mar.

Todo nace del empeño del escritor, periodista, documentalista y archivero Mahammad Ridwan Alimuddin. Él es el fundador de la biblioteca comunitaria Nusa Pustaka en el oeste de Sulawesi. Apasionado de la cultura marítima local, Mahammad, no dudó en lanzarse a la aventura de hacer llegar a bordo de este barco típico: un arsenal de libros destinados a promover la lectura entre los niños.

Empezó por relatarles los pormenores de su travesía, y una vez embelesada la audiencia: puso en práctica actividades en torno a la lectura. Recupera las raíces marineras para las nuevas generaciones al tiempo que fomenta la lectura. ¿Hay una manera más efectista de ganarse la atención de la audiencia que el animador a la lectura arribe en un barco antiguo tras surcar los mares del Sur?

 

El padekawang que atraca en cada puerto llevando lectura y alegría a los niños indonesios. Fotografía de Yusuf Wahil para ‘The Jakarta Post‘.

 

Siguiendo la carta de navegación de este post, cambiamos de latitud, pero seguimos a flote en torno a lugares únicos. Durante las primeras semanas del confinamiento con motivo de la pandemia una de las noticias que acapararon la atención, más allá de estadísticas de contagios y muertes: fue la de los efectos positivos de la paralización de la actividad humana.

Las imágenes de los canales de Venecia con el agua transparente y la vida marina retornando a la laguna: se hicieron virales. Habrá que ver por cuánto tiempo, una vez instaurada esta ‘nueva normalidad’, la transparencia de las aguas persiste en los canales. El tráfico fluvial se ha reanudado, y una parte de culpa en que las aguas anden más revueltas, la tiene el servicio de préstamo interbibliotecario.

Lo que en cualquier otro lugar suena a exótico en Venecia se recubre con el aspecto de lo cotidiano. La Red de Bibliotecas del Municipio de Venecia tiene en marcha un servicio con el que sueñan muchas redes de bibliotecas de nuestro país: el préstamo en red. De modo que los venecianos pueden disfrutar de los fondos de cualquiera de las bibliotecas de la red, gracias a un sistema de préstamo interbibliotecario, entre el centro histórico y las islas de la laguna.

 

En el palacio de Ca ‘Farsetti tuvo lugar la presentación del nuevo barco para el préstamo interbibliotecario que recorrerá los canales llevando y trayendo cultura. Que en la ciudad que alberga una librería tan pintoresca como la librería Aqua alta sea un barco el encargado de proveer de lecturas a sus habitantes: es hacer barrio, es hacer comunidad, en torno a la cultura.

Otra de las primeras reacciones que surgieron, al menos en suelo europeo, en las primeras horas de la pandemia: fue la revitalización del arcaico, pero vigente, debate norte y sur. Los países del norte opinando displicentes, e insolidarios como en el caso holandés, sobre sus vecinos del sur a cuenta de lo que sucedía en Italia o España. Un tiempo de descuento para terminar aplicándose el cuento cuando el avance imparable de la pandemia alcanzó sus territorios.

 

 

Por eso, no deja de resultar paradójico, que sea en el norte en donde este plácido y bello crucero sobre bibliotecas a flote que estamos haciendo: termine en naufragio. En la avanzada y admirable, en muchos sentidos, Noruega un barco emblemático para el ecosistema bibliotecario autóctono puede que acabe en el desguace.

La biblioteca flotante Epos, que ha recorrido los fiordos del condado de Vestland desde 1964, dejará de llevar libros a las poblaciones a orilla de los fiordos por decisión política. Según los informes en los que sustentan los responsables culturales para desproveer de lecturas, vía fluvial, a los pequeños más alejados de grandes poblaciones: ha sido el ahorro. Lo más irritante, por ser finos, es que la noticia se hizo pública la misma semana que, en Oslo, se inauguraba la espectacular biblioteca Deichman Bjørvika. Una maravillosa biblioteca, que obviamente, ha costado millones de coronas.

 

La espectacular nueva biblioteca de Oslo.

 

¿Por qué nos suena tan familiar? No lo del barco-biblioteca. Nos recuerda a tantos proyectos culturales faraónicos que dejaron temblando las arcas públicas, en nuestro pais, para infraestructuras culturales básicas como son las bibliotecas. En fin, mi reino por un titular.

Afortunadamente la cancelación de la veterana biblioteca flotante noruega no les está saliendo gratis mediáticamente. Periodistas, escritores, y por supuesto, lectores han elevado protestas ante la pérdida de un servicio que llevaba 60 transportando la lectura en los meses más crudos del invierno noruego.

Está visto que en la civilizada Europa el romanticismo casa mal con la eficiencia que exigen los nuevos tiempos. La ensoñación, la promesa de aventuras sigue asociada, al menos en esta crónica, a los paisajes de siempre: el exótico sudeste asiático y la eterna Venecia.

Y como empezábamos con aires aventureros y lejanos: cerremos con algo de música optimista. Que no perdamos el brillo en la mirada y que nadie nos robe el sueño de pensar que las bibliotecas, pese a piratas de todo tipo, siguen a flote.

 

Escuela de pensadores, escuela de superhéroes

 

En la reciente miniserie Hollywood estrenada en Netflix, el ubicuo Ryan Murphy lleva hasta las últimas consecuencias lo que Tarantino, con un estilo totalmente opuesto: ha puesto en práctica en algunas de sus obras más recientes.

 

Tanto en Malditos bastardos (2009) como en Érase una vez…Hollywood (2019): el director de Pulp fiction le enmendaba la plana a la realidad. A Hitler lo asesinaban antes de que pudieran seguir con su locura; y Sharon Tate nunca murió a manos de la infame secta de Charles Mason. Murphy lo ha llevado un paso más allá con la historia del Hollywood clásico.

En su serie la ha convertido en un cuento de hadas en el que la discriminación racial, la homofobia o el machismo son vencidos gracias al empuje de un grupo de soñadores. Una manera de enmendar el retrato más lúgubre y reciente que de la meca del cine ha proyectado el aún humeante, y real, caso Weinstein.

 

Hollywood de Ryan Murphy: revisionismo naif de la meca del cine.

 

Estas revisiones happy flowers de historias reales no dejan de entrañar sus riesgos dada la confusión informativa en la que se mueven las nuevas generaciones. Se empieza aplaudiendo que se derriben estatuas de Cristobal Colón; y se termina creyendo que Hitler no tuvo que ser tan ogro cuando resulta simpático en Jojo Rabbit (2019).

En los últimos tiempos, a juego con la fiebre superheróica que vive la industria del cine estadounidenses, los superhéroes sirven para todo. Los superhéroes y la filosofía (Blackie Books); La física de los superhéroes; Dioses, héroes y superhéroes; En la mente de los superhéroes (los tres de Ma non tropo); o Los superhéroes y el derecho (Tirant Lo Blanch). La lista de obras de divulgación que recurren a los superhéroes para explicar la filosofía, la ciencia, la mitología, la psiquiatría o las leyes: no tiene trazas de agotarse.

Conforman la mitología más elaborada de la cultura popular de nuestro tiempo. Y pese a su maniqueo y, aparentemente, simplista discurso: su éxito tiene su explicación. Definirse como librepensador en nuestra época, más allá de la mera etiqueta, requiere de un esfuerzo superheróico: ante el machaque de discursos únicos con que nos martillean los medios.

Aunque en la historia de la evolución la humanidad ocupa un tiempo tan diminuto, al homo sapiens le ha dado tiempo para acumular tal cantidad de conocimientos, que para cada nueva generación ponerse al día, requiere de un esfuerzo propio de un superhéroe. Tal vez sea por eso que los grandes medios de masas (la televisión, ahora internet): se vuelquen tanto al entretenimiento de encefalograma plano, desperdiciando su potencial divulgativo.

 

Por eso resultan prometedoras iniciativas como la de la londinense School of life que dirige el escritor, filósofo y bloguero Alain de Botton. El que, con motivo de su fundación, declarase que «la vida es demasiado corta para leer libros malos«.

La Escuela de la Vida es un organización con numerosas sedes que pretende ayudar a las personas a encontrar la perspectiva necesaria para afrontar la vida. Ahí es nada. Podría sonar a autoayuda de la barata. Pero lo cierto es que el material didáctico que realizan, con todas las críticas que se quieran hacer: resulta práctico para según qué conceptos.

 

Colección: Lecciones de vida de…., en la que se extraen reflexiones de filósofos útiles para diferentes aspectos de la vida. Editada por la Escuela de la Vida.

 

Las ideas más complejas se escenifican en vídeos animados de pocos minutos, con los que cualquier neófito en la materia puede hacerse una idea del pensamiento de figuras claves de la cultura occidental.

Desde la neurociencia, la teología, la filosofía moral a las teorías feministas; los vídeos ayudan a hacerse una idea rápida.

Que a los más academicistas es probable que no termine de convencer, dada la obligada sintetización de contenidos. Pese a las objeciones que puedan hacerse: acercar la historia de las ideas a las generaciones abducidas por lo audiovisual: es siempre un logro.

Este didactismo es precisamente al que deben volcarse las bibliotecas públicas en la actualidad más que nunca. Se dice desde hace mucho que las bibliotecas deben ser creadores de contenidos. Nadie mejor que los, bien adiestrados, profesionales bibliotecarios, para sintetizar los conocimientos, y servirlos de manera ágil, interesante y amena.

 

 

Sin referentes no somos nada. Por eso, engalanamos el post con la obra del fotógrafo Sacha Goldberger, que revistió a los superhéroes con aires de respetabilidad cultural. Sus retratos, al modo del siglo XVI, hacen que estos símbolos de la cultura de masas hollen, una vez más, las señas de identidad de la alta cultura.

Y cerramos con el reader’s digest en movimiento sobre el concepto de ‘amor fati’ de Nietzsche. Afortunadamente está subtitulado al castellano para que nadie se pierda nada. El filósofo alemán sostenía que los alumnos aprenden por repetición mientras no comprenden: cuando comprenden pasan al nivel siguiente. Si los superhéroes, y los vídeos tipo School of life, sirven de apoyo para saltar al nivel siguiente: bienvenidos sean.

 

Formatos emergentes para bibliotecas convalecientes

Nos hayamos visto directamente afectados o no (esperemos que no) por el COVID-19: todos estamos convalecientes. Informativa, económica o políticamente: nadie quedará ajeno a la pandemia. Las bibliotecas tampoco.

 

Thomas Mann inició su novela ‘La montaña mágica’ a raíz de un ingreso de su esposa  en el Sanatorio Wald de Davos.

 

Aunque vivamos en una precaria nueva normalidad y las bibliotecas hayan vuelto a reiniciar sus servicios: es imposible prever hasta qué punto alterará, esta emergencia sanitaria y sus secuelas, al mundo bibliotecario. Una de las pocas certezas que se repiten, aplicadas o no a bibliotecas: es la intensificación de la vida digital.

Pese a que se permitan actividades culturales lo cierto es que la prudencia, y los meses de estío, siempre más áridos para programaciones culturales en espacios cerrados: condicionan esa idea de biblioteca como centro cultural. Esa casa de la cultura con la que nos prometíamos una alternativa feliz, presencial y socialmente humana al discurso único de lo digital. Tal como le pasa al mundo de los espectáculos en vivo. Y es que hace tiempo que las bibliotecas forman parte de la farándula.

 

Festival de música de la BRMU a partir de una selección de conciertos disponibles en la plataforma eFilm.

 

Los festivales de música, cines, teatros, y demás espacios de cultura en vivo temen las pérdidas económicas: pero no la absoluta extinción. Su público volverá cuando sea posible. Los espacios físicos de las bibliotecas como espacios para la cultura en directo, en cambio: despiertan más incertidumbres. ¿Y si se pierde todo lo conseguido hasta el momento? Aquí, como en todo, depende de las características de cada biblioteca.

En esta situación cada espacio al aire libre se cotiza al alza. Si a las medidas de distanciamiento implantadas sumamos la posibilidad de habilitar terrazas, patios u otros espacios adyancentes del edificio de la biblioteca para convocar al público: mejor que mejor. Si los bares han conseguido permiso para ocupar más espacio urbano y poder sostener sus negocios: ¿por qué las bibliotecas no va a hacer lo mismo?

Aunque sea por soñar: vamos a darnos un breve paseo por algunas bibliotecas afortunadas que cuentan con esas terrazas o espacios:

 

Terraza de la Oodi Library de Helsinki. La foto, suponemos, sería previa a la pandemia. Imaginar esa terraza, sin un toldo, en una biblioteca del sur de España resultaría disuasorio.

Terraza de la biblioteca de la universidad de Carolina del Norte.

Terraza de la biblioteca del condado Fallbrook Branch en San Diego.

Un lujo al alcance pocos:  la terraza de Yandiola en el centro cultural-deportivo de la Alhóndiga de Bilbao.

Jardín de la biblioteca pública de Torre Pacheco (Murcia).

 

Pero lo dicho, no deja de ser un sueño, pocas bibliotecas públicas pueden permitirse espacios tan idílicos.

Por eso, se hace inevitable, que para no perder la ligazón con los usuarios las bibliotecas se vuelquen en lo digital. La competencia es feroz y las bibliotecas, aunque cuenten con el cariño de su público, cual folclóricas antiguas, no son ídolos de masas del mundo digital. Pero ya se sabe: el que resiste gana. Y ésta es una carrera de fondo.

Emerging Formats (Formatos emergentes) con este sugestivo título la British Library define a aquellos formatos que, según la legislación de depósito legal, ha de reunir y conservar la institución. Unos formatos que, por estructura y contenido, suponen un mayor desafío de cara a su tratamiento y custodia.

Dentro de esos formatos emergentes se sitúan los videojuegos. Y la British Library predica con el ejemplo. Con aire retro ochentero ha lanzado un divertido videojuego que toma a la biblioteca como escenario. Si no puedes recorrerla libre de restricciones de manera presencial: que puedas patearla a través de la pantalla.

 

 

El British Library Simulator es un mini juego creado con el motor de juego Bitsy. Una exaltación del píxel que despertará la vena nostálgica de más de un gamer de los ochenta (de cuando no se sabía que era eso de un gamer). La sede de la Biblioteca en St Pancras es el escenario por el que se mueven los toscos, y por eso simpáticos, monigotes y objetos del videojuego. En su recorrido, dirigido con las teclas de flecha del teclado, se van descubriendo los diferentes proyectos digitales que tiene en marcha la Biblioteca.

En definitiva, bibliotecarios ingeniándoselas, una vez más, para que la distancia no sea el olvido.

 

La Biblioteca Pública de Wilton (Connecticut) está en plena celebración de sus 125 años de vida. No sabemos si será por ese motivo, o porque es así de hiperactiva, ha lanzado su programación de actividades culturales para el verano: y resulta abrumadora. Los retos de lectura, las clases de costura, pintura, manualidades, clubes de lectura, cinefórums, cuentacuentos, charlas, talleres de dibujo, de escritura, animales vivos del zoo, makerspaces, etc…

Y en ese continuo estrujar de meninges una palabra se repite en los diversos eventos programados: zoom. El efecto post pandemia del auge de las apps como Zoom Vídeo, Pexip, Google Meet, etc…Pero sobre todo de Zoom.

 

 

Zum, según la RAE, es el efecto de acercar y alejar la imagen. Una buena definición de lo que pretendemos en este blog cada semana. Modificar los ángulos de visión a ver si conseguimos atisbar un poco mejor el panorama. En este confinamiento todas las generaciones se han familiarizado con las pantallas partidas. Para los mayores del lugar (y para Tarantino) el recuerdo del cine de los 60 y 70 se hacía inevitable.

Pero si se habla de zoom, con permiso de Cachitos de hierro y cromo, un recuerdo para el glorioso ballet Zoom y a Valerio Lazarov. Platillos volantes se llamaba esta coreografía no apta para epilépticos. Justo de lo que habla este post: de formatos futuristas y de colonizar el espacio exterior (de las bibliotecas).

 

El mundo en una viñeta (comictecas around the world)

 

La industria que mejor ha sabido convertir unos premios en una gigantesca campaña de marketing, no cabe duda, es la de Hollywood. Desde que en 1929 las majors decidieran crear unos galardones endogámicos con los que darse autobombo: muchas industrias han copiado su gran idea. Pero ninguna ha llegado tan lejos.

 

Pero, tras 91 años de Óscars, les ha faltado ser más agradecidos con los satélites de la industria, sin cuyo apoyo: el cine habría sido imposible. Cadenas de cines, distribuidoras, videoclubes, plataformas audiovisuales, televisiones o hasta acomodadores. Todos estos actores tienen su papel en el mundo del cine. Un poco de reconocimiento, cuando menos simbólico, por parte de la industria a la que tanto han beneficiado: resultaría, como poco, elegante.

Una industria que nació, casi a la par que la cinematográfica, sí lo tiene en cuenta: la industria del cómic. Y si hay una figura de relevancia dentro del mundo del cómic: esa es la de Will Eisner. Los premios Eisner se suelen describir como los Óscars de los cómics. Y la Fundación de la Familia Will and Eisner desarrolla una labor encomiable en la promoción y difusión del cómic en muy diversos ámbitos.

La Mesa Redonda de Novelas Gráficas y Cómics de la American Library Association (ALA) y dicha Fundación: premian cada año la labor de bibliotecas que desarrollan proyectos en torno a los cómics. Este año, dichos premios, han recaído en bibliotecarios de la Biblioteca Pública de Avon (Washington); y la Biblioteca de Cape Fear Community College, Wilmington (Carolina del Norte). Además se concede una subvención para novelas gráficas que ha recaído en el Servicio de Bibliotecas de Ontario.

 

La obra cumbre de Will Eisner con la que lanzó el concepto de ‘novela gráfica’.

 

Iniciativas así motivan a cualquiera para aprovechar el enorme potencial que los cómics tienen para las bibliotecas. Pese a la creciente presencia de secciones dedicadas a los cómics en las bibliotecas: las comictecas sigue siendo rara avis si hacemos un recorrido global por el orbe bibliotecario. Por eso, en este momento, en que los viajes están tan condicionados: en este blog, cual intrépidos Tintínes, nos vamos a dar una vuelta al mundo.

Nos sirve, y mucho, el trabajo desarrollado por Carmen González Muñoz en la Universidad Complutense de Madrid. Su trabajo final del máster en Gestión de la Documentación, bibliotecas y archivos: ‘Comictecas, prospección y estudio de caso’ (2020) es uno de los pocos trabajos que se han ocupado de recabar información actualizada sobre la situación del cómic en bibliotecas alrededor del mundo. Gracias a él nos ponemos al día y podemos sacar los datos que aparecen a continuación.

 

Antes de partir nos tomamos algo en el alucinante café Yeonnam-Dong (Corea del Sur). No hay mejor imagen para la inmersión en el mundo del cómic que proponemos.

 

Billy Ireland, el humorista gráfico en cuyo honor se creó la mayor biblioteca-museo del mundo en torno a los cómics.

Si atendemos a tamaño, colecciones y a la ambición del proyecto: la Billy Ireland Cartoon Library Museum, en Columbus, Ohio: se sitúa en primer lugar. Fundada en 1977 alberga 45.000 dibujos originales, 36.000 libros, 51.000 títulos seriados y cerca de 2.5 millones de historietas y recortes de tiras cómicas. Pensar en catalogar tan ingente cantidad de material gráfico, con las irregularidades que suelen plantear este tipo de publicaciones puede ser tanto: el sueño o la pesadilla de cualquier bibliotecario catalogador.

Sin salir de los Estados Unidos, en San Francisco, el Cartoon Art Museum se distingue por su partida de nacimiento. Nada menos que el gran Charles M. Schulz, autor de Peanuts (Charlie Brown), dotó económicamente al centro para que pudiera convertirse en espacio expositivo en 1987. Sala de exposiciones, talleres de dibujo y animación, biblioteca y diversas actividades culturales: sirven para dinamizar este centro activo en pro del mundo del cómic.

 

Obra de la ilustradora coreana Henn Kim. Su universo creativo está repleto de múltiples referencias a los libros.

 

Pero si lo que queremos hablar es de comictecas, es decir de secciones específicas creadas dentro de bibliotecas públicas, para fomentar la lectura a través del arte secuencial: nuestro periplo no es tan amplio como suponíamos.

Tenemos que llegar hasta Japón para encontrarnos con bibliotecas, que no museos o centros de investigación, que tengan al cómic en el centro de sus colecciones y programaciones. Al menos sobre el papel. Porque la Biblioteca Internacional del Manga proyectada para convertirse en realidad en Tokio: sigue sobre el papel.

Se trata de uno de los proyectos más ambiciosos en torno al mundo del cómic. El germen de este proyecto se remonta a 2009, cuando la Universidad de Meiji, planteó la construcción de un edificio de cinco plantas que sirviera para albergar el mayor centro conocido dedicado al mundo del manga.

 

 

Según un artículo firmado por Roland Kelts (autor del ensayo: Japanmanía: cómo la cultura pop ha invadido los Estados Unidos): el proyecto de la fastuosa biblioteca nipona se podría haber reactivado de cara a los Juegos Olímpicos de 2020. Pero ha tenido que entrar en juego esta pandemia global para que, una vez más, el ambicioso sueño vuelva a quedar en el aire.

En el plano de lo real sería la Biblioteca Museo Yoshihiro Yonezawa, en Tokio, con sus cerca de 140.000 ejemplares la que ahora mismo sigue representando el mayor centro cultural volcado en el rico mundo del manga. Pero antes de movernos de latitudes una última pausa para la ensoñación.

En la ciudad china de Hangzou se lleva pensando desde hace años en construir un espectacular museo dedicado al cómic y la animación. Tras la inauguración de la apabullante biblioteca de Tianjin Binhai, el régimen chino como cualquier potencia necesitada de ostentación: sigue apostando por proyectos faraónicos.

El estudio de arquitectura holandés MVRDV diseñó el proyecto, finalmente modificado, recurriendo a globos gigantescos: cual bocadillos de cómic. El resultado final parece que juega con la idea pero modificándola. Pero aquí nos permitimos por un momento recrearnos en lo soñado en un primer momento.

 

Pero encaremos el tramo final del artículo centrándonos en lo que prometimos: bibliotecas en las que se ha dado una especial protagonismo al cómic. Para eso tenemos que movernos por Europa. Partimos de Francia, concretamente de la ciudad de Angouleme, que se erige como la capital del cómic europeo.

La Bibliothèque de La Cité Internationale de la Bande Dessinée et de l’Image (Angoulême) alberga más de 43.000 álbumes, tanto para adultos como para niños, que se pueden leer en sala o retirar en préstamo a domicilio. Pero a sus colecciones se suman los fondos que sirven para la investigación, en el centro de documentación, que incluye la biblioteca. En este fondo patrimonial hablamos de unos 80.000 álbumes y 133.000 números de publicaciones periódicas.

La biblioteca es una pieza fundamental en el conglomerado de espacios que conforman la Ciudad Internacional de la Bande Dessinée.

 

Cité Internationale de la Bande Dessinée et de l’Image (Angulema)

 

Siguiendo el periplo europeo es obligado detenerse en Barcelona y en su red de bibliotecas. La industria editorial del cómic ha estado fuertemente asentada en la capital de Cataluña. Esta circunstancia unida a la potente red de bibliotecas que ha desarrollado la ciudad hacen que el cómic tenga una fuerte presencia.

Desde la Biblioteca Central Tecla Sala de L’Hospitalet, todo un referente, a la Biblioteca Ignasi-Can Fabra perteneciente a la red de bibliotecas de Barcelona. Si al principio hablábamos de industrias que saben reconocer la labor que desarrollan agentes, que en principio, no forman parte de las mismas: la Tecla Sala se alzó, en 2014, con el premio que otorga la Asociación de Autores de Cómic de España en el Salón del Cómic de Barcelona. Un premio por la difusión y promoción del cómic para esta biblioteca que en sus espacios ofrece hasta 25.000 ejemplares de cómics.

 

Jornadas sobre cómics y bibliotecas organizadas por la Tecla Sala de L’Hospitalet en 2019.

 

En el resto de España, durante las últimas décadas, numerosas bibliotecas han ido destacando (que no incorporando porque ya estaban) los cómics en su oferta. Espacios bibliotecarios pensados en exclusiva para los cómics se han organizado en bibliotecas como: la de Ciudad Real, la biblioteca Yamaguchi en Pamplona, la biblioteca Ánxel Casal en Galicia o en el municipio malagueño de Arroyo de la Miel, entre muchos otros.

Una de las que mayor proyección ha tenido desde su inauguración en 2003 es la Comicteca de la Biblioteca Regional de Murcia (BRMU). Inmersa actualmente en una nueva ampliación, la Comicteca BRMU, cuenta con una colección de cerca de 24.000 volúmenes. Pero más allá de sus colecciones lo que ha hecho destacar a la Comicteca BRMU pasa por su mobiliario, los espacios que ocupa, y sobre todo: los proyectos que ha puesto en marcha.

 

El Batman que preside una de las secciones de la Comicteca BRMU (Murcia).

 

Desde la creación de pequeñas comictecas en peluquerías y centros de belleza de la ciudad de Murcia; pasando por una bibliocarroza repartiendo cómics en el desfile del Bando de la Huerta; o la inclusión de realidad aumentada en las portadas de los cómics.

Además de exposiciones, talleres, tatuajes de cómics, conferencias, conciertos y demás proyectos que han convertido a la Comicteca BRMU: en el punto de partida desde el que replantearse lo que debe ser una biblioteca en el siglo XXI.

Encuentros con autor en la Comicteca de la Universidad Autónoma de Puebla (México).

Y para cerrar saltamos desde la Comicteca BRMU a Sudamérica. CERLALC (Centro Regional para el Fomento de la Lectura para América latina y el Caribe) desarrolló, en 2009, el Proyecto Comicteca en Bogotá. Consistió en un encuentro entre expertos de diversos países en torno al fomento de la lectura a través del cómic.

Este encuentro propició que, un año después, se publicase la obra: ‘El cómic, invitado a la biblioteca pública’. En él se incluía el prototipo desarrollado en la Comicteca BRMU, que años después, ha dado sus frutos con la inauguración de la primera comicteca colombiana en la ciudad de Cali; así como de la primera comicteca mexicana en la Universidad Autónoma de Puebla.

Comicteca en Cali (Colombia).

 

Y hasta aquí este viaje apresurado, y libre de COVID-19, alrededor del mundo. El mundo, por mucho que así rece el título, no cabe en una viñeta. Como tampoco caben en un solo post las iniciativas que en torno al cómic se desarrollan en bibliotecas por todo el orbe. Will Eisner, quien acuño el concepto de novela gráfica tan de moda, dijo al respecto: «será un medio legítimo para los mejores escritores y artistas. Es el embríon de una nueva forma de arte». ¿Y si las comictecas fueran el embrión de una nueva forma de pensar las bibliotecas?

 

La Comicteca BRMU siempre ha querido aglutinar en torno a la biblioteca a los creadores locales. Consecuencia de ello son estas dos obras de Magius (izquierda) y Sonia MS (derecha) en homenaje a la Comicteca BRMU.

 

Tío blanco hetero…lector

Confiamos que el título de este post no llame a engaño. No vamos a hablar sobre Un tío hetero blanco. El amado/odiado youtuber que fustiga discursos hegemónicos de la actual ola feminista. Y al que los medios conservadores entrevistan con asiduidad.

Hay muchos otros tíos blancos heteros en las redes. Aunque si nos ajustamos a las estadísticas no hay tantos que, como Sergio (el nombre del youtuber en cuestión): fundamente sus diatribas en argumentos sustentados en la lectura. Y se declare admirador de Camille Paglia.

De ahí la decepción de sus seguidores/detractores más broncos: cuando el youtuber contraviene el discurso único que esperan de él. Suele ser el riesgo que acarrea la lectura.

Ser un hombre blanco hetero cis género, según para qué discursos imperantes: es lo peor. Unas circunstancias, biológicas y culturales, que invalidan cualquier opinión o matización disidente del signo de los tiempos. El revanchismo, en un primer estadio puede ser comprensible, pero a la larga lo único que hace es replicar las mismas estructuras opresoras. Solo que, en ese caso, desde el otro extremo de la balanza.

 

 

En Testosterona y bibliotecas, hace unos años, indagábamos en el desapego que los hombres, así en general independientemente de su color de piel o preferencias sexuales: demuestran hacia la lectura. Y ahora una cabecera, muy leída por esas masculinidades dominantes, la revista ‘Forbes’ viene a corroborar la relación entre falta de hábito lector y expectativas formativas en los adolescentes.

El medio especializado en negocios se hace eco de los resultados del reciente estudio: ‘Diferencias de género en los caminos hacia la educación superior’. Un estudio llevado a cabo por David Geary de la Universidad de Missouri y Gijsbert Stoet de la Universidad de Essex. El estudio evidencia dos limitaciones que limitan las posibilidades de hombres y mujeres para progresar académicamente. Por la parte de los hombres: sus malas habilidades en lectura. Y por el lado de las mujeres: las actitudes sociales discriminatorias hacia su género.

 

‘Mira a los hombres caer’ (1994): la primera película de Jacques Audiard. Un director que se ha especializado a lo largo de su carrera en una continua indagación sobre la masculinidad. Con títulos tan brillantes como: De latir mi corazón se ha parado (2005), Un profeta (2009) o Los hermanos Sisters (2018).

 

Hot dudes reading (Tios buenorros leyendo) nació como una cuenta en Instagram. Fotos de tíos guapos leyendo en transportes públicos. Y se ha convertido en libro. Masculinidad+libros = más efectivo que cualquier efecto Axe.

Una vez más la estupidez de los estereotipos de género bloqueando el progreso social de nuevas generaciones. No obstante, el hecho de que las mujeres sean mayoría en el número de matrículas en la educación postsecundaria: es síntoma de que algo se ha avanzado. Pero, ¿es algo positivo? El que las mujeres se incorporen a la educación superior, es obvio. Pero que los hombres no lo hagan en una proporción equivalente: ¿a dónde nos lleva?

Una sociedad en la que la cualificación académica entre hombres y mujeres sigue descompensada, pero a la inversa: no parece muy halagüeño para alcanzar realmente la igualdad.

No es la primera, ni será la última, vez que reivindiquemos la necesidad de las humanidades para dar sentido a un mundo hipertecnológico. En La biblioteca como ornamento dábamos noticia del interés por parte de las clases altas estadounidenses porque sus vástagos cursaran estudios de humanidades. No es de extrañar. Como decíamos entonces:

«Durante las últimas décadas […] todo conocimiento que no fuera utilitario y práctico según la lógica del mercado: no se contemplaba. Había que «convertir la educación en una empresa con fines de lucro». Y lo aparentemente diletante, lo sofisticado, lo ornamental si se quiere: desprestigiarlo en un vulgo alienado tecnológicamente. Para así, secretamente, cultivarlo en las élites. De este modo […] perpetúan sus privilegios

 

Libro publicado por la editorial Avarigani, propiedad del presidente del banco de inversión Alantra: Santiago Eguidazu. El economista fundó esta editorial para publicar textos de filosofía desde perspectiva empresarial.

 

Pero no acaba aquí nuestra enésima reivindicación de las humanidades. Recientemente se publicaba un artículo, en los medios del Grupo Vocento, firmado por Icíar Ochoa de Olano, bajo un título sugerente: ‘Los filósofos, los nuevos gurús de las empresas’.

Según revela, el último informe de la EAE Business School, el trabajo más demandado es el de experto en ética de datos. De repente, la ética, la reflexión sobre lo que hacemos y el punto de vista humanístico: se hacen imprescindibles para avanzar en campos como los de la Inteligencia Artificial. Y si los masters of the universe de Wall Street, de la City o Silicon Valley han decidido convertir a la filosofía y las humanidades en un activo de sus negocios: ¿quienes somos nosotros para llevarles la contraria? En definitiva sé un hombre (de negocios) y lee.

 

Vindicación de lo bibliotecario en tiempos posCovid

En una ocasión ya hablamos del riesgo que se corre en blogs, revistas, foros y demás medios del orbe bibliotecario de actuar como un ‘¡Hola!’ bibliotecario. Y quien dice un ‘¡Hola!’ dice un ‘Vogue’, ‘Vanity fair’, ‘House&Gardens’, ‘Neo2’. Cualquier cabecera aspiracional, que cual Instagram impresos, permite al pueblo asomarse al retrato edulcorado de las élites. Financieras o culturales, tanto da, si es que acaso no coinciden.

 

Una fotografía que perfectamente podría ser del ‘¡Hola!’ pero que aparece en ‘Vanitatis‘: la visita de los Reyes a la Biblioteca Nacional.

 

Una combinación mal dosificada de preguntas al aire combinada con exhortaciones a la innovación: puede tener efectos paralizantes.

Paralizantes por generar mala conciencia entre profesionales de bibliotecas con plantillas envejecidas por años de falta de renovación de personal; de bibliotecas donde propiamente, lo que se dice personal con formación bibliotecaria, hay muy, muy poco; de bibliotecas donde si había poco presupuesto ahora habrá menos…

Esta letanía quejumbrosa y deprimente siempre ha sido un eco en muchas pausas del café en congresos y/o encuentros del gremio. Es un vicio, que como todos los vicios, no deja de ser síntoma de carencias. Por eso vamos a planear a ras de suelo. Si este post fuera una exclusiva se publicaría en el ‘Pronto’ antes que en el ‘¡Hola!’ para entendernos.

La biblioteca viviente también necesita cariño.

 

Esta situación mundial de emergencia sanitaria ha provocado prácticas marcadas por la provisionalidad en las que, inevitablemente, habrá que perserverar. Por ejemplo, toda la vida que se haya podido infundir a redes y plataformas de la biblioteca: se querrá afianzar y consolidar. Otra cuestión es que las exigencias del trabajo presencial lo permitan a ese nivel.

Que digital+biblioteca va unido en todas sus vertientes: está asumido. Pero vamos a la crónica de sucesos, vamos al ‘Pronto’ que prometíamos. ¿Qué pasa con la biblioteca como espacio físico?

Una vez terminados los protocolos, instaladas las mamparas, los hidrogeles, los espacios para cuarentena de la colección, la cartelería, la señalética, las políticas de préstamo, los circuitos para la movilidad del público, etc. Si tras superar, cual carrera de obstáculos, las fases 1, 2, 3 y alcanzar esa ‘nueva normalidad’: quedara algo de tiempo: se podrían retomar asuntos pendientes.

 

Infografía sobre los servicios permitidos en Fase 3 según la Orden SND/458/2020 realizada por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria del Ministerio.

 

Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos repetido que: ‘las bibliotecas no son salas de estudio’? Muchas más de las que ha sonado Resistiré durante estos meses. Y he aquí una oportunidad para ponerlo en práctica. Por mucho que en la fase se permitan las actividades culturales, el préstamo interbibliotecario, el uso de ordenadores o el estudio encubierto de consulta en sala: el orden de los factores, en este caso, sí que afecta al resultado.

Postergar todo lo que se pueda el estudio y dar prioridad absoluta a todo lo que consideramos como servicio propiamente bibliotecario (préstamo presencial, información bibliográfica, préstamo interbibliotecario, actividades culturales, clubes de lectura…) sí que marca precedentes, aunque sea en el pundonor bibliotecario de los profesionales.

Deja claro que si la biblioteca fuera Kate Winslet, en Titanic (1997), y Leonardo DiCaprio representara a los estudiantes: no dejaría que Leo se ahogase, le dejaría subir a la tabla: pero antes se aseguraría de que lo prioritario está a salvo. La bibliotecidad de la que hablaba Pablo Gallo, la esencia bibliotecaria, o como quiera cada uno llamarlo: según la idea y concepto que tenga de lo que debe ser una biblioteca pública.

 

James Cameron decidiendo quién ‘sobrevive’: si las bibliotecas o los estudiantes.

 

Imagen promocional de Kika (1993): el director pensando cómo mover a sus personajes. Una buena metáfora visual de cómo mover las piezas en esta extraña rentrée bibliotecaria.

El margen de cambio, dadas las circunstancias, puede que sea pequeño pero siempre habrá alguno. ¿Cuántas veces se ha dado un impasse en el devenir cotidiano de las bibliotecas como este?

Sería injusto centrarnos únicamente en el lobby estudiantil. ¿Qué pasa con los pecados achacables a los propios bibliotecarios? ¿Cuántos procesos de trabajo no se podrían reconducir, cuántas inercias corregir, y asuntos replantear aprovechando la excepcionalidad del momento?

Si se acomete la reducción de espacio para el estudio que sea con la finalidad de abordar, por fin, ese fab lab; ese espacio multidisciplinar; ese vivero de empresas; esas salas para reuniones/trabajos de grupo; ese estudio de grabación; o cualquiera otra reestructuracion de espacios/servicios que, hasta ahora, no se habia encontrado el momento de acometer.

Cuando todos estamos en modo reseteo es momento de introducir las actualizaciones. De subrayar (por recurrir a vocabulario estudiantil) lo que realmente nos importa. Aunque fuera de manera testimonial, ni siquiera con el mobiliario y diseño soñados. Pero que al menos se plante la semilla de ese concepto de biblioteca con el que soñamos al leer los ‘Hola-Vogue-Vanity Fair’ bibliotecarios.

Algunas ideas posibles, que no plausibles hasta que se ponen en práctica, serían:

  • reducir brecha digital: si algo ha quedado claro durante esta pandemia son las limitaciones de los servicios bibliotecarios (y educativos, y de todo tipo, pero aquí hablamos de bibliotecas) para alcanzar a las personas excluidas por el motivo que sea de una conexión a Internet. Formación y pensar en servicios que se puedan ofrecer vía móvil.
  • atención reforzada a población de edad avanzada: desde promover préstamo a domicilio en casos en que se pueda, formación en el uso de plataformas digitales, y espacios propios para ellos en la biblioteca. La segmentación por edades de los espacios de la biblioteca, en estas circunstancias, gana más importancia que nunca por cuestiones de seguridad.
  • préstamos de equipamiento informático a domicilio. Antes que mantener los equipos dormidos en los armarios permitir su préstamo extramuros.
  • ofrecer las plataformas/redes de la biblioteca para eventos que se han tenido que suspender en el municipio y que permiten su celebración online. Los grandes festivales de cine se han suspendido presencialmente, pero van a llevar a cabo, a través de Youtube, parte de su programación. ¿No podrían explotar los eventos cinematográficos locales ofertas de las bibliotecas como la plataforma eFilm? O si se ha suspendido una feria del libro o eventos literarios ajenos a la biblioteca, lo que sea adaptable al mundo digital: podría usar las redes o plataformas de la biblioteca.
  • Compañías teatrales, actores, cuentistas y demás creadores locales se han ofrecido, de manera gratuita durante el confinamiento, a bibliotecas. Sus redes eran deseadas como vías para llegar a más público. Y al tiempo, afianzan, una posible relación, remunerada, en el futuro.

Pero antes de que nos acusen de incurrir en una apoteosis del ‘Consejos vendo que para mí no tengo’: lo dejamos aquí. Que para acusaciones, en relación a bibliotecas, ya está la denuncia de cuatro grupos editoriales contra el portal Internet Archives (IA).

Logo de la biblioteca emergencia de Internet Archives.

La espita de esta nueva ofensiva editorial contra la que se autodenomina ‘biblioteca web’ proviene de la creación de una ‘biblioteca de emergencia’ durante este periodo.

IA ‘liberó’ 1’4 millones de libros, como aquí en España han hecho algunas editoriales, permitiendo la concurrencia. Una suspensión, la de las listas de espera, que se programó solo, en principio, para esta situación excepcional.

Lo que temen los grupos editoriales que han elevado la demanda, con el apoyo de la Asociación de Editoriales Estadounidense (AAP): es que esta excepcionalidad sea un coladero para afianzar esta práctica. En ‘Xataka‘ recogen las declaraciones del fundador de IA Brewster Kahlo al respecto de la demanda:

«como biblioteca, IA adquiere libros y los presta, como siempre han hecho las bibliotecas […] en una situación en la que no puede accederse a colegios, bibliotecas y demás sitios públicos esta demanda judicial no favorece a nadie»

¿Alguién le habrá hablado a Kahlo de las plataformas legales de préstamo de libros y audiovisuales con que cuentan las bibliotecas? El caso es que ante esta apropiación (¿o deberíamos decir suplantación de identidad?) del concepto biblioteca: una vez más se hace necesario vindicar lo genuinamente bibliotecario en tiempos posCovid.

Si se apropian de la idea, al menos, que se reconozca la denominación de origen a las que siempre han sido bibliotecas de verdad. Un ‘nosotras estábamos primero’ que, en términos prácticos sirve para poco; pero que a efectos psicológicos: igual ayuda para infundir ánimos de cara al regreso.

 

Literatura infectada

Que una película como Contagio (2011) se convirtiera en la más vista durante las primeras semanas de confinamiento se puede interpretar de dos maneras. Desde un punto de vista positivo: los espectadores que la eligieron querían indagar, a través de la ficción, en lo que suponía una pandemia. Y de una perspectiva menos constructiva, pero igualmente humana, que el morbo por lo apocalíptico forma parte de nuestro ADN. Y quien dice la cinta de Steven Sodenberg dice las numerosas selecciones de libros de ficción sobre pandemias.

 

Orgullo + prejuicios + zombies (2016)

 

El propio director, Sodenberg, declaraba recientemente que pese a haberse documentado sobre los escenarios posibles en una pandemia global: la realidad le ha sobrepasado. Pese a la inquietante fidelidad de la película con lo acontecido nueve años después: el director se ha visto sorprendido por la profunda irracionalidad de muchos de sus compatriotas. La realidad siempre superando a la ficción.

Pero en este post vamos a rescatar ¿del olvido? un fenómeno literario que precisamente coincidió cronológicamente con el estreno de la película de Sodenberg: la literatura mashup. Cuando se publicó el cómic Orgullo, prejuicio y zombis parecía un disparate de lo más divertido. Fue a principios de esta década cuando el concepto de los mashup infectó a la literatura.

Antes que nada habrá que aclarar qué es eso de la literatura mashup por si alguien no lo recuerda o sabe. Nosotros proponemos castellanizar el concepto traduciéndolo como Literatura infectada. Porque de eso se trata: de infectar a unos géneros con otros, de coger clásicos de la literatura y machacarlos, hacerlos añicos convirtiéndolos en historias de vampiros, zombis u hombres lobo.

El término, culturalmente hablando, proviene del mundo de la música. El bastard pop o mashup se concibe como un collage musical que mezcla dos (o más) piezas musicales. En tiempos recientes YouTube se ha llenado de temas pop hábilmente mezclados, en la mayoría de las ocasiones, como una manera de denunciar sospechosas inspiraciones que rozan el plagio. Como si la originalidad siguiera teniendo algún peso en la fábrica de salchichas de la mayoría de música comercial del momento.

Pero centrándonos en lo literario, la mayor damnificada/intervenida fue Jane Austen: desde Sentido y sensibilidad y monstruos marinos, pasando por el ya mencionado Orgullo, prejuicio y zombis o Emma y los vampiros. Pero ni Tolstói se libró del saqueo, y así la robótica enlazó con la heroína romántica por excelencia, en Android Karenina.

Y al cine, por supuesto, también llegó la moda con Abraham Lincoln, cazador de vampiros (2012) o Drácula la leyenda jamás contada (2014). Menos mal que a continuación, Spielberg estrenó su biopic sobre el mítico presidente.

Así al menos, cuando manden un trabajo escolar sobre la figura del presidente a los escolares estadounidenses, tienen un referente cinematográfico más fidedigno. Aunque dado el umbral de incredulidad superado con Trump: creer que un presidente ejercía como un Val Helsing de la política: resulta de lo más creíble. La realidad de nuevo superando a la ficción.

¿Qué artefactos culturales, qué mixturas insospechadas, surgirán de esta crisis sanitaria, económica y social? Un campo de experimentación son las bibliotecas.

En nuestra serie El ángel exterminador bibliotecario planteábamos un confinamiento cultural entre diferentes tipologías de usuarios. En esa ocasión lo hicimos para tomar el pulso a los consumos culturales de grupos muy diversos.Tal vez, con un poco de perspectiva, sería momento de retomar aquella idea y cruzarla con otra serie de este blog: Geopolítica bibliotecaria. Al menos la sospecha de plagio se anula.

The exterminating angel: la ópera del compositor inglés Thomas Àdes que adapta la película buñueliana.

 

Un post mashup entre El ángel exterminador bibliotecario y Geopolítica bibliotecaria. Un cruce entre cómo se desarrollan los hábitos y comportamientos de los usuarios de bibliotecas con efecto zoom (escrito en inglés original con doble intención): de lo local a lo global. Pero para que se dé esta infección aún necesitamos algo más de tiempo. Quede como promesa.

Y mientras llega el momento volvemos a los orígenes, a donde nació el fenómeno mashup, a la música. En un post de Open culture nos hablan sobre si las generaciones son fenómenos naturales o construcciones culturales. Un debate apasionante pero para otro momento. Lo que enlaza con el fenómeno mashup es el proyecto que nos descubren de dos DJ de Chicago: The Hood Internet.

Estos dos DJ y productores, especializados en mashup y remixes, han elaborado una serie de vídeos en los que agrupan 50 canciones lanzadas en un solo año. Desde 1979 a 1988 (por el momento). Aquí elegimos el 86 como podíamos haber elegido cualquier otro. Un collage músico-nostálgico que según los gustos, estéticos y musicales, de cada uno puede resultar indigesto o una delicia.

 

Manual de urbanidad bibliotecaria

 

La educación salva vidas. Así de contundente y simple. Solo respetando la distancia social, el uso de mascarillas, y tomando todas las medidas oportunas: conseguiremos doblegar a este virus.

Según el sesgo político de cada uno se aceptaba o atacaba la existencia de una asignatura denominada: Educación para la ciudadanía. Pero se esté o no a favor: lo cierto es que el nombre no puede ser más acertado. Si nos educan para leer, resolver problemas matemáticos, tener nociones de ciencia, habilidades deportivas o manuales: ¿no procede que nos eduquen en convivencia y civismo? Lo que sucede es que, en estas circunstancias, la desidia o ausencia de esa consideración hacia tus conciudadanos tiene consecuencias trágicas.

 

«la conductora es ante todo mujer. Por tanto, debe ayudársela a descender de su vehículo»

 

Ser ciudadano, como todo, requiere un aprendizaje. Y lo que hasta el momento era francamente deficitario en nuestras calles y espacios compartidos: ahora se convierte en cuestión de importancia vital. Y ¿en las bibliotecas? Ahora va a ser el momento de comprobar más que nunca esas carencias que cualquiera puede observar en la calle.

Los buenos modales, la educación, o en su término más arcaico, la urbanidad: ha ido acumulando muy mala prensa desde hace décadas. Por eso para hablar de urbanidad y bibliotecas, este post, se recrea en una de esas joyas que tanto satisfacen nuestra vena bibliobizarra. Una de esos libros que aparecen en un depósito polvoriento y te arrojan una mirada en perspectiva sobre nuestro presente: El libro de oro de la cortesía. Guía ilustrada de la etiqueta.

«dos señoritas o señoras llevan en medio al hombre, que las acompaña, el cual tiene a su derecha a la de más edad»

Este tratado suizo, editado en 1967, es una mina. La urbanidad, tal y como la entendían nuestro mayores, tenía tanto de sentido común para facilitar la convivencia; como de imposición social, que reprimía cualquier disidencia del papel que hombres y mujeres, debían representar.

Según la ley del péndulo de la historia, era lógico que después de tanta rigidez, vinieran tiempos más relajados. Pero, ¿dónde termina la naturalidad y empieza la grosería?

El siglo XXI, tiene las mismas cifras que el XIX, quizás sea por eso que a algunos les bailan los números, y nos hacen viajar por el túnel del tiempo. Por eso, no vamos a erigirnos en inquisidores de las formas sociales, nada más lejos de nuestra intención. Nos seduce más separar lo rancio de lo necesario, recreándonos en algunos de los consejos que aparecen en el susodicho libro. A ver si de este modo, consiguiéramos situarnos en la mitad del arco que va describiendo el péndulo.

Hace años, en ‘El País’ se abordaba en un artículo, el tema de los buenos modales en el mundo digital. Según se destacaba en este artículo: «los jóvenes se están hartando de la ironía, de la grosería y de los comentarios sarcásticos que predominan en sus vidas en Internet». La etiqueta está volviendo como respuesta a la dureza de las relaciones en el ámbito digital («lo amable está de moda», era una de las frases que condensaba el texto).

 

«en primer lugar se saludan las señoras unas a otras; y por último, los señores entre sí.»

 

Esto era en 2013, y siete años después, ¿acaso podemos decir que lo amable esté de moda? Si miramos a Instagram más que lo amable es lo falsario. Y si miramos a Twitter…. si miramos Twitter…

Y esa frenética falta de modales, de educación, de respeto, lo peor, es que se desvirtualiza y termina ocupando nuestras calles.

No deja de resultar curioso que, si hoy día, buscas artículos, en castellano, sobre Netiqueta (esos buenos modales digitales): encontremos artículos mayoritariamente latinoamericanos. Solo hay que viajar a Colombia u otros países, unidos con España a través de la lengua, para notar la degradación del castellano en nuestro país. Vocablos, aquí considerados cultos o en desuso, perviven en el lenguaje de las clases más humildes al otro lado del Atlántico.

 

«la mujer moderna conduce personalmente su automóvil»

«las uvas se arrancan del racimo con la mano, y se comen grano a grano»

 

¿Conseguirán las bibliotecas confirmarse una vez más como espacios seguros? Los numerosos protocolos que ultiman contrarreloj para adaptar espacios y servicios a esa inminente ‘nueva normalidad’ serán los baremos con los que  medirse. Ahora más que nunca la biblioteca, como espacio físico, actuará como espacio de descompresión del, en demasiadas ocasiones, antipático espacio exterior.

Una buena oportunidad para reforzar aún más los lazos con nuestras comunidades. Y demostrar que la cultura no te hace ser un ladrillo más en la pared. Todo lo contrario. Te hace más libre de esos ‘maestros’ que imparten moralina en las redes esperando que les sigas el juego en la calle.

 

Bibliotecas sin miedos

El miedo, los temores, como se suele decir, son irracionales. Lo malo es que en el momento que estamos viviendo hay motivos suficientes para justificarlos. De cara a la progresiva e imparable reapertura de las bibliotecas en la fase 1, 2, 3 y subsiguientes: muchos profesionales se están enfrentando, o se tendrán que enfrentar, a muchos de esos miedos propios y ajenos.

No hay remedios efectivos para combatirlos pero como siempre el arte al menos sirve para darles forma. El colectivo artístico anónimo luzinterruptus es conocido por llevar a cabo intervenciones urbanas de espacios públicos siempre asociadas con la luz. Una de las que más repercusión tuvieron el mundo bibliotecario fue ‘Literatura versus tráfico’ que llevaron a cabo, por primera vez, en 2016 en las calles de Toronto.

 

Literature vs. Traffic. from lmartinez on Vimeo.

 

Sus intervenciones se consideraban ilegales, puesto que no piden autorizaciones municipales para hacerlas (su frase: «Dejamos nuestros destellos de luz encendidos… para que otros nos los apaguen…«, lo deja claro). Entre los proyectos recientes se encuentran montajes dedicados a concienciar en torno al abuso de plásticos (Muertos por plástico); sobre la sequía (Dibujando la sequía); o denunciando/ironizando sobre la prohibición de exhibir pezones femininos en redes (Tetas y pezones).

Pero tal vez el proyecto que más puede ayudar recuperar en este tiempo de incertidumbres es uno de sus proyectos no realizados. Concretamente el Muro para quitarse el miedo. Este proyecto en busca de una pared grande en el que realizarse consiste en cubrirla de cuadernos-libros en blanco que puedan ser intervenidos. Por supuesto iluminados por la noche, y que queden dispuestos de tal manera que el viento los agite y pase sus páginas dejándolos abiertos al azar.

Según lo describen:

«… lo que queremos es crear un espacio en el que expresarse, sin miedo a equivocarse […] En sus páginas se podría bocetar lo que después se mostrará como definitivo, siendo útil para hacer pruebas hasta dar con la solución que más agradara al clientes/servidor público/curador/institución/museo… […] el viento obraría, moviendo al azar las intervenciones de las distintas páginas, ofreciendo al espectador millones de composiciones aleatorias, fruto de un trabajo colectivo mezclado por el democrático viento.»

 

En este momento en que los profesionales están saturados de protocolos, normas, leyes, informes y demás intentos por normalizar una situación anormal. En que muchos de los proyectos que estaban en marcha, en bibliotecas, se han quedado, como el de luzinterruptus: sin realizar. Viene bien no hablar, simplemente, contemplar un sueño, una idea de futuro. Y además luminosa.

Un post contemplativo. Para esas bibliotecas que tiene experiencia en salir de situaciones complicadas, y que en esta crisis, volverán a hacerlo una vez más. Y de paso, a ver si hubiera alguna biblioteca, con suficiente fachada lisa como para permitir que luzinterruptus, cuando pase todo esto: pueda convertir en realidad su Muro para quitarse el miedo.

Desescalada cultural o bibliotecuchicuchi

 

En estos tiempos extraños se habla mucho de desescalada como vuelta a nueva normalidad. Pero tras esta forzosa ruptura con la rutina, el concepto de desescalada, se puede aplicar a muchas cosas. Sin ir más lejos a la cultura. ¿Se ha producido una desescalada de lo que se entiende por cultura durante este confinamiento? Las bibliotecas ¿han actuado como proveedoras de cultura o de entretenimiento?

Parecía imposible. Pero, incluso en medio del fuego cruzado de bots políticos, aún ha quedado hueco para un linchamiento a cuenta de la cultura en Twitter. Un linchamiento que nos sirve para abordar esa desescalada cultural de la que hablamos.

 

Tarta de la pastelería neoyorquina Trolls Cake que hace tartas con los tuits ofensivos de trolls en redes, localiza sus direcciones,  y se los manda a domicilio. 

 

El linchamiento, en cuestión, tuvo como diana a una artista que lanzó una reflexión en torno a la cultura y al entretenimiento desde su cuenta personal. En su tuit llamaba a no confundir entretenimiento con cultura. Y a las pocas horas tuvo que cerrar su cuenta de Twitter ante el hostigamiento.

No vamos a decir de qué artista se trata. Como decía aquella: «odiamos a los que odian». Así que no vamos a reavivar ningún estúpido linchamiento. Lo que nos interesa es el fondo y trasfondo que se puede hacer de esa confrontación cultura-entretenimiento y lo que pintan las bibliotecas en medio de todo esto.

Entretener, según la socorrida RAE, en su primera acepción es distraer a alguien impidiéndole hacer algo (lo que alguno llamaría el pan y circo de toda la vida para adormecer a las masas). Pero en la misma entrada, la sexta acepción del término, detalla: divertirse jugando, leyendo, etc. Y he aquí, que en ese leyendo, se abre el túnel en el diccionario por el que se conecta el entretenimiento con la cultura.

Diferenciar cultura de entretenimiento, visto el juicio sumarísimo en Twitter, se tipifica como delito de clasismo, esnobismo, prepotencia, superioridad y demás crímenes tipificados por el Tribunal Supremo de lo igualitario en redes. Cuando, se supone, lo que debería celebrar la cultura por encima de todo, precisamente, es la diferencia de criterio. Igual es que el foro para sutilezas a contracorriente no era el apropiado. Va a ser eso.

 

«La democracia es la dictadura de los ignorantes«: atiéndase a las comillas no vaya nadie a adjudicarnos la frase y nos toque el siguiente linchamiento. Es una de las perlas que dice el aristocrático, clasista sin complejos, y cínico secular conde Drácula en la, interesante e irregular, revisión que de su mito han hecho los británicos Mark Gatiss y Steven Moffat para la BBC. Pero de entre las perlas que salen por su boca destaca la explicación del miedo cerval que el, aparentemente, omnipotente conde siente por las cruces.

La cruz como arma: un clásico en el género vampírico.

[Atención spoiler] Según relata el vampiro su miedo proviene de haberse tenido que alimentar durante siglos, en Transilvania, de la sangre de miles de campesinos. Por culpa de ello, el aristócrata, ha desarrollado un miedo instintivo a las cruces por tantos litros de hemoglobina plebeya.

Para los campesinos la cruz es símbolo de represión, no de salvación, y la superchería religiosa se ha infiltrado en las descreídas venas del no muerto. De ahí el empeño del conde por viajar a Inglaterra. Esa tierra repleta de exquisitos, refinados y cultos gentlemen y ladies de los que tanto plasma cultural puede succionar, literalmente, para su dieta.

Curiosamente esta readaptación del clásico de Stoker, ha coincidido con la reposición en la 2 de TVE, de la serie de los 80 Fortunata y Jacinta. Aparte del hecho de que solo hubiera un canal de televisión entonces: ¿el éxito entre los televidentes de la época provenía del hecho de tratarse de la adaptación de una obra de un escritor de prestigio o del componente folletinesco de la novela del canario? Vista hoy día lo que destaca son los estándares de calidad de la serie por encima de las razones de su prestigio.

 

Ana Belén, artista que se ha asociado a lo largo de su carrera a un cierto concepto de respetabilidad cultural popular, como Fortunata en la serie dirigida por Mario Camus.

 

¿Acaso los editores distinguen lo que es cultura de lo que es entretenimiento? ¿Acaso discriminan los best sellers frente a la literatura de autor en sus catálogos? Más bien todo lo contrario. La Metro Goldwyn Mayer, en los tiempos dorados de Hollywood, mantenía una política de producción basada en películas con coartada cultural por temática o producción; que alternaba con otras de menor consideración artística, pero, con las que esperaba recaudar más.

El tiempo se ha encargado de descompensar esta fórmula prestigio-popularidad que aplicaba la Metro u otros estudios. Solo hay que fijarse en dos producciones de la Metro en los años 30. Una, el prestigioso melodrama La fruta amarga (1930) con el que la productora apuntaba a los Óscars; y la otra, la despreciada, vilipendia, y posteriormente retirada de circulación por ser un fiasco en taquilla: Freaks (1932) de Tod Browning. Noventa años después, ¿cuál ha sobrevivido como clásico de culto y ha seguido dando dinero?

 

Repasar las ayudas que, finalmente, ha lanzado el Ministerio del ramo para las industrias culturales bajo ese prisma prestigio-popularidad: no deja de resultar interesante. Para empezar luce esa rebaja al 4% del IVA de los libros electrónicos. Pero también un avance en la siempre prometida, y siempre también postergada, regulación del mecenazgo cultural. Las deducciones por las inversiones que los acaudalados hagan en la cosa cultural les puede beneficar con hasta un 80% en las primeras cantidades que inviertan. ¿Se incluirá a las bibliotecas como objetos de deseo en estas medidas para promover el mecenazgo?

Pero volviendo a las medidas adoptadas referentes al sector del libro los medios destacan los 4 millones de euros destinados a la supervivencia de librerías independientes. Y al hilo de estas medidas, la Asociación de Cámaras del Libro de España, reclama la puesta en marcha de un programa de compras públicas de libros con destino a bibliotecas.

Ambas medidas, la adoptada legalmente y la solicitada por la Asociación, son ejemplos de una protección estatal del valor cultural de lo minoritario. Pero también el sector del videojuego ha celebrado que el Ministerio haya apostado por la industria del videojuego con la mayor inversión económica de la historia que asciende a 70 millones. Ahora vendría la pregunta clasista de rigor: ¿los videojuegos son cultura o mero entretenimiento?

 

Déjame entretenerte que cantaba Robbie Williams en los 90, como antes, lo hizo Queen en los 70.

 

Ya lo hemos dicho más de una vez: terminar con preguntas al aire resulta de lo más irritante amén de mediocre. Por eso no nos importa tanto la respuesta a la pregunta como lo que se constata al formularla. Llegados a este punto la cultura es indisociable del entretenimiento: se retroalimentan y confunden. Ese juicio crítico, del que habla la definición del diccionario, sería imposible si no atendemos tanto a la una como a la otra.

Y para concluir: un ejemplo práctico. Durante este confinamiento ha sido habitual recurrir a personalidades relevantes en diferentes ámbitos para que recomienden libros, películas o simplemente, los servicios de las bibliotecas. En el caso concreto de la Biblioteca Regional de Murcia así se ha hecho.

El efecto publicitario que estas ‘celebrities’ aporten a la difusión de los servicios bibliotecarios, y por lo tanto a su uso, lo dirán las estadísticas a medio plazo. Pero lo que se podía constatar de manera inmediata eran las interacciones en las redes en que se difundían.

Destacaban aquellos internautas que comentaban los vídeos dirigiéndose directamente a la actriz, cantante, periodista, diseñador, escritor o humorista que aparecía. No reparaban, ni por un instante, en que estaban comentando algo publicado por la biblioteca; no por la figura pública en cuestión. Algo así como cuando empezó la televisión, y algunos ancianos, hablaban a pantalla creyendo que los que salían podían escucharles.

 

El muro del IG de la Biblioteca Regional de Murcia lleno de vídeos de diversas figuras de la cultura, relacionadas con Murcia, publicitando los servicios de las bibliotecas.

 

Pero de entre los vídeos compartidos destacó el de la entertainer Charo Baeza. La única española que ha salido en Los Simpson; la actriz que más veces ejerció como special guest star en la serie Vacaciones en el mar; una estrella en la industria estadounidense del espectáculo en los 70 y 80; que competía en recaudación con los mismísimos Frank Sinatra o Elvis Presley en Las Vegas.

Todo el mundo conoce a Charo en América, pero muy pocos, en su tierra natal. Alumna aventajada de Andrés Segovia con la guitarra. Ha sido destacada, dos veces, como mejor guitarrista clásica por la prestigiosa revista ‘Guitar Player’.

Cuando llegó a los Estados Unidos quería lucir sus dotes como guitarrista, pero los productores, prefirieron su recreación estereotipada de lo hispano. Con su grito de guerra cuchicuchi hizo fortuna gracias a su desparpajo, entusiasmo y vis humorística. Pues bien, entre los numerosos comentarios divertidos, celebrando su vídeo, su colaboración con la biblioteca, uno destacaba en medio de Facebook exclamando: «¡Qué vergüenza!»

Era uno solo, bueno dos porque luego lo apostillaba con otro, pero condensaba como ninguno la indignación porque una biblioteca se asociase a una figura del show business como Charo. Aunque también podría ser porque la biblioteca, una institución cultural, seria y respetable como Dios manda, se autoproclamase bibliotecacuchicuchi de manera orgullosa.

Las comparaciones son odiosas, y más en este caso. Pero las reflexiones que despierta La peste de Camus sobre la naturaleza humana (un clásico de máxima actualidad estos días); desde luego no son las que despierta el cuchicuchi de la murciana. Pero ambos, la buena literatura y la pura evasión, pueden resultar igualmente balsámicos, según en qué circunstancias, para sobrellevar la situación.

Bibliotecacuchicuchi como supercalifragilisticoespialidoso es un ‘palabro’ que no dice nada. Pero, que según como queramos usarlo, lo puede decir todo.